¿Te tirarías de un quinto piso si fueras a perderlo todo?


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© Alexander Yakovlev

Hay dos motivos por los cuales muchos de nosotros nunca cometimos esa hazaña: por miedo o por falta de fuerza y valentía. O quizás porque tal grado de desesperación pudimos de alguna forma contenerlo o reprimirlo. Pero los que alguna vez lo hemos perdido todo, podemos afirmar con rotundidad que con algo más de fuerza o de valor hubiéramos terminado como lo ha hecho la pobre mujer que, desesperada, sin ilusión, sin esperanza, cometió la desolada decisión de abandonarse al abismo.

El sexo, la religión, la muerte y también el suicidio, son temas tabúes en nuestra sociedad. Temas que rompen con nuestra estética, que manchan la modernidad de creernos inmortales, que preferimos evitarlos y esconderlos. Conocer las causas del suicidio ante momentos de dolor profundo y desesperación es complejo. Sin embargo, los que hemos padecido momentos difíciles podemos entender ese impulso. Reflexionando estos días sobre el trágico hecho, quiero pensar que esa mujer no se ha tirado por un quinto piso porque lo haya perdido todo, sino porque no tuvo a nadie a quien acudir, porque no tuvo el sostén o el soporte necesario, el cariño y el apoyo atento de los suyos, porque nadie supo entender o intuir el momento trágico.

Hoy he hablado algo más de dos horas por teléfono con una persona que me ayudó incondicionalmente en este último trance. Quizás ella no sea consciente de todo lo que su presencia, su apoyo y su cuidado hicieron en mí. Me daba cuenta, por la sonrisa en mi rostro, que al hablar con ella tres meses después de todo lo ocurrido podía afirmar con rotundidad que gracias a ella y a todas las personas que estuvieron cerca, no franquee la delgada línea de abandonar este mundo para bucear en la esperanza y la paz de un cielo, arpa incluido, que me esperaba impaciente.

Me pregunto cuántas personas estarán ahora en esa difícil coyuntura, en ese terrible abismo de querer desconectar la máquina para siempre, de quererse inmolar para dejar de sufrir, de quererse marchar para dejar de padecer. Dos horas al teléfono dan para mucho. Sí, podíamos hablar de la multidimensionalidad, de la espiritualidad profunda, de lo más epidérmico o lo más insondable, de la necesidad de cambiar el mundo y de paso, a nosotros mismos. La suerte de poder conocer a personas extremadamente conscientes e inteligentes es que puedes abarcar cualquier tema que se presente, explorarlo y desnudarlo paso a paso, despacio. Si además lo consigues con una mujer joven, hermosa y elegante, una auténtica aristócrata del espíritu con la cual puedes verter una complicidad única, el diálogo y el compartir están asegurados.

Pero lo más importante de todo ha sido, más allá de nuestras notables diferencias o nuestras coincidentes rarezas, el cariño y el apoyo, el saber que está ahí y que yo estoy aquí, el apoyo mutuo y la necesidad de cooperar juntos de alguna manera cuando la amistad es, más allá de toda confusión, algo incondicional. La soledad se vuelve menos sola cuando encuentras cómplices y aliados con los que poder desnudar el alma y hablar francamente de cualquier cosa. No he querido indagar en la historia de esa mujer que desgraciadamente ha muerto cuando intentaban desahuciarla, pero estoy convencido de que si hubiera tenido la suerte de tener las amistades que en estos meses me han rodeado, no hubiera ocurrido el trágico desenlace. El apoyo de unos y de otros, los guiños sinceros, la atención, el cuidado y la constante vigilancia han sido auténticos salvavidas.

Por eso, tras esta experiencia dolorosa, no me canso de repetirlo con absoluto agradecimiento. Gracias de corazón a los que están siempre ahí, apoyando a sus amigos, a sus familiares, a sus seres queridos de forma incondicional. Gracias especialmente a los que además, alguna vez acogieron en su seno a personas que, sin conocer, quisieron ayudar. Nunca sabes, de todos los que nos rodean o están a nuestro lado, si en algún momento quisieron tirarse desde un quinto piso y una sonrisa tuya les salvó. Estemos atentos, nunca sabemos cuando el otro nos puede necesitar de verdad.

La riqueza de no tener nada


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Brasileña de origen alemán y afincada en Londres. Excesivamente bella para que pudiera ser real. Pero no tan solo por su belleza exterior, sino por su alma limpia y brillante. Miraba con atención los miles de libros que tengo aquí en este pequeño templo, repasando todas las escuelas, todas las tradiciones y filosofías que se agolpan en las estanterías. Vegana desde los quince años, había estado, por indicación de un mentor, en las selvas del Perú. Allí, en la profundidad de la Amazonía, había conocido el contacto directo con la madre naturaleza, con las tradiciones chamánicas y con la revelación del mundo más allá de las formas.

Dejó en manos de su gerente la empresa que regenta en Inglaterra y empezó a viajar. Su despertar lo inició hace cuatro años en el Camino de Santiago, lugar donde ahora se encuentra con su autocaravana, lejos de las comodidades y lujos de la capital londinense. Un sabio alquimista reveló que su alma venía de la lejana Lemuria, y ahí todo empezó a cambiar. Las sincronicidades empezaron a surgir en uno y otro lugar hasta que vio claro que su destino era dejar la vida tal y como la conocía hasta ahora para crear un centro de sanación en el Camino de Santiago.

La verdad es que escuchar su historia de vida me conmovía. Tomaba el café en pequeños sorbos para así poder saborear con detalle todo lo que contaba. Su experiencia con la muerte de pequeñita, sus múltiples vidas viajando y viviendo en diferentes países. Me doy cuenta de lo pequeñitos que somos cuando encontramos a seres con tanta vida, con tanta experiencia vital, con tan amplio horizonte, visión y plenitud en sus vidas libres.

Entiendo que empiezo a abrirme al mundo y que estas visitas empezarán a repetirse con frecuencia. He habilitado una humilde habitación para acoger a todo el que venga y así poder compartir con calma. En la Montaña era fácil. Ahora entiendo que montar una casa de acogida de libre acceso tenía un poco que ver con ese frecuente peregrinar que siempre existió en mi hermosa casa del mediodía. A veces organizaba encuentros donde venía mucha gente que acomodaba como podía en las infinitas estancias de aquella morada blanca. Ahora las comodidades en la montaña son menores, pero a pesar de mi timidez huraña, comprendo que no puedo huir de esa necesidad de contacto humano que atrae a luciérnagas que buscan sus mieles, y que aquí, en este simbólico balneario de descanso y reposo, tendré que seguir acogiendo a peregrinos del alma. No tengo mucho que ofrecer, pero algo quedará en el zurrón interior cuando no paran de llamar a la puerta para simplemente conversar, compartir y abrazar con amor y amistad.

Desde la habitación calentada por una vieja estufa, podíamos ver entre silencios como la lluvia volvía a golpear en el cristalino atardecer. Sus lágrimas golpean en el filo de la farola, creando un rítmico palpitar que desahoga agua. Los átomos se descomponen y bailan descontrolados por el azar. Pequeños animalitos se agolpan en la ventana con la esperanza de que la luz que les llega tenga algún néctar que recolectar. Los puedo contar uno a uno mientras el calor y la música enternecen los últimos rayos de sol aquí dentro. Los libros se amontonan en su soledad de un tiempo que ya no les corresponde. Las cristalinas pantallas han provocado su ocaso, excepto en esta guarida salvaguarda de algo que ya no existe.

Ella mira atenta por la ventana y ambos nos sumergimos en el bosque adyacente. Contemplamos el respirar de la naturaleza, su palpitante sabor a vida. Tiene una visión clara, un propósito definido. Busca un espacio, como el que tenemos allá arriba, en la Montaña. Queda tentada por la posibilidad de que sea allí el lugar donde proyectar su sueño. Decidimos esperar hasta la primavera porque ahora toca descansar, toca bucear en los adentros y respirar entre aledaños. No tengo nada en este instante excepto el calor y la amistad de esta tarde otoñal, y al no tener más que eso, me siento la persona más rica del mundo. Gracias querida R. por tu visita y por hacer crecer la llama de la riqueza interior.

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La fe que cierra el círculo


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Si ayer pudiste mirar tras la cortina, hoy toca caminar más allá de ella. Cuando el sol se pone y llega la noche, nos acostamos a la orilla del río, en un lecho apropiado aquí en el Balneario. Pero en cuanto se descubre la hija de la mañana, la Aurora de rosáceos dedos, la vida empieza a darnos esa oportunidad única de ser felices.

Todas las tardes, y gracias a las sinceras recomendaciones de M., mi doctora preferida, -hermosa, sabia, prudente y angélica- paseo por los arrabales del río Sarria cruzándome una y otra vez con imponentes peregrinos que deambulan misericordes y ya cansados hasta Santiago. Me gusta mirar sus rostros, observar en su mirada un trozo de sus vidas, de su alma. Nos cruzamos una sonrisa necesaria, como si fuera un alimento imprescindible para seguir adelante. Mi paseo es corto, no más de una hora de ida y vuelta, pero a veces los acompaño un tramo, viendo como sus pesadas cargas se vuelven más livianas ante la presencia anónima. El alma se alimenta de pequeños gestos. Oxigenar pulmones, sonreír, caminar y siempre agradecer a la vida todo cuanto nos da y nos quita. Un ejercicio terapéutico para sanar los adentros.

Hoy el paseo, gracias a la compañía del amigo Joaquín recién llegado de Madrid, se alargó durante más de siete horas y más de treinta kilómetros. Hicimos el hermoso tramo de Samos a Sarria por un camino cargado de otoñada, y su vuelta plagada de encuentros y reencuentros. El ánimo generoso se dejó persuadir por la abundancia de vida, de color y olores que el camino ofrece en un día agradable de otoño. El amigo me hizo sentar separadamente del mundo para contemplar, desde otra perspectiva, las realidades envolventes. Con sumo cuidado me alargaba la mano de la amistad como las amarras de un buque que se yergue firme ante la marea. Desahogaba en él mi tristeza inevitable, pero también la esperanza del nuevo día y la alegría de estar a su lado. ¡¡Hemos paseado por tantos lugares juntos!! Inolvidables los viajes a Mongolia y la India e inolvidables los momentos únicos e irrepetibles en el jardín del Morya.

Pudimos hablar de amor y desamor, de geopolítica y economía, y por supuesto de aquello que más nos une, de Misterio, de fe, de magia y milagro. Es hermosa la sintonía que sentimos en tantas y tantas cosas, pero cuando tocamos de forma sutil y sublime la belleza de la vida manifestada, el sincronario interior se revoluciona hasta alcanzar el cielo. Creamos sin querer en este paseo hermoso por valles y montañas, por bosques profundos y bellos paisajes un tratado de monadología como haría el bueno de Leibniz, un discurso metafísico donde las sustancias simples se podían rozar con el aliento sincero y perpetuo.

La amistad a prueba de fuego y tiempo te hace sentir vivo, humano, acompañado en esa familia extensa que se deleita en el cuidado de los seres que amamos a pesar de las distancias que puedan separarnos. Nos hacemos mayores y vemos como ese calor compartido es el mejor regalo que nos podemos dar como seres vivos. El abrazo sincero, el paseo intenso en ese círculo que se cierra en la fe, como decía siempre inspirador el bueno de Joaquín. Es la fe la que nos permite creer en ese mundo bueno en el que soñamos y es la fe la que nos provoca la alegría de seguir adelante, practicando los caminos con gestos sinceros y amorosos. Que así sea por mucho tiempo. Así que gracias querido Joaquín por tu sincera amistad y por querer acompañar a este humilde peregrino en un momento difícil. Gracias por estar ahí, siempre. Gracias por tu fe compartida y avivada.

Foto: Con Joaquín pasando el día en el Camino de Santiago y celebrando más de diez años de amistad. Si queréis conocer a un gran hombre y mejor persona dará una conferencia en Madrid que no tendrá desperdicio:  

http://espacioronda.com/event/conferencia-publica-la-fe-que-cierra-el-circulo/

 

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El ágora con puentes de oro y plata


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Desde hace tres meses no pongo el despertador. Hacía años que no sentía la libertad de seguir los ritmos de la vida. Los primeros dos meses, debido a mi estado anímico y emocional, dormía bien poco. Solía despertarme puntual a las tres o a las cuatro. Podía estar con los ojos abiertos durante horas sin ver nada, solo dando vueltas en la cama, regodeándome en el dolor y sufriendo nocturnamente la soledad de una cama vacía. Desde hace dos semanas he recuperado la normalidad onírica. Me despierto a cualquier hora, a veces a las siete, otras a las nueve y otras simplemente alargo la horizontalidad el tiempo que mi cuerpo perezoso me lo indique.

Es una forma de sanación. Dar al cuerpo lo que pide tras años de exigencias extremas. Noto que este tipo de vida es seductor. La soledad, la falta de horarios, el tiempo que se acumula para poder administrarlo como uno quiera sin mayores obligaciones que las que yo mismo me imponga. Estar convaleciente, aunque sea por una enfermedad emocional como puede ser un duelo desgarrador, es algo hermoso.

