Ayer tuve una interesante conversación con C. Hablamos de consciencia e insconciencia. De grados de conciencia, si se puede llamar así, o quizás, de cualidades de conciencia. No es lo mismo la consciencia de una ameba que la de un ser humano. Sin embargo, hablar de consciencia resulta complejo, dado lo difícil que supone ser conscientes de que somos conscientes o de que, en general, no lo somos. Requiere disciplina, control, introspección y un cierto despertar interior que nos avise. En “Creando Utopías” añadía el tópico de que esa consciencia sólo se manifiesta ante una rebeldía metafísica. Sólo cuando nos rebelamos contra nosotros mismos, contra las circunstancias que nos rodean y contra todo el orbe que hemos asumido en nuestra vida, existe o se manifiesta un grado mayor de consciencia. Y Camus añadía que el hombre rebelde es aquel que dice “no”. Así, la consciencia es rebelde, se rebela una y otra vez para hacernos crecer, progresar y evolucionar. Para “evolucionar”, en palabras de Gurdjieff, es necesario voluntad y consciencia, señalaba C. Ayer, sin embargo, cuando llegué a casa, le envié un mensaje tras la apasionada discusión: “la consciencia no nos pertenece. Nosotros no somos consciencia”. Sea como sea, en la conversación tuvimos un cierto grado de consciencia que nos hizo ver con cierta claridad hechos que estaban ocurriendo en nuestras vidas. Y la conclusión fue clara: estos días requieren rebelación y van a existir muchos más «no».
Es tiempo de repensar el tiempo
Será, dicen los expertos, esta noche de madrugada, exactamente el 23 de septiembre a las 3:10. No está mal la precisión. Por si acaso, me di el gusto de celebrarlo ayer tarde en un paseo por el bosque, dejándome llevar por la creciente manía humana de caminar hacia cualquier parte. Además, coincide que hoy es la luna llena de libra, con la nota clave, para aquellos que disfruten de la mística: «elijo el camino que conduce a través de dos grandes líneas de fuerza«. Ese camino es el camino del Medio que ya predicó el Buda hace algunas centurias. Ni un extremo ascetismo ni un extremo materialismo. Esas dos grandes fuerzas que siempre empujan a lo que Gurdjieff llamó el hombre despierto. Y despierto no significa levantarse a las siete o las ocho de la mañana para darse uno cuenta de que empieza el nuevo día. Ese es un despertar parcial que debe ir acompañado del otro despertar, de ese que nos dice que son las siete de la mañana y que una nueva oportunidad se brinda para actuar en la vida, para participar de la comedia y dejar el mejor de los espectáculos en esta obra escénica que nos ha de llevar hasta el aplauso final. Y hoy es un día que en el campo de los arquetipos nos invita a la reflexión. Libra es la balanza, el equilibrio. Libra no requiere de extremos ni de sobreactividad. Nuestro péndulo interior, que a veces oscila excesivamente deprisa hacia uno u otro extremo, debe apaciguarse y reencontrarse con su centro. Curiosamente, este solsticio de verano pasado he oscilado pendulante de un extremo a otro, de una paz interior increíble a un desequilibrio total, de una felicidad exquisita a un raudal de desgracias imprevisibles. No importa. Todo es experiencia y todo nos sirve para crecer. Pero ahora la exigencia pasa por madurar las experiencias pasadas bajo el cálido manto de la luz equinoccial y el abrazo domable de la luna llena de Libra. Es momento de descanso, de reflexión, por eso esta tarde, seguiré con la doble fiesta en algún bosque encantado. Es tiempo de repensar el tiempo… es tiempo de pasear tranquilos viendo como se marchita el campo… los tonos añiles y dorados, las nuevas lluvias, la tierra húmeda que empapa las raíces y semillas… El segundo nacimiento ya está listo… Todo lo que es siempre está presente…
Raksha Bandhan o Rakhi
El poeta regula su ansiedad con la escritura. El pintor asume sus traumas trazando líneas paralelas o caóticas sobre el lienzo. El escultor machaca con sus manos la rabia y el dolor. El arte se expresa siempre desde lo más crudo a lo más sublime. Es capaz de hilvanar sueños y promesas y empapar de sudor todo cuanto toca… El místico también es un artista y mendiga en las capas altas de la consciencia luz para ser guiado. Ayer tuve mi trozo de escucha activa, de mendicidad. Me invitó E., ese ángel caído del cielo, a participar en la fiesta hindú del Raksha Bandhan o Rakhi allí en Sevilla. La fiesta fue hermosa. Hicimos una profunda meditación y luego hubo una charla explicativa sobre esa peculiar fiesta. Consiste en que las hermanas regalan a sus hermanos un “rakhi” o hilillo sagrado protector en la luna llena de Shraavana. El hermano a cambio le hace presentes a su hermana y se compromete a cuidar de ella toda la vida. Así que disfruté cuando me pusieron el rakhi protector, el cual, dicho sea de paso, me vendrá bien para ahuyentar las malas vibraciones pasadas… Salí feliz y contento de la ceremonia y llegué a casa tranquilo y sosegado. Fueron momentos de paz en los que la ansiedad desaparecieron por un momento y la rabia y el dolor dieron paso al sueño y la promesa…
Las Huellas del Alma
Somos un pobre instrumento. Lo noto cuando sufrimos, cuando lloramos, cuando incluso, en los momentos más felices, nos sale una mueca de alegría inmensa. Y el instrumento se apaga todas las noches para reponer fuerzas, para conectar con el subconsciente y determinar qué experiencias han merecido la pena, qué experiencias dejarán o no una huella en el alma. Si miramos bien nuestros días, cada uno de ellos, antes de acostarnos, deberíamos pensar qué cosas han merecido la pena. De esas veinticuatro horas, de esos infinitos mil cuatrocientos cuarenta minutos y esos inacabados ochenta y seis mil cuatrocientos segundos, qué cosas llegaron a merecer la pena. Cuando llega la noche nos cuesta recordar esa vida mecánica, pusilánime y aburrida que se embarca en la rutina más absoluta. Pero hay detalles hermosos que no pueden escapar, que deberíamos retener a diario. A veces, en ese tiempo que transcurre sintiéndonos infinitos, como si tuviéramos por delante el universo entero, no somos conscientes de que cada segundo vale, de que cada segundo cuenta, porque ya no volverá. Y es así cuando nos revelamos ante la vida y la cogemos de frente y estrujamos con fuerza cada instante que pasa, como si de ese instante dependiera la asfixia del vivir. Me gustaría que cada segundo dejara huella en el alma. Que fueran tantas las experiencias y los conocimientos de cada día que la recapitulación vespertina fuera en sí misma toda una aventura. Al final, si el alma existe, sólo se llevará de nosotros esas huellas. Lo demás se convertirá en polvo. Nuestra vajilla, nuestro coche, nuestra casa, nuestro dinero, nuestro esfuerzo y todos nuestros tesoros quedarán enterrados bajo tierra. Todos excepto las huellas que hayamos impreso en nuestra existencia.
