¿Sobrevivirá el enfermo?


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Hoy hemos pasado una bonita velada en casa de unos amigos en un pequeño pueblo fronterizo con Guadalajara. Hemos admirado los hermosos halcones que nuestro anfitrión disponía para su oficio de cetrería y quizás por no estar acostumbrados a ese tipo de imágenes, nos ha sorprendido ver como los halcones comían pollitos congelados que troceaban pacientemente con el pico, arrancando de cuajo cualquier parte del mismo, empezando por la cabeza y siguiendo con el resto.

Como suele ocurrir a veces en este tipo de encuentros, alguien nos preguntó ante las once personas que componíamos la mesa el por qué somos vegetarianos. Realmente nunca sabes qué contestar para no herir sensibilidades y prefieres desviar la pregunta porque incluso a nosotros nos resulta violenta la respuesta.

Cuando un doctor en medicina detecta un mal, un virus o un cáncer y pone todo su esfuerzo en erradicar ese mal y lo consigue se le aplaude y se le estima. No curre del mismo modo con los doctores sociales, esos que de forma igualmente científica son capaces, con un previo análisis crítico, detectar los males y tumores de nuestra sociedad y buscar, además, recetas para su cura.

En antropología siempre enseñamos eso de la distancia antropológica, de la necesaria obligatoriedad de buscar en los hechos y fenómenos que observamos cierta disciplina objetiva. Sin duda resulta algo extremadamente difícil, pero al igual que cuando encontramos un bulto en la cabeza y el doctor diagnostica que es un tumor y hace todo lo posible por extirparlo, los agentes sociales son capaces, de igual forma, de detectar un tumor social y buscar recetas para erradicarlos. Al menos eso debería ser lo normal cuando existen conflictos sociales, es decir, debería ser normal consultar a los científicos sociales sobre diagnósticos y soluciones.

¿Y qué tiene que ver todo esto con la pregunta de si somos o no vegetarianos? Sin querer entrar en cuestiones morales, que siempre son subjetivas y afectan a la sensibilidad de los tiempos y las diferentes culturas, sí me atrevo a decir que mucho. Mucho en cuanto como científico social me atrevo a diagnosticar que vivimos en una sociedad enferma, narcotizada, sin valores y desfasada en cuanto a la gestión de la violencia, la ignorancia y el miedo. Me atrevo a pensar, y esto es ya más una opinión que un análisis riguroso,  que la violencia está estrechamente relacionada con lo que comemos y consumimos en la mesa diariamente. Que la ignorancia tiene mucho que ver con esos pequeños actos de consumo diario y de que el miedo asume su papel de responsabilidad a la hora de agotar todas las posibilidades antes de actuar o cambiar nuestros hábitos.

Ser o no ser vegetariano no es tan sólo una cuestión de higiene personal, sino también una cuestión de salubridad social. Lo achaco más a una cuestión de consciencia. No es lo mismo tener una consciencia de halcón, el cual, por su propia naturaleza se ve obligado a descuartizar un trozo de pollito congelado para sobrevivir, como en el ejemplo de más arriba, o una consciencia angélica, que de existir, se alimentaría, suponemos, posiblemente directamente de los rayos del sol sin necesidad de tener que elaborar esa síntesis energética por complejos mecanismos de digestión y asimilación de alimentos. En el fondo todo está bien siempre que exista un poderoso equilibrio. Está bien que el halcón cace ratones y está bien que el león coma cebras y que el ser humano coma según su grado de consciencia o sensibilidad un tipo de alimento u otro. Lo que no está bien es cuando ese ser humano, o cualquier otro tipo de vida, enferma como ecosistema y reproduce un tumor.

En nuestro caso, el tumor es evidente. Asfalto, edificios, violencia, egoísmos, superpoblación, consumo, capitalismo salvaje, guerras, hambrunas, contaminación… La lista sería casi interminable. Insisto: sólo debemos contemplar como cuidamos de nuestro cuerpo y nuestro entorno. Pero el doctor social, por pura supervivencia en este mismo sistema, o por miedo, prefiere callar el diagnóstico y evitar la cura. ¿Para qué herir sensibilidades ante un sistema agotado y en fase terminal? En cuestión de cien o doscientos años el edificio que hemos construido se derrumbará por propio agotamiento. Y las consecuencias serán nefastas ante la magnitud de lo que hemos creado. ¿Sobrevivirá el enfermo? Sólo me atrevo a decir algunas cosas: haga usted dieta, física y social. Recicle. Cambie el egoísmo por la generosidad hacia uno mismo y hacia el entorno. Sea saludable y equilibrado con uno mismo y con los demás. No consuma cosas, consuma experiencias. Disminuya su dieta a base de carnes y venza el miedo y las resistencias a base de cultura y conocimiento. Reconozcamos ante nosotros mismos y los demás que hemos creado una sociedad enferma y busquemos alianzas y conductas que nos ayuden a rectificar. Seamos felices y equilibrados, y en definitiva, lo demás vendrá por añadidura.

(Foto: © Misha Gordin)

 

Madrid: le merde


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Hoy los habitantes de Madrid hemos amanecido enterrados en mierda. Cuando cruzaba las dos calles que me separan del local no podía dar crédito a lo que veía. Basura por todas partes, cientos de bolsas tiradas por todos los rincones. Llegué a la puerta del local y casi no podía entrar. Lo primero que hice, después de suspirar paciente, fue buscar el recogedor y la escoba, una gran bolsa de basura industrial que luego se convirtió en dos y empezar a barrer la calle.

Me sorprendieron varias cosas. La primera, viéndola y recogiéndola con mis propias manos, es la cantidad de residuos que tiramos a la basura todos los días del año de todos los años de nuestra existencia. Más de tres millones de habitantes tirando todos los días basura y más basura no sólo por los cubos, también por los desagües. Millones de personas tirando y tirando cosas a veces inútiles, porque de todo me he encontrado esta mañana, y la mayoría de las veces, innecesarias. Luego me preguntaba dónde iba toda esa mierda, toda esa basura, toda esa inmundicia sin nombre. No quiero ni pensarlo, porque como digo, es la mugre de más de tres millones de habitantes.

La otra cosa que me sorprendió es la actitud de la gente ante lo que estaba ocurriendo. Una huelga del servicio de limpieza se había dedicado toda la noche a esparcir nuestros desperdicios por todas las calles a modo de protesta. Sobre esto no opinaré porque podría extenderme, pero sí aluciné con la actitud pasiva, pasota y despreocupada de todo el mundo. Los abuelos se quejaban, los adultos miraban insultantes al verme recoger la basura y el resto pasaba de largo como si eso no fuera con ellos. El incivismo o la falta de consciencia de lo grupal, de lo común, me sorprendió. Encima, a los pocos que nos atrevíamos a recoger algo nos miraban con extrañeza, como si fuéramos extraterrestres o algo parecido.

Cuando vi la actitud de la gente amplié el marco de limpieza y empecé a recoger también los portales de al lado, los del frente, los de la calle anexa. Más de una hora limpiando hasta que al menos media calle quedó decente. Pero todo parecía inútil ante la pasividad del mundo entero.

Madrid lleva ya meses extremadamente sucia. Pero lo de estos días debería hacernos recapacitar sobre como somos, como actuamos y como dirigimos los asuntos que afectan a toda la comunidad, incluidos nosotros mismos. El incivismo y la falta de consciencia hacia tantas cosas a veces me sobrepasan. De otra forma, ¿qué se puede esperar de una sociedad narcotizada y sucia por dentro? ¿Qué podemos esperar de una sociedad que contamina sus pulmones con alquitrán, las venas con alcohol y los estómagos con cadáveres? ¿Qué esperar de una sociedad de viles pasiones, deseos oscuros y egoístas y pensamientos que sólo juzgan o critican en vez de construir un mundo mejor y más sano? Un mismo patrón en más de tres millones de actitudes parecidas sólo puede crear un cáncer social, o lo que es peor, plantar las semillas de su propia autodestrucción. Así que sigamos así, en este viva la Pepa, hasta que terminemos por cargarnos todo. Absolutamente todo.

La vía ciudadana


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Me hubiera gustado que mañana se hiciera una vía humana que naciera desde lo más recóndito de l’Empordà, que atravesara toda Catalunya, toda Valencia, toda Murcia, toda Andalucía y de ahí hacia el norte, atravesando todas y cada una de las ciudades de esta arrojadiza península… ¿Y por qué no penetrar de paso en Portugal y seguir por Francia, Alemania y el resto del mundo? ¿Acaso los problemas que todos tenemos, en Cadaqués o San Sebastián de los Reyes o Filipinas, no son los mismos? ¿Acaso no tenemos un claro problema económico, social, cultural y político en todos y cada uno de los pueblos de este planeta y a todos los niveles?

Me hubiera gustado que mañana no se celebrara la victoria o derrota de reinos absolutistas, de monarquías añejas, de macabros y remotos momentos históricos que de una forma anómala para los tiempos que corren, se les atribuye un halo pseudo místico, de gregario colectivo, de tribu enfocada en unos tótenes surrealistas y alojados en un tiempo anacrónico e inexistente.

El mundo de hoy no entiende de vías ni de cadenas… ¿más cadenas? Ni tampoco entiende de derrotas ni victorias. Estamos en la era del networking, del win-win, donde todos ganamos y nadie pierde, de la colaboración, del ayudarnos unos a otros, de las redes y del flow, donde todos estamos conectados no tan sólo los unos con los otros, también los unos con la vida y los otros con la existencia.

Decía Ortega y Gasset que el problema catalán no se puede resolver, sólo se puede conllevar. No veo realmente un problema catalán, más bien un problema nacionalista heredado de una edad media aún no superada, igual de peligroso y anacrónico que esos patriotas que enarbolan banderas como la española orgullosos de pertenecer a un Leviatán cualquiera, ignorando que esa construcción histórica es igual de mentirosa que la idea de pertenencia a uno u otro lugar por el hecho de haber nacido, cosas de la vida, en una u otra parte. El problema no es del pueblo catalán, sino del macabro uso que de su cultura y de su lengua ha hecho la política endogámica que busca saciar su sed de intereses perpetuos. Y esa política siempre es la misma, en 1714 y en 2014. Es la de los señores que usan a los pueblos para llevarlos a las guerras y al conflicto con tal de, en un estúpido tablero de ajedrez, jugarse el poder. La política de la ignorancia, de la ceguera intelectual, de la falta de autojuicio y autocrítica, de la escasez de verdadera independencia como individuos libres y emancipados. ¿Acaso no veis, catalanes, españoles o lo que seáis o creáis ser, como nos tratan, como nos manipulan, como nos ponen unos contra otros, como nos engañan con esos cuentos?

