Compasión versus bondad


Hay algo mayor a la bondad, a esa categoría que nos aleja de la perversión monstruosa de las bestias. Por no encontrar un término mejor me atrevo a definirlo como compasión. Cuando existe compasión, la bondad ya no es un requisito imprescindible. Una persona compasiva supera extremadamente a una persona bondadosa. Uno puede o no puede ser bondadoso. Sin embargo, la compasión no tiene que ver con una idea en potencia que puede o no puede suceder, si no en un acto en sí. No se trata de poder o no poder ser, sino simplemente de SER compasivo en todas las situaciones posibles.

Mencionaba MC hoy en su blog la conversación que mantuvimos sobre las categorías bueno/malo vs. bondad. Mencioné, creo, en la cena o la comida, ya no recuerdo, la palabra compasión, pero sin llegar a extenderme en el resultado del significado que deseaba otorgarle. La bondad es algo potencial en el ser humano. Puede o no puede existir. La compasión tiene que ver con una dimensión diferente. Pongamos un ejemplo compasivo:

En la cena, las patatas fritas fueron volcadas en el plato de MC. Las patatas fritas fueron cultivadas por hombres en tierras no muy lejanas, regadas por las nubes y protegidas por la tierra. Alguien cuidó de ellas mientras crecían, y alguien las trasladó más tarde, una vez recogida la cosecha, hasta la cocina. Allí fueron preparadas, presentadas, lavadas, fritas y puestas en su plato. Mi broma sobre donde estaban mis patatas provocó una reacción bondadosa o generosa de compartir las que MC tenía en su plato. En ese momento, la mujer de mi izquierda hablaba con su hija sobre el plato de patatas, huevo y carne que tenía sobre la mesa. Allí estaban otras patatas que habían sido cultivadas y regadas por las mismas nubes y protegidas por la misma tierra. La hija, la madre y algunos comensales más de aquel restaurante estábamos comiendo las patatas, las mismas patatas. AC, MC y el que suscribe hablábamos sobre el bien y el mal, y sobre la bondad mientras la camarera que servía las patatas sentía el cansancio de la jornada en la conversación que mantenía con el matrimonio de la mesa de al lado. Nuestra conversación era posible gracias al sustento energético de las patatas que creaban en nuestro estómago la alquímica transformación de los alimentos en sustancias imprescindibles para la vida. Mientras ocurría ese proceso, intervine propiciando un breve discurso sobre la diferencia entre materia, vida, mente y consciencia. El problema de la consciencia tenía que ver con el problema de la compasión. Porque tener consciencia es ser compasivo con todo lo que ocurre a tu alrededor en cada momento. Es sentirte despierto y observante con cada detalle, con cada expresión, con cada pensamiento y emoción que se genera a tu alrededor en ese finito espacio-tiempo vivido, sentido y experimentado. Y al estar atentos, despiertos, en continua vigilia, se actúa en consecuencia con todo lo que allí se genera.

Por lo tanto, el acto compasivo consiste en tomar consciencia de todo cuanto ocurre en ese espacio-tiempo y trasladar a ese nodo todos los demás espacio-tiempos que han participado en todo el proceso. Y en ese momento empático, sentir como todo el proceso que ha intervenido forma parte de una Unidad esencial. Y cuando nace la experiencia de esa unidad en cada acto de nuestra vida, sentimos como nada nos pertenece y todo, sin embargo, forma parte de nosotros mismos. Por eso la bondad implica potencia y la compasión acto. La bondad implica incertidumbre y la compasión certeza. Ser compasivos es practicar la bondad en la Unidad, sin dejar un filo de atisbo en todo lo que hacemos, entendiendo el proceso único de cada acontecimiento y fusionando nuestra individualidad en ese océano de preñez continua.

(Foto: Junto a MC y AC en una comida cerca de Ourense).

Todo menos la vida, la muerte y el amor


Resulta agradable levantarse entre castaños y baladas de los años en los que el renacimiento parecía envolvernos en un optimismo generoso. Los acordes de aquella guitarra que compramos en Portugal han sonado en el patio interior del pazo, envolviendo el aire frío de la mañana con la exquisita preñez de la música. Mientras la tocaba en el hervidero de la soledad, parecía como si el cuenco de las ideas se vaciara para dar paso al flujo de los acontecimientos invisibles, esos que nacen del mundo de las causas y al que se llega por conquista, por arrebato o por necesidad.

A veces viene bien este tipo de desconexiones del mundo del ruido para adentros en la conexión del mundo interior, del mundo real para aquellos que aún creemos –la fe siempre puede ser una llama- en las extensiones de la vida amplia. La otra vida, la vida estrecha, aporta un sensato cultivo de calorías y emociones suficientes para ir tirando. Pero la vida que nace de ese toque de clarín que nos arrastra de la llamada a la búsqueda y de la búsqueda al interminable viaje hacia las estrellas, hacia la mirada interior, -que paradójicamente resulta ser la mirada más infinita-, y de ahí hacia el oportuno interrogante de todo cuanto existe, requiere de espacios infinitos y tiempos reencontrados. Por eso esta pausa entre música, castaños y amigos se agradece.

Y aquí, algo más abajo, el perro Clinton ha crecido y acompaña sus juegos con la perrita Tina, la cual acaba de roer los cables de mi ordenador… perro malo… pero es tan bonita que se le perdona incluso eso… qué más da… al fin y al cabo… a veces da la sensación de que todo da igual… todos menos la vida, la muerte y el amor…

Cuando Saramago muere…


Galicia es diferente. Es algo obvio, pero esa obviedad parece teñirse de cierto halo mágico cuando te la describe con sutileza AC, escritor premio nacional de literatura y premio Nadal, gallego comprometido, exconsejero de cultura y sobre todo, un hombre bueno. Lo conozco de hace algunos años, desde que decidió convertirse en un constructor ilustrado de templos interiores y acompañé su aventura desde el silencio y el apoyo mutuo. Luego presentamos juntos el libro “La palabra y el Tao”, de MC, junto al entrañable amigo J. Ayer cenamos juntos y hoy hemos pasado el día entre viajes, risas, comidas, encuentros y reencuentros. AC me contaba anécdotas de su amigo Saramago, al cual conocía bien y al cual despedimos ayer. Habían hablado el día de antes por teléfono. Qué cosas… la muerte nunca avisa y se presenta de la forma más burda. Así que AC y el mundo perdió a un intelectual comprometido. Precisamente esa fue una de las preguntas que ayer le formulé… ¿Dónde están los intelectuales? Su respuesta fue contundente: no están. Eso lo pudimos ver hoy en la comida que hicimos con un grupo majo de personas relevantes de la sociedad gallega. Ha sido en un pazo precioso rodeado de castaños y un verde profundo. Reímos mucho, ellos comieron mucho más. Y bebieron mucho más, incluso cantaron canciones marineras gallegas las cuales me emocionaron. Había políticos, coroneles de la guardia civil, catedráticos, empresarios… El pazo era un museo viviente lleno de objetos pintorescos venidos de muchas partes del mundo… Había un hacha que me llamó la atención. Mitad hacha y mitad pipa de la paz. Qué paradoja. Al parecer, según su propietario, es una antigualla de las que solo quedan cinco en el mundo. Paz y guerra unidos en un mismo objeto de origen americano. A veces, cuando el ruido humano era más exagerado que el ruido del bosque me perdía junto a dos gatos que se empeñaban en seguirme por los caminos que conducían, entre sombras y luces, hacía las entrañas de la tierra. Allí ya no olía a puro ni alcohol, ni a sardinas asadas ni a carne recién “barbacoada”. El olor del bosque y su silencio eran suficientes para recordar a Saramago, para entender la idiosincrasia gallega y para comprender que los intelectuales preferían embriagarse con los placeres de la vida terrenal antes que comprometerse con las veleidades del espíritu. Al llegar al castaño más grande, guardián silencioso de siglos de existencia, me confirmó que la decadencia del imperio contemporáneo no había hecho más que empezar. Y como todo imperio decadente, no dejaba de ser embarazoso ser testigo del mismo sintiendo cierta tristeza, pero al mismo tiempo, cierta alegría interna. “Cuando algo esté a punto de caerse, es mejor empujarlo”. Adiós Saramago, hasta pronto hermanos del compromiso, la lucha y la rebeldía. Sigamos empujando hasta que todo se derrumbe. Sigamos embriagando el compromiso, sigamos marcando el paso humeante y resbaladizo de la hipocresía y la lujuria intelectual. Sigamos brindando cara al sol hasta que las sombras lo invadan todo.

