Shamballa


Paseaba con mi viejo amigo Carlos por calles plagadas de recuerdos y ciñéndonos al guión de hablar con cierta ansiedad de un tema a otro distinto recordé mi viaje a Mongolia, a la búsqueda de esa realidad interna que llamamos Shamballa. Según el mito, Shamballa es la ciudad de los dioses, ubicada en algún lugar y en algún tiempo inaccesible a los mortales y situada presuntamente en el Desierto del Gobi, en Mongolia. Viajé físicamente a ese lugar en junio de 2007 y ese fue el colofón de un viaje interior que produjo sin duda una muerte al pasado y una resurrección iniciática a una nueva realidad. Pero el viaje a Shamballa, a la ciudad de los dioses, no termina con una fugaz visita preñada de acontecimientos, sino que se desliza en la mente despierta hacia un lugar interno de difícil acceso. Y a veces, cuando la lucidez raramente lo permite, es posible conectar de nuevo con esa magia simbólica y arquetípica que tanto mensaje encierra. Y eso ocurre con cierta frecuencia, inclusive en algún paseo preñado, como decía, de fútiles recuerdos…

(Ilustración: Camino a Shamballa, de N. Roerich).

La Huella de la Totalidad


Creemos entender la vida desde unos parámetros que salvan la distancia entre nuestra angustia y la existencia. Creemos fácilmente que lo supuesto está dentro de nuestro ámbito de creencias, y que no existe más verdad que la que reconocemos dentro de nuestra pantalla lógica, dentro de lo que somos como individualidad diferenciada. Construimos ideas lógicas y emociones justas para desarrollarnos armónicamente ante nuestro medio. Pero, ¿qué ocurre cuando algo desequilibra de forma sustancial toda nuestra existencia? ¿Y si la luz que creemos verdad tan sólo fuera una sombra irreal de algo más grande? Y esa sombra irreal Ibn al-‘Arabi lo llamó “la huella de la totalidad”, una huella que pretende despertar en nosotros la oportunidad de descubrir el sentido y la belleza de las cosas en un mundo que ha perdido su centro y que está abocado al desastre si no somos capaces de adentrarnos en su obviedad.

Todo se derrumba en estos días a nuestro alrededor y puede que resulte difícil retomar el pulso al mundo si seguimos empeñados en ser una especie de ratas que buscan salvarse en la tabla de cualquier náufrago. El confusionismo siempre ha insistido en la ética sobre cualquier cosa, incluidas la economía y la política. Pero sobre todo, en la persona ética, por encima incluso de cualquier institución o costumbre. Ahora los tiempos son convulsos. Mi generación no ha padecido de hambre ni guerra, al menos la generación del bienestar nacida en países del llamado primer mundo. Sin embargo, ha padecido de la esclavitud y la ambigüedad del materialismo descontrolado a expensas de interrogarse sobre la realidad que da cabida a la vastedad del universo y a esa dimensión trascendente que nos supera. Ahora que la angustia existencial da paso a la angustia material, quizás podamos retomar la reconciliación con esa vastedad. Tal vez podamos mirar desde la ética, esa ética que pretende prescindir del yo y olvidarse de sí mismo para, como dicen los budistas, penetrar en el arte de la vida vigilante: esfuerzo correcto y vigilancia correcta (sati) desde una concentración meditativa (samadhi) para llegar a la perfecta iluminación (bodhi). Es ahí, en esa iluminación, donde encontraremos la guía para conducirnos por la huella de la totalidad.

