¿Magos blancos o negros?


Estaba escuchando una charla de Victor Brossa y en alguna parte hablaba sobre la magia blanca y la magia negra, sobre los magos blancos y los magos negros. ¿Quién es blanco y quién es negro? Según Victor, el mago negro es el que nos manipula, el que nos engaña, el que desea algo de nosotros de forma egoísta, el que nos hace adelgazar, el que exige sin dar, el que reclama sin ver al otro, el que en definitiva, de alguna forma, nos perjudica. El mago blanco es aquel que nos protege, que nos ayuda, que nos inspira, que nos da confianza, que está ahí, que da sin esperar nada a cambio.

Hay personas que se acercan a nosotros y nos destrozan la vida. Tienen esa capacidad, quizás no por ellas mismas, sino porque nosotros nos encontrábamos en un momento de debilidad, de pérdida, desorientados. Hay personas que en esas mismas condiciones son capaces de transformarnos, de elevarnos, de apoyarnos de tal forma que enseguida vemos esos cambios positivos en nuestras vidas. Personas que tienen la capacidad de exaltarnos a mundos increíbles. No hay gente buena o mala en el mundo, hay solamente personas capaces de hacer magia, magia de la buena, magia que nos ilumina, que nos alegra, que nos muestra, que nos hace felices. Magia de verdad, porque la vida es magia, y ahí fuera hay gente mágica. Magos y magas capaces de despertarnos a un mundo mejor.

La sombra


Unos días en Madrid me han servido para darme cuenta de la sombra, de nuestra sombra, de esa que a veces dirige nuestras vidas, otras la obstaculiza con miedos y pesadillas, y otras, simplemente nos posee para hacer de nosotros lo que nuestro estómago, y no nuestros elevados anhelos, desea. Me doy cuenta de cómo a veces deseamos o preferimos vivir en una cárcel, siempre segura y aclimatada para nuestras necesidades más inmediatas, antes de ser capaces de salir de nuestros espacios de seguridad para ser libres. Y ser libres no es más que seguir los designios de nuestro corazón, y no los caprichos de nuestra sombra. Lo increíble de esa sombra es que nos anula por completo. Nos aterra salir de ella, desprendernos de ella. Y cuando lo intentamos, los guardianes del umbral se encargan de recordarnos los peligros que hay ahí fuera. Pero está bien sentirnos poseedores de cierto sentido común. Hoy toca de nuevo viaje. De nuevo vuelta a La Montaña, mi espacio de seguridad. Pero lo hago con cierto poder. El poder de haber hecho lo que decía el corazón, y no la sombra.

Amar a un ser humano es ayudarle a ser libre


Ese es el más poderoso de los amores. Acostumbrados a agarrar, a hacer del otro algo nuestro, el mejor amor es ayudar al otro a volar más lejos, más alto. Cada latido de nuestro corazón debería responder a la llamada de hacer algo hermoso por el otro. De hacerlo grande, de sacar el brillo de su alma hasta la más pura exhalación. Pero resulta difícil, muy difícil, llegar a estas conclusiones. Resulta difícil amar sin poseer. Resulta difícil darse cuenta de donde estamos, de todo lo que cuesta recolarnos a cada instante, de todo lo comprometido de hacer las cosas bien. Cada día debemos esforzarnos para sabernos en nuestro centro y desde ahí, dejar que la vida dirija nuestros pasos y nuestros ritmos. Dejar que la vida nos guíe. Amar, amando, de forma libre, de forma desapegada.

Ama desde La Garrotxa


Hola Javier,

Te paso las fotos de «Ama hasta que te duela» que me acaba de enviar mi hermana Charo, mi cuñado Sergi y la perrita LLona desde la zona volcánica de La Garrotxa. Ellos viven allí y les encanta caminar por la montaña. Elige la que más te guste. Charo me las ha enviado con el siguiente texto:

Una sonrisa, la alegría

Una mirada, la complicidad

Una caricia, la ternura

Un abrazo, el sentimiento

Un beso, una joya

Un te quiero, pocas veces lo decimos, pero existe en nuestro corazón

No hay que perder la alegría, ni la complicidad, ni la ternura, ni el sentimiento, porque así el corazón latirá, como una joya, eternamente…

Charo

Jaque al Rey


Quiero expresar en primer lugar que recibo de Su Excelencia el Jefe del Estado y Generalísimo Franco la legitimidad política surgida el 18 de julio de 1936”.