(Foto: G. nos invita a la reunión mensual de amigos en un pazo precioso cerca de Ourense. En la foto, a la entrada MC y AC saludando a los amigos de G.)

Desde Galicia


Tras el encuentro editorial por la mañana para analizar la delicada situación, por la tarde estaban MF, I y MC. El motivo de la reunión era profundizar en los avatares de la futura fundación civil. Había que configurar el patronato y las líneas a seguir. Al final la fundación parece que va a tomar forma después de muchos años de visionarla y proyectarla en la mente y el corazón. En un libro de próxima aparición sobre cartas carcelarias se explica ese proceso que ahora empieza a tomar forma.

Pero la reunión, más allá de los sueños cumplidos, tenía una gran sorpresa para mí. En mitad de la misma surgió una tremenda revelación. Nunca entendí porqué me había dolido tanto la muerte del hermano de M. Pero las sincronías tenían la respuesta de todo. Y fue ayer cuando se desveló el nodo que envolvía el aparente laberinto. De alguna forma, una muerte, cualquier muerte, afecta al conjunto de la humanidad. Y además, reactiva, más allá del espacio-tiempo, sentimientos que fluyen disparatadamente por la red de flujos y reflujos que nos conectan a todos. El sentimiento que produjo la muerte de este joven activó en su red de influencia otros sentimientos reencontrados. Esta vez, la fuerte presencia de los que vivimos de cerca la muerte de L. Y ahí estaba la conexión, ahí la sincronía. Cuando entendí todo lo que había ocurrido miré a MC a los ojos y surgió el lloro interno, la pena consumada y revivida de lo que había ocurrido en ese proceso. Mientras que los allí presentes tomaban una cocacola y yo mi tradicional vaso de leche con galletas, intentaba contener el llanto de la revelación, de la comprensión absoluta, de la visión de ese mundo invisible que nos conecta a todos y que de forma sensible es capaz de reactivar en nosotros, en cada uno de nosotros, visiones increíbles.

Me fui luego a pasear por el centro de Madrid con B., con la cual hablamos de lo humano y lo divino mientras intentábamos fluir sin grandes cuestiones en lo que respecta a los últimos e intensos encuentros. Estaba emocionado por todo, quedando, de forma sorprendente, minimizados todos los problemas y situaciones problemáticas.

Y hoy resultó un día totalmente diferente. Salimos a media mañana hacia un pueblecito vinícola enclavado en el centro de la Rivera del Duero. Allí, en una importante bodega nos esperaban para una comida-tertulia personalidades del mundo de la política y la empresa. El vicepresidente de Castilla y León escudriñaba con atención lo que ocurría en torno a MC, intentando ver en él alguna pista de lo que está ocurriendo. El sobresaliente discurso de MC y su inteligencia a la hora de elaborar cualquier análisis intelectual dejó, como siempre, en jaque mate a los allí presentes. Su liderazgo es indiscutible, su inteligencia sobrehumana. MC y yo, para desconcierto de los allí presentes, no tomamos vino. Tampoco comimos chuleta. Nos conformamos con una ensalada y espárragos. La alcaldesa, mujer del dueño de las bodegas no hacía más que preocuparse por mi dieta. Me pidió que volviera una vez recuperada mi salud dietética para probar las exquisiteces culinarias de esa hermosa tierra. La expresidenta de Google en España, una mujer encantadora, decía que resultaba difícil fiarse de personas que no bebían vino ni comían carne. Realmente está en lo cierto, le dije mientras visitábamos las barricas de vino añejo.

Y así pasó el viaje hasta Galicia, desde donde escribo ahora, en este hermoso y cambiado pazo que tuve el honor de estrenar y que ahora casi está irreconocible. Esperamos para cenar al amigo AC. Gran persona, conocido intelectual y escritor gallego. Será una noche larga y llena de erudición no pedante, sino clarividente, inteligente, profunda. Que así sea… Mañana más…

Foto: como testimonio de nuestra visita a la bodega, hemos firmado una barrica de vino.  Cuando han visto mi firma me han interrogado sobre su forma extraterrestre, cósmica… no he sabido qué contestar…

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Estaba manteniendo una videoconferencia con L. para tratar algunos asuntos sobre Séneca y su futuro, sobre nosotros y la amistad, sobre todo lo concerniente a la importancia de ser leales a un propósito, fieles a uno mismo, sencillamente nobles a la hora de mirar frente a frente al otro y hablarle con el corazón en la mano. Eso requiere valentía, mucha valentía. Lo hacía desde mi habitación porque empezaba a llover y me resultaba conmovedor ver desde mi ventana la hilera de nubes grises desfilando por toda la campiña andaluza. El agua caía tímida pero suficiente para refrescar los campos y saciarlos de líquido. Al final de la conversación me acerqué al salón para ver como los conejos jugaban bajo la lluvia. Miré al cielo y de repente empezó a surgir un espléndido y mágico arco iris de color violeta rosado. Lo miré fijamente, emocionado. Quise dar gracias sin saber a qué o a quien. Solo quería agradecer ese momento. Un momento único, como todos los momentos. Un momento irrepetible. Sentí la hermandad de todas las cosas. Sentí la necesidad de estrechar vínculos, de hablar amablemente, de creer en cosas increíbles. La necesidad del eterno retorno, de los ciclos cósmicos que proyectan la destrucción y la construcción de realidades divergentes. Las revoluciones circulares de las que hablaba Platón. Quería sentir el preludio de sus inquebrantables y contradictorias leyes de generación y regeneración, de la renovación periódica del mundo, de la metácosmesis. Podía comprender, en un solo instante, todo lo concerniente al origen del hombre en la Tierra, el gegeneis cuyo recuerdo fue conservado por nuestros antepasados y se expresaba libremente en mi imaginación en ese instante mágico. En esas nubes que se tornaban violetas iba apareciendo el mito del paraíso perdido, primordial. Ese momento único estaba preñado de ser, saturado de ser. Así que comprendí el mensaje inspirado por las nubes, por L., por todos aquellos que están ahí para recordarnos la urgencia del vivir. Comprendí lo esencial de la vida: compartir.