El Valle del Silencio


Hoy me he encontrado con dos frases que me han gustado especialmente. Una es la que relata un autor en un inédito referente a unas palabras de Pessoa el cual, mientras paseaba solitario por las calles de Lisboa, dijo aquello de que todos tenemos motivos suficientes para creernos geniales e incomprendidos… Sin duda es cierto porque como decía una amiga el otro día, lo terrible del ser humano es que se siente solo ante el universo infinito… y eso nos hace geniales, pero sobre todo, incomprendidos. La otra frase la he encontrado en un mail donde se ofrecía la posibilidad de comprar un monasterio en una hermosa zona del Bierzo. En el apartado de la dirección del citado lugar aparecía el nombre de «El Valle del Silencio»… Me ha parecido extremadamente hermoso. Hay tres lugares que designan motivos espirituales: el desierto, el valle y la montaña. El primero es relevante en cuanto nos permite enfrentarnos a nuestros demonios internos, sucumbir a la llamada interior o mostrarnos firmes ante los obstáculos del camino, en soledad, como aquel que estuvo sus cuarenta días y cuarenta noches luchando contra la adversidad. Una vez superado el periodo liminal, ocurre la iniciación que nos lleva a caminar hacia la montaña, previo paso por el valle. Es allí donde nos preparamos para la ascensión, donde aprendemos, donde consultamos y observamos todo cuanto pasa. Allí ayudamos y nos ayudan y es preciso ver más allá para emprender el correcto camino hacia la correcta montaña. Y luego la ascensión… inevitable, dura, solitaria de nuevo… De ella poco se puede decir porque se trata de un camino totalmente personal para llegar a un lugar totalmente impersonal…
(Foto: El Valle que precede a la Montaña de los Ángeles, octubre de 2005)

En busca de lo milagroso…


Llevaba todo el día dedicado a la redacción de la tesis… Eso consume tiempo y a veces te sume en pensamientos poderosos, extraños, en un exceso de ruidos y aflicciones que conjugan las experiencias pasadas con todo aquello que te rodea y que no siempre dominas. Por un momento cerré los ojos y pedí al universo, o a la vida misma, un pequeño milagro. Uno de esos milagros que se desean continuamente y que suelen estar ahí, a la espera de que la tempestad molesta pase una vez alejado el trueno y ya sólo podamos sumergirnos en esas cuantas gotas que caen encima de uno… Y entonces ocurrieron tres al precio de uno. Sonó el teléfono y me vi al rato tomando un refresco con dos hermosas mujeres mientras los rayos del sol golpeaban mi cabeza. Y eso me animó. El sol, la charla agradable, unas pocas aceitunas en un plato devoradas entre risas y anécdotas. Me animó tanto que a la vuelta cogí la bici y me marché al monte. Allí sentí como las cadenas habían caído, me sentía liberado de hierros y promesas y podía ver el cielo y la tierra como un hombre libre. Y ocurrió el segundo milagro. Pinché la rueda de la bicicleta y tuve que volver despacio, caminando, contemplando en lo inesperado todo cuanto ocurría. Y allí estaban, elegantes, majestuosas. Apenas podía continuar sin desear ser una de ellas, traspasando el verde florido en esta otra primavera extraña y sintiendo como un triunfo la alegría y la paz de las pequeñas cosas. Adjunto foto del momento…
Y mientras escribía esto una buena amiga, Anja, me llamó desde Alemania para rezar juntos. Ha sido hermoso cerrar los ojos y rezar a la manera cristiana por familiares y amigos, en una comunión invisible pero real que pretende transmitir momentos de paz y armonía. Me he animado tanto que hoy quizás vaya a misa y penetre en cualquier templo que, para Eliade y para mí, es como penetrar a un universo paralelo. Pues así sea…
(Foto: a pocos metros de mi casa hay un paraíso de verde, de montañas y ríos y valles y vida y olores… El paraíso existe y está ahí fuera, lejos de cualquier oscuridad interna, La Montaña de los Ángeles, enero de 2009)