¿Por qué el pueblo catalán, o cualquier otro pueblo capaz de autocrítica, no puede ver ese juego macabro de unos pocos sobre todos? ¿O es que acaso el sentimentalismo dócil es tan manejable que en poco menos de una década ha sido capaz de remover la ignorancia hasta límites tan insospechados, anulando la lucidez y la autocrítica de todo un pueblo? ¿Acaso no es el problema Leviatán, es decir, la suma de nuestras ignorancias, egoísmos y cegueras? ¿Entonces, por qué esa lucha insensata por crear nuevos leviatanes a espaldas de los otros pueblos de iberia? ¿Qué clase de ciudadano incívico e ignorante daría la espalda a cualquier ciudadano de cualquier religión, país, nación o color? ¿Y no es esa la sensación que desde fuera de Cataluña se percibe? Ese “espanyols, busqueu-vos la vida que nosaltres anem a la nostra”.  Es como esa sensación que se tiene cuando un edificio se derrumba y los vecinos, en vez de ayudarse unos a otros a rescatar a los heridos salen en estampida libre cada uno en ese sálvese quien pueda. ¿Qué ocurriría si ahora Alemania y Francia abandonaran el barco europeo porque creen que este se hunde? O dicho de otra forma, ¿de qué manera podría yo también independizarme de mis vecinos, de mi ciudad, del estado, de la nación, incluso, de mi cultura?

Quizás ocurra, como un buen amigo me decía ayer: no me entero de nada. Debe ser eso, que como León Felipe, estoy cansado de tantos cuentos. Cuentos, cuentos, cuentos, no me contéis más cuentos… Ni de patrias, ni de naciones ni de banderas. España es un cuento, Cataluña es un cuento, tú eres verdadero, de carne y hueso, y no necesitas de ningún cuento.

 

 

 

 

 

La vergüenza nacional, de nacionalismos patrios, «Relaxing cup of café con leche in Plaza Mayor» y otras fantasías.


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La verdad es que vivimos en un país de pandereta. Hoy lunes quería escribir sobre cosas positivas, sobre el amor a los animales o la importancia de la meditación vespertina, pero admito que me es imposible. Intento colocar una piedra sobre otra para levantar el templo de la paciencia y el sosiego, pero me resulta irrealizable. Si el discurso de Ana Botella se cortó misteriosamente por una tormenta (qué misterios), a mí me ha cortado la digestión.

Este país no es serio. Si fuera dirigente político, jamás se me hubiera ocurrido presentarme en el ámbito internacional para defender lo indefendible. Menos aun con ese esperpento escatológico de representantes que no iban para dar ilusión a un país, si no para frotarse las manos en el productivo mundo de las comisiones. Hablemos claro para entendernos. Los únicos interesados en conseguir unas olimpiadas en nuestro país son aquellos que van a recibir algo a cambio a base de comisiones de todo tipo. La jugada es simple. Comisiones de la banca, comisiones de las constructoras, comisiones de organizadores, facilitadores, y un largo abanico de comisiones que luego terminan todas en paraísos fiscales o en «casos Bárcenas» que de vez en cuando se destapan para tapar con una gran pantalla de plasma toda la mierda, y con perdón, que hay detrás de ese ridículo y anecdótico caso. La casa real y el gobierno saben de lo que hablo, ¿verdad?

Pongamos un ejemplo reciente. Coloco al más acomplejado de la clase en el puesto debido. Él coloca al más tonto de la clase en su puesto, a Mariano, que le falta un hervor y seguro que hará lo que le diga. Hecha esta primera jugada, se hace la segunda, que es quitar al alcalde de Madrid y ofrecerle un suculento puesto de superministro de justicia para así colocar a la mujer del acomplejado en la alcaldía. ¿Y qué hacer ahora? Pues seguir enriqueciéndome a costa de los españoles, que somos como medio tontos y a pesar de las corruptelas, los asaltos al poder y las ayudas a la banca a costa de sanidad, educación y despilfarro, no se enteran de nada.

Los más listos de la clase se dan cuenta de la mandanga y deciden hacer lo que hacen los listos de la clase, es decir, ir a su rollo y a su bola ignorando al resto. ¿Os acordáis cuando el más listo de la clase no os dejaba copiar los apuntes? Pues eso. Esa es la aventura patria catalana, que descubre de la noche a la mañana la solución a sus problemas (que dicho sea de paso son los problemas de todos): la independencia. Se crea un corralito ideológico, se compra voluntades a base de subvencionar, a cual régimen totalitario, todos los medios de comunicación, se crea una masa “crítica” a base de “estás conmigo o contra mí” y de la noche a la mañana hemos creado una unión totalitarista donde no vale otra idea que la que el régimen esgrima.

Son muy listos estos nacionalistas. Ya me echaron de la universidad y de Cataluña por pensar diferente hace años. Como no podían llamarme facha me llamaron anarquista, oveja negra y demás. Así que me exilié fuera de Cataluña para tener que aguantar «los cafés con leche in plaza Mayor», que ya no sé qué es peor.  Menudo tinglado de pensamiento único que están montando en nombre, válgame la ignorancia, de algo que dan por llamar “libertad”.  Fijémonos si no en el último eslogan de ERC: “Ningú no podrà aturar la determinació de posar data a la democràcia i votar per la independencia”. Sin duda la frase me da terror. “Nadie podrá parar la determinación de poner fecha a la democracia y votar por la independencia”. Nunca había visto tanta contradicción junta en una sola frase. Pero el mensaje es bien claro: no hay otra alternativa que votar independencia sí o sí, y nadie podrá parar esta determinación, y a eso le llamamos democracia. Toma hurmiento para el más listo. Lo siento, pero esto en mi pueblo, que además es un pueblo catalán, se llama totalitarismo, pensamiento único y absolutismo disfrazado de libertad y democracia.

¿Me dejan ustedes elegir si deseo o no para mi tierra la independencia? ¿Pueden ustedes por favor dejarme respirar tranquilo y pueden de paso, no gastarse mis impuestos en banderas, banderas y más banderas? Al fin y al cabo, lo triste de esta historia y de la que el pueblo tampoco se entera, es que el rollo de la independencia tiene que ver también con el café con leche de nuestra ilustrísima alcaldesa de Madrid: comisiones. En este caso, para los listos de la clase.

Sobre Obama y las comisiones de la guerra mejor hablar otro día. Ahora, meditemos un poco para no salirnos mucho más del tiesto utópico. Ommmmm…

Pd.- Autodeterminación sí, independencia también, pensamiento único, no gracias…

Cartas Persas


 escrache

Se apagaba la tarde cuando recordaba escuchando el rondo allegro de la Pathetique esas paradojas de la historia, por ejemplo, esa en la que Montesquieu, unos de los padres del Siglo de las Luces, murió ciego. El barón fue uno de los inspiradores de la Ilustración, movimiento que incita la caída del absolutismo y el fin de una estructura social caduca reinada por privilegiados que gozaban de inmunidad fiscal y judicial y el resto, esos vasallos sin derechos que trabajaban para la casta dominante y sobre los que caía, además, toda la carga tributaria. ¿Os suena? La otra paradoja es que fuera un barón el que pensara estas cosas.

Pues repasando las Cartas Persas que ayer un sabio catedrático mencionó de paso en otra tarde agradable, nos damos cuenta de lo poco o nada que ha cambiado la historia, y que de una forma draconiana, la especie humana repite patrones insertados en su cráneo reptiliano, sin haber avanzado mucho en cuestiones de igualdad, fraternidad y libertad.

Por eso cada día creo más en esas teorías conspiranoicas que hablan de que estamos dominados por una raza de reptiles, como los de la serie “V”. Tiene su lógica, porque aún nos seguimos peleando por el territorio (ver los patriotas y los nacionalistas de ambos bandos), aún seguimos temiendo a nuestros hermanos (el temor hacia el otro es uno de los indicadores más visibles de nuestra involución social) y aún seguimos con esa estúpida necesidad de acaparar cosas como hacían nuestros primitivos ancestros para sobrevivir al duro y nefasto invierno (veánse las modas de temporada o las compras compulsivas en el Ikea los fines de semana de cosas inútiles e inservibles).

Pero esta decadencia, de raza y de sociedad, puede ser también el indicativo de que otro siglo de las luces está por llegar. Solo hace falta que nazca otra oleada de espíritus como Montesquieu, Voltarie, Diderot, Rousseau, Buffon o nuestro Jovellanos. Sólo hace falta ir sembrando las semillas para que aquellos que nazcan con fuerza y vigor, sean capaces de marcar el camino de los nuevos tiempos que ya están naciendo.

Los privilegiados de nuestra época algún día dejarán de subir el IVA y dejarán de tener los privilegios heredados del absolutismo trasnochado. Dejarán de ayudar a los bancos a costa de nuestra educación y sanidad y dejarán de provocar que una persona libre y de buenas costumbres, por una circunstancia ajena a su propia naturaleza, padezca la humillante y deplorable situación de tener que abandonar su casa por un infortunio transitorio de la vida.

Algún día nacerán esos espíritus lúcidos que se levantarán contra todo esto y lucharán por la justicia social y por la armonía entre los humanos.

¡Esperad! Escucho algo ahí fuera… ¡Sí! Son ellos, son los nuevos Montesquieu, Voltarie, Diderot, Rousseau, Buffon o nuestro Jovellanos… Son el panadero, el jardinero, el electricista y el taxista que están haciendo un nuevo escrache en la casa de un privilegiado… ¡Sí! Escuchad, son ellos, la gente de la calle, los nuevos Montesquieu, Voltarie, Diderot, Rousseau, Buffon o nuestro Jovellanos que han resucitado para traer ¡¡¡ luz, más luz !!!

Segregación sexual en las sociedades postmodernas


 wc 

Me invitó a su casa. Estaba malita. Le llevé un tarro de miel y unas hierbas de tomillo para infusión. Pasamos horas sin poder dejar de hablar. No me importaba que fuera una escritora famosa. Ni su belleza de diosa ni su aura divina. Me gustaba su inteligencia a la hora de abordar uno y otro tema. Le pregunté su opinión sobre la segregación sexual, un tema sobre el que andaba pensando estos días, y me aportó interesantes conclusiones sobre ese y mil temas más. Porque todo está enlazado, todo está unido. Y la inteligencia une, no separa.

Durante siglos se ha luchado por intentar romper con la dicotomía de las segregaciones. Se abolió la esclavitud, se criminalizó el apartheid, se consiguió el voto de la mujer y los derechos de las mismas, se terminó con la caza del judío, del masón, del comunista…

Han sido muchos los logros de estos dos últimos siglos, pero no han sido suficientes aún. Le explicaba mi experiencia de hace unas semanas cuando participé en un retiro Vipassana. Había unas normas muy estrictas supuestamente inspiradas para que el método de meditación funcionara a la perfección. Entre todas ellas, una me llamó especialmente la atención. La esmerada segregación sexual con el que los hombres y las mujeres eran separados, segregados y aislados. Y el género, ¿cómo se separa? Nos preguntábamos.

