Donde brilla la luz


«Cuando te acosen los tigres de las preocupaciones, las enfermedades y la muerte, tu único refugio es el templo interior del silencio. El hombre profundamente espiritual vive día y noche en un sereno silencio interior, el cual ni las amenazadoras preocuaciones, ni siquiera el estruendo del mundo en colisión pueden perturbar».

Paramahansa Yogananda (1893-1952), Donde brilla tu luz, p47

(Foto: Artaza, Navarra con la casa de Koldo al fondo).

Sobre las creencias…


El Señor Buda ha expresado que: No hemos de creer en lo dicho, simplemente porque fue di­cho; ni en las tradiciones, porque han sido trasmitidas desde la antigüedad; ni en los rumores; ni en los escritos de los sabios, porque han venido de ellos; ni en las fantasías, que se suponen haber sido inspiradas por un deva (es decir, una supuesta ins­piración espiritual); ni en las deducciones basadas en alguna su­posición casual; ni por lo que parece ser una necesidad analógica; ni por la mera autoridad de nuestros instructores o maestros, si­no que hemos de creer cuando lo escrito, la doctrina o lo dicho, está corroborado por nuestra propia razón y conciencia. Por eso, enseñé a no creer lo que oyen decir, sino que, cuando lo crean conscientemente, actúen de acuerdo y plenamente.

Mantran del Maestro El Tibetano


Soy un mensajero de luz.
Soy un peregrino en el camino del amor.
No estoy solo.
Sé que las grandes almas y yo somos uno.
Y el servicio que prestamos es uno.
Su fuerza es mía y esa fuerza la reclamo.
Mi fuerza es de ellos, la entrego voluntariamente.
Como alma camino en la tierra.
Represento al uno.
(Foto: Compartiendo experiencias en Etiopía, octubre de 2009)

El Guardián de la Montaña


Los amantes del símbolo solemos observarlo todo con doble intención. Ayer, mientras que el amigo y colaborador de Séneca JM me enseñaba el museo de Bellas Artes de Córdoba, lugar donde trabaja como conservador, vimos que en su despacho había una construcción que alguien había hecho de forma casual o… causal. Se trataba de un triangulo formado por tres cuadros y coronado por uno de ellos con un gran 33 en su vértice superior. A cualquier amante de la simbología le llamaría pronto la atención. Si en alguna parte hubiera encontrado algún escrito donde pusiera «ordo ad chao», entonces la procedencia hubiera sido clara. Los símbolos son hermosos porque transmiten fuerza, y además, están escritos en un idioma universal. A. me coronó el otro día con un título simbólico y hermoso: «El Guardián de la Montaña. Me gustó el nombre, que añadido al de El Loco, suma más que resta… Símbolos que esconden una realidad que algunos intuyen de forma acertada…

La Bandera de la Paz


Siempre nos acordamos de la paz cuando hay guerra, pero en su ausencia aparente, siempre existen guerras menores, psicológicas, emocionales, mediáticas, ideológicas, que bombardean constatemente nuestras vidas. Hoy, mientras sacaba algunas cosas de las eternas e interminables cajas de la mudanza, he encontrado el regalo que me hizo el presidente de la asociación y el museo español dedicado a Roerich en agradecimiento por editar una biografía del fundador del movimiento por la cultura de la paz. Roerich, artista polifacético, místico y aventurero, dejó un hermoso legado y sobre todo, un hermoso mensaje: paz. Y tras descubrir la bandera, emocionado, con las calores sofocantes, me he colgado en el tejado de mi casa y he ondeado la bandera de la Paz. Supongo que mis vecinos, en cuanto la vean, acabarán confirmando sus sospechas: este tipo está completamente loco. De momento, ahí va a permanecer, la locura y la bandera… y que la paz reine entre nosotros por mucho tiempo…

(Foto: la bandera de la Paz ondeando en la casa del editor, en La Montaña, septiembre de 2009).

El mensaje de las piedras


Resulta fascinante poder entrar en un templo, especialmente a uno de esos que se construyó en el medievo o antes, y ver el afán del humano por encerrar en ellos eso que llaman la divinidad. Cuando estás ante un pronaos, en ese umbral que separa el mundo profano del sagrado, es inquietante detenerte unos segundos y pensar que es posible, en la fantasía y los sueños de los hombres, penetrar a un mundo diferente. Y cuando entras al naos, al lugar sagrado, entiendes porqué allí todos los planos de la existencia se relacionan entre sí. Las piedras te hablan, porque tienen un mensaje, y te transmiten esa protección para el alma viajera, un reposo en el camino, un contacto con esa parte trascendente que está más allá de nuestra limitada comprensión. Uno de mis pasatiempos siempre ha consistido en visitar lugares que los humanos han considerado como sagrados. Las iglesias, catedrales y templos de todas las religiones son sitios que me fascinan. Cada tanto tiempo me gusta viajar a una ciudad antigua y visitar esos lugares. Hice un viaje fascinante por Escocia e Inglaterra en coche donde visitaba todos los viejos centros de poder espiritual, esos que fueron labrados en el medievo y que pretendían expresar una realidad incómoda. En España, el Camino sagrado de Santiago te permite contemplar de igual forma esa magnifica sinrazón. Cada lugar posee dentro de sí una historia única e irrepetible. Las piedras te hablan, te transmiten algo. Me gusta pararme, tocarlas, cerrar los ojos como si pretendiera escuchar en su interior. Más allá de la liturgia de turno, me encanta sentarme en algún lugar sombrío y preguntarme por qué el hombre siempre ha sentido la necesidad de construir este tipo de lugares, todos orientados de oriente a occidente, intentando alcanzar el cielo simbólico, albergando dentro de sí la luz del saber. Me conmueve esa extraña conexión con el Absoluto. Me conmueve pensar en nuestra finita condición, sin más explicación que la pobre esperanza de que la vida, por algún motivo que desconocemos, haya valido la pena.
(Foto: Piedras con sus marcas de canteros, en A Mezquita, Galicia, agosto de 2009).

