"Hoy, antes del alba, subí a las colinas, miré los cielos apretados de luminarias y le dije a mi espíritu: cuando conozcamos todos estos mundos y el placer y la sabiduría de todas las cosas que contienen, ¿estaremos tranquilos y satisfechos? Y mi espíritu dijo: No, ganaremos esas alturas para seguir adelante". Walt Whitman
A veces merece la pena confiar en el ser humano. Admito que cuando Anna se presentó en nuestras vidas tuvimos un pequeño recelo nacido de la ignorancia y el miedo de que alguien a quién no conocíamos podría alterar nuestra vida común. Situaciones críticas como la de Anna nos hacía interrogar y poner a prueba nuestras teorías.
Ayudar a ciegas a veces tiene sus riesgos, y lo maravilloso de toda esta experiencia ha sido descubrir que somos nosotros los que hemos sido ayudados. No es Anna la que tiene que darnos las gracias a nosotros. Somos nosotros los que hemos aprendido y hemos confirmado que el ser humano es sorprendente.
Hoy, cuando llegábamos de nuestro hermoso viaje por Andalucía Anna nos comunicaba que había encontrado trabajo en Roma y que mañana cogía un vuelo hacia Italia. Sentimos una inmensa alegría por ella acompañada, debemos reconocerlo, de cierta tristeza. Han sido veinte días tan hermosos, tan profundos, tan bonitos y mágicos que sentíamos como si una parte de nosotros se marchara con ella.
Anna llegó asustada, temerosa de no saber dónde estaba y con quién estaba. Sin dinero, sin esperanza, con temor por el futuro y con una terrible angustia vital por sentirse totalmente abandonada a la vida. En estas semanas hemos labrado en ella la confianza al mismo tiempo que ella labraba en nosotros la certeza de creer, la esperanza de que el ser humano merece una oportunidad y de que la vida siempre compensa las buenas acciones. Sólo requiere amor, paciencia, cariño, que es lo único que sabíamos dar a Anna al mismo tiempo que ella lo integraba y lo devolvía cien veces cien. Su extrema generosidad y fe, su confianza y valentía ha sido recompensada milagrosamente.
La hermandad y la fraternidad es posible. Hemos visto como el milagro se obraba en nosotros. Hemos aprendido a creer, a aceptar y respetar las diferencias, incluso en un espacio tan pequeño como el zulito, donde los tres compartíamos en muy poco espacio las más hermosas de las intimidades. Hemos creado, sin querer, una pequeña comunidad posible, un pequeño experimento de que el apoyo mutuo y la cooperación existe. De que la vida merece la pena ser compartida con alegría, ilusión y confianza.
Mañana empieza una nueva vida para Anna y también para nosotros. La echaremos de menos pero en nosotros ha quedado su semilla de amor y amistad. Gracias querida Anna. Gracias por tu enseñanza y cariño. Misión cumplida. Feliz viaje.
A. es una mujer joven del sur de Alemania. Estaba pasando unos días de vacaciones en Samos. Nos extrañó el encuentro en el albergue en una fecha tan señalada. Estábamos ella y nosotros solos. Laura congenió y mantenían largas conversaciones mientras yo terminaba de redactar el libro sobre la asexualidad que saldrá en pocas semanas. El dueño del lugar iba a cerrar así que nos dejó unas llaves para que pudiéramos entrar y salir en año nuevo. Laura le dio su teléfono para poder comunicarnos en caso de que alguno estuviera fuera y no pudiera entrar. Pasamos unos días agradables y nos volvimos a Madrid.
A. iba a seguir sus vacaciones por Galicia. Pero hoy nos llamó diciendo que había tenido un problema, que se había quedado sin dinero y que no sabía qué hacer. Nuestra máquina de imaginar mundos posibles empezó a funcionar. Le localizamos gracias a Blablacar un chico que salía justo desde Sarria hacia Madrid y la invitamos a que se viniera a pasar todo el tiempo que necesitara.
Llegó hace un par de horas. Estaba asustada porque nunca se había visto en una situación parecida. Como buena alemana, es previsora y le gusta tener todo planeado y bien atado. ¿Qué supone en la vida estar a expensas de la vida? Pues de momento pasar unos días seguro que divertidos al lado de este par de locos que la han acogido. Y luego, pues que sea lo que tenga que ser… Espero que disfrute de esta mágica experiencia. A veces la vida te lleva a lugares inimaginables con gente con la que ni siquiera habías soñado. Bienvenida A.… estás en tu casa.
Por la mañana llegaba temprano a la calle Serrano. A principios del siglo XX una acaudalada familia construyó allí una hermosa casa con materiales nobles, con maderas traídas de lejanos bosques y con un estilo asturiano inigualable que a mi me recordaba a las casas cargadas de antroposofía en las que había vivido en la Baja Sajonia, en el norte de Alemania. Los herederos de aquella casa la convirtieron en una conocida fundación de ayuda y asistencia que gracias a la generosidad y entrega de mucha gente consiguen hacer cosas positivas y necesarias para la sociedad. El privilegio de conocer a su fundador y poder compartir con él un rato de conversaciones que superan lo trascendental es toda una suerte.
A media mañana corría hacia la otra punta de la ciudad de Madrid. Allí también esperaba un alma vieja en un cuerpo aún joven, pero igual de grande que el primero. Conocido emprendedor e iniciador de empresas de éxito, había decidido “dejar de hacer” para centrar su vida en lo sencillo, en lo inmediato, en lo cercano. Quedamos en la sede de su empresa y nos pusimos al día de propósitos e intercambios. El alma grande apuntalaba las palabras con sencillez, sin grandes puestas en escena, sin presumir de aquello o de lo otro. Sólo buscando en el grano lo necesario para que todo se produzca sin esfuerzo, sin hacer.
Volví corriendo al centro de Madrid y en uno de los salones del hotel Wellintong tenía otro encuentro hermanado. Un hombre joven, amigo de batallas empresariales e ideales, fraternalmente conjurado con la gestión del misterio, con una empresa en expansión e internacionalización recién aterrizada en la ciudad de Nueva York. De allí venía, de hacer las américas e interrogándose sobre la importancia del silencio y la quietud, del como domar la incesante ola de curiosidad y ansiedad por saber con la irremediable enseñanza de anclar la fortaleza del callar en la penetrante observación. Resulta difícil esa conjunción, a la vez que interesante el poder resolver esa pequeña enseñanza que los antiguos ofrecían a los recién iniciados para observar su perseverancia. Quien tenga ojos que vean, recitaban los viejos arcanos. ¿Pero cómo ver en lo evidente algo tan sencillo y tan complejo a la vez? Hablamos sobre la importancia o no de facturar dos millones de euros o el tener veinte mil empleados, facturar miles de millones de euros y luego, en un azar de suerte perderlo todo. ¡Ah, todo no! La salud siempre es bueno conservarla. Si se tiene salud, todas las mañanas estás dispuesto a perder cualquier reino y revolverse ante la circunstancia para superarlo.
A las pocas horas teníamos una cena. Esta vez con un ser entrañable, prestigioso orientalista acompañado de un séquito de amigos con cargos que removían mi curiosidad. Una catedrática en genética, un alto responsable en el mundo de las finanzas y la fábrica de timbre y moneda, un abogado procurador, dos profesoras de yoga… La mezcla no podía despertar más que inquietantes conversaciones y cariñosas apreciaciones sobre lo transcendente. ¿Cómo hablar de lo transcendente ante una catedrática de genética, un procurador y un hombre de finanzas? Se me ocurría hacerlo mirándolos a los ojos y hablando de la hermosa profundidad de las cosas sencillas de la vida cotidiana. No podía hablar del azar, o sí hacerlo como lo describía Gurdjieff, la ley del accidente, que es aquella que rige nuestras vidas cuando estas están alejadas del yo real, del yo de la consciencia.
De alguna forma, ahora que contemplo esta larga jornada de encuentros con unos y con otros, personas tan dispares y tan unidas por ese vínculo misterioso e invisible que construye puentes entre sus consciencias y la mía propia, sólo podía pensar que esa ley del azar estaba supeditada a un orden mayor, ininteligible para nuestras limitadas visiones, pero regidas por una fuerza ponderada a una ley extraordinaria. La consciencia absoluta, la consciencia del yo real sólo puede escudriñar en ese entendimiento y ver en lo ordinario encuentros extraordinarios que se escapan a nuestro entendimiento. Hay algo de magia en todo ello. Sólo hace falta estar atentos a esta suerte de vida.
Hoy no podíamos estar en todos los frentes. A veces, cuando miro el catálogo de la editorial, y veo que mañana vamos a dar una charla sobre ecoaldeas, el domingo presentamos en Madrid el libro de Banca Armada vs Banca Ética y hoy pasábamos una excelente tarde con Grela Bravo y su emotivo “Voces Prestadas”, un libro que describe con realismo y esperanza al mismo tiempo experiencias en primera persona relacionadas con la violencia de género, me pregunto por qué aún son necesarios tantos y tantos frentes.
Cuando miraba a Grela pensaba en lo evidente, eso que dicen que los rebeldes no tienen causa, que están en todas las causas porque no creen en la revolución, si no en lo revolucionario de rebelarse contras las injusticias y la ignorancia. No es una perturbación del ego, más bien es una avalancha inevitable que se precipita desde la corriente sanguínea del alma peregrina.
Uno puede quedarse sentado toda la vida esperando, meciendo la cuna de la ceguera y buceando sobre lo congénito de la pasividad. Podríamos mirarnos, como puros supervivientes de este aparente caos en el que vivimos y tenemos nuestro Ser, y dejarnos llevar por la corriente, fuera cual fuera, desapegados de un istmo o cualquier isla paradisiaca. Pero no sería justo que si por avatares de la vida, hubieras bebido del pozo profundo y hubieras descubierto la ternura del átomo invisible y los lazos de todo cuanto existe desearas mostrarte oscuro y silente, alejado de esa posición privilegiada que supone anclar los pies en el barro y construir con manos manchadas de experiencia la casa, el hogar.