Tras una pequeña meditación matutina me esfuerzo por seguir cierta rutina. Ir al baño, afeitarme, ducharme, desayunar algo y luego trabajar en la editorial hasta que el hambre me obliga a volver a la cocina. Por las tardes, y gracias a la ayuda de D., he acomodado un espacio al que llamo ágora. No es exactamente un ágora para la discusión y la dialéctica, sino un espacio para la meditación silenciosa, para el compartir y para crear la arquitectura de lo que será mi próximo futuro. Lo que antes era un almacén de libros ahora se ha convertido en un pequeño rincón de lectura, de escritura y de compartir. Una especie de diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo, como diría Galileo, pero siguiendo las posturas del neófito Sagredo, es decir, viviendo y experimentando desde la visión neutral de quien busca la verdad sin aferrarse a ningún dogma o creencia. Simplemente observo atento y discrimino silencioso, sinuoso, tranquilo. Ya no hay prisa por nada. Absolutamente por nada, excepto por vivir.

Con D. pude estrenar el espacio mientras mirábamos en los mapas donde viajar durante siete días, sin pausa, por esta ancha Galicia. Al final la comodidad del lugar nos llevó a franquear incluso las fronteras más meridionales. Con B. pudimos abrazarnos, compartir, reír, imaginar hasta altas horas e incluso celebrar su revolución solar con dos velas simbólicas en una noche especial y mágica improvisando un pastel de cumpleaños a base de frutos secos. Con M. he podido compartir inquietudes sobre los próximos devenires utópicos y especialmente sobre la fortaleza inamovible de seguir adelante. Y mañana tocará compartir con J., y en unos días con la amiga X. y en otros con M. y con A, que vienen de muy lejos para abrazarnos y compartir… He pasado del silencio más absoluto al discurrir peregrino de almas que pasan, te abrazan y se van hacia su propio septentrión, pero siempre dejando esa sensación amable de cercanía, cariño y amor.

Si, un pequeño lugar donde reposar, pero también una pequeña plaza pública donde volver al contacto humano, esta vez seleccionado, medido, oportuno, sin avalanchas y sin necesidad de que nadie desee vampirizar una emoción o un pensamiento. Solo compartir, desde la amistad, el amor y el cariño con suma delicadeza. Me doy cuenta de la riqueza de poseer tantos y tantos amigos que están ahí, en lo bueno y en lo malo, que no huyen cuando las cosas se complican y que permanecen fieles e inamovibles a pesar del temporal. A los que huyen, como dice mi querida D., puente de plata. Y a los que regresan una y otra vez, la compensación de la eterna amistad, del oro del verdadero sentido del amor y el cariño. Un tesoro, el mayor de todos, que no todos aprecian.

(Foto: Pequeño rincón donde compartir. Antes un almacén de libros, ahora un lugar mágico con olor a libros, incienso y amistad. Si tu imaginación te lo permite y puedes oler el incienso y ver más allá de la forma, mira tras la cortina. Allí, una oleada de peregrinos libres deambulan con sus pasos errantes hacia su destino. El Camino espera tras la cortina). 

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Gracias Antonio


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Antonio se marchó como siempre había querido. Con las botas puestas, trabajando hasta el último suspiro, sin parar de buscar y bucear en las letras de otros para editar aquello que veía como posibilidad futura. Llevaba muchos años en la cuerda floja, con esa enfermedad que tenía su cuerpo mancillado pero que no le impedía, a su pesar, seguir adelante. Cada cierto tiempo me llamaba para decir que le quedaban unos meses de vida. Me explicaba algunas anécdotas con risas y me pedía si, una vez el estuviera en el otro lado, podía ayudar a Pilar con la editorial o con lo que fuera. Me sentía halagado por tan inmensa petición y le decía que esperara, que haría cualquier conjuro curativo con tal de que aguantara todos los años que hicieran falta. Que no había prisa por irse, que tal y como estaba el patio, hacían falta muchas manos en este tajo.

Desde pequeñito leía los libros que él, junto a su infatigable compañera Pilar, editaban en Sirio. Nunca sabía quién estaba detrás de la Editorial Sirio, pero siempre me sentía agradecido por esos libros que pocos se atreven a editar y que sirvieron como guía en esa curiosidad adolescente por lo trascendental, por el misterio, por lo oculto de la vida.

Lo conocí hace casi diez años, junto a su infatigable esposa Pilar, cuando por una tímida casualidad me hice editor. Vi por primera vez a Pilar en una reunión de editores y me pareció un alma grande y benévola, hermosa y carismática. Sentí una atracción irracional por su presencia y ya no me despegué de ella. Él ya estaba enfermo pero desde el primer momento ofreció su ayuda incondicional a este joven editor que hacía sus pinitos. Sentí como esos padres que te adoptan cuando vienes desahuciado de una guerra. Primero con la distribución de nuestros libros, luego, también siendo mi primer editor. Tuve el honor y la suerte de que me editara dos libros de mi autoría. “No son muy buenos, pero sé que algún día llegarás lejos”. Esas palabras me llenaron de emoción pero también de responsabilidad. Tenía que estar a la altura de sus perspectivas. Antonio siempre era claro y sincero, y eso tiene un valor profundo en un mundo tan mentiroso como el nuestro. Siempre pensaba y me reprochaba que tenía un talento desperdiciado. Que estaba agotando mi vida en caprichos que no valían la pena. Me costaba decirle eso de que simplemente estaba sembrando, pero me gustaba escucharle porque siempre dotaba el alma de cualquiera de esa fuerza suficiente para seguir adelante.

El trato profesional pasó la frontera de la amistad y empezamos a frecuentarnos en su despacho, contándonos anécdotas mientras desayunábamos leche de almendra con galletas, sufriendo la crisis del sector e imaginando como sería el mundo de los libros en el futuro. Me sentía arropado, protegido a su lado, como ese mentor que todo pequeño empresario necesita para impulsar sus proyectos. Siempre me echaba la bronca cariñosamente por mis torpezas editoriales pero siempre estaba ahí el primero para echar una mano en lo que fuera. Lo hizo cuando estuve a punto de deshacerme de los sellos editoriales y él me animó y me ayudo para no hacerlo. Estuvo ahí cuando quebraron nuestras distribuidoras dejándonos pufos de más de cien mil euros y él decidió distribuir todos nuestros libros. Estuvo ahí siempre, hasta el último día.

Una semana antes de marcharse, tras una visita a Málaga para ver como estaban, decía que quería volver a venir a O Couso. “Lo haré en unos días”. No lo hizo, se fue al otro lado quizás porque allí haga ahora más falta. Quizás para inspirarnos y ayudarnos en este trabajo de seguir llevando las letras de nuestro tiempo a los rincones más insospechados. Querido Antonio, gracias de corazón por todo lo que has hecho en nosotros. Gracias de corazón por estar ahí. Sigamos adelante querido.

Pd.- Este año se han marchado dos buenos amigos de Málaga. Pepe primero y ahora Antonio. Como diría nuestra querida Dolores, estarán ahora tocando el arpa en alguna nube mientras con cierta broma socarrona ríen a costa de nuestras pequeñeces. Pasadlo bien bandidos y disfrutad del otro lado.

 

A un hombre bueno


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A Pepe, in memoriam…

Cuando nos vienen al recuerdo imágenes de París todos nos imaginamos esa figura horrenda que Eiffel ideó en algún tipo de delirio en plena era modernista, de inventos, de máquinas, de fábricas. En todas partes aparece ese mamotreto de hierro y clavos erguida para mayor gloria de algún ego que ya apuntaba maneras, como orgullo de una patria o de una ciudad que se postula como avanzadilla de algo indecible. Sin embargo, nadie recuerda al barrio de Montparnasse, lugar donde éramos poetas y solíamos deambular por sus calles suplicando encontrarnos con la memoria de personas como Baudelaire, Sartre, Simone de Beauvoir, César Vallejo, Julio Cortázar, Samuel Beckett o Guy de Maupassant. En un mundo alejado del verso es más común acordarnos de torres esbeltas y grandilocuentes que de personas buenas que contribuyeron a edificar la constitución humana.

En estas semanas tengo muy presente a Pepe, cuyo apellido londinense, Bourman, nos recuerda a otros ilustres ciudadanos de la city. Señor y caballero de sus dominios, elegante como sus antepasados ingleses, de mirada alta y con majestuosa presencia, de lo que más luz arrojaba al mundo era de su bondad. Amable, atento, generoso y amante de por vida de su querida mujer, nuestra amiga Dolores, que juntos han recorrido una hermosa existencia y cuya herencia, hijos y bellos nietos, el mundo le reconocerá.

Vivimos en un planeta donde no abundan los hombres buenos. Durante cientos de años el hombre ha sido un animal. Ha matado a sus hermanos. Ha violado a sus mujeres. Ha masacrado bosques y montañas y sobre todo, ha mentido al mundo con una fachada elocuente y pueril. Pero en esa maraña de maldad congénita, siempre aparecen individuos que relucen especialmente por su humanidad y ternura, por su luz y resplandor. Son esas torres humanas y no las otras las que merecen ser recordadas, por muy anónimas o silenciosas que sean.

Unos días antes de morir tuve la oportunidad de verle, de saludarlo de nuevo, de contemplar su rostro poeta, sencillo, bello, dulce, noble. No sentí tristeza sino alegría por todo su ejemplo, por toda su valentía a la hora de afrontar sus últimas horas de vida. Su ejemplaridad, elegante hasta para morir, me resultó un último acto de amor, una forma de marcharse limpio, sin mácula, sin ruido.

No pude llegar a su entierro a tiempo. Quizás por una hora. Pero eso me permitió colarme en su familia y dedicar unas horas a compartir las bonanzas de aquello que como los poetas nos construyen como seres completos y buenos. En el jardín donde ahora descansa estará haciendo cosas buenas, obrando con bondad y sencillez, esperando a que los suyos les ayuden en esas otras tareas que el espíritu demanda. Seguramente nos estará mirando con esa sonrisa suya, juguetona y traviesa al mismo tiempo, esperando que aquí abajo hagamos bien las cosas, dejemos una buena huella, pongamos en orden nuestros asuntos y podamos marchar en paz con todos.

Él envidaba mi forma de vida tan libre y despreocupada y yo siempre envidié su bondad absoluta. Ojalá todos los que tuvimos la suerte de conocerlo podamos imitar su ejemplo. Querido Pepe, gracias por inspirar este nuevo mundo que todos anhelamos. Gracias por marcharte elegante, fuerte, valiente, amoroso. Gracias por ser un poeta de los grandes, cuyo verso quedará por siempre entre nosotros.

Siendo, eso es todo, en lo bueno y en lo malo


¿De qué sirve este enredoso aire, si no puedo respirar? Si no luchas por nada… ¿De qué sirve soñar?¿Para qué quiero un mundo carente de fantasía?¿De qué sirve la vida, si vives para servir? Prefiero estar consciente aún cuando duela. Prefiero que la muerte me sorprenda de pie, construyendo un mundo nuevo que quizás nunca vea. Me iré feliz sabiendo que mis sueños nunca abandoné.”  M. Bakunin

Me levanté muy temprano tras un sueño bien extraño. Estaba muy feliz tras un fin de semana inolvidable, de esos entrañables y cargados de amor y cariño. De esos que deseas que nunca terminen para que los días que vengan después sean una continuación de los otros. A mi lado estaban las dos gatitas. Una a mi izquierda y la otra a mi derecha, próximas al corazón, como si de alguna forma sintieran como la primavera ha llegado también a mí. El perro Geo me lamía bien temprano. Tenía ya ganas de salir corriendo tras el caballo o las cabras. Le abrí perezoso la puerta. Hacía frío y nevaba. Me vestí y me fui corriendo hacia Madrid.

De repente el teléfono no paró de sonar. Amigos, periodistas, la televisión. Pensé que había pasado algo o que de repente me había hecho famoso por algún motivo que no esperaba. Iba a Madrid para participar en un anuncio de televisión. Cosas surrealistas de la vida. Dos años viviendo en una caravana sin colchón e iba a anunciar colchones de una conocida marca. El nuevo rey de las camas se atreve con todo. Una periodista de Tele Cinco me pedía si podía gravarme en directo. Lo siento, estoy de viaje. ¿Y mañana? Mañana estaré todo el día en una cama, rodando un anuncio. La pobre no daba crédito. Así que acordamos que la entrevista sería en el hotel de Madrid en diferido para que mañana, sobre las nueve, aparezca en Telecinco.

Llegué tarde a la prueba de vestuario. Era casi la hora de comer cuando empezaron a sacar prendas y más prendas, pijamas y más pijamas todos con su etiquetita con el precio, por si tras el rodaje se pudieran devolver y ahorrar en vestuario. Un pijama azul, otro dorado, otro blanco, otro conjunto así o asá. Me veía como esos famosos actores que hacen esas cosas y parece que se divierten. Yo lo hice. Soy antropólogo y me gusta conocer mundos.

En el hotel estaban los periodistas y las cámaras esperando. De nuevo casi me siento una estrella. Ohhh!! Cuanto poder tienen esas cámaras. Todos me miraban con extrañeza, por si fuera algún famoso. Incluso en el hotel, por si acaso, me dieron la mejor habitación por el mismo precio. Sí, las cámaras tienen poder, el cuarto, dicen. Poder para crear mitos y también poder para destruirlos. Hoy tocaba lo segundo, y a mí me tocaba bucear en el sentido amplio de la profundidad sin caer en la ruindad ni el prejuicio.