Ilusión


¿Dudas de lo Ilusorio? Esta mañana, mientras daba de comer a las gallinas, patos y conejos, me quedé mirando por un instante sus vidas… Entonces de repente no sólo vi las suyas, también la de cientos de hormigas que buscaban afanosas su alimento, y sentí el respirar de las plantas y los árboles, y la tenue luz de la mañana que rozaba con ese frescor madrugador todo cuanto se oculta. Era como un baile donde todo vivía en un unisono mágico. Y entonces vi más allá de la forma aquello que los sabios llamaron el árbol de la vida, que dicen creció en el Edén justo al lado del árbol de la ciencia y que fue vetado por Dios para que no nos volviéramos eternos como Él. Y los querubines que lo protegen, esos guardianes del umbral, lo llaman los orientales maya, los científicos sentidos y los que se afanan por despertar de su condición, a falta de un nombre mejor, lo llaman Ilusión. Y ahí está el árbol, en la brisa suave y en el hormigueo incesante de la tierra húmeda. Ahí está la vida…

El cielo de la luz sonora


Contemplar el cielo es uno de los espectáculos más asombrosos que conozco. Ya sea por la noche o por el día, en el ocaso o al alba, todo cuanto ocurre y todo cuanto imaginamos que puede ocurrir nos estremece. Según el budismo japonés, imaginar el cielo de la luz sonora constituye una de las etapas que debe superar el sabio para triunfar sobre el mundo… Para los oráculos caldeos, esa es la armadura con la que Dios se protege del hombre. En todo caso, nos resulta difícil mirar hacia arriba, tan acostumbrados a vivir observando la tierra, y en el mayor de los casos, nuestro ombligo. Y cuando miramos… ¿donde se detiene la mirada? ¿Hasta donde podemos llegar con la misma? ¿Cuan limitados estamos que no podemos ver más allá de la armadura sonora? Como quisiera atravesarla a cada instante, para recordarnos que dentro de la miseria cósmica, lo humano está en la cloaca más oscura.

(Foto: Este hermoso cielo lo fotografié en Salamanca, en agosto de 2003).

El ángel de la guarda


Estaba incluyendo algunas citas en mi tercer libro sobre la tradución que Marsilio Ficino hizo sobre el libro de Hermes Trimegistros llamado Corpus Hermeticum. Hermes narra que adquirió su conocimiento a través de una visión mística donde contempló el movimiento de las esferas. En este éxtasis visionario, Poimandres, es decir, La Inteligencia Universal, le reveló desde su interior todos los misterios voviéndose Hermes en un adepto. En el esoterismo moderno, a Poimandres se le llama el Santo Ángel de la Guarda. Según los hermetistas, todo el trabajo del estudiante de los misterios consiste en obtener el estado de conciencia que le permita conversar con su ángel o inteligencia interior. Esto es, adquirir la conciencia del manas superior o cuerpo mental abstracto, el inconsciente colectivo de los psicólogos, y así obtener el verdadero conocimiento esotérico que lo convierte en adepto. Es el bautismo del Espíritu Santo que menciona el cristianismo o la adquisición de buddhi o iluminación que menciona el budismo. Sea como sea, la figura del ángel de la guardia siempre ha representado un icono en todas las culturas… y, ¿quién no ha conversado alguna vez con él? Audi, vide, tace: escuchar, ver y callar.

Perspectivas desde el mundo real


Estimado M.,

Estoy sereno, ha dejado de preocuparme la situación y creo que de alguna forma la he trascendido, al menos en lo que respecta a la experiencia vital. El precepto filosófico por excelencia es ese “todo está bien”, porque todo lo que ocurre en el universo es a expensas de unas causas primeras que nunca logramos entender porque andamos anclados a la realidad de la manifestación y el maya. Así que esto que me ocurre, incluso lo que ocurrió ayer en la gasolinera, responde a un “propósito” que la mayoría de las veces ignoramos. ¿Podríamos ignorar que las estrellas que se veían desde A Cerca giraban unas sobre otras en torno a un núcleo que no podíamos ver pero sí intuir? Y es en esa intuición donde nos inclinamos a pensar que efectivamente, todo está bien. Las estrellas no se caen del cielo y sus observadores tienen la oportunidad de maravillarse a expensas de las circunstancias exteriores de cada uno… Sólo deben importarnos las perspectivas desde el mundo real, esa frase tan gurdjieffana que pretende expresar una verdad que siempre ignoramos. Lo de estar bien o mal externamente forma parte de la originalidad de cada uno, y eso no necesita ningún cambio. Es tan sólo producto de una ilusión que nunca llegamos a entender ni controlar. El verdadero cambio es interior, porque es desde el interior desde donde transformamos la vida real. ¿Y cual es la vida real? Aquella que nos conduce a cada instante hacia nuestro propósito vital y nos aleja de las confusiones y las reacciones del mundo externo. Sin lucha no hay cambio, no hay progreso ni resultado. Y si miramos al espejo de nuestras vidas, vemos con asombro como algunos hábitos se han instalado de tal forma que nos han convencido que eso que vemos es realmente lo bueno, cuando, aunque nos parezca increíble, eso que vemos es siempre nuestro peor enemigo. Siguiendo con G., podríamos sentenciar eso de que la vida es real sólo cuando “yo soy”… La eterna diferencia entre la moral del guerrero y la moral del esclavo… Y esclavo es aquel que se deja guiar y aconsejar por las circunstancias externas: el rey que cree ser rey y el pobre que cree ser pobre. Una cómoda pero pobre expresión de todo cuanto no somos.

Un abrazo y disfruta de lo aparente…

El centro positivo


La mayoría de las veces ignoramos que todo cuanto ocurre obedece a un propósito, a una superestructura donde toda forma, toda idea, tiene un centro positivo de vida. Todo está construido y entrelazado en torno a un núcleo central de fuerza, y si pudiéramos tener la suficiente paciencia y sabiduría para entenderlo, seríamos infinitamente capaces de influir en ellos. Todo se teje en nuestras vidas de forma meticulosa. Todo, incluso el más leve pestañeo que nos recuerda la necesidad de un buen enfoque visual.