De repente me vinieron cientos de ejemplos diarios que ocurren a veces sin darnos cuenta y que funcionan de igual forma. Por ejemplo en los servicios públicos, donde aún existen bien delimitados los de mujeres y los de hombres. O en los deportes, donde unos y otros corren detrás de una pelota o lo que sea pero siempre segregados por sexo y género. O en la propia religión o incluso en algunas escuelas, donde hay colegios para niños y otros para niñas.

Hablamos sobre esto que me preocupaba y me preguntaba si no estamos aún a años luz de ser una sociedad y una civilización aún por emancipar y aún por liberar de muchos tópicos arcaicos. ¿Por qué nos separan por motivo de género o sexo? ¿Por qué lo permitimos?

Acabo de llegar a casa tras una tarde agradable con ella. Tras un día maravilloso, de contacto con el mundo real, con personas de carne y hueso que podía tocar y mirar a los ojos. Y solo veía almas bellas, almas poderosas, almas grandes. No veía a hombre o mujer, solo espíritus, luminarias, hermosas luminarias. ¿Por qué nos separan?

La biología del territorio ante la impotencia sexual


 primates

El macho alfa siempre ha estado programado para poseer territorio. El motivo de la posesión siempre ha sido la conquista, es decir, el impulso que le atrapa hacia el territorio es la toma de la hembra. Biológicamente siempre hemos estado predeterminados a conquistar territorio como sinónimo de poder, y por lo tanto, de adquisición de hembras. Si no existen hembras, el macho dominante pierde el interés por el territorio.

En nuestro mundo, los roles siguen siendo en la mayoría igual de primitivos. El hombre se arma hasta los dientes de lo que ahora llamamos civilizadamente “estatus”. Un buen estatus es aquel que te permite poder social, ya sea gracias a un buen patrimonio, un buen puesto de trabajo, un gran coche. La jerarquía sigue siendo igual que en los primates más primitivos y en el subconsciente seguimos actuando de igual forma.

La pérdida de “territorio” podría significar para el hombre pérdida de poder. Ocurre lo mismo con las naciones. La obsesión de los nacionalismos es la conquista y emancipación del territorio. La impotencia sexual de los individuos clama con más fuerza en la unión de un sentimiento común: “nuestro territorio”. No es más que un complejo subconsciente que encuentra soporte en una plataforma común, un mero reflejo de nuestra potencia o impotencia sexual. Necesitamos territorio porque necesitamos conquista.

Por supuesto no se puede coger el todo por las partes ni viceversa, es sólo un ejemplo de cómo podemos funcionar en nuestros arraigos primitivos, modernizando o adaptando los roles a los nuevos tiempos. Pero resulta sospechoso que en pleno siglo de las redes (añorados siglos de las luces) sigamos discutiendo por territorios, patrimonios o presumiendo de potentes automóviles o fincas. La sospecha se traduce en algo tan sencillamente biológico como el derecho de conquista y demarcación.

Además, en una sociedad con los roles de género tan marcadamente distorsionados o invertidos, el hombre que no sigue el patrón “territorial” es estigmatizado, y la mujer que asume el rol de “hembra dominante” es mirada con cierto recelo y desconfianza. La cuestión de genero, confusa en una sociedad confusa permeabiliza a los “invertidos” para sopesar el rol.

La gente se aturdiza con juegos como el futbol, que no pretende más que clamar la territorialidad de un juego donde se protege un territorio (la portería) para conquistar un gol (el orgasmo primitivo) tras el chute de un balón (símbolo femenino). No es más que la exclamación de la impotencia orgásmica mal reconducida. Por eso hay tanto futbolero en la parte emocional-social y por eso hay tanto patriota-nacionalista en la parte intelectual-social. No es más que la exclamación de una impotencia que busca salida comunal en arraigos primitivos.

Lo patético de esta situación es que aún nos comportamos como puros mamíferos en celo, quizás de forma inconsciente en la mayoría de los casos, pero como puros primates (y con perdón de los primates).

Bomberos, los nuevos héroes


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bomberos

bomberos

El rechazo de los bomberos a colaborar en el desahucio de una anciana en Galicia me recuerda también cuando se enfrentaron a los policías en las protestas ciudadanas del año pasado. Quizás el ejemplo del cuerpo de bomberos sea lo más parecido a los héroes de nuestro tiempo, porque saben, porque lo tienen claro ante su consciencia, de qué lado están y saben a quienes deben rescatar.

Algunos jueces parece que también empiezan a salir de su letargo y no tienen miedo a condenar a quién tengan que condenar por corrupción, poniendo en orden toda esa perversa realidad de nuestros días donde los que menos tienen terminan perdiendo lo poco que les queda y los que roban se van a esquiar a Canada de rositas, tomándonos el pelo a unos y a otros y riéndose de nuestras desesperadas vidas.

¿Os imagináis que el ejército saliera también a las calles, sin armas, y se enfrentara a los policias que día tras día custodian el poder secuestrado? ¿Y los jueces, y los empresarios honrados, y los abogados autoresponsables, y los jardineros y los malabaristas y los cirujanos y los paracaidistas? ¿Si lo han hecho los bomberos en plena capacidad de sus consciencias, porqué no el resto? Porque realmente se trata de eso, de una democracia secuestrada con tintes muy oscuros.

Gracias queridos bomberos por demostrar de qué lado estáis. Vuestra consciencia ha ganado, y también nuestro respeto y admiración.

Queridos hermanos del espíritu libre


ceguera

«Creo que no nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos, ciegos que ven, ciegos que, viendo, no ven.» José Saramago

En la calle San Bernardo, justo dos calles de donde vivo actualmente, se creó el primer taller para hombres libres allá por 1728. Las Tres Flores de Lys, nombre vulgar que adoptó del hotel francés donde se hospedaban, fue el primer taller que se fundó fuera de Inglaterra y por lo tanto, la primera sede internacional de los hombres libres. Su nombre real, la Matritense, es el que pervivió a los avatares del tiempo.

San Bernardo también era el nombre del barrio donde vivía en las faldas de Montserrat, y San Bernardo era también el nombre del barrio en el que vivía en la Montserrat del Mediodía, la conocida como Montaña de los Ángeles, sede espiritual de místicos, eremitas y herejes.

Hoy se celebraba el aniversario y me invitaron para asistir a los trabajos. Sin embargo, y quizás por la pesadez que aún arrastraba del lunes negro, me sentía más un miembro de la Antigua y Noble Orden de los Gormogones que cualquier otra cosa. De hecho cada vez me siento un poco más hereje allí donde voy. Con ganas de romper las reglas del juego si eso sirve para crear un poco de luz allí donde solo hay carcasas de algodón disfrazadas de egoicas paradas ambulantes.

Rompiendo las normas del juego saludé de una forma sorpresiva e inhabitual, pronunciando, sin complejos, esa frase mía: “queridos hermanos del espíritu libre”.

Realmente es una frase que no gusta porque pretende romper con una lanza que la inteligencia no siempre soporta. ¿Quién es hoy día realmente libre? ¿Y quién se siente hermanado con todas las cosas? La combinación es explosiva en corsés que pretenden ceñirse a la norma o a lo normal, como si eso fuera, dentro de la podredumbre de la ignorancia, el marco a seguir.

Desde hace días me viene fuerte una imagen: una mujer y un hombre, abrazados con fuerza y siendo quemados juntos en el “prat dels cremats”. Esa es la llama purificadora que por dentro me hace algo más libre. Esa imagen profunda de antiguas reminiscencias son las que me catapultan a ese tratado del fuego cósmico, algo tan incomprensible y tan alejado de lo humano que resulta difícil descifrar. Sea como sea, ahí están los arquetipos, las señales y el camino. Ahora solo hay que fluir con lo que tenga, inevitablemente, que suceder.  Mientras tanto, dejemos que los burros sigan portando el tesoro, como decía el sabio. Su misión es llegar a la Montaña para ser transmitido a aquellos que, limpios de corazón, aprecien sus humildes ropajes. La ceguera es congénita a la ignorancia. El perdón de la misma es la esperanza de los estúpidos.

Hacia el camino del hombre estúpido o los españoles sufrimos alucinaciones


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¿Somos estúpidos? Ni en los tiempos de Felipe III y el duque de Lerma se había visto algo parecido. Ver la imagen de unos periodistas mirando a la telepantalla donde aparecía escondido un presidente del gobierno ausente ha sido lo más patético que he presenciado en mucho tiempo. Escuchar al presidente decir que la solución a la que se ha montado pasa por hacer pública su declaración de la Renta no tiene nombre. O es un chiste o es una tomadura de pelo lo peor de todo: ambas cosas. Esta es la mediocre y patética imagen de la respuesta oficial a uno de los mayores escándalos de los últimos tiempos.

¿Pero será realmente todo esto producto de alguna imaginación colectiva donde todos los ciudadanos estamos equivocados? Al menos eso es lo que el Presidente del Gobierno nos ha dado a entender: ellos son totalmente inocentes y todos nosotros hemos sufrido de una alucinación colectiva. Pero si hacemos un poco de memoria, quizás la misma nos aproxime a una realidad diferente, paralela o alternativa a la del señor Presidente.

Por eso, érase una vez un caso Gürtel (Correa en alemán, también conocido y apodado en la falsa contabilidad como Don Vito), destapado por el Diario El País, el mismo que estos días ha publicado el motivo de la polémica y «aparente» corrupción.

Érase una vez un juez odiado por unos (GAL-Psoe) y por otros (Gürtel-PP), de nombre Baltasar Garzón, que investigaba el caso Gürtel y que fue enjuiciado y expulsado de su función como juez de la causa. El caso Filesa (financiación ilegal del Psoe) y el caso Gürtel parecen ser tan sólo la punta de un iceberg al que el señor Barcenas apunta de forma tímida. (Hace unos días la noticia era esta: El Gobierno de Mariano Rajoy ha destituido a los inspectores de Hacienda responsables de la investigación de importantes casos de fraude, entre ellos la ‘trama Gürtel’ o el ‘caso Urdangarin‘).

Y todos, absolutamente todos (porque hoy doy crédito de que no había nadie en la calle protestando), nos quedamos satisfechos ante las explicaciones del presidente del Gobierno. Satisfechos y tranquilos, como si realmente no hubiera pasado nada, como si realmente todo esto no tuviera nada que ver con nosotros y hubiera sido tan solo una alucinación más. Como si realmente toda esta falsa, todo este teatro, no fuera suficiente como para pronunciarnos de alguna forma. Pero, ¿de qué forma, si pase lo que pase, seguimos sistemáticamente votando a los mismos, creyendo a los mismos? En fin, un insulto a la ética, pero sobre todo, un insulto a la inteligencia y una medalla más para nuestra condición de homo-stultus, es decir, de humanos estúpidos, conformistas y pasivos.

