Paseos otoñales


 “Sabes si estás en el camino correcto cuando a cada paso sientes la alegría de vivir”. Alejandro Jodorowsky

Cuando salimos a pasear por el Monte del Pilar llovía a cántaros. No nos importó. Él cogió su vara y nos pusimos el chubasquero andando pausados por los campos pastados por rebaños. Era hermoso compartir historias de vida, hacer un repaso a la política del país, a los inquietantes momentos que estamos viviendo.

Pasamos tristes por la que iba a ser la sede española de la prestigiosa London School of Economics, cuyos cimientos llevan ya meses parados debido a la crisis financiera y la falta de inversión. Cuando era un joven estudiante universitario, siempre soñaba con poder estudiar algún día en un lugar así. Y ahora tengo la sede, inacabada, a menos de quinientos metros de casa. Paradojas del destino. Y pena de no disponer de los diez millones de euros que hacen falta para terminarla.

Tras el hermoso paseo, marché al sur de Madrid para degustar el sabroso menú que se servirá en la cena benéfica a favor de Colores de Calcuta. Aprovechamos para hablar de las cosas de la vida, de los paralelismos que existen en todas partes con respecto a aquello que nos guía y nos refuerza.

Por cierto, recordé en la conversación, hablando sobre la necesidad de seguir escribiendo y de lo impulsivo que a veces parezco a la hora de hacerlo, aquellos tiempos en los que había días donde las visitas al blog se contaban a miles. El record fue un día que casi rozamos las siete mil visitas. Durante muchos meses, especialmente cuando tocábamos temas políticos, las visitas únicas diarias rondaban las mil diarias. Ahora, que todo está calmado, estamos en el entorno de entre los trescientos y los cuatrocientos amigos que nos visitan de forma diaria desde todas partes del mundo. Eso crea cierta responsabilidad y cierto compromiso libre, pero sobre todo, cierta necesidad de dar gracias a todos aquellos que visitan y aportan con sus silencios, miradas o comentarios su granito de arena. Gracias de corazón por estar ahí…

 

Pequeñas historias de esperanza


Estaba leyendo la biografía del escritor norteamericano Henry Miller, especialmente cuando vivió y pasó hambruna en Paris, viviendo debajo de cualquier puente y recibiendo limosna para sobrevivir. Es la típica historia de cualquier artista que haya vivido en cierta bohemia obligada debido a la falta de medios y recursos. Un día, un compatriota le abrió la puerta de su casa, le ofreció una habitación y le remuneró con diez francos diarios para que hiciera con ellos lo que quisiera. La fe de su paisano fue suficiente para que el olvidado artista llegara a la fama mediante la creación literaria.
A veces este tipo de historias te animan, te hacen ver la miseria desde otra perspectiva y sobre todo, te llenan de fe y esperanza. En el fondo, no importa las dificultades. No importa que Miller durmiera durante meses debajo de los puentes parisinos, ahí está su legado, su obra literaria y cultural.
Ayer recibía desde la Montaña la buena noticia de que la biblioteca que rescatamos hace unos años por fin había vuelto a abrir sus puertas. En aquella otoñada ya lejana, un grupo de voluntarios decidimos abrir las puertas de la biblioteca cerrada a cal y canto, olvidada. Estuvo llena de historias bonitas, de donaciones de libros y de aventuras hermosas hasta que una terrible tempestad hundió su techo y tuvo que cerrar hasta estos días en que ha podido ser abierta de nuevo. La de Miller y la biblioteca de la Montaña solo son historias, pero siempre llenan algún rincón del alma de algo positivo, de algo bueno, de algo necesario.

(Foto enviada desde la biblioteca de Mesas de Guadalora, en la Montaña de los Ángeles, con algunos libros senequistas que donamos y lo blog en la pantalla).

Entre liebres y zorros


Hoy hemos hecho más de cincuenta kilómetros en bicicleta. No hemos consumido nada excepto un bocadillo preparado en casa. Hemos disfrutado de los hayedos, de las riberas, de los encinares, de las liebres y los zorros que corrían libres en los bosques. No hemos visto banderas, excepto las cubiertas de las copas arbóreas repletas de vida. Tampoco había primas de riesgo ni deuda en los riachuelos donde disfrutábamos de la verde hierba y el brezo. Me preguntaba qué cosas impedían el que pudiera disfrutar de todo eso sin poder hacer un uso responsable de tantos y tantos recursos que la vida nos ofrece sin pedir nada a cambio, excepto respeto y equilibrio.

El alcornoque no pedía la independencia a la mata ni esta monopolizaba la sombra o el sol. No había celebración de goles ni noticias de guerras entre las hormigas que gozaban con las migas de nuestros panes. Lo único que perturbaba el lazo místico natural era la mano del hombre que parcelaba la tierra, contaminaba los ríos y destruía los arenales. Sentía una mezcla entre felicidad y tristeza. Felicidad por el ciclo maravilloso de la vida libre, del viento golpeando nuestras caras a cada kilómetro, a pesar del extenuante cansancio, pero también de cierta tristeza por ver como el hombre lo destruye todo, incluso la libertad. Hemos perdido el sentido armónico de convivir con naturalidad, en plena unidad con la naturaleza. Y esa propia naturaleza de la que formamos parte, se arrastra en nuestras entrañas pidiendo ayuda.

Entre iguales


Acabo de llegar a casa. Me he puesto el pantalón de yogui que compré en Calcuta por un euro. Hace unas horas pasaba por el Congreso y la policía que hace tan solo unos días nos aporreaba con la porra, ahora se mostraba amable y complaciente. Llevaba una credencial que me permitía acceder hasta el teatro de la Zarzuela y con el traje gris comprado en el barrio de Salamanca no daba la sensación de que fuera un “antisistema”. Así que entré, y con la suerte de ser “invisible”, pude entrar al palco que estaba justo a cien metros de las personalidades. Así que a menos de cien metros tenía al presidente de la república italiana, al presidente de la república portuguesa, al presidente del Congreso y al rey de España. Todos ellos rodeados de personalidades, de ministros, de exministros, de personas relevantes de la economía y la política. Había un ambiente cordial y respetuoso, lleno de elocuentes discursos en pro de la concordia y la unión de los pueblos del mundo.