Estaciones


Ayer Salvador no dijo nada por la mañana. Me levanté preocupado ya que no había sido él, sino el resto de seres sintientes los que me habían despertado temprano. Vi que había perdido energía, vitalidad. Comprendí enseguida que se marchaba. La lucha, los milagros, la esperanza y la fe daban paso a la realidad que se imponía. Hice todo cuanto pude, no dejé al pajarito ni un solo momento solo. Y la muerte, la estúpida muerte, le rondaba cerca. Así que decidí permanecer a su lado, cogido entre mis dos manos, hasta la expiración final. Y ahí murió, con su frío cuerpo, en mis calientes manos, hasta el último aliento. Cuanta fragilidad en ese momento. Cuanto silencio derramado. Inclusive, cuanta impotencia cuando la última lágrima quiso caer en su pico cerrado. Pero hubo algo que me sorprendió de todo el proceso. Salvador, en el último minuto, consciente de que se iba, abrió sus pequeños ojos en un último esfuerzo desesperante. Los abrió y me miró con una dulzura entrañable. Y permaneció así, mirando, contemplando mi rostro sin voz, penetrando con su mirada infinita al ser que le arropó hasta el final. Me conmovió esa imagen. Imaginé mi último día arropado por las alas de algún ángel, y yo, o mi «no-yo», mirando al infinito de sus ojos, dando las gracias por su protección y ternura en ese especial momento de transición y delirio. Y hoy, un día después, acompañé al amigo JL hasta la estación del AVE. Tras la despedida, me quedé un rato sentado en unos de sus rincones para ver pasar a la gente. Los miraba a los ojos con la esperanza de ver en ellos toda esa vida desplegada a mi alrededor. Con la esperanza de ver en ellos el último átomo simiente de ese pequeño Salvador cuya lección de coraje y valentía le acompañó hasta el final. Gracias amigo Salvador, porque al morir entre mis manos, me has salvado y dado vida. Perdón a los amigos que he tenido abandonados estos días, pero era cuestión de vida y muerte.  Sí, de vida o muerte de un pajarito, pero es que cada vida y cada muerte es importante para el universo.

El impulso de amar


Los artistas son creadores. Como tales, se dejan llevar por eso que les arrebata el alma, eso que nace desde dentro y se expresa de mil maneras y colores ya sea en forma de un poema, de un abstracto cuadro o una canción. Ese arrebato nace de lo más profundo, de la generosa sensación de querer compartir un trozo de universo con el otro. Al igual que un científico que desea compartir su conocimiento, el arte creador sólo puede ser gestionado desde la generosidad. Aquel que mercantiliza el amor, el arte, la ciencia, el conocimiento, está perdido, no sabe lo que hace, pierde la esencia del ser. Cuando intento buscar sentido a todo, solo hallo respuestas en el acto creador. Ayer vino una hermosa mujer y hablamos de estas cosas. De unos sesenta años, pero llena de vida por todas partes. Decía que como conclusión, lo único que esperaba ya de la vida era los matices del compartir. Un abrazo, una sonrisa, una mueca, un poema, un paseo. Qué maravilloso resulta llegar a esa conclusión. Que sabia dicha, que profundo despertar.

(Ilustración de Emilio Maldomado, fragmento de Primera Ventana)

Esperanza


Ayer veía en la muerte inminente el fin de todo, y por un momento, olvidé la grandeza de los milagros, perdí la fe y la esperanza en la caridad universal. Y la recobré esta mañana cuando desde la cama, muy temprano, empecé a escuchar los berridos del pajarito exigiendo su desayuno matutino. Ayer pensaba que no sobreviviría a la noche. Lo abrigué con un paño de cocina en su nido improvisado. Le insuflé aliento caliente para que su frío desapareciera y para crear la ilusión de que era su madre quien respiraba a su lado. Pero él no quería marcharse. Deseaba ardientemente darme una lección de vida. Una enseñanza sobre la esperanza y la fe. La misma que sentimos todos cuando vemos lo que ocurre en el mundo. Cuando creemos que lo que pasa en Israel algún día se resolverá. Quizás el miedo, el terror, el sufrimiento, es lo primero que nos inunda. Especialmente cuando Kili y Kolo miraban a Palestina como próximo destino. Ahora sabemos que lo que nos mueve es la virtud y la esperanza, y sabemos que ningún ejército podrá detener la caravana de la luz, la alegría y la vida.

El pájaro que quería volar


Cayó demasiado pronto del nido. Lo recogí triste, lo arropé en una caja de cds y le puse algunas hojas rotas de la factura del móvil, intentando imitar, sin mucho éxito, su nido. Ahora que lo observo, veo en su impaciencia la fragilidad del error, el infortunio de la imprudencia. Moribundo se bate por sobrevivir un minuto más mientras que intento imitar, de nuevo sin mucho éxito, los brazos de su madre agolpados entre mis dedos ventrudos. Y lo miro, exhausto, impotente, viendo como su vida se va por haber querido saltar demasiado pronto en búsqueda del vuelo. Lucha, sin éxito, por una supervivencia llena de dolor y sufrimiento inútil. Y la fragilidad humana pervierte el destino intentando, bajo el absurdo de una esperanza baldía, creer que bajo el espectro de la fe los milagros son posibles.

Estos cuatro días de intenso viaje me veía como este pobre pajarito que hoy, mientras regaba el jardín, caía al vacío de la incertidumbre. Pude darme cuenta y salvarlo de un sol mortal. Pero la noche larga espera paciente la huida de un alma cansada por luchar inútil por la vida que se va, una vida reventada por dentro debido al inmenso choque con el barro de la casa. Por eso, en el viaje, observaba cada segundo, cada rincón perdido, ya fuera en ese hermoso valle riojano, o entre los campos secos o las montañas lluviosas, chorreantes. La vida se va, a cada instante, a cada minuto que pasa, y nunca somos conscientes de ello. Vivimos el día a día como si fuéramos inmortales. Desperdiciamos las horas y los minutos y los días haciendo cosas estúpidas que no nos reportan nada. Sin saber, sin ser conscientes, que en ese segundo de nada se marchita una eternidad del todo. Quizás por eso, mientras abrazaba con intensidad ayer a B. y vi como sus ojos brillaban llenos de humanidad, decidí volver a la Montaña. No quería precipitarme y lanzarme a un vuelo en caída libre. No quería saltar demasiado pronto y achicharrarme bajo el sol… Deseo vivir con intensidad… deseo pensar y sentir la vida…