Por eso lo peor sigue siendo la sociedad ausente, anestesiada, parada, impotente ante tanto cachondeo y tomadura de pelo pública. Tan acostumbrados ya a este circo mediático, ni siquiera nos inmutamos. Seguimos en nuestras pequeñas cosas, imbuidos y tranquilos en nuestro corto plazo, hipotecando con nuestra ceguera y pasividad las futuras generaciones.

Esperemos a la primavera, ahora hace frío


la foto

A las diez de la noche seguía trabajando en un libro. Sobre los tejados de Malasaña y sobre mi consciencia se escuchaba el ensordecedor ruido del helicóptero de la policía. Me asomé por las redes sociales y anunciaban movilización. Salí corriendo con ese nerviosismo que el año pasado tanto me absorbió dirección Cibeles. Me paré a medio camino para tomar un trozo de pizza mientras caminaba impaciente. A la revolución hay que ir bien comido. Las noches son largas.

En Cibeles no había nadie, tampoco en Gran Vía. Me marché hasta Sol y estaba todo vacío. Para más inri empezó a llover. Los bares estaban rebosantes de vida. La gente no parecía estar por la labor de cambiar las cosas, de movilizar el mundo, de transformar la sociedad. El hartazgo debe ser tal, que todos estaban recluidos en sus mundos, en sus parcelas de seguridad, en su hipócrita cobardía.

En las calles había cuatro gatos. El Parlamento totalmente tomado y cercado por las fuerzas de seguridad. Por todas partes había furgonetas policiales. Pero de los manifestantes nada. Caminé más de una hora bajo la lluvia fina hasta que por fin los encontré. No habría ni un centenar. Había más periodistas y policías que indignados. Pregunté incrédulo si esa era la revolución y me dijeron que sí.

Me faltaban héroes, me faltaban manos, me faltaban consciencias. No podía creer que la indignación, el hartazgo, pudiera traducirse en un centenar de personas. Sentí cierta indignación metafísica y filosófica. No podía entender lo que pasaba de un lado y de otro.

En alguna parte alguien se estaría refregando satisfecho las manos, planeando como engatusar aún más la mentira, pensando como seguir embaucando a una sociedad adormecida y frágil, ideando un plan para salir airosos de esta.

Todos los dioses habían desaparecido. Ni rostro del halo revolucionario. No hay nada que fascine ya nuestros corazones. Masacrados por el tedio, ¿qué nos queda? Supongo que esperar a tiempos mejores. Supongo que esperar a la próxima primavera. Ahora hace mucho frío y se está mejor en el bar, hablando de nuestras cosas. La revolución podrá esperar.

Pd. Nadie sabe nada… acabo de venir de la calle, de hacer la revolución, y todo el mundo estaba en los bares hablando de sus cosas. Éramos solo un centenar de estúpidos indignados pasando frío bajo la lluvia. ¿Barcenas? ¿A quién le importa Barcenas y la corrupción?

Seres tóxicos


toxicos

«Anteponemos el miedo para no dejar pasar nuestro futuro» (R. Steiner)

Realmente nadie quiere estar al lado de personas ruines y egoístas. Ni con personas mediocres que solo saben pensar en sí mismas, en sus sombras y en sus cavernas interiores. Nadie quiere estar con personas que faltan al respeto o nos gritan o nos hablan con violencia. Sin embargo, nos empeñamos sistemáticamente en acercarnos a personas ingratas, a personas que desprenden mal rollo, antipatía o malas vibraciones.

Personas que hablan mal de unos y de otros, que ven en la crítica destructiva y falaz su disfraz acomplejado. Seres con personalidades tóxicas, que temen el cambio porque son poseedores de la absoluta verdad, que siempre pasa por sí mismos y sus filtros. Creen saberlo todo mientras culpan al resto de sus fracasos y se esconden bajo la sombra del gran sombrero de su ego. Seres que emanan cabreo y enojo y que escupen sables y serpientes por la boca.

En una especie de masoquismo interior, nos encanta ser amigos de embusteros o parejas de imbéciles. Podríamos siempre pensar eso tan costumbrista de que nosotros no somos mucho mejores que ellos y de que, tal y como está el patio de la calidad humana, eso es lo que hay.

Y lo que hay es terrible, porque hay personas que faltan al mínimo, que ensucian las calles y sus cuerpos contaminando todo lo que tocan, tufando a podrido todo lo que engullen por sus viciosas canillas, que escupen en el prado y al vecino, que hacen de la mala educación la bandera de sus virtudes o que matan o asesinan no solo con pistolas, sino también con miradas anquilosadas.

O esos que viven en sus mundos, en sus películas, en esas tabernas donde van a embriagarse de lo que sea con tal de no asumir lo que se siente, lo que se imprime en la realidad envolvente. Personas que se ocultan y se esconden a la verdadera transformación porque es más cómodo aferrarnos a lo patéticamente conseguido.

Yo mismo, al decir todas estas cosas, soy como ellos. Porque nadie escapa al virus de la propia ignorancia y a la pesadez de nuestras propias miserias. Pero mejor saberlas, para combatirlas, para estirar con fuerza de esta piel de miserables serpientes y que surja el ave que nos ha de llevar lejos, mucho más lejos de lo que ahora somos. Estiremos, y estirémonos unos a otros. Un poquito de aquí y un poquito de allá hasta que aprendamos a volar como auténticas aves libres por encima de nosotros mismos y nuestras circunstancias.

Reiniciando el Sistema: contágiame.


hombre

«La persona que no esté en paz consigo misma, estará en guerra con el mundo entero«. (Gandhi)

Acabo de ver un video publicitario de un nuevo partido, el Partido X. No está mal. Su mensaje es claro: hay que reiniciar el sistema. Tampoco está mal. Lo que está mal, y esto es evidente, es el propio sistema. No vamos a dar datos sobre lo que ocurre porque lo vemos todos los días. Nos hemos vuelto expertos en girar la cabeza hacia otra parte sin hacer ni decir absolutamente nada ante lo que ocurre. Me asombraba hoy el pasear tranquilamente por Madrid y no escuchar ni un solo comentario sobre el hombre que se ha quemado a lo bonzo en Málaga. A nadie le interesa, había que ir a comprar regalos porque llegan los reyes magos. Ese es el Sistema, nosotros somos el Sistema, y somos nosotros los que debemos reiniciarnos.

¿Cómo hacerlo? Es una cuestión difícil, muy difícil. Vivimos en un mundo excesivamente cómodo a pesar de sus aparentes contradicciones. Y nadie quiere renunciar a esas comodidades. Quizás el mensaje esté mal explicado, porque realmente no se trata de volver a las cavernas, ni de renunciar a las cosas buenas que hemos creado entre todos, sino más bien, de mejorarlas y eliminar de cuajo aquellas que no funcionan. La partidocracia, la contaminación, el ruido, el hambre, los desahucios, las guerras… ¿Por donde empezar? Por nosotros mismos, por cada uno de nosotros mismos, sin excepción. Y debe ser como una especie de mecha comunicante, contagiosa. Yo te toco, te transmito valores y actitudes diferentes con mi ejemplo, con mi trabajo, y tú te transformas. Tú me tocas, me transmites valores diferentes con tu ejemplo y tu trabajo y yo me transformo. Así funciona el cambio, por contagio.

Así que tenemos mucho trabajo por delante para contagiar a toda la humanidad sobre la posibilidad de un mundo nuevo, mejor, más positivo, más en calma, más en paz, más saludable. No se trata de inculcar creencias ni dispositivos de alarma en la psique humana. Tan solo se trata de contagiar entusiasmo, amor, vida. Con esos tres ingredientes será suficiente para que todo cambie y se transforme en pocas décadas. No tengamos prisa, pero trabajemos afanosamente en esa meta. En los pequeños gestos diarios, como cuando vas caminando y ves que alguien tira una lata a la calle y tu te acercas a la lata y la recoges. Seguro que alguien te ha visto y seguro que al día siguiente ese gesto se repite. Pequeñas cosas, grandes cambios. Contagiémonos.

Cena de Navidad


la foto

He aquí que viene tu rey, justo y victorioso, humilde y montado en un asno. Él suprimirá los carros de Efraín y los caballos de Jerusalén, será suprimido el arco del combate y él proclamará la paz a las naciones” (Zacarías, 9,9).

Nadie podría imaginar que en un perdido establo cerca de Belén naciera la luz del mundo. La humildad elegida no entraña misterio, sino que nos abre las puertas al verdadero Misterio. La Luz del Mundo, nacida entre humildad y pobreza, el alma que busca manifestarse en las pequeñas cosas, en lo rudimentario, en la más absoluta discreción, en silencio, sin nada más que llevar al mundo excepto esa enseñanza humilde. Esa fue la gran enseñanza: “aprendan de mí a ser mansos y humildes de corazón” (Mt 11, 25-30). Dijo Jesús: “Yo te bendigo, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los sencillos y a los pequeños”.

No podría ser de otra forma que honrar el advenimiento de ese entrañable espíritu con humildad, siguiendo su ejemplo, en silencio, aprovechando la rebeldía cósmica para instaurar ese nuevo orden que reclama volver a las esencias del mensaje primigenio, alejándonos del ruido y penetrando en la belleza de este acontecimiento. Ya sea desde el culto pagano, desde la sencillez del rito cristiano o desde el recogimiento interior, estos días nace la Luz del Mundo, y honrarla forma parte de nuestra propia honra y dignidad. Aprovechad y amémosnos los unos a los otros como él nos amó, y haced de esta fiesta un profundo homenaje a la Vida que nos recorre. Feliz nacimiento de la Luz en vuestra cueva interior.

(Foto: Cuando era adolescente solía rebelarme ante la hipocresía y la perturbación de un momento especial y cuyo sentido se ha pervertido y desvirtualizado. Y solía hacerlo alejado del mundo, con un plátano como manjar a modo de protesta en la cena de Navidad. Ha querido la vida que me haya encontrado de nuevo aislado, con ese plátano como cena navideña, recordándome una y otra vez la grandeza de las pequeñas cosas, de los pequeños gestos, la lucidez del rito y el ritual consagrado a la vida y sus misterios. Este es mi humilde testimonio: no es desdeñable esa luz encendida junto a un humilde plátano, incienso y la Palabra Perdida presidiendo la mesa. Y la Luz, que no conoce de caminos, busca en la oscuridad cualquier oportunidad para manifestarse. Que así sea, por siempre.)

El Camino del Loco


la foto

«Ecce nunc patiemur philosophantem nobis asinum?» (¿Es que vamos a sufrir que un loco nos venga con filosofías?) Lucio Apuleyo, El Asno de Oro, Libro X.

