Día de contactos y día para la reflexión. Desayuno de leche con galletas con Y., el cual se marcha a Brasil para dirigir más de cerca sus empresas dada la situación económica. Encuentro más tarde con J., el cual andaba preocupado por asuntos financieros en los que andaba en juego millones de euros. Y comida en un chino con C., el cual está desanimado tras más de dos meses en Madrid sin encontrar trabajo. Tres realidades bastante pesimistas sobre una situación quebrada y de la cual no se sabe muy bien como saldremos. Pero lo más abrumador era la sensación de cansancio que veía en sus rostros. A pesar de que nuestras empresas también están sufriendo los coletazos de la crisis, intentaba hablarles en términos de optimismo. Quizás la charla del desayuno ha sido la más distendida, las otras dos me han parecido preocupantes. Uno porque me hablaba de que podía perder la friolera de seiscientos millones y el otro porque me hablaba de que no podía perder nada porque en estos años de duro trabajo no había conseguido acumular ningún bien, ninguna familia, ninguna casa, ni siquiera un coche para desplazarse, y ahora, además, se encontraba sin trabajo. Entre tener mucho y no tener nada, no veía ninguna diferencia, porque ambos estados creaban malestar. No sabría describir el cúmulo de sensaciones extrañas que me han invadido. Pero por alguna razón extraña, lo único en lo que podía pensar era en la esperanza, en el optimismo, en la alegría. Sólo quería pensar en esas cosas y no en otras, porque si bien el fondo parece tocado, podrían levantarse nuevos precipicios hacia la terra incognita… En todo caso, y como bien decía C., soldado que huye, sirve para otra batalla… Esperemos que no huyamos todos a la vez y en desbandada…
ONU contra Libia, Libia contra Wall Street
Hablábamos de la corrupción a todos los niveles con un alto representante del Banco Mundial de visita familiar por Madrid. Resulta curioso observar como la corrupción en los países con menos tradición democrática salpica a todos los estamentos sociales. Sin embargo, en los países con mayor tradición democrática, la corrupción sólo aparece en los altos estamentos. Es Wall Street quién dirige a Washington, y no al revés, en pocas palabras. Tratábamos estos temas en San Ginés, una de las chocolaterías más tradicionales de Madrid, y luego en casa, mientras veíamos la hipocresía de las Naciones Unidas a la hora de referirse a la situación Libia. Mientras el loco dictador Gadafi se ceba con la población civil, el Consejo de Seguridad de la ONU se limita a decir, tras más de diez horas de negociación, que Gadafi no podrá viajar al extranjero y además, se le congelarán sus fondos. Bendita lluvia de declaraciones hipócritas. Menos mal que ante la indecencia de todo lo que está pasando, además, le han declarado, por si acaso, criminal ante la opinión internacional. Bendita también la opinión internacional que tan alejada se encuentra de la realidad. Y la realidad es que ya no se sabe cuantas personas han sido eliminadas en Libia y cuantos se han visto obligados a refugiarse en otros países. No deja de ser paradójico que el declarado “Líder y Guía de la Revolución” Libia sufra una revolución en el seno de su país. No deja de ser paradójico que Estados Unidos se alíe con los revolucionarios árabes. ¿Dije Estados Unidos? Perdón, quise decir Wall Street… Y la ONU, pues que siga con su burocracia dando palmaditas a unos y otros. Nauseabundo.
De vuelta a…
Hemos vuelto tranquilos a Madrid. Hacía tan buen día en el sur que daba pereza desengañarse de su clima, de sus gentes, de su tierra. Tuvimos tiempo de pasear algo por la ciudad mora, la ciudad judía, la ciudad cristiana… Se respiraba un aire limpio entre juderías y patios, entre calles blancas y plazas rebosantes. Siempre me ha enamorado el concepto de plaza. Sentarte en algún banco esperando que pase alguien para interrogarme por su camino, por sus vivencias, por su pasado y su presente y su futuro.