Reflexionaba sobre estas cosas cuando veía el coraje de una persona como Grela. Me preguntaba por qué ella, con esa fuerza poderosa, es capaz de mostrar su abanico de generosidad y vaciar su alma para compartir este tipo de frentes. Su empoderamiento, su fortaleza, su amor hacia lo que hace le dotan de ese privilegio que sólo unos pocos pueden llegar a sufrir. Dar tanto para recibir tan poco, que es como decir darlo todo para recibirlo todo.
Hoy en la cena explicaba una bonita anécdota sobre cuando su hijo le preguntaba qué es el alma. Ella decía con esa ternura que le caracteriza que el alma es aquello que permanece cuando tu cuerpo tiene cara de niño, y luego de adulto y luego de abuelo. El alma es eso que nos hace únicos e irrepetibles, y que nos hace ser como somos aunque lo externo, lo volátil, cambie. Su explicación nos ha conmocionado a todos y me hacía pensar que sólo un alma grande como la suya podía decir algo tan complejo de la forma más sencilla. Sólo un alma que ha sobrevivido a los avatares del infinito puede llegar, subirse a un escenario y clamar eso de que otro mundo es posible. El resto, los que miramos desde el espectro esa luz, aún no hemos llegado a comprender qué es eso del alma. Somos meros escenarios, pantallas convertidas en más pantalla. Aún no entendemos qué significa sobrevivir a la vida y qué significa dar vida, esperanza y amor. Grela, en cada presentación, en cada esfuerzo, entiende un poco más el significado profundo de amar. Así que de nuevo gracias por tu coraje, por tu ejemplo y por tu dedicación como madre, como mujer y como alma valiente.
Os presento el proyecto en el que llevo unos meses colaborando junto con un grupo de soñadores. El proyecto se llama SAMASTAH, una aventura empresarial que pretende potenciar herramientas que nos lleven hacia el equilibrio personal integrando Cuerpo, Mente y Espíritu.
Cosas de la vida, el mismo tiene muchas similitudes con nuestro proyecto Dharana, de ahí que los amigos Ángel María (Bubok) y Bettina hayan solicitado mi colaboración para aportar sinergias. Así que como estamos en la era de la colaboración, del apoyo mutuo y la cooperación, todo mi ánimo a este nuevo proyecto y que todos los seres que a él se acerquen sean libres y felices.
LOKAH SAMASTAH SUKHINO BHAVANTU
Significa «Que todos los seres en todas partes sean felices y libres, y puedan los pensamientos, palabras y acciones de mi propia vida, contribuir de alguna manera a la felicidad y a la libertad para todos«.
Con esta visión nace Samastah, un proyecto de desarrollo vital hacia el equilibrio y la felicidad interior a través de herramientas que facilitan el día a día y el logro de las metas personales.
Aquí os dejo el primer evento: os agradezco la difusión…
Descubre una versión mejor de ti mismo.
Si alguna vez te has planteado: mejorar tu estado físico, eliminar estrés, gestionar mejor tus emociones, desarrollar la confianza en ti mismo, comer más sano, ejercitar tu mente, o vivir más en paz, pero no tienes muy claro cómo hacerlo, entonces,
¡Samastah es para ti!www.samastah.com
Ven a experimentarlo
en una excitante jornada de conferencias,
prácticas, talleres y encuentros.
SERGI TORRES. Protagonista de la película: «Yo libre. Un viaje al instante presente». CONF: «La confianza, la llave a una vida plena».
LUIS CASTELLANOS. Doctor en Filosofía e investigador del lenguaje. CONF: «La neurociencia de tus ideas».
ISABEL SOLANA. Fundadora de los centros «Happy Yoga». CONF: «Viviendo desde el corazón».
JESICA TIRADO. Coordinadora de la fundación «El arte de vivir». TALLER: «Respiración Consciente».
MIGUEL ÁNGEL LÓPEZ TRUJILLO. Experto en creación y financiación de proyectos innovadores. TALLER: «El mundo financia tu idea».
Próximo 19 de OCTUBRE
(de 10h. a 18h.)
en ECOCENTRO · Madrid
Puedes asistir al evento presencial (plazas limitadas)
o seguirnos on line a través de nuestra plataforma.
Campaña de CROWDFUNDING
Lanzamos una campaña de crowdfunding Samastah para aquellos que, como nosotros, sientan que buscar el equilibrio personal y la felicidad es la mejor manera de contribuir a un planeta más feliz y en equilibrio.Durante el evento del 19 de octubre celebraremos el inicio de esta campaña, con la presencia de Miguel Ángel Trujillo, responsable de FundedByMe, la plataforma de crowdfunding líder en Europa.
Puedes asistir al evento presencial (plazas limitadas)
o seguirnos on line
Una de las cosas que más me gustan del oficio de editor es la de conocer y reconocer a almas grandes, bellas, hermosas, que irradian una luz especial, acorde con ese amor indispensable que traen no se sabe bien de donde. Llevamos ya algo más de tres semanas siguiendo la estela de Emilio Carrillo, un hombre sabio que roza la santidad por eso de hacer lo que la madre Teresa de Calcuta decía que teníamos que hacer: no hacer nada. O lo que es lo mismo, hacer sólo aquello que nace de nuestro corazón y convertirlo en don y talento para luego hacer lo que realmente se hace con los dones y talentos: compartirlos.
Eso hace Emilio, dejando atrás su carrera política y docente para compartir su don de introspección y comunicación, de buceo por las entrañas del ser y expresión desde su mismo centro con aquellos que desde el silencio siguen sus pistas. Sin máscaras, sin engaños, con la inocencia de ese niño que demuestra que la pureza siempre llega de la simplicidad y la sencillez.
Así es Emilio, dócil, humilde, con ese estilo suyo tan propio, sin aparentar nada, sin querer nada, sin pedir o demandar nada, solo dando, dando, dando una y otra vez en forma de gestos, de guiños, de abrazos, de generosidad. Tal es así, que hasta a nosotros nos compra libros que luego regala, cuando no tendría necesidad de hacerlo. Pero su consciencia va más allá, y sabe que todo está bien cuando todos estamos bien, por eso él se paga sus viajes y sus hoteles, no pide nada por compartir esas horas inquietantes a su lado, y siempre, siempre, siempre, tiene un abrazo para todos, sin importarle el tiempo o la posibilidad de que pueda perder el próximo tren. Y no sólo eso, dona los beneficios de autor a una fundación sevillana y nos deja acompañarle, sin pedirnos nada a cambio, para que nosotros podamos impulsar con las ventas del libro el proyecto O Couso. Un estilo diferente de hacer las cosas, o mejor dicho, un estilo acorde con el nuevo paradigma desde la coherencia y la estricta observancia.
Sin duda, cuando nos miramos nos reconocemos. Quién sabe de qué lejana reminiscencia, tal vez de esa época en aquel monasterio budista, o de aquella otra próxima a Montsegur, o aquella escocesa en la que compartíamos el interés por el misterio. Esas cosas que se intuyen y que afloran con pistas y señales que aparecen una y otra vez en todo reencuentro. De hecho, hasta la forma en que hemos tenido de editar el libro nació de forma extraña. Él en su crisálida de silencio y yo en la mía propia, caminando las sendas del Camino de Santiago, buceando en mi propia crisálida tras más de cincuenta días, entre retiros vipassana y peregrinajes, sin pisar la oficina.
Lo cierto es que ahora parecemos escuderos siguiendo al hidalgo. Ayer en Barcelona alguien me preguntaba: “¿pero qué hace aquí el editor vendiendo los libros?” Realmente no encontraba respuesta adecuada cuando veía todo lo que interiormente estaba ganando al bajar al barro y acompañar a Emilio por este periplo increíble. Escucharle una y otra vez no tiene precio. Cuando estás frente a él y lo contemplas desde la distancia puedes ver su punto de luz, su resplandor que nace de su don y su vocación en acción. Y no se trata de ninguna ayuda en el camino de nadie como a él le gusta repetir con insistencia, pero sí de una luminaria, de una esperanza que nos inspira fuerza y confianza. Así que, gracias Emilio por todo y sigamos cabalgando hacia Avalon, las nueve reinas hadas nos esperan para completar el proyecto Artur y ser partícipes de su Misterio.
Hoy ha sido un día intenso pero hermoso, lleno de contrastes, reflexiones y encuentros. Por la mañana llegaron dos amigos que mañana nos harán compañía en el Contigo Somos más Paz y a los que les tengo un especial cariño. Lo paradójico del encuentro es que uno venía desde el sur y otro desde el norte, ambos de diferentes culturas, de diferentes orígenes, diferentes circunstancias, y muy diferentes pareceres con respecto a la vida y la forma de encararla. Ambos se quedarán a dormir en casa, por falta de espacio, uno lo hará hoy y el otro mañana. Pudimos sentarlos a la mesa, uno en frente del otro, y fue hermoso como el entendimiento y el amor surge por el prójimo sin cuestionarnos las diferencias, solo los puntos en común.
Hablamos de la utopía, de esa meta que no existe porque es el camino lo que nos interesa, es el recorrido, con sus bordes y sus asientos, con sus descansos –pocos- y su trabajo –mucho- y las ganas que todos, desde diferentes ángulos y visiones deseamos afrontar. M.J. y K. se miraban con asombro pero con cariño, incitando al diálogo y la puesta en común. Sin darnos cuenta, en esa mesa estábamos poniendo la base del recorrido, es decir, la posibilidad de convivencia y entendimiento entre seres diferentes. La posibilidad de diálogo y fraternidad, de igualdad y absoluta libertad entre seres que se respetan.
Estamos ya en el camino, estamos ya construyendo en el mundo de los arquetipos ese proyecto que nos llevará a poner piedra sobre piedra las bases de un humilde ideario más. Son muchos los que están naciendo y son muchos los que nacerán en este tiempo. Nosotros sólo somos una gotita más en este océano de intención. Una gotita modesta pero cargada de esa fuerza y esa esperanza que tanto se necesita.