El Lenguaje Secreto


Los chamanes lo conocen y se precipitan hacia él para ascender o descender a cielos e infiernos. Ese lenguaje se aprende directamente de los espíritus por imitación. Para que esto sea posible, es necesario utilizar la Escalera, a veces también representada por un bejuco, una gradería en espiral o una cuerda trenzada. Con ella se asciende al cielo si lo que se pretende es conocer el lenguaje divino o al infierno si lo que se pretende es conectar con los secretos de la tierra y los infiernos. En todo caso, los espíritus están ahí y se puede comunicar con ellos. Baste conocer su lenguaje, operar en sus rituales, aprender de sus construcciones y sus premisas y saber, con cierta humildad, que ellos fueron los portadores de la vida en nuestro mundo. Ahora bien, el lenguaje secreto, que suele representarse con números y figuras geométricas, retiene en la complejidad precisamente la habilidad del entendimiento. No cualquiera está preparado para aproximarse al mismo y no cualquiera está preparado para comprenderlo. Incluso no cualquiera sabe de la existencia de la Escalera, a veces confundida con la necesidad de penetrar en la esquizofrenia o la locura absoluta. Los chamanes fueron tildados durante muchos años de enfermos mentales por la antropología clásica. Eliade intentó salvar el tipo tratándolos como terapeutas dotados de técnicas y remedios que trataban de crear orden allí donde reinaba la enfermedad o el miedo. El psiquismo inferior, tal y como lo expresaba la teosofía de siglos pasados, pretende llevar al hombre hasta el umbral de la locura… Sin embargo, existen lugares en la mente humana donde operan técnicas que desarrollan una visión latente y potencialmente superior. Es ahí, desprendidos de insípidas intenciones, donde nace la noble tarea del Arte ensoñador. Es ahí, en ese lugar donde la mente abstracta conecta con su extremo más elevado, donde se desarrolla una visión diferente del mundo. El chamán conoce la técnica, y el lenguaje, y utiliza la Escalera para ascender al mundo de los Ocasos.

(Foto: Jeroglífico egipcio en el museo de Copenhague. El lenguaje simbólico está directamente conectado a los arquetipos y por lo tanto, al Lenguaje Secreto. Diciembre de 2008)

Hacia la mente vacía…


Cuando tengo hambre, como, cuando tengo sed, bebo. Así lo expresan los practicantes de Zen. Vaciar la mente es el principio por antonomasia para liberarnos del yugo de sus disgregaciones y ruidos. La ausencia de deseo, la ausencia de instintos, la ausencia de necesidad son pasos previos para penetrar en la difícil tarea de la ausencia de pensamiento. Algunos pueden pensar que en este proceso nos hayamos ante una deshumanización de nuestro yo, pero precisamente, lo que pretendemos ante la presencia de vacío, es despojarnos de nuestro pasado animal y empezar a penetrar en nuestro presente humano. El animal es aquel ser que desea ser humano y el humano es aquel ser que desea ser un dios. Y los dioses, en el plano de la manifestación angélica, se muestran vacíos de pasados y de futuros pues viven en la experiencia ilimitada del eterno Ahora.

La mente está desenfocada y enferma de experiencias pasadas, por eso muchos sabios nos hablan de la necesidad de vaciarnos de la misma para así poder trascenderla. Lo humano tiende a identificarse con la mente pero el hombre no es mente, es vacío, y sólo desde ese vacío puede identificarse con el momento único de la experiencia presente. El Ahora es el instante de mayor libertad. Libres de prejuicios, libres de promesas, podemos sorprendernos a nosotros mismos sintiendo la Vida recorrer por nuestras venas. Esa ausencia de identidad nos dota de eso que llamamos libertad. Libertad es recordarnos a nosotros mismos olvidando quienes somos… Libertad es Ser constantemente en un NoSer infinito…

(Ilustración: «Donde van a morir las bicicletas«, un marco alegórico de nuestros ruidos internos. De Emilio Maldomado).

El Comienzo…


«La importancia del comienzo… Según cómo hagais un primer gesto o déis un primer paso, según el ánimo o la intención que pongáis en ello dependerán los resultados que obtendréis a lo largo de toda vuestra vida, los éxitos o, por el contrario, los fracasos.Quizás os sorprendáis, ¿cómo puede un pequeño detalle determinar todo el encadenamiento de una serie de circunstancias? Pues observaos. Si os ponéis en marcha en un estado de ánimo agitado, estáis desencadenando fuerzas caóticas, y si en este mismo estado de ánimo os dirigís a vuestro trabajo, o bien visitáis a alguien, cuanto más os acercáis a vuestro objetivo, más agitados os sentís: entonces realizaréis actos torpes, pronunciaréis palabras imprudentes, y ¡cuántos daños deberán ser reparados después! Y al contrario; si primero habéis meditado, rezado para permanecer tranquilos, serenos, llenos de amor, y dais el primer paso en este estado de ánimo, cuánto más avanzáis, más sentís cómo halláis la actitud correcta, las palabras más acertadas a pronunciar. Todo se halla en el comienzo: el comienzo de un trabajo, el comienzo de una relación, el comienzo de un año«.