Estuvimos en el lugar donde nos conocimos. Fue en mayo de hace ahora casi un año. El reflejo de aquel momento derivó en algo grande y hermoso, profundo y misterioso que se derrama en nuestras vidas con atisbos de esperanza. Por un momento me quedé contemplando el escenario que ya no estaba, pero sí la escena. Por un momento a veces pensamos que la realidad, que cierta realidad parece surgida de un sueño, o de algún tipo de fantasía capaz de plasmarse en eso que llamamos vida. Y si miramos cada instante, y si podemos destripar cada segundo importante, nos damos cuenta de la finitud que albergamos en nuestro interior, y de lo provisional que todo parece. Sólo la esperanza alimenta nuestras vidas. La esperanza de que el mañana, el presente y el ayer jamás mueren, ni nos abandona, sino, simplemente, nos acompaña eternamente…
Sur
Hoy subíamos al pico más alto de la finca, un lugar privilegiado rodeados de bosques, ríos y montañas. El cielo estaba azul y radiaba una luz hermosa. El intenso verde era sacudido con retazos de flores que amasaban con la brisa los atisbos del paisaje. Al fondo sólo había esperanza que gritaba con sacudidas leves las entrañas de toda tierra. Las sensaciones son extrañas cuando subes a un monte y divisas su horizonte. Deseaba tanto fusionarme con el paisaje, con la estructura invisible de la naturaleza… El sur, con su primavera adelantada, está radiante…
Ayer conocimos a R. y decidimos que sería una buena oportunidad para dar un empujón al futuro. Esperemos que así sea. Tras pasar con ella un tiempo prudencial, caminamos tranquilos y sofocados por el calor del sur hasta el centro del pueblo. Horas más tarde nos vimos rodeados de amistad y proyectos en la ciudad de Palma del Río. Tuvimos la gran suerte de ser invitados a comer una excelente pizza en Michelangelo, lugar que os recomiendo encarecidamente. Pero hoy la ruta gastronómica tampoco tuvo desperdicio. El arroz caldoso de T. era tan irresistible que he repetido dos veces y no hubo una tercera porque ya no podía más. Así que han sido dos días de gourmet en los que el disfrute de las cosas sencillas en la mesa con buenos amigos ha sido lo mejor del viaje.
Y por la noche, reencuentro con los amigos de viejas batallas políticas. Ha sido reconfortante pero también extraño. Hace unos meses estaba conspirando con ellos en los entresijos políticos y ahora sólo me apetecía estar con ellos, sin más. M. y su mujer nos han abrazado y hemos sentido su calor. Pero también el calor de J., de M, de P. y de todos los que allí estaban. Unos días llenos de extrañas sensaciones, pero sobre todo, preñados de sur…
Macbeth en Bilbao
Comimos algo en el restaurante Kikara, en la calle Iparraguirre. Muy bueno el arroz caldoso de verduras. Seguimos el paseo hasta el Guggenheim, donde pudimos ver, cortesía del hotel Ercilla, la exposición de turno. No entiendo mucho de arte abstracto, pero me gustó una exposición sobre pintura de entre guerras, donde el pintor parisino Amédée Ozenfant clamaba por el absurdo de lo que estaba ocurriendo en esa época. “¡Pobres soldados heroicos! Pero cuando caéis, ¿no sería más decente que miráramos para otro lado?” Decía el pintor… y es que ante la agonía, el civilizado corre la cortina, un poco lo que ha hecho Europa ante las revoluciones árabes que se están protagonizando en estos días. Si bien USA ha hecho una apuesta contundente por las mismas, Europa, de nuevo, ha mirado hacia otro lado… Quizás porque Europa sigue excesivamente enmarañada en su estética clásica y sigue buscando la llamada al orden, como expresó Jean Coctueau, buscando aún sus personajes arquetípicos en la antigua Grecia.