Juan Carlos I de Borbón.

Estamos a 8 de enero y solo tengo 30 euros en el bolsillo”.

Abdul Rahim, de 50 años, desahuciado.

Hoy he soñado con el duque de Palma. Ha sido un sueño extraño donde Urdangarin parecía triste y desolado, envuelto en una situación incómoda donde tenía que callar por no liar más la madeja y donde al parecer, le iban a desahuciar por no poder pagar la hipoteca. Pobre, me ha dado un poco de pena. Hace poco la Casa Real le calificó de “persona no ejemplar”. Así de rápida y contundente, para demostrar la fuerza de la ley moral que impera en esa sacra institución. Pero el calificativo parecía una broma de mal gusto. ¿Persona no ejemplar? ¿Nuestro Iñaki? ¿El «paga(In)fantas»? ¿El descendiente de San Valentín de Berriochoa, patrón de Vizcaya?

Su referente más inmediato es el propio Rey de España. Su «ejemplo» ha consistido en aceptar ser heredero del régimen dictatorial franquista. En preparar a hurtadillas un golpe de Estado para encauzar la nación hacia la solución final y, al ver la reacción del pueblo, cambiar de bando y con ello traicionar a los implicados en el mismo.

En su vida privada también ha sido «ejemplar». No hablaremos de sus negocios, de su tráfico de influencias, de como una familia pobre, se ha enriquecido misteriosamente siendo una de las mayores fortunas de Europa. Tampoco hablaremos de las ciento de amantes que ha tenido en estos años. Hasta el punto de que su mujer, la Reina, se ha tenido que marchar a vivir a Londres por pura vergüenza vaquera.

Dicen que su último desliz es una alemana que casi vive en Palacio para disgusto de su hijo al que al parecer, una vez le increpó diciéndole también ese “y tú te callas”. Y qué decir de esa historia oscura que nuestro misterioso Tom Farrell describe detalladamente en “Escrito en un libro”, lectura que recomiendo para que entendamos un poco la historia «ejemplar» de nuestros últimos reyes.

Lo asombroso de toda esta ejemplaridad es el silencio oscuro de todo lo que rodea a este personaje que «manda» en España por la Gracia de Dios y de Franco. Una persona que firmaba decretos en Suiza, en supuesto secreto porque allí estaba con la amante de turno. Una persona que desvía fondos y amasa fortunas en otros países porque en España, nunca se sabe. Y la Reina, lista como nadie, utilizando a hijos, yernos y a quien haga falta para sacar todo lo que pueda de Madrid y hacer acopio de lo mismo en Londres o donde quieran que estén sus cuentas secretas. En España, el que no corre vuela. Por eso el nombrar oficialmente a Urdangarin, nuestro descendiente de santos patrones, como persona «no ejemplar» desde la Casa Real me parece una broma macabra.

Y todo esto choca frontalmente con la simpatía que media España tiene a este paradójico personaje real, cercano y socarrón, campechano y guasón. Sería bueno, a pesar de esa simpatía nacional, que en España nos dejáramos de coñas reales, que rescatáramos esa institución como un realengo antropológico y lo pusiéramos en alguna especie de museo etnográfico, porque la cosa tiene su interés, pero nada más. Y que España fuera de nuevo una república, como lo son esos países avanzados como Francia, Estados Unidos, Suiza o cualquier otro con cierto sentido de realidad política.

Pero en España nos gustan las tradiciones, por eso de la identidad y el carácter. Así somos los españoles y por eso se ve difícil que el Título II de la Constitución que trata de «La Corona» en sus artículos 56 a 65 sean a corto plazo sacados de la Ley. Hay mucha fortuna en juego, mucho poder, porque en el fondo de eso se trata, de seguir ahí, instalados en el poder, para seguir aprovechando las prebendas del puesto hasta la muerte. ¿Quién en su sano juicio estaría dispuesto a renunciar a todo eso?

Y mientras eso ocurre, tendremos el deber de mirar hacia el futuro político con cierta responsabilidad histórica. Al menos mientras personas como Abdul sean continuamente desahuciados en nuestro país y más de cinco millones de parados no sepan qué hacer con su futuro. Menos guasa y más seriedad queridos españoles.