Y mientras reflexionaba sobre todo esto, la triste noticia de una muerte. Otra más. Otra más como la de Israel estos días, la insensatez de querer saltar del nido… Por qué nos empeñamos en morir cuando lo que toca es vivir… vivir con intensidad, con consciencia, vivir como si esta fuera la única oportunidad en toda la eternidad de poder hacerlo…

Construyendo puentes indestructibles…


Quizás muchos piensen que el tono de ayer poco o nada tiene que ver con la utopía… Pero no se puede construir algo nuevo sobre pilares antiguos, ni casas sólidas sobre montañas de arena… Por eso hay que denunciar lo caduco, lo rancio, lo podrido. Sólo de esta forma podremos pensar en un mañana diferente. Es una ley muy antigua… muerte y resurrección. Todas las antiguas tradiciones hablan de la necesidad de morir para poder regenerarse, o el principio oriental, un principio trino, que habla de la necesidad de la destrucción, la construcción y la conservación para… Así es la vida, una de cal y otra de arena. Y hoy sigo en ese ritmo vertiginoso de visitas y encuentros con gente bonita. Hoy he conocido a E., una hermosa mujer, llena de luz e inteligencia la cual, encantada con el proyecto de La Montaña, me ha pedido que le ceda mi casa para estar unos días de retiro con quince mujeres más. Se la cedo encantado, a ella y a todo aquel que quiera visitar este hermoso paraíso. Los que me conocéis sabéis que las puertas de mi casa están abiertas, entiéndase en sentido figurado y literal. Así que podéis entrar cuando queráis y salir cuando queráis. Y para mí será una bonita experiencia acoger a más de quince personas en mi pequeña cabaña. Qué alegría saber que a pesar de todo se pueden construir puentes indestructibles.

La conquista de la abundancia


Se preguntaba Feyerabend al principio de su obra por qué la gente tiene necesidad de vivir en lo oculto del más allá y desligarse con ello de la realidad. La reflexión viene al dedillo cuando lo oculto de nuestro tiempo es el mundo virtual y sus aledaños. Al parecer, todo parte del descontento sobre lo que podemos ver y sentir en el mundo real. Demócrito, cita el autor, decía que la verdad yace oculta en un abismo. Tal debe ser el abismo que sentimos cierto vértigo al pensar en términos de verdad, y tal vez de ahí la necesidad de huida hacia otras realidades, otros mundos. Pero esa necesidad también parte del inquietante empobrecimiento interno de las masas y del individuo, de la toma del poder de lo tosco y lo limitado, de lo meramente pueril y monolítico, del miedo y la superstición. Y en los tiempos que corren nos convertimos cada vez más en islas, siendo a veces incapaces de interconectar con el otro, con ese archipiélago necesario para la supervivencia humana. No olvidemos que la verdadera abundancia consiste en ser amables con el mundo, pero sobre todo, con el prójimo. No hay más talento que tener presentes a cada instante esa abundancia del ser. Lo demás siempre es provisional y aleatorio. Lo digo con la sensatez de un náufrago que ha sobrevivido a las cien mil tempestades. Seamos abundantes en amor, en amistad y cercanía.

Programados para ser únicos


A veces nos sentimos abatidos, cansados. Pesa ante nosotros la vida, el optimismo se va, los sueños se van. Nos damos un paseo por la orilla de cualquier río y vemos la serenidad con la que el pato navega por sus aguas. Levantamos la mano y el nos contesta con un graznido suave y melancólico, porque él, igual que nosotros, navega solitario. Nos sentamos en la orilla y miramos al pato, su peculiaridad. Nos preguntamos porqué viaja hacia el mediodía y no hacia el septentrión. Porqué en un momento dado gira a la derecha y no a la izquierda. Pensamos que el pato es un ser único, que tiene cierta autonomía, cierta consciencia que le permite librarse de las ataduras del guía de la especie. Luego observamos los árboles al lado de la orilla y vemos que ninguno es idéntico al otro, que cada uno proyecta una sombra diferente, auténtica. Entonces, en esa reflexión melancólica, nos encontramos de frente con nosotros mismos, allí, solitarios en mitad de la nada, rodeados de identidades que nos observan desde los mundos invisibles, de seres que vigilan cuidadosos y atentos que nuestra originalidad no se derrumbe. Nos abrazan y nos animan, como el pato cuando nos saluda, y nos recuerdan que somos únicos y verdaderos. Entonces el optimismo rearma nuestras banderas, miramos hacia el cielo y hacia la tierra, abrazamos de nuevo la línea del horizonte futuro y emprendemos de nuevo la marcha, repitiendo constantemente la canción que nos recuerda que estamos, increíble y milagrosamente vivos. Sí, vivos, y tomamos consciencia de que somos únicos… Ahora sólo nos queda tomar consciencia de que somos verdaderos…

La grandeza del fracaso


Estamos acostumbrados a no arriesgar. Incluso a los que lo hacen y fracasan se les critica, ignorando que en el fracaso hay una enseñanza sublime, un componente mágico que nos ha de conducir inevitablemente al éxito. Arriesgar es apostar, y debemos aprender a perder, a sentir la derrota como algo inevitable. En Silicon Valley, cada iniciativa con cierto éxito viene precedida de más de cuatro fracasos. En nuestro país apenas arriesgamos un fracaso. Por eso no nos debe abrumar ni lo uno ni lo otro, es decir, el exceso de fracaso o el exceso de éxito, pues ambas son mentiras de una realidad indulgente. Lo importante es sentirnos vivos a cada momento, creer en la posibilidad del movimiento, en la grandeza de las pequeñas cosas. No temamos a equivocarnos: en los negocios, en el amor, en las ideas… seamos partícipes de cada momento y subamos un escalón más en la rebelde posición de seguir vivos.

La razón se abruma ante lo irracional


Esta tarde andaba repartiendo por mi barrio el boletín político “El Progreso”. Iba silbando feliz por las calles, disfrutando de la primavera avanzada y de los paisajes exuberantes plagados de verde y teñidos de flores. Alguien me había preguntado momentos antes si cobraba por ese trabajo. Con una aguda sonrisa he intentado explicar eso tan poco comprendido del servicio a la comunidad, del servicio voluntario, sin pedir nada a cambio, sin esperar nada a cambio. Hay personas que aún no entienden que la gente pueda hacer algo sin esperar recompensa. Tenemos la manía de mercantilizarlo todo, incluso los actos aparentes de buena voluntad. Por eso, cuando alguien hace algo de forma desinteresada, enseguida cae en la tupida sospecha. Es como cuando Pitágoras nos asombró y abrumó nuestra razón con el número irracional. Así lo expresó Steven Cushing en un poema que intentaba describir nuestra reacción natural ante lo incongruente. Las cosas que no comprendemos tendemos a juzgarlas, prejuzgarlas o condenarlas, buscando siempre un tipo de culpabilidad que se adapte a nuestros miedos, a nuestras inseguridades o incapacidades. Por eso lo fácil es lapidar cualquier cosa que no se adapte a la “norma”, sin intentar, ni por un momento, buscar la capacidad de visión desde una perspectiva más amplia. Si ocurre algo que daña mi espacio de seguridad, por razón ese algo debe dar malo o dañino. La reflexión venía de ayer, cuando una escritora me escribió para que le asesorara sobre un contrato de edición que iba a firmar próximamente con una importante editorial. Esta es la parte que peor llevo. ¿Se puede atrapar un verbo en un contrato? ¿Y un verso? ¿Pagarías por poseer una historia? ¿Por atrapar un sueño? Está claro que una editorial debe vivir, a pesar de hacerlo en tan noble oficio. Pero cuando montas una editorial por amor al arte, me resulta ciertamente espeluznante tener que mirar la contabilidad para que el arte pueda subsistir. Por eso en la selección de obras que editamos en Séneca no predomina lo comercial, sino aquellas obras cuyos autores han demostrado talento y generosidad, ambos unidos, y cuyos intereses priman los de compartir su arte, más que comercializar con ellos. Eso mismo comentaba hoy en un agradable café con una autora ya amiga que preguntaba tímidamente por los derechos de autor y la propiedad intelectual. Tras la charla y el café, y mientras repartía alegremente “El Progreso”, me preguntaba una y otra vez sobre cuanto puede costar un verso. La respuesta me vino sola y amable: la razón se abruma ante lo irracional. Gracias Pitágoras…