Tras el museo, tocó Ópera. Esta vez en el palacio Euskalduna. Nos llevaron al parco de honor, desde donde pudimos ver a la lituana Violeta Urmana haciendo de lady Macbeth en la ópera de Verdi. Al final del acto, nos acompañaron a los camerinos para saludar a la soprano y pudimos ver todo el entresijo que hay detrás del escenario. Una experiencia hermosa. Y hoy seguimos con la ruta. Iremos a Vitoria (ahora sí), y de ahí a Córdoba. Ella tiene reuniones y yo debo reparar un cristal que ayer nos rompieron en alguna parte de Bilbao. Cosas del camino…
Desde Bilbao
Ayer acompañamos a K. hasta Estella. Un viaje agradable donde pudimos conversar de temas diversos, interesantes, necesarios. Hoy con X. en Bilbao. Hacia tiempo que no nos veiamos y hemos aprovechado un viaje de trabajo para estar con ella. Mañana a Vitoria y corriendo a Cordoba. Semana de viajes, intensa, llena de aprendizajes y compartir. Me siento bien, tranquilo. Parece que las cosas van encajando poco a poco y sedimentando aquellos fangos que se revuelven ante cada cambio… Pronto todo estara asentado y sera momento de empezar a construir un nuevo y solido edificio… Como buen arquitecto, andamos ya rastreando los planos para que la construccion sea justa y perfecta… Ahora a seguir compartiendo… hay tanto por hacer en el vasto campo de la experiencia…
Conducta y consciencia
Ayer a las seis de la mañana estaba de viaje hacia Cataluña. Tenía que dirigir unos trabajos y en mi alocución final hablé sobre conducta y consciencia tomando como inspiración unas palabras que días antes había expresado MC en la presentación de la Fundación Civil. Me llamó mucho la atención la fortaleza a la hora de diferenciar palabras y acciones puntuales de la conducta diaria. Sé a lo que se refería, y por eso sé lo fácil que resulta decepcionarse cuando la conducta de las personas que nos rodean, o que creemos de confianza, no son lo que nos gustaría que fueran. Llegué a las tres de la madrugada a casa en un viaje de ida y vuelta relámpago en el que reflexioné mucho sobre la importancia de la conducta, y sobre todo, a la importancia de que dicha conducta, tal y como señalé en mi discurso final, venga acompañada de consciencia. Una conducta con consciencia es lo que mejor debemos desear para que el bien común y propio se manifieste en la vida diaria. La conducta debe ser ejemplarizante, y no digo perfecta, pero sí tendiente a la perfección. Porque al final de nuestros días nos valorarán no por lo que tengamos, ni por lo que dijimos, ni por lo que hicimos puntualmente, sino por la conducta para con los demás, para con nosotros mismos, para con el mundo…
Viviendo en el mundo Real
Fundación Civil
El día de antes habíamos estado dos horas charlando en alguna parte de la calle Maldonado, hablando sobre las ideas capitales del discurso del día siguiente y el contenido de las ideas-fuerza que se querían desarrollar. En el recuerdo surgían los años en que soñamos con esta fundación. El siempre hablaba de la Fundación del Hombre como un proyecto que no cuajó en la época en que fue proyectado y luego, por cosas del destino, cuando empezábamos a vislumbrar el retorno a esa nueva fundación que quizás hubiera visto la luz en La Montaña, el hachazo de la enfermedad y la muerte de su mujer terminó por diluir cualquier propósito. Pero cuando algo corre por la sangre, cuando algo está inyectado en el Adn genético, casi me atrevería a decir que cuando algo está inscrito en el libro de la vida, inevitablemente tiene que ocurrir. Y ayer ocurrió. Formaba parte del guión, del destino. Era algo ineludible. Me encantó poder verlo y presenciarlo desde dentro. Viendo el esfuerzo ingente de personas de buen corazón como Joaquín, como César, como Javier, como Daniel, como Iñigo, como Manolo, como todos aquellos que estuvieron organizando el acto de la presentación desde las barricadas, aportando cada uno su gota de arena, aunque esa gota fuera una mueca de silencio comprensivo y de vigía. Cuando el catedrático Merino apareció media hora antes del acto estaba a solas con Mario, repasando las ideas que el día anterior habíamos comentado. Ya faltaba poco para que todo empezara. Los incondicionales venidos de toda España ya estaban dentro. Más de mil personas esperaban a que la esperanza tomara el relevo a la apatía y la pasividad. Mario estaba tranquilo, sereno, atendiendo con fuerza la importancia del momento. Le dije que este día no era un día de cosecha, sino de siembra. Estamos sembrando una semilla. La Fundación Civil nacía al mundo en un momento de crisis, un momento difícil, un reto pero también una oportunidad para cambiar todo aquello que sirva para que la convivencia y la felicidad de los humanos sea cada vez mayor. Esa es la felicidad que todos queremos y anhelamos… y esa es la misión de la Fundación Civil.