En la cueva del Corazón
Cuando practicas el haraquiri emocional el dolor que se siente en la parte del estómago es terrible. Es como si se desgarrara algo muy profundo, como si te quitaran del vientre un hijo que has ido alimentado durante meses y el cual de repente es desprendido con violencia. Quien ha experimentado, con o sin consciencia ese desgarramiento sabe de lo que hablo. El ritual ha sido duro. Cientos de kilómetros entre conventos y abadías, parajes increíbles y lugares misteriosos. El primer día amanecí en un templo budista en el hermoso Pirineo de Huesca. Participé en silencio y desapego en el puya de la mañana tras una noche bañada de un manto salpicado de millones de estrellas. Pero fue en una inmensa cueva, cerca del hermoso paraje que rodea el Monasterio de Piedra, donde el ritual tuvo mayor efecto. En las cuevas siempre es posible un segundo nacimiento, un resurgir, un retorno al centro perdido. El resto de noches y de días fue un ir y venir por toda la península intentando, en la soledad y el silencio del viaje interior, mostrar todos los procesos vividos, aceptarlos, comprenderlos. Al final, la muerte ritual de todo vínculo y el enterramiento de todo pasado. ¿Qué nos depara ahora el presente y el futuro? Como dicen los místicos entregados a la ciencia del servicio: “hágase su voluntad y no la mía”…
A los pies del Maestro
En el mundo del espíritu siempre ha existido una notable controversia sobre la existencia o no de los maestros espirituales. Cuando he viajado a India o Mongolia, a países de oriente, he visto que existe una tradición que asume la autoría y potestad de los gurús o maestros, los cuales se veneran y respetan como representantes divinos aquí en la Tierra. Al menos, como seres capaces de influir de forma positiva a todos los que circundan su ashram, su círculo de influencia. En occidente, más que una veneración hacia la figura de alguien que personifique algún ideal, se tiende a pensar en el maestro interior, o en aquello que nos hace plenos de maestría. En ocasiones, la búsqueda de ese ideal nos hace entender, desde la humildad y el desasosiego, que existen personas que han llegado más lejos que nosotros y que, a pesar de sus formas o aparentes imperfecciones, tienen algo que aportarnos a los que aún andamos perdidos o desorientados.
Sin duda, occidente ha demostrado estar muy lejos de la maestría de cualquier tipo. La espiritual, entendida como aquella que nos permite penetrar y entender compasivamente la consciencia de todo cuanto vive, es un camino arduo que requiere de perseverancia y trabajo. La expansión de conciencia permite situarnos en perfecta relación con toda la existencia y con todo lo existente, algo difícil de alcanzar en una sociedad tan dispersa y distante, cegada por el paradigma de lo material.
Según explican algunas escuelas, el maestro espiritual es aquel que ha trasladado su consciencia al quinto reino, es decir, está más allá de la quinta iniciación. Ha superado la consciencia mineral, la vegetal, la animal y la humana, trasladando su visión a un plano que las supera a todas. Un maestro de sabiduría ya no vive, según nos cuentan, enfocado en el bajo vientre, sino que ha trascendido esos tres niveles elevando su energía y consciencia hacia los centros superiores, hacia todo aquello que tiene que ver con los aspectos elevados del hombre. Además, su perfección es tal que es capaz de crear cosas y dominar todo lo que ocurre en los reinos que ya ha superado. Ha contactado conscientemente con la verdadera realidad y ya no está atrapado en la ilusión de las diez mil cosas. Ha conseguido llegar por la línea de menor resistencia hacia ese lugar donde la Quietud lo preside todo. Pero sobre todo, es aquel que ha decidido dedicar su vida al servicio a los demás.
A lo largo de mi vida me he encontrado con personas que han alcanzado cierta maestría, y en ese sentido, me inclino con respeto y humildad ante ellos. He conocido gente que trabaja por los demás y hacia los demás, con una entrega que supera los límites de la resistencia humana. En ese sentido, me he encontrado ante auténticos maestros y maestras espirituales y de ahí mi mayor respeto y consideración hacia ellos. Me he convertido en un humilde discípulo y he aprendido todo cuanto he podido. Y la recompensa ha sido tan grande que seguiré buscando su luz y su experiencia allí donde se encuentren. Pero sin buscar tan lejos, sin necesidad de grandes disciplinas o viajes interiores interminables, una de las mayores grandezas de todo es ver al que tenemos al lado como al mayor de nuestros maestros, porque esa persona que tenemos cerca, ya sea amigo o familiar, vecino o conocido, siempre será nuestra mayor enseñanza. Acostumbremos a mirar al otro con reverencia, respeto y humildad. Siempre tendrá algo bueno para nosotros, algo que nos hará más grandes, más libres, más cercanos a la consciencia plena. En todo caso, siempre recordemos la certera frase: cuando el discípulo está preparado, aparece el maestro.
