Me llena de cierto orgullo cuando llego al hermoso y búdico despacho de José Luis y veo encima de su mesa de escritorio todos los libros que hasta ahora he escrito y editado. Si sigue acumulándolos y yo sigo escribiendo tendrá que cambiar de mesa. Cuando llegué me dijo, “venga, hazme una foto con tu libro a ver si vendemos el millón”. Así que aquí empieza una nueva modalidad de fotos de “Ama”, con amigos con rostro de voz… La sesión fue divertida y el momento, como siempre, agradable. Visto con perspectiva, veo a un pequeño Buda vestido de empresario y me doy cuenta de la grandeza de este tiempo. El conocimiento y la sabiduría también pueden expresarse dentro de la cuenta de resultados de grandes empresas. Me parece maravilloso que lo Arcano se diluya por todas las frecuencias posibles y por todos los ámbitos de la actividad humana. Me llena de orgullo poder ser partícipe de esa corriente, de esa buena onda que llega cada vez a más lugares, a más gente. Así que gracias de corazón José Luis por tu siempre generosidad y amor incondicional.
Ama desde las playas de Huelva
Vientos otoñales, soplos desde la estepa
Me comentaba la amiga Y. que cuando el viento otoñal, según la sabiduría china, sopla sobre las estepas de nuestras almas y estos se juntan con los desequilibrios de la vesícula, aparecen brotes de agresividad e ira contenida que desean salir como sea. No lo había pensado, pero llevaba unos días, desde el viernes, con un ataque de ira incapaz de controlar. No sé si me habían poseído los siete jinetes del Apocalipsis, o la luna creciente de libra me estaba afectando a los “yoes” o la bilis se había transformado en ajenjo y azufre.
Los que me conocen bien saben que por norma disfruto de un carácter amable y pacífico, quizás un carácter marcado por ciertos halos de rabia por las injusticias de cualquier tipo, ya sean sociales, universales, personales, emocionales… La rabia actúa a veces como ese fuego purificador que desea destruir lo añejo, lo injusto. Y a veces creo que funciona siempre que sea un fuego controlado donde se vayan echando a sus llamas los espectros del pasado o las amarguras y grilletes de lo inicuo.
Al parecer, estos días han sido una procesión de leños que iban a la pila depuradora. Un leño verde, un leño seco, un leño podrido. Todos dentro, pagando las tributaciones y las tribulaciones que la vida nos pone delante.
Así que ahora, de nuevo, otra vez, una vez pagado el peaje, toca mirar hacia delante. Con fuerza y optimismo, con energía renovada para seguir caminando en esta pequeña mota de polvo estelar. Toca rendir homenaje a la triple llama, a las voces que se alzan sobre las colinas y siembras, sobre las veredas verdes y los floridos caminos. Dejaré que la divina música golpeé de nuevo las brasas del abismo para ser transportado en arrebato hacia las cumbres sabias. El verbo poético, que venga a nosotros de nuevo, y nos posea el espíritu de la comprensión clara y sucesiva. Que el Misterio siga los avatares del trono milagroso. Que la dulce sonrisa haga temblar al corazón frío.
Suspiro… suspiro… suspiro… para que los vientos otoñales limpien la estepa clara y deliciosa de este lobo que canta de nuevo a la rosa, a lo frondoso, al campo, al céfiro poniente, al susurro… Ofrezco de nuevo mi corazón a cambio de mi pobreza… ¿Dónde estás de nuevo, hechicera?
Ama desde Alemania…
Teresa, desde mi añorada Alemania, nos envía esta serie de fotos de las cuales me dijo que seleccionara un par, pero me han traído tantos recuerdos hermosos que no he podido con la tentación de ponerlas todas. Gracias Teresa por tu magia y por tu trabajo. Te imaginaba haciendo las fotos por todos esos mágicos lugares y me salía una cómplice sonrisa que ahora comparto con el mundo… Gracias de corazón… Estas son sus palabras:
Ama hasta que te duela,
desde el lago azul, inmensamente azul…
Ama… desde una parte de mi jardín en flores…
Ama… sobre un piano del año 1890, que en él se tocaron bellas melodías de amor, y ahora espera paciente volver a la vida.
Ama en reposo…
Ama haciéndole compañía a Theodor Fontane, habitante de nuestra casa en épocas pasadas…
Ama en el inmenso bosque, un bosque donde no habita nada más que uno mismo y comparte sus suspiros, los miedos y silencios con esos otros habitantes desconocidos que habitan los bosques.
Ama sobre un roble doble, dos almas gemelas unidas para siempre.
Desde unas piedras que han visto miles de historias…
Ella mira por la ventana y sueña que un mundo mejor es posible.
Ama contempla el bosque y sueña con su príncipe azul.
Javier desde mi Jardín de Flores te deseo buenas noches.
Pensé que Ama hasta que te duela, era una narración de vivencias continuas, una historia real narrada desde tu propio enfoque y percepción del amor.