Omraam Mikhaël Aïvanhov

(Nota: Agradezco a Joaquin Tamames el que cada día nos despierte con un intenso y profundo «pensamiento simiente». Junto a él y su infinita generosidad deseo empezar el año. Gracias amigo…)

NOSCE TE IPSUM


No nos conocemos a nosotros mismos, nosotros los conocedores, nos decía Nietzsche. Realmente resulta lo más difícil de todo. Vagamos por la vida de forma inconsciente, actuando de manera ciega e instintiva y engañados, como nos decía Jung, por las ilusiones exteriores. Sólo en la noche, en la oscuridad, la sombra no existe, por eso, el conocerse a sí mismo requiere de un proceso de vaciado, de sepultura, de muerte, de oscuridad. En todos los ritos iniciáticos se representa simbólicamente este proceso de muerte y resurrección. Sólo cuando te aproximas a un vacío interno, a un desprendimiento de lo que eres, de las experiencias vividas, sentidas y pensadas, sólo cuando eso ocurre, es posible aspirar a la consciencia y al conocimiento y fluir con la experiencia del momento único. Uno no llega a la «iluminación», nos dice Jung, imaginando figuras de luz, sino haciendo consciente la oscuridad. Y de ahí, una vez penetrada, la necesidad de luz interior.

Nuestros conflictos internos, nuestros dramas personales se reproducirán una y otra vez hasta que seamos capaces de penetrar dentro de nosotros. Ahí reside el problema, ya que la mayoría de nosotros vivimos en el plano de la inconsciencia y nos resulta difícil penetrar a un plano más satisfactorio. Lo externo nos resulta suficiente, a pesar de las guerras que sufrimos ante nuestras propias frustraciones. Hay gente que no entiende en absoluto nada sobre sí mismos y repiten una y otra vez los mismos patrones erráticos, las mismas carencias, las mismas insatisfacciones. Hay personas que vivimos sin conocer nuestro estado actual. Realmente, ante la carencia de conocimiento interno, nos volvemos expertos en proyectar fuera de nosotros mismos nuestras incongruencias, y por norma, ante nuestro espejo que es el otro que tenemos en frente. Y cargamos sobre él toda nuestra violencia y desdicha. Siempre nos alejamos de la idea de que lo que está mal en el mundo está mal en nosotros mismos, culpando siempre al otro o a lo otro de nuestras carencias. ¿Qué somos? ¿Quienes somos? ¿Qué papel representamos, cuales son nuestros roles, nuestras máscaras? Nosce te ipsum…

(Ilustración: Contempladora, de Emilio Maldomado)

Mantente hueco y serás lleno…


Es domingo, día de recogimiento, de meditación, de entrega a la vida interior, que no a la anterior, de la que debemos, sin duda, vaciarnos a cada momento… Tengo en mis manos el libro «La Palabra y el Tao», de Mario Conde… un libro que nos ha dado muchas alegrías internas y que ha supuesto un gran esfuerzo editorial. Estoy releyendo algunos de sus apartados al mismo tiempo que miraba, por internet, la página de la excelente revista Namaste, de la que ya hablé… Allí, en la página y también en el libro, me encuentro unos versos del Tao que me persiguen especialmente en estos días en los que la reflexión se perpetúa en el fluir, en el dejarme llevar por la vida que viene… y no por la que se fue… La melancolía o la derrota no ayudan en el camino del guerrero… sólo el ánimo, el entusiasmo y la fuerza interior pueden arrebatarle a la vida momentos de optimismo… Los comparto por su intensidad…

Doblégate y serás entero.
Enróscate y serás derecho.
Mantente hueco y serás lleno.
Destrúyete y serás renovado.
Ten poco y ganarás.
Ten mucho y estarás perdido.