Habían encarcelado a Mario y toda su familia. Hace poco sacamos a la luz un libro juntos. “Siendo, eso es todo”. Cuando los periodistas empezaron a preguntarme sobre todo lo ocurrido me limité a contesta cortésmente sobre el mundo humano y la tragedia que hay tras los focos, el interés, el circo mediático y la mentira de la ilusión. Por un momento me sentí un cruzado defendiendo la causa humana ante el imperio de lo absurdo. O como ese colibrí que iba hasta el río gota a gota para intentar con su gesto cumplir con su parte moral ante el incendio del bosque. La periodista me preguntó porqué me había atrevido a dar la cara por un preso, por un delincuente. Realmente no estaba dando la cara por nadie. Sólo quería estar ahí, a su lado, de forma simbólica o precisa. Pero estar ahí. Cuando lo pasas mal, es hermoso saber que alguien está ahí. Cuando llevas dos años viviendo en una caravana sin colchón es agradable que alguien te llame para hacer un anuncio sobre colchones. O como ese ángel que hizo trescientos kilómetros plancha en mano, se metió en mi armario y me planchó algunas camisas para este viaje. Hay cosas que te dejan sin palabras, hay gestos que no tienen precio. Hoy prefería estar consciente ante los gestos, aunque dolieran. Prefería estar atento, alerta. Prefería estar, de alguna manera.

Durante muchos años lo he pasado mal. La vida, las crisis, la pérdida de todo. Cuando lo pasas mal muchos desaparecen. Algunos para siempre. Pero hay algunos, a veces muy pocos, que permanecen. Mario fue uno de ellos, a pesar de todo. Así que le debía el gesto. Un gesto humano, un gesto cariñoso, de amigo. Querido Mario, Siendo, eso es todo, en lo bueno y en lo malo. Sin más. Ahora el sistema que aclare las formas, nosotros nos ocuparemos del fondo.

Hacer bien las cosas


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 «El único símbolo de superioridad que conozco es la bondad». L. Beethoven

Tras un vertiginoso viaje por toda España, acabo de llegar con una paz serena y una felicidad intensa al frío de la montaña. Siento cierta emoción interior por saber que las fuerzas conspiran para que las cosas ocurran. Por sentir como poco a poco estamos comprendiendo el mensaje de compartir, de ayudarnos los unos a los otros, de apoyar las causas que merecen la pena que existan.

Acabo de pagar una deuda de casi veinte mil euros que vencía el seis de marzo. El mérito no ha sido mío porque en el proceso de pago he recibido ayuda de buenos amigos. Pero para mi era importante cumplir con mi parte del trato, de la promesa, del acuerdo. No importa si por el camino tenía que sacrificar ciertas cosas o embarcarme en nuevas aventuras. Lo importante de todo, independientemente de la cantidad, era cumplir con la palabra.

Un amigo me enseñó en estos años a hacer bien las cosas. Es algo que aprendemos pero que a veces, por ignorancia o torpeza olvidamos. Nos cuesta mucho hacer bien las cosas. Hablar con serenidad, tener una escucha activa con el otro, cerrar bien las etapas, los compromisos, las rupturas, lo que sea que tengamos que cerrar. Ayudar al otro cuando lo necesite, ya sea de forma humilde, con nuestra compañía, o de forma poderosa. Sea lo que sea, es importante hacerlo bien para que todo quede limpio, sanado, hermoso.

Cuando alguien se enfada con nosotros a veces son por causas que se podrían resolver con un simple abrazo, con una llamada, con un poco de atención, tomando un café o paseando por un camino cargado de vida. Cuando hacemos un favor el mismo tiene que salir del corazón, asumiendo la pérdida inevitable del propio acto y esperanzado, confiado, en el buen hacer del otro. Cuando alguien deposita en nosotros un tesoro, nuestro deber moral y humano es cuidarlo, protegerlo, potenciarlo, dotarlo de eso que debería ser sagrado: la confianza.

Son cosas simples, que se pueden hacer sin mayor esfuerzo. Solo tenemos que prestar atención, medir nuestras capacidades de respuesta, asumir la responsabilidad del coste de cualquier empresa. Por eso hoy he aprendido esa gran lección al responder gracias al conjunto de fuerzas implicadas a mi deuda moral. Hacer bien las cosas, sin ruidos, sin distraimientos, sin excusas. Trabajar profundamente en las relaciones humanas para que sean cada día mejor, de mayor calidad, de mayor estrechez y confianza. Eso he aprendido en este tiempo. Por eso, en este viaje, he querido mirar a los ojos a aquellos que me debían alguna deuda y también a aquellos a los que yo debía algo. He querido a ambos por igual estrechar mis brazos sobre ellos y hablarles desde la sinceridad, el perdón y la esperanza.

Así somos, estrechamente frágiles, pero también con la posibilidad de ayudar al otro cuando las cosas lo requieren.

Un especial agradecimiento a todos los que estos días han cumplido con su parte. A todos los que han apostado por el ser humano más allá de los números y las cuentas de interés. A todos aquellos que ante la llamada han respondido en auxilio, de corazón, con belleza, con buen humor. Sí, hoy aprendí a hacer bien las cosas, y la magia se ha manifestado.

Desapego y Libertad


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«¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si se pierde a sí mismo?» Lucas, 9:25

Que un hijo y sobrino de banqueros próximos al Opus quisiera asociarse a un hijo de la viuda resultaba curioso y sorprendente. De alguna forma, como en la película de Weir que tanto nos unió y donde se leía a Frost, nuestra amistad sirvió para «seguir un camino menos transitado que puede marcar toda la diferencia» o para extraer, como dice nuestro amado Thoreau, todo el meollo de la vida. Lo cierto es que Luis Valls-Taberner Muls y el que suscribe fueron socios durante un tiempo apasionante de un proyecto igual de apasionante. Para nosotros fue un máster de aprendizaje sobre valores empresariales, pero sobre todo, fue una maestría de tolerancia y amistad a prueba de todo fuego y duda. Andamos un trozo de camino juntos y aproximamos nuestras miradas al estrecho que separan continentes tan dispares, pero sobre todo, abrimos un pacto, un lazo indestructible.

Luis ha demostrado en estos años que no importa las cosas que nos separan como individuos, sino todo aquello que nos une como seres sintientes, capaces de afrontar emociones y compartirlas desde el respeto y la tolerancia. Uno de los grandes activos que siempre he sentido como propio y suyo es esa capacidad para ser amigos de todo aquel que guardara como única bandera la tolerancia y el respeto, pero sobre todo, la libertad de ser uno mismo sin importar lo que digan, sin añadir nada que no fuera auténtico. Por eso me gusta saberme parte de esa aura que nos envuelve, porque de alguna forma, y el tiempo lo dice, hemos estado ahí en lo bueno y en lo malo.

Ayer pasamos un buen rato juntos en Madrid y me regaló un ejemplar de su segundo libro, Desapego y Libertad (Editorial Indicios), con el cual quiere rendir un homenaje a su tío Luis Valls-Taberner Arnó, el que fuera presidente del Banco Popular. Y también rinde homenaje, de paso, a la unión especial que el legado humanista está dejando en muchos proyectos empresariales que empiezan a nacer y crecer ante el mandato del beneficio, por supuesto, pero también del servicio. Una nueva perspectiva de un mundo que está cambiando y que quiere volverse cada día más humano, y de alguna forma, más espiritual. Así que gracias Luis por conjugar de esta manera ese legado y sigamos, como no, dando espectáculo.

Querido Luis,

acabo de terminar tu libro Desapego y Libertad. Quería leerlo porque además de la curiosidad propia por conocer algo más de tu tío, sentía también cierta curiosidad por saber de tu evolución humanista, tu aproximación de nuevo al mundo de la escritura y las dudas propias que acechan con la cercanía hacia la edad adulta sobre el qué hacer para adentrarnos a ese camino del corazón al que aludes en el libro.

Puedo decir que su conjunto me ha gustado, especialmente hablar con desapego y libertad de un mundo tan abstracto como es el de la banca desde una posición tan suave y firme a la vez como puede serlo la literatura y la cultura. Respirar ambos aires ha sido hermoso, así que gracias por el paseo y la reconciliación de ambos mundos, el de la materia y el espíritu. 

Sólo seguir animándote para que sigas tu senda de constructor de realidades materiales, sin olvidar nunca esa esencia que tu tío tan bien llevó a puerto: la esencia del ser. Un ser que por ser de una sustancia diferente, siempre se muestra volátil pero poderoso, como los vientos que arrecian las costas y los mares. Un espíritu poderoso siempre se sumerge en la premisa del silencio, en la vaguedad de la prudencia, en la valentía de poder arriesgar tan solo activos que nacen del interior. En eso algo has aprendido, y por eso te pongo como ejemplo tu propia amistad. Un valor seguro a largo plazo y del cual, por muchas vidas que pasen, siempre atesoraremos en el otro reino. Siendo así, gracias por el regalo y gracias por tu amistad. Y de paso, sigue navegando hacia ese interior, mientras que con losas fuertes y poderosas, sigues construyendo tus castillos.

Un abrazo sentido,

J.

“Encuentros en tercera fase II”, Barcelona, Madrid y Granada


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De nuevo por motivos diversos me toca viajar, salir al mundo y de paso abrazarlo como ya hicimos en el primer encuentro en tercera fase donde pude conocer a gente maravillosa y compartir ratos inolvidables.

Vencer las barreras que nos separan, especialmente las virtuales, para conectar con el ser real, con la persona de carne y hueso que somos, derribando con ello los prejuicios, las diferencias, las formas, nuestras propias estructuras y miedos. No se trata de nada especial, solo de volver a convertirnos en seres humanos y compartir un trozo de tiempo juntos.

Esta vez estaré en Barcelona el próximo fin de semana (12-15 de febrero), pasaré por Madrid a mediados de semana y luego estaré el próximo finde por Granada (19-21 de febrero). Aunque esta vez voy algo justo de tiempo, estaré encantado de poder compartir un desayuno, comida, merienda, cena o paseo donde queráis. Podremos hablar de la vida, de la muerte, de la transmutación humana, del gran misterio de la vida, del porqué a los peces no les entra agua en los ojos o simplemente pasear en silencio en algún lugar sugerente.

La idea es que nos inspiremos, que compartamos, que aprendamos juntos, o simplemente que nos reconozcamos, que andemos un trozo de senda por alguna vereda, o nos sentemos al borde del camino para contar alguna cosa. Seguro que nos inspiramos, seguro que nos abrazamos, seguro que nos convertimos en un siendo continuo. Y si no, seguro que nos reímos un rato.

¿Por qué estos encuentros? Porque la vida humana no tiene sentido sin el compartir humano. Solo desde el otro podemos alcanzar el misterio de lo que somos. Solo con el otro podemos tejer juntos un mundo diferente, más armonioso, más tranquilo, más en paz. Compartir es el eje central del nuevo paradigma, y no solo se puede compartir desde la palabra, también desde el encuentro real, desde el verbo que se hace carne y nos penetra.

Así que os espero en cualquier rincón para echar unas risas. Si os apetece, escribir a: javier@dharana.org

Pd.- Como esta vez voy a viajar en coche, si os coinciden las fechas y queréis compartir el trayecto conmigo también estáis invitados.

(Foto: encuentros en tercera fase aquí en O Couso. Estáis invitados a venir cuando queráis. Aquí con los amigos Jorge y su esposa Margarita, Joaquin, José Luis, Rocío y Geo).

Cuerpos desnudos, almas inspiradas


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Ayer pasé un día hermoso con Lucía. Viajé hasta Gijón para conocernos ya que hacía años que andábamos saliendo juntos en la prensa pero no teníamos el gusto de saber de nosotros más allá de la vida virtual. Curiosamente hoy salía en un periódico un nuevo artículo que hablaba de ambos, así que nos fuimos a comer a un vegetariano para celebrar el encuentro y la noticia.

Lucía es de las pocas mujeres que en este país se declara abiertamente asexual. Siempre que piensas en ese tipo de sexualidad te imaginas a personas raras, con antenas en la cabeza o alguna especie de trauma insuperable. Pero lo que encontré fue un alma bella, una persona libre, sin tapujos, hermosa por dentro y por fuera, inteligente, sensual y atractiva. Un ser cariñoso, de esos que te abrazan y te compunjan el alma, de esas personas que envuelven cuerpos sin importar el como y además, inspiran almas.

Cuando volvía por la noche hasta la nevada montaña, me sentí afortunado por poder disfrutar abiertamente de esta libertad extraña. Sentí cierto agradecimiento por todas esas personas que he tenido la suerte de conocer en estos años y que tanto me han aportado como ser. Es una fortuna poder coger el coche e ir al encuentro de almas bellas capaces de transmitir una parte de su vida sin apenas conocerte. De compartir sus secretos más íntimos y reservados con humor y alegría.