Planeta Humano
Comprar, tirar, comprar, tirar
Compartiendo
Ayer fue un día bonito, de amistad, de compartir. Estuve con el niño preparando unas riquísimas croquetas vegetarianas. Un trabajo laborioso pero que supo a poco por lo emotivo del momento. Hacerlas, prepararlas, rebozarlas, freírlas y comerlas. Y como el niño ha salido además de filósofo un excelente cocinero, tras terminar de preparar el rebozado, se atrevió con una sopa de leche y un excelente postre a base de fresas y chocolate derretido que el sólo se encargó de preparar. Además, puso unas bonitas copas y trajo unas velas porque era consciente de que era un día especial, un día para compartir amistad y amor. Realmente todos los días deberían ser así, especiales, y creo que lo son porque siempre hay algo que compartir, algún motivo para mostrar generosidad, atención, respeto, dedicación, empatía, alegría, algún motivo para que los que te rodean sean ante tus ojos los mejores del mundo, aquellos por los que darías una vida.
Amor ideal
El ideal del amor siempre ha sido una persecución obstinada generación tras generación. Todos aspiramos a estar con la persona ideal, con el ser amado perfecto que nos acompañe en este viaje sideral en la nave Tierra. Pero muchos confundimos el amor ideal con el amor sentido, experimentado, frecuentado. Para algunos psicólogos, hay personas que son incapaces de encontrar el amor debido a carencias afectivas del pasado. Una mujer que haya tenido carencias afectivas de su madre, pasará toda su vida buscando ese afecto o carencia en muchos hombres. Necesitará tener a su lado muchos hombres para cubrir el amor de madre, siendo su vida un cúmulo de insatisfacciones continúo. El vacío que posee nunca podrá ser cubierto por nadie, de ahí su infinita búsqueda del hombre ideal. Lo mismo ocurre en los hombres que carecieron de afectividad paterna. Nunca encontrarán a su mujer ideal porque su vacío resulta enorme. Nunca será un hombre satisfecho y de ahí nacerá su necesidad de búsqueda continua de placer en muchas mujeres.
Por eso el ideal debe desarrollarse en lo real. En nuestra pareja, en nuestra relación, en nuestra experiencia diaria. Hacer de la persona que tenemos enfrente la mejor de las experiencias posible, y crear, con esfuerzo y trabajo, la relación ideal, el amor ideal. Por eso el ideal siempre estará dentro de nosotros, y será mejor o peor dependiendo de todo aquello que hagamos para que así sea. Amar es entregar, es servir, es dar sin esperar nada a cambio… Todo lo que hagamos en ese sentido para nuestra pareja, será amor ideal… El amor ideal, el amor completo, deberá aportar intimidad, compromiso y pasión… pero sobre todo, generosidad… una inmensa generosidad…
Te Quiero
La revolución árabe
2011 se va a recordar por muchos motivos. Ni siquiera llevamos dos meses y ya han ocurrido cosas importantes que están cambiando el aspecto geopolítico del planeta. La revolución árabe en sin duda un acontecimiento importante que puede cambiar el sentido de muchas cosas. Los países democráticos esperan que el proceso revolucionario termine con la conquista de libertades y derechos inexistentes hoy día en muchos regímenes dictatoriales. Pero existe el temor de que dichas revoluciones terminen como pasó en Irán, es decir, pasar de regímenes autocráticos a otros teocráticos. En ese caso, las dictaduras llamadas blandas serían añoradas por muchas democracias que veían con cierta simpatía este juego de delicados equilibrios. Pero los pueblos, los verdaderos portadores de la antorcha de la libertad, sabrán articular con sabiduría este proceso irreversible. El mundo árabe necesita un cambio radical, y ese cambio radical y camino hacia la libertad y los derechos acaban de comenzar.