He encontrado un libro lleno de reflexiones, sentimientos, un libro que invita a desconectar nuestros pensamientos, adentrarse en nuestros océanos particulares, escucharnos y sobre todo entendernos de verdad…
El libro es mágico, un libro para la reflexión, para mirarnos hacia dentro, y comenzar a entendernos un poquito mejor.
Javier, cuánto sabemos ya…
pero cuanto cuesta ponerlo en práctica.
Te envío en distintos correos varias imágenes del libro en mi Jardin, en mi espacio, en mi vida… en Brandenburg, los bosques, mi lago (no azul), en los robles y tilos que rodean el inmenso bosque…
Un abrazo, a descansar y soñar con cosas bonitas…
Besos,
Teresa
Lo difícil se hace, lo imposible se intenta
Hoy hablaba con X. la cual siempre desea protegerme porque son muchos años de amistad y no le gusta verme sufrir por imposibles. “Eres muy obstinado y cabezón”, me repite una y otra vez. Debes fluir con el universo, y si el universo no quiere eso para ti, debes soltarlo, debes dejarlo marchar… Entiendo que tiene razón aunque lleve más de dos meses intentando rebelarme contra lo evidente. Así que hoy acepto la rendición ante la evidencia y me dejo fluir a partir de ahora por los regalos que me da la vida.
Es evidente que luchar contra corriente puede llenarte de fuerza y satisfacción, pero también puede ondear las peligrosas banderas de la decepción y la apatía. Y no hay tiempo para el derrumbe. Es tiempo de fluir hacia todo aquello que desee fluir con nosotros. No hay que forzar nada, hay que rendirse ante las evidencias y saber soltar todo aquello que nos ate a la obstinada renuncia de nosotros mismos.
Hoy recibía una bonita carta de O. Me ha gustado precisamente porque me ha recordado todo esto que digo. Me ha recordado que en cualquier momento los milagros pueden llamar a la puerta sin necesidad de ir a buscarlos con cerrazón y desespero. Solo hay que mantenerse firme en nuestros propósitos internos y seguir mirando hacia delante… Así que gracias a todas las luminarias que adornan el camino y lo hacen más agradable… Gracias a aquellos que construyen y encienden chimeneas en el frío invierno…
(Foto: el otro día por tierras de Castilla-León, por caminos desérticos y abandonados, teñidos de cruceros y campanarios encantados, dejándome fluir por el Camino…)
«Ama» desde Segovia

El amigo Alejandro nos sorprende con estas maravillosas fotos desde Segovia, lugar donde está destinado y desde donde nos manda estas palabras que ahora acompaño. Gracias de corazón… Cada día disfruto más con esta idea…
Pocas cosas más bonitas que cumplir una promesa. He disfrutado mucho con tu libro. Otro de esos que tardas media tarde en leerlos, o media vida. Un abrazo.
«Ama hasta que te duela»: PREPARANDO LA SEGUNDA EDICIÓN
Estimados amigos,
el librito está gustando y ya estamos preparando la segunda edición. Ahora espero vuestros comentarios para poder mejorar esta segunda tirada. ¿Qué os ha gustado más? ¿Qué os ha gustado menos? ¿Qué se puede mejorar? ¿Algo que quitar? ¿Alguna errata en alguna página? Siempre se escapan cosas… Por favor, cualquier cosita compartirla para que la segunda edición sea aún mejor… GRACIAS de corazón por todas vuestras palabras de ánimo, y por todos vuestros abrazos sentidos y palabras-caricia…
Por fin el libro “Ama hasta que te duela” está en La Montaña de los Ángeles.
Ya podéis COMPRARLO en la página web de Nous: http://www.editorialnous.com/JAVIER-LEON.htm
Su precio es de 12€.
Espero que os guste esta nueva rareza editorial.
Este es un libro para románticos, esa raza maldita que ha sobrevivido a los tiempos de forma poética y a veces, miserable. Y también para personas de carne y hueso, reales, sintientes, con deseos de expresar y experimentar, de amar y ser amados. Amando.
Nostalgia, dolor, sufrimiento, pero también alegría, estupor, felicidad, amor… Son palabras que derraman sangre y vida en un momento donde amar parece cada vez más difícil. Estos escritos quieren acompañarnos en esa tarea, especialmente para no sentirnos solos, para creer de nuevo en la esperanza del amor y sobre todo, para rescatar del olvido su nobleza, su belleza y su sentir.
«Ama» desde la «Luna»…
Luna, con mucho amor y cariño me envía esta fotografía desde Roses plagada de simbólicos motivos que identifican a la obra y su autor… Qué puntazo lo de la magdalena… Se nota que algunos conocéis a fondo mi dieta «galletariana»… Cada día me sorprendéis más con vuestras fotos… ¡no paréis de enviarlas! Me hace, nos hace, mucha ilusión verlas y compartirlas… Gracias de corazón mi querida Luna…
«Ama» llegando a las Canarias
«Ama» en familia… desde Málaga
El camino de las pequeñas cosas
He salido un rato al jardín para despejar la vista de la pantalla del ordenador. He regado los romeros y el orégano silvestre y ahora hay un olor increíble por todas partes. Me he sentado fuera para escuchar los pajaritos y contemplar un poco los árboles y las lagartijas. También he sembrado cuatro patatas en la tierra, a ver si sale alguna cosecha.