Seguimos recibiendo apoyos incondicionales por todas partes. Seguimos trabajando con ilusión. Ayer fue hermoso ver como la gente, tras la presentación de Emilio Carrillo realizó en Madrid, mostraba su apoyo a esta nueva idea de libertad y anhelo. Mañana toca el Contigo somos más Paz. Ojalá el teatro se llenara de gente bonita y aportara su granito para un mundo en paz y armonía y belleza. Cada día somos más, cada día la esperanza de un mundo mejor está más cerca. Hoy lo hemos vivido con estos dos grandes amigos. Ha sido hermoso, ha sido una proyección única de que estamos rozando el sueño. Gracias de corazón por vuestra mágica presencia, por vuestra visita, por vuestro amor.
A veces nunca sabes porqué conoces a unos y a otros no, porqué seres de repente se cruzan en tu vida, se asoman a tu ventana durante un instante y luego desaparecen de repente, o permanecen para siempre a tu lado.
Estos días de viajes intensos hemos conocido a mucha gente gracias al sistema de compartir coche. En el último viaje nos acompañaron tres chicas desde Barcelona a Madrid. Una de ellas, una joven argentina de 23 añitos llevaba siete meses viajando por India y Europa. Había estado en Auroville, una de las comunidades que se reflejan en mi tesis y que debo visitar próximamente. Desde el primer momento nos llamó la atención su hermosa aura. Viajera, inquieta, vegetariana, estudiante de yoga, de mirada noble, sencilla, profunda y tierna, parecía un alma grande habitando un pequeño cuerpo joven y vivo.
En el coche hablamos de algunas cosas y a los pocos días del viaje contactó con nosotros. Terminó pasando todo el día de hoy en casa y toda la noche, hasta mañana que la acompañaremos al aeropuerto de regreso a su Argentina.
Ha sido hermoso pasear con ella y ver toda la sabiduría que lleva dentro. Comprobar de forma hermosa que personas que no conoces de nada, de repente entran en tu vida fugazmente, pero como si las conocieras de toda la vida. Es como si habláramos un mismo y encriptado idioma, y como si hiciéramos de ese entendimiento una conexión especial.
Jesica nos ha sorprendido por muchas cosas, por su calor, por su espiritualidad, por su cariño y dulzura, por su forma de ver el mundo, por su compañía y por su sensibilidad, pero sobre todo, por su gigantesca alma. Todo un regalo para un día tan especial. Gracias Jesica por compartir este trocito de vida con nosotros y por tu mágica presencia. Que tengas un buen camino e ilumines a muchos en tu peregrinar.
Viajar bajo la gota fría puede llegar a ser una de esas experiencias que te cambian la vida de forma radical. Al menos eso pudo ocurrir en el trayecto que hicimos de Córdoba a Barcelona con parada técnica en Valencia. Antes de llegar a Castellón empezó a diluviar como hacía tiempo que no veía. La autopista estaba repleta de coches y justo el que estaba delante nuestra perdió el control y chocó fuertemente entre las medianas, de un lado para otro, quedando el vehículo inmovilizado en mitad la calzada. Milagrosamente pudimos apartarnos sin chocar contra él y parando en seco en el arcén derecho, detrás de un coche gris. Cuatro chicos salieron del coche en bañador y se refugiaron aparentemente indemnes en la cuneta. De repente, otro coche perdió el control y chocó fuertemente justo con el coche gris que teníamos a dos metros delante nuestra. La imagen y el momento fue impactante. Nos salvamos de sendos choques de milagro.
Ángel María Herrera es un exitoso emprendedor que un día tuvo también un accidente de moto y decidió tomarse la vida de forma más serena, apreciando lo que verdaderamente es importante. Una de sus empresas de éxito, Bubok, había estado en la mira de nuestros sellos editoriales hace algunos años. Criado en Carabanchel, su humildad y su carácter sólo han cambiado si era para mejorar, pero nunca para engrosar las listas de los más vanidosos del año o engrandecerse a costa de méritos y cosechas. Su tacto e intuición le hizo salir del camino marcado para emprender el más difícil de los caminos: el suyo propio. Eso le hizo asomarse a los precipicios y al vértigo que eso supone para dar el salto hacia el vuelo libre del que tantas veces hemos hablado en este espacio.
Para él, tal y como explica en su libro “La aventura de emprender”, siempre estamos aprendiendo a caminar. Paso a paso, con la lentitud apropiada, haciendo bien las cosas, buscando aliados y amigos que puedan ayudarte en los proyectos. Emprender es iniciar, es comenzar a andar.
Y para andar hace falta una visión clara. Por eso la misión de sus empresas, «hacer proyectos que favorezcan el desarrollo de las personas», tiene mucho que ver con la visión de las mismas: «trabajar en la construcción de una sociedad mejor bajo la búsqueda del beneficio común».
Esta es la nueva raza de las nuevas empresas que marcan sus líneas en la base del apoyo mutuo y la cooperación, marcadas dentro de un gran sentido de responsabilidad y generosidad, y por supuesto, dentro de los valores de la nueva cultura ética que se está expandiendo por todo el mundo.
Esta mañana tuvimos un primer encuentro en su oficina de Madrid. Las simetrías entre su vida y la mía propia son tan sugerentes que no dudo en que habrá más encuentros y más conversación. Además, proyectos futuros nos unen en ese lazo invisible que teje encuentros y relaciones y que en silencio, va hilando fuerzas para ese propósito interior que todos perseguimos. Un mundo mejor, desde dentro hacia fuera, desde lo interior a lo exterior, forjando el ejemplo de que todo es posible desde nuestro esfuerzo personal. Inclusive hacer de una sociedad buena, una sociedad mejor.
Aprovechemos el instante, aprovechemos cada segundo de vida. A veces una gota fría o un accidente de moto nos pueden advertir de lo efímero de la vida. Gracias Ángel María por tu ejemplo.
Justo en frente del parque del Retiro vive un hombre sabio, maestro de maestros, instructor de príncipes y reinas, de políticos y empresarios, de gente famosa o sencilla o anónima que buscan un punto de quietud en sus vidas, que comparte su vida de increíble afecto, cariño y amor con su joven y hermosa mujer acompañados de su también hermoso gato Emile.
Hemos pasado una agradable tarde con más de cuatro horas de intensa conversación compartiendo los avatares de la vida, sus más de cien viajes a la India, sus más de doscientos libros editados, sus ganas de vivir y compartir vida. Pero también, y esto es importante, ese periplo no hubiera tenido sentido sin el sabroso acompañamiento de la horchata preparada especialmente por L, su mujer. No es que esa horchata sea más importante que doscientos libros o cien viajes, pero el amor que encierra su elaboración es igual al amor que se puede mostrar en esos vitales acontecimientos. Realmente ese era el tema de una de las conversaciones. Lo fenomenológico no tiene sentido sino somos capaces de descubrir en lo pequeño la sencillez del amor. En una horchata, en un gato, en una mirada, en una tarde agradable con buenos amigos. El resto está bien, pero sólo si hemos aprendido a amar lo sencillo.
Hace unas semanas le editamos un hermoso libro sobre Buda y estamos preparando un nuevo libro que llevará por título “El Punto de Quietud”, el cual he tenido el humilde honor de prologar. A cambio, él ha prologado con unas hermosas palabras el libro que recogerá la experiencia de impermanencia que sufrí en el Camino de Santiago. Hablábamos de ello mientras le hacía firmar algunos libros que deseaba regalar.
Realmente ambas esferas de la filosofía de este buen hombre, el punto de quietud y la impermanencia, podrían describir a la perfección su síntesis, su conclusión sobre todo lo buscado y hallado. Una persona que ha recorrido cientos de caminos en el plano fenomenológico y que ha sabido acotarlos para llegar a la conclusión, a la síntesis de lo sencillo, de la pequeñez y la ingravidez que se puede encontrar en el simple roce de un cuerpo que se mueve con lentitud, concentrado en el momento presente, en la impermanencia de la quietud, en ese punto que nos conecta con la vida real y que ocurre en cualquier instante presente, posible, inmediato.
El propio gato Emile parecía un punto de quietud anclado en una sabiduría que los cuatro admirábamos con ese asombro y respeto que siempre sentimos hacia el mundo animal. No necesitábamos de ningún tipo de creencias para comprobar que cualquier vida, por muy simple que nos parezca, encierra dentro de sí un gran misterio, una profunda muestra de bondad y ternura, un ejemplo vivo de naturaleza, de amor, de compasión. De ahí nuestra necesidad de respetarla, de admirarla y saborearla desde la vida, y no desde la muerte. Cualquier ser vivo por pequeño que sea tiene derecho a expresar vida plena y en libertad. Nuestra obligación moral es respetar ese hecho profundo y natural.
Eran cerca de las diez de la noche cuando ambos nos han acompañado un trecho de paseo por el Retiro. Nos hemos despedido con un abrazo sentido mientras hablábamos con cariño de amigos comunes y de viajes y experiencias y proyectos y aventuras. Mañana nuevos encuentros y nuevas experiencias. Mañana de nuevo una aproximación a la vida desde la experiencia del otro, desde el cariño y la ternura de estrechar círculos con personas que comparten y muestran su luz a pecho descubierto. Gracias L. y R. por estos gratos momentos. Seguimos caminando.
«Me siento agradecido por lo que soy y por lo que tengo. Daría las gracias eternamente. Es sorprendente cómo se puede estar satisfecho sin nada definitivo, solo con un sentido de la existencia. Mi respiración me resulta agradable. Me río cuando pienso en mis vagas e indefinidas riquezas. Mi ‘banco’ nunca podrá agotarlas, porque mi riqueza no está basada en las posesiones, sino en el disfrute de la vida«. Henry David Thoreau
La miro y me asombra su fortaleza y decisión. Una persona capaz de no cobrar por su labor, excepto la voluntad que recibe de sus clientes, y facturar lo suficiente para vivir más que bien con su trabajo, autónomo y libre. Que pasa sus días en un auténtico paraíso en una hermosa cala de la Costa Brava en una apacible casa donde por la noche parece ser mecida por las olas del mar. Una persona que vive libre y feliz pero decide que la felicidad está no en lo que se tiene sino en lo que se entrega. Y se la juega todo a una carta llamada incertidumbre, lo deja todo para instalarse de forma provisional en un frío y oscuro zulo en una ruidosa y pantanosa ciudad, con la idea de dar un salto cuántico hacia tierras gallegas para pasar los próximos cinco años trabajando picando piedra o cortando hierbas o lo que sea necesario, sin luz ni agua ni comodidades, en pro a lo que ella califica abiertamente «labor de servicio».