(Foto: En un templo budista, en Mongolia, platicando con un venerable maestro).
Rezar en Silencio
Al sol o a la luna, al viento o al mar, a la luz o a la oscuridad, al valle o al río, a Dios o a su Infinito, al Absoluto y a su Vacío, al baño de lágrimas o al manto de caricias, en las cavidades del alma o en las curvas afiladas de un cuerpo, buscando el templo en el corazón o en la coraza, en las entrañas o en las afueras, allí fuera o aquí dentro, pululando en el zen mental o en el mantra emocional, parasitando una meditación diurna o promoviendo la recapitulación vespertina, con el raja yoga o su agni, en la postura de loto o en la postura de sálvese quién pueda. Repasando la vida, ¿por qué no rezar un padre nuestro que estás en los cielos? También sirve un om mane padme aum, o simplemente un extendido silencio hacia todas partes, mirando fijamente un punto de luz en la mente de Dios. Las temperaturas del alma se afilan en las cuadrículas de lo adyacente. Un hola y un adiós pueden servir de plataforma para vislumbrar la posibilidad de hacer de hombres buenos, hombres mejores. Las mujeres ni tocarlas, que ya son perfectas, e incomprendidas. Las grietas del cielo se compensan con el yeso terrenal, y así vamos tapando huecos e improvisando caminos. No desesperemos, todo está bien, porque la ley del karma funciona, y al final, justos y pecadores seremos pagadores y cobradores del mismo frac. Me apetece rezar, de vez en cuando, no para pedir nada, sino para dar. Y rezar sin palabras, solo con silencios, para que no crea Aquel al que le llegue el rezo que exijo y demando un trato más digno, especial o VIP allí en los cielos. Tampoco demando su atención para una garantía terrenal. Sólo deseo rezar, o rezarle, para sentir que en alguna parte, la voz del silencio también puede ser una promesa, y sobre todo, una esperanza… La esperanza de que al final, todo mereció la pena, de que pagamos nuestro karma y nos recompensaron con el dharma, de que el salario fue digno y de que, como buenos obreros, vimos y contemplamos la obra bien hecha. Rezo, sin vergüenzas ni complejos, para que el mundo se atornille al sensato y divino designio de un mundo mejor…
La levadura del viaje interior
Ayer leía, buscando información adicional sobre Shambhala y su origen mítico en los textos del Kalachakra, una de mis primeras lecturas que tenía que ver con las técnicas del raja yoga: “Cartas de meditación ocultista”. Me conmovió repasar con lectura detenida todos los principios allí descritos y que debí leer muy joven, rondando los 16 años en unas páginas fotocopiadas y subrayadas una y otra vez regalo de una amiga que me inspiró grandes recuerdos en aquellos tiempos de juventud y búsqueda. Buscaba información, algún dato, para completar el prólogo que estoy haciendo sobre un libro del pintor y místico ruso Roerich, el cual hizo un hermoso y profundo viaje por Mongolia, Tíbet e India a la búsqueda de la ciudad blanca. Recordaba, a su vez, el viaje que hicimos en el solsticio del 2007 buscando también las huellas de ese lugar donde se presume vive una jerarquía de hombres elevados que trabajan desde los planos sutiles para el bien de la humanidad. Como amante de los mitos y como creyente de todo aquello que tiene que ver con lo invisible, me percaté de que el tiempo no pasa en vano y de cómo se tejen las circunstancias para que sigamos el camino por una u otra senda. No resulta extraño recordar de vez en cuando la importancia de todo el esfuerzo, de toda la consciencia aplicada a esa red invisible de servidores, de ese ejército silencioso que trabaja y teje las premisas de un mundo mejor. Gentes de buena voluntad que se reconocen, se ayudan y se esfuerzan mutuamente para proteger los secretos y desarrollarlos para el bien de todos. Hay algo destinado a suceder en el alma humana, y solo el tesón de aquellos que peregrinan por la senda de Shambhala pueden entender la importancia de no desvanecer.
Cárceles
A veces resulta difícil situarse fuera de la cárcel de los sentidos. La trampa de las horas y del tiempo describen el paso penoso hacia el marchitar de la vida. Lo observo en el caminar de aquellos que nos anteceden. Los tránsitos requieren de su propia disciplina. Nos creemos salvos de todo pero no somos inmunes. Todo nos afecta, todo nos anula, todo nos pierde. Y cualquier momento es propicio para arrimar el hombro hacia la pérdida de sentido y razón. Por eso se nos hace necesario abrir una cima diaria hacia nuestra alma, hacia aquello que pueda trascendernos, con la esperanza de que quizás en ese leve murmullo podamos elevar un ápice de altura. Allí jamás ha llegado la voz humana ni sus ecos, pero sí eso que llamamos intuición que no es más que el halo sagrado de las alturas. La belleza se alarga en ese lugar y debería rodearnos constantemente. Tendría que ser obligado el ser bellos, el poseer cosas bellas. Como si con ello pudiéramos labrar el surco necesario para penetrar en el himen de lo etéreo, en la capsula celeste que nos catapulta hacia el infinito. La maravilla de esos vuelos mágicos nos alejan de la tragedia, y de la cárcel del alma. Y es allí, en el centro que los antiguos magos llamaban unidad y en la esfera que llamaban infinito donde se trascienden los barrotes de la oscuridad.