Me escribía esta mañana mi directora de tesis asombrada por no saber de donde sacaba el tiempo para escribir libros, llevar una empresa y soportar los entresijos de una tesis doctoral. El misterio no es más que no saliendo de casa prácticamente, trabajar doce horas en la empresa, dormir poco, comer menos y robarle tiempo al ocio. Creo no ser una persona hiperactiva, de esas nerviosas que no son capaces de estar parados un rato. Hay tiempos en los que soy capaz de no hacer nada si el momento lo requiere. Capaz de ir al cine, dar un paseo o perderme en la ensoñación de la vida buena.
El otro día en Madrid fui con Ella a ver por segunda vez la película de “El árbol de la Vida”. En esos escenarios los tiempos se eternizan y te das cuenta de que el milagro de toda existencia está en apreciar las cosas sencillas de la vida. El abrazo a tu familia, las risas, el correr por los campos, el juego, la complicidad de una mirada. Todo lo demás, como decía el Tao, no son más que distracciones que nos alejan de lo esencial. Esas diez mil cosas superficiales que nos confunden y destrozan abrazos, juegos, risas, familias…
Por eso a veces, en esta soledad añadida, me gusta destripar una magdalena para compartirla con los pajaritos, o regar el romero y disfrutar del olor intenso del orégano. Cazar alguna lagartija y seguirla después por todo el jardín o salvar a los caracolillos de las paredes blancas. Soñar, soñar con esos momentos únicos mientras jugábamos al ajedrez a tres bandas o reíamos ante las torturas chinas que usábamos como juego cómplice. Me gusta completar la vida con las cosas reales, pero también con las imaginarias, con esas que aún no han ocurrido y que pueden llegar a existir, quién sabe si en un futuro o simplemente en lo más profundo de nuestros sueños… Imaginar mundos también es una sana manera de visualizar el camino… El camino sencillo, el camino de las pequeñas cosas…
(Foto: Hoy hace uno de esos días grises en las que las nubes tapan todo el cielo y parece como si la niebla fuera a caer de un momento a otro sobre el bosque. Los árboles y plantas de mi jardín son silvestres, resquicios de lo que antes fue un bosque completo… )
«Ama» desde Sevilla… romántica…
Jaime, incondicional y ya amigo del alma nos sorprende con esta serie de fotos realizada desde Sevilla… Él también ha vivido intensamente las vivencias de este libro, sus relatos y sus hechos, así que desde el corazón le mando un sentido abrazo para él y su familia. Hoy le decía que abrazara a los suyos con intensidad, porque es lo más grande que la vida nos ha dado… Gracias Jaime por estar siempre ahí…
Estas son sus palabras:
Me alegro muchisimo Javier por ti. Disfrútalo y ama todo lo que puedas, tu corazón es grande.
«Ama» desde Palma. Un regalo sentido…
Recibo de Olga esta hermosa fotografía… Una mujer sensible, escritora de buenas letras y buenos libros, regalando otro libro sensible… Ayer me llamó mucho la atención que venía gente a comprar el libro porque lo había leído y les encantaba tanto que lo querían para regalar a los amigos. Merichen compró cinco y dijo: «Cuando me inviten a cenar regalaré tu librito»… Así que gracias por estos hermosos regalos… Gracias Olga por la foto y por el detalle…
Afrontando la Fuerza del Destino
A las seis ya estaba despierto, meditando sobre la vida y sus cosas. Más tranquilo, más despejado. He desayunado con JL, el cual llevaba desde muy temprano haciendo yoga en alguna zona de este inmenso zen-hotel. Tras darle un intenso repaso a nuestras vidas me fui a pasear al hermoso parque que hay justo en frente del hotel. Hay un lago azul y recordé otros viejos lagos, otras viejas aventuras. Un paseo agradable para conectar de nuevo con las esencias de la vida, para reflexionar sobre las cosas importantes.
De aquí a un rato me marcho de nuevo a Madrid, a enfrentarme a la Fuerza del Destino. Lo hago con ilusión y desprendimiento, con aceptación y comprensión y sobre todo, con el máximo de los respetos… Me siento bien, me siento fuerte, me siento con ganas de mirar de frente a la vida. Me siento con ganas de abrazar a la vida.
«Ama» en la intimidad, con Carmen, en Madrid
Carmen, Carmencita ha sido muy importante en la existencia de este libro. De ella fue la idea, ella fue la que durante muchos meses estuvo recopilando textos sin parar, dándole forma y sentido. Sin ella este libro no estaría en vuestras manos. Además, ella lo ha sentido, lo ha vivido en sus carnes porque ha tenido una relación íntima con todos los textos. Me hacía gracia cuando quedábamos en Madrid y me recordaba algunos pasajes del mismo que yo ya había olvidado… Ella aparece de forma destacada en los agradecimientos y ella ha materializado con su generosidad y entrega este librito. Así que Carmen… mi niña… ¿qué más puedo decir que no te haya dicho ya? Te debo tanto… le debemos tanto… Gracias de Corazón…
Estas son sus palabras:
Javi, mil gracias! ... "Ama hasta que te duela"... y recuerda " Hemos sido creados para grandes destinos. Solo tenemos que comprenderlos" Abrazo fuerte, mi niño!