Ya lo demostró en el Camino, cuando andaba más de treinta kilómetros al día calzando unas simple chanclas de playa, con las piernas destrozadas pero siempre con una sonrisa en el rostro cargada de buen humor y alegría, sin quejarse, ayudando a todo el mundo a contemplar la vida desde otro sentido. Demuestra su valentía cuando no le importa perderlo todo a consciencia de que, como tan bien expresa Thoreau, la riqueza verdadera no está basada en posesiones sino en el disfrute de la vida.
Y cuando ese disfrute viene acompañado de la necesidad interior de servir al mundo, de entregar la vida bajo la tutela de la renuncia y el sacrificio, lo incomprensible se apodera de lo comprensible, de lo lógico, de lo racional y lo coherente.
Porque, ¿qué lógica es esa que te impulsa a dejarlo todo a cambio de un duro, muy duro futuro? ¿Qué lógica era esa que empujaba a exploradores y soñadores a dar la vida por un mundo mejor? ¿Qué lógica era aquella que decía eso de “déjalo todo y sígueme”, y cuya recompensa era, en el mejor de los casos, la humillación, la persecución o la propia crucifixión? ¿Qué lógica hay en esas cosas que se construyen tan sólo desde la entrega voluntaria y el tesón, desde la renuncia de tu vida personal en pro de la mejora grupal?
Quizás sea tan sólo el sentido de existencia, el sentido de propósito o misión más allá de toda lógica, o quizás sea que el mundo necesita de este tipo de ejemplos sencillos, cargados de dignidad, de amor al prójimo, de sentido amplio de la responsabilidad no tan sólo hacia uno mismo, sino hacia el mundo entero.
Recién llegado a Cadaqués, la miro atento en sus últimos días de paraíso. La observo amoroso mientras que le ayudo con las últimas cosas, más bien pocas, porque ha decidido dejarlo todo aquí y regalarlo para llevar tan sólo una ligera mochila. Este proceso de desapego me suena por haberlo vivido en mis propias carnes en más de una ocasión, por eso le sonrío en silencio y le animo a que no tenga miedo, porque las riquezas del mundo, del mundo real, ahora le pertenecen.
(Foto: Laura sirviendo de voluntaria en la cocina de la comunidad de Findhorn, en Escocia).
Nunca pensé que su pudiera escribir un libro en menos de cuatro días. Ya casi tenemos el trabajo hecho y SP ha creado una bonita espiral capaz de transportarnos a ese mundo de magia y color que tanto la caracteriza. Da gusto compartir momentos únicos con personas dotadas de esa magia, de esas ganas de vivir y disfrutar de la vida, de cada segundo de vida. Escuchar su entusiasmo, ver como le brillan los ojos y sentir su generosidad extrema con cualquier persona que pasa a nuestro lado ha sido una experiencia reconfortante. Me siento honrado y privilegiado por haber tenido la oportunidad de pasar estos días en exclusiva con un ser tan excepcional.
Si existe el mundo angélico, sin duda ella ha sido enviada directamente desde sus nubes y cielos. Y siempre con humor, con mucho humor, con muchas bromas, sin discusiones, sin presiones, fluyendo a cada momento. Trabajando cuando teníamos ganas y descansando cuando nos apetecía. Comiendo cuando teníamos hambre cualquier cosa, ya fuera un exquisito plato en el mejor restaurante o unas sencillas tostadas con aceite y ajo. ¿Qué más da si la magia puede permitir que vivamos en la abundancia incluso desde lo más sencillo?
Y lo sencillo podía ser una sonrisa, un guiño, una palabra exacta, una anécdota que yo registraba como un ejercitado amanuense. Era tal la comunión que a veces me adelantaba a sus palabras y registraba su pensamiento antes de que ella pudiera dictarlo. La combinación ha sido perfecta y espero que el resultado haya sido bueno y que consigamos, como el libro anterior, al menos una séptima edición.
En una de las charlas ella me decía que a cada instante somos nuevas versiones, mejores personas que antes. ¿Para qué por lo tanto remover el pasado si el presente es único y diferente? Y además, es un presente que nada tiene que ver con el pasado. Nuevas versiones de nosotros mismos que renacen a la nueva oportunidad. Esa es la sensación que tengo estos días. Ser una nueva versión que disfruta de estar rodeado de tanta luz y tanta montaña, de tanta cercanía con un mundo más lúcido y luminoso.
Al fin y al cabo, el secreto de la vida es bien sencillo y tiene que ver con el amor hacia todas las cosas, respetando cada instante, cada ser, amando y abrazando todo cuanto ocurre, agradeciendo de forma infinita cada experiencia. Comprender esto es ser una nueva versión, es ser en el ser, es penetrar el misterio y la causa de todas las causas.
Mañana dedicaremos unas horas más a perfilar el trabajo. Volveremos a Madrid y al día siguiente, si todo va bien, empezaré mi periplo de peregrino. Primero a Roncesvalles vía Pamplona y luego a la inmensidad de la experiencia. Me esperan días muy luminosos, como estos días que he podido compartir con la increíble SP, una mujer buena, una mujer generosa, un ser angélico.
HOY jueves, 11 de abril, 19:00 , en el Salón de actos del Rectorado de la UNED (Bravo Murillo, 38), en Madrid, la amiga Lucía Etxebarria presenta su libro «Liquidación por derribo».
Allí nos vemos, animaros, Lucía es un ser entrañable que merece la pena conocer y el libro, una escena que refleja el patético estado de un país corrupto y dirigido por una partitocracia decadente. Una crítica inteligente y una visión acertada de todo cuanto está ocurriendo. Os lo recomiendo.
Una obra de Abel Zamora, dirección Fran Arraez.
Reparto:
Aina de Cos
Mentxu Romero
Roberta Pasquinucci
Óscar Villalobos
Tres chicas en plena efervescencia de cambio. Tres chicos que miran impacientes el reloj. Una presentadora con prótesis vip. Una amiga idiota con el pelo apunto de achicharrarse. Una madre decepcionada por Emma García. Otra madre (que ni entiende el inglés ni hace por entenderlo), un puñado de coristas y lo que queda de una estrella del pop, pero sobretodo: Una infección que todo lo une. Porque las infecciones, como las malas noticias llegan en el peor de los momentos, cuando nadie las espera y cuando nadie quiere recibirlas.
La amiga Mentxu, oriunda de mi tierra natal, nos invita a la obra de teatro que se representará en la Sala Tú hoy miércoles a las ocho y media, en la Calle Velarde, 15 de Madrid, junto a la Plaza Dos de Mayo. Allí nos vemos y a reír que son dos días.
¡¡¡Nos vemos esta tarde!!! ¿Alguien se apunta? Todo por la causa del arte, la cultura, el teatro…
Cuando nos dan a elegir entre personas que transpiran alegría o aquellas que exhalan amargura siempre tenemos claro que las primeras nos aportarán ingredientes suficientes para seguir adelante. A medida que nos hacemos mayores solemos ser selectivos. Ya no todo vale, y ya no toda compañía vale. No nos interesa pasear con alguien pesimista o tóxico. Alguien que nos absorba la energía hablando solo de sí mismo y sus intereses. Personas rencorosas que suelen culpar a los demás y a las circunstancias de sus desgracias y que tienen la capacidad de oscurecer la vida de los otros con una facilidad supina. Sólo nos apetece pasear tranquilos, intentando compartir las cosas buenas con el otro y dejar las malas para un reciclado necesario.
Ayer compartimos la noche con un grupo de gente sana, capaz de mirarse el ombligo y realizar autocrítica y con ganas de ayudar al otro a ver las cosas desde diferente ángulo. Fue una noche muy positiva, cargada de entusiasmo y risas. Conocimos a gente nueva y bonita, de carácter optimista y sanamente condimentados en las experiencias de la vida. Enseguida se creó un estado positivo, alegre, cargado de complicidad en temas que iban saliendo de forma espontánea.
Tras despedir esta mañana en la estación de autobuses al último amigo que quedaba por marchar, sentí esa especie de melancolía que se siente cuando un ser querido se marcha. Me acordaba de las risas de estos días, de las bromas, de los paseos, de la complicidad, del amor y el cariño. Notaba en el tono de nuestras charlas un halo maduro, sosegado. Ya no se trataba de cambiar el mundo, de hacer ninguna revolución, de mirar en el otro la viga ajena. Sólo teníamos ganas y necesidad de compartir cariño y amistad. Sin juicios ni prejuicios, sin condenas, sin mirar sus errores o fracasos, sino animando constantemente a mirar con optimismo el futuro. Eso era lo que realmente ahora, en la madurez de nuestras vidas, nos une. Cariño y amistad, alegría por compartir todo lo que tenemos con sinceridad y transparencia ilimitada. Sólo nos apetece transpirar para el otro alegría, porque solo deseamos, a estas alturas de la película, ser felices en lo sencillo.
Las fuerzas que nutren nuestras vidas presentan formas y tamaños capaces de transformar nuestras percepciones. Imaginad ayer a dos anarquistas convencidos comiendo en el centro Hare Krishna que hay a cuatro minutos de casa. Miraba la escena y el surrealismo era tal que parecía una de esas fantasías imposibles. En estos días se han mezclado esas escenas. Como ayer cuando cenábamos en casa los cuatro amigos, dos de extrema izquierda, uno de extrema derecha, unos criticando los toros y otros defendiéndolos.
Hoy por la mañana conocíamos fugazmente a M., un hermoso ángel tan volátil que parecía volar. Creo en los ángeles así que pude ver como desplegaba sus alas invisibles. Pude ver su corona dorada sobre su cabeza, su luz radiando como esfera celeste. Su profunda mirada angelical, plagada de tierna compasión.