Ayer había un sentimiento de horizontalidad. Me gustó esa constante premisa entre los amigos que intentan poner en marcha la iniciativa de One Calendar. Llevé unos libros para donarlos a la sede del WTT de plaza Castilla y así celebrar el encuentro. Alguien creó una estrella con los cinco libros. Me gustó como entre los nueve se creaban sinergias entre Urano y Neptuno, la conjunción que según el profundo astrólogo que nos acompañaba, estamos viviendo en estos tiempos. El amigo K. se quedó dos noches en casa y ayer nos deleitó con una ensalada para cenar.

Mañana voy a conocer a un famoso chamán mexicano que viene a España de la mano de L., el empresario amigo que nos acogió en su casa de República Dominicana. Será un grato reencuentro y será hermoso compartir un rato agradable con gente bonita.

En uno y otro sitio podía ver personas, puntos de luz en la mente de Dios, luminarias vivientes que intentaban comunicarse los unos a los otros utilizando códigos, engranajes simbólicos y a veces arto complicados pero de una sencillez irreductible a los ojos del alma. Por eso en todos los escenarios era capaz de sentirme a gusto, entre iguales. Con o sin corbata, con ricos o pobres, con altos o bajos… No importa si somos capaces de ver al otro como un igual, en la mágica horizontalidad de la visión profunda.

Redescubriendo al verdadero Morador


«Existe un fascismo que se halla dentro de todos nosotros, que acosa nuestras mentes y nuestras conductas cotidianas, el fascismo que nos hace amar el poder, desear aquello mismo que nos domina y explota». Michel Foucault

En el mundo de la Gran Ilusión, ¿quién es el verdadero Morador?

Cuando haces una tesis doctoral, el ministerio de Cultura te facilita un carné de investigador con el que tienes acceso a lugares que para un editor se consideran auténticos templos de la arquitectura vital y cultural de una sociedad como lo es la Biblioteca Nacional de Madrid. El mío estaba caducado y no traía ningún documento que acreditara que fuera investigador. Por suerte, cuando escribes algún tipo de ensayo, el ministerio te considera una «autoridad», así que la amable secretaria me ha buscado como «autoridad» y allí estaba mi nombre y ciertos registros de mi curriculum académico que desconocía pudiera llegar a manos del ministerio.

Es curioso como el principio de clasificación humana hace que estés registrado en ciertas estadísticas y que, depende de lo que anden buscando sobre ti, seas tal o cual cosa. Así que como ahora sé que soy una autoridad para ellos, cada vez que venga a la Biblioteca Nacional, en vez de ponerme la camisa blanca del H&M que compré ayer en las rebajas por 4,95€ y con la que hoy circulo panchamente por sus salas cargada de académicos ilustres, quizás deba rebuscar en mi armario algún tipo más adecuado a mi nuevo estatus.

Aunque pensándolo bien, y los que me conocéis un poco podéis dar testimonio cierto, lo bueno o lo malo de ser libre, o al menos, sentirte un poquito libre en tu fuero interno, es que por la mañana puedo ser capaz de desayunar con un rey, almorzar con un príncipe, merendar con un acaudalado burgués y cenar horas más tarde con un paria de la calle.

Cuando miro a un ser humano me gusta hacerlo mirándolo a los ojos, que siempre reflejan realmente su verdadero estatus en la jerarquía cósmica. Y es ahí donde veo auténticos príncipes donde otros ven mendigos y codiciosos rateros donde otros ven a ilustrísimas señorías. Así que seguiré de momento investigando los quehaceres de esta sociedad que nos ha tocado vivir, intentando descubrir en la mirada del otro su auténtica nobleza y siendo en todo momento complaciente con su proyecto vital. Estaré atento, porque en cualquier esquina puede haber un verdadero príncipe de la luz, y su homólogo de las tinieblas…

Hay que saber mirar y reconocer al Morador que habita en el otro y en nosotros mismos, y señalar con el dedo de la prudencia y la humildad su verdadera condición de poder.

El Rasta sin rastras


 

Tras un corto fin de semana en la Sierra de Gredos, el domingo hice un rápido viaje hasta Córdoba. El motivo es que mis padres, tras un mes de convivencia con el pobre Rastra, habían sucumbido a sus encantos y han decidido adaptarlo. Así que el domingo por la tarde estaba ya con los tres, el lunes acompañé a mis padres a la estación del AVE y luego fui corriendo al veterinario para pelar, desparasitar y vacunar a Rastra. Le pusieron el chip, le hicieron el carnet de identidad perruna y le pusimos un collar. El perro parecía otro. Me dio una sensación extraña el hecho de insertar a un perro semisalvaje, que vivía en completa libertad -con sus peligros-, en el mundo civilizado humano. Esa misma tarde del lunes hice el viaje hacia Madrid con él. Estaba alucinado por todos los acontecimientos. Su primer viaje en coche lo hizo perfecto. Y ayer, para celebrarlo, le dimos un paseo por la Casa de Campo. Ahora estará dos semanas con nosotros en la Sacedilla y en luego de nuevo viaje hacia Barcelona. Al final la realidad se impuso y aquel tímido perrito que vino hace unos meses a compartir cierta soledad ahora se ve insertado en la familia. Qué cosas tiene la vida…

Crear una empresa en España


En la delegación de la Agencia Tributaria de Pozuelo de Alarcón, en la sección de Censos, en ese lugar donde tienes que presentar el Modelo 036 para dar de alta una actividad empresarial, había un hombre bueno.

Y como había un hombre bueno, funcionario, atento, amable y considerado, preocupado por ofrecer un buen servicio al ciudadano, es bueno que se diga. Porque siempre estamos acostumbrados a esa mala imagen que a veces el funcionario de turno ofrece al ciudadano, pero en muchas ocasiones te encuentras con excepciones agradables que merecen ser destacadas como ejemplo de lo que debería ser un correcto servicio.

En España resulta muy difícil crear una empresa. Empecé mi periplo burocrático el 4 de junio con la Sección de Denominaciones del Registro Mercantil Central de Madrid. Este fue de los pocos trámites que se podían realizar de forma digital, sin necesidad de largas colas ni esperas ni prolongados enfados. La certificación número 12084904 tardó pocos días en llegar. Dharana Press SL no figuraba registrada, así que me emitieron el consiguiente certificado de reserva.

El siguiente paso fue el de abrir una cuenta e ingresar tres mil euros. Ingresé tres mil treinta y tres para ser más exactos. Lo hice en Triodos Bank, un banco que practica la banca ética y que da garantías de que no utilizará nuestro dinero para fomentar la industria armamentística, por ejemplo. La burocracia de los bancos, aunque sean éticos, a veces también es lenta. Así que tuve que esperar hasta el 4 de julio para tener toda la documentación emitida por la sucursal de la calle José Echegaray número cinco, central de este banco que se sitúa en la vecina localidad de las Rozas de Madrid.