Mentiras…
La luz pervierte la realidad. Pensamos que lo que vemos es cierto y quizás lo único que vemos, observamos y percibimos es tan sólo una perversión de la “realidad”, de lo que realmente es, una gran mentira natural. Ya lo explicaba de forma magnifica Platón con su alegoría de la caverna. Vivimos en un mundo de sombras… Pero, ¿qué es real? Ocurre lo mismo en las relaciones humanas. Hablamos, compartimos, exageramos y mentimos. De forma consciente o inconciente damos datos incorrectos, información desvirtuada, decimos cosas que no existen y cambiamos la realidad a nuestro antojo o simplemente, adaptamos el discurso al interlocutor que tenemos en frente. En el mundo “real”, -ya ni siquiera hablemos del virtual donde detrás de un nick cambiamos todo lo cambiable-, sostenemos un discurso falso, mentiroso y obscenamente farsante. ¿Somos falsos o simplemente imitamos a la naturaleza pervirtiendo la razón de las cosas? ¿Es necesario mentir para sobrevivir en el mundo real? ¿Es una defensa para adaptarnos al medio, al trabajo, a las relaciones, a las dificultades diarias? ¿O es un síntoma de debilidad, de inseguridad, de anemia espiritual?
Para algunos sí… la mentira es necesaria, imprescindible, ineludible, vital… Hay mucha gente que desea, necesita vivir en la falsa, en las tinieblas platónicas…
Pero hay otra que se esfuerza, o al menos quiero pensar en eso, para vivir en un mundo donde la luz rescata al mundo de las sombras. Gente que se esfuerza, sin pretender ningún tipo de perfección, en tener como bandera la honestidad, la sinceridad, el pudor y la modestia de vivir limpios de corazón. Eso no significa ser puros, ser perfectos, ser semidioses de ningún Olimpo imaginado. Sólo significa, y quiero creerlo así, que hay personas que se esfuerzan por practicar la virtud y huir de los vicios, que pretenden crear-creer en un mundo mejor, cada día mejor… Hacer de hombres buenos, hombres mejores, no sólo es una opción de vida de muchos constructores de la honradez, sino, además, un propósito de vida, una actitud ante la vida, una visión a la hora de compartir experiencias y vivencias con el resto del mundo.
Prioridades en la vida
A veces resulta difícil discernir sobre las prioridades en la vida. Para unos, lo primordial es la familia, para otros el trabajo, para otros el sexo, para otros los amigos y para otros el dinero. El como administramos la importancia de cada prioridad denotará el tipo y la calidad de vida que llevemos en el futuro. También el tipo de persona que somos. Hay un pequeño test que nos ayuda a entendernos un poco y saber cuales son nuestras propias prioridades. El test empieza así (la respuestas las pondré en comentarios).
Estás sentado tranquilamente en tu casa, y de repente suceden cinco cosas. Las cinco suceden simultáneamente, y cada una de ellas requiere tu atención y solución inmediata.
1.- El teléfono está sonando.
2.- El bebé está llorando.
3.- Alguien está llamando insistentemente a la puerta.
4.- Tienes ropa secándose en el exterior y notas que comienza a llover.
5.- Te has dejado abierto el grifo del lavabo y la casa se está inundando.
Se trata de analizar fríamente todas las opciones y a continuación decidir en qué orden nos ocuparíamos de ellas. Cada una representa una faceta de nuestras vidas, y nos servirá para descubrir a que le damos importancia y a que no.
Mi opinión sigue siendo la misma. Hay que buscar el justo equilibrio en todas las cosas, sin descuidar ninguna de las facetas de la vida. No puedes descuidar el trabajo, ni el dinero, ni a los amigos, ni el sexo, pero sobre todo, jamás hay que descuidar a la familia. Nunca entendí como era posible en países como India encontrar a niños abandonados en la calle, sin madre ni padres que cuidaran de ellos. Quizás los padres tenían otras prioridades, o quizás carecían de las mismas. En occidente puede darse las mismas circunstancias, pero quizás de forma más civilizada. Padres todo el día trabajando sin tiempo ni ganas de cuidar luego a sus hijos, tarea que relegan normalmente a terceros. O padres, como podía ver a veces en ciertos barrios de Barcelona que iban con coches y la placa de “bebé a bordo” a pasar un buen rato con la prostituta de turno. Cuando su mujer o hijos llamaban por teléfono él estaba excesivamente ocupado en sus quehaceres como para contestar esa incómoda llamada. Ambos ejemplos son extremos, pero ocurren en la vida real. Los pequeños gestos de cada día nos darán una idea clara de cuales son nuestras mayores prioridades y de cuanto estaremos dispuestos a sacrificar por ellas. Maslow tenía su propia teoría… Bueno, pues que cada uno saque su propia conclusión.