Wu Wei


A las siete y media de la mañana estaba en el jardín intentando poner algo de orden en la primaveral expansión de hierbas. Los dioses de la naturaleza se esmeran en propagar todo cuanto sea propicio para la vida. Y la primavera, que ya puede verse aquí en tierras de María Santísima, es el mejor tiempo para la expansión vital. Existe un importante término chino, el wu wei, “no acción”, cuyo significado no es “no hacer nada”, sino más bien “no forzar”. A las nueve de la mañana, cansado de arrancar un millón de hierbas de todos los colores, comprendí que no debía seguir forzando los antojos de la naturaleza. Así que pensé y me acordé de mis maravillosos aliados, los conejos. Había visto en algunos jardines alemanes como los utilizaban sabiamente para cortar el césped. En la ciudad de Essen utilizaban a ovejas, pero no me imaginaba con un rebaño de tal calibre en mi modesto jardín. El año pasado hice la prueba y funcionó, pero a los pocos meses, y debido a que cometí la torpeza de no vacunar a los pobres animales, sucumbieron a la enfermedad. Así que fui hasta el lugar más propicio y adquirí cuatro nuevos conejos. Esta vez, para evitar errores pasados, compré dos inyecciones y las vacunas pertinentes. Hice de veterinario y la verdad es que los pobres cobayos tuvieron que vérselas con mi maña a la hora de ejecutar las banderillas, dos veces por barba.

La reacción de los conejos ante su nueva situación de semilibertad no dejó de ser curiosa. Primero miedo, terror por lo desconocido. Haber vivido toda una vida en una jaula incrustada en una habitación oscura y pestilente sin mayores experiencias que las de un humano dándoles agua y pienso no es muy alentador. Así que cuando de repente se vieron ante la luz del sol y con un campo lleno de miles de flores multicolores, hierba y árboles no se lo podían creer. Empezaron tímidamente a explorar el espacio, probando en cada paso esos nuevos sabores. A medida que iban comiendo hierba y flores, el instinto se iba apoderando de ellos y la llamada de la selva iba tomando forma. Entonces el terror y la timidez desaparecieron y empezaron a jugar, a correr, a saltar alegres por todos los rincones. Las primeras carreras eran muy torpes. ¡Nunca habían corrido en su pequeña jaula! A la hora de estar libres eran auténticas liebres. Apenas se les distinguía entre el forraje alto. Mi pensamiento se repetía un año más: cuatro nuevos seres liberados… Mientras ellos comían hierba, yo seguía intentando descubrir los secretos del wu wei… Así, meditabundo, veía como las cosas de la vida se muestran por sí mismas. Sentía una serenidad especial trabajando con plantas y flores, árboles y tierra, y ahora más con mis nuevos amigos. Todo está bien. Todo está al alcance de la mano. Incluso la felicidad, que tantas veces la buscamos lejos de nosotros mismos. Allí, en ese llanto que incurre en lo secreto, frente a la idea de un universo que va tomando forma en su propia espontaneidad, se hallaba el artista dibujando, sin forzar, su particular wu wei… Un día sereno, calmo, hermoso, frente a las orillas de la vida, sin esperar mayor recompensa que la de seguir vivos… Qué placer más intenso, qué felicidad más esperada… Wu wei… la vigilancia incesante… la vida como expresión de consciencia… la vida vivida en ella misma… sin necesidad de instruirla o dirigirla… se mueve por sí misma… vive por sí misma… habla y actúa por sí misma… Como esas cobayas que ahora transitan de flor en flor…

Un mundo razonado


El dramaturgo Bernard Shaw expresó su punto de vista sobre el progreso en los siguientes términos: «El hombre razonable se adapta al mundo; el que no lo es, insiste en que el mundo se adapte a él. Por tanto, todo el progreso depende del hombre no razonable«. La frase viene a cuento porque alguien me preguntaba esta mañana si lo que hacía, sobre todo el viajar a los infiernos de nuestra sociedad y volver hecho una pena, con esas barbas, me parecía razonable. No hace falta que diga que lo razonable no me motivaría por la sencilla razón de que el mundo que llamamos normalizado vive en un reinado de tinieblas absurdo y reiterativo. Así que prefiero pasar por loco o payaso antes que por persona sensata o razonable.

Ayer fue un día largo, de necesario viaje de Oriente a Occidente siguiendo el curso de la luz que irradiaba fórmulas para volver al punto de fuga, a ese lugar donde convergen todas las líneas que se apartan directamente del espectador. Llegué tarde a casa, pero llegué gracias a la generosa recogida en la estación de autobuses del amigo «X», el cual, además, acompañó con una bolsa de naranjas y otra con batido de chocolate y un pastel. Así da gusto… Uno se siente menos solo con estos gestos amables y sinceros. Y hoy ha sido un día de idas y venidas, de poner cierto orden en todo lo que ha podido repercutir en estas tres semanas de ausencia. La Montaña preciosa, con ese verde teñido de primavera y flores. El silencio me parece un paraiso acostumbrado al infernal ruido de las megaciudades de India. Ahora me siento extraño y lo relativizo todo. Estoy aquí en mi habitación, me toco la barba y miro con cautela este espacio en el que viviría una familia entera. ¿Cuantas familias indias podría acoger toda esta casa? ¿Y cuantas bocas podría alimentar el pago mensual de mi hipoteca? Todo es espeluznante. Por eso es mejor no ser un hombre razonable y seguir imponiendo una complida impostura. De momento dejaré que los días pasen hasta que tenga fuerzas para imponer la búsqueda de nuestro origen. Beberé para ello, tal y como nos recomendaba Luca Pacioli, el dulce jugo de la fruta que mantiene la satisfacción en las mentes de los filósofos. Sólo así podré soportar la levedad de todas las cosas…

