El emergente prisionero


“Debe recordarse que cada campo de percepción constituye dentro de sus límites una prisión, y que el objetivo de todo trabajo de liberación es liberar la conciencia y expandir su campo de contactos”. (D.K.)

Creerse poseedor de cierta verdad o conocimiento es obviar que cada asalto a una nueva realidad entraña la entrada a una nueva cárcel conceptual. Técnica y humanamente vivimos en un mundo de prisioneros que intentan escapar de una reducida percepción hacia otra más amplia y poderosa.

Nuestra verdadera influencia en el mundo siempre es limitada, razón para pensar que nuestra mente carece de luz capaz de alimentar a más personas. ¿A cuantos somos capaces de alimentar con nuestra llamar interna? ¿A cuantos sedientos somos capaces de liberar de sus prisiones conceptuales?

Aquellos que tienen la capacidad de contemplar las formas geométricas de nuestros pensamientos y sentires ven como es soterrada sistemáticamente toda llama interior. Y eso que vulgarmente llamamos “llama de luz”, no es más que el alimento por el cual la evolución es posible.

Desde el más primitivo de los instintos animales hasta la más misteriosa orbe de astros en el cosmos están determinados por esa llama que pretende relacionarse con el otro. Y en esa relación estriba el poder y la autorrealización del individuo. La influencia que el astro Sol produce sobre nosotros es mucho más generosa y productiva que la influencia que ofrece un mosquito tigre en los valles de cualquier lugar. La responsabilidad individual de aspirar a ser un astro reluciente o un mosquito tigre determinará la voluntad que nos dirige, y con ello, el lugar de aprisionamiento en el que nos encontramos. De ahí que nuestros campos de percepción sean importantes para saber en qué lugar y momento de nuestro panóptico particular nos encontramos y en que dirección debemos dirigir nuestras fuerzas para ser positivas luces capaces de alimentar las virtudes y cualidades del ser emergente.

De ahí que nuestro campo de influencia sea una pista importante para determinar en qué momento del paralelo infinito nos encontramos. ¿A cuantos seres irradiamos con nuestra alegría, nuestra paz y nuestra serenidad a lo largo del día? ¿A cuantos somos capaces de rescatar de su aprisionamiento, no liberando su mente, sino simplemente señalando tímida y humildemente algún atisbo de luz y esperanza en el camino?

Del instinto pasamos al intelecto, del intelecto a la intuición y para algunos, el siguiente paso es conquistar la iluminación como primera puerta a un nuevo mundo de percepciones y riquezas. Así, tenemos por delante un largo y fascinante camino por recorrer como raza humana y como individuos ansiosos de los placeres de la sabiduría y la relación. Sirvamos pues en la liberación de los prisioneros y seamos los nuevos libertadores de la aspiración más pura.

(Extracto del capítulo doce de la segunda edición del libro «Creando Utopías»)

Luna llena de Virgo


Luna llena de Virgo. A las siete, meditación a las orillas del Manzanares rodeados de unos plataneros enormes que sacudían sus hojas al sonido del viento. Había peces en el río a pesar de su olor y su negra agua. También algunos patos que acompañé hasta que sentí la presencia de J. y desde la invisibilidad de las “sombras” lo acompañé hasta el lugar previsto. Doble alegría por el encuentro.
La meditación pretende conciliarnos con el quinto reino. Concienciarnos sobre la necesidad de la buena voluntad y la buena voluntad dirigida al bien, a obrar con rectitud, a tener una visión inteligente y sensata sobre los acontecimientos del mundo y ser partícipes del cambio inminente que nos ha de llevar hacia una nueva era de bienestar no tan sólo físico, sino también vital, emocional, psíquico y espiritual. Así de fácil y así de difícil.
Para mi sorpresa, allí esta M. Nos conocimos en Mongolia, cuando bordeábamos los montes Altai y el desierto del Gobi buscando la perdida y mítica Shambhalla. Me gustó darle un abrazo sentido mientras recordábamos viejos tiempos. Siempre que viajo a Barcelona la visito para comprobar que todo va bien, que la vida sigue su curso, que la amistad que se teje aquí en la tierra a veces viene de otros lugares extraños, pero sensibles al encuentro.
Y en la meditación me di de bruces con septiembre, con este apasionante mes que nos espera lleno de acontecimientos, con esta oportunidad para que la responsabilidad encuentre hueco en el corazón de todos los que aspiramos a cambios necesarios. Son momentos difíciles. Una amiga de República Dominicana que ha venido a pasar unos días a nuestro país me decía que veía a los españoles tristes y grises. La creo, porque España está atravesando por un momento difícil y es nuestra obligación moral estar a la altura de las circunstancias.

La vida de un discípulo


«Gran parte de la enseñanza dada es nueva en su forma, y otra lo es de hecho. Pero hay algo que surge con claridad, y es que las antiguas reglas a las que fueron sometidos los discípulos en el trascurso de los siglos, son aún válidas, pero susceptibles de nuevas y con frecuencia, distintas interpretaciones». (D.K.)

Un discípulo es aquel que tiene un maestro. Un maestro no tiene porqué ser una persona. Puede ser una enseñanza, una intuición o una verdad revelada. En general, un discípulo siempre es un aprendiz, y en términos amplios, todos, desde el ser más minúsculo hasta el más desarrollado, es un discípulo de la vida.

Cuando desde la humildad más sincera se reconoce ese don natural para el aprendizaje, ocurre un lento peregrinar solitario donde la incomprensión y el desconcierto se apodera del buscador. La travesía por el Desierto, ardua y solitaria, es necesaria. Y lo es porque se aspira a saciar la sed de conocimiento y el alud de hambre intelectual y espiritual que se posee. Soledad, perdida de juicio y destierro caracterizan esta etapa, pues de alguna forma somos rechazados por el mundo en que vivimos.

La siguiente etapa tiene que ver con la reconciliación con el mundo y sus gentes. Nos volvemos invisibles y la búsqueda se encierra dentro de nosotros, volviéndonos cautos y tranquilos. La sed del desierto se convierte en una formidable aliada para superar las cimas de las montañas a las que ahora nos enfrentamos. Seguimos solos, pero percibimos cierta compañía, cierto acercamiento y reconciliación hasta llegar a la cima de nuestra aspiración.

Una vez en ella comprendemos que el verdadero sentido de todo, la verdadera causa de nuestra curiosidad, de nuestro discipulado hacia la vida, tiene que ver con la eterna reconciliación con el mundo, con el otro.

Es aquí donde nace la siguiente fase de nuestra vida, el lento descenso hacia el valle, donde el mundo, y los buscadores de nuestra misma naturaleza nos esperan con los brazos abiertos. Allí nace la comunión con el otro, con nuestro grupo, que nos hará más fuerte y nos obligará a compartir todo aquello que hemos aprendido. Es en ese valle de servicio y amor donde ya no deseamos adquirir conocimiento ni experiencia individual, sino donde, mediante un acto de renuncia y generosidad, volcamos toda nuestra existencia en el anhelo de actuar como parte consciente de un todo mayor. Es así como la vida, nuestra verdadera maestra, nos enseña desde el egoísmo y el orgullo a trascendernos a nosotros mismos para, a través de la entrega y la generosidad comprender la esencia de la aspiración transcendental.

El poder de los bosques


«Formamos parte de una sociedad tan enferma que a los que quieren sanar se les llama raros y a los sanos se les tacha de locos» (Jiddu Krishnamurti)

Cuando paseaba por el jardín botánico de Copenhague disfrutaba en el paseo de esos discretos avisos que nos recuerdan la necesidad de “permanecer en silencio”. Fuera de esa paz extraña rodeada de exóticas ornamentas vegetales, el ruido parece ser la nota común de nuestro mundo. Sin embargo, los sonidos de la naturaleza son amables y se pueden degustar en largos paseos rodeados de bosques e inmensidad. Los lugares donde hay abundancia de plantas están siempre acompañados de aves, y según la prodigalidad de las mismas, será un claro indicativo de la riqueza o no de un lugar. En los abundantes bosques de la Baja Sajonia era normal rodearte de repente de soledad, silencio y musicalidad proveniente de arroyos, o mirlos, o petirrojos que acompañaban el paseo con su mágica presencia.

Uno se siente poderoso en esos instantes. El poder crece ante el silencio y la grandeza del espesor de un bosque o el llanto de un riachuelo. Cerca de Göttingen había un bosque donde íbamos a pasear. En la frontera que lo separaba de una espesa sabana verde, había un banco donde descansábamos y desde donde podíamos contemplar la ciudad a lo lejos junto al río Leine y su lago madre Kiessee. Allí encontrábamos nuestro centro de paz, un lugar donde se unían los senderos de las fuerzas corporales y las corrientes espirituales que podíamos captar en aquellos instantes.

Los bosques alemanes poseen aún intactas esas fuerzas vivas que la naturaleza comparte muy avispadamente con aquellos que desean preñarse de cierta discriminación y desapasionamiento, preceptos básicos para ponernos a la guía de nuestras almas y sus anhelos. Hay un punto de equilibrio entre esos paseos de antaño y la memoria de los presentes. Porque las experiencias se acumulan y engloban ese halo de misterio que es la vida. Y cada vez que siento el silencio y paseo por un bosque y me maravillo en un jardín botánico, entonces todos los bosques y todos los jardines y todos los silencios se condensan en uno y el alma se manifiesta.

Meditaciones


Decía Jiddu Krishnamurti que la meditación no es una vía de escape. Tardé años en entender esas palabras. Quizás fue cuando paseaba por las habitaciones de su casa en Ojai, en California. Allí y en los jardines de la casa había un silencio abrumador. Por un momento, y contradiciendo al sabio, pude aislarme y encerrarme en mí mismo para intentar comprender la sensación de vacío de aquel instante. Fue entonces cuando comprendí el verdadero sentido de la meditación. Realmente se trata de preñar al mundo de sentido, de penetrarlo, de sentirlo, de palpar con todos los sentidos su verdadero significado, pero también con la lucidez de la mente, con la atrevida llama de la emoción y con el radiante cuerpo de luz. Entonces el mundo entero adquiere un sentido y un propósito y es constante la belleza de sus cielos y sus tierras.