Así que con el certificado del Registro Mercantil Central y el certificado del banco Triodos Bank, el siguiente paso era la notaria. Me pidieron papeles y más papeles, algo de dinero y menos de cuarenta segundos de mi tiempo para que el notario Don Ignacio Luis Cuervo estampara muy amablemente su rúbrica en los estatutos de la nueva sociedad.

A partir de aquí, una odisea de sellos y más sellos oficiales, de dinero y más dinero, de horas esperando, de carreras interminables de un sitio a otro. La Comunidad de Madrid, en su Dirección General de Tributos te solicitan el modelo 600 de autoliquidación en concepto de Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados. Con ese documento pude ir a la Agencia Tributaria de Pozuelo. Allí me pidieron papeles, más papeles y otros papeles que no disponía. Cuando ya lo tenía todo, es decir, los sellos oportunos en el papel oportuno, llevé todos los papeles de nuevo al Registro Mercantil de Madrid, pagar las tasas y esperar casi un interminable mes para volver de nuevo, pagar más tasas, coger los papeles y los sellos en los papeles e ir de nuevo a la Agencia Tributaria, donde esperaba el amable funcionario, el único que con delicada y paciente atención ha demostrado que detrás de todo este mundo de exceso de burocracia, lentitud y anacrónica forma de crear riqueza, existen personas buenas y amables.

En total, para crear una empresa en España, tienes que tardar una media de entre dos y tres meses y preparar una media de entre cuatro y cinco mil euros. Creo que los futuros gobiernos tendrán que trabajar mucho en el futuro para que cualquier persona libre y de buenas costumbres pueda crear su propio puesto de trabajo, su empresa o su negocio con menos recursos, impedimentos y tiempo. Eso sí, y motivar a su funcionariado público para que al menos, algunos como el de hoy, te alegre el eterno periplo.

3 años, 2 meses, 14 días y 16 horas…


«Muévete y el camino aparecerá» (Proverbio Zen)

Dicen que cuando uno camina es porque busca el camino. A veces ocurre que el camino te encuentra a ti, y sin querer, te atrapa y te embulle.

Eso pensaba mientras hoy marchaba a Correos a llevar algún que otro paquete y recoger algún que otro sobre. Allí me esperaba un interesante manuscrito muy bien presentado y explicado. Eso me hacía saborearlo y curiosear su contenido, porque cuando recibes algo que no esperas y está bien cuidado, lo mínimo que sientes son ganas de explorarlo. Así que me senté en un tranquilo banco a la sombra de cualquier árbol en una perdida plaza de la ciudad. Empecé a leer la increíble historia y me sentí satisfecho por esta casual profesión de editor.

A veces te llegan tesoros hermosos que descubres con cierta alegría. Respiré hondo mirando a ninguna parte, meditando y contemplando bajo el oculto espectro de la gnosis todo cuanto me rodeaba. Estaba apacible y sereno hasta que llegó una señora mayor y se sentó a mi lado. Me gustó la compañía, pero de repente, sacó de su bolsillo un amenazante cigarrillo que encendió sin tapujos en todas mis narices. Le tengo pánico al humo del tabaco, así que salí como un perro herido hacia ninguna parte, pero con cierta prisa y cabreo.

Empecé a andar y andar y andar sin rumbo y sin saber porqué de repente tenía tanta prisa por llegar a ninguna parte. Me acordé de Forrest Gump cuando un día empieza a andar y no puede parar durante la friolera de 3 años, 2 meses, 14 días y 16 horas. Sentía ganas de hacer lo mismo, quizás hasta que pisara una mierda, como el protagonista de la película, y contestara al destino con ese peculiar It happens.

No pisé ninguna mierda, así es la vida, pero de repente me vi de frente en las afueras de la ciudad. Un sol abrasador era mi único compañero junto con una larga carretera de infinito horizonte. Seguí andando, así hasta cuatro horas bajo un candente sol de verano. Ni siquiera sé como pude llegar a mi destino sin comer y sin beber en esas cuatro interminables horas. En esa exégesis mística me hallaba, buceando por las veredas del recuerdo después de un año de interminables cambios. ¿Alguna conclusión? Ninguna, solo muchas más ganas de seguir caminando al menos durante 3 años, 2 meses, 14 días y 16 horas. Hasta reventar. Como el lagarto de Jaén, engullido por el camino.

Por la Sierra de Gredos


Hacer la revolución puede cansar, sobre todo si la llevas haciendo desde los quince años, si has estado cuatro años en caza y captura por insumiso, si has colaborado de forma voluntaria en ciento y una causas desde muy pequeñito. Recuerdo que con diez o doce años montamos una especie de grupo ecologista llamado «El Lince» y nos dedicamos a poner nidos de pájaros en los árboles que había junto al río. Luego creamos otro grupo, ya más adolescentes, que llamamos «Flores de asfalto», también de talante ecológico. Hicimos muchas reuniones y alguna actividad, pero todo quedó en la anécdota… Y luego la Cruz Roja, y Caritas y … Son tantos años de activismo que el otro día, en la manifestación por Madrid le decía a Pilar, una joven entusiasta que gritaba indignada como nadie que la revolución es lenta, porque siempre debe empezar por nosotros mismos, reconociendo nuestras miserias como humanos, y esta, tal y como decía en el libro «Creando Utopías», dura toda una vida. Y te das cuenta cuando te miras al espejo y ves al humano real, y no al ideal que siempre perseguimos, y lo vemos agotado, temblando, errático, patético. Cuando el otro día llegué de madrugada a casa tras enfrentarnos a los policías por los que estábamos allí (se lo dije a un policía cuando me increpó diciendo: «tú que eres el payaso del grupo» y le contesté, «no, soy un ciudadano que está aquí por vosotros, los funcionarios»), me sentí un poco estúpido ante la paradoja. ¿Qué hacía yo de nuevo, a mi edad, metiéndome en líos, defendiendo a funcionarios que solo se acuerdan de lo social cuando tocan su ombligo y que encima te lo agradecen, como hacían los polícias, a base de golpetazos? Por un momento me sentí ridículo e idiota. Así que al día siguiente nos fuimos a dar un paseo por la Sierra de Gredos para intentar reflexionar. Pero la cara de idiota me duraba aún, así que entré en cierto estúpido autismo y no paré de dormir en todo el fin de semana. A veces es mejor apagar la máquina y vagabundear por el mundo de los sueños todo cuanto se pueda. Si no fuera por eso, la realidad se haría insoportable.