Bragas y libros


Faltan dos días para que emprenda esta aventura solidaria en India. Llueve en la Montaña mientras miro por mi ventana todo el paisaje posible. Tres semanas es mucho tiempo de incertidumbre en un país duro, muy duro. Confiamos que todo irá bien, que seremos capaces de sobrevivir y llenar de sonrisas y esperanza las vidas de esos niños. He intentado dejar todas las cosas atadas para que la editorial no se resienta. Ya hay libros en la imprenta y otros que esperan a mi vuelta. Soy consciente, y este viaje me servirá de reflexión profunda sobre ello, de que el mundo del libro está cambiando y de que cambiará profundamente en la próxima década. Habrá que reinventarse de alguna forma. De hecho lo intentamos al principio con algo que dimos por llamar S-Book sin mucho éxito. Quizás como en la foto, de aquí a pocos años nuestros libros los regalen comprando un par de bragas. La humanidad habrá cambiado tanto que ya no necesitará de los libros al igual que nosotros ahora no necesitamos de pergaminos. Nadie lee la Biblia en pliegos o pergaminos y quizás nadie lo haga en el futuro en libros. También A., hablando de libros y bragas, insiste de nuevo en que me marche con ella a vivir una vida bucólica en Alemania. Realmente esa idea no me disgusta, pero sí me disgusta todo lo que dejo atrás, y si estoy dispuesto a ese sacrificio. Supongo que este viaje a la India servirá de reflexión profunda sobre el propósito más útil…

Diario de un peregrino


Hoy es el quinto domingo del tiempo ordinario. Ayer hice una visita al mundo real y encontré que la imperfección pretendía imponerse al orden y la admiración por lo inteligente. Nadie supo hablarme de los diarios de Paul Léautaud, de Ernst Jünger o los de Sören Kierkegaard. Por cierto, este último hizo un auténtico análisis de su vida íntima en sus póstumos Diarios. En sus cuadernos anotaba no sólo los incidentes autobiográficos y las reflexiones íntimas, sino además todo lo concerniente a sus observaciones, comentarios o proyectos referentes a sus trabajos en curso. Los Diarios de antaño debían ser como los Blogs actuales, lugares donde vamos anotando nuestras impresiones sobre el mundo real. Por eso es normal que al ignorante de nuestros días le chirríen estas cosas y no pueda entender que la naturaleza principal de la escritura, ya sea esta en un diario íntimo o en un blog público no es otra que la del arte en la palabra, la expresión, la creación. De ahí que nadie supo hablarme de esos autores y sí de otras cosas que acaban cansando al peregrino que por naturaleza se sabe libre. Por eso descubro con cierta tristeza que la aportación de ideas sigue siendo perseguida hoy día. Ayer Z. me lo hizo saber. Me pidió que la llamara Z., o mejor aún, que no la nombrara, ni a ella ni a sus ideas, quizás por temor a la crítica fácil, ignorante y estúpida que nos rodea. Así que la llamaré Z. Nadie podrá descubrir quién es. Pero aprovecho para decirle a Z. y a todos los que piensen de igual forma de que ya es hora de terminar con esta amenaza. La valentía debe estar por encima del miedo y la verdad de cada cual debe ser expresada libremente. Por eso nadie me hará callar, ni el ignorante, ni el cínico ni el perverso que dedica sus horas a mancillar el honor de las personas con cotilleos y mentiras. Y es que ayer Z. me contó la saga de mentiras que van circulando por ahí con respecto a mi persona. Una saga de exageraciones infundadas probablemente nacidas del miedo, la ignorancia y la estupidez. ¿Quién si no iba a criticar a la persona, y no a sus ideas? ¿Quién si no iba a fundar su discurso en la crítica fácil, en la falta de sensibilidad y en la noción de no medida hacia lo que palabras sin fundamento pueden llegar a ocasionar? ¿Quién podría, sino el necio, malinterpretar los actos de generosidad? ¿Y acaso no es un acto generoso aportar cultura allí donde no la hay? ¿Acaso no es generoso cambiar el pensamiento sobre aquellas estructuras caducas y dañinas para la nueva humanidad? Pero eso siempre crea temor, duda y desconfianza. Un pueblo que no está acostumbrado a la generosidad, que solo es capaz de vivir de los réditos de la queja, que solo se expresa para pedir y no para dar, jamás podrá entender cuan equivocado está aquel que cierra su puño esperando con ello no perder nada, y sin embargo, evitando con ello que nadie pueda posar en su mano tendida muestras de amor. “Señor, abre mis labios, y mi boca proclamará tu alabanza”, dice el Salmo… Un salmo que se tiñe de vacío en un mundo caduco… Seguiremos aguantando hasta que las fuerzas lo permitan… Los perros ladran, Señor, dijo Sancho… señal de que avanzamos… dijo el Ingenioso Hidalgo…

Logias de Adopción


A principios del siglo XVIII se establecieron en Francia varias Sociedades secretas que trataron de imitar a la masonería en su forma exterior, caracteres y Ritos diferenciándose de ésta en la admisión de las mujeres. Entre dichas Sociedades podemos citar la de Cagliostro La masonería egipcíaca, que aún sigue funcionando hoy día.
Las primeras noticias que se tienen sobre la entrada de las mujeres a las Logias es en 1744, cuando el Gran Oriente de Francia creó un nuevo Rito, llamado de Adopción o «Masonería de Damas», trabajaban bajo la tutela y supervisión de los hermanos varones y al cual sometió a su jurisdicción, estableció reglas y leyes para su gobierno;
prescribió que sólo los Maestros francmasones pudiesen concurrir a sus reuniones; que cada Logia de Adopción estuviese a cargo y bajo la sanción y garantía de una Logia masónica regularmente constituida y que el Venerable Maestro de esta última, o los Vigilantes a falta de él, fuese el Oficial encargado de presidirla, acompañado de la «Maestra Presidenta» de la Logia de Adopción.
Esta Masonería de Adopción consta de cuatro grados: 1º Aprendiza, 2º Compañera, 3º Maestra, 4º Maestra Perfecta. Está basada en la «Virtud» y se ha juzgado conveniente cimentarla, no sólo sobre los principios que inspiran amor al bien y horror al vicio, sino también sobre la práctica de las buenas costumbres. Sus Rituales están llenos de textos bíblicos que no deben tomarse al pie de la letra; la interpretación simbólica de esos textos y alegorías constituye la instrucción masónica de la mujer en los distintos grados del Rito de Adopción.
Conforme a estas reglas se establecieron a partir de 1775, varias logias de Adopción. La más famosa fue La Candeur, en la que se admitió a burguesas como la señora Helvetius, mujer cultísima y con un espíritu muy abierto, y a miembros de la Aristocracia, como la Princesa de Lamballe, la Duquesa de Chartres cuyo marido, el futuro Philippe Egalité, era Gran Maestre de la Orden, y además a un gran número de damas de la Corte.
La Duquesa de Borbón, prima del Rey y madre del Duque de Enghien, fue la Gran Maestra de la Francmasonería de Adopción. En 1778, Voltaire le envía versos a la gloria del Templo.
Con la Revolución desaparecen las Logias de Adopción y sus miembros fueron esparcidos por la emigración, el encarcelamiento o la acción política.
Bajo el Primer Imperio renacen las Logias de Adopción, siendo la Emperatriz Josefina, Gran Maestra, durante un corto tiempo. Poco a poco, durante el siglo XIX las logias de Adopción irán desapareciendo o subsistirán en un estado vegetativo, con un desarrollo muy lento, y siempre tuvo menos miembros que la masonería masculina, pero a finales del XIX llegó a tener unas 150 Logias.
El 14 de enero de 1882, la logia Los Libre pensadores del Pecq (localidad próxima a París), decidió iniciar a una mujer; María Deraisme, periodista y gran feminista. La emoción que provocó el acto de insubordinación de la Logia del Pecq fue enorme. Se entabló una viva polémica y cuatro meses después de este acontecimiento, la Logia del Pecq tuvo que abandonar la obra emprendida. Superando su decepción, María Deraisme decidió entonces crear una nueva Obediencia, y el 4 de abril de 1893 nació el «Derecho Humano», Obediencia mixta, bajo la dirección del Doctor Georges Martin. Hoy día, el Derecho Humano, con el título de » Derecho Humano Mixto e Internacional», posee Logias en todos los continentes.

