El tiburón


Recibo este texto que me parece interesante…

Los japoneses siempre han gustado del pescado fresco. Pero las aguas cercanas a Japón no han tenido muchos peces por décadas. Así­ que para alimentar a la población japonesa, los barcos pesqueros fueron fabricados más grandes para ir mar adentro. Mientras más lejos iban los pescadores más era el tiempo que les tomaba regresar a entregar el pescado. Si el viaje tomaba varios días, el pescado ya no estaba fresco. Para resolver el problema, las compañías instalaron congeladores en los barcos pesqueros. Así­ podían pescar y poner los pescados en los congeladores. Sin embargo, los japoneses pudieron percibir la diferencia entre el pescado congelado y el fresco, y no les gustaba el congelado, que, por lo tanto, se tenían que vender más barato. Las compañías instalaron entonces en los barcos tanques para los peces. Podían así­ pescar los peces, meterlos en los tanques y mantenerlos vivos hasta llegar a la costa. Pero después de un tiempo los peces dejaban de moverse en el tanque. Estaban aburridos y cansados, aunque vivos. Los consumidores japoneses también notaron la diferencia del sabor porque cuando los peces dejan de moverse por días, pierden el sabor fresco … y ¿cómo resolvieron el problema las compañías japonesas? Y ¿cómo consiguieron traer pescado con sabor de pescado fresco? Si las compañías japonesas te pidieran asesoría, ¿qué les recomendarías?

(Mientras piensas en la solución…. Lee lo que sigue):

Tan pronto una persona alcanza sus metas, tales como empezar una nueva empresa, pagar sus deudas, encontrar una pareja maravillosa, o lo que sea, empieza a perder la pasión. Ya no necesitará esforzarse tanto. Así­ que solo se relaja. Experimentan el mismo problema que las personas que ganan la lotería, o el de quienes heredan mucho dinero y nunca maduran, o de quienes se quedan en casa y se hacen adictos a los medicamentos para la depresión o la ansiedad. Como el problema de los pescadores japoneses, la solución es sencilla. Lo dijo L. Ron Hubbard a principios de los años 50: “Las personas prosperan mas cuando hay desafíos en su medio ambiente» . Para mantener el sabor fresco de los peces, las compañías pesqueras ponen a los peces dentro de los tanques en los botes, pero ahora ponen también un Tiburón pequeño! Claro que el tiburón se come algunos peces, pero los demás llegan muy, pero muy vivos. ¡Los peces son desafiados! Tienen que nadar durante todo el trayecto dentro del tanque, ¡para mantenerse vivos! Cuando alcances tus metas proponte otras mayores. Nunca debes crear el éxito para luego acostarte en él. Así­ que, invita un tiburón a tu tanque, y descubre que tan lejos realmente puedes llegar. Unos cuantos tiburones te harán conocer tu potencial para seguir vivo y haciendo lo que mejor haces, de la mejor manera posible!! Y si ya los encuentras en el tanque, déjalos que se muerdan entre si, que no te asusten sus dientes ni sus trampas…tu sigue alerta, pero siempre «fresco». Siempre habrá tiburones a donde vayas…

Interesante lectura para aplicar a la vida y al trabajo. «Las diminutas cadenas de los hábitos son generalmente demasiado pequeñas para sentirlas, hasta que llegan a ser demasiado fuertes para romperlas».

Quien esté limpio de corazón…


Ayer noche estuvimos en la cena-celebración del primer año del blog de MC. Noventa personas reunidos ante la figura de una personalidad singular pero sobre todo, un grupo de seres que compartian la experiencia de vivir en comunidad. Fue hermoso compartir ese momento… Luego vino la noche y el silencio… Y el día, programando el futuro a la espera de que todo vuelva al cauce de la normalidad sentida… Joaquin me envía esta foto con un gran cartel que tiene en su Palacio del Hielo, en Majadahonda… Así que es motivo de celebración el poder estar patinando sobre hielo bajo mensajes tan hermosos…

Vives


Llegaste de muy lejos y aquí te quedaste. Verde, limpia, trasnochada. Me gusta mirarte, y ver como pides agua. Te refresco con un vaso cada vez que te noto sedienta. Primero bebes tú y luego, con el sobrante que rebosa, refresco mi garganta. Sólo tú y yo sabemos de donde vienes, y quizás alguien más, alguien que nos observa desde el silencio, desde el recuerdo, imaginándote viva. He querido que te viera, por eso te muestro. Tú vives, ella vive, y yo me crezco ante la posibilidad de seguir vivo. ¿Qué más se puede pedir? Seres sintientes que adolecen al tiempo y a la oportunidad única en esta cuenta atrás que cada día se hace más intensa y nos aproxima, inevitablemente, al final. Un amigo llamó a ese final tragedia. A mí me gusta llamarla oportunidad. Gracias por acompañarme con tu verde… Gracias por darme la oportunidad de contemplarte todos los días…