Ayer, de forma consciente, descubrí lo hermoso que resulta poder abrazar cuerpos, no importa si están cubiertos de capas de pasado o andan desnudos. Ayer le contaba a Lucía la de tantas veces que había podido abrazar cuerpos desnudos sin buscar más allá que la intención de poder disponer de un trozo de alma, de estrechar el lazo místico que tanto nos une a todos por igual. El éxtasis de esa libertad va más allá de esa desnudez. Lo que realmente reclama el cuerpo desnudo es la inspiración del alma, la sencillez del encuentro sumado a la complejidad del momento único y verdadero. El cariño de seres que se encuentran, que se aman, que se abrazan sin tapujos y desean lo mejor para el otro sin esperar nada a cambio. Esa libertad en la expresión, ese poliamor sincero que se comparte sin tapujos ni estrecheces nos acerca siempre más y más a la realidad última, primigenia del ser.

No hay cárceles conceptuales, no hay rencillas ni desconfianzas, solo una plena confianza en el otro, asumiendo que su realidad forma parte del todo mayor, y por lo tanto, del nosotros. Salir al mundo desnudo, sin nada que esconder, sin nada que ocultar, solo con la sincera respuesta del abrazo mutuo, del amor mutuo. Libres, sin condicionamientos, sin prejuicios, sin reservas. Cuerpos desnudos, almas inspiradas.

Encuentros eleusinos


A

Debo admitir que el experimento de los encuentros reales con personas de carne y hueso han sido todo un éxito. No han sido encuentros elitistas, especiales, exclusivos. La puerta estaba abierta y hemos entrado por ella sin prejuicios, cargados de tolerancia y amor hacia el otro, sin juzgarlo, sin mirar si era pobre o rico, mujer u hombre, anciano o joven. Hemos disfrutado del talento de sentirnos seres normales, con nuestra carga emotiva, con nuestra discursiva vida y experiencia, con nuestras manías y pensamientos. Lo más hermoso, lo más impresionante es que frente al otro hemos sabido ver al ser que habitamos, al invisible dueño de nuestras vidas. Por eso nos hemos desnudado sin temor al qué dirán, sin temor a lo que el otro pudiera pensar de nosotros, abrazando con amor la diferencia.

Me siento afortunado por esa libertad de no juzgar. Te permite estar con ladrones, prostitutas, con seres que para algunos podrían ser despreciables, auténticos monstruos. No ha sido eso lo que veía en el otro. Sólo veía humanidad en un mundo demasiado fugaz, en una cultura donde lo único que sirve es la rapidez de lo inmediato.

No he querido huir de la belleza. La he buscado incansablemente. Y la podía ver en esa generosidad de cualquier acto pequeño, en esa bondadosa capacidad para transmitir algo del nosotros. En un mundo que está siendo educado en la barbarie, no tenemos más que poner la tele y observar de qué nos alimentamos diariamente, descubrimos la necesidad de volver la mirada hacia dentro, de redescubrirnos como seres cargados de consciencia, de bondad, de amor. Pero sobre todo, tenemos que volver a mirar al otro de frente, tocarle, abrazarle, besarlo, apretar su pucho contra nuestro pecho.

Si juzgamos a la gente no tenemos tiempo para amarla. Seamos amables con el otro, intentemos descifrar y comprender su gran batalla. El yo divide, es su esencia, todo está bien o mal, todo es luz u oscuridad. Pero cuando vives en completa comunión con el otro, con la vida, con tu ser, descubres que la esencia nos une. Nuestros puntos ciegos empiezan a desaparecer y renace la unidad esencial de todas las cosas.

Por eso cuando alguien me pregunta con cierta extrañeza porqué me mezclo con tal o cual persona, con aquel o con aquel otro como si eso fuera algo terrible recuerdo aquella hermosa y profunda frase: “dejad que los niños se acerquen a mí”. Solo desde esa inocencia puedes vivir experiencias únicas, verdaderas, reconciliadoras. Sólo cuando nos quitamos los prejuicios sobre los otros y nos reconciliamos con nuestra parte ciega logramos vivir una vida plena e intensa. Sólo debemos pensar eso: somos vida. Solo debemos convencernos de que además, la vida no nos pertenece. Es algo prestado, algo que está en todas partes, también en nosotros. Esa es nuestra verdadera identidad, y por lo tanto, desde esa dimensión, desde ese descubrimiento, podemos reconciliarnos con la existencia, con el otro, con nosotros.

Ahí está el Misterio. Renace, se encarna, nos interroga. Gracias al Misterio, al continuo deambular de la duda, podemos entender que las cosas sencillas son las que mejor nos conducen al nosotros. La gran comunión, como dice el amigo Koldo, solo es posible ante el contacto real de seres humanos libres y vivos, consecuentes con las diferencias, capaces de amar y ser amados, capaces de tocarse sin juicio. Debemos reencantar a mundo, debemos volver a la magia del encuentro. Toquemos la flauta y bailemos esa música.

(Foto: perdonad que en esta serie de relatos haya aparecido excesivamente mi rostro. Sólo quería mostrar nuestra cara humana, compartir con vosotros momentos de carne y hueso. Aquí, con los amigos Ramiro Calle y Fernando Sánchez Dragó en los encuentros eleusinos).

Robando el fuego a los dioses


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Hay elementos suficientes para pensar que el conocimiento, la gnosis, no es suficiente para poder robar el fuego y la luz a los dioses. Hace falta algo más, algo que venga acompañado de fuerza, pero también de amor. Lo notaba cuando esta tarde, en mitad de la sierra de Madrid, podía abrazar a la dulce María, un bebé que se gestó muy cerca de nosotros y que nació para llenar nuestras vidas de esperanza. Ocurre en cada nueva generación. Es como si cada ser viniera con un mensaje de ejemplaridad, con una absoluta crítica a las convenciones en las que nos movemos. Como si quisieran gritarnos cierta necesidad de cambio, cierta necesidad de ser héroes de nuestro tiempo.

Tras pasar la mañana con Carlos y Sandra y su bella hija María comprendí ciertos misterios sobre nuestra mortalidad. Sentí esa tristeza de los melancólicos pechos que alimentaron nuestros primeros días, atravesé la idea de esa praxis del ejemplo concreto, de la forma de cómo poder inspirar a los otros sin dañarlos, sin hacerlos frágiles ante la palabra y el verbo nacido de la experiencia. Hemos aprendido que somos nosotros la verdadera escuela, pero eso solo es posible con nuestro ejemplo. Nuestro deber es inspirar confianza y ternura. Sabemos que nos sobran leyes y nos faltan ejemplos de personas sanas, libres y amorosas. Debemos pasar del estado estético al estado ético. Es irremediable y no podemos renunciar a ello.

Está bien sostener el mundo material, alimentarlo y empoderarlo para facilitar nuestras vidas. Pero debemos aprender a reorganizar nuestras prioridades. Debemos aprender a elevar nuestra dignidad humana y alejarnos de la corrupción, la decadencia y la destrucción. ¿De qué nos alimentamos realmente? ¿Qué entra y qué sale por nuestra boca, por nuestras emociones, por nuestros pensamientos y acciones? Ni siquiera lo sabemos porque ni siquiera abrazamos la oportunidad de parar un segundo para ver qué ocurre en nosotros, con nosotros.

Estamos enamorados de nuestras cadenas y nadie nos advierte de ese recelo por conservarlas. Nadie es capaz de agitar nuestras consciencias de forma suficientemente energética como para zambullirnos en otra realidad, en otra coordenada diferente. Sabemos que todo cambia, que todo se transforma, que todo es cíclico, pero no somos capaces de cambiar nosotros mismos.

De momento todo son palabras. Las palabras, si no vienen cargadas de gestos, no sirven para nada. Por eso tenemos que ir a los corazones humanos y seguir secuestrando su dulzura para compartirla, para seducir a los dioses y robarles sus fuegos. Solo de esta manera podremos seguir avanzando, transformando nuestras vidas y soñando que esa niña recién nacida viene para mostrarnos una nueva dimensión de las cosas. Mirar a María, tan frágil, tan bella, tan profunda, es sentir la esperanza en el rostro humano. Es pensar que todo cuanto ocurra a partir de ahora puede ser diferente.

Andar, siempre andar.


a

Andar. Siempre andar. Como si la mañana no pudiera levantarse porque aún la noche no terminó. Como si el viento te llegara a la desnuda piel y pudiera hacerla enloquecer. Andar de un lado para otro hasta que llego a esa misteriosa ermita, encerrada entre bloques, oculta y recluyendo en su misterio esa imagen, otra vez, de San Miguel venciendo al dragón. Pero, ¿de verdad ha vencido?

Llegué puntual y ahí estaba él. Un hombre tímido pero cuya obra ha sido abalada por reyes y huérfanos, por pobres y ricos. Durante dos horas estuvimos conversando en ese hermoso salón de su casa palaciega. Me falta corazón, pero he tenido mucho dinero. Y ese dinero lo empleó no en sí mismo, sino en el otro, en ayudar a los demás, en prometer una vida digna para todos y conseguirlo. Claro que hay corazón, aunque en el timón de la obra hizo falta un creador, un gestor frío, distante, apartado, taciturno. Nadie juzgará su carácter, sino el poder de la obra, todo aquello que hizo por los demás. Por eso la admiración siempre se conserva. No todas las vías son las del corazón. El poder, el conocimiento, también pueden hacer mucho bien al ser humano.

Como cuando hoy he quedado en ese restaurante vegetariano y mi amigo se excusaba porque estaba enfermo. Realmente a veces ocurren cosas que son una bendición. Su enfermedad hizo posible encuentros con gente maravillosa que hacía años que no veía. Cerca de mi mesa me encontré con el todopoderoso Joan Melé, un banquero al que he podido saludar y charlar durante un rato. Pero no un banquero cualquiera, porque el cometido de Joan es crear consciencia en el dinero, en las transacciones, en el intercambio. La banca ética es posible, y un mundo más ético y humano también. La expresión del amor también puede llegar desde el conocimiento y el poder. Lo decíamos antes. Por eso tras estar un rato con Joan apareció Enmanuel. Parecía un milagro. Dos personas que no esperaba y de repente estaban ahí, compartiendo una comida. Al final la vida quiso que el mediodía fuera un continuo momento milagroso, de profunda y exquisita conversación, de oportuno encuentro para entender nudos gordianos que se han ido tejiendo durante mucho tiempo. Toda una revelación, todo un regalo.

Y luego con mi querida Ana y ese abrazo suyo, esa sonrisa esmeralda cargada de privilegios, de generosidad, de sinfonía. Ese ser limpio y angélico cuyo arquetipo siempre me inspira. No se puede ser más feliz que a su lado, ante su juventud , ante su majestuosa fuerza interior. Improvisamos de la nada una escapada al mundo de los miserables, allí donde anida la pobreza más absoluta, no tan solo la material, sino también la vergüenza de una sociedad que pretende esconder tras un bocadillo y un caldo caliente aquello que nunca debió existir. Nos sentimos agradecidos por la experiencia única, por consolar de alguna forma, aunque fuera mínima, la dignidad humana. Allí estaba la tercera vía, más allá del poder y el conocimiento. Allí estaban los cimientos del amor más allá de los postureos de los fariseos de nuestro tiempo. Allí estaba el ser humano hambriento, sediento, negado de toda dignidad. ¿Qué podíamos hacer nosotros ante la inmensidad de todo? Quizás poco, quizás nada, excepto estar ahí, ofreciendo ese caldo y bocadillo acompañado de una sonrisa profunda y sincera.

Andar. Siempre andar. Como hoy, sin dinero, sin calzado, absolutamente pobre y feliz ante poderosos, conocedores y servidores. Sin renunciar a toda nuestra condición humana, aún a pesar de la desdicha y el fracaso colectivo. Seguiremos andando mientras tengamos un halo de esperanza, un ápice de fe en todo cuanto somos.

Hoy me sentía un monje mendicante, como aquellos que iban labrando la nueva nueva sin nada, excepto la sonrisa.

Sabor de amor


a

Con sus casi ochenta y cinco años fue despacio, muy despacio, hasta el café de la Luz. Preguntó por mi, pero nadie me conocía por ese nombre. Aunque aquella había sido casi una segunda casa, nunca tuve la apertura suficiente como para presentarme. Su marido Gregorio, con noventa y dos años también estuvo allí. Me pregunto qué hubiera ocurrido si nos hubiéramos cruzado.

Pero era hoy y no ayer cuando iba al café de la Luz, donde me esperaba mi querida Laura, mi hada madrina, mi ángel guardián en estos años locos de aventuras y desventuras. Es tanto el cariño y la estima que le tengo que el verla es como una especie de calmante para el alma. Saber que existen personas puras en las que podrías confiar toda una vida te llena el alma, te rebosa de emoción y alegría. Existen personas así, y merece la pena conservarlas como auténticos tesoros, como regalos que la vida te da en el momento más oportuno. Los ángeles son generosos, amables, sonrientes, alegres. Te tratan siempre con cariño, complicidad y respeto. Laura es un ángel.

Luego me fui corriendo hacia la otra punta de Madrid. Allí me esperaba un misterioso personaje cuya sombra nunca logro alcanzar, cuyo secreto nunca resuelvo. Es casi invisible, volátil, extraterrestre. Comimos en silencio algo ligero. Apenas hablamos porque entre nosotros no caben mayores cuestiones. Solo observamos, sigilosamente, el paso de la vida. Y aprendemos sobre la tolerancia, el respeto, la admiración del otro.