Flirtear
Hace un tiempo hablaba con mi amigo C. sobre los problemas del flirteo en contextos de parejas estables. El origen de la palabra flirtear nace en Francia como un eufemismo de hacerle la corte a una dama. Actualmente, se utiliza como método superficial a la hora de mantener una relación sin que suponga compromiso alguno. Suele tener una marcada carga sexual, pues la pretensión del flirteo no es tan solo llamar la atención de una persona que nos atrae, sino, además, expresar una respuesta positiva a la posibilidad de esa atracción. Hay personas que utilizan el flirteo para ligar, otras para sentirse seguras o para llenar sus vacíos interiores. Al menos eso hablaba con C. de forma desapegada y objetiva. Flirtear puede ser una excusa o un pretexto, puede ser muchas cosas, y esas cosas no tienen porqué ser buenas o malas. Una persona soltera que flirtea para ligar puede ser positivo porque tendrá una herramienta útil para llamar la atención del opuesto. Una persona con pareja estable que utiliza el flirteo para relacionarse con los otros puede ser síntoma de carencias o inseguridades, o simplemente, una actitud ante la vida. Los extremos, en todo caso, siempre son negativos. Y de ahí venía la preocupación de C., el cual mantenía una relación aparentemente estable con P. Mi amigo se quejaba de que P. siempre estaba flirteando con todos los hombres. No podía tener relaciones normales con ellos sin que en medio apareciera cierta carga de coqueteo. Dicho así, aisladamente, no tenía porqué ser un problema. El problema vino cuando P. prefería no salir en público con C., o cuando lo ignoraba porque estaba excesivamente ocupada contestando cientos de llamadas y mails de sus conquistas, o cuando prefería no presentarlo ante sus amigos victimas del coqueteo como su pareja, sino tan solo como su amigo. Aquí la situación empezó a ser preocupante, porque una cosa es flirtear con otros y otra cosa es hacerlo a costa de tu pareja, relegándola a un segundo plano e incluso ignorándola por completo. Intenté tranquilizar a C. porque empezó a pasarlo mal. Y no me di cuenta de lo bochornoso de la situación hasta que P., su pareja, empezó también a coquetear conmigo. No contaré lo que pasó después porque la historia es totalmente rocambolesca. En todo caso, personas sanas y maduras no tienen necesidad de buscar fuera lo que ya tienen dentro, a no ser que lo que tienen dentro no les satisfaga, y en ese caso, habría que tomar medidas, aunque estas conllevaran la inevitable ruptura. Ser simpático y alegre es necesario a la hora de entablar relaciones sanas con los otros. En una relación turbia como la de C. con P., lo mejor es cuestionarse todo desde el principio. Evidentemente, quien juega con fuego acaba quemándose. Y P. se quemó, y casi salimos ardiendo C. y yo.