«Ama» en Esparraguera
Nuestra querida Isabel nos sorprende con estas fotos que también han servido para sacarle una sonrisa cómplice a más de uno… Gracias Isabel!!!
Hola querido Javier, ya ves que no solo a la especie humana le interesa el libro…Como ves, dejé el libro en la tumbona donde plácidamente leía y cuando volví observé que mi perra me había quitado el sitio…Además es que no tenía ganas de despegarse del librito, así que se lo enseñé y parece que le gusta…al menos le presta atención 🙂
Espero que os guste ver que «Amar» traspasa las barreras de las especies.
Besos para tod@s
«Ama» en Madrid
Joaquinet, veloz como un rayo nos envía su fotografía desde su mágico y maravilloso jardín en Madrid… ¡¡¡Gracias Joaquinet!!! Seguro que los duendes del jardín también están disfrutando y sintiendo el cariño de ese librito…
Este es el texto que acompaña Joaquin:
Bona tarda Xavi, Aquí está la foto de tu flamante libro en la ventana de mi cuarto de trabajo, con los hermosos árboles al fondo. Hace una tarde bien bonita hoy. Abrazo fuerte Joaquin
«Ama hasta que te duela» en Málaga
¿Qué os parece si me enviáis una foto del librito en vuestra mesita, en vuestras manos, en vuestra casa, en vuestro jardín? Así podremos publicarlas, darles un poco de publicidad y ver hasta donde ha viajado el libro… Publicaré todas las fotos y todos vuestros comentarios añadidos que las acompañe…
Empiezo con esta foto que me envía Dolores desde Málaga… ¡Gracias por el envío y la sorpresa!
¡Venga animaros! Seguro que será divertido…
Texto de Dolores:
Vida, muerte y resurrección
“A dos luces”, como dicen en el sur para referirse a ese momento de duermevela en el que la luz del día se confunde con la oscuridad de la noche, salí a regar el jardín. Disfruto viendo como crece sana y salva la higuera que nació misteriosamente de una de las rocas del muro. Me apasionan las historias de supervivencia, porque esta higuera fue aplastada y partida en dos, pero la atamos con fuerza y resucitó… Así que su mérito es doble: salir de una roca inerte y remontar la vida después de ser partida en dos. Quizás su historia sea parecida a mi actual epopeya personal. Pero no hablemos de mí hoy.
Hablemos también de esos dos árboles más que también sobrevivieron a avatares parecidos en la construcción de esta casa. Hubo un tercero que no sobrevivió, pero que aún sigue plantado en mitad del jardín como símbolo de que en la vida nada permanece, todo es temporal. Pero el árbol muerto ahora contempla desde su plenitud a los otros ejemplos… Árboles que si no ocurre nada me sobrevivirán, y quizás a alguna que otra generación más… Veremos…
Vida, muerte y resurrección mientras regaba plácidamente el jardín. Mientras respiraba el aire de sus plantas y observaba el ágil correr de las lagartijas de un lado para otro. Aquí las llaman “rayadas”, no sé si por costumbre o por tratarse de otro tipo de animal. El caso es que es un ser que me fascina, quizás por su talante primitivo o por su capacidad para atraer la atención de cualquier curioso con capacidad de abstracción. Recuerdo que de pequeño me fascinaba cazarlas en el camino que separaba la escuela de mi casa. Era un camino largo, de unos veinte minutos que se eternizaba cuando la cacería o nuestras curiosidades podían más que el orden establecido. Teníamos que atravesar campos, huertos y la vía del tren con cierta cautela. Cuando llovía podíamos ver las ranitas de San Antón correr de charco en charco. Y cientos de caracolillos que atravesaban pausados los caminos. A veces recogíamos a los más grandes y los alimentábamos con hojas de lechuga en cajas de zapatos. Ahora ya no existen esos caminos, ni esos huertos, ni esas ranitas ni esos caracoles. Hicieron un enorme centro comercial y plantaron el campo de fútbol de un equipo nacional. Increíble como cambia todo de una generación a otra… Por eso, cuando llegué aquí e hice mi casa intenté dejar tal cual el bosque original que había aquí plantado. Y sólo había un árbol que la arquitectura no podía respetar a pesar de que hice la casa de tal forma que no dañara a ninguno de ellos. Por eso gasté un dineral en rescatar ese árbol de la roca para plantarlo al otro lado del jardín. Todo fue inútil. Es el árbol que ahora yace muerto como símbolo de que nada es perpetuo. Pero me entusiasma ver como mira de frente a la higuera y a los otros dos árboles. Vida, muerte y resurrección. El milagro sigue…
En la última orilla
Mañana tenía una importante reunión en Barcelona. Y hoy un importante encuentro en Madrid. Pero hace dos días, cuando se presentó la oportunidad del mismo, de repente sentí como si la tierra se abriera debajo de mis pies y cayera como un jinete sin montura en ese abismo tenebroso de la incertidumbre. Por suerte las lágrimas inundaron los abismos y salí a flote. Nunca pensé que de tanto llorar se pudiera uno salvar del dolor. Me di cuenta de que la cobardía y el terror al rechazo aún vagan como fantasmas horrendos dentro de mí. Supongo que todo es muy reciente y me aferro al pasado con nostalgia y dolor a pesar de que intento sobrevivir a base de optimismo y distracción.