(Foto: enfocando la realidad de este momento, el pazo de A Cerca, un lugar maravilloso en un enclave único).

¿Se puede espiritualizar la política?


Siempre me he quejado de la sabiduría encapsulada, o barata, como la llamaron ayer en un encuentro político. Algunos creen que la espiritualidad es algo que tiene que ver con la religión, y además, con una religión muy específica, cargada de dogma y ritual. Pero estamos en un nuevo tiempo donde lo espiritual, una vez quitada la estigmatización que esa palabra pueda tener, se diluye en la vida diaria y en todas aquellas actividades que requieren atención. Porque espiritual no es rezar cuatro aves marías y flagelarse hasta la saciedad con el mea culpa, que también. Espiritual es conectar esa parte abstracta del ser humano, esa parte infinita, ilimitada, con esa otra parte finita y que ocupa el noventa por ciento de nuestras vidas. En esa síntesis, lo espiritual requiere de cierta consagración de las cosas diarias. Y la política, la economía, la educación, y todas aquellas actividades que ocupan nuestras vidas deben tomar el rumbo de espiritualizarse, es decir, de hacerlas humanas en el sentido más amplio de la palabra. Y ahí incluyo la política, la cual debe verse como un acto de servicio y no como una oficina donde colocarse. Así, la responsabilidad del que se cree «espiritual» debería mostrarse en todas las actividades humanas, y no los domingos en misa de doce a una. Las personas reflexivas deben atender a la necesidad de trabajar para resolver los conflictos de la humanidad, y esto sólo es posible dedicando toda su actividad a ese propósito. El sentido común requiere de esa inteligente actividad. Si dejamos la política y la economía en manos de bestias descerebradas el mundo no podrá prosperar jamás.

(Foto: Si bien los masones tienen prohibido hablar de política y religión dentro de las logias, en su actividad normal intentan compaginar cierta espiritualidad dentro de la vida mundana. Este grupo de hombres entendieron bien en el siglo XVIII la importancia de espiritualizar toda la actividad humana, intentando con ello hacer de un mundo bueno, un mundo mejor. Véase mi libro «Entrevista a un masón»).

El Silencio frente al Ego


Héctor me envía este hermoso texto que comparto…

Habla simplemente cuando sea necesario.
Piensa lo que vas a decir antes de abrir la boca.
Sé breve y preciso ya que cada vez que dejas salir una palabra por la boca, dejas salir al mismo tiempo una parte de tu vitalidad.
De esta manera aprenderás a desarrollar el arte de hablar sin perder energía.
Nunca hagas promesas que no puedas cumplir.
No te quejes y no utilices en tu vocabulario palabras que proyecten imágenes negativas porque se producirá alrededor de ti todo lo que has fabricado con tus palabras cargadas de esa energía.
Aprende a ser como un espejo, escucha y refleja la energía. El universo mismo es el mejor ejemplo de un espejo que la naturaleza nos ha dado porque el universo acepta sin condiciones nuestros pensamientos, nuestras emociones, nuestras palabras, nuestras acciones y nos envía el reflejo de nuestra propia energía bajo la forma de las diferentes circunstancias que se presentan en nuestra vida.
Cuando la estructura del pensamiento pierde su presa, nosotros ya no estamos, antes éramos espectadores y observábamos todos sus movimientos. Ahora estamos en otra dimensión, la del silencio, no perturbadas por ningún movimiento. Estamos inmersos en el espacio interior de la vacuidad hemos andado de la energía condicionada, particularmente nuestra, a entrar en nuestro propio ser.
Del Silencio Interior se desprenden dos llaves para abrir la puerta del “Despertar”, Esas llaves son: El no Juzgar (quietud en la mente) y La Paz Suprema (quietud en el corazón). La clave para obtener todas estas dos llaves es la respiración.Callar al Ego es la antesala del “Despertar”; el Silencio es la puerta misma del “Despertar”. Sin embargo, callar al Ego es difícil; en cambio respirar es fácil. Si respiras lenta y profundamente en todo momento del día, la mente se calmará; si la mente se calma, el corazón se aquieta; si mente y corazón se tranquilizan el Silencio surge solo. Si el Silencio surge, el “Despertar” está cerca.La meditación es la forma suprema del Silencio. No hay meditación sin Silencio, ni Silencio sin meditación.La «Luz» no llega de ningún lado, la Luz está siempre en Todo y en todos; sólo hay que percibirla. Para percibirla hay que guardar silencio.

En el silencio los gestos del ego se desvanecen.
El silencio no es la falta de ruido sino la falta de ego.

El Noble Óctuple Sendero


El Buda nos dejó una enseñanza hermosa resumida en sus Cuatro Nobles Verdades que pretendían profundizar en las causas de la angustia y el sufrimiento del mundo. Sus cuatro principios se resumen de la siguiente forma:

1. La existencia en el mundo es inseparable del sufrimiento y la tristeza.
2. La causa del sufrimiento es el deseo.
3. El cese del sufrimiento se logra anulando todo deseo.
4. El medio para lograr que cese el sufrimiento es hollar el Noble Óctuple Sendero.

Sin duda, esta enseñanza es sencilla pero totalmente práctica. Sufrimos y sabemos que el sufrimiento nace del deseo. ¿Cómo anular ese deseo y de paso el sufrimiento? La fórmula de Buda es bien sencilla: el Noble Óctuple Sendero que consiste en:
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1. Recta creencia.
2. Recta intención.
3. Recta palabra.
4. Correctas acciones.
5. Recto vivir.
6. Recto esfuerzo.
7. Recto pensar.
8. Correcta concentración.