El preocupado rara vez percibe el mundo
Recibo, como todas las mañanas, puntual, el pensamiento simiente del amigo J. Esta vez me ha impresionado la forma, quizás tan taoísta, de expresar la pobreza de las diez mil cosas. Ha sido gracias a un texto del profundo libro Las Hojas del Jardín del Morya, muy relacionado con la escuela del Agni Yoga. Y es que las diez mil cosas nos distraen de lo esencial. Las cosas tangibles nos alejan de lo intangible. Para ser más exactos: el tiempo que dedicamos a poseer cosas, protegerlas, limpiarles el polvo, restaurarlas o cambiarlas cuando ya no nos satisfacen es tiempo que restamos a todo lo demás, a cosas verdaderamente importantes como el amor o la amistad, la alegría y el propósito. Las cosas del camino nos distraen y olvidamos que la verdadera vida se experimenta caminando, compartiendo, disfrutando de todo cuanto nos llega. Si en vez de arrancar las flores del camino para hacerlas nuestras –viendo a su vez como se marchitan con el tiempo- las contempláramos sin poseerlas, la belleza del momento sería suficiente para llenar todos los vacíos que soportamos.
(Foto: reposando, en Oxford, al borde del camino).
Hazte invisible
El noble Camino
Fue el Buda el que más se interesó por el sufrimiento humano y sobre el como atajar el mismo afirmando las cuatro nobles verdades:
1. El sufrimiento existe.
2. El origen de esa insatisfacción es el anhelo (o deseo, sed, “tanhā”)
3. El sufrimiento puede ser extinguido (nirvana).
4. Para extinguir el sufrimiento, debemos seguir el Noble camino óctuple.
Y el noble Camino es:
(pali: paññā) Sabiduría
1 visión o comprensión correcta
2 pensamiento o determinación correcta
(Sīla) Conducta ética
3 Hablar correcto
4 Actuar correcto
5 Medio de vida correcto
(samadhi) Entrenamiento de la mente
6 Esfuerzo correcto
7 Estar-Presente o Consciencia del momento correcta
8 Concentración o Meditación correcta
Amrit Vela
Aqui en Inglaterra son las cinco de la madrugada. Puedo ver desde la ventana de este palacete todo el campo verde y arbolado. Amanece. A las tres y media ya estaba sonando la musica que nos invita a meditar en el amrit vela, el momento en el que, segun los yoguis, parece que todo se ve con mas claridad, dulzura y armonia. Me he levantado con cierta pereza. Mi cuerpo, habituado a dormir sus siete horas de un tiron se siente torpe a esas horas. Sin embargo, acudi puntualmente y practique durante una hora la meditacion del raja yoga. A diferencia de otros yogas, esta practica consiste en intentar armonizar tus cuerpos con la Unidad desde la mente. Esa palabra, Unidad, puede interpretarse desde muchos sentidos, segun las creencias de cada uno. Pero se puede sentir claramente, aunque no se crea en nada, que en cierta forma, todo esta unido, todo esta conectado por un vinculo invisible. Y esos vinculos se tornan fuertes cuando descargamos nuestra mente de los residuos del dia, cuando calmamos nuestras emociones y relajamos nuestro cuerpo creando un ritmo gradual con la respiracion. El cuerpo fisico parece fusionarse con las energias del cuerpo vital, el cuerpo eterico. Estas se fusionan con las emociones y ellas con los pensamientos… Eso crea un punto de luz desde el cual la claridad sobre todas las cosas nos transporta a otra realidad. Y es en esa realidad calma desde donde podemos sintonizar con la realidad de nuestro ser, con toda nuestra existencia, nuestro proposito en la vida y el proposito universal de todas las cosas. Eso nos hace pacificos, pero sobre todo, nos despierta y nos sintoniza con la musica del universo pleno. Ommmm Shanti…
Drishti
El drishti es una tecnica oriental que consiste en mirar fijamente a los ojos de alguien. Independientemente de las creencias de cada uno, me parece un ejercicio increible. Mirar frente a frente a un alma, a un ser humano que tambien te penetra con su mirada, es, como dice la cancion de los Miserables, mirar de frente a Dios. Esa transparencia, ese sentir, esa cualidad llena de significados, donde uno se vacia frente a otro, donde dos almas libres se abrazan con el palpitar del latido… Quizas todo sea tan simple como eso… quizas la humanidad solo tenga que pararse un ratito cada dia para contemplar a su ser querido desde las cavidades del alma. No dudes en practicarlo. Miraros los unos a los otros y empezad a creer en otro mundo posible. Y luego, tras sentiros en comunion con el otro, no olvideis darle un abrazo sentido… de esos que nunca se olvidan y que nos hacen tiernos y amables… Amemos, que al final de nuestros dias, sera lo que mejor recordemos de todo…
Los palacios espirituales
A veces la vida te hace regalos que no sabes como valorar. Lo que antes era un palacio de principes, el Nuneham Palace, en las cercanias de Oxford, se ha convertido en un palacio de angeles que se levantan a las tres y media de la madrugada para, con el amrit vela, meditar y practicar el raja yoga. No hacen ningun mal, con este yoga te ayudan a profundizar en las peculiaridades de la existencia y ademas, como son vegetarianos, se preocupan de no aumentar el sufrimiento en el mundo. Seres pacificos y generosos que piensan en positivo y viven en positivo. Me estoy dejando contagiar del lugar y su paz. No me importa levantarme al alba y degustar las mieles del silencio. No me importa compartir estos momentos de mansa paz y calma y no me importa escaparme a la cocina para echar una mano fregando platos. En las cocinas siempre ocurren cosas hermosas, como hace tres primaveras, justamente en una cocina escocesa, mientras intentaba olvidar a la que ahora intento recordar una y otra vez. Que paradojas tiene el destino. A. me ayudo a olvidar a B. y ahora B. me esta ayudando a olvidar a A. Asi es la vida, un ciclo, dos ciclos, tres ciclos… hasta que aprendemos sus lecciones… Me voy a meditar a los jardines palaciegos… Esta nublado, es decir, hace buen dia… Los pajaros cantan sin parar y las flores iluminan los caminos… El proposito los ilumina… tambien a mi… Ommmmmm….