Era una calurosa mañana de julio del 2006. Recuerdo que cuando entré en su habitación en plena soledad, sin que nadie se hubiera dado cuenta de mi invisible presencia, ni siquiera el jardinero que andaba ocupado entre la maleza a unos cincuenta o sesenta metros, pude comprender que la esencia de meditar no es otra que la de comprender al mundo desde fuera y desde dentro. Sí, había vacío pero también plenitud. Desde la habitación se podía distinguir los rayos del sol que asomaban por encima de los árboles y las montañas. El sonoro batir de alas de los pájaros, el latir incesante de las millones de hormigas que construían sin cesar túneles infinitos bajo mis pies, los grandes ojos del búho y en lo más sutil, el despertar a la consciencia universal mediante la constante práctica de la concentración en la pluralidad del mundo.

Jiddu ya no estaba allí, ya no vivía allí. Hacía poco más de veinte años que su alma dejó la tierra, o mejor dicho, penetró la tierra en aquel febrero de 1986. Sin saber porqué, lo recordaba todo nítidamente en la meditación de hoy, en el salón de conferencias de los laboratorios Taxon, cerca de la estación de Príncipe Pío de Madrid. Me sentía cómodo en la meditación de plenilunio. La crisis nos había expulsado del círculo amigo y tenemos que adaptarnos como podemos a las nuevas circunstancias. También recordaba cuando las primeras meditaciones se hacían en petit comité en la casa del jardín del Morya, con la chimenea en invierno y siempre la luz rebosante. Sin darme cuenta, en la meditación estaba viajando una y otra vez a las otras meditaciones, a los otros lugares donde alguna vez hubo una conexión con el infinito. Y eso me llevó de nuevo a las palabras de Jiddu: “lo que importa de la meditación es la cualidad del corazón y de la mente”. Una mente y un corazón inocente y vulnerable, pero capaz de las cosas más grandes.

Por eso, tras la meditación y una suave cena en el jardín del Morya, pudimos hablar de esa inocencia humana y esa vulnerabilidad que se muestra perpleja antes lo acontecimientos mundiales. Por eso la necesidad de retomar el círculo en las meditaciones, para penetrar el mundo, para comprenderlo y para trascenderlo. Para saber que la grandeza de estos tiempos es un regalo en nuestras limitadas y finitas vidas y por ello, es necesario comprender, de nuevo, que la meditación nos acerca a la virtud de la percepción del todo. Inclusive a la percepción de nosotros mismos, de nuestro yo real.

La sabiduría del necio


Decía Valle-Inclán que cada día hemos de abrir en nuestras almas una sima de emociones e intuiciones adonde jamás haya llegado la voz humana ni en sus ecos. Ese disfrute místico y estático cada vez resulta más difícil. Hoy lo hablaba con un amigo en el jardín de su casa mientras contemplábamos como un puñado de avispas succionaban el cuerpo inerte de un pequeño pajarito. Como contraste, a mitad de la charla, una majestuosa paloma salvaje se posó a nuestro lado y nos miró durante un instante, intuyendo que ese momento siempre es reconfortante para el alma y sus simas. Muerte y vida en un mismo acto. Horror y belleza en esa dualidad que siempre nos persigue. En medio, la visión de la Unión, del saber que todo está bien, de que así es el mundo y sus consecuencias, y de que aún no hemos rozado ni tan siquiera un ápice de perfección.

La cuestión a tratar era importante, al menos en el plano emocional e íntimo. De un plumazo he dado un repaso, mientras escuchaba las alentadoras palabras del amigo, sobre todos los acontecimientos de los últimos meses. Había en ellos cierta dureza, errores puntuales, errores de cobertura, errores de análisis, errores de criterio y en última consecuencia, errores de actuación. Evidentemente he errado. Incluso he llegado a lo miserable ante lo mezquino que me imbuía. Sentía cierta pena por mí mismo, porque aunque siempre nos esforzamos por intentar hacer cosas, y dentro de esas cosas, intentamos siempre hacerlo lo mejor posible, sin dañar nunca a nadie, que es la mejor de las recetas para ser felices, irremediablemente, siempre que intentas influir en el mundo, el mundo reacciona o, como mínimo, se resiente, y ocurre lo ineludible, que no es más que la enseñanza, y el perdón.

El Maestro Eckart aconsejaba que cuando llegas a según que cumbres espirituales, debemos olvidarnos del ejercicio de la voluntad y no decidir nada sobre el bien o el mal de las cosas, estando muy atentos para que la intuición hable sobre ellas, en esas orillas de lucidez que a veces rozamos con la punta de nuestras extremidades. Para ello, los místicos de todos los tiempos se retiraban a Montañas y Desiertos. Y allí, en el silencio macizo resultaba más fácil y alentador escuchar el sonido del clarín espiritual. Pero aquellos peregrinos que deciden regresar al Valle, como aquel Zaratustra nietzscheano, esos que llevan una estrella radiante en la frente, son errantes y cometen errores porque han de lidiar con las fuerzas que hacen de su reinado una eterna batalla. Y en ese sentido, solo se arrodillan ante las palabras de San Pablo: Si quis inter vos videtur sapiens esse, stultus fiat ut sit sapiens (Si alguno de vosotros se tiene por sabio, hágase el necio para que sea sabio). Y siguen su peregrinar, y siguen la estela de la conquista de sí mismos, y con ello, la conquista del perdón. Siempre volviendo al centro, siempre peregrinando por la periferia.

La Voz del Silencio y la Palabra Perdida


«El nuevo mundo esta todavía
detrás del velo del destino.
En mis ojos, sin embargo,
es el amanecer que ha sido revelado»
– Allama Mohamed Iqbal

En 1675 el místico español Miguel de Molinos escribió su Guía espiritual que desembaraza el alma y la conduce por el interior camino para alcanzar la perfecta contemplación y el rico tesoro de la paz interior. Fue uno de los padres del Quietismo místico como vía para alcanzar la perfección y el contacto con lo divino.
La cruz culta atiende al mismo compendio: al saber, al osar, al querer y al callar. Porque no se puede querer osar sin saber, mediante el silencio, el camino adecuado. El callar como una herramienta imprescindible para conectar con la Quietud y la voz interior pues, dicen los que entienden, que sólo en la calma de un océano tranquilo se puede saborear las mieles de los abismos profundos. Sin embargo, hay muchas clases de Silencio.
Está el silencio del sabio, que calla porque entiende que todo ya está dicho y lo único que hay que hacer es saber escuchar, repasar lo ya explicado, RECORDAR. (Reminiscencia: conocer es recordar).
Está el silencio del ignorante, que calla por no saber, (ignorancia es ausencia de conocimiento, de logos, de alma).
El silencio del egoísta que ignora totalmente la realidad ajena (falso sentido del yo como algo dividido y aislado).
El silencio del prudente, que prefiere no arriesgar en el equívoco.
El silencio del cobarde, que se esconde tras cualquier verdad aunque sea mentira.
El silencio del héroe, que llega de la batalla cargado de experiencias que guarda en su interior.
El silencio místico, que conecta con las entrañas de lo más profundo.
El silencio natural, que nos deleita con la sinfonía cósmica.
El silencio administrativo, tan cargado de sugerentes jurisdicciones.
Y luego está la Voz del Silencio, que es de naturaleza más difícil y entraña en su interior un séquito de interpretaciones y arquetipos increíbles. Y ocurre la paradoja de que cuando conectas con esa voz sigilosa, algo te empuja a utilizar la Palabra y el Verbo, y reencontrarte con lo que los antiguos llamaban la “palabra perdida”.
Entonces la Quietud necesaria es transformada en Acción, porque nada hay en la naturaleza humana que prevalezca si no ha sido forjada mediante los atributos del movimiento. Así pensaban los existencialistas como Sartre, que expresaba la urgencia de la acción con estas sugerentes palabras:

El quietismo es la actitud de la gente que dice: los demás pueden hacer lo que yo no puedo hacer. La doctrina que yo les presento es justamente la opuesta al quietismo, porque declara: sólo hay realidad en la acción, y va más lejos todavía, porque agrega: el hombre no es nada más que su proyecto, no existe más que en la medida en que se realiza; por lo tanto no es otra cosa que el conjunto de sus actos, nada más que su vida. De acuerdo con esto, podemos comprender por qué nuestra doctrina horroriza a algunas personas. Porque a menudo no tienen más que una forma de soportar su miseria, y es pensar así: las circunstancias me han sido adversas; yo valía mucho más de lo que he sido; evidentemente no he tenido un gran amor o una gran amistad, pero es porque no he encontrado ni un hombre ni una mujer que lo mereciesen; no he escrito buenos libros porque no he tenido tiempo para hacerlos; no he tenido hijos a quienes dedicarme porque no he encontrado al hombre con el que podría haber realizado mi vida. Han quedado pues, en mí, sin empleo, y enteramente viables, un conjunto de disposiciones, de inclinaciones, de posibilidades que me dan un valor que la simple serie de mis actos no permite interferir. Ahora bien, en realidad, para el existencialismo, no hay otro amor que el que se constituye, no hay otra posibilidad de amor que la que se manifiesta en el amor; no hay otro genio que el que se manifiesta en las obras de arte.

Es por ello que existe un camino medio necesario que consiste en poder hacer de la Quietud una virtud imprescindible para reconducir nuestras vidas desde el silencio y de la Acción una música inquietante que nos une misteriosamente al otro, a la Unidad ante el trono del nosotros mismos. Quietud y Acción unidos de la mano para crear la realidad apropiada.