(Foto: Portada del libro «La Palabra y el Tao», editado por nosotros en www.editorialnous.com )

DIOS ES OSCURO…


Cristo dijo que él era la Luz, el Camino y la Verdad… Tenía toda la razón… Los hijos de lucifer, los hijos que consagran templos en honor a cualquier Dios, también reclaman Luz… ¡luz, más luz! Dicen en sus rituales. En eso están de acuerdo. Y es que sólo desde la lucidez se puede acceder al plano de Dios, porque Dios, en su extremidad más elevada, es oscuridad. De ahí que la luz sea necesaria para manejarnos con nuestra linterna interior en tanta oscuridad cósmica. Por eso los soles y las estrellas son el ejemplo vivo de lo más cercano a nuestra necesidad: luz. Una de las particularidades de la luz es que hace las cosas visibles, de ahí que Lucifer intente rebelarse al orden establecido, donde todo es oscuridad, y pretenda iluminar la mente de lo humano para que éste salga de su ignorancia y pueda ver a su alrededor con la luz interior. Sectas y religiones de todo el mundo se han atrevido a seguir las indicaciones de los seres de luz, aceptando con suma normalidad que la luz es el camino y que desde ella veremos el rostro de Dios. Y es aquí donde viene la contradicción, ya que Dios no tiene rostro y además, es una eterna oscuridad que jamás podremos iluminar con nuestras linternas internas… Entonces… ¿como resolver esta paradoja? Preguntemos a Prometeo, que nos metió en este lío…

«¡Cómo has caído de los cielos, Lucero, hijo de la Aurora! ¡Has sido abatido a la tierra dominador de naciones! Tú que dijiste en tu corazón; ‘Al cielo subiré, por encima de las estrellas de Dios alzaré mi trono, y me sentaré en el Monte de la Reunión en el extremo Norte. Subiré a las alturas del nublado, y seré como el Altísimo.» (Is 14.12-14)

(Foto: Extraña forma tomada en la Mezquita de Córdoba en 2006).

La Experiencia de estar Atentos


Es difícil en un mundo de tanta confusión el poder centrar nuestra mirada en el eterno ahora. El estar atentos es estar despiertos, y el estar despiertos supone la privación de elección, la privación de división. No necesitamos elegir porque nos dejamos fluir por la experiencia del presente. Y entonces ocurre lo hermoso. Somos poseedores de nosotros mismos, que es el mayor de los dones posibles. Y nace la lucidez, una lucidez que está más allá del pensamiento divisorio y distorsionado. La atención es producto de la renuncia a la experiencia pasada para reencontrarnos con la vivencia del ahora. Sólo tenemos que mirar con fijeza el mundo que nos rodea, respirar profundamente y ser partícipes de este instante único y verdadero de la experiencia real. Mirar más allá de la forma divisoria, del texto discontinuo que la mente nos describe. Suspirar ante la belleza de un instante irrepetible. Y alcanzar con ello todo el movimiento circundante, nuestro palpitar interno y el palpitar universal, el latido de todo aquello que se mueve en la eterna Quietud. Estemos atentos… dejémonos llevar… Trascendémonos

(Foto: Me quedé fijamente mirando como miraban el infinito océano. Ocurrió en Mónaco, febrero de 2008)

Hacer posible lo imposible…


Sigur Ros me acompaña en esa melancólica soledad cuyo discurso arrasa con cualquier duda o atisbo. El momento yermo se colma de gratitud ante la incerteza de lo imposible… Aún así, en este tiempo, es posible conectar con el corazón libre, dejando los suspiros de hace tiempo para poetas y adivinos. ¿Se imaginan poder escuchar el sonido de una flauta en mitad de un desierto? En el desierto del Gobi tuve esa sensación… Me alejé del campamento base, incurriendo en la imprudencia de avanzar en la oscuridad de la noche sobre una multitud de incertidumbres. La primera sensación es de miedo, y la oscuridad sólo puede ser vencida ante la valentía de un caminar seguro. Luego, a medida que te alejas del calor del grupo y ya no escuchas el griterío ni percibes las luces del campamento, cierto terror se apodera de uno, siendo la disciplina y el autocontrol la única salvaguarda posible. Y luego… la calma, una calma profunda y extraña, como si todo lo que existiera estuviera condensado en ese momento, en ese lugar… las estrellas, los universos, los seres sintientes, el murmuro de todo cuanto existe escuchado en una melodía próxima. Cuando ocurre eso, cuando sientes la síntesis de todas las cosas posibles, entiendes que lo imposible también está permitido… somos dioses… y lo hemos olvidado…
(Foto: Pasos perdidos en el Desierto del Gobi, Mongolia, junio de 2007)