Por la tarde pasábamos un rato en casa de E., mi primera novia, amiga también de mis amigos desde hace ya tantos años. E. vive en la misma calle donde vivía mi última novia. Esas cosas extrañas de la vida. Y horas antes habíamos pasado un rato en casa de S., donde fuimos a llevarle una lata de aceite ecológico que me pidió en mi último viaje a Andalucía. S. vive en la que había sido mi última casa con mi última novia. Así que hoy fue como una especie de via crucis surrealista entre los recuerdos y los planos angélicos, porque S. también es una traviesa y luminosa habitante de los planos celestes.
Y por la noche terminamos en un restaurante chino del barrio de Moratalaz. Allí hablamos de la vida, de Camus, de Sartre, de Balzac, de la Odisea, de relaciones, de trabajo, de futuro y de pasado, de monasterios, de aquellas mujeres que nos amaron y de aquellas otras que nos odiaron, de aquellas mujeres a las que amamos y a las que aún seguimos amando, porque ya no queda rencor ni nunca hubo odio, sólo quizás torpeza y descuido. Siempre añoranza, especialmente cuando nos mirábamos y nos dábamos cuenta de que a nuestros cuarenta años, cada uno en su particular circunstancia, seguíamos interior o exteriormente solos.
Como digo, todo cargado de un surrealismo mágico, pero sobre todo, de un lazo de hermandad hermoso, renovado, indestructible. A nuestra edad aprendimos a aceptarnos y respetarnos con nuestras increíbles diferencias. A amarnos como somos, porque ese es uno de los secretos del amor, el amar y respetar al otro tal y como es, sin intentar añadir nada, ni quitar nada. Sabemos de nuestras virtudes y de nuestros defectos, y por lo tanto, nos amamos así, sin más. Treinta años después hemos comprendido que ese es nuestro secreto. Y que eso nos hermana.
(Foto: Ayer comíamos sentados en el suelo del centro Hare Krishna que tenemos en Malasaña. Fue de las primeras cosas que descubrí en mis primeras escapadas a Madrid de la mano de B. Nada cambió desde entonces. Todo sigue igual).
E. y su hermana X. han venido a pasar unos días al zulito. Son lobos esteparios. Cada uno a su manera. Nos conocemos desde hace casi treinta años. Toda una vida. Hemos pasado los dos primeros días compartiéndolos con C., también un amigo de la infancia que vive en Madrid. También otro lobo estepario. Los tres, los cuatro, lobos de estepa, de la gran estepa. El cariño sentido se traduce en abrazos, en recuerdos, en contacto, en compartir toda una vida, o un momento.
La amistad que ha sobrevivido a tantos y tantos avatares, cosas buenas, cosas menos buenas, momentos difíciles, momentos únicos, dice mucho de estas personas buenas, únicas, hermosas. Las miro y sé que las amo, y sé que aman. Existe una hermandad, una protección mágica que dura y perdura, incapaz de extinguirse. Una llama perpetua, un lazo místico que nos une en aventuras y desventuras. Estoy agradecido por este regalo de los dioses. Es la muestra palpable de que el amor es capaz de vencer en toda incertidumbre.
Esta mañana no lucía el sol. Más bien llovía mientras descargaba la friolera de cuatro mil libros y les buscaba un hueco en el zulito. Sudaba la gota gorda entre tanta caja. Además, me olían mucho los pies. Era extraño porque nunca me huelen los pies, excepto en verano cuando subo al monte. Me quité uno de los zapatos y vi que estaban rotas las plantillas y que, con la lluvia de estos días, había calado el agua. Al hacer el ademán para devolverlos a su pestilente lugar, observé que encima tenía el único pantalón de invierno roto por esa parte cercana al perineo, ese tonto lugar donde al rozar las carnes se crea un desgaste provocando la siempre inminente ventilación de las partes nobles.
Si a eso le sumamos que llevaba dos días sin afeitarme y que en quince minutos empezaba el curso de digitalización de libros, la situación parecía desastrosa. Pero dicen que todo siempre tiende a complicarse. Y justo cuando iba a salir recibo un mensaje de ella invitándome a tomar un chocolate caliente en su casa. El panorama pintaba a película de Almodóvar. Todo un reto que acepté porque así fluía la vida.
Cuando salí del curso seguía lloviendo. El chubasquero que compré en Lituania soportaba estoico las inclemencias. Paré cerca de Alcalá para comprar unos pastelitos y acompañar la tarde con algo dulce. Siempre me emociona entrar en la casa de algún escritor porque son auténticos templos cargados de libros, museos que honran la memoria de la luz. La suya no me decepcionó. Libros, libros y más libros. Era como estar en el paraíso.
Y de nuevo la lucidez, la grandeza y por ende, la admiración. No una de esas admiraciones tontas y simplonas, sino sincera. Por esa belleza de encontrar a personas que te despiertan ideas, pensamientos, emociones y posibilidades en un mundo enrevesado pero hermoso. Por esa sencillez a la hora de abrirte al otro desde la sinceridad, la claridad y la ausencia de prejuicios. Eso es todo un reto, porque siempre tendemos a examinar al otro con lupa y mirar en qué nos puede fallar o decepcionar. Excepto en aquellas personas que se abren desde el minuto cero y te dicen: esta soy yo, esto soy yo, no hay más excepto un universo infinito.
Es una sensación poderosa porque puedes explorar mundos a los que a veces es difícil acceder sino fuera por esa claridad y transparencia. No caben interpretaciones ni juicios, solo entendimiento y empatía. Esa compasión de la que hablan los budistas, pero una compasión sin cortapisas, sin dogmas ni ritos, siempre sincera, amable y sublime.
Lo que se iba a convertir en una merienda terminó en cena hasta que, a pesar de lo a gusto que estaba, llegó la media noche y me tuve que marchar. Toda la tarde intenté disimular el olor de pies, insoportable hasta para mí mismo, y cruzaba de vez en cuando las piernas para que no se notaran mucho los descosidos de mi único pantalón de invierno. Era todo muy cómico, pero le daba un toque mágico a la situación de tragicomedia.
Me llevé bajo el brazo uno de sus libros. No deja de ser curioso que escribiera en su día un libro de temática similar a “Ama hasta que te duela”. El amor y el desamor fueron los grandes temas que tratamos, pero desde el desapego y la libertad de hacerlo sin ningún tipo de reparo ni tensión sexual. Todo un placer y toda una tarde bella que agradezco desde la satisfecha idea de haber pasado un buen trozo de vida. Y una suerte el que hoy me olieran los pies. Sé de lo que hablo…
“Al cabo de los años he observado que la belleza, como la felicidad, es frecuente. No pasa un día en que no estemos, un instante, en el paraíso”. Jorge Luis Borges
Tras comer tres tortitas de maíz sin gluten, me fui hasta la calle Santa Isabel, donde había quedado con Lucía Etxebarria. Llegó con su simpática y amorosa perrita que se pasó todo el rato subida en mis faldas, lamiéndome y comiendo aceitunas que, al parecer, las devoraba entusiasmada. Lucía es una persona dulce y tímida, inteligente y culta, de carácter amable y con esa sabiduría que la vida y sus avatares tejen en el signo de cada personalidad. Tiene una belleza, quizás sin ella saberlo, que eleva a los altares de lo sublime.
Hablamos de mil temas a la vez. Del mundo de los libros, por supuesto, pero también de los árboles genealógicos, de cómo nos afectan, de cómo podemos repetir una y otra vez el arquetipo y el patrón familiar, y de lo difícil y frustrante a veces que resulta el hacerlo. También de las personas buenas y de las personas tóxicas, esas que entran en nuestras vidas, se acomodan, y se esfuerzan en destruir todo aquello que tocan.
Lucía es una persona extraordinaria que puede presumir de ser una superviviente del mundo de las letras. Lo hace bien, lo hace con coraje y convicción y eso crea un público amable y fiel que ella cuida con mimo y cariño. Me han gustado sus sabios consejos con respecto a tantas y tantas cosas y me ha llenado de cierto aliento para seguir adelante. Así que gracias Lucía por ese instante de paraíso.
Salí corriendo de la calle Santa Isabel hacia la calle Goya pues allí había quedado en el café Nebraska con el amoroso Ramiro Calle donde me esperaba otro paraíso hermoso. Como llegaba tarde tuve que coger un taxi que me llevó volando y puntual a la cita. Ramiro me recibió con ese siempre cariño y entusiasmo que nos hizo devorar el tiempo con una interminable charla sobre las cosas de la vida. Hablamos de libros (este año le editamos cuatro), claro que sí, pero también de los árboles espirituales, y de cómo sus ramas nos conectan a unos y a otros, de cómo nos afectan y de cómo podemos empaparnos de su savia. También hablamos de las personas buenas, no importa si son conocidas o anónimas, y también de aquellas otras que, perdidas en algún reguero de su maltrecho ego, implanta sombras donde antes solo había regueros de paz.
Ramiro es una persona extraordinaria, como Lucía, un nacido dos veces que expresa su sabiduría y su amor en todo lo que dice y hace. Incluso sus críticas son amorosas, porque lo único que pretenden es sacar ante el reto de la luz todo aquello que debe transformarse (necesariamente). De nuevo me invitó a una de sus clases y de nuevo disfruté de sus increíbles enseñanzas.
Así que este ha sido el doble regalo de hoy. Regalo que ahora comparto con vosotros con gozo y alegría antes de que mañana, de nuevo, y por motivos del relux naciente, me marche a Barcelona. Allí, o en cualquier otra parte, estaré hasta el domingo.
Siempre hemos sentido una poderosa atracción hacia esa concepción platónica, la de las almas gemelas, difícil de entender y menos aún de experimentar. Pero a veces el universo te pone a prueba, reflexiva e intencionalmente, para que profundices en conceptos abstractos y a veces de compleja tesitura.
Platón también hablaba de la reminiscencia. El recuerdo de sí mismo en situaciones extraordinariamente diferentes, adquirir conocimiento recordando lo que el alma sabe cuando habita el inexplorado mundo de las ideas. Ambas ideas, almas gemelas y reminiscencia están intimamente relacionadas en la siguiente reflexión.