El maravilloso contacto con nosotros mismos


«En esta época hay gran necesidad de expertos en la vida del alma y de grupos de hombres y mujeres que, al emprender el gran experimento y la gran transición, agreguen su propio testimonio a la verdad de las afirmaciones de los místicos y ocultistas de todos los tiempos». (DK, Tratado sobre Magia Blanca)

Resulta difícil llegar a ser plenamente conscientes de nuestras actitudes internas y externas. La delicada tarea de desenvolvernos y mejorar la expresión y el comportamiento en el plano de las relaciones con los demás es uno de los retos más importantes que tenemos. Al hacerlo, estamos tejiendo la red y los puentes necesarios para comprender la grandeza del contacto íntimo con nuestra verdadera naturaleza.

Llevar a todas las consecuencias una vida práctica, correcta, controlada por un deseo sano y armonioso solo es posible con una expresa fortaleza interior que nos aleje del egoísmo primario y nos eleve hacia la esfera donde el objeto de nuestros proyectos se sumerja en el sujeto que representamos, penetrando así la sincera intención.

Pero el deseo sano no basta por sí solo. El plano físico está plagado de agentes que interceptan nuestras intenciones y desean suprimir nuestra buena voluntad. Es por ello necesario tener no solo un cuerpo físico fuerte y dócil a nuestras inclinaciones de prosperidad y entrega, sino que además debemos desarrollar constantemente una comprensión adecuada de nuestra naturaleza emocional y sensorial y su relación con esa intención superior de hacer el bien. Y esto, además de la fortaleza de un cuerpo sano, requiere la templanza y el poder de una mente despejada y clara que nos aleje del servilismo y la opresión de la dualidad.

Pero existe algo más. La fortaleza física y vital acompañada de un correcto deseo y una claridad mental no podrían desarrollar ningún tipo de idea o propósito si la mente no fuera capaz de crear un puente indestructible entre su naturaleza abstracta y su fuente de luz, entre su intervalo inferior y su manantial de lucidez. Si conseguimos mantener firmes nuestra mente en lo que torpemente llamamos luz, el alma, nuestro “yo” verdadero, podrá dominar correctamente nuestra vida mediante la intuición creadora y la entrega total a la corriente de la vida.

Pero esa chispa de lucidez tiene un vasto trabajo por delante. Conseguir con el tiempo y la determinación firme fusionar la triple naturaleza física, emocional y mental con nuestra alma.

Es entonces cuando la práctica del servicio desarrolla en nosotros la cualidad de la voluntad, creando con ello experiencias que transforman constantemente la realidad, poniendo en duda todo aquello que nace de lo ilusorio y del maya y atrayendo hacia nosotros un reguero de vida y experiencias únicas y profundas.

Y es así como el vasto campo de la experiencia se aproxima sin temor a aquel que es dirigido por su estrella interior, haciendo descender a la Tierra las energías que emanan de las más elevadas fuentes y anclándolas allí.

¿Qué sucede al meditar?


Si queréis practicarla, hoy habrá una meditación de plenilunio de cáncer promovida por Fundación Ananta:

El lugar de la meditación es: Laboratorios Taxon, Aniceto Marinas 14, 28008 Madrid. Esta calle está justo detrás del Hotel Nueva Florida, enfrente de la estación de Príncipe Pío, a dos minutos andando del metro y de Renfe Cercanías. Es la calle pegada al río Manzanares. El programa los tres días es:
19:00 horas, recogimiento; 19:30 horas, palabras introductorias, cantos y cuencos; 19,45 horas, meditación; 20:15 horas, despedida en silencio.

 

Soy un ciego que ve las cosas claras


Lo decía Max en las Luces de Bohemia  del genio Valle-Inclán. Quizás porque los ciegos pueden ver aquello que escapa a la ilusión de la luz. Cierto sentido se agudiza cuando caminamos en la oscuridad de nuestras vidas. Podemos alzar cierto olfato y descubrir las maravillas de esas parcelas que nos son vedadas cuando nos creemos sabedores de todo. Es como si del loto de la cabeza brotara una flor de bienaventuranzas, como si de ahí surgiera su forma primitiva, que sigue siendo la alegría. O como si del loto del corazón surgiera la flor del amor, siendo su primer indicio la más plena sabiduría. O como si del loto de la laringe naciera la flor de las formas vivientes y a raíz de ese resurgir, tuviéramos cierto contacto y comprensión de ese Plan nacido del sustentador del Universo. De ese de quién todas las cosas proceden, a quién todas las cosas retornan. De ese al que pedimos que nos revele el rostro del verdadero Sol Espiritual, oculto por un disco de luz dorada. Como nos recuerda hermosamente el profundo Gayatri, para que conozcamos la verdad y cumplamos con todo nuestro deber mientras nos encaminamos hacia Sus pies sagrados.

Siete ideas sobre el pensamiento



1- Sujeta la mente cuando vagabundee sin propósito. Trata de pensar en una sola cosa. No permitas que los pensamientos casuales o divagantes sobre otros temas dispersen tu atención.
2- Cuando un deseo surja en tu mente no trates de satisfacerlo inmediatamente. Obsérvalo, introduce el ejercicio del discernimiento en tu actividad mental.
3- Has de liberarte de los inconvenientes de una mente dispersa. Las exigencias de las energías mentales han de ser controladas hasta convertirlas en canales para la transmisión de la verdad.
4- Vigila todo impulso mental. Un mal pensamiento es un ladrón peligroso. Te roba la serenidad y el equilibrio mental.
5- Las impresiones, tendencias, deseos y pasiones sutiles, que yacen en las profundidades del subconsciente, tienen un efecto tremendo en tu vida consciente.
6- Los yoguis dicen que a través de la práctica de la meditación se puede modificar, controlar e influir en las profundidades subconscientes de la mente.
7- El pensamiento puede llegar a ser un buen instrumento si se utiliza adecuadamente. El primer requisito para la felicidad es el control sobre los pensamientos.

(Fuente: Yoga Sivananda)

Hábitos de residencia que ponen en peligro al residente


“Todas las enfermedades excepto las que se deben a accidentes, heridas que se infectan y a epidemias pueden ser atribuidas en esta instancia a alguna condición de los centros, y por lo tanto a energía incontrolada; a la energía excesivamente activa y mal dirigida, o a insuficiente y total carencia, o sino retenida en vez de empleada y trasmutada al correspondiente centro superior de energía”. (D.K.)

Siempre es interesante pensar sobre la diferencia entre fuerza y energía. Y más profundamente, entre fuerza, energía y rayos de influencia. La humanidad, el conjunto de la naturaleza, las estrellas, el cosmos, los átomos, todo está regido por ciertas energías y fuerzas que interactúan unas con otras. Nunca somos conscientes en nuestra vida común como esto afecta a todas nuestras decisiones, y qué fácil resulta, para el observador atento, descubrir por cuáles energías se rigen unos y otros.

Las emociones, los pensamientos, los actos, las palabras, las acciones… Todo es energía. Es fácil observar la fuente de la misma. Si existe una excesiva irritabilidad, violencia verbal, vociferaciones o pensamientos iracundos, estamos ante la manifestación de una energía de eso que algunos dan por llamar el bajo astral o el bajo vientre. Una persona que se deja dominar por esas energías, sufrirá dolencias en el plano físico de todo tipo, ya sea agravando su salud o perjudicando el estado de sus cosas.

Las personas preocupadas en sí mismas, en su ámbito más inmediato, en aquello que perjudica o beneficia su condición humana, su seguridad, su supervivencia, poseen una calidad energética diferente a aquellas personas que son capaces de observar los hechos objetivos buscando la belleza y la armonía de los mismos desde el amor o la trascendencia o la expresión. El continuado enfoque en dichas energías provoca hábitos de residencia que ponen en peligro al residente, tal y como explican los viejos adagios.

Debemos reconocer que somos unidades de energía que pueden o no dejarse influenciar constantemente por el resto de energías que nos envuelven. La coherente integración de nuestras energías en un solo punto focal provocará en nosotros cierta claridad y fuerza que nos llevará aún más lejos en nuestros propósitos. Y debemos ser conscientes de donde estamos enfocados para saber hacia donde deseamos ir.

Pero, ¿cómo distinguir entre fuerzas, energías y rayos, y además, reconocer su naturaleza y empleo, potencia y grado de vibración? ¿Y en qué grado nos beneficia todo esto?

Hay muchos métodos de identificación, pero el sentido común es el mejor de ellos. No es lo mismo la calidad de una energía que se rige por el placer, otra que se rige por el conocimiento y otra que se rige por la sabiduría. No es lo mismo comer un plato de alimentos desde el placer del bajo vientre, con la violencia congénita que esto conlleva; desde el conocimiento, analizando cada pulsión del proceso; o desde la sabiduría, aplicando las enseñanzas para que ese plato de comida se transforme en un alimento puramente energético que ayude a mantener una excelencia en nuestras vidas y un óptimo servicio hacia nosotros mismos y los demás. Lo mismo ocurre con todos los ámbitos de la vida. No es lo mismo tener sexo por placer o tenerlo desde la sabiduría y el amor incondicional. No es lo mismo ayudar al prójimo por placer o hacerlo por conocimiento de las causas y los arquetipos. No es lo mismo hacer las cosas desde la personalidad, desde el alma o desde la pureza del espíritu.

Desde la consciencia, debemos comprender que trabajamos todos los días con corrientes de energía y fuerza. Y según nos inclinemos hacia unas u otras, tendremos una vida u otra. Una vida generosa y brillante u otra oscura y arrogante.

No es lo mismo enfocar nuestras vidas hacia las corrientes energéticas del odio, la separatividad, el temor, el orgullo y todas esas energías que nutren los centros que amenazan llevar al mundo al desastre, o enfocarlas en una actitud amorosa, en la belleza de las cosas, en la armonía y la poderosa fuerza de todo lo creado.