A las cuatro tenía una cita importante. Elvira me esperaba en su casa. Sentía cierto nerviosismo no solo por mi timidez, sino porque no todos los días tienes la oportunidad de conocer a alguien de anciana edad que lleva años leyendo tu blog. Sentía respeto y una alegría profunda a la vez. Aunque ayer no me encontró en el café de la Luz de alguna forma pudo contactarme por mail y acudí a su encuentro. Cuando la vi en el portal de su casa nos fundimos en un sentido y profundo abrazo. Tardaré mucho tiempo en olvidar ese momento tan cargado de amor y ternura. Entré en su casa y saludé a su marido Gregorio. Me impresionó la hermosura de sus ojos, la belleza de sus gestos bondadosos y amables. Empezamos a hablar intensamente y Elvira me enamoró. Por fin había encontrado a alguien que podía entenderme, que podía comprender todo cuanto he vivido. Abrió su corazón y me contó su historia de vida. Con sumo respeto y admiración la escuchaba, la atendía, la abrazaba con la mirada. Dos almas que se encuentran, se reconocen, se aman en ese silencio, en esa corta distancia de la palabra, del momento, de la ensoñación de poder sentirnos y expresarnos libremente aún sin conocernos. Siento tanto agradecimiento, siento tanto amor por esos seres que no conoces y que de repente abren su corazón y su vida. Gracias querida Elvira por tu aura bella, cargada de misterio y de plenitud. Gracias por darnos la oportunidad de compartir ese instante único.

De allí me fui hasta la plaza del Sol. Estaba radiante y feliz por el encuentro con Elvira y llegué puntual a la cita con la bella Jessica. Nos fuimos cogidos de la mano hablando sobre el Misterio, sobre la Palabra Perdida, sobre Su Gloria, hasta una hermosa iglesia donde nos esperaba nuestro querido Ilia, poeta y profesor, misterioso personaje de otra época, sabio, maestro, genio y figura. Estuvimos con su grupo de meditación, de conocimiento compartiendo algo sobre la luz. Un momento inolvidable cargado de poesía, música y belleza. Un punto de luz en una Madrid cada vez más necesitada de claridad. Tras terminar allí nos marchamos. Jessica compartía su entusiasmo por la vida, su necesidad de entender y comprender el Misterio desde una sensibilidad especial. Me entregué a ella en ese paseo que siempre se queda corto, donde siempre deseas más. Descubrimos en la belleza del encuentro humano el poder de la oración compartida, la sutileza del encuentro, del contacto, del amor. Puedo decir que amo a Jessica, aunque tan solo la haya visto media docena de veces. Puedo decir que hay personas que han nacido para ser amadas solo por su mágica presencia. Profundamente amadas. Gracias, gracias, gracias. Bonita idea esto de los encuentros en tercera fase.

Toquemos el violín…


a

El primer día de contactos en tercera fase ha sido bello, emotivo, sincero, cargado de sorpresas, de compartir, de lágrimas, de alegría, de sentir, de esa inclinación natural a saborear al otro desde una posición multidimensional, sin juzgar, sin atosigar, de forma cómplice y libre. Por la mañana había quedado con Irene, una persona que me conocía desde hacía años pero de la cual no sabía absolutamente nada. Es cierto que al principio da un poco de corte cuando te encuentras con alguien que no conoces, especialmente si eres de naturaleza tímida. Pero de repente se abre una brecha, un rayo de luz y todo empieza a fluir. Como si esa persona llevara toda tu vida dentro de ti.

Irene ha sido un regalo, un maravilloso instante de revelación. Su sabiduría, su sinceridad, su intuición han servido para guiarme hacia lados profundos que desconocía de mí mismo. Casi no podía creer que en tres horas de intensa charla pudiera descubrir tantas y tantas cosas. Hay una frase suya que me ha cargado de especial emoción: el Titánic se está hundiendo pero debemos seguir tocando el violín. La carga emotiva, la vibración que acompañaban esas palabras venían de otra dimensión. Como si se tratara de un mensaje celeste, como si de repente una fuerza especial hubiera conectado con ese momento para transmitir una verdad inmanente. Gracias querida Irene por todo lo que has hecho en mí. Gracias por fluir y atreverte a conocer a este tímido loco.

A las tres había quedado en el Ritz con José Luis, el cual atendía una recepción de la embajada de la India. Por el camino me he parado para saludar a un viejo amigo que en estos meses se había convertido en un auténtico desconocido. Tras más de veinte años de profunda amistad no hemos sido capaces de reencontrarnos desde el corazón. Había como un muro creado por algún tipo de recelo, de desconfianza infranqueable. Pero me atreví a buscarle, mirarle a los ojos y sentir el gran amor que siempre perdura. Me atreví a estrujar pecho sobre pecho para entender que hay cosas que no pueden morir. Aún así no deja de ser curioso que en esos instantes recibiera dos mails algo duros. El primero, de una amiga escritora que decía algo así: “no puedo quedar contigo, prefiero ir a la peluquería”. El segundo: “no puedo quedar, estoy concentrada en mi profesión”. Mi afán reconciliador no es prudente para todo el mundo, ni necesario. Hay cosas que han muerto y es mejor dejarlas ir. Pero al menos, debía intentarlo.

En el Ritz me he encontrado con un ser excepcional. Fortalecido por la experiencia, inmóvil ante la dureza de la vida, con una capacidad de resistencia sobrehumana. Cuando te encuentras con personas así, hay algo que se fortalece dentro de uno. El poder y la voluntad forjada tras años de práctica meditativa han hecho de José Luis un hombre fuerte y valiente, capaz de resistir los aledaños de la existencia sin perturbarse un ápice. Su serenidad, su generosidad con los aspectos más crueles, han forjado en él un aura de héroe. Nada le turba, nada le espanta. Su secreto es la fe. Posee una de las mayores fuerzas del universo. Y por eso se mantiene amigo de sus amigos, fiel compañero generoso de todo cuanto crece cerca de su vida. Gracias siempre por tu ejemplo Josepe.

Tras la comida me marché caminando a mi antiguo barrio. Quería ver al que fue hasta hace poco el prior de un conocido convento con el cual mantengo una bonita amistad. Dejó la orden y se marcho a las órdenes del padre Ángel, trabajando a destajo en la impresionante iglesia de San Antón, en la calle Hortaleza. Víctor no estaba, pero me atendió amable y cercano el padre Ángel. Le estuve explicando cosas sobre el proyecto O Couso y durante dos horas disfruté de su presencia silenciosa, de su afán por ayudar al prójimo, de su sonrisa y entrega constante, iluminando y atendiendo a todo el que se le acerca con una paciencia infinita. Este encuentro ha sido revelador, y algún día hablaré sobre él con mucha calma. Gracias padre Ángel por mostrar al mundo que la humanidad y la bondad son posibles, necesarias e imprescindibles para el progreso humano.

Luego un hermoso y necesario reencuentro con María. Una reconexión de almas viejas que se reconocen, se respetan y se iluminan mutuamente para proseguir con la obra. Un encuentro de energías que entienden las claves de lo secreto, que se hablan en ese código oculto, en ese lenguaje de los pájaros que decían los antiguos. Un amor incondicional hacia un ser especial, un alma grande y pura que la vida quiso traer a mi mundo con una generosidad inusual. Hemos podido hablar de lo divino y de lo humano, pero sobre todo hemos podido seguir construyendo, conversando de esas cosas que son difíciles de explicar pero que a nosotros tanto nos gusta compartir. Hemos renacido y comprendido la ardua labor que nos queda por delante, y todos los sacrificios que dicha labor requiere. No nos importa, sabemos que el camino es largo y sabemos que esta vez nos ha tocado a nosotros convertirnos en guardianes de los caminos, constructores del nuevo templo, incansables servidores del amor en acción. Gracias María. Gracias por Ser.

Gracias también a Paloma, por estar desde el otro lado compartiendo ratos divertidos. Pronto nos damos ese paseo.

Y gracias también a todos los que habéis contactado para participar en estos encuentros en tercera fase. No he podido contestar a todos, pero estoy en ello. Gracias de corazón por vuestra paciencia y sigamos conectando corazones.

(Foto: con el padre Ángel de Mensajeros por la Paz)

Encuentros en tercera fase


a

Este año me he puesto como propósito salir al mundo, conocer a personas, conectar con seres de carne y hueso más allá de la cómoda virtualidad a la que nos estamos acostumbrando. Este año me apetece conectar con la gente de verdad, la que llora, la que ríe, la que salta de alegría cuando te ve. Por eso voy a experimentar con mi estrecha timidez y me voy a lanzar a cierto vacío: quiero conocerte.

Esto significa que cada vez que viaje a alguna parte del planeta por el motivo que sea lo anunciaré para conocerte, pare reconocerte o para abrazar a todos esos amigos esparcidos por la faz de la tierra y que hace tiempo y memoria que no veo.

También aceptaré cualquier tipo de invitación a cualquier rincón del planeta. No me importará viajar siempre que los recursos me lo permitan con tal de darte un abrazo sentido.

Será una forma de comprometer mi experiencia, tiempo y recursos en la noble tarea de crear redes de relación real, amistades que se puedan tocar y se puedan recordar para siempre más allá de un aséptico “me gusta” en las redes sociales.

Así que empezaré esta misma semana aprovechando un viaje que tengo que realizar a Madrid. Si eres amigo o conocido o lo que sea nos vemos de martes a jueves en cualquier parte de Madrid que digas. Mi preferida es el café de la Luz, en Malasaña, pero como en el programa de televisión, podemos quedar en mi casa o en la tuya, a cualquier hora, con cualquier pretexto, para hablar de música, letras, poesía, espiritualidad, política, antropología, comunidades, extraterrestres, relaciones, amor, vida más allá de la vida… Lo que sea…

Si quieres quedar conmigo, si quieres dar un paseo, si quieres ir al cine, tomar algo o simplemente hablar de lo humano y lo divino, estaré dispuesto a hacerlo. Sólo tendrás que escribirme a javier@dharana.org y buscar un hueco en estos días.

Ya está, ya lo he dicho, quiero abrazar almas pero también siento la necesidad de experimentar más allá de mi interior, más allá de ese egoísmo que me encierra tras las teclas sin asumir la verdadera prueba de rozar al ser humano. Te espero en Madrid. Nos vemos.

Y también te espero aquí en esta tu casa, O Couso. Ven cuando quieras.

(Foto: En O Couso con tres buenos amigos).

 

 

Despertando al regalo de la vida


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Con especial agradecimiento a Ángela, a las niñas Nora y Nadia y a Dolores y Pepe por sus maravillosos regalos.

 

Estos días han sido un regalo hermoso. Hemos pasado de la mendicidad a la realeza gracias a las niñas Nora y Nadia, que han llenado de amor y sorpresa toda la casa. Un halo de esperanza y alegría recorría todos los rincones. Como si la inocencia de la edad nos recordara la urgencia de vivir. Como si cada broma y juego nos trasladara a esa infancia donde lo bueno y útil puede ser tan solo una sonrisa. Y luego esas casi quince personas bonitas que han estado acompañándonos estos días en el frío del lugar, llenando de calor con sus abrazos y compañía cada instante vivido. En estos encuentros nos damos cuenta de la importancia de vivir en familia, de estar acompañados, de estar compartiendo. Te das cuenta de que cuando abrazas a otro ser, cuando compartes momentos y sonrisas, la vida cobra todo el sentido.

Aprovechando una entrevista en televisión que tendré en Antena 3 en Madrid, acompañé a Ángela hasta su tierra andaluza. Necesitaba salir al mundo y ese paseo también iba a ser un regalo. Hemos podido pasar dos días profundizando en la enseñanza que nos da la vida, en el despertar de la consciencia hacia nuevas dimensiones, hacia nuevas pruebas que nos acercan poco a poco al camino, al propósito, a la búsqueda continua de sentido. El viaje nos ha servido no sólo de acercamiento para dos almas que se reconocen, sino de terapia común para enterrar pasados que ya no existen y promesas incumplidas. Nos ha servido para mirar de frente el instante presente y disfrutar de lo sencillo del ahora. ¿Para qué preocuparnos de la ilusión, de nuestros deseos ficticios que nos alejan de la realidad? ¿Cuál es la realidad actual? ¿Qué es lo que acontece en estos instantes? Gracias Ángela por recordarme tantas cosas, y por todo lo que has hecho en mí. Las almas se encuentran y a veces se acompañan un ratito o toda una vida. Sea como sea, ahí estamos para seguir experimentando la magia del instante.