 

 

Inaugurada la Biblioteca de Mesas


Emocionante el día de hoy. ¿Qué decir? Resucitar una biblioteca no ocurre todos los días. Así que hoy ha sido un día grande para la cultura. Será difícil hacer de ella un lugar de culto que sea capaz de atraer a la juventud. Al menos esperemos que sea un lugar de ilusión y encuentro y que sirva de excusa para adentrarnos en el diálogo y la participación, en el optimismo, la solidaridad y la amistad… Aprovecho estas líneas para dar las gracias a M. Cuando trataba con tanto amor a esos niños he visto que el milagro es posible… Gracias también a los «compis» por su grata visita y el apoyo moral al evento. A P., J., M., M. y P.

Por cierto, sirva como anécdota el que nos hayan confundido al principio con Testigos de Jehová… Cómo son los niños… Otra anécdota ha sido en la merienda que hemos ofrecido. Había un grupo de unos siete niños con sus bicicletas en la calle. Casualmente he bajado cuando estaban curiosos mirando a ver qué ocurría ahí dentro. Les hemos invitado a merendar y han dejado las bicis en mitad de la calle no para bucear en los libros, sino para ponerse tibios de dulces… Bueno, a ver si hay suerte y el próximo jueves los vuelvo a cazar…

Hoy: Inauguración de la Biblioteca de Mesas


Esta tarde, a las 17 horas, la Asociación vecinal Amigos del Pueblo y todos los ciudadanos de Mesas de Guadalora tienen el honor y el placer de invitaros a la inauguración y la fiesta cultural de la Biblioteca de Mesas de Guadalora. Espero que podáis asistir como testimonio gráfico de un momento hermoso. A los asistentes se regalará el libro de Alejandro Guichot sobre de la colección histórica de Hornachuelos,  «La Montaña de los Ángeles», cortesía de Editorial Séneca. Intentaremos también brindar con la tradicional copa inaugural.

Apple y Pepephone


Siempre he sido muy fiel con las marcas. Fui uno de los primeros españolitos de a pie que compró un teléfono móvil de la marca Nokia. Cuando trabajaba en asistencia en carretera observé mediante las estadísticas de la empresa que los coches que menos se averiaban eran los japoneses, y de entre ellos, los de la marca Toyota. Así que siempre utilicé ese marca sin que los 300 mil km. del híbrido Prius me hayan dado ningún problema. Tampoco los cerca de doscientos mil de mi primer Yaris. También siempre fui fiel a mi banco y a mi línea de teléfonos desde que apareció aquella ya inexistente Moviline, de Telefónica. Pero los tiempos cambian y la fidelidad mercantil debe estar en acorde con los tiempos. Y Apple revolucionó la telefonía con su Iphone y ahora, empresas como Pepephone ofrece tarifas increíbles de telefonía compitiendo y muy bien contra las grandes compañías (hasta seis céntimos en tarifa plana todo el día, increíble para los que llaman mucho). Esta tarde Apple va a revolucionar de nuevo la informática con su Table sin teclado. Y pronto los fabricantes intentarán emularlo siguiendo así la tendencia del futuro. Toyota revolucionó el mundo del automóvil con sus híbridos, pero ya este año se espera la fabricación de vehículos completamente eléctricos. ¿Seguirá Toyota en la vanguardia de esta revolución tecnológica? De momento, veremos que nos ofrece Apple… al parecer… los teclados pronto empezarán a desaparecer…

Lo que nos mueve es la actitud


Para algunos la vida siempre acaba siendo una carrera. Una especie de competición para ver quien llega más lejos, más alto, a lo más grande. Unos acumulan títulos, otros dinero, otros honores y algunos, tan solo frustraciones, prejuicios, desilusión. Pero realmente nada de eso nos hace como somos. Lo que realmente importa en la carrera de la vida es nuestra actitud. Eso será decisivo para casi todo: para el trabajo, para el amor, para el bienestar, para la familia, para el Ser. De ahí que aquellos que se afanan en competir acaban su vida acumulando hambruna material sin pararse a pensar en lo hermoso que hubiera sido todo con tan solo un pequeño cambio de actitud. Y la actitud, la correcta actitud, siempre está en las pequeñas cosas, en los pequeños gestos diarios. Un saludo, una llamada, una carta, un abrazo, un guiño, una oportuna sonrisa… La avaricia de no pararnos a derrochar ese tipo de generosidad nos alejará de cualquier fundamento vital. Sé práctico, potencia tu humanidad.

Silencio


Me encanta esta foto… la hice ayer en una tarde inolvidable… Había una paz extraña, como si de repente toda la vida condensada en el bosque letargado por el frío se reuniera en un solo punto. Se podían ver los vínculos de todas las cosas, se podía ver lo extraordinario de la naturaleza. Sentí una paz profunda, como si todo estuviera bien, como si esas nieves caídas del cielo fueran el presagio de algo hermoso… Algo que deberá ser vivido con intensidad, con mucha intensidad. Sentí la fuerza, el impulso de estar vivo, de ser parte de este viaje por mitad de esta galaxia infinita… La nave tierra navega silenciosa y desde lo más alto se divisa como algo pequeño, diminuto que flota en mitad de la nada. Y en ese misterioso viaje, en ese paraíso teñido de colores y olores imposibles estamos todos… Vosotros, ellos, nosotros… A la vuelta seguí contemplando el espectáculo desde mi ventana. El paseo había sido purificador. Pude ver a mis dos amigos de siempre. Viven en mi pequeño bosque de no más de una docena de árboles. Hay un árbol justo en mi ventana y suelen venir, mirando a través del cristal mis pobres movimientos. Yo los imito, y observo como juegan en el jardín. Esos pajarillos vienen y van como dos pequeños diablos… Y mientras observaba a ese par de luminarias revolotear por el trozo de cielo que cae en La Montaña, le dije a mi espíritu: cuando conozcamos todos estos mundos y el placer y la sabiduría de todas las cosas que contienen, ¿estaremos tranquilos y satisfechos? Y mi espíritu dijo: No, ganaremos esas alturas para seguir adelante…

Compañero de la Torre


Compañero en la torre, ¿de dónde vienes día tras día?