Así estemos centrados en nuestras vidas, así será la calidad de nuestras energías y así será la calidad de todo lo que seamos capaces de crear en nuestra existencia. Sin aún saberlo, somos seres creadores y todo lo manifestado a nuestro alrededor tiene que ver con eso que día a día nos empeñamos en construir desde nuestra irritabilidad o amor, desde nuestro orgullo o actitud de servicio.

La substancia de las cosas que no se ven


Siempre hay una sombra que va con nosotros. No tiene nombre, ni rostro. A veces se expresa de forma brusca, otras de forma inocente. No tiene importancia. Está ahí, la reconocemos y la aceptamos. Es solo un vehículo que nos transporta y a veces, incluso nos alivia. Otras nos juega malas pasadas, nos posee de forma intolerante y nos arrastra por los musicales senderos de la selva oscura.
Cuando vivimos en la tierra resulta difícil convertirse en ave, en nube o en viento. De hacerlo corremos el peligro de quedarnos solos flotando en las neblinas del pensamiento, alejados de la sombra, de ese nuestro desconocido que va con nosotros, de ese doble juego que se inyecta en la vida, pero que en verdad, es triple, porque la tumba, el soma, siempre requiere de un puente que nos conecte al nous, al espíritu. Le llaman alma, mensajero, mediador. Nos arrastra hacia abajo para luego empujarnos súbitamente hacia las más extensas llanuras de lo alto. Y cuanto mayor es la luz que soporta más grande se hace la sombra, el eterno desconocido que va con nosotros.
Cuando los antiguos decían eso de conócete primero a ti mismo y luego a Dios se referían a esa doble vida, que también es triple, como la sagrada triada. Cuando miramos los acontecimientos bajo el impulso de los musicales senderos, creemos entender algo, muy poco, de todo cuanto nos rodea. Pero sólo son bondades de la inocencia. Hay tanta complejidad ahí fuera. Es tanto lo que ignoramos de las extrañas oquedades de la vida. Los grimorios y el pentáculo nos advierten continuamente. La luz ilumina nuestras cegueras, pero no son capaces de abarcar todo el conocimiento. Nada puede contener esa asfixiante necesidad de comprender más que las ganas irremediables de ser inmortales para algún día, ser conocedores de todos los misterios. No sé si la vida nos reservará esa sorpresa. El hombre, en su ignorancia, necesita creer, porque la fe es la única herramienta que nos permite hallar luz en la oscuridad y consuelo en la tragedia.
Quizás la finalidad de todo este afán de búsqueda no sea otro que el despertar a una intuición superior, a una fuerza mayor capaz de perfeccionar nuestro cuerpo y hacerlo puro, capaz de contener estable nuestros efluvios astrales, nuestras emociones y capaz de controlar con firmeza todos nuestros pensamientos y deseos. Entonces, quizás podamos manejar sin peligro y utilizar inteligentemente nuestras verdaderas e infinitas facultades para ayudar a la raza, al mundo, a la Obra.
Aún estamos lejos del mundo de los significados y los arquetipos. Pero cada día estamos más cerca de la comprensión de nuestra sombra y sus mentiras. La ignota lejanía nos acerca, valga la paradoja, a los expertos en la vida del alma. Que sean ellos los que experimenten la gran transición y reemplacen toda nuestra tosquedad. Que sean ellos los que nos empujen hacia el absoluto valor, hacia la fe, esa substancia que nos muestra las cosas que no se ven.

Wesak: Veo, y cuando el Ojo está abierto, todo es Luz


Cada año, más y más personas de orientación espiritual están reconociendo la importancia de los tres Festivales espirituales principales de Aries, Tauro y Géminis como constituyentes de un flujo unido de energías que afectan a la consciencia humana. La Pascua, o el Festival del Cristo Resucitado, va seguido del Festival de la Luna Llena de Wesak, el Festival del Buda. Ambos se funden con la energía de la inteligencia de la raza humana durante el tercer Festival, el de Géminis, culminando en el Día Mundial de la Invocación. Durante este período de Luna Llena, la atención se centra sobre Wesak, el Festival del Buda.

Los que aceptan el hecho del Dios Uno, como hacen la mayoría de las personas inteligentes en la actualidad, no tienen ninguna dificultad en aceptar igualmente que existen numerosas formas de acercarse a Él. Cada una de las principales religiones mundiales que han surgido a través de los tiempos en diferentes épocas y entornos humanos, tiene un valor, una energía y una cualidad específicos que establecer en la consciencia humana.

Las dos religiones que han tenido mayor impacto y han estimulado los cambios más profundos en la consciencia humana durante los últimos dos mil quinientos años, han sido el resultado de la vida y trabajo de Gautama Buda y del Cristo. Tanto el Budismo en sus diversas formas como el Cristianismo bajos sus diversas denominaciones se han extendido por el mundo y juntos reúnen un número de seguidores mayor que todas las demás religiones juntas. Para muchas personas, estas enseñanzas no constituyen algo separado o diferente, excepto como instituciones organizadas. Los valores que enseñan forman un desarrollo complementario y secuencial de los principios fundamentales. Es sabido que el Cristo y el Buda son hermanos, además de hijos del Dios Uno. El Buda predijo la venida del Cristo. Y el Cristo, apareciendo en una época posterior, edificó sobre el trabajo ya establecido por el Buda, agregando las enseñanzas requeridas por la humanidad durante la era de Piscis, estos últimos 2000 años. La cooperación entre estos dos hijos de Dios es un incesante servicio, enfocado actualmente sobre el posible desarrollo espiritual durante el siguiente período de 2000 años de la era de Acuario y enfocado, también, en la preparación para la reaparición del Cristo.

El Señor Buda funciona en la Vida planetaria como el intermediario espiritual entre  el centro planetario superior, Shamballa, “donde la voluntad de Dios es conocida”, y la Jerarquía espiritual, el centro cardíaco planetario. Él es la expresión de la sabiduría de Dios y el indicador del Propósito divino. El Buda es la encarnación de la Luz, así como el Cristo es la encarnación del Amor. Sirve durante el Festival de Wesak en el período de la luna Llena de Tauro, para comunicar la luz de la sabiduría a la humanidad a través del Cristo y de la Jerarquía. Cada año, mediante este acto de comunión y cooperación entre el Cristo y el Buda, se fortalece la relación planetaria entre el centro “donde la voluntad de Dios es conocida” y el centro “que llamamos la raza de los hombres”.

El Festival de Wesak representa ciertas ideas muy definidas y claramente señaladas y el ofrecimiento de una gran oportunidad. Las ideas que representa podrían enumerarse como sigue:

  • En primer lugar, este Festival enlaza el pasado con el presente como ningún otro Festival, relacionado con cualquiera de las religiones mundiales, lo ha hecho. Representa una verdad viva y una oportunidad presente. En su mutuo servicio a la raza, el Buda y el Cristo producen este enlace. También fusionan Oriente con Occidente y unen en una totalidad la tradición cristiana, las creencias budistas en hindúes y la aspiración de todos los creyentes del mundo de hoy, ortodoxos y no ortodoxos. Las distinciones religiosas desaparecen.


  • En segundo lugar, este Festival señala el momento de máxima bendición espiritual  en el mundo. Es una época de una llegada inusual de vida y de estimulación espiritual y sirve para vitalizar la aspiración de todos.


  • En tercer lugar, en el momento del Festival y mediante el esfuerzo unido del Cristo y del Buda, trabajando en la más estrecha colaboración, se abre un canal de comunicación entre la humanidad y Dios por el cual el amor y la sabiduría del Mismo Dios pueden descender hacia un mundo expectante y necesitado. Hablando simbólicamente, y recordando que los símbolos siempre velan una verdad, podría afirmarse que en la época de la Luna Llena es como si, súbitamente, se abriera de par en par una puerta que en otros momentos permanece cerrada. A través de esa puerta los aspirantes y discípulos pueden contactar energías que, de otra forma, no estarían fácilmente asequibles. A través de esa puerta puede realizarse un acercamiento a la verdad y a la realidad y a Aquellos que guían a la humanidad que no es posible en otros momentos. Ello está a disposición de todos cuantos se encuentran a ambos lados de la puerta, y cada vez lo estará más.


En la actualidad, lo más necesario es desarrollar la intuición y la discriminación de los discípulos del mundo. Deben aprender a sentir la visión superior, a responder al día de oportunidad y a alcanzar la relación superior consciente, sea cual sea el precio para el ser inferior. Al hacer esto, deberán recordar que el ser inferior, debido a su naturaleza íntima y cerrada, parecerá anormalmente atractivo y puede transcenderse sólo a un precio infinitamente elevado. Por lo tanto, debe desarrollarse la intuición grupal, y el sentido de valores debe ajustarse mucho más adecuadamente antes de que pueda estar a la altura de los requerimientos y cumplir su función, que es inaugurar la nueva era. El descenso de fuerza espiritual, en el tiempo del Festival de Wesak, tiene como objetivo la estimulación de la intuición de los discípulos agrupados, de los aspirantes y de la gente de buena voluntad.

Las Fuerzas de Iluminación están especialmente activas durante este período de los Festivales. Emanan del centro cardíaco y están relacionadas con la comprensión y la sabiduría divinas. El Buda y el Cristo constituyen las dos expresiones más destacadas de esta energía de amor-sabiduría hasta la fecha. Las Fuerzas de Iluminación afectan, especialmente, a los grandes movimientos educativos y a los foros de gentes en todas las tierras, así como afectan a la cualidad de los valores que se despliegan a través de los medios de comunicación de masas. Todas las formas de comunicación pública, los oradores, los escritores, los comentadores y los trabajadores sociales, resultan afectados por esta energía que fluye a la mente. La misma consciencia humana es, actualmente, receptora de las energías de iluminación que introducen ideas nuevas e influencian los asuntos humanos en general.