Cuando me despedí de ella en el barrio malagueño del Limonar, terminé en el centro de la ciudad, aparcando por pura suerte en la misma puerta de Pepe y Dolores. No me esperaban ni yo esperaba estar en la noche de reyes en su casa. Llamé por teléfono por si estaban en casa, por amortizar esa manía mía de siempre ir a los sitios sin avisar, pero nadie contestaba. Tras esperar un rato, y cuando ya me iba a marchar, vi a Dolores en la calle. Me acerqué a ella y nos dimos un fuerte abrazo. Dolores empezó a llorar de la emoción pues están atravesando unos momentos difíciles y la sorpresa de verme allí, entero tras estas semanas de sufrimiento infinito nos sirvió a los dos de alivio compartido. Ya en la casa, calentitos bajo el brasero, con Pepe acompañándonos, hablamos del tránsito, de las cosas de la vida, del cáncer de Pepe y su metástasis compleja. Pero sobre todo reímos con la vida, aceptando las cosas inevitables y llenando los recintos interiores de esperanza y cariño. La vida y sus complejidades, la vida y sus misterios, la vida y todas sus múltiples dimensiones. La fortaleza de Pepe, su siempre elegancia y buen humor aún en los peores momentos han sido para mí el mayor regalo de reyes. El amor incondicional de Dolores hacia la persona que le acompaña desde toda la vida es un ejemplo imborrable y envidiable para el corazón sensible.

Anoche sentí que despertaba de nuevo al regalo de la vida, a las eternas moradas de la existencia. Un regalo multidimensional, que no se colapsa, que no se oprime, que no se puede secuestrar, olvidar, apartar, distorsionar, que nos sorprende a cada instante. La vida en el aquí y ahora, la vida presente, la vida continua, aún más allá de nuestra limitada percepción vital. Gracias de corazón por este despertar mágico, bello, necesario. Gracias Dolores y Pepe por vuestro gran ejemplo de superación y amor incondicional. Gracias siempre a la vida y su misterio.

Libros con consciencia en el Club Dante


a

Tuve el placer de compartir un buen rato con el amigo Joaquín Tamames en la entrevista que el escritor David Marti nos hizo en el Club Dante, en Radio Cuatro de RNE. Siempre que puedo evito las entrevistas, pero desde hace un tiempo me inciden en esa necesidad de inspirar incluso con aquello que menos nos gusta. No es hablar por hablar, sino compartir e inspirar con la palabra, con la presencia, con el testimonio de vida que podamos humildemente comunicar.

Joaquín lleva muchos años inspirando y proyectando sus ideas de un mundo más positivo y unido allí donde va. Es fácil verlo entre ejecutivos de cuello blanco hablando sobre la necesidad de crear consciencia en la empresa o en la India en uno de los barrios más pobres ayudando a todo aquel que pueda. Trabajando en la banca pero también trabajando en el mundo de la consciencia, hablando abiertamente de temas que nos invitan a una reflexión profunda más allá de los postulados superficiales del andar por casa. Utiliza la fundación Ananta como vehículo para llevar consciencia a la sociedad y lo hace desde unos principios y valores dedicados a la honestidad y la paz en una humanidad unida y justa.

Cuando en la entrevista nos preguntan sobre la consciencia es complejo contestar. Sin duda hay algo que nos diferencia del estadio animal. Algo que nos hace crear poesía, música, arte, bellísimas manifestaciones que intentan imitar vagamente lo sublime de la creación. Somos meros imitadores que intentan alcanzar las elevadas fuentes del mundo sutil. Tomar consciencia es precisamente eso, sabernos cocreadores con la naturaleza desde el respeto y la admiración profunda. Sabernos portadores de la llama del conocimiento y la sabiduría, de la ardiente profundidad del amor y la buena voluntad puestas al servicio del bien.

No sé si desde nuestra humilde posición somos capaces de esa sacralidad que requiere todo este ingente esfuerzo. Al menos el esfuerzo por poner nuestra parte siempre quedará ahí, en la inmutable presencia de los orbes invisibles.

El link de la entrevista:

http://www.rtve.es/alacarta/audios/club-dante/club-dante-llibres-desperten-consciencies-amb-javier-leon-joaquin-tamames/3170985/

(Foto: Con el escritor y locutor David Marti y lo que quedaba de mi tras unos días de fiebre).

Haciendo dedo en la vida


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Kevin llegó para estar una semana con nosotros. Respetuoso, sin hablar mucho español, pausado, amante de la quietud, paseaba descalzo por toda la finca y trabajaba casi sin descanso las cuatro horas pertinentes. Americano de origen francés, o francés de origen americano, nos contaba que nació en Francia pero había vivido casi toda su vida en cinco estados de Norteamérica, de donde es original su familia. Buscador incansable, había pasado algunos años en algún templo budista. Eso se notaba en sus ademanes, en su mirada, en su profundidad. A pesar de ser muy joven albergaba en su cuerpo esbelto un espíritu labrado en las cimas de la compasión y la calma.

Viaja haciendo dedo y trabaja unos meses al año para pagarse sus retiros y sus aventuras. Hoy debía marcharse al sur de Francia para ayudar a unos amigos en una mudanza. Le regalamos una de esas tiendas de campaña ligeras a la que le teníamos mucho aprecio. Pensamos que le sería útil en sus travesías y aventuras. Con el deseo de facilitarle la vuelta, lo acompañamos lo más cerca que pudimos hasta la carretera que le iba a llevar en unos días a su destino. Él insistía en que lo dejáramos en Samos, el pueblo más cercano, pero lo llevamos hasta más allá de Lugo, justo en la carretera de Ribadeo.

Cosas de la vida, había allí un hombre dejando también en ese cruce a dos norteamericanos que había recogido horas antes en alguna parte cerca de San Xenxo. El hombre, dada la coincidencia, empezó a hablarnos sobre la buena gente que hay en el mundo, especialmente aquellos que confían en la vida y se paran para recoger a autoautopistas. Los tres chicos tuvieron suerte. Al poco rato llegó un matrimonio que iba hasta Oviedo y los acercaría hasta allí.

Leíamos hace un rato el testimonio de Rafael, un buen amigo y mejor persona que habla de nuestra mentalidad calculadora. Hay personas que miden el coste material, moral o emocional de cualquier acto. Hay otros, como Rafael o el hombre de San Xenxo que no miden ni calculan el costo de sus actos. Se entregan simplemente a un razonamiento diferente, a un dar sin esperar ningún tipo de recompensa. Forma parte de una conducta, de una educación, de una moral que va más allá de la espera, la recompensa o cualquier otro tipo de visión egoísta. Hay gente que es generosa por su propia naturaleza. Personas que lo dan todo, incluido aquello que para ellos es necesario, con tal de que el mundo se llene de inspiraciones positivas.

Kevin, con su serenidad y su saber estar nos ha dado un ejemplo de convivencia exquisito. Vino libre y se marchó libre, haciendo dedo, confiando en el destino y en el fluir de la vida, sin pedir nada, sin exigir nada. Su mirada amable y su sonrisa ha dejado aquí un trozo de lealtad al ser humano. Ahora solo debemos empezar a darnos cuenta de que algún tipo de esperanza existe en nosotros, en todo cuanto nos rodea como ser natural. Sólo tenemos que aprender a ser algo más libres, a pensar de forma diferente, a dejarnos fluir por la vida y sus derivas. Algo más de generosidad, sencillez y humildad vamos a cosechar gracias al ejemplo de estos seres. Sin duda nos han inspirado. Sin duda nos han acercado mucho a la reconciliación necesaria.

QUIJOTE 360, PROYECTO EDUCATIVO PARA JÓVENES ESCRITORES


Nuestra querida Laura Bermejo trabaja desde hace algunos años en nuestra editorial y ahora se lanza con un proyecto hermoso y solidario al que queremos apoyar. Ya hemos hecho una primera coedición del primer libro editado por ella y ahora acaba de lanzar una campaña de cofinanciación para poder dar el impulso que merece al proyecto. Lau es un ser hermoso, una persona transparente y buena que merece todo lo mejor. Así que me enorgullece mucho ser su amigo y apoyarle en todo lo que pueda. Gracias Lau por seguir la brecha utópica y ojalá muchos puedan aportar un granito para mejorar el mundo desde la acción cultural.

https://goteo.org/project/quijote360

QUIJOTE 360 es un proyecto cultural, educativo y social que pretende promover la escritura creativa entre los niños y los jóvenes.

Quijote 360 tiene tres pilares:
– el CREATIVO despertando la imaginación de los jóvenes autores a través de talleres;

– el TECNOLÓGICO uniendo la narrativa clásica a las nuevas fórmulas transmedia y las TIC;

– y el SOCIAL donde se desarrollarán diferentes trabajos ligados a la escritura y que sirvan de apoyo a niños y jóvenes en condiciones sociales, culturales y económicas desfavorecidas.

Características básicas

Basándonos en estos tres pilares (CREATIVO, TECNOLÓGICO Y SOCIAL) surge el proyecto «Cambiando el mundo a través de las palabras», un plan de actividades cuya esencia parte de la idea de que la CULTURA mueve el mundo y puede ser un vehículo para cambiar la sociedad a mejor.

El proyecto se explica en tres sencillos pasos:

1.- LA ESCUELA: será un centro creativo donde se realizarán talleres y cursos de escritura creativa: novela, teatro, cuentos, poesía… y creación de contenidos TRANSMEDIA (todo tipo de plataformas)

2.- LA EDITORIAL: Se creará una línea editorial para sacar al mercado libros escritos por niños y jóvenes, siendo así la primera editorial que publica a autores menores de 18 años. Para fomentar esta actividad se crearán concursos literarios y convocatorias dentro de los propios alumnos de la escuela y también de fuera, como por ejemplo colegios y bibliotecas. La editorial fomentará el uso de licencias libres y creative commons en sus contenidos, y muchos de ellos serán liberados en internet.

3.- EL MUNDO: Los fondos recaudados por los derechos de autor y parte de los beneficios de las ventas de algunos libros, así como otras actividades económicas irán destinadas a ONG’s y entidades solidarias cuyos fines sean ayudar a la infancia y la juventud en cualquier punto del planeta. En este punto cobra sentido el lema del proyecto: “Cambiando el mundo a través de las palabras”

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Motivación y a quién va dirigido el proyecto

¿Por qué el Quijote?

Hemos escogido para nuestra marca el nombre del Quijote porque es uno de los personajes literarios más famosos internacionalmente y al mismo tiempo es un símbolo muy ligado a nuestra cultura española. El ingenioso hidalgo representa la pasión por la fantasía y los libros, que es una de las señas de identidad de nuestro proyecto, por lo que nos sentimos reconocidos en este personaje. Además, el Quijote
también representa el idealismo, la creatividad y la locura, valores que conectan a la perfección con nuestro proyecto.

¿Por qué 360?

QUIJOTE 360 tiene una clara vocación TRANSMEDIA porque somos conscientes de que tratamos con niños digitalmente nativos para los que las nuevas tecnologías son fundamentales. Al concepto del Quijote hemos añadido el CONCEPTO DE 360º, un término que se utiliza en comunicación, narrativa y marketing para definir la comunicación global. Queremos enseñar a los chavales técnicas narrativas adaptadas a cualquier plataforma (guion, cómic, videojuegos, etc). El mundo ha dejado de ser lineal y con internet la información se mueve a través de múltiples canales y en diferentes direcciones. La forma de contar historias ha cambiado y un factor importante en este punto son las nuevas tecnologías, por eso QUIJOTE 360 tiene también una visión muy actual en este sentido.

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Objetivos de la campaña de crowdfunding

La campaña de crowdfunding tiene dos objetivos: en primer lugar conseguir algo de financiación para hacer crecer el proyecto económicamente y en segundo lugar, sumar personas y crear comunidad.

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Geo. Vida fugaz


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El perro Geo pasó su primera noche fuera sin mucha suerte. Tenía calor en la pequeña caravana tras esos días de alta temperatura, inusual para este tiempo. Le abrimos la puerta y no apareció hasta el día siguiente con los ojos hinchados y no con muy buen aspecto. Durante una semana le hicimos de todo en la veterinaria de la ciudad. No había mejora. Al ver que todos los tratamientos no respondían, lo llevamos de urgencia al hospital universitario de Lugo. Dejamos todo lo que estábamos haciendo, cogimos el coche y fuimos volando hasta el lugar. Allí nos atendieron rápido y muy bien. Participamos de todas las pruebas que le hicieron. La exploración fue exhausta y profesional. El hospital universitario para animales está muy bien preparado.

Tras horas de pruebas y alguna espera, la veterinaria se acercó con cara grave y nos dio la noticia: “Geo está muy mal, puede que le queden tres días de vida”. En ese momento no dábamos crédito. Durante toda la semana veíamos que Geo estaba malito, pero nunca llegamos a pensar que la gravedad fuera tal. Cuando escuchamos las palabras de la veterinaria algo se paró. Diría que el universo entero se inmovilizó en ese instante.

Realmente no estamos preparados para esas noticias. Nos pasamos todo el día acompañando al Geo moribundo en el hospital y a la vuelta nos encontramos un baño de lágrimas de todos los que durante este tiempo han convivido con el amigo fiel. El cariño y la generosidad que este perro siempre ha despertado en todo el mundo superaba una prueba tan dura.

No quisimos llorar más ni perder la esperanza. No queríamos pensar que todo terminaba así, de forma tan fugaz. Tratar de enviar energías positivas a un ser mortal a veces sirve más de placebo que de utilidad, pero como no sabemos realmente como funcionan los mecanismos ocultos de la vida, no paramos en todo el día de crear ese movimiento de fuerza y vida para enviárselo al perrito de tan solo un año.

