Es Voltaire, una persona doblemente despierta en la consciencia y en lo social, el que nos informa en su libro Micromegas que el 5 de julio de 1737 llegaron a la Tierra, concretamente a la orilla septentrional del mar Báltico, dos seres provenientes de Sirio y Saturno. Para estos seres, los habitantes de la Tierra resultaron diminutos átomos que seguramente, al poseer tan poca materia y por lo tanto mucho espíritu, deberían dedicar su tiempo a pensar y amar. Pero uno de los sabios de ese momento con los que se topó tan ilustres visitantes declaró que nada más de la realidad, sino que eso estaba destinado a un pequeño grupo de privilegiados y que la mayoría son una cáfila de locos, perversos y desdichados, empeñados en matarse, robarse o violarse mutuamente con tal de llenar sus egos de vanidad. Los visitantes quedaron perplejos ante tan ridículo espectáculo y pensaron que se encontraban ante unos seres tan infinitamente pequeños poseedores de una vanidad tan infinitamente grande.
Por suerte, a veces ocurre que nos visitan personas procedentes de otro planeta que entienden que el pensar y el amar son los requisitos indispensables para ser feliz. Ocurrió ayer, en esta humilde morada de la Montaña donde, atraídos quizás por esa luz que nace de los recovecos del alma, visitaron a este humilde morador de silencios y membresías. R. y J.A. llegaron a eso de las siete, puntuales, tal y como habíamos quedado en el cronómetro del tiempo mecánico, y también puntuales en ese otro tiempo que llaman de la cuarta dimensión, diría yo la quinta, referido al momento cuántico. J.A. me habló de sus fuentes, que también fueron las mías tiempo atrás, y me regaló un mapa que me dejó atónito. En el mapa había dibujado el hombre de Vitruvio, ese mismo que cuelga majestuosamente en una de las paredes más grandes de mi casa. El hombre estaba centrado dentro de un gran círculo y representaba un mapa de mí mismo, compuesto por acontecimientos que habían ocurrido en mi vida pasada. Al parecer fue un regalo del mago A.N. para mí, el cual, sin conocerme, pero utilizando unas técnicas que a partir de ahora creo como reales, había dibujado con todo lujo de detalles esos acontecimientos que marcaron mi vida pasada, observando, además, en qué forma podían afectar a mis cuerpos. Así que estos visitantes sirianos y saturninos llenaron la tarde de ayer de encuentros y reencuentros que expresaban la importancia constante de llenar el mundo de pensamiento y amor. Agradezco la visita y el regalo del mapa y la certeza del mismo. Agradezco también que existan personas notables que deseen cambiar el mundo. Así que gracias por estos encuentros tan llenos de magia y alivio.





