Oriente en Occidente


En la comarca burgalesa de Rivera del Duero, tierra de vinos y corderos, en Castilla y León, está Aranda, una noble villa de origen medieval. Podría ser una de las ciudades más antiguas de España, pero fue destruida por los musulmanes en 939. En el siglo X renació con la repoblación cristiana después de la Reconquista, creando las bases de la ciudad que es ahora.

A las cinco de la mañana amanecía en Madrid y hasta Aranda de Duero he acompañado esta mañana a un amigo que daba un curso de verano organizado por la Universidad de Burgos. El nombre del curso: Yoga para una vida más plena. Asanas, pranayama, nadis, surya namaskar, yama, niyama, dharana, shamadi… Más de cuatro horas de intensa clase de hatha yoga y filosofía oriental donde los más de setenta asistentes han disfrutado de algo especial y único. Resulta curioso ver como las tradiciones orientales, en un mundo donde la antigua espiritualidad está en plena decadencia, se abren hueco nuevas posibilidades de espiritualidad a la carta. Sea como sea, este sincretismo extraño quizás sea la puerta necesaria para reencontrarnos con nuestras propias esencias.

Con las manos en la masa


Preparando croquetas vegetarianas para el domingo…

Además de ser un excelente ejercicio de meditación, cocinar nos ayuda a relajar las tensiones del día y a enriquecer con cariño nuestros cuerpos físico y vital.

Esta vez he preparado unas estupendas croquetas de espinacas.

Echas en una sartén un puñado de espinacas con una cebolla troceada. Añades sal y cualquier otra cosa que se te ocurra, como setas, champiñones o zanahoria.

En otra olla más grande haces la bechamel. Primero con una cucharada de margarina a la que vas añadiendo poco a poco un poco de harina. Cuando esta esté tostada, añades un poco de leche (de vaca o de soja) y empiezas a remover… Luego vas echando harina y leche hasta que quede una masa al gusto… Enseguida añades las espinacas con cebolla frita y sal al gusto. Remueves hasta que consigas una pasta compacta.

Una vez enfriada la masa, con dos cucharas puedes hacer la forma, rebozando primero en harina, luego en huevo y finalmente en pan rallado (con ajo y perejil está más bueno), y de ahí, a la sartén con abundante aceite. Bon apetit!!!!

En fin… un plato exquisito si queréis sorprender con algo original y rico…

Las dos universidades


El campus de Somosaguas de la Universidad Complutense de Madrid estaba desierto a esas horas. Algunos estudiantes despistados deambulaban por aulas vacías y pasillos eternos. Teníamos asamblea anual en la asociación de antropología a la que pertenezco desde hace años. Sentí de repente cierta añoranza. He estado tan distraído estos años que había olvidado el motivo por el que me marché hace siete años de Cataluña: adentrarme en el mundo académico, lo cual hice intensamente durante los dos primeros años de mi exilio.

Salí de la reunión con cierto entusiasmo interior, recordando cuando daba clases en el instituto Duque de Rivas o cuando daba clases en la Universidad de Sevilla y disfrutaba realmente con la docencia, con eso que llaman enseñar, que no es más que aquello a lo cual los antiguos llamaban «transmitir».

Eso mismo, transmitir, es lo que hemos hecho en la otra universidad, la espiritual, la que se teje en los espacios arquetípicos, en las estrellas soñadas por los antiguos, herederas del bagaje de los dioses que alguna vez transmitieron la luz y la lucidez a los hijos y las hijas de los hombres. En ese espacio donde la infinitud se confunde con nuestra parte finita hemos dedicado un tiempo hermoso a eso que llaman meditación, que no es más que la conexión consciente entre ambas partes, entre ambos mundos, el finito y el infinito.

Luego he tenido una bonita cena en el jardín del Morya. Cena acompañada de reflexiones y confesiones que atañen a la cordura y la introspección. He preferido volver andando, acompañado por la luna, siguiendo el borde de «El Pardo», vigilado por ciervos y corzos. Esta finca resulta ser la parcela real, la cual ocupa el 25% del total del municipio de Madrid y está bien protegida. Resultaba extraño estar en el puente de la A6 contemplando tan semejante espacio a izquierda, al fondo Madrid y a mi derecha mi pequeña parcela, separadas tan solo por un raquítico puente. Sea como sea, la luna estaba ahí, libre, sin parcelar (aún).

Las señales de Caín


Mayo siempre se cubre de una magia extraña. Al menos, los últimos que recuerdo siempre han sido asombrosos. Hoy ha sido un día de esos que son difíciles de olvidar. Quizás porque andas más despierto, más en sintonía con esa especie de don superior que la naturaleza, a veces, tiene la generosidad de compartir. Y me refiero a esa luz que se desliza suave por la mente y abre no sé sabe que puertas que nos hacen ver con claridad qué hay más allá de los velos.

Los generales retirados que viven cargados de guardaespaldas y que comparten vecindad con nosotros no imaginan que cada vez que salgo de casa y veo esas madreselvas cargadas de verde, ese césped bien cuidado y esos asombrosos árboles que cobijan este lugar tranquilo, me transporto de repente a la ciudad universitaria de Göttingen, donde viví durante un tiempo.  No siento ninguna emoción especial, pero sí observo como la hierba de este lugar se asemeja a aquella de allí. Quizás sea porque fue en mayo de hace algunos años cuando me fui a vivir súbitamente a esa tierra del norte de Alemania.

El año pasado, también en mayo, nos colocamos mirando a la Meca y por primera vez pude inclinar mi cabeza por debajo del corazón. Bonita alegoría mientras recitábamos un sutra dedicado a An-Nur, la Luz. Enmayo de 2010 también ocurrieron cosas increíbles bajo el cálido manto de un increíble y completo arco iris. Un exceso de experiencias que marcarían el principio de una nueva etapa.  En mayo de 2009 andaba cerca de Göttingen, en aquella increíble granja de caballos en el norte dela Baja Sajonia. Aún recuerdo aquellos desayunos a las seis de la mañana, poco antes de salir a la aventura de la vida bucólica en el campo.

En fin, historias… solo historias.