Thelema y el Solsticio de Verano: de Casa da Pedra Aguda a Pico Sacro
Como todo buen solsticio hoy ha sido un día mágico, de lo más fantástico. A. y su hija se presentaron en Os Anxeles, en Casa da Pedra Aguda, donde llevo un par de días disfrutando de la entrañable presencia de AC y aprendiendo, a cual master acelerado, de casi todo. Hacía ya unos meses que no veía a estas dos princesas y me sentí como en casa cuando me abracé a ellas con el corazón en la mano. Sentí la unidad de la que hablaba antes, sentí el amor hacia estas niñas que tanto quiero. Sentí como si fueran de mi familia, como si fuéramos carne de la misma carne. Y eso era como estar en casa. Como la hija de A. tenía que estudiar la llevamos hasta la casa de su padre. Es tan especial esta niña… Llegará muy lejos en lo humano si sigue creciendo como lo está haciendo. Luego nos fuimos a uno de los lugares más sagrados del Santiago: el Pico Sacro. Desde allí se divisan todos los valles y montañas que rodean Compostela, una ciudad que de por sí resulta una puerta inmensa hacia el infinito. Sólo así se puede explicar que tantos seres durante tantos cientos de años peregrinen una y otra vez atraídos por su potente imán. Y allí, en el monte sagrado, hicimos un pequeño ritual solsticial para recibir el día de la gran luz. Invocamos al tres veces grande, al padre de las tres filosofías, a Hermes Trismegisto y su Tabla de la Esmeralda. Leyendo el hermoso texto e invocando las fuerzas de la inspiración y la enseñanza, apareció de repente una palabra que nos llamó la atención: “thelema”. Esa fue la gran revelación solsticial, la piedra angular que llevábamos tiempo buscando para completar las esencias del templo que andábamos construyendo. Hablaré con calma de “thelema” porque hay mucho que contar sobre sus esencias y significados profundos… Mientras tanto, feliz fiesta solsticial a todos los que aún creen en los ciclos sagrados de la naturaleza.
El Decadrón de los sabios
Primera Ley
“El verdadero estudiante de la vida empieza estudiándose a sí mismo”
Segunda Ley
“La luz verdadera alumbra o ciega según la actitud del estudiante”
Tercera Ley
“El verdadero soldado de la luz batalla amando a su enemigo”
Cuarta Ley
“La verdadera protección radica en el control del miedo interior”
Quinta Ley
“El verdadero maestro enseña con el ejemplo”
Sexta Ley
“El verdadero mensajero es aquel que solo transmite el mensaje”
Séptima Ley
“La fe verdadera se sustenta en el conocimiento”
Octava Ley
“La sagrada doctrina se torna aun más sagrada si se es consecuente con ella”
Novena Ley
“El verdadero templo es aquel que se construye sobre la base de sentimientos, pensamientos y actitudes”
Décima Ley
“El verdadero místico es aquel que pone en práctica los principios del Cielo y que muere constantemente por amor al prójimo”
Lo cierto de lo incierto
Lo cierto es que los ángeles existen. He pasado toda la mañana con E., un ángel encarnado, de bella e intensa mirada, generosa como nunca había visto a nadie, dispuesta a darlo todo sin esperar nada a cambio. Cuando tienes la oportunidad de pasar unos minutos con alguien así la vida te cambia de forma radical. Cuando tienes la gran suerte de pasar toda una mañana, la visión del mundo se transforma y todo cuanto era viejo y perdido se torna nuevo y renovado. Eso es lo cierto… y lo incierto tiene que ver con lo difícil que resulta cruzarte en tu vida con seres de esta naturaleza. Su brillantez, su sencillez, su lealtad, les delata. Y su estado angélico se contagia cuando te abraza con sus alas extendidas. Es cierto que existen, están ahí. Lo incierto será el poder volar de nuevo junto a ellos.
El Desapego y el muñeco de Sal. Un texto de Boff
Os comparto este extracto de un texto de Leonardo Boff muy interesante sobre el desapego.
Al perder, ganamos y al vaciarnos nos llenamos. Hay quien dice que esta fue la trayectoria de Jesús, de Buda, de Francisco de Asís, de Gandhi, y de la Madre Teresa, entre otras personas.
Tal vez una historia de los maestros espirituales antiguos nos aclare el sentido de esta pérdida que se transforma en ganancia.
«Había una vez un muñeco de sal. Después de peregrinar por tierras áridas llegó a descubrir el mar que nunca antes había visto y por eso no conseguía comprenderlo. El muñeco de sal le preguntó: «¿Tú quien eres?» Y el mar le respondió: «Soy el mar». El muñeco de sal volvió preguntar: «¿Pero qué es el mar?» Y el mar contesto: «Soy yo». «No entiendo», dijo el muñeco de sal, «pero me gustaría mucho entenderte. ¿Qué puedo hacer?» El mar simplemente le dijo: «Tócame». Entonces el muñeco de sal, tímidamente, tocó el mar con la punta de los dedos del pie y notó que aquello empezaba a ser comprensible, pero luego se dio cuenta de que habían desaparecido las puntas de los pies. «¡Uy, mar, mira lo que me hiciste!» Y el mar le respondió: «Tú me diste algo de ti y yo te di comprensión. Tienes que darte todo para comprenderme todo». Y el muñeco de sal comenzó a entrar lentamente mar adentro, despacio y solemne, como quien va a hacer la cosa más importante de su vida. A medida que iba entrando, iba también diluyéndose y comprendiendo cada vez más al mar. El muñeco de sal seguía preguntando: «Qué es el mar?». Hasta que una ola lo cubrió por entero. En el ultimo momento, antes de diluirse en el mar, todavía pudo decir: «Soy yo».