Hoy volvimos al hospital por la mañana y por la tarde para estar con él, para que no se sintiera tan solo y abandonado en esa jaula gris y oscura donde cuidan con mimo y cariño a todos los animalitos enfermos. Geo, con poca fuerza, se alegró al vernos. Meneó algo el rabo y nos miró con cariño, como siempre hace. Pudimos sacarlo a pasear, le dimos algún masaje, charlamos con él para darle ánimo y tuvimos la alegría de ver como comía alguna cosa estando con nosotros. Un fallo renal puede ser fulminante. Quizás mañana Geo no esté. Quizás la vida decida darle una tregua quien sabe si de dos días, de cinco días. Tal vez el último aliento de esperanza brote en este hermoso ser y algo decida que permanezca recuperado entre nosotros. A día de hoy no sabemos nada. Sólo nos agarramos al misterio, a la esperanza, al agradecimiento por haber vivido un año plagado de hermosura, generosidad y cariño.

Sentimos cierta angustia, pero también nos valemos de la fortaleza de pensar que la vida es así. Hoy estás vivo. Mañana te vas. Así, de forma fugaz. La vida es fugitiva y efímera. La vida sigue siendo un gran misterio. Ánimo querido Geo, la vida también es un milagro.

Separación Responsable


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Un grupo de amigos ha ideado un sistema donde la ruptura de pareja tiene un nuevo significado.

Cuando una pareja decide terminar su relación afectiva, puede elegir enfocar su separación como una transformación, no como una ruptura.

Cada vez más  parejas que deciden separarse desean realizar la transición hacia un nuevo modelo familiar de la forma más enriquecedora y equilibrada posible, tanto para los adultos como para sus hijos e hijas, llegando a acuerdos sostenibles y satisfactorios para todos los implicados.

En Separación Responsable  se acompaña a gestionar este cambio de una manera integral, abordando tanto la parte legal como los aspectos emocionales del proceso de divorcio o separación. Esto es lo que ofrecen:

Para la pareja que toma la decisión de terminar su relación de convivencia o conyugal, no es siempre fácil generar el clima de respeto, responsabilidad y cooperación mutua que les permita llegar a los acuerdos que necesitan.

Separación Responsable cuenta con un equipo multidisciplinar que facilitará este proceso, ofreciendo un acompañamiento INTEGRAL en cuatro áreas:

Aspectos legales

Coaching para la Gestión emocional, comunicación para llegar a acuerdos

Orientación para acompañar a los hijos durante todo el proceso

Coaching para el Diseño de futuro

Más información en:

http://separacion-responsable.com/

 

Foto: (© Leszek Bujnowski)

Gracias Pilar


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Recuerdo que en plena adolescencia alguien me habló de unas misteriosas revistas que sólo podían encontrarse en algunos lugares. Como mi curiosidad siempre gozó de excelente salud, no tardé en hacerme con esas extrañas páginas cargadas de artículos que abrieron mi imaginación a otros mundos y dimensiones. Solían encontrarse allí referencias de diferente índole y en aquella época donde no había internet ni existía más medio de comunicación de masas que los anuncios y los envíos postales, pedía de todo vía epistolar. Era tanto lo que recibía en aquel tiempo que tuve que abrir mi primer apartado de correos cuando ni siquiera había hecho la mayoría de edad. Todos los días, antes de ir al instituto, iba feliz para encontrarme con cientos de cartas y sobres cargados de casi todo. Algunos venían de lejos, de Oceanside o Ginebra o Londres, de New York o Dornach. De escuelas que impartían todo tipo de cursos o personas interesantes que enviaban todo tipo de libros y curiosidades fotocopiadas. Era una época francamente excitante.

Había pocas librerías en España especializadas en temáticas de ese tipo. Una de ellas estaba en la calle Panaderos de Málaga y se llamaba Alef. Estuvo treinta años abierta hasta que un trece de enero de 2012 tuvo que cerrar por la crisis. Al frente de la librería estaba Pilar. Gracias a ella y sus hijas, recibía en aquellos años puntualmente su amplio catálogo, el cual revisaba con gozo y emoción intentando seleccionar y comprar todos aquellos libros que mi pobre semanada de estudiante me permitiese. Devoraba libros que recibía desde Málaga sin saber quien estaba detrás de esa gran puerta que enriquecía todos los meses mi propio camino cuando tan solo contaba con quince o dieciséis años. Los libros eran mi mundo y mi reino se dibujaba desde la atalaya de cualquier página.

La semana pasada viajé a Málaga, a la sede de la Editorial Sirio. Antonio, amigo y editor, me recibió alegre mientras celebrábamos con una riquísima leche de almendras con galletas el nacimiento de mi octavo libro: Practica los Caminos. Para mí era muy especial la edición de ese libro y otro día contaré porqué, así que el estar allí, celebrando aquel encuentro y acontecimiento guardaba algunos pequeños secretos aún por desvelar.

Tras pasar toda la mañana rodeados de libros y compartiendo decenas de historias, Antonio me invitó a comer a su casa junto a su mujer y la madre de la misma, Pilar, una hermosa anciana de noventa y tres años, mirada penetrante y un limpio y elevado aura que me llegó a conmover. Estuvimos hablando un rato de su vida, haciéndonos guiños constantes sobre las escuelas donde habíamos estudiado juntos sin saberlo en esos caminos que uno nunca sabe de donde vienen ni hacia donde nos dirigen. Me enseñó coqueta el libro que estaba leyendo en esos momentos. No podía creer que era el mío propio, allí, reposado en la mesita sobre las enagüillas y rodeado de cientos de libros a cual más interesante. De repente me sentí no tan sólo privilegiado, sino absorto ante esa imagen. Pilar, mi primera lectora.

Cosas de la vida, Pilar, la misma que durante treinta años regentó la librería Alef de Málaga. La misma que tantos y tantos caminos pudo abrir en mi joven corazón ardiente y en mi espíritu aventurero. La misma cuyo ciclo vital marcó la vida, quizás sin ella saberlo, de tantos y tantos buscadores que andaban al borde del Camino, esperando el momento de poder practicar sus sendas. Sirvan estas letras como homenaje a un alma buena, a un alma pura, a un ser que nació para compartir esos rayos de luz que nacen de los libros, puertas majestuosas hacia el otro lado. Pilar, sí, la misma que enviaba su catálogo había podido ver a un humilde discípulo entregando al mundo un trozo de impermanencia. Gracias de corazón querida. Gracias por todo lo que nos has dado.

(Foto: Pilar, mi primera lectora, orgullo de hijo espiritual. La otra celebrando en la editorial Sirio el nacimiento de la criatura, Practica los Caminos, Editorial Sirio: http://editorialsirio.com/index.php?mod=colecciones&id=712).

 

Cuando recibes tanto


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Por la mañana salíamos dirección Beariz. Íbamos dos coches porque la amiga Rosa estaba esperándonos para donarnos muebles, mantas, utensilios varios, sacos de dormir, somieres, sábanas, jarapas y un poco de todo para ir solucionando algunas necesidades básicas de O Couso. Nos recibió cariñosamente como siempre junto con su amiga Lila, la cual nos deleitó con una exquisita comida.

Tuvimos una agradable sobremesa y recordábamos viejas anécdotas, sobre todo esa en la que Rosa me sorprendió en un acto en Madrid regalando libros y me recordó que lo que yo tenía era una empresa y no una ONG. Nunca había vendido tantos libros como en esa mañana en la que Rosa se puso al timón del stand y a mí me puso a firmar libros de mi propia autoría. Hoy, de nuevo generosa, llenó nuestros coches, pero sobre todo nuestros corazones de amor y esperanza.

Siempre he defendido que los gestos, sean del tipo que sea, son indicadores de la calidad humana que hay tras ellos. Todos los días ocurren este tipo de gestos que nos hacen pensar que la vida está cargada de abundancia, especialmente aquella que tiene que ver con el cariño y el amor. Los seres nos relacionamos precisamente bajo ese pretexto. Estamos marcados por esa inevitable necesidad de amar. Porque en el fondo sabemos, comprendemos, que eso es lo único que merece la pena.

Como los gestos nunca vienen solos, tras los postres y el café nos llevaron a ver un hermoso pueblo lleno de impresionantes horreos gallegos. Allí nos encontramos con un aldeano que quiso enseñarnos su impresionante casa. Tenía muchos animales dentro de unas cuadras y terminó regalándonos una pareja de hermosos conejos y otra de hermosas cobayas, la hembra, además, preñada. Así que de repente hemos visto como la familia ha crecido de forma estrepitosa y casi sin darnos cuenta. De nuevo abundancia, cariño de un desconocido que al ver nuestra cara de fascinación por esos animales quiso compartir un trozo de su vida con nosotros. ¿Cómo agradecerlo? ¿Cómo compensar tantos guiños y abrazos invisibles?

Quizás la generosidad sea algo que se contagia, una acogida misteriosa que la vida nos ofrece cuando menos lo esperamos. Quizás solo tengamos que tener esos pequeños gestos a diario, con cualquier persona, con cualquier actor que entre en juego a cada instante para activar ese trueque mínimo. Un abrazo, un guiño, una sonrisa. Cualquier cosa es posible. Sin exigencias, sin expectativas, sin pedir nada a cambio. Sólo abrir las manos para poder dar y recibir, como esa espiral cósmica en la que vivimos, sentimos y tenemos nuestro ser. Quizás la vida sea eso. Dar y recibir, dar y recibir. No importa si son unas jarapas o un beso, una caricia o un simple guiño. Como ese sol que nos ilumina día a día, inagotable, y sólo solicita a cambio de ello una leve sonrisa en nuestro rostro, un leve agradecimiento a la vida. Gracias querida Rosa, Lila y el aldeano anónimo por tan generoso día. Gracias por vuestro trozo de luz que ya reposa y abunda en nuestros sonrientes corazones.

Insulina Teknoperra en Wesak


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Tras salir del hotel Ritz me fui corriendo al centro. A media mañana me había citado con Insulina Teknoperra, una joven adolescente que estaba pasando por un momento de cambio. Le pedí permiso antes de escribir estas palabras porque no quería que su bonito nombre virtual dañara la imagen que me había hecho de ella. ¡¡¡Claro que sí!!! Me dijo encantada y siempre generosa.

Nos tomamos un café en una terraza y nos dimos un paseo por su barrio que está cerca del mío. La imagen era graciosa. Un ya maduro joven recién llegado de los desayunos con la alta alcurnia madrileña vestido con su elegante traje acompañado de una punki veinte años más joven. La gente nos miraba con extrañeza. La invité al café y me comí yo sólo las cuatro galletas de cortesía. Ella no podía. Para compensar me quiso invitar a un refresco cerca de su casa. Se pidió una Zero. “Aquí solo valen cincuenta céntimos”, me dijo encantada.

Paseábamos y paseábamos y no podíamos parar de hablar mientras todos nos miraban. Lo que la gente no sabía es que tras esa imagen distorsionada de la realidad, ella era realmente una princesa y el punki, el vagabundo, como alguien me llamaba cariñosamente en tiempos pasados, era yo. Mientras caminábamos sin rumbo se paraba a hablar con todos los vagabundos, con el negro de la esquina, con el rumano de su barrio, con el gitano, con los últimos de la calle. Todos la conocían y la saludaban con admiración. “A veces les bajo un bocadillo de casa, son muy buena gente”, decía feliz. Me emocionaba el amor que desprendía hacia todos. Un hombre le pidió dos cigarrillos y ella, con una sonrisa imposible, le dio dos. El hombre, extrañado pero feliz, se fue contento. Una mujer anciana preguntó por una calle. Era una escena increíble ver con qué tacto le indicaba la dirección correcta. “Con los niños y los ancianos me llevo muy bien”, repetía. Su amor y su inteligencia, muy por encima de la media, era una mezcla explosiva difícil de controlar. Su lucidez y destello no podía con el sufrimiento y la sinrazón del mundo. «Todo es injusto, todo es una mierda». No todo, pensaba yo. Ella es muestra viva de ello.

Al principio los dos estábamos cortados y tímidos. A mí me atraía su desfase total, sus marcas de esa mala vida, su look puncarra y alternativo. A ella mis explicaciones sobre el sistema, sobre como es posible seguir la utopía sin necesidad de vivir narcotizados por drogas, por televisión o por violencia. Mi particular visión alternativa le seducía de alguna forma. Me pidió educadamente permiso para fumarse un peta. “Ya sé que en O Couso no tomais drogas”. Le pedí que no me pidiera permiso para expresarse libremente. Así que hablamos sin tapujos sobre sexo, sobre drogas, de música punk. Incluso me puso algunas canciones que me recordaban a mi vecino del primero cuando intentaba convencerme de que Extremoduro y Barricada era lo mejor del mundo. Para un amante de Mozart resultaba una música excesivamente ruidosa. Pero con ella la escuché con cariño porque con mi vecino también llegué a apreciar ese mundo subversivo.

