Mientras en España seguimos discutiendo qué es bueno y razonable para todos, es decir, para empleados, para empresarios y para desempleados, otros países nos llevan cien años de ventaja en estos asuntos y la prueba de ello es que les va bien, inclusive en tiempos de crisis, sin haber restado ni un ápice de ese eslogan de “Estado del Bienestar de la cuna a la tumba”. Y es en tiempos de crisis donde se pone en cuestión el modelo del Estado de Bienestar –curiosamente no el modelo del Estado de Derecho- porque en los países donde dicho bienestar no se ha consolidado correctamente es donde surgen más grietas. Modelos más avanzados, como el nórdico, superaron esos envites en el pasado y es por ello que ahora sean una de las economías más ricas del mundo con un Estado del Bienestar de los más consolidados, avanzados y generoso.
Así, de todos los Estados del Bienestar que mejor gestión hace de sus recursos, sin duda está a la cabeza el modelo nórdico, con Suecia, Finlandia, Dinamarca y Noruega. Le sigue el modelo continental con Alemania y Francia como principales ejemplos. Luego el modelo anglosajón y por último el siempre atrasado en casi todo, modelo mediterráneo, con Italia, España, Portugal y Grecia.
Sabemos que nuestro modelo es un fracaso y no funciona. Así que no hablaremos de él. Fijemos pues la atención en los modelos que funcionan, como es el Estado del Bienestar de los países nórdicos.
Hay algunas características que nos llaman la atención del mismo. La primera es que el Estado del Bienestar sólo es posible si el individuo tiene acceso a un trabajo digno. En el modelo nórdico esto ocurre porque las empresas son ágiles en su constitución y crecimiento, hasta el punto de que la flexibilidad de su mercado laboral es total. Esto significa que no existe ningún coste para la empresa a la hora de contratar o despedir a un empleado, lo cual crea un mercado dinámico que se adapta rápidamente a los vaivenes de la economía pudiendo subsistir a cada instante. Aunque parezca paradójico, esto crea las menores tasas de desempleo, ya que las empresas pueden adaptarse con agilidad a la coyuntura económica sin tener que desaparecer. En nuestros países, las numerosas trabas impuestas al despido hacen que los empresarios busquen alternativas a la contratación. Todo esto está conjugado con una premisa básica: ayudar al trabajador desempleado en la búsqueda activa de un trabajo sin renunciar con ello a las prestaciones y protecciones del Estado del Bienestar.
La misión de la empresa no es proteger al trabajador, sino darle trabajo, generar empleo y riqueza que repercutirá inevitablemente en el Estado y en sus ciudadanos. Es el Estado del Bienestar el que debe proteger al trabajador. Por ello, si existiera el despido libre y fuera el Estado, y no la empresa, quién se encargara de la protección del trabajador, el mercado laboral entraría en una dinámica que repercutiría positivamente en la eficiencia empresarial y la eficiencia del propio mercado laboral.
Pero, ¿cómo conseguir la paz social flexibilizando al máximo el mercado laboral? Primero asegurando, desde el Estado, la seguridad del desempleado. Segundo, dejar de subvencionar a los sindicatos desde el Estado. La misión sindical es la de vigilar y proteger los derechos de los trabajadores. Si están subvencionados por el Estado, ¿qué tipo de protección y vigilancia ejercerán?
Otro problema superado en los modelos de economía nórdicos son las prestaciones sociales de desempleo mal gestionadas. Hay muchos trabajadores que utilizan la misma como aportación extra a los ingresos generados en la economía sumergida o como excusa perfecta para tener unas vacaciones pagadas. En nuestro país se abusa descaradamente de este subsidio. Así que una persona que tuviera realmente necesidad de la misma, no debería obtener la prestación sin más, porque esto denigra la dignidad humana y crea parásitos sociales que se autolamentan de su terrible situación. Si alguien estuviera en una situación de desempleo temporal, el Estado debería ayudarle en la gestión de la misma, y mientras busca un nuevo puesto, tenerlo empleado a tiempo parcial por el pago de la prestación.
El modelo danés es muy efectivo en este sentido. El desempleado tiene derecho a la prestación durante tres meses en los cuales le ayuda a formarse y adaptarse a los nuevos tiempos. Si en tres meses no ha conseguido un trabajo, es el Estado el que le obliga a trabajar en alguno que esté libre. El trabajador tiene subsidio de paro, es decir, tiene derechos, pero también obligaciones. Así, el modelo danés introduce un cambio importante en el Estado del Bienestar que la Unión Europea está estudiando por su eficacia demostrada: en vez de proteger el empleo protege la flexibilidad. Pero sin olvidar la seguridad del trabajador. Por ello, el modelo que se impondrá en un futuro será, sin duda, el de la flexiguridad. Un mercado laboral totalmente flexible acompañado de un Estado del Bienestar robusto y seguro.