Dicho así, la tarea parece fácil. Sin duda no lo es, porque tal y como se expresan estas enseñanzas, de forma sencilla y práctica, resultan excesivamente complejas para seres que perdieron la esencia de la sencillez. Estamos tan imbuidos en el deseo que el sufrimiento parece causa común en nuestras vidas y nos resulta difícil vivir alejados de esa constante insatisfacción acompañada de su incesante nostalgia. Resulta casi un sobre esfuerzo el poder vivir de forma desapegada, desapasionada y discernida. Olvidamos que tenemos, como seres, un valor alejado de nuestras cosas y pertenencias, y que por lo tanto no tenemos necesidad de desear nada porque somos realmente libres. Y lo más grande de todo es que tenemos capacidad de amar, ese ama a tu prójimo como a ti mismo, y además, ámalo hasta que te duela.
(Foto: Estupas budistas en el Desierto del Gobi, Mongolia, junio de 2007).

Mata al Buda


El hombre estuvo hasta ocho horas sentado, sin inclinar la cabeza ni para un lado ni para otro, buscando en el centro de la posición la verticalidad suficiente para conducir sus energías y fusionarlas con el cosmos. Esa quietud inmóvil, física, emocional y mental, junto con un elevado control de la respiración, eran la clave para acercarse a lo que los orientales llaman samadhi, satori o iluminación. Más allá de las formas, de las apariencias, de la ilusión, del maya, estaba la rectitud contemplativa del infinito. Sin embargo, en la hora séptima, se le apareció una gallina que aseguraba ser la reencarnación viva del mismísimo Buda. La gallina búdica le suplicó que extendiera su mano para poder ver de cerca cuanto había el aspirante progresado en su meditación. El hombre, sin inclinar su eje vertical, extendió la mano hacia el gallinazo iluminado mientras que al mismo tiempo recibía, justo en el hombro izquierdo, un gran golpe propiciado por su mentor. «Maestro, se apareció el Buda con forma de gallina». «Mata al buda», le increpó el maestro. Y matar al Buda es matar a la ilusión, es matar las imágenes que formamos en nuestra mente, es matar los prejuicios, los temores, los miedos. Todo forma parte de la ilusión, del teatro al que nos debemos, en el que nos movemos y tenemos nuestro ser. Unos parecen altos y otros bajos, unos parecen guapos y otros feos, pero lo único cierto es que tras la apariencia, se esconde una chispa de vida que desea transmitir urgencia. La mujer le pide al hombre que sea firme en sus decisiones, en sus actos, que sea inquebrantable y dirija su vida con seguridad, en ese eje vertical que conecta su centro con el infinito. Sólo así la mujer puede bailar la danza de Shiva y avivar el fuego en ese espacio de seguridad. Pero puede ocurrir que el hombre se deje arrastrar por la ilusión y olvide matar al Buda, y extienda su mano a cualquier gallinazo aparentemente iluminado por la radiante luz… solar…

La mirada interior


Entre lo externo de cada uno y lo interno hay un trecho que algunos llaman la mirada interior. Dependiendo del enfoque y la fuerza que esa mirada posea, lo exterior parecerá más bello o poseerá cierto atractivo capaz de enamorar a cualquiera. Incluso algo que ausente de mirada pudiera parecer tosco, se va embelleciendo a medida que la interiorización va cobrando protagonismo. Ayer le preguntaba a I.P.R., dado mi nuevo estado de soltería, donde va la juventud de estos lares a divertirse. Me insinuó ciertos sitios en La Carlota, pero me parecieron algo así como la tierra de los gorilas de montaña de Dian Fossey. Cuando era más joven, solía ir a ligar a las bibliotecas o a lugares solitarios al estilo la Isla de los Pingüinos que no a los explosivos volcanes de Virunga donde todo era excesivamente excitante pero carecía de la delicadeza y el tacto que uno andaba buscando por esos tiempos. Mientras mis coetáneos se marchaban a la discoteca de turno, era fácil sorprenderme practicando meditación trascendental en cualquier lugar exótico con gente particularmente exótica. Así, la mirada interior a veces se volvía mirada extraña para el ojo ajeno, y en muchas ocasiones, mirada insólita. Así me iba. Casi nunca ligaba y cuando lo hacía acababa la cosa en montaña rusa. Bueno, pues recordando aquellos retazos de juventud, ayer me fui a practicar Raja Yoga con un grupo de gente bonita. Entramos a la sala común, cerramos los ojos, cantamos tres veces el OM, respiramos, nos relajamos, viajamos al interior explorando nuestras zonas erróneas, seguimos respirando controlando cada pulso interior, abría de vez en cuando el ojillo para ver si entre la fauna estaba aquella que sabía volar, volvía a cerrar, remiraba una y otra vez… nada de nada… En fin, como un adolescente desarrollando esas técnicas de vigilia. Al finalizar, y visto el poco éxito en la meditación y en el ligue, conté una de vaqueros, de cuando viajé a la India y practiqué en Mount Abu el Raja Yoga, o de cuando una vez que, practicando una intensa meditación en una excursión con la Cruz Roja siendo yo monitor por aquellos entonces, tuvieron que venir tres o cuatro personas a sacarme del trance en el que había entrado. Eso sí, el trance era justificado porque la niña con la que hice la meditación estaba bien buena… Pues eso… mirada interior, puente indispensable para ser bellos por dentro y por fuera… y de paso, pasar un buen rato sin necesidad de drogas, éxtasis o cualquier otro artilugio que nos haga parecer más gorilas…

Pensamiento simiente


El pensamiento vano, egoísta, cruel y de odio, expresado en palabras, produce una prisión, envenena todas las fuentes de vida, provoca enfermedad y causa desastres y demora. En consecuencia, se amable, bondadoso y bueno, dentro de tus posibilidades. Guarda silencio y la luz entrará en ti.