Dejar penetrar la luz


Tras desayunar, me dejé llevar por la llamada de la vida. Terminé a media tarde en Madrid. Un viaje rápido, directo, clarificador. Diría que liberador. El corazón a veces te lleva a lugares donde la mente racional no puede continuar, donde la lógica no puede seguir. Abandonado a lo irracional, puedes llegar a cuotas lejanas de trascendencia, de realidad, de vida. Pasé la noche abrazado con fuerza al infortunio, pero deseoso de creer en la esperanza que nos hace humanos y capaces.

Al día siguiente, un hermoso paseo por la sierra norte de Madrid, contemplando el juego de colores y temperaturas que este invierno extraña a todos. A las pocas horas, estábamos sentados en el Plantío para celebrar la meditación del plenilunio de Capricornio. La gran fiesta, la reunión con el grupo subjetivo, con los amigos del alma, con el júbilo de compartir y dejar penetrar la luz. Luz, más luz, de nuevo.

Me sentía feliz, plenamente feliz. En paz, radiante, con cierta luz en los ojos, con cierto brillo en la mirada. El alma respondiendo de nuevo a la llamada. Y de repente, esa voz que te dice: “todo está bien”. Así lo sentía, así lo expresaba en total libertad. En el centro permanezco, desde donde surge el alma, trabajando, sirviendo, derramando por todas partes vida, desde el centro del corazón al mundo.

Quiero ser árbol


Ayer pasé la noche en palacio. Llegué y cenamos en familia. Me gustó recorrer entre olivares y bosques los kilómetros que separan las puertas del pequeño reino del centro neurálgico donde se refugian príncipes y princesas. La casa seguía espectacular, inmensa, exagerada. Jamás un hombre solo podría abarcarla en una sola vida. Y esa es solo una de las casas, quizás no la más grande. A veces tanta riqueza me abruma. Especialmente estos días que ando escribiendo el prólogo sobre una de las obras del príncipe ruso Kropotkin. A veces tanta exageración me resulta extraña.
Pero ayer había cierto aire acogedor, festivo, familiar. Nos reunimos alrededor de la inmensa mesa redonda, como los caballeros de la tabla. Hablamos hasta altas horas de lo humano y lo divino. Mientras hablaba con su hijo sobre la vida eremita que ambos llevamos últimamente, me gustó el recuerdo de la sobrina, cuando con risas cómplices recordábamos aquel tiempo en que dormía en la casa de Madrid y nos levantábamos lagañosos para desayunar juntos. “Desde que te fuiste a vivir a la embajada ya no te vemos por allí”, decía. “Ya no vivo en Madrid, he vuelto a La Montaña”, le contesté casi susurrando. La vida en palacio… en los palacios… Eran otros tiempos…
Las explicaciones siempre inteligentes y geniales de “el jefe”, como cariñosamente le llaman, nos hacían reír sin parar sobre asuntos que no hacían nada de gracia por su relevante importancia. Los nietos pronto fueron a la cama porque esa era la gran noche. Al acostarme recordé la última vez que estuve allí. Miraba los grandes cuadros de la habitación. Miré mis venas y se veían azules al trasluz. Sangre azul, pensarían en otra época… Una costumbre muy española para diferenciar a los nobles blancos y pálidos que tenían origen visigodo de los que, de piel más oscura, provenían de origen moro. El palacio, los palacios…
Por la mañana, temprano, el gran árbol de la vida estaba esperando. En sus ramas colgaban esos destellos de luz que representan las almas individualizadas, pero unidas todas por la sabiduría natural, por los hilos de la vida. En su copa, una gran estrella que iluminaba todo el espectro, representando la fuente de luz, el principio y el fin de todas las cosas, el alfa y el omega. Debajo, cerca de las raíces, allá donde termina el tronco visible, los regalos. En la simbología mística, representan los bienes espirituales, los valores, los propósitos, los anhelos del alma.
Los niños vieron asombrados como los magos se habían cenado los bizcochos y sus camellos habían bebido el agua dejada la noche anterior. Empezaron a desenvolver los regalos uno a uno, con la emoción contenida. Mientras lo hacían, cientos de recuerdos se amontonaron de repente dentro.
Hoy regresaba por montañas y valles a casa, al refugio, a la cueva, mientras me despedía de palacio. Precipité la salida porque al mediodía tenía invitados para comer. Y llegaron puntuales cuatro bellas almas con las que, paradojas de la vida, compartimos las enseñanzas del árbol. Primero comiendo en el jardín, algunos en manga corta del calor que hacía en pleno enero. Luego paseando por el bosque, adentrándonos en sus secretos y visitando lugares perdidos. De regreso, empezamos a leer algunas enseñanzas del maestro Tibetano DK, las cuales iluminaron una interesante charla sobre el árbol de la vida que terminó en una meditación profunda y una comunión muy especial entre todos. Nos miramos a los ojos. Reconocimos en ellos la chispa radiante que ilumina cada rostro. Nos abrazamos y se fueron felices, muy felices. La magia actuó, y los intervalos produjeron su efecto.
Y ahora aquí estoy, de nuevo solo, en este silencio casi sepulcral. En mi escritorio, que es ahora mi palacio. Desde aquí dibujo nuevos reinos, imagino princesas y caballeros de la triste figura. Aquí tengo mi lápiz, mi papel, mis libros. La luz de la lamparilla ilumina solo el espectro más inmediato. Es suficiente. No necesito más. Aquí está todo.