Y me enfrento a él encerrado en mi morada, aislado del mundo y sin ganas de explorar ningún nuevo horizonte. Los puentes se rompen uno a uno y cada vez resulta más difícil volver hacia atrás. No porque no lo desee, sino porque todo puente requiere de al menos dos pilares. Y si uno de ellos no desea sostener el antakarana vital, el otro poco o nada puede hacer para que los peregrinos del destino desembarquen en la otra orilla.
Y cada vez que llega la noche, alejado de la suave brisa del día, me atormentan esos fantasmas, esos recuerdos inevitables. Había un corazón verde que nos vigilaba todas las noches, un corazón mágico que la protegía. Me alegra saber que sigue con ella, resguardándola de los peligros de nuestra mirada enfrentada al abismo. Será un buen amuleto, será un símbolo inequívoco de que la esperanza siempre seguirá viva.
Hace dos noches le escribía llorando: “lo siento, no soy un cazador”… Nadie me enseñó a cazar, a luchar, a conquistar. Y por eso, por ser presa, aunque no fácil, jamás podré atravesar a la otra orilla en busca de esos abrazos perdidos. Sólo puedo esperar, aún a riesgo de perderlo todo, sentado, junto al barquero que nos ha de llevar a la otra orilla. Porque me siento agotado, cansado, sin fuerzas. Sólo con ganas de amar, pero sobre todo, de ser amado.
El milenarismo va a llegar
Hace unos meses editamos un libro de Fernando Arrabal en nuestra editorial. Famosa fue esa frase suya que decía eso de “el milenarismo va a llegar”… Sin duda, no se equivocó en su augurio. Llegó hace tiempo, antes de que las profecías sobre el fin del mundo se pusieran tan de moda. De hecho, creo que nunca nos abandonó, que siempre hubo ese miedo injertado en la humanidad sobre un posible y probable fin del mundo. Quizás porque en la antigüedad ya vivimos alguno y eso quedó grabado en nuestra psique colectiva. Recuérdense los mitos y leyendas en torno al diluvio universal, la Atlántida sumergida, Lemuria…
No hay más que repasar los textos antiguos, las crónicas clásicas, incluso los religiosos o filosóficos de todas las culturas para comprobar que el Apocalipsis siempre ha estado presente en nuestras vidas. Desde la antropología los llamamos “movimientos milenaristas” y particularmente siempre he sentido una gran curiosidad por los mismos.
Recuerdo que cuando vivía en Barcelona, frecuentaba en plena adolescencia el Centro de Estudios de Ciencias Universales que regentaba el ya fallecido Josep Fabregat. Allí, a través de él, podíamos escuchar las revelaciones de Tefilo, un ser extraterrestre oriundo de Orión. Para un adolescente como yo con ganas de descubrir cualquier cosa que tuviera que ver con lo mistérico, todo aquello me parecía increíble. Siempre sentí mucha curiosidad por el fenómeno que fue llamado de los “contactados” y que ahora se prefiere llamar de los “canalizados” o “canalizadores” y que en la antigüedad eran llamados “profetas” o “mensajeros”. Personas que supuestamente contactan con otros planos de la realidad o con sus moradores para ofrecernos un mensaje de paz, de esperanza o alivio. Es un hecho histórico que se ha repetido en la historia humana. Sin querer juzgarlo, y siempre con la curiosidad a flor de piel, me interrogo sobre sus causas. Especialmente porque para el noventa por ciento de la humanidad no deja de ser una especie de esquizofrenia o locura y para el resto quizás quepa la posibilidad de que sea algo real, aunque la realidad esté matizada por diferentes interpretaciones.