Tratado de magia blanca o El camino del discípulo, p. 474, Alice A. Bailey, 1951, Edición española de Editorial. GRACIAS JOAQUIN…

Muchos mundos


La filosofía es la base primera que se contempla antes de convertirnos en sabios. No existe la sabiduría, el sophos, sin antes haber especulado en los arcanos filosóficos del mundo. En la antigüedad, no se podía aspirar a la primera y menos aún alcanzar la segunda sin antes penetrar en lo que por entonces llamaban los Misterios. Algunos de ellos tenían que ver con la reminiscencia platónica, la cual consiste en recordar todo aquello que está dentro del hombre. La anamnesia pretende llegar a las formas esenciales y prototípicas que se encuentran en alguna parte quizás no muy lejos de nosotros mismos. “Tú te crees una nada, y sin embargo, el mundo reside en ti”, nos decía el persa Avicena.

Es por ello que algunos decidieron tomar el camino más corto, el teórico, ya que el misterio, ese velo al que se llega tras filosofear durante una vida a la búsqueda de la “sacudida” perenne, conlleva indudablemente al contingente en el que todos los sabios del ayer y el hoy han volcado su existencia.

A pesar de que no todo es teoría y aún así se necesita de la misma para penetrar en la esencia común, vamos a intentar dar un paso hacia ella retomando viejas discusiones de antaño. Una que llamó mucho mi atención consistía en descifrar la ilusión de la luz para adivinar la verdadera realidad de la oscuridad. Este siempre fue un debate intenso con Mario derivado de premisas filosóficas y científicas pero sobre todo, nacido de una mística plagada de intuiciones útiles. En Cosas del Camino se dan algunas pistas: La Oscuridad Brillante, la Musicalidad del Silencio. Nuestra Raza Espiritual nos lleva envueltos en Silencio a fundirnos en la maravillosa Luz de la Brillante Oscuridad, allí donde no hay diferenciaciones, donde no viven los fantasmas creados por la fragilidad de la forma.

Podríamos caer en la fácil afirmación de un pensamiento dual o de simetría especular, siendo la oscuridad producto de la luz de forma simétrica y también viceversa. Sin embargo, Mario trasciende con agudeza esa dualidad primaria. Para los científicos, en plena coincidencia con la mística más actual, la solución es pensar en un universo diseñado en más dimensiones de las que conocemos. Utilizan supuestos como la famosa teoría de cuerdas en las que el universo y todas sus partes están unidos por una infinita amalgama o red de cuerdas o filamentos fundidos entre sí. Es decir, un átomo no es un elemento aislado en un punto con un principio y un final, sino más bien un hilo, filamento o cuerda multidimensional unido en el espacio y el tiempo a elementos de una misma naturaleza.

A escala humana, podríamos pensar que no somos puntos-partículas, sino supercuerdas que vibran en un increíble concierto silencioso de múltiples omniversos. Y la experiencia mística, al igual que la experiencia científica, pretende acercarnos a esa otra realidad que no podemos observar ni entender. Es la mecánica cuántica la que doblega la dualidad afirmando que toda materia o particula tiene una onda asociada, es decir, todo punto de luz está asociado a una cuerda de infinita oscuridad por lo que todo el universo está interconectado de alguna forma que desconocemos.

En la edad media, las cuestiones sobre esa dualidad también se expresaban. En la construcción de las grandes catedrales se intentaba conservar la luz interior entre la oscuridad de sus muros para luego, en estilos más perfeccionados, dejar penetrar la misma con la intensidad de la llama directa. Mario, acostumbrado a la sutiliza filosófica de la simbología de los arquitectos y los constructores de templos, mira más allá de la afirmación trascendiendo la simplicidad expresiva. No hay luz, no hay oscuridad, sino un Absoluto atemporal que a falta de un nombre mejor lo llama Oscuridad Brillante. “¿Será que el Absoluto es la oscuridad dentro de la oscuridad?”, nos dice en Cosas del Camino.

Es por ello que la dualidad filosófica, o dicho de otra forma, la ilusión de las formas, se resuelve en una Unidad cuyo propósito, de haberlo, nos resulta ininteligible. Y este resulta un punto extremadamente importante y expresamente delicado. Sobre el mismo, se defienden posturas bien diferenciadas. Algunos apuestan por un universo o unidad sin propósito, Propósito entendido como un mandamiento cósmico implantado en nuestros genes –materiales/soma, humanos/psique y espirituales/nous-. Y están los que expresan que el Propósito es imprescindible en la esencia y en la experiencia humana. El mayor de los teosóficos lo llamaría “El Propósito que los Maestros conocen y sirven”, idea que pretende revelar un prototipo del estado superior humano al que algunos llaman de maestría o angélico, conducido ya no por una inteligencia racional esclavizada irremediablemente a su código genético y a su libre albedrío, sino guiada por ese instinto de naturaleza superior al que los más atrevidos dan por llamar intuición y que nace de un mismo punto de partida: el conocimiento de uno mismo, el gnosti te autvn o nosce te ipsum. Es decir, estamos hablando de la persecución que el sabio emprende una vez trascendida la métrica filosófica primera. En este punto, y aquí radica la diferencia entre el filósofo y el sabio, se autoaplican la regla que trasciende a la de Delfos: “quién se conoce a sí mismo, conoce a su Señor”.

“Difícilmente es concebible el Absoluto pleno de luz. Tiene que ser Oscuridad”, nos dice Cosas del Camino. Aquí la inteligencia se retuerce una vez más ya que vivimos gracias a la Luz y su producto, la ilusión, el maya hindú. Si es así, si el sentido de la vida nace gracias a la unción de la misma, ¿cómo es posible concluir que el Absoluto es Oscuridad? Sin duda, hay más vida de la que somos capaces de abarcar. La vida física, expresada en términos materiales y derivada de radiaciones cósmicas de toda índole, no puede ser una expresión tan sencilla como para despacharla a la razón de concluir que se lo debemos todo a la luz. La visión física, el alimento vital de las plantas y por lo tanto el sustento de todo cuanto ocurre en nuestro planeta, debe seguir un orden mayor y desconocido al que resulta difícil llegar, entender, racionalizar o explicar. Y dentro de ese orden mayor estamos nosotros, pequeñas larvas de un organismo cuyo sentido desconocemos y cuyo propósito no resulta velado. Siendo así, ¿qué sentido tiene el pensar sobre ello? ¿Qué beneficio obtenemos al deducir ciertas premisas filosóficas o místicas? Por supuesto, el sentido y el beneficio no pueden estar dentro de lo marcadamente humano.