Pero todo esto venía a cuento porque hoy tenía una cita con nuestro misterioso Tom Farrell. Quedamos a las cinco en el histórico café Gijón de Madrid. Lugar perfecto, a pesar del precio del café, para charlar sobre libros y otras cosas. Esta vez traía consigo un nuevo libro, un nuevo episodio sobre ese tipo de cosas que no suelen contarse en los telediarios, pero que resultan imprescindibles para entender las cosas de la vida que nos rodea.

Mirando a Tom Farrell se nota que supera la media de coeficiente intelectual. Escuchándolo se reafirma esta convicción. Y leyéndolo, ya sea por la mañana o a la luz de la luna, la claridad es máxima. Tres horas de intensa conversación, y de nuevo, tres horas de intriga.

Tras estar con él, paseé un poco por el Paseo del Prado, por Recoletos, por la Puerta de Alcalá, me senté en el Retiro y seguí caminando dejando atrás el Ritz donde el año pasado compartía desayunos con empresarios y políticos. Llegando a la estación de Atocha, justo esquina con Delicias, alguien empezó a saludar. Eran la alcaldesa y el teniente de alcalde de La Montaña. Y aquí reside la magia, la sincronía, la paradoja y el misterio. La primera vez que vi a Tom Farrell fue en la Estación de AVE de Córdoba. Allí me encontré casualmente con la alcaldesa y el teniente de alcalde momentos antes de ver a Tom. Y hoy, momentos después de estar con él, me topo, junto a la estación del AVE de Madrid, con la alcaldesa y su acompañante. Increíble. ¿Sólo una coincidencia? Puede, pero extraño, muy extraño, como todos los mayos…

Antes y después


Una semana dura, intensa. Hacer hogar es difícil, pero es hermoso pintar una a una las paredes de la que debe ser tu nueva casa. Pintura ecológica, brochas, recortes. Una semana de no parar pero al final ha merecido la pena. Ahora se percibe luz, más luz…

Una nueva tierra


Hoy ha sido un día de lo más burocrático. Hacía siete años que no me empadronaba en un nuevo lugar. Así que desde hoy soy un nuevo miembro de la Comunidad de Madrid. Recuerdo aquella frase célebre del president Pujol cuando dijo eso de que catalán era el que vivía y trabajaba en Cataluña. Pues supongo que tras haber sido catalán y andaluz, ahora toca ser madrileño. No está mal. El caso es que desde hace pocos minutos tengo ya instalado el que será mi nuevo escritorio, mi nueva mesa de trabajo, mi nuevo refugio, mi nuevo templo, mi nuevo palacio. Desde aquí espero que salgan muchas inspiradas voces y que surja efecto esa frase que hace posible inventar paisajes, trayectos, avenidas y todo cuanto surja en el horizonte lejano de la vida. Un tres de mayo lluvioso y cansado, pero lleno de rituales sociales que hay que tener en cuenta.

Viajes de ida y vuelta


Ayer salimos a media mañana de Madrid hacia el sur. Ya teníamos la cama y algunas cosas que habíamos comprado, pero aún faltaba mucho para crear hogar. Esta casa es espaciosa, rodeada de jardines y si asomas la cabeza se puede ver el bosque inmenso. Una calle más arriba tenemos un monte cargado de árboles donde pasearemos más de una tarde. Y pistas de tenis y de pádel y piscina y jardines con césped muy bien cuidado. El cambio ha sido muy positivo, y quizás por ello ayer corríamos hacia Andalucía para llenar el coche de mis cosas, algunas cosas. Libros, ropa, más libros, impresoras, sobres… Hay que volver a empezar y teníamos prisa. Así que tras pasar una noche en el sur nos enfilábamos con el coche cargado dirección Madrid.
Pasamos una buena tarde con los perros. Estaban asombrosamente gordos, señal de que los vecinos, unos y otros, los están cuidando. Ellos, fieles, seguían en el mismo sitio donde los dejamos, quizás esperando nuestra vuelta. Cuando paseamos por la que fue mi otra casa me miraban con cierta tristeza. Habíamos pasado muy buenos ratos en aquel jardín. En todo caso, gracias a aquellos que están cuidando de estos amigos. Y toda una pena el que no hayan podido también viajar con nosotros a la gran ciudad.

La Sacedilla


Ayer fue un día de muerte y resurrección, de vuelta a empezar, una nueva oportunidad para emprender una vida nueva. Y el universo, que siempre que sigues su camino conspira de forma extraña, nos ha regalado un hermoso lugar para celebrarlo.

Hoy es nuestro primer día aquí, y nuestra primera noche. Tras terminar la mudanza que durante dos días nos ha tenido distraídos, hemos llegado y para celebrarlo, una vez estaba todo más o menos en su sitio, hemos hecho una hermosa meditación.

Llovía y el incienso de Nag Champa perfumaba el ambiente cargado de buenas intenciones. La India penetraba en nosotros y nosotros penetrábamos en esta nueva tierra cargada de promesas. Es una alegría poder ver los árboles. Y poder ver, desde la ventana de una de las habitaciones, los picos nevados de Navacerrada.

Mañana a trabajar desde una nueva óptica, desde un nuevo panorama. Ahora sí, de nuevo en Madrid. Que Dios bendiga a esta casa y sus moradores.

Lo único que permanece es el cambio


De nuevo mudanza. Cambios. Perspectivas. Ilusiones. Promesas. Sueños. Muchos sueños. Por la tarde paseábamos por primera vez por las nuevas calles y las plazas y los rincones que deberán soportar el peso de nuestra nueva vida. Había en el cielo una luna creciente. La gran luna de Wesak que pronto llegará. La luna nueva de Tauro. El festival espiritual del budismo y que en Occidente, algunos grupúsculos celebramos con esmerado respeto y admiración.

En pocos días estaremos ya en el nuevo hogar. Hace unos meses me deshacía de toda una vida y ahora debo, cosas de la vida, volver a empezar. Comprar nuevos cubiertos, nuevos sillones, nuevas estanterías, nuevo escritorio, nuevas sillas y mesas y… Con lo que conseguí en la subasta de mi casa apenas hemos podido comprar un sillón y una cama. Qué cosas tiene la vida, qué paradoja tan grande.

Pero así es mejor. Todos los objetos están cargados de energía y parece que tienen vida propia. Y este era tiempo para quemar en la hoguera de los recuerdos el pasado y volver a empezar de nuevo. Tabla rasa. Un nuevo ciclo y una nueva oportunidad. Ya lo dicen en Oriente: lo único que permanece es el cambio. Y nosotros, en este momento único e irrepetible, deseamos permanecer.