Sea como sea, hoy igual que ayer, los mensajes sobre el fin del mundo están de nuevo aquí en ese miedo psíquico común y los movimientos milenaristas están haciendo su agosto con el 2012. ¿Qué ocurrirá entonces en esa fecha? Lo mismo que en 1987 y en 1999 y en el año 999 de nuestra era. Es decir, absolutamente nada. Al menos nada en las orbes visibles ya que el tiempo que nosotros contamos es puramente humano, y las orbes cósmicas no se rigen por nuestro calendario gregoriano, sino que deben responder a otro tipo de tiempos… En todo caso, en los planos invisibles habrá que ver que se está tejiendo… Y estoy convencido de que la humanidad, una vez traspasado el umbral del 2012, inventará otra nueva fecha para mantener el miedo en nuestros cuerpos y olvidar que la vida no está en el futuro sino en nuestro querido y amado eterno Ahora… El milenarismo va a llegar, una y otra vez, como siempre, en nuestras mentes… Pero no tengamos miedo, abracemos a la vida una y otra vez… y a su Destino…
Caer está permitido, levantarse es obligatorio
Esta frase me llega de una amiga que sabe el significado profundo de caer y levantarse una y otra vez. Me llega en un momento oportuno, de reflexión profunda sobre los errores que sistemáticamente vamos cometiendo en la vida y que, de alguna u otra forma componen nuestra personalidad y moldean nuestra existencia hacia uno u otros derroteros. Miraba las cosas que he perdido en este tiempo. Algunas ya irrecuperables y otras pendientes de ese fino hilo llamado esperanza que dado su fragilidad roza casi lo milagroso. Solo apreciamos las cosas en su justa medida cuando las perdemos, y sobre todo, cuando ya son irrecuperables. He conocido a personas, y quizás yo pueda incluirme entre ellas, que nos pasamos una vida entera conquistando un sueño, una promesa, una ilusión. Y cuando lo conseguimos, cuando lo tenemos justamente ahí delante, perdemos la noción del esfuerzo que supuso conquistarlo, dejándolo escurrir por entre los poros invisibles del olvido. Y un día lo perdemos, y cuando lo perdemos, empezamos a llorarlo con rabia, con amargura, por no haber sabido cuidar con delicadeza ese sueño por el que habíamos luchado tanto. Por eso ahora intento estar más atento sobre las cosas que la vida me regala cada día. Como el mensaje inesperado de M. pidiéndome si su madre podría venir a ayudarme los fines de semana aLa Montañaa cambio de un rincón tranquilo donde curar sus heridas de guerra. Me ha parecido un trueque hermoso, así que bienvenida sea. Nos dejaremos caer en las manos del destino con la promesa obligada de volver a levantarnos. Cuantas veces haga falta siempre que exista ese uno por ciento de esperanza, ese hilo conductor que aligere el peso de nuestras vidas…
Foto: La virgen del Carmen de Málaga, donde pudimos parar un rato y ver la gran devoción que tiene. Al parecer, según contaba la anfitriona del paseo, es bastante milagrosa, quizás porque la combinación de mar y montaña hacen de ese lugar un punto de fuerza telúrico importante. Por si acaso, pedí mis propios deseos…
¿Merecemos otra oportunidad?
Intentaba tocar con la guitarra esa maravillosa canción de Pink Floyd titulada “Mother” y me preguntaba sobre las difusas fronteras entre lo que somos y lo que deberíamos ser, entre lo que expresamos y sentimos y lo que deberíamos expresar y sentir. Quería en cierta forma revelarme al son de la música sobre nuestras miserias y errores, pedir perdón ante el mundo y la guitarra sobre aquello que hicimos mal. Ya no sólo como individuo, sino como humanidad. ¿Merecemos otra oportunidad? El humano es el único ser capaz de retroceder, de perdonar, de saberse consciente de sus errores y buscar un punto de retorno para remediar el mal realizado. Es el único que mira sus acciones con cierto juicio moral y es el único capaz de volver a empezar desde cero con tal de limpiar su consciencia y vivificar su alma. Miraba hacia lo alto y observaba todos los errores que como humanidad habíamos cometido y me preguntaba, con dolor, si merecemos otra oportunidad antes de que todo sea demasiado tarde. Venían a mi mente, a mi pecho palabras como compasión, perdón, sacrificio. Pensaba que la única forma de salvarnos era santificando todo cuanto hacemos, todo cuanto pensamos, todo cuanto sentimos. Santificar nuestros actos, y a los seres que nos rodean, a nuestra especie, a nuestro entorno. ¿Merecemos otra oportunidad? Creo que sí… porque erramos, nos equivocamos, pero somos capaces de cambio, de oportunidad, de trascendencia…
Escuchando al río
C. me envía esta increíble foto que tanto me inspira cuando la veo. Con su permiso la comparto porque el arquetipo que representa lo conozco muy bien. Fue a principios de los años noventa cuando hice mi primer Camino de Santiago, y fue allí donde un hombre suizo de grandes ojos azules me regaló dos libros: Siddharta y Juan Salvador Gaviota. Hoy hablaba con T. de ese deseo interno de terminar mis días como un barquero, como hizo Siddharta, escuchando la voz del río, sentado junto a la cabaña, en la eterna búsqueda del ser. Y el segundo libro me ha acompañado durante años, siempre viviendo esa vida austera, sin importar si en la cartera tenía millones o calderilla, olvidando las cuentas con tal de sentirme liviano y ajeno a todo. Esa obsesión de Juan Salvador por buscar la perfección del vuelo me ha seguido en exceso, porque no hay mayor verdad que la de intentar abarcar la sabiduría desde la libertad del aire. El caso es que mientras recordaba aquellos momentos y el que hace ahora veinte años que hice por primera vez el Camino de Santiago, me han dado ganas de coger la bici y volver al Camino… Quién sabe… a lo mejor mañana amanezco en Roncesvalles, dispuesto a otra nueva aventura…
Un nuevo bardo
Ayer recibía los recortes de algunos escritos que había plasmado hacía unos años para utilizar en algún libro. Me conmovía releer una y otra vez experiencias pasadas, aventuras pasadas. En cierta forma era como si el tiempo no hubiera pasado, o como si hubiera pasado una eternidad. La selección de los mismos tenía su propia magia. Había un hilo conductor que la amiga que los había seleccionado pudo captar enseguida.