La gracia del asunto consiste en trascendernos a nosotros mismos y situarnos por encima de nuestra propia normalidad. Rasgar el velo de lo racional para prender mecha a esa intuición mística que nos debe aproximar a un estadio placentero, a un lugar donde no exista más ilusión que el Silencio Absoluto y la Oscuridad Absoluta. Y en ese concierto de Silencio y Oscuridad, disfrutar de la visión palpable de algo diferente, único y extraordinario: aquello que está más allá de nosotros mismos y sin embargo, cohabita con nuestra condición humana. Y es tras la experiencia mística cuando nacerá el interrogante segundo de sabernos sabedores de un propósito vital y universal o de un desquiciado naufragio cósmico lleno de derivas.

Sea como sea, todas las escuelas pasadas, presentes y futuras, todas las religiones y todos los sistemas espirituales nos advierten de una misma cosa: “conócete a ti mismo y sean buscadores de la luz”. ¿Y de donde nace esa necesidad de luz? Quizás para conducirnos por esa inmensa e infinita Oscuridad Brillante de la que nos habla Mario. La luz interior será nuestra linterna mágica, y de ahí la nece
sidad de muchos mundos más allá de nuestro país engañoso. Platón insistía en ello: “todo lo que el hombre aprende está en él”. Siendo así, demos la luz y busquemos nuestro propósito.

(Foto: visita no guiada a las minas de la Plata, muy cerca de La Montaña, junio de 2009)

La Caridad


Buceando en un texto de budismo zen me he encontrado con un texto cristiano muy hermoso. Habla sobre la caridad o el amor, y quiero compartirlo para la reflexión. Hay textos, independientemente de su procedencia, que merecen ser leídos y pensados. Espero que os guste.

Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe. Aunque tuviera el don de profecía, y conociera todos los misterios y toda la ciencia; aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy. Aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha. La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe; es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta. La caridad no acaba nunca. Desaparecerán las profecías. Cesarán las lenguas. Desaparecerá la ciencia. Porque parcial es nuestra ciencia y parcial nuestra profecía. Cuando vendrá lo perfecto, desaparecerá lo parcial.

(Epístola a los Corintios, 13)

Quiero saber lo que sientes


Amante de los cinco reinos conocidos: el mineral, el vegetal, el animal, el humano y el angélico, tenía necesidad de experimentarlos todos en una conjunción real y armónica posible. Arranqué de la piedra el pasado escrito y llené mi casa de fósiles como testimonio de una historia grabada en la piedra… Avancé algo más e hice de esa tierra una casa con aspiraciones a hogar. El primer reino estaba vencido, dominado, transformado. Quise sentirlo y apreciarlo para comprobar hasta donde podía el hombre situarse en él, con él. Me pidió un manto verde porque no era común que un reino tan plagado de Quietud viviera aislado de la vitalidad necesaria que ofrecen las plantas. Así que el aspecto vida que está representado por el segundo reino fue introducido dentro y alrededor del primero. Árboles, arbustos, pero también flores y una pequeña huerta para llenar de vida etérica esa Quietud palpitante. Y ahí llegó el primer milagro: la una necesitaba de la otra para poder encontrar un sentido armónico. Respiré y sentí como el oxígeno despedido por el segundo reino entraba por la noche refrescando cuando hace calor y alimentando el estómago cuando el hambre arrecia. Pero el segundo reino me pidió compañía. Deseaba encontrar un equilibrio mayor para dar sentido también a su propia existencia vital. Y fue así como la semana pasada encontré la forma: dos pequeñas gallinas y dos pequeños patos, a los que hoy se han sumado cuatro maravillosos conejos de diferentes tonalidades. Y es así como a la Quietud y la Vitalidad se han sumado la Emoción producida por el movimiento animal, completando la trilogía necesaria para que el cuarto y el quinto reino admiren la creación entera… Ahora el hombre se sienta frente al jardín de los sueños y medita sobre todo lo que ocurre a su alrededor: Quietud, Vitalidad, Emoción… ¿Qué hay más allá? Dicen que el humano, el cuarto reino, administra el aspecto Inteligencia a los tres primeros aspectos descritos. ¿Y el Quinto? ¿Donde está el Quinto Reino? Muy cerca de aquí, en la Montaña de los Ángeles, representando el aspecto Intuitivo, llamado por algunos el Alma, el Atma o el Silencio Absoluto. Pronto saldré fuera, pues necesito un ángel para completar la armónica presencia de todo cuanto existe… ¿cómo conseguirlo? Pronto lo sabremos…

(Foto: ¿Por qué cuatro conejos y cuatro aves? Tiene su significado simbólico. El cinco es el número del hombre y el cuatro el de la Tierra, con sus cuatro elementos. Si a cuatro le sumamos cuatro la paranoia da ocho, que es el número del infinito…)

El hambre de lo sagrado


El verdadero hombre de ciencia sabe que no todo lo que existe puede ser medido. Lo no cuantificable, cosas como una emoción o el propio infinito, no dejan de ser realidades que están ahí, que pueden ser percibidas pero no analizadas en un microscópico o una balanza. No se puede medir ni pesar un sentimiento, ni siquiera el fajo de dolor o alegría que una lágrima puede condensar en su fórmula química. De ahí que el hombre haya creado otro espacio, otra forma de llegar al entendimiento de todas las cosas, un espacio que de forma grotesca y burda llama religión, espiritualidad o mística. Los espacios sagrados es lo metahumano, aquello que resulta de transcender nuestras limitaciones de entendimiento para trasladarnos a un espacio y un tiempo diferente. Penetrando en esa otra realidad, nos aseguramos una perpetua dosis de lucha por perpetuar una vida que a priori, pudiera carecer de sentido. De ahí que el hombre inquieto, sabedor de infinitos, tenga hambre de lo sagrado. Porque sabe que más allá de todo cuanto pueda ver y tocar hay cosas que superan su condición y su entendimiento. De ahí, si no queremos arriesgarnos a perder lo que propiamente nos hace humanos, debamos alcanzar esas otras cotas de trascendencia.