Fue a finales de febrero, a la altura del 400 del Lincoln Road, comiendo un bocadillo de setas con cebolla y queso fundido en el Paul, un agradable restaurante de Miami Beach donde recibí, tras nuestro loco viaje por República Dominicana, la noticia de que el banco había aceptado la compleja operación de la dación en pago a cambio de la condonación de la deuda de la que hasta ese día había sido mi casa, mi hogar, mi refugio. A partir de ese día todo fue muy rápido. A veces pienso que demasiado rápido porque casi no da tiempo a digerir las noticias.

Lo cierto es que nada más pisar España, procuré que la pérdida fuera lo menos dolorosa posible para mí y los míos, así que hice de tripas corazón y procuré inyectar dosis de alegría por la “buena” noticia”. Mudé mis libros y algo de ropa al pequeño refugio que la familia conserva unas calles más abajo y el resto prácticamente lo regalé. A las pocas semanas ya estaba de nuevo haciendo maletas y trasladándome a Madrid hasta que encontramos La Sacedilla y allí nos quedamos.

Como digo, todo muy rápido, porque a los pocos meses, y de esto hace dos semanas, mudé de nuevo los libros y algo de ropa al pequeño refugio que la familia conserva en la Montaña, y el resto lo regalé. Mi tercera mudanza en un solo año parecía provisional porque por dentro crecía la semilla de volver de nuevo a Madrid sin saber cómo ni con qué pretexto. Pensé espaciarlo en el tiempo, al menos hasta la próxima primavera, un momento propicio para cambios y vueltas a empezar, pero la vida corre y corre, y tan solo hace unos días, me llama un amigo para decirme que se le ha quedado libre un apartamento en el mismo centro de Madrid, lugar al que, por intuición, deseaba volver lejos ya de periferias y experimentos.

Así que hoy, víspera del fin del mundo y del solsticio de invierno, me veo de nuevo envuelto entre maletas y paquetes que albergan, al menos, dos unidades de los más de cien libros editados hasta ahora. Mañana toca cargar de nuevo el coche en la que será mi cuarta mudanza este año para enfrentarme al nuevo reto. Y el reto, aunque estoy cansado, para que vamos a mentir, requiere disciplina y movimiento. Un movimiento que mañana se verá culminado con mi nueva serie de viajes hasta que de nuevo estén todos los libros otra vez en la capital del reino.

Quizás todo esto tenga que ver porque hace unos días que agoté mi última dosis de Sulphur a la 30CH y esto provoque cambios inmediatos en mi ya agitada vida. Aunque quizás tenga más que ver con lo que Mark Hedsel describe en su fabuloso libro El Celador (libro que editaremos próximamente en Nous) con respecto a esa agitada vida que todo Loco lleva por antonomasia. Una vida, por cierto, acorde con los signos de los tiempos que nos ha tocado vivir.

Decía Mark que el camino del Loco es el del peregrino independiente que recorre la senda del espíritu. Es el camino del Ego en desarrollo, el camino de la experiencia o pathein, en griego antiguo. El Loco es un errante que persigue la vía secreta a costa de perderlo todo sin ningún tipo de remordimiento. Al igual que la esencia espiritual del reino vegetal es el perfume de sus flores, el Loco entiende que existe una esencia de igual valor en el reino humano, y su fijación es perseguirla y alcanzarla. Por eso cuando estaba en el Lincoln Road suspiré agradecido, como lo hago ahora, ante el nuevo devenir. Sólo el Universo sabe porqué se tejen este tipo de experiencias para el alma, y solo ante él podremos ser juzgados el día del juicio final, es decir, mañana. Así que hoy, en la magia de un día singular con una fecha única (20-12-2012), volvemos al Camino…

Firma: El Loco de la Montaña…

(Foto: Despidiéndome, una vez más, de mi siempre provisional refugio en la Montaña…)

Manifiestamente libre


libre

No puedo sentirme hijo de ninguna nación. Me siento libre. Libre de despedirme, de saludar a unos y a otros, de abrazar cualquier color, ideología o cultura extraña. Libre de andar por aquí o por allá sin prejuicios sobre el qué dirán o el qué pensarán si hablo diferente o pienso diametralmente distinto. Nunca me importó en exceso mirar unos ojos verdes o azules, diamantinos o teñidos de carbón. Soy consciente de que la sangre que corre por el norte es idéntica a la del sur, de un intenso rojo, que es el color de la tierra cargado de vida y luz.

Por eso el agua del Sahara me sabe igual que la de Atlanta o Tokio. Soy capaz de comer lechugas cultivadas en alguna huerta murciana o en un jardín árabe. El que me la ofrece es mi hermano, y aunque no sepa distinguir un brezo asiático de otro americano, miro con igual admiración al que lo cultivó y cuidó en su vegetal vida.

Cuando me preguntan de donde soy siempre digo que del mundo y cuando me preguntan hacia donde voy siempre contesto que a las estrellas, único lugar que me resultará apacible cuando abandone la nave Tierra. ¿Y si me preguntan quién soy? Entonces les digo que un hombre libre, y a veces, de buenas costumbres.

Por eso no puedo creer en naciones, ni estados, ni constituciones ni papeles que me diferencien del otro que tiene mi misma sangre y mi misma esencia estelar. No podría excluir a unos e integrar a otros, no podría dividir entre los que tienen o no tienen papeles, entre los que pueden y no pueden recibir asistencia médica, o entre los que hablan una u otra lengua, o practican una u otra religión. Aún no se abolió del todo el esclavismo, lo vemos todos los días en las caras de aquellos que trabajan doce horas frente a una máquina y de aquellos que no tienen permiso para hacerlo.

Me dan claustrofobia las banderas y las patrias, y los abanderados y los patriotas por igual, aunque los amo, porque también ellos son mis hermanos que lloran lágrimas iguales a las mías y sangran de color rojo, como la tierra mezclada con la vida, con la luz, con el sol. Pero no creo en esos cuentos que nos dividen o que eternizan nuestra condición animal expulsando de nosotros el verdadero sentimiento progresista de ser humanos.

Los vuelos de Ícaro


«Yo soy Yo. Tú eres Tú. Yo no estoy en este mundo para cumplir tus expectativas. Tú no estás en este mundo para cumplir las mías. Tú eres Tú. Yo soy Yo. Si en algún momento o en algún punto nos encontramos, será maravilloso. Si no, no puede remediarse. Falto de amor a mí mismo, cuando en el intento de complacerte me traiciono. Falto de amor a ti, cuando intento que seas como yo quiero, en vez de aceptarte como realmente eres. Tú eres Tú y Yo soy Yo». ORACIÓN GESTÁLTICA DE FRITZ PERLS

En la primavera de 2007 visité Manchester en un periplo que me llevó por toda Inglaterra y Escocia. Unos días antes me había enamorado en la apacible bahía de Findhorn de una joven y hermosa alemana a la que bauticé con el apodo distintivo de «cua-cua». Aquella alemana era libre, como Tony Wilson, el cual firmó en aquella misma ciudad, con sangre, su vocación. Sólo puso una sola condición: no estaba en venta. Nadie podría comprarlo ni venderlo.

Algo así pensaba cuando esta mañana me levantaba inusualmente tarde, a eso de las nueve. No me gusta dormir con las persianas bajadas. En mi casa de la Montaña vivía en una auténtica estructura de cristal sin una sola persiana. Solo podía entrar la luz por el día y la oscuridad por la noche. Todo era transparente hiciera lo que hiciera. Incluso los primeros años, hasta que sufrí el primer robo, vivía y dormía con ventanas y puertas abiertas. Cualquiera podía entrar o salir, libremente, con el riesgo de quedarse para siempre. Como aquel joven que aspiró a ser editor y ensambló aquellas paredes de cristal con la música de los Joy Division. Su aspiración era suicidarse como lo hizo Ian Curtis, joven y legendario. Quizás esa sea la única forma de ser una leyenda, con una muerte precipitada tras una vida totalmente acelerada y plagada de éxitos y fracasos sonoros. En aquella casa murieron muchos libres Ícaros. Pero nacieron muchas libres Icarias.

Alguna vez firmé un contrato con mi vocación al estilo de Tony. Jamás me puse en venta, ni fui comprado. Ni siquiera aquella vez cuando unos señores reptilianos llegaron con la cartera plagada de millones para comprar mi alma. Les miré con cierta mueca y cierta fuerza interior. La respuesta fue segura, firme, nacida del convencimiento y la lealtad hacia mí mismo.

Mi decisión fue acertada. Ahora lo sé. Me he dado cuenta cuando esta mañana me he levantado tarde. He mirado por la ventana la tenue luz. He cogido un libro. He desgranado algunas de sus páginas con las consiguientes reflexiones. He trabajado un poco tras la ducha y el desayuno con galletas. He llamado a un amigo que andaba leyendo su diario, exactamente el día 26 de abril de 2007. Fue la fecha en la que le dije, tras nuestro periplo escocés, que me marchaba con lo puesto al norte de la Baja Sajonia. Un día memorable en el que lo abandoné todo por seguir lo que crujía por dentro. La conversación me ha traído buenos recuerdos y me preguntaba porqué ese viejo amigo de aventuras andaba buceando precisamente en ese día de libertad e infortunio. Sólo me llevé el ordenador y allí tuve que comprarme algunos calzoncillos y un pantalón que aún me dura. Y me dura porque ella, la «cua-cua», me convenció de que aquella tela estaba fabricada con “good material.” Cinco años después puedo decir que no se equivocó. Tras colgar, mi amigo me ha dicho que mi vida le recordaba en cierta manera a la vida de Tony Wilson.

Como todos los días he mirado las cuentas. Un cliente había ingresado algo más de mil euros y me he emocionado porque el lunes tenía que ingresar una cantidad similar a un proveedor. Así que le he hecho la transferencia feliz, quedándome en el trasvase con 187 euros en el bolsillo, lo justo para asistir la próxima semana a una cena en Madrid, llevar unos libros a Lérida y volver con lo puesto hasta el Mediodía, donde tendré que reflexionar si el apartamento que me ofrece el famoso autor que consiguió un premio Planeta será mi próximo hogar. Quizás forme parte de la leyenda eso de que un editor por consagrar viva en la casa de un autor consagrado. El mundo al revés. Cosas del mundo libre.

Para celebrar la alegría de ver como un cliente ha pagado su deuda después de más de un año de paciente espera, he abierto uno de esos sobres de pasta a la parmesana y me la he comido feliz después de cuatro días sin digerir nada sólido excepto galletas. Mi dieta galletariana, esa que no soportan mis parejas porque piensan que me quedé atrapado en algún tipo de infancia no conclusa. Puede ser, pero así soy, a veces, de infantil, de niño que desea redescubrir el mundo. Lo aprendí de la Biblia, en aquellas clases de catequesis donde me impresionaba ver a aquel hombre colgado de un poste diciendo aquello de: «sed como niños» (Mateo 18: 3). Creo que me impresionó esa frase y pensé que sería la mejor forma de llegar al cielo, de ahí que siga comiendo galletas como vía directa al reino divino, intentando evitar el poste sangriento que tanto me impresionó.