Ahora me quedo inmóvil, quieto, nublado. Porque los escritos explican una historia que se repite una y otra vez. Era como penetrar en el eterno retorno. Y ahora me veía como en el final de aquella historia, de aquellos recuerdos. De nuevo solo, sin muchas ganas de “volver a empezar” ninguna otra historia, ningún otro proyecto, sino con ganas de terminar realmente con este círculo vicioso. Pero, ¿cómo salir de esta rueda de reencarnaciones vitales? Realmente me siento como si estuviera en un “bardo” budista, en un estado intermedio o de transición hacia no se sabe donde. Pero esta vez sin fuerzas, medio agotado, anhelando los fríos del invierno. Recordando como verdean en mi alma los suspiros por aquellas primaveras cargadas de flores y árboles teñidos de frutos. En mi mejor tierra escarbo entre aquellas islas afortunadas que me tocó vivir. Y suspiro. Con ese aliento listo para ser cosechado. Con esa carga de volver a aprender sobre la soledad, sobre la tenacidad, sobre la prudencia.
Quizás sea el calor del verano, quizás el que haya pasado aún poco tiempo desde que ocurrió el gran mediodía. Ni siquiera hay sufrimiento o dolor. Sólo cansancio, un cansancio metafísico casi insoportable. Pero pronto llegará el otoño y su frío invierno. Pronto rebrotarán los halos del espíritu que nacen de los vuelos sobre cielos apacibles, con alas propias, rodeado de inmensidad y el placer que hincha las velas en busca de lo desconocido. Sí, esa pasión del navegante pronto volverá… Ya centellean allá a lo lejos los anillos de la aventura…
La postura perfecta
Ayer fue una noche dura. Una noche de aceptar lo que no se puede cambiar. Una noche de dolor porque a veces hay cosas que no comprendes hasta que caes en la cuenta de que lo que ocurre siempre es lo mejor. Todas las cosas que suceden, que ya están sucediendo, no puede ser más que dirigidas desde algún perfecto orden que no comprendemos. He recibido un bonito texto que decía algo así: relájate y acepta lo que ocurre. Todo es perfecto, todo está en su mejor momento. Esa es la mejor postura, la postura perfecta, la vibración perfecta. Aceptar lo que la vida nos da, sea bueno o malo, porque siempre ocurre para mejor, para hacernos más humanos, para hacernos más generosos y sensibles con el universo.
Foto: ayer sentí ganas de coger la bicicleta y marcharme a un lugar solitario para meditar. Sentía que debía prepararme para estar fuerte, sentía que esa noche iba a ser eterna…
Cambia de lugar y cambiarás de suerte
Tras casi una hora hablando con L. de los acontecimientos de nuestras vidas, me ha gustado la conclusión a la que hemos llegado: cambiemos de lugar y cambiará nuestra suerte. Al principio nos referíamos a un lugar físico, pero luego me he dado cuenta que también puede ser un lugar psicológico, una actitud, una forma de ver, entender o interpretar la vida. Si cambiamos la perspectiva de las cosas, seguramente moveremos un séquito de energías nuevas que removerán toda ese encapsulado y corrupto andamiaje que nos tenía anquilosados, atrapados y aturdidos. Solo basta un pequeño y leve movimiento para que todo empiece a cambiar en nuestro alrededor. Así que manos a la obra. Cambio de paradigma, cambio de mensaje, cambio de actitud. Fin del drama, empieza el viaje iniciático, la travesía hacia el otro lado. Comienza la aventura de cambiar de lugar para que cambie nuestra suerte. Porque siempre, más allá de las tierras del norte…
El problema: cuento Zen
Cierto día, en un monasterio Zen, se encontraron con la muerte de uno de sus guardianes y fue preciso encontrar un substituto. El Gran Maestro convocó a todos los discípulos para determinar quien sería el nuevo centinela.
El Maestro, con mucha tranquilidad y calma, dijo:
“Asumirá el puesto el primer monje que resuelva el problema que voy a presentar.”
Entonces colocó una magnifica mesita en el centro de la enorme sala en que estaban reunidos y encima de ésta, colocó un jarrón de porcelana muy caro, con una rosa amarilla de extraordinaria belleza en él y dijo así:
“¡Aquí está el problema!”
Todos quedaron asombrados mirando aquella escena: un jarro de extremo valor y belleza, con una maravillosa flor en el centro. ¿Qué representaría?, ¿Qué hacer?, ¿Cuál es el enigma?
En ese instante, uno de los discípulos sacó una espada, miró al Gran Maestro, y a todos sus compañeros, se dirigió al centro de la sala y ¡Zas! … destruyó todo de un solo golpe.
Tan pronto el discípulo retornó a su lugar, el Gran Maestro dijo:
“Usted será el nuevo Guardián del Castillo”.