Esta noche hemos recibido desde República Dominicana unas fabulosas fotos de nuestro periplo. Nos hemos quedado anestesiados por su calidad. Es como si el fotógrafo o la cámara hubieran robado el alma de los que allí posaban. En fin… un bonito broche con un bonito recuerdo para un día hermoso y tranquilo.

Resuelto el misterio de Luna


Ayer fuimos a pasear y acabamos en un lugar perdido donde, para sorpresas del destino, nos encontramos a la perrita Luna con sus… ¡¡¡cinco lindos cachorritos!!! Resuelto el misterio de su desaparición… Y nos quedamos tranquilos por el final de la historia.
Un fin de semana tranquilo donde nos hemos contagiado de ocio y trabajo, de largos paseos y una grata comida de campo en la casa de unos amigos.
Hoy toca de nuevo viaje a Madrid… Nos espera una semana de búsqueda de nuevo hogar y de más viajes… Mientras, estamos preparando la edición de algunos libros interesantes que espero que podáis pronto disfrutar… La primavera vuelve con fuerza, alegría y muchas ganas de compartir.

Luna, primavera, viajes…


Esta mañana eran las siete cuando los perros, que encontraron donde estaba establecido y hacen guardia en la entrada de la casa las veinticuatro horas, llegaron conla desaparecida Luna.Laemoción fue increíble. Luna había vuelto y los otros dos estaban como locos. Ha sido un buen regalo de primavera. Un buen despertar al nacimiento del estallido y la expresión de la vida mientras apuro los últimos días en La Montaña antes de emprender un doble viaje hacia Madrid y con visos de hacer realidad el viejo sueño de visitar las montañas sagradas del Tíbet. El Kailash espera impaciente la visita y nosotros atentos, muy atentos, para emprender el Sendero del Silencio.

El propósito es reunir todas las mentes para crear UNA MENTE


La cosmovisión de aquel niño de ocho años siempre me impresionó de forma increíble. Hoy se presentó dos veces. Una en sueños y otra mientras ordenaba viejos papeles. Encontré éste que he podido fotografiar. Solíamos hacer croquis de cómo él entendía el universo, el cosmos y sus diferentes dimensiones. El niño dibujaba rápido mientras me explicaba emocionado todo lo que parecía “recibir” de otros mundos. Información y más información de vida en otros planetas, de formas diferentes de entender el mundo y todo lo que en él se desarrollaba. Había pensamientos realmente revolucionarios en su mente de niño sabio. Era asombrosa su visión del tiempo, de la mente, de la vida, de la consciencia y de lo humano. Cuando una tarde le pregunté cual era el propósito de la vida me respondió de forma contundente: “el propósito es reunir todas las mentes para crear UNA MENTE”.

Su visión era multidimensional. Es decir, estábamos integrados en diferentes dimensiones y por lo tanto, vivíamos diferentes vidas en un mismo “momento”. El tiempo era un entramado de vivencias y convivencias que se desplegaban ante nuestra inconciencia. Pero lo que más me asombraba era la convicción con la que afirmaba todo. Tenía tanta certeza ante sus increíbles palabras que no podía más que atender y aprender de todo cuanto decía, explicaba, mostraba y enseñaba.

Grandes sabios hay tras esos pequeños e inocentes gestos de la infancia. Ha sido grato recordarlo y por supuesto compartirlo.

La felicidad se administra en los pequeños gestos


Ordenar miles de libros, salir un rato a dar un paseo, trabajar en libros con el calor de la chimenea, pasear entre riberas y tumbarnos en la hierba tras saborear un salmorejo y una de bravas. Ayer tocó paseo por San Calixto, un lugar lleno de increíble fuerza no sólo histórica, sino telúrica. Se notaba cuando paseábamos entre sus montañas o cuando nos dejábamos abrazar por las interminables sombras de sus centenarios eucaliptos. La vida parece tranquila, intentando disfrutar de las cosas sencillas. Los perritos han descubierto nuestro nuevo refugio y ahí se han instalado. Son increíbles. Su fidelidad y amor incondicional no deja de sorprenderme. Fuimos a verla casa. Seguíaahí. Fue una sensación extraña. Pero no había tristeza ni apego. Solo paz interior.

Viaje al sur


Hoy volvemos al sur. Allí tenemos una pequeña casa familiar donde guardé todos los libros y las pocas cosas que me quedaron de la mudanza. Cuando digo pocas, me refiero a grupos de cosas que fueron básicamente dos: algo de ropa y libros, muchos libros, miles de libros.

Así que estaremos unos días ordenando libros porque había tantos que en esa pequeña casa de menos de doscientos metros no cabían todos, y ahora andan repartidos entre las bañeras, las cuatro habitaciones, el salón, la chimenea… Un desastre, pero así es la vida de editor en tiempos de crisis.

También ahora comprendo la importancia del espacio que poseía hasta hace tan solo unos días. Cuatrocientos metros de casa dividida entre oficina, almacén de libros y hogar hacían una buena función. Ahora se me presenta un pequeño problema logístico diferente a cuando vivía entre España y Alemania. En aquella época la editorial era pequeña y apenas teníamos una docena de cajas que repartíamos por la inmensa oficina que teníamos en la céntrica calle José Cruz Conde de Córdoba. Ahora la editorial ha crecido tanto que deberé pensar como reorganizar toda la logística y el almacén… Y a veces lo pienso y me pregunto si todo eso tiene sentido ante el reto del mundo digital y los ebooks… Algo me dice que sí, que el papel no puede, no debe desaparecer. Un libro siempre será un libro y el conocimiento, aunque navega rápido por la red, jamás podrá detenerse plácido e inmortal en una vieja estantería de madera cargada de polvo, pero sobre todo, de recuerdos inmemoriales. Un libro de papel siempre puede ser regalado, y firmado, y tomado de la mano de un amigo. Siempre me ha encantado regalar libros y quizás eso choca frontalmente con el «negocio» que poseo. Ser empresario de libros y ser un amante de los libros a veces tiene sus cosas. Así me va… Pero el disfrute y la riqueza que todo este mundo me aporta no tiene precio. Y solo podría cambiarlo por mi otra gran pasión: la antropología.