Se desapegó de todo y ganó todo: el verdadero yo.
La buena mesa
Todo espacio físico requiere de un cuidado. Una habitación, un coche, un cajón, un jardín, un templo, una sala, un edificio. Algo tan básico como esto, la limpieza, el cuidado de todo aquello que habitamos, parece natural. Sin embargo, a veces olvidamos cuidar, limpiar y proteger ese espacio físico en el que vivimos, tenemos y mantenemos nuestro ser a diario: nuestro cuerpo físico. B. es vegetariana de nacimiento. Sus padres lo eran cuando ella nació, y ahora posee un cuerpo bellísimo, cuasi perfecto para una mujer de su edad. Miraba el mío con curiosidad, sobre todo mi cara en forma de galleta. Sabe que mi alimentación, a pesar de ser vegetariana, no es muy buena, pues sabe de mi afición por esos grandes vasos de leche con galletas diaria. Por cierto, C., en su visita, a sabiendas de mis debilidades, me regaló una hermosa camisa con el monstruo de las galletas de Barrio Sésamo. Realmente B. tiene razón. Al vivir solo únicamente disfruto de platos excelentes cuando el inquilino, el hijo pródigo que volvió meses más tarde, nos deleita con su cocina. Lo peor de esta historia es que el cuerpo tiene memoria, y al pasar de los años, nos devuelve en forma de enfermedades todo eso que hemos hecho para no cuidarlo, limpiarlo. Véase mi cara de galleta. El caso es que, sincronías de la vida, minutos después de marcharse B., recibo de Conchita el siguiente mensaje: “Meditación y taller sobre alimentación espiritual, hoy a las siete en Córdoba”. Como no creo en las casualidades, me miré al espejo, contemplé mi rosada cara de galleta y me fui pitando a Córdoba. El taller fue muy bonito y se habló de la importancia de comer en conciencia y con consciencia. De lo importante de una buena dieta y de los beneficios de la dieta vegetariana en contra del hábito y la cultura de la ingesta de carne muerta. Eché a faltar que hablaran de los otros cuerpos, no sólo el físico, sino también el vital, el emocional, el mental y los otros tres superiores o espirituales que la tradición oriental llama como Atma, Buddhi y Manas. Así, hubiera sido más completa hablar de los alimentos para los siete cuerpos, pero si ya difícil es comprender y cambiar los hábitos para alimentar al cuerpo físico, no quiero ni pensar lo difícil que sería explicar el resto…
Wesak y la luna llena de Tauro
El Wesak de este año coincide con mi propia revolución solar. Es decir, la fecha de mi cumpleaños con la fiesta más importante del budismo y de los grupos de nueva consciencia desde que en 1925 el maestro Tibetano diera a conocer la importancia de esta luna llena. Ambas fechas siempre las he celebrado en retiro, en silencio, apartado del mundo, y hoy, 28 de abril, uno se hace algo más mayor y prefiere desaparecer no en un retiro espiritual como en años anteriores, sino de una forma aún más anónima.
Toca pensar con fuerza en la restauración del mundo antes de que cualquier Mefistófeles grite ese Verweile doch! y desee detener nuestras vidas. Ese es el trabajo de los diablos que nos rodean: detener nuestras vidas, detener el flujo de la vida para que las cosas no se realicen. Por eso es el ser que todo lo niega. Y por eso Goethe lo describió así en su maravilloso Fausto. Pero hay una fuerza mayor que todo eso, una fuerza que nos arrastra hacia nuestro destino inevitable, una fuerza que repara los errores y las engañifas de todo cuanto nos rodea. Una fuerza que hoy, en la luna llena de tauro, donde el ojo se abre y la visión penetra, se esforzará para llenarnos de aquello que más allá de la contradicción, nos hace productivos… Mysterium coniunctionis…
El misterio de la flor de oro
A veces me vienen imágenes, destellos, recuerdos que intento ordenar sin exceso de sufrimiento o melancolía. El viaje a India aún es reciente y procuro dar largos paseos, hacia fuera y hacia dentro, para ordenar todo lo vivido. A veces las imágenes circulan en el interior de mi cuerpo y, tal y como ocurre en el tratado neotaoísta de “El misterio de la flor de oro”, esas imágenes provocan la circulación de la luz interior. Este tratado dice que la esencia de la vida no puede ser vista ya que está contenida en la luz del corazón. A su vez, la luz del corazón no puede ser vista, ya que está contenida en los dos ojos. Sin embargo, meditando un poco a la manera yóguica, ritmando en todo momento la respiración, los párpados se cierran y entonces los ojos no miran ya hacia el exterior, sino que iluminan el espacio interior. Es entonces cuando uno descubre la luz interior. Y en esa luz las cosas se ven de forma diferente, calmada, desde una distancia tan cósmica que todo parece mecerse ante el lento ritmo de una brisa. Es la luz soberana la que permite ir contra corriente de todas las cosas, el ulta-sâdhana en las técnicas tántricas –avanzar contra corriente-. Detener el tiempo con movimientos regresivos, inmovilizar el pasivo de los balances terrenales para activar la frecuencia de la plenitud. Eso es toparse de bruces con el elixir de la inmortalidad, como cuando en mitad del espectáculo aquel niño –el de la fotografía que acompaño- se acercó y rozó varias veces su pequeña nariz con la mía. En ese momento único se creó la magia de la cámara vacía, ese lugar donde la flor de oro eclosiona y se crea la llama de la luz. En ese instante, los espíritus corren y vuelven hacia el cielo, un cielo de seda y jade. La experiencia de ese momento es tan intensa que realmente es como flotar hacia lo alto. Al recordar todo esto siento cierta simpatía mística, cierta armonía y paz que subyace en los ciclos y ritmos cósmicos. Una paz extraña que alberga la esperanza de un mundo nuevo… Aquellas dos narices que se toparon en la casa de Madre Teresa de Calcuta engendraron una misteriosa flor de oro que subyace en las luminiscencias de la vida simple… Claro que la iluminación es posible. Solo hace falta respirar… cerrar los ojos y hacer circular la imagen de ese niño pegado a la nariz de payaso…