El Festival de Wesak forma un punto de cohesión para quienes, en síntesis y simbólicamente, se unen en meditación y en pensamiento reflexivo como representantes tanto del Reino de Dios como de la humanidad. Establece una solidaridad fáctica entre los acercamientos Orientales y Occidentales a un entendimiento superior, porque tanto el Cristo como el Buda están presentes y activos durante este ciclo anual.

El Festival de Wesak es un Festival de Luna Llena universal, o planetario, para gentes de todas las creencias. Es un elevado punto de inspiración para el trabajo venidero. Todos pueden cooperar en la consciencia en este flujo singularmente disponible de energías espirituales. Todos pueden participar en la meditación y en el esfuerzo por expresar una hermandad práctica como forma de vida, el valor de semejante servicio grupal unido, en el alineamiento con el Cristo y el Buda y las Fuerzas de Iluminación, es obvio e inspirador. Mediante el empleo del mantram o plegaria mundial, la Gran Invocación, las energías disponibles pueden invocarse magnéticamente y ponerse, literalmente, al alcance de la consciencia humana.

TIPOS DE CONCIENCIA


Alguna vez hemos hablado de la diferencia entre conciencia y consciencia, de ese conocimiento que un ser tiene de sí mismo y de su entorno. Dentro de la misma, es interesante observar los tipos de consciencia que poseemos. Haciendo una rápida clasificación, se nos ocurre esta tipología:

Conciencia gregaria: Aquí podríamos encontrarnos con cientos de subcategorías, por ejemplo, la conciencia mineral, que es aquella que no percibe absolutamente nada. La conciencia vegetal, que es aquella que recibe algunos pocos estímulos sensitivos y que reacciona según la presión que los mismos ejerzan sobre nuestros sentidos o nuestro sistema nervioso. Y luego la conciencia animal, que es donde gran parte de la humanidad se encuentra. Lo único estimulante para este tipo de conciencia es el alimento, el vestido, el cobijo, los placeres yla sexualidad. Más allá de esto no existe nada.

Conciencia individual o del yo: Aquí hay un estímulo superior al anterior. El individuo despierta, más allá de la conciencia gregaria, a la conciencia del individuo. Este tipo de personas se caracterizan porque su preocupación se basa en dos principales áreas: la familia y el trabajo. Son capaces de sacrificarlo todo por la familia y el trabajo, y sus temas de conversación giran siempre en torno a estos dos tipos de actividades.

Conciencia social: Aquí hay un salto importante en la conciencia y las preocupaciones ya no sólo se basan en las necesidades primarias del individuo y de las necesidades básicas para conseguirlas, como son la familia y el trabajo, sino que además, empieza a nacer una conciencia social. A partir de este despertar a lo social, el individuo empieza a preocuparse por las personas de su barrio, por la política, por los acontecimientos mundiales, por la justicia social y la solidaridad.

Consciencia moral: En este estadio ya no hablamos únicamente de conciencia, sino que añadimos el matiz diferenciador de consciencia del que ya hablamos en artículos anteriores. La consciencia moral o espiritual atraviesa la barrera de lo puramente humano y es sensible a las dimensiones que provienen de la capacidad abstracta. Es entonces cuando el individuo adquiere sensibilidad hacia la filosofía, el arte, la ciencia y la espiritualidad en todas sus manifestaciones. Tiene capacidad y sensibilidad suficiente para ver más allá de lo humano y conectar íntimamente con lo cósmico y universal. Esta consciencia, al igual que la conciencia social, es una consciencia activista y produce una necesaria consciencia de responsabilidad no solo hacia la humanidad, sino hacia el propio planeta que se habita. Es por ello que en muchas ocasiones, este tipo de personas terminen produciendo grandes ideas, grandes logros, grandes producciones filosóficas, artísticas, científicas o tengan una vida de entrega y servicio total.

Trabaja como un diamante


Sé como un diamante, brilla en tu tarea, en tu trabajo, en tu labor, en todas tus acciones, aunque sean pequeñas y minúsculas e inadvertidas.

Busca siempre las respuestas dentro de ti, pero estate alerta a las señales del camino, a sus mensajes, a los maestros que se aproximan para darnos guía y luz. Recuerda siempre que tus mayores maestros siempre serán los que la vida te ha puesto cerca: tu pareja, tus hijos, tus padres, tu familia, tus amigos, tus vecinos.  Ellos tienen una gran enseñanza reservada para ti.

No te dejes influir por los que te rodean, ni por sus pensamientos, ni por sus palabras, pero escucha siempre con atención todo cuanto digan. A veces funcionan como radares y marcas en el camino que nos indican donde estamos y hacia donde queremos ir. Ellos también están trabajando en su propio propósito, aunque a veces nos resulte absurdo o ineficaz.

Entra al lugar mas secreto dentro del centro mismo de tu consciencia. Allí hallarás la paz perfecta que sobrepasa toda comprensión y la guía invisible que mueve todas las cosas.

Aférrate al trabajo especifico que tienes que hacer en tu plan, en tu propósito y brilla para iluminar con sabiduría y amor todo aquello que hagas. Tu trabajo espiritual es más importante que cualquier otra cosa. Consigue espiritualizar, por lo tanto, todo aquello que hagas para que sea digno de esta vida, de tu propósito y del Propósito universal que los maestros, en silencio y de forma invisible, conocen y sirven. Sé digno de esta vida y brilla radiante en su entusiasmado devenir.

El camino del medio


Entre el crecimiento interior y la supervivencia pura y dura hay un largo trecho. No es lo mismo ganar en una tarde treinta mil euros o ganar un trozo de cielo en mil años. Lo primero te da porciones medidas de satisfacciones fisiológicas y algo de  seguridad. Lo segundo, a muy largo plazo, algo de estima y autorrealización. Entre crecer exteriormente y hacerlo interiormente hay una sutil barrera difícil de discriminar. Una barrera que puede delatarse como cruel sino sabemos discernir entre las cosas verdaderas de la vida, esas que a largo plazo nos llenarán de satisfacción duradera, o esas otras pequeñas promesas que no sirven sino para sentir un pasajero sentimiento de placer y alivio.

A veces es posible el camino medio, ese que pretende, siempre y cuando no te distraigas fútilmente entre las cien mil cosas, crecer hacia fuera y hacia dentro al mismo tiempo. Pero esto requiere un poderoso sentido del equilibrio y la ecuanimidad. Ser un malabarista de la voluntad, la intuición y la sabiduría. Pero siempre hay que ir con cuidado cuando pretendemos lanzarnos al universo del conocimiento y la sabiduría, porque a veces nos inunda ese miedo al saber, que no es otro que un miedo irracional al hacer. Porque el hacer requiere responsabilidad y compromiso, sobre todo cuando nos equivocamos y fracasamos ante los demás. Y ese fracaso tiene que ver con el reconocimiento del que hablábamos y sobre la necesidad de satisfacer nuestros apetitos y anhelos exteriores. Interiormente no hay lugar para el fracaso. Todo reto, toda aventura, toda decisión y toda acción guarda dentro de sí una enseñanza oculta, un crecimiento interior, una expansión inevitable de consciencia. El desequilibrio exterior produce locura, aislamiento, soledad, ruptura, sufrimiento y muerte. El interior tan sólo un breve reguero de llanto y una nueva promesa de avance.

Naciendo en la nueva revolución solar


“Estoy hastiado de mi sabiduría como la abeja que ha recogido demasiada miel, tengo necesidad de manos que se extiendan”.

Nietzsche, “Así habló Zaratustra”.

De la Montserrat del Oriente bajé hasta la Montserrat del Mediodía, también conocida como la Montaña de los Ángeles. Desde allí divisé “montes” y “valles” y partí a cual compañero peregrino hacia la búsqueda del significado del “delta” y del número cinco. A cada encuentro, a cada viaje, una enseñanza se añadía al interludio. En el camino, todo son señales, símbolos y diálogos constantes conla naturaleza. Sólo hay que estar atentos, solo hay que saber observar, comprender y leer las letras que se esconden en cada acontecimiento. Desde hace pocos meses y tras un año en los valles de Magra, la ciudad de las siete estrellas de ocho rayos, volví a subir ala Montaña. Siempre se ha considerado, desde los tiempos de los más primitivos ermitaños del desierto, que los lugares altos eran especialmente propicios para conectar con las fuerzas celestiales. Y los desiertos, lugares ideales para vencer al demonio, a nuestros demonios internos. Cuando llegas a la cima, a la Montaña, debes descender, como hizo Zaratustra, para experimentar el eterno retorno de lo mismo.

En los valles hay pozos inagotables, cubos rebosantes de oro y diamantes que suben plagados de virtudes que los primitivos del desierto llamaban divinas. La bondad es posible. Solo hay que tocarla desde la magia y poder ser testigos de su veracidad. Toda riqueza íntima hay que llamarla y compartirla. Ese es el principio exacto de nuestra humanidad. Es nuestra dote como individuos, nuestro regalo más esperado.

Por eso es necesario subir a la Montaña y luego bajar al valle. Por eso hoy, en un día tan señalado, en un día de revolución solar, de entrañable encuentro con un nuevo nacimiento interior, con una nueva responsabilidad y un nuevo reto, naceré en un nuevo lugar llamado La Sacedilla, a los pies del Monte del Pilar. Y desde ahí compartiré durante todo este tiempo las mieles espirituales en las manos que se extiendan.

Los siete cuerpos


Muchas tradiciones antiguas, entre ellas la hinduista y la egipcia, creen que el universo se manifiesta en siete dimensiones o planos, y así también lo hace el ser humano. De ahí que muchos hablen de la “constitución septenaria”. Es decir, el ser humano no tiene un solo cuerpo, sino siete. Dicho así podría sonar algo muy tosco, pero analizando con cierta paciencia nuestra propia vida y sensibilidad, podríamos fácilmente adivinar o intuir esas capas de cebolla que constituyen nuestra naturaleza humana.