NO TE COMAS A TU HERMANO…


Muy cerca de Eech Hairhan, la Montaña Madre, mientras surcábamos el desierto del Gobi y las entrañas de Altai, el niño santo aprendía a identificarse con los animales. Me seguía cogido de la mano hasta los camellos salvajes, escurridizos y miedosos, prudentes y asustadizos ante nuestra presencia, dejaban que el niño santo se acercara a ellos guiado por mi mano. No les hables directamente… susúrrales… sé uno con ellos… le decía al niño santo… A final, con paciencia y ternura, el contacto era posible y el milagro se repetía con todos los animales… Tocábamos al camello con suavidad mientras empezaba un espectáculo de llantos… Los camellos salvajes impresionan, pero verlos llorar ante el contacto, quizás único, de los humanos, era estremecedor… Luego pudimos tocar un mirlo que había posado en uno de los templos budistas… ¿como poder tocar a un pájaro libre? El niño santo estaba lleno de emoción… y yo también… Esos encuentros con los animales se repite en ciertas ocasiones… El último, en la isla de Elephanta, a pocos kilómetros de Bombay… Me alejé de la gente y los turistas adentrándome en la montaña. Me senté en un lugar remoto intentando tomar contacto con una familia de monos que andaba robando botellas de agua a los turistas. El contacto, de nuevo, fue posible. Me rodearon, se acercaban a mí, me miraban y me tocaban con curiosidad… y yo a ellos… Anja pudo acercarse más tarde y ser testigo del encuentro… Hizo algunas fotos impresionantes, como la de arriba… Hermano árbol, hermana flor, hermano animal, hermano sol… Algo así decía San Francisco, y por eso opté hace muchos años por dejar de devorar animales… Ahí están, testigos únicos de un tiempo único…
(Foto: Anja Meier. Isla de Elephanta, India, octubre 2008)

MÍSTICA Y HERMÉTICA


Decía el pintor, poeta y filósofo Louis Cattiaux que existe una realización mística, la cual actúa en espíritu y en alma; pero que, además, existe una realización hermética, la cual actúa en espíritu, en alma y en cuerpo. Esta expresión es profunda y confusa, pues muchos místicos o aprendices de brujo confunden la realización en lo que los griegos llamaban Nous (espíritu) con la que responde a la casuística de la psique (alma) y el soma (cuerpo). Con el tiempo uno quiere pretender diferenciarlos. Sin duda, los viajes y la inserción en grupos y comunidades ayuda. He conocido a muchos místicos que relacionaban el poder ancestral con la exquisita conexión con el espíritu, olvidando la interrelación necesaria entre éste y el alma o el cuerpo. También he conocido a muchos egoespiritualistas centrados exclusivamente en la perfección del cuerpo (vegetarianos, practicantes de hatha yoga y otras prácticas corporales, etc…) o de la mente (intelectuales, practicantes del raja yoga, meditadores, etc…) olvidando por completo al espíritu. Así, el equilibrio resulta difícil en los tiempos que corren, ya que, resulta complicado resaltar y comprender las diferencias entre lo exclusivamente corpóreo, mental o espiritual sin someterse a las enseñanzas de la duda y la incerteza. Así, más allá de la mística, habría que profundizar en la hermética, como nos decía Cattiaux, profundizando en sus enseñanzas y copilando, de forma meditativa, en todas sus prácticas…

(Foto: Javier León practicando el karma yoga o yoga de la acción y el servicio en una comunidad India. El karma yoga consiste en trabajar de forma voluntaria y consciente para purificar de esa forma las deudas que nos atrapan en Maya, el mundo de la ilusión. En la foto estoy emulando el trabajo de cocinar la chapati, una especie de pan de consumo diario. Mount Abu, India, octubre de 2008)