El constructor de casas
He sufrido la metamorfosis necesaria a eso de las seis de la mañana, hora en la que me he levantado leyendo un texto de la Nidada-Katha en la que, después de la iluminación, Siddharta proclamó triunfalmente su victoria sobre el “constructor de casas”. Dice así: “Durante mucho tiempo he errado, atado por la cadena de la vida, a través de muchos nacimientos, buscando así en vano al constructor de la casa. Y dolor es nacer una y otra vez. ¡Hacedor de casas, he visto tu arte! No volverás a hacer una casa. Rotas están todas sus vigas. ¡Destrozados los tejados! Mi mente ha traspasado las cosas hechas para la vida. Por fin se ha alcanzado el final de los deseos”. Y eso leía en unas de esas causales sincronías tras mantener ayer noche una conversación con B. sobre este asunto. Y B. insistía en que todo está conectado, en que todas las personas que conocemos a lo largo de nuestra vida tiene que ver con ese maravilloso vínculo que nos une más allá del tiempo y del espacio, más allá de la cosmología, de las ventanas del cielo, de los pilares cósmicos, más allá del axis mundi… Así que me levanté revelándome contra el constructor de casas y me afeité la barba, vacié el sagrado centro de toda energía antigua y dibujé ante mi ventana el nuevo panorama. No he sufrido ninguna iluminación porque eso ya no me pertenece, pero si el necesario atrevimiento para seguir mi paso por la tierra sin que la indiferencia se manifieste errante… Sigamos… hay mucho que hacer… y el tiempo es corto…
Cuatro leyes espirituales
La primera ley reza así :
«La persona que llega es la persona correcta».
Es decir , que nadie se presenta en nuestras vidas por casualidad. Todos los que nos rodean e interactúan con nosotros, están allí por algo, con el fin de hacernos aprender y avanzar en cada situación.
La segunda ley dice :
«Lo que sucede es la única cosa que podría haber sucedido».
Nada , pero nada , absolutamente nada de lo que nos ocurre en nuestras vidas , podría haber sido de otra manera. Ni siquiera el detalle más insignificante.
No existe el: «Si hubiera hecho tal cosa…habría sucedido tal otra…». No. Lo que pasó fue justamente lo único que pudo haber ocurrido. Y tuvo que ser así para que aprendamos esa lección y sigamos avanzando hacia adelante.
Todas y cada una de las situaciones que experimentamos en la vida son perfectas, aunque nuestra mente y el ego se resistan y no quieran aceptarlo.
La tercera es :
«En cualquier momento en el que comience algo , ése es el instante correcto».
Todo se inicia en el momento oportuno y más indicado, ni antes, ni después. Cuando estamos preparados para que algo nuevo se manifieste en nuestras vidas, será allí y entonces cuando dará comienzo esa experiencia.
Y la cuarta y última :
«Cuando algo termina , termina».
Simplemente así. Si algo se nos acabó en la vida, seguro que es lo más conveniente para nuestra evolución. Si estas palabras nos llegan en el día de hoy, es porque estamos preparados para entender que ningún copo de nieve cae jamás en el lugar equivocado. Por lo tanto es mejor dejar lo que ya ha culminado, continuar hacia el futuro y avanzar ya enriquecidos con dicha experiencia.
Vive bien , ama con todo tu Ser y sé inmensamente feliz.
» No desistas de tus sueños ; sigue las señales»
(Texto de SB enviado por ID)
Los guardianes del umbral
Volvíamos del paseo por los montes navarros cuando nos hemos encontrado con Puri, amiga de Koldo. Hemos querido acompañarla un rato y hemos llegado hasta el señorío de Urra, un lugar precioso donde preside un palacio señorial interesante por su simbología el cual está acompañado por lo que al parecer es una iglesia templaria. Me ha llamado mucho la atención las dos caras que presiden el portal de la misma, mirándose frente a frente con unos ojos llamativos y saltones y vigilando el umbral del portal del templo. Siempre me ha interesado la figura de los «guardianes del umbral» que aparecen en todos los relatos mitológicos. Son aquellas fuerzas psicológicas que pretenden alejarnos de la llamada hacia el viaje iniciático. Es decir, todo aquello que nos aleja del verdadero progreso de nuestras vidas. Miedos, temores, seguridad, ataduras, un largo etc. cuya pretensión es alejarnos del proceso interior. En masonería, esta figura es representada por el «hermano terrible», el cual acompaña al neófito hasta la entrada del templo…
MAITREYA SONG
El Morador de los Himalayas.
Saludos a Él, que tiene un cuerpo
Etérico refulgente.
¡Saludos a ti, oh Maitreya el Señor!
II
Saludos a ti, la personificación
Del conocimiento,
El que hace desaparecer
La ignorancia y el espejismo.
Tú eres el puro y sosegado.
¡Saludos a ti, oh Maitreya el Señor!
III
Saludos a ti,
Oh tú, el de serena sabiduría.
Saludos a ti, la personificación
de la buena voluntad en acción.
Tú eres la personificación
De la completa bendición.
¡Saludos a ti, oh Maitreya el Señor!
IV
La plenitud y la sabiduría
Son tus inseparables cualidades.
Tú eres el que otorga la plenitud
Y la sabiduria.
Tú eres quien destruye el miedo
Al nacer y al morir
¡Saludos a ti, oh Maitreya el Señor!
V
Saludos a ti,
La perfecta destreza al actuar.
Saludos a ti, oh Yogui
Entre los Yoguis
Tu eres la personificación
Del Verbo, de la Verdad
¡Saludos a ti, oh Maitreya el Señor!