Estos días hablaba con una amiga de una reminiscencia curiosa: Rennes-le-Château. Este es un lugar que visité con mucho interés en agosto de 2005. Para mí era una extraña reminiscencia a la que durante algunos años me refería con insistencia. En aquel lugar, los cátaros que huían del Languedoc francés se refugiaban de las llamas de la inquisición. Este movimiento herético nació y creció en el mediodía francés, muchas veces protegido por los nobles de la corona de Aragón. Los conocidos como “Puros”, “nuevos perfectos” o bonshommes eran vegetarianos y asexuales, practicando una especie de gnosticismo maniqueista crítico con los estamentos de la época.
Cosas de la vida, ambos nacimos en la antigua Corona de Aragón. Cosas de la vida, ambos tenemos poca simpatía por el agua, como los Cátaros, que pensaban que el bautismo católico era un error de la Iglesia, ya que Cristo sólo bautiza con fuego y fue Juan el Bautista quien lo hacía con agua. Con nuestras lecturas y nuestras actitudes ante la vida, de alguna forma, ambos habíamos sido bautizados en fuego. Ambos, además, éramos críticos con la situación actual -política y social- y con los estamentos que nos gobiernan. Ambos somos asexuales, descubrimiento que a ambos nos ha liberado en una especie de hermandad del espíritu libre y que nos ha servido, casi en secreto y en la clandestinidad de estos tiempos, para argumentar de forma poderosa y simple un deseo profundo y nunca entendido hasta este momento (hablaré de ello en profundidad en un escrito aparte). Y como los cátaros, ambos tendemos a reflexionar sobre la necesidad o no de ser vegetarianos, como los bonshommes.
Somos tan iguales en pensamiento, forma de entender la vida y actitud, a veces irónica y plagada de un humor negro poco entendible, que ayer, mientras paseábamos por el pequeño Tíbet que hay en el Garraf pensamos que habíamos sido hechos de un mismo molde. Dos gotas de agua que se encuentran en un tiempo y un espacio extraño, que se reconocen y se admiran mutuamente, desde el más absoluto respeto y sin ningún tipo de presión o tensión sexual o de otro tipo. Dos almas gemelas libres, entendiendo como “iguales” y «libres» ante los ojos de la luz (o del relux), que se conocen y reconocen en un paseo cualquiera. Y una reminiscencia que aparece una y otra vez en todas las conversaciones: la herejía y la libertad de ser como somos.
Además, así fue como me conoció o reconoció, tanto monta, buscando algo sobre los cátaros y cayendo, cosas de la vida, en un artículo que publiqué hace algunos años. A. no sólo es una mujer bella e inteligentísima, sino que además es un alma libre y sensata. Por eso ayer, en el pequeño Tíbet, justo el día del año nuevo tibetano 2140, año de la Serpiente de Agua, día de máscaras y carnaval (pagana y herética costumbre) dos viejos conocidos se reencontraron en otro espacio y en otro tiempo celebrando esa común unión, alegres y felices por poder pasear, aunque solo fuera por un instante en este trozo de tierra. Hermoso reencuentro, hermosa y platónica reminiscencia y hermosa magia. Ahora la vida sigue, y el amplio campo de la experiencia continua. Pero se realiza desde una soledad diferente. Más fuerte, más protegida, más entendida, cómplice. Una soledad que ya no requiere compañía porque encontró en el lazo místico su reencuentro con las almas.
Ayer hacía un tiempo inmejorable en Barcelona. Había una luz radiante que presagiaba una tarde de sorpresas. Habíamos quedado en la plaza Urquinaona y como siempre suelo llegar excesivamente pronto a los encuentros, aún tuve tiempo de dar un paseo solitario por los alrededores y disfrutar del carnaval barcelonés. Ella también fue puntual, así que enseguida dejamos deslizar nuestros caminos cruzados en la deriva de la improvisación.
Fuimos hasta el Gótico, mi querido y entrañable Gótico. Allí nos enseñamos nuestros secretos. Ella alzó mi mirada hacia arriba y pude contemplar misteriosos símbolos en la fachada de la Catedral. Hice lo mismo y le enseñé mi viejo Aleph, ese lugar secreto desde donde se puede divisar todas las partes infinitas del universo. Exteriormente fuimos a lugares hermosos y entrañables e interiormente empezamos a sorprendernos mutuamente sobre temas que nunca antes habíamos podido hablar con nadie.
Esto último me llenó de entusiasmo y admiración hacia una persona que empezaba, por su naturaleza y forma de ser, a sorprenderme gratamente. Justo el mismo día que de forma algo pesimista le contaba a un amigo que ya pocas personas logran sorprenderme o emocionarme. Así que lo que iba a ser un café de un par de horas, se convirtió en un intenso paseo de más de ocho horas.
A. consiguió atraparme en esa especie de comunión de almas que logran alcanzar cierto equilibrio entre el entendimiento, el respeto y la comprensión mutua. A media tarde me sentía ya menos sólo en el mundo y destripando, gracias a sus reflexiones valientes en voz alta, una revolución interior de consecuencias ilimitadas. No es fácil encontrar a una hereje capaz de ser libre en pensamiento y vida y que además tenga la capacidad de abrirse sin miedo sobre reflexiones que podrían terminar en la hoguera del estigma social, así que la complicidad crecía por instantes.
La inteligencia es hermosa en mujeres jóvenes y valientes, pero cuando viene acompañada de entusiasmo y atisbos de consciencia, de sublime encanto y valerosas apuestas por un mundo diferente y más profundo, más atrevido, la mezcla puede ser explosiva. La intensidad de sus ojos azules acompañado del buen humor hacía que la luz radiara por sí sola en una tarde que terminó siendo mágica.
Tanto fue la sorpresa ante el descubrimiento que hoy quedamos para seguir profundizando en los misterios de la vida, y de paso, hacer unas fotos a algún Buda para la portada de un libro. La vida siempre tiene estas cosas. Y algún día hablaré con detalle sobre la liberación interior que ayer sentí gracias a este hermoso ser. Así que gracias A. por el paseo interior y exterior. Demuestras con tu presencia que otro mundo es posible.
Otro día diferente y extraño. Diferente porque vino MJ a pasar unos días en el zulito. Comimos unos espagueti y nos fuimos a la charla que Ramiro Calle y Agustín Paniker dieron en Ecocentro sobre Sadhana: la vida como aprendizaje y autodesarrollo. Lo cierto es que cuando escuchas a personas tan sabias y correctas como Agustín y Ramiro se te queda una cara entre asombro y cosa difícil de explicar. No podía parar de atender y ver cuanto amor, cuanta dulzura y cuanto genio salía de las mentes y los corazones de ambos. Era como escuchar una melodía dulce y hermosa, un canto de sirenas o una especie de conjuro estelar que emanaba de sus almas. Gente bonita, gente especial, gente que merece la pena conocer y escuchar.
Como hoy decía una querida amiga citando a Lawrence Durrell, ya no se trata de convencer a nadie sobre nada. Simplemente nos debemos limitar a ofrecer al otro «una sonrisa en el ojo de la mente». Ese tipo de sonrisas son las que desarrollan nuestra verdadera compasión hacia todo y hacia todos. Sin juzgar a nadie, sin emitir juicios sobre nada. Respetando la vida de cada uno y abrazando la diferencia con amor y comprensión. Por eso resulta fácil ser amigos de unos y de otros, de poder salir de copas con un empresario ganadero aunque él se tome un rioja y yo un colacao y él pida un trozo de carne y yo practique el ahimsa. Somos todos tan diferentes que lo mejor que podemos hacer es precisamente eso, respetarnos y amarnos los unos a los otros, buscando siempre en nuestras miradas cierta complicidad y apoyo.
Decía que había sido un día diferente y extraño. Lo de extraño es porque echaba de menos algunas cosas. No sabría explicarlo sin un exceso de enredos y vocablos. Digamos que echaba de menos algo invisible, indescriptible, cómplice, cuasi virtual sino fuera por un resquicio de poder oculto ensamblado entre una profunda respiración y una experiencia místico-esotérica entrañable y cuasi real. Y digo cuasi virtual y cuasi real porque hay una franja de vida que nunca sabes delimitar del todo sino fuera porque a veces nos pellizcamos y creemos que lo que sentimos es real mientras que otras sentimos cosas de forma extraordinaria sin saber delimitar de donde surge esa emoción, ese encantamiento, ese poder de transformación. En el fondo todo tiene que ver con esa «sonrisa en el ojo de la mente», una especie de mundo mágico donde todo es posible.
Ramiro lo explicaba muy bien. No importan nuestras creencias, nuestras experiencias o nuestros métodos. Lo que importa es que esas creencias, experiencias o métodos sean capaces de transformarnos. Eso precisamente ha conseguido esa sensación extraña de añoranza: ha sido capaz de transformarme, así que no solo la admito como válida y real, sino que la abrazo con cariño y confianza, esa confianza que a veces nos lleva por caminos inescrutables.
(Foto: Esta noche en Malasaña. Mientras MJ intentaba ligar con unas hermosas argentinas yo miraba fijamente mi colacao sintiendo una extraña añoranza).
“Quiero arrancar la máscara de los astros y el tiempo, desentrañar el fuego de la común hoguera de la vida y la muerte, y poseer la esencia, lo absoluto, lo eterno”. Clara Janés
Ayer pasé toda la noche leyendo un estupendo guión de una amiga atlante, una historia increíble sobre las vidas que pasan entre pateras buscando la promesa de un nuevo mundo, un guión que me llevó por las américas, por África y el sur de Europa. En todo el relato aparecía la música de Miriam Makeba, así que esta mañana bien temprano me desperté bailando con los ritmos del Pata-Pata. La música africana era apropiada para un día como hoy.
Decía José Bergamín, el fundador de la primera Editorial Séneca, que la vejez es como una máscara, si te la quitas, descubres el rostro infantil del alma. Una amiga opinaba insistentemente, a veces hasta con rabia, que andaba viviendo la vida de un personaje y que había construido toda mi experiencia vital alrededor del mismo. Esa observación me sorprendía porque si bien estoy acostumbrado a tratar con todo tipo de personajes, siempre me interesó mucho más la increíble vida interior de las personas que todos los demás sonetos y artilugios de su vida exterior. Realmente el personaje que construimos alrededor de nuestra esencia no es más que el caparazón que nos protege de nuestras debilidades y de los patógenos externos. Y la única forma de descubrir lo humano que hay dentro de nosotros es con tiempo y rigor, con paciencia, muchas dosis de cariño y amor hasta llegar a eso que vagamente llamamos alma. Cosas que escasean hoy en día y por lo tanto, para muchos, resulta más interesante o cómodo quedarse con el personaje, y no con la persona. Hay personas que nunca pasan la “prueba del personaje”, o lo que es lo mismo, a los guardianes del umbral, y se pierde por ello en las lagunas de la superficialidad y el maya.