Cuanto más hablábamos más emoción sentía. Me pidió consejo sobre algunas cosas y sólo me atreví con rotundidad pedirle que no dejara los estudios. Ella quiere emanciparse y ha elegido un centro okupa lleno de drogas y desfase para hacerlo. Le dije que esa era una buena opción si conseguía que todas aquellas personas dejaban de narcotizarse y empezaban la verdadera revolución interior, única vía posible para trasladar la revolución necesaria al mundo exterior, al sistema, a esta falsa que entre todos hemos construido y que ha creado, a su vez, mundos como el de Insulina Teknoperra, un lugar de escape, de evasión, donde personas excesivamente inteligentes y sensibles arruinan su vida por no encontrar un hilo conductor entre la esperanza y la existencia.

Insulina Teknoperra es una princesa que aún no ha descubierto su alma aristócrata, su poder efervescente como espíritu elevado. La luz que brilla por sus ojos, la fuerza que desprende y que ahora marchita su joven cuerpo aún desea elevarse hasta lograr amar como aman los ángeles, mirando al corazón del vagabundo y abrazando a los últimos de la tierra. Así es ella, un ángel atrapado en este mundo diminuto y ridículo que por no comprender se abalanza sobre su vida.

Querida amiga, gracias por el paseo y por enseñarme hoy tantas cosas sobre el ser humano. Quizás, si no te hubiera conocido, hubiera olvidado la grandeza que reside siempre dentro de nosotros a pesar de lo más terrible. Nos vemos pronto, ya sea en la cueva o alzando la voz hacia la cima de la montaña, que no es otra que esa que hoy tú me has mostrado.

Mientras esta noche paseaba junto a la luna de Wesak recordaba cuanto queda por hacer en este mundo. Nos faltarán días para convencer a todas las Insulinas Teknoperras que la urgencia de actuar requiere una saludable respuesta revolucionaria. Y que el primer grito, el primer golpe de efecto siempre empieza en nosotros.

El alma o la gracia interior, de Ramiro Calle


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   Mis buenos amigos Joaquín Tamames y Javier Léon han venido a visitarme a casa y a degustar conmigo una humeante y olorosa infusión. A medias con Joaquín Tamames he escrito dos libros («Dividendos para el alma» y «El cielo en la tierra») y a medias con Javier León uno de momento ( «Amor es relación»).  En el buen sentido de la expresión, puedo decir que me han tirado de la lengua.  Hemos hablado nada más y nada menos que del alma. Hoy está de moda hablar de muchas cosas, pero ¡del alma! Y sin embargo, hace meses, sin el menor pudor, titulé a mi última novela «La Dicha del Alma», porque hay un estado muy especial de consciencia gozosa que los hindúes denominan Vilasa Vivarta.

   En los tiempos que corren, donde abundan personas des-almadas, hablar del alma resulta casi chocante. Pero he aquí que nos hemos aventurado a abordar el tema del alma, aunque sin excedernos, como para no abrumar con demasiadas conjeturas a mi gato Emile. Más allá de si el alma es permanente o no, perecedera o imperecedera, temporal o transtemporal o si es simplemente el hálito que anima (alma) a esta organización psicosomática, lo cierto es que en determinados momentos la experimento como una entidad no-egocéntrica que trata de abrirse paso y manifestarse entre la espesa niebla formada por la ignorancia básica de la mente. Solo a veces ella consigue asomarse entre la maraña de actitudes egocéntricas, patrones, identificaciones, apegos y miedos, y entonces uno conecta, experimenta vívamente, una energía muy fina o sutil, una presencia, un eco de infinitud que parece estar inscrito en las células y más allá de ellas. Cuando se experimenta esta presencia, se tiene un destello o vislumbre de la certeza de ser, pero tan fascinados e identificados estamos con todo lo exterior y con nuestro flujo mental, que todo ello nos aleja de nuestra esencia y el alma vuelve a esconderse, como el sol se oculta tras los nubarrones. Por ver la ostra, no presentimos la perla que tras élla se oculta. El alma,o como a ésta la podamos llamar ( la esencia, lo real, la base, lo vacuo, el núcleo del núcleo, el castillo interior), es el maestro interior y no hay que ir a buscarlo  a ninguna otra parte. Es la gracia que mora en uno mismo y que se manifiesta como un impulso sagrado que nos induce a buscar en el universo suprasensible. Nadie nos la puede dar. Si viniera de afuera, volvería a irse.

   Me confieso incrédulo, descreído, iconoclasta y, por supuesto, alérgico a los líderes espirituales o a las instituciones religiosas dogmáticas o a las organizaciones «espirituales» con su inevitable tufillo sectario. Como  prevenía Krishnamurti, todo lo que se institucionaliza asesina la enseñanza genuina y todo poder se torna putrescible. Me gusta la actitud de Tomás el incrédulo, que necesitaba meter los dedos en la llaga para creeer, porque eso es experimentar y lo que transforma no es la creencia, sino la experiencia directa. La creencia divide; la experencia une. La creencia se puede convertir en un modo de violencia y fanatismo; la experiencia nos permite emerger de nuestros estrechos puntos de vista.

   Cuando mi alma (permítaseme este ambiguo término, siempre puesto bajo sospecha) llama a la puerta para hacerse escuchar, trato de estar en disponibilidad para abrírsela.  Brinda la presencia de una muy fina o sutil energía más allá del ego, que de repente nos colma de plenitud y cosmicidad. Los hindúes le llaman «el toque de la Shakti». Vislumbramos por instantes una realidad que se nos escapa, pero que se traduce como un impulso para que no dejemos de buscarla. ¿No será, como dicen los grandes místicos, que la buscamos porque élla ya viene buscándonos? O ¿no será que si la buscamos es porque de algún modo ya la hemos hallado?

    Emile guarda un hermético silencio. Quizá porque sabe, como diría Ramana Mahrshi, que «el silencio es siempre elocuente; es el mejor idioma».

Laboratorio de palabras en el Centro Dharana el próximo sábado


 

 

Libreria Dharana en Malakids!
Estimados,
nuestra querida Doctora Palíndromo (nuestra Laura Bermejo) os espera a vosotros y vuestros hijos el próximo sábado para disfrutar de una maravillosa mañana de risas y colores en el Centro Dharana.
No dudéis en venir, porque además de pasarlo en grande, disfrutaréis de un lugar que ya es vuestra casa…
un abrazo sentido y corred la voz!!! Gracias de corazón!!!!
29 de marzo 2014  De 11:30 a 13:00
De 6 a 10 años
Calle Minas, 13. Madrid. Metro Noviciado / Tribunal 

Malakids

La despistada doctora Palíndromo ha salido de su laboratorio para ir a la ‘librería Dharana’  a enseñar a los niños a hacer experimentos con las palabras. Allí, rodeados de libros, los niños utilizarán decenas de palabras, se las inventarán, las gritarán, las cortarán, las medirán y mezclarán hasta dar con la fórmula secreta para conseguir… ¡la historia más disparatada!

‘Quijote 360′ es un proyecto cultural, educativo y social que pretende fomentar la creatividad de niños y adolescentes por medio de la escritura y hacer el mundo un poquito mejor a través de las palabras. La ‘Librería Dharana’ es un centro de encuentro donde compartir experiencias unidos por el apoyo mutuo y la cooperación.

Email para inscribirse en la actividad: info.quijote360@gmail.com

Plazas: 20 niños máximo

Organiza: http://www.quijote360.com

Una actividad del Festival Malakids! 2014

 

Gracias de corazón almas libres


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Hay momentos profundos que marcan, que siembran algo dentro, que florecen en la magia. Hoy hemos vivido uno de esos momentos. La presentación del libro del amigo Koldo, rodeado de amigos, con ese calor fraternal que se respira a raudales, con la sorpresa de reconocer a personas que no has visto en la vida pero que sabes que son ellos, que están ahí.

Momentos antes de la presentación llegó un ser muy especial que había venido desde Córdoba para plantear algunas cuestiones. Estaba preocupado y dolido por una situación atroz y tuvimos tiempo de dar un paseo, intentar tranquilizarlo porque de alguna forma comprendía y sentía su dolor, que también había sido el mío. Tras la charla comprendió que lo mejor era olvidar y enfocar la vida en otros asuntos. Se marchó a Córdoba tal y como había llegado y ambos nos sentimos satisfechos por el encuentro.

Y luego el milagro, la magia. El agradecimiento especial a Pilar por su generosa aportación y a Joaquín, al que siempre estoy agradecido por todos sus gestos inequívocos de hermandad y generosidad. Todos estuvieron cómodos y alegres en todo momento. A Koldo por habernos regalado su tiempo y su amistad en tantos y tantos momentos y su infinita generosidad y entrega y a su Muda Canción de Cuna por habernos abierto el corazón. A Laura B. que estuvo como siempre excelente atendiendo a unos y otros como un ángel que nos cuida y nos protege, que nos guía con su sonrisa y su bien estar. La grata sorpresa de reencontrarme con viejos amigos como María o Rosa, con tantas ganas de ayudar y poner orden en la casa. Y Ana, mi querida Ana, a la que he reconocido por su mirada, es decir, por su alma, sin saber a ciencia cierta si era o no era ella. Claro que era, aquí y ahora y en todos los tiempos. Y gracias también a Javier, recién llegado de una comunidad italiana, y a Paco y su mujer y a Gopala y a… todos y cada uno de vosotros que habéis estado con vuestro corazón aquí cerca, aquí dentro.

Ha sido tan hermoso el reencuentro de almas, el abrazo sentido de seres que sin saber porqué de alguna forma conectas y ya no puedes separarte de ellas. Y luego toda esa gente bonita, amigos y desconocidos que ya son parte nuestra porque hay un calor extraño, una cercanía misteriosa que brota cuando las almas se juntan desde las atalayas del amor y la compasión. Una familiaridad hermosa, apacible, necesaria. Una prolongación del alma grupal que nos respira y nos alienta y nos anima para que abracemos la vida con generosidad, sin miedo, con decisión y coraje.

Estoy francamente agradecido por la generosidad de tantos y tantos que hoy, a modo de guiño, han asistido al primer acto abierto del centro Dharana. El lugar se nos ha hecho ya pequeño. Sin haber abierto, de tanto corazón grande. Y nada mejor que hablar de vida en esta pequeña gestación. Por eso me encontraba especialmente feliz cuando en el oratorio, en la sala de meditación, esperaba una hermosa madre con su increíble bebé de apenas unos meses con esos grandes y vivos ojos azules. Esa madre y esa niña han sido los primeros en estrenar ese lugar de oración y retiro. Nos hemos sentado en círculo alrededor de una vela al final del encuentro a su lado. Ha sido un rato agradable el ver como la vida, por fin, brotaba de aquella caverna oscura que de alguna forma hemos transformado en un pequeñito punto de luz. Había gozo, ternura, amor y agradecimiento. Gracias de corazón almas libres.

Halo fraterno


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Lo imprescindible de la vida son las relaciones. Podemos ir a un bosque y pasear por sus avenidas de árboles y sus rincones de magia, pero si no somos capaces de relacionarnos con sus animalillos, con el canto de su tono o el susurro de sus hojas de nada nos sirve el paseo. Podemos ir a la montaña a estirar las piernas, pero nada ocurre si no abrazamos sus cumbres o compartimos la subida con el cielo o el amigo. A esa conclusión llegamos con Ramiro cuando escribimos conjuntamente un libro que pronto saldrá llamado “Amor es relación”. El universo es amor, se relaciona desde lo más ínfimo hasta lo más extremo, y siempre lo hace mediante la balanza y el equilibrio de la correspondencia.

Somos concordancia, correspondencia y proporción. Ramiro, un ser curioso y apasionado de la vida, cariñoso y estrechamente amigo, paseaba hoy por Malasaña con su querida Luisa para conocer de primera mano la librería que pronto vamos a abrir en pleno centro de Madrid. Esos pequeños gestos de amistad, de apoyo ante el reto que supone tamaña locura es lo que hace grande a los grandes. Veía la librería y esbozaba posibilidades, optimismos, afluentes de cosas que pueden pasar entre tanto libro. El entusiasmo es contagioso así que, tras visitar el zulito, fuimos a celebrarlo al café de la Luz, lugar hermoso que ya se ha convertido casi en una segunda casa.

Me gustan las personas que no tienen miedo al tiempo. Que deleitan la charla y el paseo hasta el infinito. Te das cuenta de que son esos momentos los que pertenecen al universo. No hay prisas, hay compartir, existe generosidad y gravedad de unos sobre otros. Ese tipo de atracción que todo lo relaciona. Así que después del café nos dimos un largo paseo por las calles de Madrid, de un barrio a otro, de una calle a otra, de un instante a otro hasta perdernos en el tiempo. Sentíamos el privilegio de pasear ante dos sabios, dos seres luminosos cargados de paz y serenidad contagiosa, alegres por el momento de vivir, traviesos, juguetones. Sentíamos el privilegio de amarnos en relación, sin prisas, coquetos ante la vida y su majestuosa presencia.

La amistad es un deleite, un privilegio que hay que compartir. No dejéis de quedar con vuestros amigos, de llamarlos para interesaros por sus vidas, de pasear con ellos, de abrazarlos, de besarlos. Algún día no estarán o nosotros no estaremos y un trozo de universo se habrá partido. No dudéis en consumar las relaciones. No dudéis en ser soles amantes de vuestros planetas y satélites. No dudéis en inclinaros ante los soles que os rodean y abrazarlos con humilde pasión.

Gracias Luisa y Ramiro por el paseo. Mañana más…