Según cuenta la tradición, estos cuerpos forman una unidad sintética y holística y no se consideran unidades separadas, sino un cúmulo de entramados interpenetrados unos con otros a pesar de que conservan su identidad.

El otro día hablábamos ligeramente sobre uno de ellos, el cuerpo vital, y la necesidad de tener un sano vehículo etérico. El cuerpo físico lo conocemos muy bien, al menos la ciencia está haciendo grandes avances para describirlo y analizarlo. No ocurre lo mismo con el resto, a pesar de que el cuerpo vital, etérico o energético es una evidencia, así como el emocional y el mental, de los cuales se hablan ligeramente con denominaciones abstractas como mente y emociones, sin darle mayor importancia que la de su evidente existencia.

Los antiguos, que en muchas materias nos superan en sabiduría y conocimiento, ya hablaban de esta clara y diferenciada división. La tradición agrupa en dos estos siete cuerpos. La Tríada superior o parte espiritual formada por Atma, Budhi y Manas. Y el Cuaternario inferior, la personalidad mortal, el yo o ego, formado por los cuatro “principios” inferiores: el Kama-manas o psique o cuerpo mental; el cuerpo emocional o astral o Linga-Sharira; el cuerpo prana o cuerpo vital y el Stula-Sharira o cuerpo físico. Parala tradición Occidental, se trataba del Nous, la Psique y el Soma.

Cada vehículo es sustento del inmediato superior y no pueden ser separados o no pueden vivir los unos sin los otros, excepto cuando ocurre la muerte física y, según dicen, la Tríada y el Cuaternario, mantenidos unidos durante la vida física por el llamado “Hilo de Plata” o Antakarana, se quiebra, interrumpiendo el flujo de vida.

Y algo muy importante es saber identificarlos, saber alimentarlos y saber cuidarlos para que gocen de buena salud, algo que casi siempre olvidamos precisamente por no saber identificarlos.

El manejo de las energías


Constantemente manejamos energías. Esto supone una gran responsabilidad de la que somos totalmente inconscientes. Es difícil saber desde qué centros esas energías surgen y se expanden. Sabemos por experiencia que una buena alimentación produce un buen riego sanguíneo en nuestro cuerpo y por lo tanto una buena salud física. Sabemos también que el cuerpo está “vitalizado”, “animado” por algo que le da vida. Algunos lo llaman cuerpo vital. Esa vitalidad da movimiento y hace crecer nuestros cabellos, produce lágrimas y secreciones y es capaz de dotarnos de sentidos para relacionarnos con el mundo exterior. Pero, ¿de qué se alimenta ese cuerpo vital, etérico? Ayer lo hablábamos mientras subíamos por la montaña. Y notábamos que ese cuerpo sutil podría alimentarse de los rayos del sol, de la respiración y el aire que entra por nuestros pulmones, del agua limpia y cristalina y de la energía de los alimentos. A cada paso éramos más conscientes de esa realidad, porque de alguna manera, el cuerpo reacciona de forma diferente cada vez que respiramos profundamente, caminamos en consciencia bañándonos con los rayos del sol y bebiendo de las fuentes de la vida.

Los sabios de todos los tiempos identificaban esas energías y sus centros. La medicina china trata de ellos con toda normalidad e intenta reconocer sus ritmos y esencias, su vibración y actividad. Una buena corriente de energía provoca inevitablemente una buena salud.

Pero nuestro organismo es más complejo aún. Los antiguos sabían y diferenciaban las diferentes corrientes de energía que nos mantienen saludables. Sabían identificar las energías del cuerpo físico y las energías del cuerpo vital o etérico. Pero también diferenciaban las energías del cuerpo emocional y las del cuerpo mental. Y todas ellas, en su conjunto, de forma holísitca, cumplen la función de mantenernos con vida y, en la medida que seamos capaces de mantenerlas en correcta circulación, con buena salud.

Para los sabios antiguos, el poseer un disciplinado uso de las energías, de todas ellas, provocaba lo que se conoce como “los liberados dentro de la prisión”, una especie de despertar hacia otra visión distinta de la vida y de la existencia. Una sabiduría que nos permite contemplar lo más profundo del mundo de las causas.

Sea como sea, es hermoso pensar en estas cosas y compartirlas, como hice ayer con J., en las extremidades del bosque y la montaña.

El espejo de las almas simples


Siempre que se acerca una revolución solar, un cambio de ciclo personal, se cierran puertas y se quema ese karma añejo y rancio. Se ordena el armario para empezar una nueva vida y un nuevo nacimiento y un nuevo despertar. Cada nuevo cumpleaños es una oportunidad para cambiar, porque es como volver a nacer a la vida desde una perspectiva nueva. Este año lo estoy notando especialmente. Estoy cerrando capítulos y ciclos de siete años, contemplando la posibilidad de abrir un gran portal donde penetrar el sendero, no ya el de probación, sino el del compromiso hacia una responsabilidad mayor. La vida, que es un gran espejo donde podemos ver todo cuanto somos y todo cuanto hemos hecho, nos marca las pautas del camino y nos indica claramente qué nuevas metas debemos alcanzar.

Cuando leo la vida de algunos místicos del pasado, esos que por sus ideas y formas de vida fueron quemados en hogueras de verdad, siento la dureza de aquellos que por defender una vida libre y en concordancia con lo que eran pagaron un alto precio.

Estos años no he vendido mi alma al diablo. He preferido pagar el precio de ser libre aunque el coste haya sido elevado. Eso me ha permitido llegar a este punto de la vida con cierto alivio, con cierta simplicidad. Y en lo simple he encontrado la belleza, la esencia de una vida hermosa y maravillosa que se muestra increíble en cada momento.

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados


«Orad siempre sin perder nunca la esperanza» (Lc, 18,1)

«Cuando ores, entra en tu cámara y, cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en el secreto, y tu padre que ve en lo escondido, te recompensará» (Mt, 6,6)

«Y al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo» (Mt, 6,7-8)

«Y cuando os pongáis de pie para orar, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre, que está en los cielos, os perdone vuestras ofensas» (Mc, 11, 25)

«Yo os digo: Pedid y si os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y el que llama, le abrirán» (Lc, 11,9)

«Os aseguro que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en su nombre, allí estoy yo con ellos» (Mt, 18,19-20)

 

Salmos 133 -La bienaventuranza del amor fraternal
Cántico gradual; de David.

1 ¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es
Habitar los hermanos juntos en armonía!
2 Es como el buen óleo sobre la cabeza,
El cual desciende sobre la barba,
La barba de Aarón,
Y baja hasta el borde de sus vestiduras;
3 Como el rocío de Hermón,
Que desciende sobre los montes de Sion;
Porque allí envía Jehová bendición,
Y vida eterna.

La Segunda Venida de Cristo. Que Cristo retorne a la Tierra


Fe es la sustancia de las cosas que no se ven”. Hebreos II-1

La vida siempre ha tenido ciclos de evolución donde las fuerzas creativas y destructivas han colaborado en esa especie de plan o propósito cósmico que se desenreda en nuestro planeta sin entender a ciencia cierta a qué se debe o cómo y porqué se desarrolla.

De la profundidad de la Tierra –o del infinito espacio- surgió la vida, de sus tierras y agua y luz y aire surgió el reino vegetal, y de ahí el animal y lo humano y las emociones y la inteligencia y más tarde, y por último, la consciencia y el Ipad y el Iphone. Todo desde un mismo centro, desde la Naturaleza más primitiva hasta los misterios más angostos.

El planeta vivió una crisis importante cuando el reino animal decidió individualizarse, dando vida al cuarto reino, el reino humano. Muchos pensadores, filósofos y poetas de todos los tiempos contemplan estos ciclos como irreversibles y en continua expansión. ¿Qué será lo próximo? Se preguntan. Para muchos místicos, lo próximo será la venida del quinto reino, lo que algunos llaman vagamente el reino espiritual o de las almas o incluso el reino de Dios. Muchos grandes seres vinieron a la Tierra para establecer, según estos místicos, el mundo del ser y la consciencia. En ese sentido, Cristo, o mejor dicho, la idea crística de divinidad, retornará de nuevo a los corazones de los hombres dando lugar a una nueva era de altos ideales y valores que nos encaminarán hacia la rectitud y el amor.

Esto no ocurrirá hasta que la propia humanidad viva en sí misma una nueva gran crisis parecida a la que vivió el reino animal ante el nacimiento de la inteligencia individualizada en el hombre. Sin duda, estamos en vísperas de ver surgir a la manifestación otro nuevo reino, y en ese sentido, quizás sea esto lo que se quiera significar con la “venida de Cristo”, es decir, la venida de una nueva consciencia, de una nueva forma de ver, vivir y entender la vida. Como seres humanos completos y almas retornando al propósito del Misterio, ese que la pobre y limitada ciencia humana aún no ha podido desentrañar. Siendo así, que Cristo retorne a la Tierra, no desde esa idea infantil y ortodoxa de la necesidad de un Padre o un Guía que nos salve del pecado del mundo, sino desde la emancipación consciente de nuestro potencial vital y soberanía existencial.