Como antropólogo, pero sobre todo, como persona, nunca he podido rechazar a unos o a otros por sus creencias o mitos personales ni por sus máscaras o personajes, sino más bien, he visto en la diversidad de este inmenso carnaval una fuente profunda de experiencias y conocimiento. Hablar con ángeles o con el mismísimo demonio si hace falta no sólo te hace ver la vida desde una óptica más amplia, sino que te enriquece en todos los sentidos. Y eso a veces requiere ponerse el mono de trabajo y tener paciencia, mucha paciencia, y amor disciplinado.
La antropología sabe algo de eso pues ya los primeros etnógrafos que exploraron África y Oceanía tuvieron que hacer grandes esfuerzos para desenmascarase a sí mismos y desenmascarar a las culturas que investigaban. El estudio de la diversidad cultural de nuestro planeta pasa por eso mismo: desenmascarar nuestros arquetipos y nuestros velos culturales y sociales con el rigor de la experiencia de campo. Años y años de investigación tenaz te aproximan inexorablemente a lugares y personas increíbles.
Y hoy era un día perfecto para la prospección antropológica. A las doce en punto me quité los tejanos que utilizo para camuflarme en Malasaña y me puse los pantalones de pinzas y la camisa planchada (el resto está aún arrugada), es decir, la ropa de trabajo, para ir al tajo. La americana marrón de bohemio escritor intentaba disimular el brillo de los zapatos de charol que frecuentaba en la jungla del barrio de Salamanca. Debajo de la camisa llevaba una de esas camisetas a cinco euros que estiraba con disimulo hacia abajo para que sobresalieran los pelillos del pecho y disimulara los descosidos de la misma. Qué le vamos a hacer, la dura vida de antropólogo que necesita de este tipo de utillajes de faena imprescindibles para poder hablar con unos y con otros, para poder entrar a palacios o cloacas si es necesario y sin sacar conclusiones o prejuicios precipitados.
Joan Tardà es un viejo amigo que tuvo que soportar a este adolescente insolente durante los años de instituto. Vecino y profesor, los años han hecho que el cariño de aquellos días haya estado por encima de nuestras diferencias ideológicas. Un día me regaló entre bastidores el libro de Orwell, 1984, y desde entonces nació cierta complicidad. Así que cuando hoy nos hemos visto en el Congreso de los Diputados, lo primero que ha brotado de nuestro interior ha sido un sentido abrazo. Como siempre he sido un provocador, le he hecho entrega de un jugoso regalo que ha pasado con cierto disimulo los estrictos controles del Parlamento: libros del anarquista Kropotkin, del 15M, el de la tesis sobre apoyo mutuo y cooperación y otro de Gene Sharp editados por nosotros. Simbólicamente era como meter en el parlamento al 15M, al socialismo utópico y al anarquismo más puro en las entrañas de Leviatán, haciéndole entrega de ese ideario a un diputado del mismo. Sentía cierta emoción tras haber estado recibiendo durante largas madrugadas palos por todas partes en las anteriores protestas frente al Parlamento. Así que por cada palo, un libro. Buen trueque.
Tras la visita obligada por las estancias del Parlamento, la foto de rigor en el púlpito y en la silla del presidente, disfrutando de la increíble biblioteca, de los túneles que unen unos edificios con otros y de las estancias que siempre vemos exageradamente grandes en la tele pero que luego, en la realidad, resultan más pequeñitas (la grandeza de la virtualidad en contraste con lo llano de la realidad) hemos pasado dos horas de intensa comida y sobremesa, recordando a la “gent del barri” y anécdotas de nuestras vidas pasadas. Era divertido tener una larga conversación en catalán en lo más castizo de Madrid mientras en las diferentes estancias y subterráneos de ese lugar cargado de historia y de historias nos cruzábamos con unos y otros personajes de la vida política. Surrealista que dos republicanos convencidos pasearan por la corte del Rey. Interiormente daba un «nosequé» por dentro, hasta el punto de que al regresar al zulito me he pasado más de media hora en el lavabo.
Por supuesto no hemos tenido que representar ningún personaje porque ambos nos conocemos de sobra desde hace muchos años, así que cuando he llegado de nuevo al zulito, me he quitado el mono de trabajo, me he puesto los pantalones de franela que mi ex se dejó olvidados en mi último armario y he vuelto a escuchar el Pata-Pata de Miriam Makeba. Mientras lo hago, recuerdo con cariño a la persona, que más allá del personaje, es un hombre bueno y mejor humano. Así que gracias Joan por el paseo, el rato agradable y la experiencia etnográfica. Habrá más abrazos sentidos…
«Todas las posibilidades del universo esperan en el hombre, como el árbol que espera en la semilla«. (Aurobindo)
Cuando he llegado a casa, algún vecino o vecina estaba escuchando el disco que tanto me gusta de Sigur Rós, Ágætis byrjun (Un buen comienzo), el cual me traslada a tiempos hermosos y sueños imposibles. En mis bolsillos aún quedaban algunas castañas asadas que un momento antes había comprado en la Gran Vía.
Venía feliz paseando con una temperatura agradable intentando recordar palabra por palabra, gesto por gesto, todo lo que Ramiro Calle había susurrado con ese cariño y esa luz suya momentos antes.
A Ramiro lo conocí por sus libros, cuando de adolescente los compraba en la librería Síntesis de Barcelona. Es conocido como el apóstol del yoga y la meditación en España y algunas personalidades como la propia reina Sofia o Rodrigo Rato han sido sus discípulos. Sincronías de la vida, el 17 de enero de 2008 asistí a una presentación de un libro suyo que editaba Planeta y a la que me invitó el siempre generoso J., el que años más tarde me presentó a Ramiro y provocó este encuentro. Ese mismo día conocí al que luego sería socio y amigo LVT. Venía entusiasmado para que le firmara un ejemplar de ese extraño libro, Creando Utopías, que un amigo común, MC, le había regalado. Presidiendo la mesa estaban Rodrigo Rato y la editora de MR, Carmen Fernandez, con la que luego, sincronías de la vida, coeditaríamos un libro conjuntamente entre Séneca y Planeta.
Habíamos quedado para firmar algunos contratos –este año le vamos a editar tres libros que se sumarán a los más de doscientos que ya tiene editados- y cosas de la vida, terminamos en su centro de yoga de la calle Ayala. Nos dimos un abrazo sentido, de esos que duran más de seis segundos y que nacen de aquellos que se reconocen más allá de las formas.
Ecuánime y de corazón compasivo, Ramiro es un ser extraordinario, desprende cariño y amor por los cuatro costados, y cuando habla, no sólo es ternura, sino sabiduría a raudales. Se nota en cada palabra, en cada explicación, el largo recorrido, la simiente crecida, las ganas de compartir todo lo recolectado.
Me ha gustado como hilvana todo su cúmulo de saberes. Como habla de la sombra y de la quietud, de la necesidad de meditar para resetear nuestro disco duro, para limpiar los residuos de nuestra bilis mental. De la necesidad de alimentar con la meditación los otros cuerpos sutiles al igual que hacemos con los físicos. De la necesidad de crear ese hábito para poseer una vida más sana y menos sufriente. Del poder de traspasar nuestro fango, como decía Aurobindo, para poder limpiar nuestras aguas profundas. Y así, ser seres cristalinos, puros, limpios, que podamos mostrar en nuestros gestos y nuestra mirada ese amor y esa paz que Ramiro transmite.
El encuentro de hoy no ha sido suficiente, así que mañana volvemos a quedar para seguir charlando y compartiendo esos viajes más allá de la Quietud.
(Foto: salimos separados porque debajo tenemos un Buda que al final no ha salido, así que somos tres, como en el santo Misterio).
«El hombre loco busca la felicidad en la distancia, el sabio la halla bajo sus pies» James Oppenheim
«Podemos ir danzando según pasan los momentos… con o sin reflexión, el momento Es… así que la música será como un gerundio imprescindible… y si no llega…siempre nos quedará Stay Still… la que ahora escucho mientras me visto para salir a una reunión de trabajo»…
Acabo de llegar a casa mientras recordaba las últimas frases antes de marcharme. Lo primero que he hecho ha sido quemar una barrita de incienso y poner la música que resultó ser la banda sonora del vuelo mágico. Anna Scott y su chelo me han adumbrado y mecido toda la tarde, quizás porque cuando la escucho me transporta a lugares lejanos y a momentos aún no escritos, pero ya registrados en alguna memoria.
Así que con el susurro de ese viento misterioso, de esa letanía de lo cercano, marché andando hasta la Glorieta de Bilbao. Allí había quedado con Vicenta, excelente persona y escritora del libro “Abogados autoresponsables”. Abogada de larga experiencia, y atípica soñadora que durante más de dos horas me ha mostrado su mundo de esperanza, utopía y caminos. Da gusto editar a gente bonita, gente generosa, apartadas de la necesidad imperiosa de vanidades, recompensas y éxitos. La escasez de ego y la grandeza de esa necesidad por compartir iluminan a seres como Vicenta. Y cada vez siento más la necesidad de acercarme a este tipo de personas que se esfuerzan por aportar alegría y luz al mundo. Últimamente disfruto más con aquellos que son capaces de ver en la pobreza una oportunidad y en la riqueza un camino para compartir. Personas que lo han tenido todo o lo han perdido todo, qué más da, porque por dentro, su integridad y sus valores siguen intactos.
Me hablaba Vicenta de lo hermoso que es aprender en pareja. De la majestuosidad de ver en el otro tu propio espejo donde poder ver todo tu lado oscuro y sanarlo. Apreciaba, por su oficio de abogada, esas inevitables rupturas que durante años no hacían más que condenar al otro, criticarlo y amordazarlo en sus errores, sin ver en todo ello una oportunidad, una prueba que la vida nos pone de frente sobre todo aquello que no nos gusta de nosotros mismos.