Después del atracón de pasta a la parmesana, he hecho cálculos y a lo mejor logro que me sobren dos o tres euros a la vuelta del viaje. Seguiré siendo pobre, pero es una pobreza no marginal, sino pretensiosa, digamos que es el peaje necesario para ser como niños. Con ese dinero tendré suficiente para comprar un nuevo paquete de galletas y poder levantarme como hoy lo he hecho, libre, como lo fueron a su manera Tony Wilson e Ian Curtis. Sin mayor preocupación por lo que comeré o beberé mañana, o por el qué dirán, y sin mayor obstáculo para seguir viviendo que el de hacerlo como lo hace un niño. Despreocupado y libre. Sed como niños y volad todo lo alto que podáis, hasta que el sol derrita la cera de vuestras alas y caigáis inexorables al mar Egeo, es decir, al cielo.

Elogio al hombre bravo


hombre libre

«¿Con quién hablaré hoy?. Los hombres buenos han desaparecido. Los hombres violentos están por todas partes. ¿Con quién hablaré hoy?. La iniquidad hace tambalear al mundo y no parece que tenga fin». Diálogos entre un hombre cansado de la vida y su alma. Papiro 1300 a.c.

Hace un tiempo colgué en el blog un texto de Héctor Abad titulado “Elogio a la mujer brava”. Estos días andaba reflexionando sobre el papel del hombre actual ante el reto de la pareja, y me cuestionaba ciertos dogmas que hasta el día de hoy, de forma consciente o inconsciente, parecen inamovibles. Y tienen que ver con lo que las mujeres esperan del hombre ideal, que en el fondo, por mucho que disimulen, sigue siendo el prototipo de macho alfa, fuerte, dador de seguridad y protección, capaz de mantener la prole y capaz de traer a casa esa virilidad que se espera de nosotros.
La experiencia denota que las mujeres también, en un casi noventa por ciento, siguen manteniendo un rol machista, y por lo tanto, les molestan los hombres sensibles, diferentes, fluctuantes y que denotan cierto rechazo hacia las pautas establecidas. Tenemos palabras denigrantes para designarlos: blandengues, inseguros, ñoños, sensibleros, “demasiado buenos”, poco machos o varoniles… la lista es interminable…
En realidad nos tenéis miedo, porque no sois capaces de soportar nuestra libertad, de vernos y aceptarnos como somos, de ver como salimos de los moldes sin ningún prejuicio o temor. No soportáis que nos importe un comino la seguridad, la fuerza o la protección, y que vayamos por la vida saciando nuestra forma de existir. Por cultura y por herencia, no podéis sobrellevar que nos salgamos del molde establecido.
El hombre con el que soñáis es un hombre fuerte, independiente económicamente, a poder ser, autosuficiente en todo, un auténtico macho en la cama y fuera de ella, que os paguen lujosos viajes o románticas y caras cenas en los mejores restaurantes, que os lleven de paseo en buenas carrozas y que tengan un buen trabajo, a poder ser en el sector empresarial o financiero. No toleráis a ese hombre que os invita a una cena en la montaña o en un restaurante de comida rápida, que os lleva a contemplar las estrellas durmiendo en un coche aunque os peléis de frío, ni valoráis que se dedique a la poesía en vez de a las finanzas. No soportáis la idea de tener que mantenerlo porque prefiera cultivar el alma en vez de la cartera, y menos aún que dedique horas y horas a una huerta improductiva sin ser capaz de sacar una sola zanahoria. Os resulta incomprensible un hombre sin trabajo, o sin dinero en la cartera, un hombre económicamente inestable y que además, en la cama, prefiera los abrazos, las sonrisas y las caricias a un buen polvo orgásmico.
No perdonáis, bajo ningún pretexto, al hombre sensible, soñador y romántico, al hombre bueno y afectivo, despreocupado y alegre.
Os sigue poniendo el torero apuesto, el futbolista en el Ferrari, el banquero de éxito, el empresario con fincas, y las más modestas, el jefecillo altanero pero con pasta o el funcionario que será eso toda su vida, un funcionario.
Pero si una logra conquistar a un solo hombre bravo, lo hará para toda la vida, en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad, en la pobreza y en la riqueza. Será fiel y será el mejor padre, el mejor compañero, el mejor amante y el mejor amigo. Os darán ideas, desafíos, vacilaciones, romperá con las etiquetas y los esquemas, con lo establecido, con los dogmas y con las normas. Os llevarán despacio, pero lejos en el conocimiento y la sabiduría. Podréis bailar a su sombra o en su regazo, no importa el lugar, porque lo importante será que bailaréis, con alegría, en la alegría. Sólo necesitáis tiempo y paciencia para conquistar su locura y abnegación y su libertad. Y cuando lo hagáis, habréis encontrado al hombre de vuestra vida, ese que con la virtud de la paciencia y el trabajo constante y dialogado, os llenará la boca de amor, aunque tenga el bolsillo vacío como la mojama.

¿La voluntad de un pueblo?


Estoy de acuerdo en que un pueblo tiene derecho a decidir sobre su presente y su futuro. Para ser más puntuales y no caer en conceptos zoológicos, debería decir que estoy de acuerdo en que ciudadanos libres decidan libremente sobre la forma de organizarse. La puntilla no es baladí, porque no es lo mismo conceptualizar a un pueblo que a un conjunto de ciudadanos libres. En ese sentido, estoy de acuerdo en que los ciudadanos de Cataluña decidan si quieren o no pertenecer a un Estado propio o seguir como estamos.

Pero una de las preguntas que me planteo es la siguiente: ¿cuántos pueden decidirlo? ¿La mayoría más uno? ¿El cincuenta por ciento? ¿El setentaicinco por ciento? ¿Tienen que estar de acuerdo el cien por cien? ¿Con qué termómetro medidos el grado de soberanía de un conjunto de ciudadanos libres?

La segunda cuestión que me planteo sería la siguiente: ¿Qué pasaría si un conjunto de ciudadanos libres de una ciudad cualquiera, pongamos por ejemplo la ciudad de Cornellà de Llobregat, decidieran a su vez independizarse de España y Cataluña al mismo tiempo? Pongamos que reclaman una “Cornellà libre y con salida al mar”. ¿Sería esto posible y factible? Es decir, si Cataluña rompe con España, ¿podrían algunas ciudades romper con Cataluña? ¿Valdría la misma vara de medir para todos? ¿Podría también romperse y resquebrajarse Cataluña en mil pedazos?

Algo me dice que la primera cuestión es confusa y que la segunda no sería posible, al menos para el nuevo gobierno independiente.

Siendo todo esto así, ¿cómo se mide la voluntad de un pueblo, tal y como defienden los nuevos independentistas que han elegido romper la baraja?

Y la tercera cuestión, y esta si que me parece ya de coña marinera sería: ¿harían de Cataluña un paraíso fiscal? Esto evitaría muchas cosas… ¿me entienden?

DE CAUDILLOS Y SECTARISMOS PATRIOTAS Y NACIONALISTAS


«No paremos en las sendas antiguas, miremos nuestro entorno y descubramos cual es el camino derecho y andemos por él«… (Anónimo)

Los caudillos de España, amparados por la endogamia política, cierran los ojos y se tapan los oídos ante las exigencias y las demandas de una parte, y subrayo lo de una parte, del pueblo catalán. En esto les tengo que dar la razón a esa parte que desea la independencia: por supuesto, tienen derecho, el conjunto de los catalanes, y no una parte, en decidir sobre su futuro. Pero eso no se puede inducir desde el sectarismo reinante en Cataluña, donde una parte, y subrayo lo de una parte, impone un ideal, el soberanista, que subvenciona a base de talonario en prensa, radio, televisión e instituciones afines al régimen. En un momento de crisis, donde el gobierno catalán no tiene dinero para pagar a sus funcionarios, no se pueden gastar los recursos de un pueblo en subvencionar una idea sistemáticamente o aprovechar la coyuntura y el desconcierto para imponer una idea, a no ser que se haga de forma maléfica como cortina de humo ante la agravante crisis o los escándalos de corrupción sistemáticos. Por eso, el derecho a decidir se ve mancillado por esa constante canción de cuna que mece las pobres mentes hambrientas en su propia jaula de hierro. ¿Cómo ser libre ante esta condición? ¿Y como reclamar la libertad de un pueblo ante la esclavitud de un pensamiento único? Cataluña –también España, porque no se puede entender el todo sin la suma de sus partes- está enferma. Enferma a la hora de proclamar con certezas –incluso fuera de eso que los político llaman marco legal- presupuestos que no han ocurrido.

La herencia medieval, convertida en reinos de taifas, en tribus y en pequeños feudos gobernados por pequeños caudillos que reclaman su parte como si realmente les perteneciera, están removiendo los cimientos de la sinrazón, glorificada por un sentimiento de complejo (qué sino puede ser la patria o la nación sino aquello que no somos capaces de crear o creer de nosotros mismos) o de ceguera. Complejo nacional y ceguera patriótica, centralista y estatal. Y es que al Leviatán le salen cabezas que desea cortar, mientras que las cabezas desean imitar el complejo totalitario que desea destruir. Esto siempre me ha parecido una paradoja. Quiero destruir un Estado para construir un Estado. ¿Por qué y para qué esta cuestión en el siglo XXI? Supongo que para seguir esta máxima, que para mí también es errónea en los tiempos que corren: para crecer. Porque no se entiende la necesidad de crear un nuevo Estado si no es para seguir los mandatos neoliberales del crecimiento. Sin duda, pura biología, pura animalidad, puro sentimiento alejado de la razón y del ser (entiéndase “ser” como aquella entidad que no necesita crecer, ni tener, ni poseer, sino que se expresa libremente con o sin estado, con o sin nación, con o sin razón).