¿Y cual es mi opinión? Pues que flirtees todo lo que puedas si alguien te gusta de verdad. Si no te gusta, no lo hagas, pues puedes confundir al otro, o incluso hacerle daño. Si lo haces con todos, eres un cazador en busca de una presa, sin importar mucho el tipo o la calidad de presa. Eso tiene sus peligros. Si flirteas cuando estás soltero, pues te vendrá bien para ligar. Si lo haces cuando tienes pareja, hazlo si lo necesitas para sentirte seguro, pero nunca lo hagas a costa de tu pareja, sino desde una actitud sana y pactada. O en todo caso, flirtea con tu pareja a todas horas, que esa carga sexual siempre viene bien para llenar la vida de chispa y amor…
Desde La Montaña
Como ella iba a pasar prácticamente toda la semana fuera de casa, aproveché esta mañana para escaparme a La Montaña y respirar algo de aire puro ahora que parece que los niveles de contaminación en Madrid están al máximo de sus alertas. Y la llegada a La Montaña no pudo ser mejor. Hacía un sol espléndido que me acompañó toda la tarde. Llegué, vi que la casa seguía en pie y enseguida me fui corriendo al bosque, a dar un paseo. Era gracioso como me paraba en todas partes a hacer fotos a las flores y los árboles y al manto verde que todo lo cubría. El paseo por el bosque fue increíble. Necesitaba tanto respirar algo de aire puro. Sentir los olores del sur, la brisa fresca del monte teñido de tonos increíbles, los cantos de la naturaleza brindando por la vida…
Cuando llegué a casa esperaba en la oficina el Aguililla. Le di un sentido abrazo, hablamos algo y mientras charlamos empecé a ordenar cientos de cajas de libros. El otro día hablaba de la importancia de las ventas y me dio un poco de pena el ver tantos libros esperando a ser compartidos y leídos. Algo habrá qué hacer… Tras poner algo de orden, tiré algunas cajas vacías y tres pares de zapatos viejos. Creo que en este viaje voy a hacer algo de limpieza y tiraré todo lo inservible, todo aquello que hace milenios que no utilizo. Vendrá bien aligerar el equipaje…
Tras la corta limpieza fuimos a casa de O., el cual nos invitó amablemente a comer una riquísima tortilla de patatas con pimiento verde la cual agradecí en el corazón y en el estómago pues no había comido nada en todo el viaje. Charla agradable y tarde tranquila entre amigos…
Y ahora tumbado en el sillón de mi casa. Escuchando los sonidos de la noche… Admito que echaba de menos estos casi cuatrocientos metros de casa acristalada, con maravillosas vistas a la campiña y el monte. Mañana pintaré alguna pared y quitaré algunas hierbas del jardín. Estaré aquí unos días… intentando apoderarme de la fuerza y belleza de este lugar…
(Foto: Bosque junto a mi casa… Paseando hoy por La Montaña…)
De gestos y promesas
A veces los días no requieren de cosas considerablemente extraordinarias. Baste un gesto, un solo gesto, para hacer de un día cualquiera, un día especial. Hoy el gesto vino de forma inesperada. Llegué a mi nueva oficina, la de correos, y a diferencia de la anterior,ésta es muy grande y está regentada por más de seis mujeres que en el turno de tarde ya empiezan a conocerme. Tanto que hoy, de forma curiosa, estaban hablando del “chico de los libros” justo cuando he entrado. Eso me ha gustado, pues tras un mes en esta gran ciudad llena de individuos anónimos, al menos ya hay un grupo de personas que toman consciencia de mi pequeña huella, de mi pequeño deambular por este lugar que va tomando luz primaveral. Así transcurren los días… de forma tranquila, sin grandes desajustes, sin grandes aventuras por países lejanos, sin grandes ni excesivos problemas… Así transcurren también las noches, deambulando en el imperio de los sueños sin más pretensión que la de seguir un día más, viviendo, sintiendo la vida.
El inesperado vuelo
Hacía un día precioso de primavera. Los grandes bloques no dejaban respirar los pocos trozos de cielo que brotaban más allá de nuestras miradas. Sin embargo, el niño, en un tranquilo paseo hacia el Retiro, pudo contemplar, casi milagrosamente, la formación de cientos de gaviotas que migraban hacia el norte. Sus movimientos circulares, quizás mirando desde su altura la pequeñez de nuestras vidas, creaban esculturas que el niño imaginaba como peces saltando de un lado a otro de un ficticio arroyo. Me pareció extraño el obligarme a mirar hacia arriba, muy hacia arriba, sorteando los obstáculos de la calle, los ruidos, las sombras de los grandes bloques de macizo gris, para tener que contemplar un trozo de cielo azul, un poquito de luz luminosa. Antes era algo normal. Sólo tenía que mirar por alguna de las grandes ventanas que cubren con cierto decoro y amplitud los valles y paisajes. El niño también se quejaba del asfalto y recordaba con cierta melancolía bosques y ríos lejanos. El alma se seca ante tanto pavimento, empedrado, alquitrán y enlosado. Y esa sequedad puede resultar peligrosa, porque nos aleja de la vida, del sentido y la comunión a la hora de abrazar a un hermano árbol, al viento o a la plenitud de un paisaje. Quizás en mi próximo viaje traiga un poco de tierra y siembre algo en ella. Así, creeré en la ficción de que la esperanza también puede hallarse en una maceta.