Hemos cocinado una tortilla de calabacín para el viaje, lo que sale en la foto son los montoncitos ordenados que han salido tras el primer corte. Ahora toca disfrutarlos en el viaje… Plácida carretera que siempre espera la aventura del loco soñador…

La búsqueda


“La felicidad es una mariposa que cuando la persigues no se deja atrapar, pero si te quedas sentado tranquilo y quieto, quizá se pose sobre tu hombro”.

N. Hawthorne

A los pies de los montes que rodean El Escorial, alguien nos enseñaba una bonita casa anclada en un paraje natural y extraordinario. De repente fijó su atención en una pequeña ventana que resultaba ser la más grande de todas. Decía que esa era una gran ventana, y entonces, de repente, me vino a la memoria los grandes ventanales que conformaban toda mi casa. No sentí melancolía ni tristeza, pero sí algo extraño en el interior. Pasará mucho tiempo, pensaba, hasta que vuelva a disfrutar de esos ventanales y de esa luz que entraba por toda la casa a todas horas. Es tan difícil construir una casa de luz en un mundo de tantas sombras.

Suele ser algo desesperante bucear por casas, por pueblos, por ciudades, en búsqueda del lugar ideal para vivir. Tras pasar dos días de búsqueda, llegamos a la conclusión de que encontraríamos el lugar adecuado en el momento adecuado, quizás sin tener que hacer ningún esfuerzo, tan solo esperando alguna señal que identificaríamos como inequívoca. De alguna manera, algo interior nos avisaría, sentiríamos que ese sería el lugar, y la señal inequívoca sería alegría y entusiasmo. Ese convencimiento interior vio cierta luz cuando hoy, un amigo nos escribía desde Camboya y nos decía que tenía una hermosa casa en un lugar ideal en el centro de Madrid, en el barrio de Malasaña, el barrio de la “movida” madrileña, el barrio de las Maravillas. Algo nos decía que quizás ese pudiera ser el lugar. Veremos que ocurre, porque en este mundo volátil, todo es posible. Lo cierto es que cuando hemos dejado de buscar, hemos encontrado, como esa mariposa que se posa en nuestra mano cuando dejamos de perseguirla.

Sólo aquel que a nada está ligado, a nada debe reverencia


 

 

Acojamos el tiempo tal como él nos quiere

Shakespeare, Cimbelino

 

Me acaba de llegar un cargamento de libros del título “Franciscanos, místicos, herejes y alumbrados”. Era un pedido antiguo que se había perdido por la calle López de Hoyos de Madrid, lugar donde viví hasta agosto del año pasado y que hoy he podido recuperar, cosas de la vida seis meses después, en alguna otra parte de Madrid. Es como si todo hubiera cambiado y nada hubiera cambiado.

Lo cierto es que esta mañana hemos empezado la búsqueda de un nuevo hogar. Abandono mi casa y ella hace lo mismo porque, según me dice, la madurez y el compromiso hay que demostrarlos con hechos. Así que deja su bonita casa para que juntos emprendamos un nuevo reto, porque qué mejor hecho que el de estar juntos empezando de cero, sin recuerdos del pasado, compartiendo la ilusión de construir algo nuevo y compartido. Esa generosidad me da confianza. Una empresa sólida siempre se construye con cimientos sólidos. Y aquí estamos, poniendo piedra sobre piedra en este gran angular.

Y la búsqueda empezó en el hermoso barrio de Aravaca, donde un buen amigo nos esperaba para enseñarnos un hermoso piso a estrenar que nos podrían dejar a buen precio. La idea inicial era encontrar un lugar tranquilo rodeados de naturaleza. No deja de ser curioso como se afinan los sentidos cuando has vivido largo tiempo rodeado de campos y montañas. Ese silencio de la naturaleza contrasta con el rugir constante y la polución de la gran ciudad. Pero uno se hace a todo y las exigencias pueden adaptarse a los tiempos que corren.

Tras recorrer el barrio, el buen amigo, buen cumplidor de promesas, traía entre sus manos el libro de Stefan Zweig, “El mundo de ayer. Memorias de un europeo”. Qué mejor regalo a un editor que un libro, especialmente cuando el libro nos traslada a nuestro pasado más reciente de manos de un desposeído apátrida sin tierra y sin raíces, que perdió tres veces su casa en guerras y devastadoras experiencias personales, en un momento histórico, el siglo XX, donde todo parecía desintegrarse entre guerras y conflictos. Hay una frase desgarradora en su comienzo que he querido hacer mía por la complicidad y empatía de ambos momentos, el suyo y el mío: “Tres veces me han arrebatado la casa y la existencia, me han separado de mi vida anterior y de mi pasado, y con dramática vehemencia me han arrojado al vacío, en ese no sé adónde ir que ya me resulta tan familiar. Pero no me quejo: es precisamente el apátrida el que se convierte en un hombre libre, libre en un sentido nuevo; sólo aquel que a nada está ligado, a nada debe reverencia”.

Primer día en Madrid


Mientras paseaba por las calles de Madrid con Joaquin hablando sobre lo divino y lo humano nos cruzamos cerca de las puertas del Congreso de los Diputados con su presidente. Iba rodeado de guardaespaldas y fumaba un enorme puro. Jesús Posada caminaba tranquilo, cabizbajo. Tuvo tiempo de levantar la cabeza y observar con cierta incredulidad a la extraña pareja. Un señor elegante acompañado de un joven con la nariz y la ceja partida. La imagen del político me ha recordado al Napoleón del libro de Orwell “Rebelión en la Granja”. Decía el escritor que el poder produce corrupción y despotismo en cualquier nivel. Cuando veía el gran puro del gran político, recordaba uno de los mandamientos de la granja Manor: «Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros«.

Momentos antes habíamos pasado un rato agradable en el Hub de Madrid. Allí, la cineasta Sholeh Hejazi nos presentaba su proyecto “Ciudadanos del mundo” compartiendo un rico almuerzo vegetariano cortesía de Pablo Sánchez y su tienda Bioplanet en un ambiente agradable y lleno de reflexiones en torno a la idea de ciudadanos y súbditos. Paradójica reflexión sobre el concepto de súbditos del despotismo y la política en la que vivimos hoy día, política de caciques de grandes puros y ademanes de Napoleones nacidos en granjas Manor.

Luego tocó paseo intenso con Carlos por el barrio Lavapies, por la plaza Santa Ana y por las calles de un Madrid que ya me resulta familiar, íntimo, cercano. Así que mi primer día en esta ciudad ha sido de vértigo, sin parar, sin detenerme, como si lo que ocurriera ayer fuera algo que ocurre todos los días y como si lo más natural del mundo fuera afrontarlo con sincera lejanía.

