A nivel mundial ha sido un año desastroso, pero no tanto como esperábamos. Al final hemos sobrevivido. Hemos evitado, a pesar de las revoluciones árabes y mundiales, un estallido excesivo de violencia tal y como estaba el patio. Algunos gobiernos han respirado aliviados por sostener una situación bastante delicada.
Una de las mayores noticias y que para muchos ha pasado desapercibida ha sido la puesta a la venta de los primeros coches eléctricos. Nadie se ha dado cuenta, pero esa será una de los grandes acontecimientos que se recordará en el futuro próximo. La revolución eléctrica cambiará mucho el panorama en los próximos cien años. No sólo los coches serán eléctricos, sino que todo será eléctrico. Y la segunda revolución energética está por llegar. En los próximos cien años, la energía será limpia y libre, y cada unidad energética, cada hogar, será capaz de suministrarse libremente esta energía sin coste alguno, de forma autónoma y sostenible. Ya hay pioneros que lo hacen a base de placas solares y energía eólica. Pronto ese modelo se extenderá para INRI de los grandes intereses energéticos como el nuclear, el eléctrico, el petróleo, el gas… Estamos ante una gran revolución, y esta crisis será el principio de la misma.
A nivel personal ha sido un año convulso, de muchas experiencias desde el silencio y la falta de serenidad. Un año donde he podido ver con tristeza como los intereses de algunos estaban por encima de la amistad, la lealtad y la honestidad. Un año donde el miedo, los miedos han vencido en muchas batallas al amor. Donde la rabia acumulada ha cegado la balanza de la justicia y el tesón, la fortaleza y el orden. Un año donde fui venerable maestro en los planos interiores pero desastrosamente un palurdo guardatemplos en los exteriores. Un año donde viví en palacio exteriormente pero en la miseria interior. Un año donde económicamente hemos sobrevivido con cierta dignidad y con una única obsesión: pagar, pagar y pagar deudas, privándome a cambio de lujos y privilegios. Todo tiene un triste precio. Un año donde no he invertido en grandes empresas, ni en tecnología, ni en finanzas, pero sí he seguido renovando mi apuesta por la cultura, es decir, he seguido apostando por el alma, por el espíritu, por la fijación en dejar descrita una época cultural única en un tiempo único y en un espacio único. Séneca y Nous, cada una a su manera, se han encargado de digerir esas ansias por perpetuar la memoria espiritual, el ánima mundi, el espíritu de los tiempos. Y también afortunado en la tesis, donde parece que se dio un gran salto cualitativo.
Pero el balance es de cierta tristeza y cansancio. Demasiados frentes, demasiadas batallas, demasiados altibajos. La crisis, dicen. Confío en que de aquí a algunos años recordaré estos tiempos como eso, como una crisis, la gran crisis, espero. La personal y la global. Años de crisis, años de aprendizaje, de supervivencia.
Por suerte no hubo guerras. Solo la puesta en marcha de la revolución eléctrica, la revolución tecnológica al servicio de la ecología, que es como decir al servicio de nosotros mismos, de nuestra supervivencia y la de nuestros descendientes.
En lo personal he dejado a muchas personas queridas, muy queridas en el camino. Esa ha sido mi particular guerra donde el balance es de pérdida, mucha pérdida. De ahí la tristeza, de ahí el cansancio…
Por eso ahora me retiro solo y en silencio unos días, para reflexionar sobre el próximo año. Y si no nos vemos… Feliz entrada de año nuevo…
