Plenilunio de Piscis


Meditar no es un acto egoísta. Es un acto de amor. Estar bien con nosotros mismos, en plena armonía, en paz con el mundo, mostrando un rostro dulce y bello es siempre una bendición para la orbe de esferas que compone el universo. Por eso hoy cuando meditábamos en el Plantío sólo veía gente bonita. Hermosos rostros que chispeaban la luz interior que recorre ambas glándulas, la pineal y la pituitaria interconectando las energías que suben por la kundalini, atravesando los cuatro centros inferiores, y aquella que desciende desde las remotas cumbres del alma, promoviendo la luz superior que emana de los tres centros superiores. Y cuando meditas y ambas luces, ambas energías, se entrecruzan entre el resonar vibracional de una y otra glándula, ese roce energético produce chispas y esas chispas provocan la conocida luz interior, la luz del alma, que no es otra cosa que ese farol que nos conduce por eso que el Tao llamaba las tinieblas dentro de tinieblas, o la oscuridad brillante de otros, o el magno trecho de la negrura absoluta. Por eso los grandes místicos, que contemplan el absoluto con cierta claridad, comprenden que la luz es necesaria para guiarnos por la tenebrosidad del mundo. La luz no es más que un símbolo de lo que el humano necesita para alimentar su sed de existencia, su necesidad de comprender. Pero sobre todo, es un manantial que debe sacarnos de nuestra propia oscuridad e ilusión. ¿Quién, hoy, al brillar el alba, ha podido contemplar el canto del ruiseñor y respetar el gemido agudo de los primeros rayos? ¿Quién hoy tomó consciencia de la mirada del hermano que agoniza en el ocaso de su día? Por eso es necesario meditar. Nos hace conscientes, nos hace bellos, nos convierte en seres deseados y limpios, en poderosos agentes del propósito oculto. Luz, más luz, reclama siempre el mundo.

Iluminando el lado oscuro


Lo justo sería que todos viviéramos bien. Que todos pudiéramos disfrutar algunas vez de los lujos que en estos días estamos disfrutando. Que al mismo tiempo, todos pudieran tener la oportunidad de ayudar al otro, en lo que fuera. Nosotros estos días lo intentamos robando sonrisas a los niños. Pero también esperanza. Porque cuando un niño ríe, se abre una inmensa puerta de esperanza. Y esa esperanza viene de la crisis que se avecina. Porque esta crisis que estamos viviendo solo es la punta de un iceberg inmenso.

Estamos en los inicios de una gran transformación a nivel planetario. Ya hubieron otras en el pasado. La naturaleza ha sufrido grandes cambios, grandes transformaciones, grandes crisis que han terminado en producir algo mejor, una nueva consciencia, un nuevo despertar, una nueva iluminación. Lo vemos en el reino mineral, cuando desde la opaca roca, el universo de la oscuridad doy paso a los cristales que dejan pasar la luz, a las piedras preciosas, a los diamantes. También lo vimos en el reino vegetal cuando el frondoso verde quiso desplegar aún más belleza y riqueza dando nacimiento a las maravillosas e increíbles flores. Y luego, esa increíble transformación del reino animal. Tenemos el ejemplo de los reptiles, seres que se arrastran por la tierra hasta que un día decidieron volar y convertirse en pájaros de todos los tamaños y formas. ¿No es esta una iluminación increíble, un cambio de consciencia fascinante?

El humano también ha vivido diferentes transformaciones, y ahora estamos en la antesala de un increíble cambio de consciencia que nos ha de llevar desde la consciencia del ego, del egoísmo, a la consciencia del nosotros, de la generosidad, del amor incondicional. Ese es el nuevo cielo y la nueva era que muchas tradiciones pregonan. Esa será la nueva iluminación que la naturaleza perpetuará en nosotros. Por eso es necesario que nos iluminemos los unos a los otros para que la iluminación sea colectiva y el egoísmo, el poder, las guerras, la vanidad y el terror deje paso a la generosidad, el amor y la alegría.

La oscuridad del ego solo puede desaparecer con luz, más luz. No se puede vencer al ego combatiendo contra él. No podemos vencer nuestros traumas, ni nuestras miserias. Solo podemos transformar nuestras vidas con el ejemplo activo, con la llama del hacer, con los pequeños gestos del día a día. Esa es la luz del mundo, y esa es la llama y la chispa que debemos compartir.

La palabra no es la cosa


Acostumbrados a ver la vida desde el mismo ángulo, normalmente sesgado y reducido, hoy experimentaba sobre la forma de contemplar un mismo mensaje, una misma situación, un mismo momento. Recibía estos días una carta anónima con una bonita mariposa de cartón y un breve mensaje hermoso y esperanzador: “Transformación y libertad, valentía y renacimiento. ¡A volar Javi! ¡Abrazo eléctrico!” Quería hacer una foto a la carta para dar desde aquí las gracias por tan bonito detalle, simbólico como a mi me gusta, y sentido. Y al buscar el mejor ángulo para hacerlo, me daba cuenta que la palabra no es la cosa, como tan bien nos explicó en su día Krishnamurti. Pero la palabra, que siempre es creadora, nos permite transformar y poner en movimiento la inteligencia, que no es más que un producto que el universo ha creado para pensarse a sí mismo, y de paso, recordarse.

Somos como un vaso que contiene la inteligencia, y esta, a su vez, es un recipiente algo más amplio que contiene la consciencia. La consciencia de sí mismo y la consciencia del nosotros enmarcada en una realidad mucho más amplia y compleja. Liberarse de lo conocido, vaciarse de todo aquello que generación a generación hemos heredado. La ausencia de ignorancia no es tener muchos estudios o mucha inteligencia, sino la facultad que cada uno tenemos de explorar nuestras consciencias.

Estos días experimentaba eso mismo con personas de gran consciencia de sí mismos que se mantienen alerta para poder seguir creciendo desde dentro, comprendiendo las sabias palabras del anónimo amigo o amiga: Transformación y libertad. Libertad para seguir transformándonos y transformación para ser cada día más libres de nosotros mismos, de nuestros ropajes culturales y sociales y de nuestras cadenas ancestrales. Y para ello, valentía y renacimiento constantes… De nuevo ese necesario saber, querer, osar y callar. De nuevo ese interior agradecimiento cuando esta mañana, encendiendo la chimenea y viendo como llovía ahí fuera, sentía la necesidad de dar gracias por ser como soy en esos pequeños actos. Gracias anónimo por la inspiración, y por la carta…

(Fotos: Tres perspectivas para una misma situación, en un mismo tiempo y un mismo mensaje. Sin embargo, cada foto, cada perspectiva, evoca cosas diferentes, sensaciones diferentes, pensamientos diferentes. Así captamos nosotros la realidad, de forma multidimensional. La cuestión de como sentimos, de como pensamos y actuamos tiene mucho que ver con la perspectiva que aplicamos a la realidad, de ahí que la palabra no sea la cosa, y de ahí que las cosas no sean aparentemente como las vemos, las sentimos o las experimentamos).

Queridos Magos…


Querido Magos,

Tenemos sed de justicia, hambre de amor, necesidad de paz, anhelo de humor.

Pero en verdad, no deseamos nada para nosotros. Todo para ellos. Y cuando estén saciados, si sobra algo, deslizaremos nuestras manos francas para que posen en ella cualquier resquicio de amistad, de ilusión, de alegría.

Nuestra espada ya es corta. Pero entregamos nuestra lanza de luz y sus agudas flechas para que lleguen hasta ignotas lejanías. Porque de todos es sabido que cada batalla tiene su propia armadura y sus útiles armas, pero en esta, en la que estamos embarcados como raza, solo la responsabilidad ante las posesiones del espíritu podrá hacernos dignos sin vacilación alguna.

Queridos magos… Ya no queremos más cosas. Sólo alegría, paz duradera, amor sentido, esas centrífugas experiencias que han de colmar nuestras vidas antes de apartarnos al círculo eterno. ¿Simplificar o complicar? Hasta un niño sabría qué elegir, por eso hoy, como niños, solo pedimos que simplifiquéis nuestras vidas, que las hagáis plenas de logros y conquistas, pero no para nosotros mismos, sino para dar gloria a los otros, para que nuestro estado triunfante sea repartido en bien de los demás.

Queridos magos, os deseo el mejor de los viajes de Oriente a Occidente, del Mediodía al Septentrión, y cuando reparéis en cada casa, en cada hogar, en cada ser que demanda, no olvidéis satisfacer sus ansias con hilos de felicidad…

Os invoco, queridos magos, para que la magia continúe…

En Vos confío…

Compartiendo energía


La vida está basada en el intercambio de energías. La energía lo cubre todo y se manifiesta de múltiples formas. Como alimento, como amor, como sonrisas, como abrazos, como conocimiento, como luz, como fuerza… Cuando nos levantamos agradecidos todos los días, estamos compartiendo energía. Cuando nos acostamos de forma humilde y miramos en nuestro interior para valorar las acciones de la jornada, estamos amasando energía. En ese conocimiento directo que tenemos con la experiencia diaria, desarrollamos un tipo de energía, con su calidad, con su pureza, con su poder. A veces olvidamos la impersonalidad de esas acciones y olvidamos que cada palabra dicha, cada acto fingido, cada pensamiento nacido en el jardín de nuestra memoria provoca reacciones, evidencian síntomas y siembra semillas que darán sus frutos.

Hay cierta victoria en nuestras consciencias cuando la calidad de esa energía compromete a la belleza, a la alegría y a la enseñanza. De ahí la importancia de despertar vibrando en buena sintonía con el ambiente y dormir en buena sintonía con nosotros mismos. Si somos un buen acorde, si somos un trozo de cuerda que intercambia provechosamente la energía en el inmenso e infinito ciclo vital, seremos una hermosa esperanza para el mundo. Sintamos esa necesidad y estemos siempre alertas. La vida es compartir, la vida es relación.