Queridos Magos…


Querido Magos,

Tenemos sed de justicia, hambre de amor, necesidad de paz, anhelo de humor.

Pero en verdad, no deseamos nada para nosotros. Todo para ellos. Y cuando estén saciados, si sobra algo, deslizaremos nuestras manos francas para que posen en ella cualquier resquicio de amistad, de ilusión, de alegría.

Nuestra espada ya es corta. Pero entregamos nuestra lanza de luz y sus agudas flechas para que lleguen hasta ignotas lejanías. Porque de todos es sabido que cada batalla tiene su propia armadura y sus útiles armas, pero en esta, en la que estamos embarcados como raza, solo la responsabilidad ante las posesiones del espíritu podrá hacernos dignos sin vacilación alguna.

Queridos magos… Ya no queremos más cosas. Sólo alegría, paz duradera, amor sentido, esas centrífugas experiencias que han de colmar nuestras vidas antes de apartarnos al círculo eterno. ¿Simplificar o complicar? Hasta un niño sabría qué elegir, por eso hoy, como niños, solo pedimos que simplifiquéis nuestras vidas, que las hagáis plenas de logros y conquistas, pero no para nosotros mismos, sino para dar gloria a los otros, para que nuestro estado triunfante sea repartido en bien de los demás.

Queridos magos, os deseo el mejor de los viajes de Oriente a Occidente, del Mediodía al Septentrión, y cuando reparéis en cada casa, en cada hogar, en cada ser que demanda, no olvidéis satisfacer sus ansias con hilos de felicidad…

Os invoco, queridos magos, para que la magia continúe…

En Vos confío…

Compartiendo energía


La vida está basada en el intercambio de energías. La energía lo cubre todo y se manifiesta de múltiples formas. Como alimento, como amor, como sonrisas, como abrazos, como conocimiento, como luz, como fuerza… Cuando nos levantamos agradecidos todos los días, estamos compartiendo energía. Cuando nos acostamos de forma humilde y miramos en nuestro interior para valorar las acciones de la jornada, estamos amasando energía. En ese conocimiento directo que tenemos con la experiencia diaria, desarrollamos un tipo de energía, con su calidad, con su pureza, con su poder. A veces olvidamos la impersonalidad de esas acciones y olvidamos que cada palabra dicha, cada acto fingido, cada pensamiento nacido en el jardín de nuestra memoria provoca reacciones, evidencian síntomas y siembra semillas que darán sus frutos.

Hay cierta victoria en nuestras consciencias cuando la calidad de esa energía compromete a la belleza, a la alegría y a la enseñanza. De ahí la importancia de despertar vibrando en buena sintonía con el ambiente y dormir en buena sintonía con nosotros mismos. Si somos un buen acorde, si somos un trozo de cuerda que intercambia provechosamente la energía en el inmenso e infinito ciclo vital, seremos una hermosa esperanza para el mundo. Sintamos esa necesidad y estemos siempre alertas. La vida es compartir, la vida es relación.