Estoy fluyendo en esta ola del Zubuya, en este cuarto creciente que parece de vértigo, como si una corriente inmensa tuviera mucho que decir y expresar, como si lo que ayer pasó tuviera que haber pasado hace mucho tiempo y ahora toca recuperar el tiempo perdido. Estoy en Madrid buscando casa nueva, con la esperanza de que esa casa se convierta pronto en hogar. La vida corre… no se detiene. La cojo, la abrazo fuerte, y danzo con ella.

Volver a nacer


Estábamos a la altura del 400 de Linconl Road, comiendo un bocadillo de setas con cebolla y queso fundido en el Paul, un agradable restaurante frecuentado por turistas de Miami Beach. El lugar tenía wifi gratis así que aprovechamos para poner al día los correos. Hacía una temperatura agradable en Florida. La ciudad estaba plagada de personas que venían de todas partes del mundo para pasar un invierno agradable. En uno de los correos estaba la noticia. El banco había aceptado la operación de la dación en pago. Mi casa, mi hogar, mi refugio, a cambio de la hipoteca de trescientos mil euros. No me esperaba esta “buena” noticia. Buena porque aceptan la operación sin tener que seguir pagando nada. Quedaría con el expediente limpio y sin deudas con nadie. Menos buena porque perder una casa en la que he invertido todos los ahorros de una vida a cambio de nada y sin posibilidad de empezar de nuevo en ningún otro sitio resulta una decisión dura, muy dura. Después de la experiencia en el Caribe, intenté tomarme esta noticia con humor, como si fuera una broma más del destino. Así lo hice hasta que llegué a la casa ayer mismo y me di de bruces con el jardín plagado de recuerdos, con la inmensa luz que recorre todas las habitaciones y estancias, con la amplitud del lugar, con sus muebles, sus detalles, sus inolvidables reminiscencias. Recordé las experiencias que me contaban en República Dominicana cuando pasa un huracán. Cuando familias enteras lo pierden todo y deben empezar de nuevo. Pensé que la vida a veces es así. Te viene un huracán en forma de enfermedad, de pérdida, de fracaso, de ruptura, de lo que sea, y hay que aprender a soportar el peso de la realidad. A veces hay que sucumbir al destino y la fortuna. Así que aquí estoy, apurando mis últimos días en esta inmensa casa y perfilando fórmulas para la nueva vida cotidiana. El futuro espera, el presente ya pasó. Toca valentía y coraje, mucho coraje. Fuerzas tengo, optimismo me sobra, voluntad albergo. Toca volver a nacer, otra vez. Ahora estoy haciendo un inventario de las cosas que no me podré llevar a ninguna parte. Las intentaré vender, así que estáis invitados a participar en esta subasta de cosas a precios simbólicos.

Dejar penetrar la luz


Tras desayunar, me dejé llevar por la llamada de la vida. Terminé a media tarde en Madrid. Un viaje rápido, directo, clarificador. Diría que liberador. El corazón a veces te lleva a lugares donde la mente racional no puede continuar, donde la lógica no puede seguir. Abandonado a lo irracional, puedes llegar a cuotas lejanas de trascendencia, de realidad, de vida. Pasé la noche abrazado con fuerza al infortunio, pero deseoso de creer en la esperanza que nos hace humanos y capaces.

Al día siguiente, un hermoso paseo por la sierra norte de Madrid, contemplando el juego de colores y temperaturas que este invierno extraña a todos. A las pocas horas, estábamos sentados en el Plantío para celebrar la meditación del plenilunio de Capricornio. La gran fiesta, la reunión con el grupo subjetivo, con los amigos del alma, con el júbilo de compartir y dejar penetrar la luz. Luz, más luz, de nuevo.

Me sentía feliz, plenamente feliz. En paz, radiante, con cierta luz en los ojos, con cierto brillo en la mirada. El alma respondiendo de nuevo a la llamada. Y de repente, esa voz que te dice: “todo está bien”. Así lo sentía, así lo expresaba en total libertad. En el centro permanezco, desde donde surge el alma, trabajando, sirviendo, derramando por todas partes vida, desde el centro del corazón al mundo.

Feliz Navidad


Noche de paz, noche de luz, noche de amor, dice la tradición. Noche de familia, de compartir, de regalar momentos, de festejar un acto que refleja la voluntad de muchos de proteger el bien, de sentir la mágica presencia de la esperanza, de soñar con un mundo mejor, con un mundo más humano, más angélico, más lleno de Gracia.

Feliz Navidad a todos, que la Luz nazca en la cueva de vuestros corazones, que caliente y aliente al amor y conduzca a la paz personal y universal.

Un pensamiento y un abrazo muy especial a los que hoy están, estáis solos. Especialmente para esa vieja amiga que me pidió que hoy la recordara y lo hago con mucha ternura y amor a pesar de tener al Atlántico que nos separa, pero al cielo que nos une.

Dejemos que el “Niño” nazca en nosotros y que la bella tradición nos salpique de confianza, Alegría y entusiasmo.

Un poco de karma yoga


Hoy era un día para estar trabajando en el jardín, en manga corta ya casi en diciembre gracias al solecito y a los más de quince grados que nos acompañan estos días. He aprovechado el día también para hacer de peluquero con el perro “Rastra”… Es tan bueno que ni se ha movido. Da gusto tener amigos así. He limpiado un poco el desordenado sótano, los jardines y el comedor. He comprado pintura y quizás dedique algunas horas a retocar algunas paredes y techos.

Me apetecía un poco de actividad física después del susto que nos llevamos ayer. Iba con dos amigas a pasar una tarde agradable en Córdoba. De repente, en una rotonda, un camión empezó a dar marcha atrás arrastrando varios metros nuestro coche. El susto del accidente no fue nada en comparación con la actitud del conductor del gran camión, que bajó como un energúmeno y casi se lía a tortazos con nosotros, cuando había sido él el que había provocado el accidente. En fin… anécdotas para el recuerdo.

Por lo demás parece todo tranquilo. Intentando trabajar más de quince horas al día para que la campaña de Navidad sea más exitosa que estas duras semanas donde la actividad económica ha sido prácticamente nula. Supongo que todos están ahorrando lo que pueden para pasar unas Navidades lo más dignas posible. La vida sigue con sus cosas…