Tras despedirme en Sevilla con cierta melancolía y tristeza de B., me fui corriendo junto con E. a Radiopolis, donde me harían una entrevista en la que he hablado sobre libros, espiritualidad, utopías y nueva consciencia. Lo he pasado bien, ha sido una experiencia bonita y al parecer la entrevista ha quedado bien. E. me había dicho que si quería podíamos preparar la entrevista, pero le dije que prefería improvisar, que me preguntara lo que quisiera… Y así ha sido, fluyendo una bonita charla de una hora de duración. E. me ha invitado a ir de nuevo a la radio, será que B. tendrá razón cuando dice eso de que tengo una voz bonita… ¿acabaré de locutor de radio?
Breve historia de todas las cosas
La felicidad se teje en pequeños actos. Una caricia, una sonrisa, un leve respirar, una sólida conspiración. Ayer bailamos en la feria del pueblo. Sentimos una paz inquieta, una complicidad que nacía del estómago y subía en aleteos suaves hacia el corazón. Podíamos sentir como se tejía algo hermoso y ojalá perdurable. Hoy desayunamos junto a los conejos. Pan con tomate, ajo y aceite para nosotros y zanahorias frescas para ellos. Nos mirábamos, sonreíamos, respirábamos. Ella jugaba con ellos, como en esos cuentos de familia feliz donde parece que solo reina lo grande. Luego fuimos al pantano a bañarnos. La libertad de nadar en el agua, a pesar de las anécdotas en la búsqueda de esa calita especial e íntima, ha sido suficiente para sentir que las cosas estaban bien a pesar de todo. Un día inolvidable, bonita forma de empezar este caluroso agosto. A ver que nos depara, porque promete ser duro, muy duro…
(Foto: La hermosa B. dando de comer a los niños).