Los complejos del nacionalismo étnico


«El nacionalismo es una enfermedad que se cura viajando«. Pío Baroja

Un hombre fuerte y libre no necesita agarrarse a la fortaleza y la libertad de una entidad mayor. No requiere de la amalgama sustancial de un estado, de una patria o de una nación. Aquellos que se proclaman así mismos como nacionalistas o patriotas, no reflejan más que la debilidad de un pueblo atormentando por ridículos y tribales persecuciones. Necesitan de un enemigo para combatir sus propias desgracias, y necesitan, sobre todo, de una identidad para parchear su debilitada aproximación al mundo. Las patrias, los estados, las naciones, las banderas, no son más que anexos que se catapultan ante la insolente mirada de un ser frágil y de inteligencia moldeable. ¿Para qué un ser verdaderamente libre necesitaría agarrarse desesperado a la tabla de náufrago de cualquier sentimiento patriótico o nacionalista? ¿Qué clase de complejos encierra ese sentimiento desacerbado e intoxicante que pretende marcar diferencias entre unos y otros seres humanos? ¿Quién desea, sino una mente endeble y acomplejada, alzar banderas, crear fronteras y escupir culpas a un enemigo invisible e inexistente en plena era del conocimiento y de derrumbe de aquello que nos separa? ¿Qué clase de enajenación colectiva puede conducir a todo un pueblo aborregado hacia el precipicio de la sinrazón? ¿Qué pueblo culto podría volver a cometer la estupidez insensata de proclamar abismos en vez de puentes? ¿Qué clase de ideas absolutas y totalitarias, rozando en proa al fascismo y en popa al nacionalsocialismo, desean guiar la nave nacional? ¿Qué persona que se considere realmente un espíritu libre podría abanderar dichas ideas? ¿Qué clase de ideología es esa que desde cualquier punto de vista es frágil y débil, rudimentaria y propia de la era de las cavernas? ¿Qué clase de tendencia patológica desearía de nuevo balcanizar el planeta y conducirlo a la era del más fuerte? ¿Dónde quedó la naturaleza del Espíritu Libre, esa que errante nos conducía hacia cuotas cada vez más humanas? En plena era del Facebook y de Google, ¿quién desea perder un ápice de su tiempo en bucear en aquellas cosas que nos separan? Por más vueltas que le doy, desde la emoción y desde la razón, solo se me ocurre la tormentosa idea de que estamos siendo de nuevo contaminados por la sinrazón, la estupidez y la ignorancia supina.

La vida salvaje


Estaba leyendo, buscando inspiración, el libro de Thoreau donde describía su experiencia de dos años, dos meses y dos días de vida eremítica en los bosques. Quería ejemplarizar que era posible vivir una vida sin cosas. Una especie de aritmética entre la pura supervivencia, la profunda existencia y el saber vivir.

Cuando terminas el ciclo de un proceso, de repente se abren ante la imaginación abstracta una infinitud de posibilidades. Y quiero matizar lo de abstracto, porque la realidad, que siempre se impone, es posible transformarla.

Y en esas ando, reflexionando durante los próximos dos meses, qué camino de mi vida tomar. Lo bonito de mi situación, diría casi lo privilegiado de la misma, es que puedo elegir entre una infinitud de posibilidades. Las más reales pasaban por volver a la Montaña donde allí encontraría refugio durante un tiempo, o compartir piso con alguien que ya se ha ofrecido a ello o alquilar un local y montar un viejo sueño que tiene que ver con librerías, y dormir y vivir de paso allí, al estilo mandarín… También podría viajar al extranjero… Tengo amigos por todas partes del mundo que seguro me darían refugio por un tiempo, o permitirme la libertad y licencia de vagabundear por países lejanos, ya fuera trabajando de camarero o de paje o lo que fuese con tal de experimentar los confines de la tierra.

No le tengo miedo a la aventura, así que también surge con fuerza la idea de marcharme a un pueblo abandonado y terminar mi tesis doctoral entre bosques, montañas y supervivencia pura y dura, intentando recrear la utopía de Walden y seguir las enseñanzas del maestro Thoreau.

Por suerte no debo obediencia ciega a ningún oráculo, de esos que hacen lanzar piedras sin reparar en donde caen. Tampoco debo grillete a ningún amo, más que el sustento diario y la deuda pasada. Y mi Dios, porque todos tenemos un Dios, me abre las puertas del campo para que sea capaz de seguir el curso del fruto que debo dar, sin temor a perder en el camino aquella mala hierba que no crece más que en los bastos dominios de la insensatez. Me atrevo a decir, pues, que estando en un momento privilegiado, debo bucear en el abstracto aquellas realidades que haré caer desde el mundo de los arquetipos. Ensoñaciones decían los antiguos. Posibilidades prefiero sostener. En todo caso, seguir la llamada de la selva, y vivir completamente la vida salvaje de nuestro interior.

La soledad de Madrid


La comunidad de Madrid también es una región expoliada, junto a Baleares y Catalunya, siguiendo la argumentación de los nacionalistas. Pero ayer estaba sola. Sola ante el peligro, sola ante las porras, sola ante la indiferencia de miles de personas que prefieren quejarse desde sus cómodos sillones, sola ante los que en vez de estar por la labor del cambio radical del modelo y el paradigma del neoliberalismo quebrado prefieren copiarlo y pegarlo en otras regiones y abanderar al neoliberalista Mas como a un héroe. El mundo al revés.

Estamos ante una generación de idiotas manipulados y patéticos ignorantes, como ya nos llamó Einstein en su día. Hablando de la independencia, el president Mas no es un valiente patriota, es un cobarde mercader que no podía seguir pagando las nóminas y ha visto una puerta grande con lo que pasó el 11S para salir del atolladero, echándole al pueblo la patata caliente en vez de defender con coherencia y responsabilidad su programa y su compromiso político. Y de paso, que alguien se atreva a decir en Cataluña, si es que eso es posible, que no todo el pueblo catalán estaba en el 11S y que no todos están por la labor de la independencia. ¿Por qué calláis? ¿Por qué no expresáis también vuestra opinión? ¿De qué os avergonzáis? ¿Acaso amaréis menos a vuestra tierra por ser diferentes, por pensar diferentes? ¿Acaso el espíritu de un pueblo puede ser secuestrado en su ideal o en su arquetipo, en su organización o política?
Pero si realmente es así y hay elecciones libres donde todos podamos votar (incluso los que estamos exiliados por pensar diferente y vivimos lejos) y se pide la independencia, ¡adelante patriotas con vuestro estado y vuestras banderas! Yo no quiero más estados, ni más cuentos, estoy cansado de que me cuenten cuentos, que diría el otro León. La verdadera libertad no es política, sino espiritual.
Por eso esta tarde me marcho corriendo a Madrid, lejos de la miopía catalana. Y saldré de nuevo a la calle, pero no para defender la creación de un nuevo estado, ni saldré con ninguna bandera o algún medieval amor a ninguna patria. Saldré a defender al ciudadano libre, al ciudadano responsable y sensato que desea vivir una vida plena en libertad, fraternidad e igualdad. Iré a Madrid para que esa soledad de ayer sea menos doliente. Sí, me marcho de nuevo triste de Catalunya, con sus banderas, sus patrias y sus consignas, tan lejos de Madrid, ahora que tanto la necesita. ¿Donde está el pueblo catalán? ¿Por qué no va a Madrid? Os lo diré. Está con Mas, y sus banderas, y sus patrias.

Leña y punto. ¿Acaso soy un vándalo?


Esta era la consigna de ánimo del secretario general del Sindicato Unificado de la Policía (SUP), José Manuel Sánchez Fornet. Otros más suavemente nos llaman vándalos, como Nerea Alzola. Y es cuando me quedo atónito y sin palabras.

Una persona que nunca ha pedido una beca al estado y sin embargo ha intentado formarse hasta el máximo posible para ser una persona honesta e independiente cursando la tesis doctoral con sus propios recursos. Que intenta cuidarse y cuidar el entorno y que hace años que no utiliza la sanidad pública ni privada. Que nunca ha pedido el paro ni ninguna clase de ayuda al desempleo. Que trabajaba de lunes a lunes, de ocho de la mañana a doce de la noche todos los días del año para conseguir la entrada de mi primera vivienda. Que nunca cogió nada de nadie y respetó lo ajeno como si fuera sagrado. Que pagué hasta la última letra de mi hipoteca hasta que pacté con el banco la dación en pago, tirando por la borda todo el esfuerzo de dos décadas de duro trabajo. Que durante muchos años ha trabajado de voluntario sin cobrar nunca nada en lugares como Cáritas o Cruz Roja para bien de la comunidad. Que tuvo la responsabilidad de comprar un coche híbrido porque contaminaba menos y utilizar los transportes públicos y la bicicleta siempre que le era posible. Una persona que nunca ha especulado en bolsa, ni tampoco ha jugado a las máquinas tragaperras, ni jamás ha fumado un porro ni un cigarro o ingerido ni una gota de alcohol. Que siempre ha vivido una vida decente y respetable y ha hecho lo imposible por ayudar al otro y la comunidad. Qué se ha manifestado siempre pacíficamente y por el bien de la comunidad y sido respetuoso con todos y cada uno de los miembros de la policía nacional, a pesar de que durante más de cuatro años estuvo esquivándolos por una orden de caza y captura por insumisión al ejército militar. Que ha trabajado por la cultura, promoviendo la libertad de expresión y la concordia entre los pueblos. Que respeta la vida en su más alta expresión y que ama la humanidad y sus pueblos.

¿Y por eso, después de haberlo perdido todo y quejarme de que las cosas se pueden hacer mejor, soy un vándalo y lo único que merezco es leña y punto?

26S… El pueblo apaleado se vuelve a levantar


 

Son casi las dos de la madrugada y no puedo dormir. Repaso una por una las cargas policiales, los heridos, el joven que ha quedado parapléjico de por vida y que podría haber sido yo mismo. Hay algo de rabia e indignación, pero sobre todo de incredulidad por no saber medir y calibrar lo que está pasando en España. Pero es algo parecido a esto:

Érase una vez una oligarquía política, económica y financiera que practica de forma endogámica el apoyo mutuo y la cooperación entre ellos.

Érase una vez gobiernos de «izquierdas» y de «derechas» cuyo objetivo es salvar y ayudar a la banca con nuestros impuestos y con los impuestos de los europeos.

Érase una vez que para conseguir esto el gobierno decide recortar derechos en educación, sanidad, etc. para poder financiar el negocio quebrado de la banca.

Érase una vez que dicha banca expulsa a los inquilinos que no podían pagar su casa porque el gobierno, con tanto recorte, había favorecido el paro y el desempleo generalizado.

Érase una vez que el pueblo, sin casa, sin trabajo y sin pan, salió a la calle para protestar.

Érase una vez que los egoístas y patéticos independentistas aprovechaban el momento no para protestar contra los gobiernos de turno, sino para reivindicar sus ansias eternas de no se sabe qué historia trasnochada de patrias y banderas.

Érase una vez el país al revés, donde ladrones gobiernan y donde viendo el chollo, otros ladrones desean gobernar con mensajes populistas.

Érase una vez un gobierno que toma el Congreso con policias mercenarios capaces de destruir la vida de cualquier joven.

Érase una vez un país invertebrado, quebrado y destruído en dignidad, moral y valores capaz de cualquier cosa sin saber de qué cosa sería capaz.