Los tejedores de la luz


Unos días de aislamiento voluntario en una especie de “cueva” fría y desconectada del mundo me han venido bien para ver la vida de forma diferente, pausada, con un ritmo más acorde con los tiempos que se aproximan. Cuatro días sin Internet, sin teléfono, en silencio, en ayuno, en meditación u oración según la hora del día y según el momento, solitario, ausente, inmóvil. La ausencia de estímulos externos hace que la mente se calme y los pensamientos se desaceleren. Las emociones se recolocan y se apaciguan, la energía vital se recompone, el cuerpo descansa, los canales se alinean ante la pureza del momento y el alma, aliviada, entra con fuerza y habla desde el silencio y la senectud.
Se crea una chispa de luz, pequeña pero suficiente para alumbrar en la noche oscura. Aparecen los “tejedores” y la luz se expande poco a poco como una malla sedienta. La mente se desarrolla acorde al nuevo estímulo y su poder se acrecienta.
La autoiniciación, de obligado cumplimiento para aquellos que no comen carne ni tienen televisión y practican el celibato y se abstienen de beber alcohol y de fumar, no pretende ningún tipo de perfección, únicamente pretende cierta luz, cierta visión de las cosas. Y esos pequeños secretos que se desvelan tras el velo no son sino cosas sencillas que pretenden conferir a la vida un sentido diferente.
No se encuentra ningún tipo de pureza en esos actos, ni se pretende porque lo que es puro no puede de momento pertenecernos. Pero sí se pretende cierta ligereza de equipaje que nos ayude a ir aún más lejos, cierto balón de oxigeno que nos impulse a caminar con la mirada recta y el corazón abierto. Estar limpios por fuera ayuda a que la contaminación interior no nos nuble en exceso. Por eso el espíritu, cuando tiene la posibilidad de impactar a los vehículos de la personalidad, siempre dice con voz alta y clara: “ganaremos esas alturas para seguir adelante”.
Y cuando he salido de la “cueva”, mi barba había crecido, y también mis ganas de seguir descubriendo luminarias y el placer y la sabiduría de las cosas que contienen todos esos mundos que nos esperan. Ganas de seguir compartiendo, de seguir en contacto con lo sutil, con absoluto valor, con fe perfecta. Ganas de ser más eficaz y tener una vida más enfocada hacia lo verdaderamente importante. Ganas de seguir hollando el sendero sin temor, con alegría y confianza en la luz de nuestra alma.

Consolamentum


Estoy haciendo una tesis doctoral sobre el apoyo mutuo. Pensaba que ese es el principio que debe regir en las sociedades, en las culturas, en los humanos, en las relaciones… apoyarse mutuamente en los momentos buenos y en los menos buenos para seguir adelante…
Me gustaba escucharlos… me gustaba estar ahí cuando los más pequeños pasaban el mal trago de sus crisis, de sus sacudidas interiores… Me sentía bien a sabiendas que de alguna forma podía darles cierta seguridad o apoyo o lo que hiciera falta… No me aburría el que siempre estuvieran hablando de si mismos, de sus problemas, de sus crisis, de su ombligo, de sus trabajos, siempre sus trabajos… Intentaba conocerlos escuchando y estando ahí era la mejor forma de hacerlo…
Cuando tocó estar en la encrucijada la respuesta fue diferente. Primero fue el reproche, luego la espalda y luego el ánimo de abrir un conflicto que ya estaba resuelto, o al menos un conflicto que no tocaba en ese momento. Pensé que me abrazarían y que todo terminaría ahí. Pero sus respuestas me sorprendió. Ya me lo habían advertido antes: «que cada uno resuelva su conflicto»… Me pareció contradictoria esa respuesta para la cosmovisión que me habíais enseñado, para esa peculiar forma de ver las cosas. Simplemente veíamos el mundo de forma diferente. Ellos preferían no intervenir para que cada uno se gestionara sus crisis y sus problemas… Cosa paradójica, sin embargo, con sus trabajos. Pero son pequeños… tan pequeños que les cuesta aún mirar un poco hacia delante…

Siempre me he regido por el mágico principio que me enseñasteis: «solo no puedes, con amigos sí»… Por eso me enfurecí en cierta manera y por eso quería marcharme lejos de esos pequeños desagradecidos. Si ellos estaban pasando por una crisis y nos habíamos encontrado y cruzado los caminos quizás sería para aprender precisamente que con generosidad y apoyo se puede salir adelante. Pero eso solo fue una interpretación mía. Una visión equivocada y sesgada por mi parte.
Lo que ocurrió aquel día no tiene perdón. Me comporté como un auténtico hombre débil. Hicisteis bien cuando os pusisteis delante de la puerta y no me dejasteis marchar. Admiré ese gesto valiente y decidido, enérgico y arriesgado. Pensé que aquel día debería haber sido igual. No fui capaz de ver que no estaba preparado para esa prueba, que seguía débil, que seguía frágil y que cualquier cosa podría desmoronarlo todo. Es cierto que no había ninguna base porque solo nos habíamos visto tres veces, es cierto que me enfrentaba a algo que había removido toda mi vida, es cierto que aquel día no era el más propicio para salir ahí fuera. Pero las pruebas siempre están ahí para hacernos grandes. Eso me enseñasteis con vuestro silencio y sabiduría, con vuestra decisión.
Pero de nuevo la misma sensación. De nuevo la sombra de mi propia ignorancia… De nuevo mirar a otro lado… De nuevo solo…

No penséis que estoy intentando hacer un análisis para culpabilizar a esos pequeños o cargaros con todo lo que ha pasado y así quitarme esta culpa mía. Solo expreso esto en voz alta porque deseo compartirlo con vosotros. Porque os aprecio y deseo lo mejor, y a veces lo mejor es compartir las cosas, lo que se piensa, lo que se siente, sea bueno o malo.

Sé que no tengo derecho a decir todas estas cosas, pero me habéis pedido que no os halagara, que fuera honesto y sincero y claro… Antes lo había sido, y no tengo palabras para describir lo que ha supuesto el conoceros de forma tan intensa y hermosa. Me habéis aceptado en tan solo tres encuentros, he recibido vuestro bautismo en fuego y liberado por vuestra gracia de las aguas que turbian… En tan solo tres momentos se ha abierto ante mí todo un universo increíble… No son halagos queridos Hermanos del Espíritu Libre… es lo que siento… Habéis sido para mí algo muy, muy, muy especial… No puedo describirlo con palabras físicas… Quizás deba recurrir a las energías, a la metafísica, a la mística o a lo que sea para entender que lo que nos ha unido ha sido algo muy especial que solo con el tiempo lograré entender…

Aún así intuíais que había algo que no estaba resuelto… incluso me pautasteis aquellos remedios para que salieran todos los conflictos, todos los fantasmas… Pero luego me dejasteis frágil, me dejasteis absolutamente sin advertirme de lo que podría ocurrir… Me disteis la espada protegiéndome con ello, quizás porque como bien me habéis dicho, la prueba consiste en vencer en el desierto al dragón… No me hubiera importado ayudar a esos pequeños, abrazarlos fuerte, muy fuerte para no dejarlos caer… Pero ahora descubro con cierto horror que no estaba preparado para enfrentarme a esos demonios, a mis dragones, a todo lo que tan solo hacía pocos meses me había enterrado en los abismos… No estaba preparado y no era el momento para ir por ese camino… Debía recuperarme… y con vosotros lo estaba haciendo… con vosotros me empezaba a sentir mejor… la alegría empezaba a asomar de nuevo… Por eso os llaman «los magos»… Habéis obrado cierto milagro en mí… Y no penséis que os quería por eso… No penséis que había nacido en mí ningún tipo de agradecimiento bondadoso y lastimoso… Hay algo mucho más poderoso que todo eso… Hay algo mayor que aún no logro entender… No se trata de ilusionarme o no con esta historia… No se trata de que empecemos a pensar en ese propósito mayor que conocéis y servís en silencio… es algo diferente… muy diferente para lo que aún no estoy preparado.

Sé que después de lo que ocurrió aquel día ya no tengo derecho a nada… no tengo réplica ni derecho a decir nada porque todo carece de sentido… Todo lo que os decía no eran promesas… Pero comprendo que no queráis luchar por esos pequeños, que no queráis estar ahí… Comprendo que no puedo pediros absolutamente nada… Comprendo que he sido un ignorante navegando entre sombras… o quizás tan solo un pobre hombre débil incapaz de alejarme del peligro en cuanto lo veía… No podemos pedirle a esos pequeños que se enfrenten a sus demonios si están frágiles, si están débiles, si están recuperándose de un año duro, muy duro. Primero deben recuperar la confianza, deben madurar, deben hacerse hombres… Y cuando estén fuertes, deben enfrentarse a sus demonios. No antes… Jamás antes… Vosotros lo intuíais, pero no supe verlo… Solo la vida nos lo mostró porque era necesario enfrentarnos a eso para… ¿para qué? Aún no lo sé… aún no lo sabemos… El tiempo lo dirá…

Sed compasivos, porque en el fondo, solo somos humanos… humanos tan cargados de errores y fallos… humanamente nacidos con defectos de fabricación, pequeños humanos cargados de grandeza anónima… Cuando veáis a esos pequeños no mostréis sus corazas… Quizás solo necesiten un abrazo… Llevadles galletas para compartir… les ayudará más el amor que el aprendizaje… Sois sus hermanos… Quizás solo necesiten un abrazo… Ese que nadie nos da cuando estamos en peligro… Ese abrazo que nos ilumina y nos arranca de aquellos abismos… Ese abrazo que tanto reclamamos… Como el abrazo que me disteis en la puerta de vuestro templo y que jamás olvidaré… Abrazad a vuestro pequeño hermano y decidle que le queréis… No deseamos repetir los patrones de nuestros antepasados… Rompamos con ellos ahora, en este instante feliz… Ofreced amor y compasión… llevadle galletas a esos pequeños…

Siento estas palabras… Siento de veras todo lo que ha pasado… Esos pequeños están débiles, están frágiles, están mal, muy mal… No pueden ofrecer nada estando así… No se ven con fuerzas de hacer nada y ahora sé que el apoyo mutuo es más que nunca necesario…

Tengo conciencia de que con las últimas acciones se ha abierto la caja de Pandora y deseo con grito solitario llegar hasta el final… No me importa lo que ocurra ni en cuanto tiempo ocurra… Lo voy a hacer… Y cuando salga de esta, os buscaré de nuevo… Mientras, os pido, como último deseo, que cuidéis de esos pequeños inocentes…