Los tejedores de la luz


Unos días de aislamiento voluntario en una especie de “cueva” fría y desconectada del mundo me han venido bien para ver la vida de forma diferente, pausada, con un ritmo más acorde con los tiempos que se aproximan. Cuatro días sin Internet, sin teléfono, en silencio, en ayuno, en meditación u oración según la hora del día y según el momento, solitario, ausente, inmóvil. La ausencia de estímulos externos hace que la mente se calme y los pensamientos se desaceleren. Las emociones se recolocan y se apaciguan, la energía vital se recompone, el cuerpo descansa, los canales se alinean ante la pureza del momento y el alma, aliviada, entra con fuerza y habla desde el silencio y la senectud.
Se crea una chispa de luz, pequeña pero suficiente para alumbrar en la noche oscura. Aparecen los “tejedores” y la luz se expande poco a poco como una malla sedienta. La mente se desarrolla acorde al nuevo estímulo y su poder se acrecienta.
La autoiniciación, de obligado cumplimiento para aquellos que no comen carne ni tienen televisión y practican el celibato y se abstienen de beber alcohol y de fumar, no pretende ningún tipo de perfección, únicamente pretende cierta luz, cierta visión de las cosas. Y esos pequeños secretos que se desvelan tras el velo no son sino cosas sencillas que pretenden conferir a la vida un sentido diferente.
No se encuentra ningún tipo de pureza en esos actos, ni se pretende porque lo que es puro no puede de momento pertenecernos. Pero sí se pretende cierta ligereza de equipaje que nos ayude a ir aún más lejos, cierto balón de oxigeno que nos impulse a caminar con la mirada recta y el corazón abierto. Estar limpios por fuera ayuda a que la contaminación interior no nos nuble en exceso. Por eso el espíritu, cuando tiene la posibilidad de impactar a los vehículos de la personalidad, siempre dice con voz alta y clara: “ganaremos esas alturas para seguir adelante”.
Y cuando he salido de la “cueva”, mi barba había crecido, y también mis ganas de seguir descubriendo luminarias y el placer y la sabiduría de las cosas que contienen todos esos mundos que nos esperan. Ganas de seguir compartiendo, de seguir en contacto con lo sutil, con absoluto valor, con fe perfecta. Ganas de ser más eficaz y tener una vida más enfocada hacia lo verdaderamente importante. Ganas de seguir hollando el sendero sin temor, con alegría y confianza en la luz de nuestra alma.

Consolamentum


Estoy haciendo una tesis doctoral sobre el apoyo mutuo. Pensaba que ese es el principio que debe regir en las sociedades, en las culturas, en los humanos, en las relaciones… apoyarse mutuamente en los momentos buenos y en los menos buenos para seguir adelante…
Me gustaba escucharlos… me gustaba estar ahí cuando los más pequeños pasaban el mal trago de sus crisis, de sus sacudidas interiores… Me sentía bien a sabiendas que de alguna forma podía darles cierta seguridad o apoyo o lo que hiciera falta… No me aburría el que siempre estuvieran hablando de si mismos, de sus problemas, de sus crisis, de su ombligo, de sus trabajos, siempre sus trabajos… Intentaba conocerlos escuchando y estando ahí era la mejor forma de hacerlo…
Cuando tocó estar en la encrucijada la respuesta fue diferente. Primero fue el reproche, luego la espalda y luego el ánimo de abrir un conflicto que ya estaba resuelto, o al menos un conflicto que no tocaba en ese momento. Pensé que me abrazarían y que todo terminaría ahí. Pero sus respuestas me sorprendió. Ya me lo habían advertido antes: «que cada uno resuelva su conflicto»… Me pareció contradictoria esa respuesta para la cosmovisión que me habíais enseñado, para esa peculiar forma de ver las cosas. Simplemente veíamos el mundo de forma diferente. Ellos preferían no intervenir para que cada uno se gestionara sus crisis y sus problemas… Cosa paradójica, sin embargo, con sus trabajos. Pero son pequeños… tan pequeños que les cuesta aún mirar un poco hacia delante…