(Foto: El cielo y la tierra se unen en un infinito imposible, mientras que el hombre, ingenuo y orgulloso, pretende parcelarlo con su razón. La Montaña, abril de 2009)

Arquetipos y Esplendores


«Sólo del otro lado del ocaso, Verás los Arquetipos y Esplendores»…

La frase es de Borges y me acompaña desde que la descubrí. Ayer, tras días de viajes por Madrid, Lérida, Barcelona y Gerona llegamos a La Montaña por un camino diferente. Quisimos cambiar la ruta y circulamos por el margen derecho del río, en el camino viejo de la campiña que sale desde Córdoba dirección Almodovar. Subidos por un monte y paramos el coche para contemplar un maravilloso atardecer. Allí estaba… algo se movía… el Ocaso… único momento desde el cual se puede ver y contemplar los Arquetipos y Esplendores… Hoy Carlos me hablaba de esos arquetipos… De esas formas que dan cabida a las fuerzas psíquicas de la humanidad, guiando sus energías hacia un final común. Patrones primordiales que hacen fluir la energía, porque todo lo que vive y crece está condenado a fluir. Y en ese fluir hemos pasado todo el día trasladando y mudando la vieja piel hacia la nueva casa. Hoy será la primera noche que pasaremos aquí… hoy es un gran día que, tras un largo viaje, parece sobreponer los esplendores a todo cuanto soñamos… Algo, desde el otro lado, así lo ha querido…

(Foto: Atardecer en Almodovar del Río. Al fondo se contempla, cubierto por el manto del ocaso, su majestuoso castillo).

Se intrépido y puro…


Se intrépido y puro; nunca vaciles en tu determinación hacia la vida espiritual. Da libremente. Domínate a ti mismo, se sincero, verdadero, amoroso y lleno del deseo de servir. Cumple la verdad de las escrituras; aprende a ser desapegado y a ser feliz en la renuncia. No caigas en la irritación ni hagas daño a ninguna criatura viviente, se compasivo y amable; muestra buena voluntad a todos. Cultiva vigor, paciencia, voluntad, pureza, evita la malicia y el orgullo. Entonces, Arjuna, alcanzarás tu destino divino.

Bhagavad Gita, Sutra XVI:1-3, Arkana Books, (versión Eknath Easwaran)

Nos envía hoy Joaquin Tamames este hermoso texto del Bhagavad Gita, libro que recomiendo por su profundidad y sabiduría. Sin duda la frase ilustra la batalla humana con máximas que para algunos nos parecen lejanas mientras otros, a modo de atributo necesario para una vida mejor, implantan en su vida con la responsabilidad y el trabajo necesario. Ayer hablaba con Carlos sobre la importancia de la osadía, mientras que él se deleita con el conocimiento expresado en las máximas de Baltasar Gracian sobre «El Arte de la Prudencia«… Sea como sea, la vida siempre nos exige deambular como un péndulo por ambos extremos… Y a veces nos exije ser prudentes y pacientes mientras otras nos empuja a la osadía y la intrepidez… Sólo debemos estar alertas para descubrir en qué punto de inflexión nos encontramos… Sólo debemos estar atentos para escuchar la emoción del vivir intenso…

(Foto: cielo de ayer fotografiado mientras paseaba y reflexionaba sobre la osadía y la prudencia… ¿qué toca ahora? Cornellà, marzo de 2009)

La Gestión del Misterio…


Estimado A.,

Te estoy muy agradecido por los comentarios que me ayudarán a modificar algunos aspectos de mi próximo libro… En lo de primitivo llevas razón… lo saqué no del mundo periodístico, sino haciendo alusión al monacato primitivo como algo paralelo y que se podía circunscribir a un mismo fenómeno: la administración del misterio en tiempos antiguos, los primeros desde la fe (monacato) y los segundos desde la razón operativa (masones y órdenes iniciáticas en general). Es cierto que la masonería pasa de ser operativa a especulativa con Anderson, en 1717, siendo la actual masonería una proyección no del todo completa –y subrayo esto último- de lo que en su día fue.
Respecto a los misterios o cultos de Méter, no me refiero aquí a los de la Diosa Deméter, como tú bien apuntas, sino a los misterios de Méter Idaia, la madre del Monte Ida, o desde un punto más extenso, los misterios de la Diosa Madre, la Magna Mater o Mater Deum Magna Idaea, en su nombre más amplio, según nos explica Walter Burkert (Cultos Mistéricos Antiguos). Así, Méter es el nombre griego de Mater, la diosa Madre, siendo también tan válido como Deméter, la Diosa griega del trigo, que pudiera ser una derivación de las “Dos Diosas”, Deméter y su hija Perséfone, también conocida como la Doncella. Sea como sea, Deméter y Méter son derivaciones de la Diosa Madre, identificada en muchas culturas con la madre Tierra o Gaia.

(Foto: Aunque el patriarcado se impone en la mayoría de las culturas en nuestra actualidad, no era extraño en la antigüedad que el matriarcado tuviera una gran relevancia en la mayoría de ellas).