Da gusto conocer a gente bonita. Da gusto poder ver que ahí fuera hay un mundo por explorar y conocer, y una oportunidad increíble para hacernos más humanos. Me he despedido de Vicenta alegre y feliz, deseándole el mayor de los éxitos literarios, pero sobre todo, deseándole el mayor de los éxitos humanos. El segundo ya lo consiguió. El primero será cuestión de tiempo. Todo se andará… Mientras… seguiré escuchando la música de las estrellas, hasta la saciedad…
Pd.- «Estoy convencido de ello… los sonidos son como mantrans, como poderosas armas invisibles capaces de derrumbar Jericó entera… primero fue el verbo… la palabra perdida de los ritos iniciáticos… el sonido es mágico, la palabra es poderosa… y siempre nos transforma, creando nuevas redes o desarmando lo caduco… ¿qué muro derrumbaremos hoy? ¿qué cielo conquistaremos? nada nos turba si conspiramos…»
Estos viajes de ida y vuelta me relajan y me alejan de las cosas, tomando distancia y viendo la vida con cierta objetividad. Palabra extraña esa de la que desconfío desde que me hicieron científico social. Así que ayer llegué, cogí algunas cosas, entre ellas los libros de la tesis y la bicicleta y cargué el coche. Si entraron los libros para la tesis y la bici significa que este sería el último viaje de mudanza. Los demás serán por placer o por huida, porque huir, correr hasta no poder más, de vez en cuando viene bien. Los amantes de la newage dicen que no hay que huir, que hay que afrontar las cosas. Es cierto, no lo niego, pero donde haya una buena huida a tiempo… Y como digo, a mí me sirve de terapia, puedo coger distancia de las cosas, verlas de forma diferente, refrescar mi mente y mis emociones, relajar mi espíritu y su ansiedad por experimentar aún más vida de la que puede abarcar… Ama tanto el infinito…
Esta mañana temprano, cuando ya estaba casi saliendo, apareció “Le Petit Editor” con su mochila cargada de cds de Joy Division y los Arctic Monkeys, apuntándose a la aventura de pasar unos días en el “zulito”. Así que se va Alma y entra Franc. Y ahora esperamos la llegada de Carlitos para “salir” por el barrio y así echar unas risas de nuestra suerte. Con Franc, Le Petit Editor, como le conocen en el mundo senequista, lo pasamos bien en La Montaña. Vivía por el día en mi casa y dormía, a veces, en la suya. Él me mostró su mundo de adolescente efervescente, inquieto, inteligente, despierto y reflexivo a cambio de compartir la vida loca de «le grand editor», como él me llamaba. Incluso se atrevió a escribir un libro no terminado con ese nombre, relatando las peripecias de este servidor. Ahora hace arte dramático, cosa que le viene al dedillo porque el niño nació para el arte. Ahora solo le queda transformar su existencialismo angustioso, desesperado, autodestructivo casi, en ese vitalismo necesario e imprescindible para comprender que la vida no solo es un regalo, sino que es un regalo que hay que exprimir al máximo…
Está bien esta dinámica de entradas y salidas, me recuerda un poco a cuando vivía en la Montaña, donde mi casa se había convertido en una especie de asrham de retiro donde no paraban de entrar y salir gente. Ahora el asrham es más modesto, pero pronto se convertirá en un imán, en un catalizador, en un transformador o en su defecto, en un revolucionario sistema de amplificación interior… Sea como sea, aquí estamos de nuevo, dándolo todo…
En el marco de la terapia gestalt , la propuesta es experimentar, explorar y trabajar con cuerpo, mente y emociones de forma individual y grupal.
EL PODER DE LA EXPRESIÓN. 4h.
Domingo 17 febrero 2013. Equipo Centro. Madrid. 16.30 a 20.30
La propuesta es explorar, DEJAR DE PENSAR y poder EXPRESAR.
Utilizaremos la danza, el juego, la improvisación, la creatividad…
Con el objeto de conocernos mejor, potenciar nuestra autoestima, conocimiento personal y experimentar el DERECHO A SER quienes somos de verdad.
» Expresarme es legitimar mi derecho a ser como soy. A través de nuestra historia personal hemos ido adquiriendo una serie de condicionamientos que no nos dejan ser. Estamos rodeadas de exigencias de cambio, internas y externas. «
Claro que hay luz. Ayer tomaba un te caliente en la casa de Suzanne Powell, justo a siete minutos de donde vivo. La conversación giró en como asistir a unos y a otros, en como los bancos de alimentos ayudan a muchas familias a tener algo que comer en los tiempos que corren y en como Suzanne apoya con fuerza y desde su fundación todas esas iniciativas. La conversación giró siempre en torno al otro, al otro dolido, humillado, derrumbado, perdido, a veces incluso calumniado por situaciones injustas y terribles… pero que encuentra esos rayos de luz que están ahí para hacer de un momento difícil, algo soportable. Recordé la anécdota de cuando trabaja como voluntario en un banco de alimentos en el barrio del Raval en Barcelona. Como trabajador social de una importante fundación, era el encargado de entrevistar, orientar y ayudar a los que demandaban algún tipo de recurso. A veces eran cosas sencillas como alimentos, como pagar el recibo de la luz o el agua o el alquiler de alguien que no llegaba a finales de mes. Me apasionaba poder ayudar a unos y otros y siempre buscaba la fórmula para que nadie que entrara por esa puerta quedara desatendido. Si la fundación no podía atender algún caso extremo o complejo, llamaba a todos los distritos de Barcelona hasta que encontraba alguna institución, pública o privada, que pudiera ayudarme con esos casos. Habíamos creado entre unos y otros una red de apoyo mutuo. Pronto las colas se extendieron y corrió la voz de que en aquella fundación todos encontraban alguna solución.
No podía evitar con cierta emoción estos recuerdos al igual que ahora tampoco podía evitar el compartirlos tras llegar de una bonita charla que ha dado nuestro querido Joaquin Tamames. Hablaba de luz, de alma, abiertamente, sin tapujos, sin miedo, con alegría, enfocado en ese propósito de compartir esperanza y amor en un mundo difícil. Era hermoso ver a todas esas personas escuchando atentas cosas diferentes, cosas que sabemos que están ahí, que intuimos desde la más tierna infancia humana y que abrazamos con fuerza en el atardecer de nuestros días. Había una frase que me ha impactado especialmente: «dejad que las almas habiten más dulcemente los cuerpos». Luz, claro que hay luz a pesar de todo. Y hay gente que más allá de sí mismas, comparten sus rayos. Gracias Suzanne y gracias Joaquinet…
«La virtud es como una piedra preciosa, mejor cuanto más sencilla sea la montura; y seguro que la virtud está mejor en un cuerpo hermoso, aunque no de facciones delicadas, y que tenga más bien dignidad de presencia que belleza aparente«. Francis Bacon
Hay seres irreductibles, indomables, que no están en venta. Son seres libres, amantes de sí mismos, sin rival, como dijo Cicerón a Pompeyo (sui amantis, sine rivale). Hoy he pasado una agradable tarde otoñal en la cafetería del Círculo de Bellas Artes de Madrid con A., una hermosa mujer de intensos ojos azules, guardiana de un bosque africano y propietaria de una empresa que regenta el cuidado de más de setenta mil hectáreas de arboleda, ríos y montañas cerca de las costas del Índico, en algún lugar entre Zimbabue y Tanzania. Lleva casi veinte años viviendo en la África profunda, rodeada entre bosques, playas y libros. Su empresa da de comer a cientos de familias y su espíritu libre hace de su vida un singular paisaje digno de describir y contar.
Hemos hecho un trueque mínimo. Le he llevado algunos libros senequistas y ella me ha regalado una bonita edición del libro de Francis Bacon “De la sabiduría egoísta” acompañado de un bonito collar africano que según me contaba, era utilizado antiguamente para comprar o liberar esclavos. Este, en concreto, había sido rescatado de un buque hundido en el Índico, así que feliz por el regalo y su simbolismo, me he sentido ciertamente agraciado.
Mujer inteligente además de bella, de conversación profunda, aguda, sensible y penetrante. Capaz de envolverte en una atmósfera mágica con historias de hace mucho tiempo, leyendas e ideas propias de un lobo estepario de vida solitaria, errante y única. Me ha sorprendido su experiencia vital, propia de aquellos exploradores y aventureros de siglos pasados. Hemos hablado de Livingston, supongo, de las leyendas de las minas del Rey Salomón, de puertas dimensionales, de finales de los tiempos, de poetas y escritores, de libros y bosques, de negocios, de empresa, de pasiones y desvelos, de vida, de mucha vida. También de nuestra querida «Lámpara Maravillosa» que ella me desveló hace unos años en un regalo hermoso que conservo con aprecio y gratitud.
Me sorprende comprobar como ahí fuera sigue existiendo personas excepcionales, con historias increíbles y cargadas de tanta y tanta experiencia. Ella, que tiene ganas de retirarse a un lugar tranquilo, ha venido a España para vender sus empresas africanas y retirarse en alguna parte del sur español. Allí seguirá leyendo a Valle-Inclán, con cuya familia tiene alguna relación, y seguirá buceando en los misterios del Espíritu Libre. Recuerdo que hace unos años estuve a punto de viajar a África para organizar una expedición a tierras perdidas. Ella me ha vuelto a retar para compartir ese viaje. Y un antropólogo nunca puede rechazar ese tipo de aventuras, al menos cuando descubre, como decía Lao Tse, que de maravilla en maravilla, la vida se abre…
Gracias de corazón especialmente a Dolores, Naif, María, Koldo y Yolanda, que han estado en primera fila ayudando en la difícil tarea de compartir libros. Y gracias a todos los que hoy nos habéis ayudado y nos habéis apoyado en este bonito día. Gracias también a los amigos de Fundación Ananta por su generosidad y su entrega. Ha sido un día muy feliz de encuentros y reencuentros. Hemos conocido y reconocido a muchos amigos y amigas y hemos compartido abrazos sentidos. Gracias de corazón a todos…