– Vengo de las profundas tinieblas.

Donde se debate nuestro viejo mundo,

Donde todo es frío hostil y negro.

Compañero en la torre, ¿Qué ves tú día tras día?

– Veo las sublimes obras maestras.

De grandes obreros anónimos,

Los buenos compañeros de antaño,

Quienes trabajaban con alegría,

Y nos han abierto la Vía

Porque poseían la Fe.

Compañero de la torre, ¿qué haces día tras día?

Tomo de la naturaleza entera

La innumerable y ruda materia,

Y con mi corazón y mis manos,

Sujetando la herramienta que canta y suena,

La transformo y la modelo

Y trabajo para todos los humanos.

(Texto extraído del libro: Masonería: Antiguos Manuscritos, de próxima aparición. Autor: El menda).

Paseo por la sencillez


Solo cuando lo has pasado francamente mal puedes llegar a conclusiones interiores… Y cuando llegas a esas conclusiones te puedes permitir el lujo de cierta locura… Las otras, las certezas filosóficas, si es que realmente existe alguna, no sirven de nada si no se han fraguada primero bajo el terrible manto de la experiencia. Así que los aledaños de la sabiduría se construyen a base de fracasos, de torceduras, de caídas continuas… Por eso cualquier cosa que ocurre es motivo de agradecimiento… sé a ciencia cierta que ocurre para bien…
Saber vivir es fácil… acordémonos de aquello de la simplicidad… En las pequeñas cosas es donde se es feliz… Un amanecer, un paseo, bailar bajo la lluvia… ahí está el verdadero reino de la placidez… Es un lujo prescindir de todo y sentirte libre de las cosas… no somos nuestras cosas… El peso individual es compatible con la sencillez… ¿Dudas? ¿Decisiones? Ahí está el corazón… el corazón siempre nos empuja hacia el camino… hacia nuestro camino… hacia nuestro propósito… solo tenemos que escucharlo… estar atentos… sentir su leve susurro…

Los secretos de la masonería según José Martí


Me envía Joaquin desde Cuba esta foto donde se expresa de forma clara los verdaderos secretos de la francmasonería universal. Gracias J.

Caminando bajo la lluvia


Su padre había subrayado en lápiz rojo un largo párrafo de Walter Rathenau que ahora reproduzco:

«Incluso la época de agobio es digna de respeto, pues es obra, no del hombre, sino de la Humanidad y, por lo tanto, de la naturaleza creadora, que puede ser dura, pero jamás absurda. Si es dura la época en que vivimos, tanto más debemos amarla, empaparla de nuestro amor, hasta que logremos desplazar las pesadas masas de materia que ocultan la luz que brilla al otro lado…»

Y eso debí pensar cuando al salir esta mañana de casa y ver como llovía a cántaros preferí enfundarme el chubasquero y pasear alegre bajo la lluvia. Uno siente cierta libertad inusual al mostrarte desnudo ante el cielo, sin paraguas o techo que te proteja. Lo aprendí cuando vivía en la ciudad alemana de Göttingen. Allí la gente salía a la calle sin paraguas, en bicicleta, todos los días. Y casi todos los días llovía. Y yo me acostumbré a lo mismo y me parecía hermoso sentir el agua caer por la cara. Es como una revolución integral y ascendente, una fuerza que disminuye la presión y la densidad psíquica que todos arrastramos. Pasear, cantar o bailar bajo la lluvia, algo tan sencillo que te ayuda a conocer, amar y servir apasionadamente al Universo al que pertenecemos. Incluso la época de agobio es digna de respeto. Así se muestra la naturaleza creadora. Por eso no cabe más crisis que aquella que vivamos desde los adentros. Algo se sumerge y remonta el vuelo sin mojarse las plumas, reza el Bhagavad Gita. Algo así ocurre cuando caminas libre bajo el manto húmedo de la lluvia…

Los pormenores de la consciencia cósmica


Algún científico nos recordó amablemente que éramos polvos de estrella. Tan sutil descripción nos hizo pensar que si mirábamos constantemente al firmamento y nos dejábamos fluir por su inmensidad sentiríamos cierta añoranza cósmica nacida de nuestros orígenes estelares. Sin duda la añoranza existe. Miramos constantemente a las estrellas, nos interrogamos sobre los misterios que encierran todo ese cúmulo de astros brillantes que giran y giran constantemente sobre otros ejes mayores sin que aparentemente sepamos el motivo de tan desdichado, repetitivo y continuo viaje. A muchos nos gusta eso de tumbarnos boca arriba en la hierba primaveral y contemplar al infinito. Dicen que así nacieron los filósofos, y que de esa manera se fue fraguando escuelas como las pitagóricas, las platónicas, las socráticas, los escépticos, los gnósticos, los mistéricos, los sofistas, los estoicos, los escolásticos, los neoplatónicos, los humanistas, los existencialistas, los idealistas, los irracionalistas… y así hasta casi el infinito… Tantas escuelas, tantas tendencias casi como tantas estrellas existen en el cielo. Y todos interrogándose al mismo tiempo sobre tres básicas preguntas que hemos intentado contestar con difíciles y complicados argumentos. Un exceso de racionalidad para algo tan simple como tumbarse y maravillarse ante el infinito, descubriendo, a su vez, lo increíble que resulta ser partícipe del mismo.

Y cuando todo acaba, se abren nuevos caminos


Lo decía la poetisa Ernestina de Champourcin, la cual, con cierta sabiduría, desveló los estigmas del camino, las garras feroces de la vida que se mueve hacia cualquier dirección. La inmovilidad produce hartazgo y pesadez, pero aquel que camina, sucumbe ante los riesgos que supone traspasar el umbral de la quietud. Y ahora que es fin de año, que todo parece morir en cualquier recuerdo y que vemos el ayer como una aventura impresa en nuestras entrañas toca la reflexión vespertina y casi sonámbula del alma errante. Dime espíritu, ¿qué nos queda después del largo viaje? ¿Y quién dices que soy yo? Esta mañana charlaba con mis vecinos rumanos. Un largo viaje para llegar hasta aquí y mendigar trabajo, pan y algo de cordialidad. Dejarlo todo por nada. Quizás algo de caridad y cierto calor humano muy de vez en cuando. M. me miraba con cierta rabia. Se preguntaba porqué tenía que pasar tantas calamidades. «Quiero trabajar», decía. Le pregunté qué oficio tiene y me dieron ganas de contratarlo de cualquier cosa sino fuera por la propia solidaridad de clase y la pobreza adversa. Si M. resiste yo también lo haré. Y ahora que sé que está ahí, que quiere trabajar, que quiere respirar dignamente, me esforzaré un poco más para que su vida tome un nuevo rumbo y la mía con ella se vea salvada de la pasividad y la quietud. Así que, alma mía, sigamos caminando, ya sé quién soy y ya sé todo lo que nos queda por hacer…