VI
Saludos a ti, oh Deva
De los Iniciados.
Saludos a ti, oh Puente
Hacia el Dharma, la Ley.
Tú eres el elegido por Krishna,
El señor de la Síntesis Cósmica.
¡Saludos a ti, oh Maitreya el Señor!
VII
Saludos a ti, Océano
De Compasión,
Que siempre derramas
El Néctar del Amor.
Tú eres el que está vinculado con el Mundo
¡Saludos a ti, oh Maitreya el Señor!
Ilusión o Maya
Ilusión es creernos infinitos cuando somos finitos, o también viceversa. Pensar que somos nuestros pensamientos y sentir que somos nuestras emociones cuando ambos son impostores del yo. Añorar el pasado y el futuro y alejarnos en ambas direcciones de nuestro presente. Ilusión es creernos y no sabernos, es llevar etiquetas, ropas, muebles, coches, casas, objetos y pensar que somos todo eso. Ilusión es vivir muerto, sin estar aquí, sin ser de aquí. Pensar que somos de Venus o Ganímedes olvidando a nuestra madre y a nuestro padre. Soñar con princesas y príncipes olvidando nuestro verdadero reinado. Mendigar pobreza o riqueza a sabiendas que ambas son producto del engaño. Ilusión es creernos divinos siendo humanos o humanos cuando nos comportamos como animales. Es perseguir metas olvidando las salidas y domesticar nuestro aliento creyéndonos con ello más sanos. Ilusión es olvidar que respiramos, única señal que nos advierte que seguimos vivos. Y al olvidarlo, morimos… Ilusión, en definitiva, es cualquier cosa que nos aleja de nosotros y del vínculo que nos une a todas las cosas. Es aquello que mece nuestra cuna -ideas, creencias, emociones, experiencias- haciendo de nuestra vida un sueño ilusorio… El Nacimiento en la Cueva
La reencarnación
El deambular de las almas de un estadio a otro, de un tiempo infinito a otro, de una mortalidad limitada a una experiencia absoluta siempre ha estado en las creencias de todos los pueblos. Los sistemas varían según el marco cultural o ideológico de cada lugar, pero en síntesis, podemos hablar de una creencia común basada en la esperanza de la supervivencia más allá de este mundo. La consciencia del humano permite diseccionar el tiempo, produciendo una sensación angustiosa que nace de su posición finita y se remonta hasta el infinito de su mirada. El tiempo, y la consciencia del mismo, provocan la angustia de vernos limitados ante un cosmos absoluto e impermanente. Como consolador de angustias, aparecen este tipo de creencias que sin duda demuestran hasta qué punto la inventiva del hombre puede alcanzar cuotas ilimitadas. Sin embargo, resulta asombroso acercarnos a la vida para comprobar que algo extraño ocurre en la misma. Nuestro planeta es un hervidero de misterios sin resolver. La misma vida y su coronación, la inteligencia, son muestras de cuan sofisticado es el orden universal y cósmico. Los interrogantes nacen a cientos, y las respuestas, hipótesis y creencias acompañan sus infinitas cuestiones. La ciencia, tan limitada y perdida, no puede afirmar nada claro excepto algunas leyes derivadas de la física. Lo cuántico, sin embargo, provoca intencionadamente nuevas cuestiones, nuevos interrogantes y sobre todo, tal y como aparecía en la puerta de la Academia griega, un conocimiento nacido del asombro. Porque vivir es estar en un permanente estado de asombro ante la perplejidad de la existencia.
Los matices sobre si la reencarnación puede ser en humanos o animales, si puede ser en este u otro planeta, en esta u otra dimensión, carecen de importancia. La energía ni se crea ni se destruye. Y a partir de esa máxima, podemos interrogarnos si ocurre lo mismo con la inteligencia, el principio psique de los griegos, el alma. ¿Se transforma? ¿Se diluye? ¿Sobrevive? Las creencias esotéricas, quizás más sofisticadas en estos tiempos de angustias, suponen que lo que realmente sobrevive no es la personalidad del individuo, ni tan siquiera eso que vagamente llamamos idiosincrasia o carácter. Sino algo más minúsculo que los antiguos sabios llamaban el átomo simiente. Un pequeño átomo, el alma, capaz de recoger todas las experiencias vitales y sumarlas a la psique universal, al espíritu, al nous de los tiempos. Y en ese océano, una vez desaparecida la diferenciación que nos limita en la tierra, esperará en la Unidad a que un nuevo rayo de sol le ilumine y la dote de personalidad propia. Entonces, como gota extraviada, volverá a encarnarse en un momento único y solidario con el Orden Cósmico Universal. Como toda creencia, y como antropólogo, me sirve. En lo íntimo de cada cual quedará la mirada lúcida de sabernos o no inmortales. Sea como sea, esta vida siempre será única y es mejor no vivir bajo el prisma o la esperanza del futuro, sino, reencarnándonos todos los días en el momento presente, en la experiencia absoluta del eterno ahora.
Vibraciones
«Las vibraciones
electromagnéticas
que usted envía cada
día, en cada décima de
segundo, son las que le
han traído (y le siguen
trayendo) todo en la
vida, sea grande o
pequeño, bueno o malo.
¡Todo!.»
Lynn Grabhorn
(Foto: en Finisterre, noviembre de 2009. Llevamos toda la semana hablando sobre vibraciones, sobre la Ley de Atracción, sobre el Propósito, Misión o Intención en la vida. Ayer asistí atónito a una buena conferencia en la presentación de la FLA. Sin duda, las sincronías son poderosas. Todo obedece al mundo de las Causas sin que apenas podamos percibir un ápice de su sabiduría. El sueño de todo hombre es descifrar sus fuentes, sus códigos, sus mensajes…)




