Siempre me he regido por el mágico principio que me enseñasteis: «solo no puedes, con amigos sí»… Por eso me enfurecí en cierta manera y por eso quería marcharme lejos de esos pequeños desagradecidos. Si ellos estaban pasando por una crisis y nos habíamos encontrado y cruzado los caminos quizás sería para aprender precisamente que con generosidad y apoyo se puede salir adelante. Pero eso solo fue una interpretación mía. Una visión equivocada y sesgada por mi parte.
Lo que ocurrió aquel día no tiene perdón. Me comporté como un auténtico hombre débil. Hicisteis bien cuando os pusisteis delante de la puerta y no me dejasteis marchar. Admiré ese gesto valiente y decidido, enérgico y arriesgado. Pensé que aquel día debería haber sido igual. No fui capaz de ver que no estaba preparado para esa prueba, que seguía débil, que seguía frágil y que cualquier cosa podría desmoronarlo todo. Es cierto que no había ninguna base porque solo nos habíamos visto tres veces, es cierto que me enfrentaba a algo que había removido toda mi vida, es cierto que aquel día no era el más propicio para salir ahí fuera. Pero las pruebas siempre están ahí para hacernos grandes. Eso me enseñasteis con vuestro silencio y sabiduría, con vuestra decisión.
Pero de nuevo la misma sensación. De nuevo la sombra de mi propia ignorancia… De nuevo mirar a otro lado… De nuevo solo…

No penséis que estoy intentando hacer un análisis para culpabilizar a esos pequeños o cargaros con todo lo que ha pasado y así quitarme esta culpa mía. Solo expreso esto en voz alta porque deseo compartirlo con vosotros. Porque os aprecio y deseo lo mejor, y a veces lo mejor es compartir las cosas, lo que se piensa, lo que se siente, sea bueno o malo.

Sé que no tengo derecho a decir todas estas cosas, pero me habéis pedido que no os halagara, que fuera honesto y sincero y claro… Antes lo había sido, y no tengo palabras para describir lo que ha supuesto el conoceros de forma tan intensa y hermosa. Me habéis aceptado en tan solo tres encuentros, he recibido vuestro bautismo en fuego y liberado por vuestra gracia de las aguas que turbian… En tan solo tres momentos se ha abierto ante mí todo un universo increíble… No son halagos queridos Hermanos del Espíritu Libre… es lo que siento… Habéis sido para mí algo muy, muy, muy especial… No puedo describirlo con palabras físicas… Quizás deba recurrir a las energías, a la metafísica, a la mística o a lo que sea para entender que lo que nos ha unido ha sido algo muy especial que solo con el tiempo lograré entender…

Aún así intuíais que había algo que no estaba resuelto… incluso me pautasteis aquellos remedios para que salieran todos los conflictos, todos los fantasmas… Pero luego me dejasteis frágil, me dejasteis absolutamente sin advertirme de lo que podría ocurrir… Me disteis la espada protegiéndome con ello, quizás porque como bien me habéis dicho, la prueba consiste en vencer en el desierto al dragón… No me hubiera importado ayudar a esos pequeños, abrazarlos fuerte, muy fuerte para no dejarlos caer… Pero ahora descubro con cierto horror que no estaba preparado para enfrentarme a esos demonios, a mis dragones, a todo lo que tan solo hacía pocos meses me había enterrado en los abismos… No estaba preparado y no era el momento para ir por ese camino… Debía recuperarme… y con vosotros lo estaba haciendo… con vosotros me empezaba a sentir mejor… la alegría empezaba a asomar de nuevo… Por eso os llaman «los magos»… Habéis obrado cierto milagro en mí… Y no penséis que os quería por eso… No penséis que había nacido en mí ningún tipo de agradecimiento bondadoso y lastimoso… Hay algo mucho más poderoso que todo eso… Hay algo mayor que aún no logro entender… No se trata de ilusionarme o no con esta historia… No se trata de que empecemos a pensar en ese propósito mayor que conocéis y servís en silencio… es algo diferente… muy diferente para lo que aún no estoy preparado.