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Moraleja dela Historia:
No importa cual sea el problema. Ni que sea algo lindísimo. Si ves un Problema, precisa ser eliminado.
Un problema es un problema. No importa que se trate de una mujer sensacional, o de un hombre maravilloso o de un gran amor que se acabó.
Por más lindo que sea o haya sido, si no existiera mas sentido para él en tu vida, tiene que ser suprimido. Muchas personas cargan la vida entera el peso de cosas que fueron importantes en el pasado, y que hoy solamente ocupan un espacio inútil en sus corazones y mentes.
Espacio que es indispensable para recrear la vida. Existe un proverbio Chino que dice:
“Para tú poder beber vino en una copa que se encuentra llena de té, es necesario primero tirar el té, y entonces poder servir y beber el vino”.
Limpia tu vida, comienza por las gavetas, armarios, hasta llegar a las personas del pasado que no tienen más sentido y que están ocupando espacio en tu corazón.
El pasado sirve como lección, como experiencia, como referencia. Sirve para ser recordado, no revivido. Usa las experiencias del pasado en el presente, para construir.
La locura del otro lado
Recordaréis algunos que el año pasado, por estas fechas, sufrí la agresión física de J., un paisano de este pueblo al que le entró un ataque psicótico que desahogó conmigo en la oficina de correos en una aparente plácida mañana. Por suerte no ocurrió nada más allá del susto. La combinación constante de drogas y esoterismo le habían jugado una mala pasada. Y a veces hay que tener mucho cuidado con las puertas que se abren, porque de no conocerlas o de jugar en exceso con las mismas pueden provocar situaciones de auténtica locura. J. siempre había resaltado por sus excentricidades y sin conocerlo apenas, me gustaba hablar con él de temas no muy comunes como el sexo de los ángeles o la ley del karma o la reencarnación o esas cosas que sirven para potenciar nuestra imaginación y proclamar la venida de un mundo nuevo.
Ayer, en una larga conversación telefónica ya casi a media noche, la amiga E. me sorprendió con una pregunta: ¿crees en la reencarnación? Sentí de repente un silencio interior helado, porque ella sabía a fondo, muy a fondo, de mis pasadas creencias filosóficas que estaban plagadas de excéntricas teorías sobre el desarrollo del cosmos y su continuidad en nuestro planeta, en la vida, en la inteligencia y en la consciencia. Pero me di cuenta en ese mismo instante que ya no me interesaba si había vida o no después de la muerte, ni saber el sexo de los ángeles, ni nada que tuviera que ver con complicados sistemas filosóficos.
Lo que realmente me interesa es saber y comprender la vida que hay antes de la muerte, es decir, lo que está ocurriendo aquí y ahora en este preciso instante. La sencillez de las cosas, comprender eso es lo verdaderamente apasionante y complicado. Aprender a escuchar a un amigo, abrazar a un ser querido, amar con respeto y libertad, apoyando siempre a los que quieres. Eso es lo que realmente me interesa explorar y comprender. En las cosas sencillas es donde están todas las respuestas filosóficas a nuestros interrogantes e inquietudes vitales. Todo lo demás, sino se acerca uno con calma y desapego, puede acabar en pura locura…
Cuento de la mariposa
Un hombre encontró un capullo de una mariposa y se lo llevó a casa para poder ver a la mariposa cuando saliera del capullo. Un día vió que había un pequeño orificio y entonces se sentó a observar por varias horas, viendo que la mariposa luchaba por poder salir de capullo.
El hombre vio que forcejeaba duramente para poder pasar su cuerpo a través del pequeño orificio en el capullo, hasta que llegó un momento en el que pareció haber cesado de forcejear, pues aparentemente no progresaba en su intento. Pareció que se había atascado.
Entonces el hombre, en su bondad, decidió ayudar a la mariposa y con una pequeña tijera cortó al lado del orificio del capullo para hacerlo mas grande y así fue que por fin la mariposa pudo salir.
El hombre continuó observando, pues esperaba que en cualquier instante las alas se desdoblarían y crecerían lo suficiente para soportar al cuerpo, el cual se contraería al reducir lo hinchado que estaba.
Ninguna de las dos situaciones sucedieron y la mariposa solamente podía arrastrarse en círculos con su cuerpecito hinchado y sus alas dobladas… Nunca pudo llegar a volar.
Lo que el hombre en su bondad y apuro no entendió, fue que la restricción de la apertura del capullo y la lucha requerida por la mariposa, para salir por el diminuto agujero, era la forma en que la naturaleza forzaba fluidos del cuerpo de la mariposa hacia sus alas, para que estuviesen grandes y fuertes y luego pudiese volar.
La libertad y el volar solamente podían llegar luego de la lucha y al privar a la mariposa de la lucha, también le fue privada su salud.
Algunas veces las luchas son lo que necesitamos en la vida. Si nos permitiesen progresar por nuestras vidas sin obstáculos, nos convertiríamos en inválidos.
No podríamos crecer y ser tan fuertes como podríamos haberlo sido.















