Dios habla al hombre… y a la mujer…


Ayer recibimos en la Montaña la interesante y grata visita de José Manuel Muñoz, presidente de la «Fundación Ana García de Cuenca» y del nieto de la misma, Enrique Cuenca. Mujer que ganó la Gran Cruz de Beneficencia por su labor humanitaria en su ayuda hacia los pobres y los marginados, merece un reconocimiento aún mayor por su labor y obra. De la editorial, Oscar Morales y el que suscribe, escuchábamos antentos todo cuanto allí se decía. Me fascinó la vida de esta mujer, la cual es conocida por su labor en lo que llegaron a llamar el Club de la Peseta, una organización que se dedicaba a eso que yo amo tanto y que Pedro Kropotkin llamó en su día el apoyo mutuo. Y el apoyo mutuo consistía en pedir a los que tienen para ofrecer todo lo que podían a los que no tienen. Tan fácil como eso y tan difícil como encontrar en lo profundo del espíritu conmover la generosidad de todos cuantos pudieran. Además de su labor social, también es conocida por sus sueños proféticos, los cuales han sido bien recogidos por la fundación que lleva su nombre y editados en una colección inmejorable. Así, Dios habló al hombre y a la mujer que encarnaba Ana Gárcía de Cuenca, con palabras que no pueden ser oídas pero sobre todos, con actos y hechos, porque el verdadero mensaje es aquel que deja huella en las almas de los que viven con nosotros, huellas que han sido labradas con nuestra labor, con nuestro apoyo, con nuestra generosidad y amor hacia los demás… Ese es el verdadero mensaje y sin duda, Ana García de Cuenca lo expresó en toda su vida. Sigamos el ejemplo y amemos el apoyo mutuo, especialmente en tiempos difíciles…

“Nadie, después de haber encendido una lámpara, la cubre con una vasija ni la pone debajo de la cama, sino que la coloca sobre el candelero para que los que entren vean. Pues nada hay oculto que no haya de descubrirse, ni secreto que no haya de conocerse y salir a la luz”. (Lc. 8, 16-17)

Viaje a Ixtlan


Don Genaro se acostó de espaldas y empezó a pa­talear en el aire. Por un momento pensé que reini­ciaba su inquietante payaseo, pero él recuperó de inmediato su postura anterior, sentado con las pier­nas cruzadas.
-Hay algo que ya por ahora debías tener en cuen­ta -dijo don Juan-. Yo lo llamo el centímetro cúbico de suerte. Todos nosotros, guerreros o no, tenemos un centímetro cúbico de suerte que salta ante nuestros ojos de tiempo en tiempo. La diferen­cia entre un hombre común y un guerrero es que el guerrero se da cuenta, y una de sus tareas consiste en hallarse alerta, esperando con deliberación, para que cuando salte su centímetro cúbico él tenga la velocidad necesaria, la presteza para cogerlo.
«La suerte, la buena fortuna, el poder personal, o como lo quieras llamar, es un estado peculiar de co­sas. Es como un palito que sale frente a nosotros y nos invita a arrancarlo. Por lo general andamos de­masiado ocupados, o preocupados, o estúpidos y pere­zosos, para darnos cuenta de que es nuestro centímetro cúbico de suerte. Un guerrero, en cambio, siempre está alerta y duro y tiene la elasticidad, el donaire necesario para agarrarlo.»
-¿Es tu vida dura y ajustada? -me preguntó de pronto don Genaro.
-Creo que sí -dije con convicción.
-¿Te crees capaz de coger tu centímetro cúbico de suerte? -me preguntó don Juan con tono in­crédulo.
-Creo hacerlo todo el tiempo -dije.
-Yo creo que sólo te tienen alerta las cosas que ya conoces -dijo don Juan.

VIAJE A IXTLAN. Carlos Castaneda.

(Foto: Antonio, recordando la cita de hace unos días, me envía el texto exacto que reproduzco por su belleza. La foto es de una amapola que salió en el jardín semisalvaje que no soy capaz de dominar con tanto alboroto. Por cierto, hoy me he llevado una inmensa alegría al ver que las oscuras golondrinas han vuelto a mi casa con ganas de, un año más, alegrar mis días…La Montaña, marzo 2009)

El Guerrero


«Un guerrero debe estar atento en todo momento para apresar su centímetro cúbico de suerte en medio del Universo».

Ese centímetro cúbico de suerte es una parodia de cuan ridículas e insignificantes pueden llegar a ser nuestras vidas si no somos capaces de seguir en todo momento el camino del corazón, ese que habita en lo más profundo de nosotros y cuyo descifrar dependerá de los minutos que dediquemos a la interiorización y la escucha activa de eso que bombea por nuestra sangre. Existen cien mil variables, cien mil voces posibles a la hora de tomar una decisión, pero sin duda, sólo una es válida. ¿Cual de ellas? Intentemos en la intensidad del silencio apresar esa voz que deberá guiarnos por ese centímetro cúbico de suerte…

(Ilustración: Me la envía Antonio desde Minessota. Es un mosaico romano con clara alusión a la medida del tiempo que nos corresponde. La muerte debería recordarnos en cada instante la urgencia del vivir… La frase me la ha enviado Carlos y pertenece a otro Carlos, Castaneda…)

Pensamiento Simiente



Quiero compartir este hermoso pensamiento simiente que hoy nos ha regalado Joaquin Tamames… Intentaré memorizarlo porque últimamente tengo un exceso de ruido mental… Gracias J.

El pensamiento vano, egoísta, cruel y de odio, expresado en palabras, produce una prisión, envenena todas las fuentes de vida, provoca enfermedad y causa desastres y demora. En consecuencia, se amable, bondadoso y bueno, dentro de tus posibilidades. Guarda silencio y la luz entrará en ti.

–El camino del discípulo, p. 474, Alice A. Bailey, 1951, Lucis Publishing Company, N. York

Calendario Espiritual


Recibo de Koldo este interesante calendario que puede servir para estar atentos a fechas espiritualmente simbólicas. Lo humano, en esa necesidad de ordenar las cosas, pretende hacer lo mismo con el tiempo, dividiendo en partes fragmentarias algo que se escapa de nuestras manos y que difícilmente podemos controlar…