Sé que después de lo que ocurrió aquel día ya no tengo derecho a nada… no tengo réplica ni derecho a decir nada porque todo carece de sentido… Todo lo que os decía no eran promesas… Pero comprendo que no queráis luchar por esos pequeños, que no queráis estar ahí… Comprendo que no puedo pediros absolutamente nada… Comprendo que he sido un ignorante navegando entre sombras… o quizás tan solo un pobre hombre débil incapaz de alejarme del peligro en cuanto lo veía… No podemos pedirle a esos pequeños que se enfrenten a sus demonios si están frágiles, si están débiles, si están recuperándose de un año duro, muy duro. Primero deben recuperar la confianza, deben madurar, deben hacerse hombres… Y cuando estén fuertes, deben enfrentarse a sus demonios. No antes… Jamás antes… Vosotros lo intuíais, pero no supe verlo… Solo la vida nos lo mostró porque era necesario enfrentarnos a eso para… ¿para qué? Aún no lo sé… aún no lo sabemos… El tiempo lo dirá…

Sed compasivos, porque en el fondo, solo somos humanos… humanos tan cargados de errores y fallos… humanamente nacidos con defectos de fabricación, pequeños humanos cargados de grandeza anónima… Cuando veáis a esos pequeños no mostréis sus corazas… Quizás solo necesiten un abrazo… Llevadles galletas para compartir… les ayudará más el amor que el aprendizaje… Sois sus hermanos… Quizás solo necesiten un abrazo… Ese que nadie nos da cuando estamos en peligro… Ese abrazo que nos ilumina y nos arranca de aquellos abismos… Ese abrazo que tanto reclamamos… Como el abrazo que me disteis en la puerta de vuestro templo y que jamás olvidaré… Abrazad a vuestro pequeño hermano y decidle que le queréis… No deseamos repetir los patrones de nuestros antepasados… Rompamos con ellos ahora, en este instante feliz… Ofreced amor y compasión… llevadle galletas a esos pequeños…

Siento estas palabras… Siento de veras todo lo que ha pasado… Esos pequeños están débiles, están frágiles, están mal, muy mal… No pueden ofrecer nada estando así… No se ven con fuerzas de hacer nada y ahora sé que el apoyo mutuo es más que nunca necesario…

Tengo conciencia de que con las últimas acciones se ha abierto la caja de Pandora y deseo con grito solitario llegar hasta el final… No me importa lo que ocurra ni en cuanto tiempo ocurra… Lo voy a hacer… Y cuando salga de esta, os buscaré de nuevo… Mientras, os pido, como último deseo, que cuidéis de esos pequeños inocentes…

La vida es la única verdad real


La vida es la única verdad real. Nuestro destino consiste en vivirla y desnudarnos ante ella es nuestro único deber. No deben asustarnos las ruinas. Llevamos un mundo nuevo aquí dentro, en nuestros corazones, un mundo que está creciendo a cada instante, un mundo que reclama para sí mismo una oportunidad de nacer. Durante siglos hemos arado las praderas y construido ciudades, templos, puentes, caminos. Podemos volver a construir de nuevo, podemos volver a empezar de nuevo, podemos volver a creer de nuevo. Creer es crear, crear es construir el mañana de las nuevas generaciones, de los herederos de nuestros actos. ¿Cuál es nuestra aportación? ¿Cuál será nuestro legado?

Llevamos un mundo nuevo impreso en nuestras almas, esas que suspiran por llegar a nosotros, por influir en nosotros, y que son capaces de manifestarse en los momentos de absoluta soledad, de absoluto silencio. Un mundo que debemos compartir, que debemos aproximar al sentido de todas las cosas. La misma fuerza que nos hizo construir pirámides y naves espaciales nos ha de permitir conspirar por un mundo mejor, por una vida mejor.

En esta época hay una gran necesidad de expertos en la vida del alma. Debemos por tanto emprender el gran experimento hacia la transición, agregando nuestro más íntimo testimonio de que eso es posible. Hay luz en el sendero, y nosotros, los tejedores de esa luz, estamos destinados a preparar la víspera de la gran fiesta. Debemos tener fe, porque la fe es la sustancia de las cosas que no se ven, es la fuerza que nos proporciona absoluto valor.

Ya no tenemos necesidad de apaciguar a los dioses. Ya no tenemos necesidad de seguir luchando los unos contra los otros. La ayuda mutua cambiará la faz de la Tierra contra la antigua herencia de la lucha mutua. De nuevo, un hombre nuevo desea nacer.

Luz, más luz en este nuevo año. Feliz 2012 a todos…