Amrit Vela


Tengo varios amigos que se levantan a las cuatro para meditar. Algunos de ellos, como el empresario y banquero Joaquin o el conocido Mario Conde se levantan a esas horas para practicar lo que en oriente se conoce como Amrit Vela. Consiste en una meditación matutina, horas antes de que se levante el sol, con el fin de aprovechar esos momentos únicos para encontrar la quietud apropiada y poder, de alguna forma, ser más conscientes de la vida. Amrit significa el “néctar que se produce en la meditación”, y Amrit Vela significa literalmente “la hora de amrit o la hora de la ambrosía”. Yo, que soy de la escuela de Unamuno, el cual dicen que dormía más de catorce horas, prefiero otro tipo de meditaciones, o al menos, no a tan temprana hora, porque, como dice mi madre, la noche es para dormir. Quizás con el tiempo cambie y me vuelva más estricto… total, la vida es un cúmulo de hábitos, algunos más buenos que otros… de eso se trata, de cambiar y modificar conductas con tal de ser mejores…

MÍSTICA


La mística es el acercamiento a Dios, o al «Nombre Verdadero», como lo llaman los sikhs en la India o al «Absoluto», como lo llamaba Hegel, intentando explorar en la autoconciencia desde la inmanencia y no la trascendencia. Los místicos verdaderos, al menos esos que he conocido e identificado mirándole a los ojos y viendo como les golpeaba cierto brillo, entienden que Dios está en todas partes, y especialmente, encarnado en lo humano. Eso provoca cierto acercamiento hacia el perfeccionamiento, tanto interior como exterior. Es inevitable, porque estamos conducidos a parecernos a Dios, o a la imagen que de él poseemos. En este último viaje a la India, observé y experimenté como se intentaba cocer cierta mística en ese lugar privilegiado llamado Mount Abu. Ciertamente es un lugar propicio para ello. Pero la mística del ombligo, del meditar a las cuatro de la mañana y restar importancia a lo que ocurre en el mundo, incluso en el mundo próximo, durante el resto del día, es una mística errática. Por eso abandoné hace tiempo la práctica del Raja Yoga… Aposté por el Agni Yoga con el riesgo de que al hacerlo, podría perder la conexión esencial que caracteriza al «hombre bueno», la conexión con su alma, y por ende, con Dios. La desconexión puede provocar confusión, desviación y pérdida. Luchar día a día para reencontrarte con lo divino es una prueba constante. A veces resulta más fácil reencarnarte en sapo que adivinar el próximo segundo de procesión celestial. Si somos místicos se nota porque por sus actos los reconoceréis. Todo lo demás, el cotilleo y la habladuría fácil ya no venden ni convencen. El verdadero místico no juega a las máscaras, sino que se entrega libre y sin ataduras al servicio de la Obra. Dios se reencarna constantemente en el verdadero místico, y eso, de alguna forma, ha de notarse. Es peligroso jugar en el mundo de las contradicciones, ya que se puede acabar destruyendo la forma de lo real a base de la forma de lo irreal. Cuando se entona un canto mentiroso, la naturaleza se encarga de ahogarlo de la forma más cruel. Es como la flor de invierno que intenta brotar en un manantial de arena en medio del desierto. El sol abrasador y la falta de aire acaban destrozando su vida… Amo la mística, y la he abrazado en alguna ocasión… pero a veces la temo, porque alcanzar estados sublimes implica cierta aproximación a todo aquello que está más allá del bien y del mal, y por ende, más allá de nosotros mismos…
(Foto: Javier León, meditación en Baba’s Rock-Mount Abu, India, octubre de 2008)

RAJA YOGA


La India es un pais verdaderamente pobre en lo exterior pero privilegiadamente rico en lo interior. Cuando paseas por las calles de cualquier ciudad, todo es sucio, caotico, desordenado. Sin embargo, si fijas la mirada en la gente, ves que esta bien aseada, viste bastante bien y llevan una vida interior, en su mayoria, muy rica. Son vegetarianos, porque pretenden mantener el cuerpo limpio, y tambien practican cualqueir tipo de yoga, desde el conocido por todos del hatha yoga al raja yoja o el agni yoga. En la comunidad en la que estoy ahora, practican el raja yoga, el yoga de la mente, una especie de meditacion que pretende conectarte con el principio que ellos llaman alma y nosotros, mas ilustrados, llamamos consciencia. El tema es muy interesante y me sumerjo en sus aprendizajes desde la antropologia critica pero tambien desde el humano curioso que soy. No esta nada mal eso de la limpieza interior, y ojala en occidente copiaramos algunas de sus ideas y principios…