Érase una vez el miedo, la ignorancia y la barbarie cabalgando hacia el Apocalipsis…

 

Hay otra Iglesia


Ultimamente he visto muchas críticas sobre las Iglesias, especialmente sobre la Católica. No es que yo sea un gran devoto católico, pero si he visto otra Iglesia y he visto y sentido el profundo sentido de aquellos que se llaman así mismos cristianos.

He visto religiosos católicos en Calcuta que dan su vida plena por salvar la de otros. He visto misioneras católicas en Etiopía que daban de comer a hambrientos niños esqueléticos salvados gracias a ese trozo de injera de teff. He visto muchas cosas que os maravillarían en los profundos y misteriosos cantos de Taizé, o en curas de parroquia que dan su testimonio de fé y su luz y su misterio…

Que la excepción de depravados y miserables no perturbe la otra gran obra, porque si bien en todas las instituciones hay un trozo de podredumbre, también hay luz, y misterio, y esperanza, y amor. Y aquellos peregrinos que viajen a esas tierras donde el hambre y la destrucción es la diaria y terrible angustia, podrán ver a esos ángeles vestidos de luz dando literalmente su vida por el otro. A ellos, desde este rincón vestido de nada, todo mi reconocimiento y cariño, por haberme mostrado, a veces bajo sangre y muerte, que otro mundo es posible.

 

¿Cómo defendernos de Leviatán?


Los ingenieros del Estado lo vieron claro. Quitemos los grilletes, demos algunos derechos a los trabajadores, quizás treinta días de descanso al año, alguna paga extra en Navidad y un poco de educación y sanidad para que la esclavitud del trabajo les haga algo más aparentemente libres. Así consiguieron trabajadores sanos y educados que en vez de morir a los cuarenta por inanición podrían superar los sesenta sin problemas. Una edad ideal para jubilarlos y que mueran en paz inmediatamente. Añadieron el ingrediente y el contenido emocional de la patria y la nación para aglomerar en un mismo sentimiento ilusorio cualquier atisbo de rebeldía. La patria eliminó al pueblo, a la comunidad, y se convirtió en la entelequia por la que vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser.

Con esta idea se consiguió la conocida paz social. Un complejo y macabro estímulo que permitiría amasar las consciencias en nombre del orden y el progreso. La dádiva con la que mecían la cuna era y es el mantra del “crecimiento”. Hay que crecer, hasta el infinito y más allá, por todas las tierras (colonialismo) y por todos los espacios estelares (carrera espacial). Ese es el virus macabro que Leviatán nos inyectó: la expansión, el crecimiento, el egoísmo irracional, la territorialidad. En su macabra inversión nacen los nacionalismos, hijos bastardos del mismísimo Leviatán que pretenden emular a su padre.

Por suerte Lucifer cayó del cielo con un mensaje claro: “ustedes son libres e inteligentes, y tienen capacidad de pensar y de decidir, de emanciparse de todo yugo”. Fue ahí cuando llegaron nuestros problemas, porque al rebelarnos al orden establecido cabía la posibilidad, como bien ocurrió, de que nos expulsaran del paraíso de la ignorancia y la servidumbre.

Pero Leviatán fue aún más inteligente y consolidó un conocido y pragmático paraíso en la tierra basado en la tenencia ilícita de las aguas, de las tierras, del cielo y de los aires. A eso lo llamó primero reinos y luego estados y luego propiedad privada, y esos estados fue la causa de todos los males. Su agudeza fue tal que logró confundir a los que aún parecían pensantes, señalando a Lucifer, el portador de luz, como al auténtico enemigo. Los lugares y las cosas dejaron de usarse y pasaron a ser poseídos. Se rompió el equilibrio natural del círculo y empezaron a crearse las pirámides, las jerarquías, los privilegios de unos sobre otros, la estructura.

Y fue así como poco a poco Leviatán se apoderó de los mensajes, de sus contenidos. Primero creó grandes iglesias gracias a la vanidad de los poderosos. Grandes templos, grandes partidos políticos donde aglutinar el egoísmo y la competencia, secuestrando con ello las ideas y relegándolas a lo anecdótico. Creó instituciones que secuestraron cualquier tipo de libertad y creó la ciencia como abanderada de la única y posible verdad. Las iglesias hablaban del mensaje de amor pero sin saber su significado. En las escuelas pasaban rápidamente por el capítulo de la revolución francesa porque el temario de la libertad, la fraternidad y la igualdad no era digno de estudio. La sanidad olvidó la curación y se centró en la enfermedad como vía de enriquecimiento. Y luego el ejército robó vidas y secuestró tierras y poseyó al hombre de la legitimidad para vencer cualquier promesa: la violencia organizada y la coerción en manos de unos pocos.

Ya Platón abanderó su «comunismo platónico» advirtiéndonos de la corrupción de los poderosos. Pero no fue suficiente. MIles de años más tarde seguimos padeciendo sus miserias. Con todo ello se secuestró la libertad de pensamiento y la libertad de movimiento y creó la más terrible de las armas: la normalidad, lo común y lo esencialmente sistematizado. Y fue así como Leviatán, disfrazado e invisible, creó la compleja maquinaria en la que estamos envueltos…

Y por eso ahora, en los tiempos que corren, nace la pregunta que a todo hombre libre le asfixia por dentro: ¿cómo defendernos de Leviatán? La magia del espíritu libre murió, fue enterrada o quemada en la hoguera en tiempos pasados. Pero ahora renace con fuerza ante el inevitable y poderoso despertar de la ardiente llama.

(Fragmento de capítulo de la segunda edición de «Creando Utopías»).

Carta de Rato a Gordillo


Querido Juanma,

Aún no has entendido que la utopía no se consigue asaltando fincas y supermercados. Que los verdaderos héroes ya no son los que roban a los ricos para dárselo a los pobres, sino viceversa. La gente adora a los banqueros que os roban, aunque nos metan en la cárcel. La gente de verdad, la genuina raza española, prefiere codearse con el dinero, con la opulencia y la vanidad. Los rezagados utópicos llegáis tarde a la promesa del nuevo orden. Tenéis poca clase, sois bastos y torpes en vuestras acciones y encima os creéis los Robin Hood de nuestro tiempo.

Porque tienes que explicarme con mucha calma qué es eso de tener una vivienda por quince euros al mes. ¿Acaso quieres arruinar el esfuerzo y tesón de tantas generaciones? ¿Y lo de expropiar tierras para dar trabajo a los parados? ¿Y eso que te ha dado ahora por decomisar alimentos para donarlos a los pobres? ¿No te das cuenta que con esas acciones sólo vas a conseguir el repudio de la sociedad, que lo único que desea, y lo demuestra, es codearse con nosotros?

Pero en el fondo, tus fantasías trasnochadas nos vienen bien, porque demuestran que sois una panda de malhechores que no respetan la legalidad, el orden y las reglas de nuestra amada democracia. Nosotros, los valedores del orden y la disciplina, que conseguimos recortar en educación y sanidad para rescatar nuestros laudos y firmezas. ¿No os dais cuenta de cual es el verdadero camino?

Un abrazo, y suerte…

Tu siempre Rato Pa Rato…

La fábula del “Amo de los Monos”


Una parábola china del siglo XIV, atribuida a Liu Ji, destaca muy bien la interpretación descuidada acerca del poder político. La traemos a cuento de todo lo que está pasando hoy día, y porque forma parte del libro de próxima aparición en nuestro nuevo sello editorial Dharana, del famoso pacifista Gene Sharp titulado: «De la dictadura a la Democracia».

En el estado feudal de Chu, un viejo vivía de tener monos a su servicio. Las gentes lo llamaban “ju gong”: el Amo de los Monos.

Todas las mañanas el viejo reunía a todos los monos en su patio y ordenaba al más viejo que condujera a los demás a la montaña a recoger fruta de los árboles y matas. La regla era que cada mono tenía que darle al viejo la décima parte de lo que recogiera. Los que no lo hacían eran brutalmente azotados. Todos los monos sufrían amargamente, pero no se atrevían a protestar.

Un día, un monito les preguntó a los otros: “¿Fue el viejo quien sembró los árboles y las matas?” Los otros le respondieron: “No; brotaron solos.” El monito les dirigió otra pregunta: “¿No podemos nosotros coger la fruta sin permiso del viejo?” Los otros replicaron: “Sí, todos podemos hacerlo.” El monito siguió: “¿Entonces por qué tenemos que depender del viejo? ¿Por qué tenemos que servirlo?”

Antes que el monito hubiera terminado su discurso todos los monos de pronto se sintieron iluminados, y despertaron.

Esa misma noche, al observar que el viejo se había quedado dormido, los monos rompieron las barreras del vallado donde se hallaban encerrados, y destruyeron el recinto por completo. También se apropiaron de cuanta fruta el viejo tenía guardada y se la llevaron al bosque, y nunca más volvieron. Al fin el viejo murió de inanición.

Yu-Li-Zi dice: “Algunos hombres en el mundo gobiernan a su pueblo mediante tretas y no por principios rectos. ¿No son éstos iguales al amo de los monos? La gente no se ha dado cuenta de su embrutecimiento. Apenas se les ilumine el conocimiento, las tretas dejarán de funcionar.”

Patxi López: culpable


Creo que va siendo hora de que los ciudadanos empecemos a denunciar la indecencia y lo hagamos con nombre y apellidos. Es necesario que nosotros con nuestra denuncia también empecemos a desenmascarar a todo aquel que desea vivir a costa de nosotros, inclusive de forma abusiva y poco ejemplar.

Empecemos con el lehendakari Patxi López que acaba de blindarse una pensión vitalicia de por vida, siendo, además, uno de los presidentes autonómicos que más dinero ganan muy por encima del presidente de España.

Patxi López, miembro del Partido Socialista Vasco. Estudios: bachiller. Gustos: el cine. Oficio conocido en toda su carrera profesional: político. Declarado: culpable por impropiación indebida de una pensión vitalicia de por vida de un insoportable sueldo de lehendakari.

El sueldo anual del lehendakari Patxi López, con 97.519 euros,  es el segundo más alto de todos los presidentes, por detrás del president de Catalunya, que está cifrado en 122.426 euros.

¿Cuando vamos a terminar con estos reinos de taifas donde cada uno hace lo que le da la gana a costa de los demás? Lo siento señor Patxi López, pero acaba de decepcionarnos con su actuación y le vamos a pedir que rinda cuentas ante la justicia.

Soluciones:

Que todos los presidentes autonómicos tengan regulado el sueldo por una entidad mayor, y sea igual para todos. En el caso del lehendakari, por ser titulado en Bachiller debería cobrar como un funcionario de la categoría C1, es decir, unos 720€ al mes. ¿Cómo es posible que cobre más de 8.000€ al mes?

No podrá ejercer un cargo público una persona que no tenga estudios superiores. ¿Cómo podemos ser gobernados por personas que no saben idiomas y que además no sabrían hacer una raíz cuadrada?