Ars Sacra
Ayer fuimos a la presentación de un libro de poesía mística, Ars Sacra, escrito por un amigo que vive a caballo entre la ascensión del espíritu y sus clases de estética y teoría del arte en la universidad. La presentación fue en el Ateneo de Madrid, en un ambiente que venía acompañado con música de piano y versos de hace tiempo.
Puede parecer extraño, y de hecho ocurrió eso de la extrañeza, hablar de mística entremezclada con la cultura poética en un ambiente occidental de nuestro tiempo. Extraño e incluso, para algunos, insultante, quizás por eso de que la verdadera mística, como el verdadero amor, es íntima, y nace desde las sombras y aledaños de lugares misteriosos y sensibles, pero absolutamente intrínsecos.
Pero defiendo la apuesta valiente de poner sobre la mesa, y de paso, hablar sin tapujos, sobre algo que no está de moda y que, en una sociedad consumista y materialista, parece no tener huecos ni atisbos de futuro.
El homo común, ese que habita los hipermercados y duerme en la televisión, como lo define el autor, quizás se sienta atacado con tan insultante poesía metafísica. El homo erectus ni siquiera, más allá de sus erecciones nocturnas, podrá asimilar ni una sola palabra de estas rimas humanas y divinas, de sus esencias nacidas del romancero espiritual que requiere no ya sensibilidad, sino de grandes ayunos trascendentes para poder encontrar algún tipo de significado oculto en sus palabras.
Esta ofrenda lírica, imitando los versos de Rabrindanath Tagore, de un Schiller, Goethe o Hölderlin, son sin duda un acto rebelde, una acción que desea provocar, remover y retorcer al homo tontus, al homo trepitus, al homo crápula… Su éxito, es decir, el éxito de cualquier rebelde, está garantizado porque las mazmorras de la estupidez siempre vencerán… Por eso estará condenado a seguir rebelándose… y ahí radica el éxito de la empresa… La estupidez y el tedio siempre vencerán en una revolución imposible… Seguiremos viendo la tele, seguiremos repasando los días contando las cuestiones vanas de cada momento… pero sobre todo, seguiremos de espaldas al infinito, al universo entero, porque Dios abandonó al hombre, y el hombre, a su imagen y semejanza, abandonó a Dios… Así que agradezco el Ars Sacra, el Arte Sagrado, que consiste, ni más ni menos, en recordar el origen de todo, pero sobre todo, el origen de nosotros mismos… Como dice el autor en uno de sus versos: “te amo pese a todo, pese a mí mismo, y tú lo sabes, aunque permaneces callado, aguardándome”…
Proactividad
La tecnología a veces nos traiciona, a veces crea revoluciones como las que estamos viviendo en el mundo árabe, o al menos en parte del mismo. Estos días he tenido problemas con el servidor que al parecer ya se han resuelto. Y mientras eso ocurría la vida ha transcurrido de forma más o menos normal. Comida grata y amable con J., el cual me dio sabios consejos sobre la venta proactiva, versus la pasiva. Nunca se me había ocurrido, o al menos, nunca lo había visto tan claro tras su exposición. Y es que para vender hay que ser vendedor, y cuando uno monta un negocio, tiene que pensar que vivirá precisamente de eso, de la venta. Cuando el negocio es una editorial y uno lo único que desea es editar libros olvidando expresamente la importancia de vender, las cosas no acaban de ir bien. Pero las evidencias son claras y hay que saberlas manejar. Así que intentaré ser un poco más proactivo y buscar fórmulas para vender más y mejor. Dicho así, es evidente que la proactividad debe funcionar en todas las relaciones humanas, ya sean relaciones basadas en el interés, en la amistad o en el amor. No se puede esperar pasivamente a que el otro haga algo sin que nosotros movamos un dedo. Si hay problemas debemos ser proactivos, pero si no los hay, también, porque toda relación se alimenta de pequeños gestos que siempre deben terminar en la generosa expresión del compartir. Como muy sabiamente decía la Bruja Avería (y no se ría): «solo no puedes, con amigos, sí»… Pues eso…




