Desde mi ventana


Hace muchos años tenía una columna en un diario brasileño que di por llamar «Desde mi ventana». Aquella ventana desde la que escribía tenía unas vistas fabulosas a la mágica montaña de Montserrat. Vivía en el barrio de Sant Bernat, en la ciudad de OM, como yo la llamaba, y desde allí escribía sobre la vida y sus cosas. Me hacía ilusión ver publicadas mis crónicas en diarios y revistas. Era la emoción del que deseaba escribir y de alguna forma veía compensado su esfuerzo. Cuando me mudé a La Montaña, a la Montserrat del Mediodía, como la llamaba el sociólogo Guichot, me mudé, sincronías de la vida, al barrio de San Bernardo. Y hoy descubro por fin mi nueva ventana. Siempre estuvo aquí, pero al instalar la oficina en los bajos de la casa, nunca reparé en su hermosura. Desde aquí diviso el valle del Guadalquivir, la vega, la campiña, los poblados de colonización, Nublos, el cortijo donde solía ir de pequeño y donde alguna vez dormí rodeado de leyendas e historias de brujas y duendes. Así que el descubrimiento ascendente, del sótano a la primera planta ha tenido su premio. Después de largos meses sumergido en una mudanza que no terminaba nunca, he podido separar la vida personal de la profesional. He subido mi pequeño ordenador a esta pequeña habitación donde pronto podré sumergirme de nuevo en la redacción de la tesis doctoral, aparcada desde agosto por cosas del camino. Y arriba me espera, en la tercera planta, un nuevo escritorio donde pondré mis lecturas místicas, mis escritos más profundos. Desde allí arriba se divisa el cielo y los ángeles de la Montaña. Así que mientras llega el tránsito hasta esa planta, en la soledad y el silencio del errante buscador, seguiré mirando desde mi ventana…

El hombre del gorro verde


Ourense, ocho de la noche. La sala de la fundación CaixaNova estaba abarrotada de gente. MC daba una conferencia sobre la crisis. Nos quedamos fuera de la sala pero poco a poco fuimos avanzando hasta que pudimos verle el rostro y escuchar con cierta claridad su voz. Había un silencio respetuoso, atento. Cuando hablaba, la gente creía estar escuchando a un dios… ¿sos un dios o sos un caballo? Qué importaba… Delante de mí había dos personas socialmente antagónicas. El hombre de pelo blanco, muy bien peinado y arreglado para la ocasión discutió con el hombre de la gorra verde, el cual, en un arrebato de locura, expresaba su emoción a cada palabra que salía del óvalo. La situación me parecía graciosa, casi dantesca, pero había algo que me llamó la atención. Había una especie de comunión, una especie de hermandad, de complicidad en el momento. Las palabras que pronunciaba la voz de la experiencia no dejaba indiferente a nadie. Estaban ante el mito consumado, ante el líder, como decían algunos en la sala, que todo pueblo en crisis necesita, aclama. Un líder que hablaba de finanzas y espíritu conjugando lo mejor de ambas cosas… Un líder que atrae tanto a un hombre reipenado como a otro, genuinamente borracho, que aplaudía en cólera a cada ocurrencia de M. Por un momento me sentí orgulloso de lo que estaba pasando. Y al igual que esos dos hombres antagónicos, me sentí cómplice.

Pd.- Por cierto, entre las anécdotas de la noche, se acercaron algunos amigos que me habían reconocido por la foto del blog llamándome «El Loco». Lo gracioso fue cuando una hermosa pareja se acercó y me dijo: «¡tú eres el payaso!» Bueno… pues a lo mejor es así… a lo mejor ahora soy un loco payaso…

Masón operativo


Está claro que las manualidades no son lo mío… Ya lo decía mi padre: «estudia hijo mío»… Soy una calamidad con el cemento. Si me vieran los gremios constructores me desterrarían de nuevo al Valle de Josaphat, lejos del alcance del chismorreo de las gallinas, del canto del gallo y del ladrido de los perros. Al menos, y esto ningún constructor actual lo sabe, era de donde venían los antiguos albañiles, también conocidos como masones o francmasones. Dicho sea de paso, dice la tradición que en ese valle, en el desierto de Tego, serán juzgados los gentiles al final de los tiempos… En fin, la inspiración operativa viene porque estoy corrigiendo los últimos capítulos de mi libro «Masonería, antiguos manuscritos», y ando con ganas de llevar a la practica lo que predico en los libros…

La muerte espera


Desde que PL me habló de la enfermedad de su amigo no hago más que darle vueltas al tema de la muerte. O más que al tema de la muerte, al como nos enfrentamos a ella. Siempre vivimos en la paradoja de sentirnos inmortales. Nunca valoramos la vida hasta que no está amenazada por una enfermedad o un accidente. Sólo cuando la muerte mece nuestra cuna de cerca nos cuestionamos todo y entramos a una extrema habitación llena de temores, melancolías, tristeza, apatía y desdén. Los que se aferran a las creencias del otro mundo tienen resuelta en parte la papeleta. Baste con la fe y la esperanza para despreocuparnos de cuanto y como vamos a vivir. El resto, vive en una angustia encubierta, disimulada por el día a día y la rutina. Solo cuando nos quedamos solos y desconectamos del mundo somos capaces de enfrentarnos a la crudeza de la vida. En el caso del amigo de PL no le queda más remedio que enfrentarse de golpe a la realidad. Y aquí la actitud ante la vida juega un papel importante. Hace unos meses operaron a una buena amiga de cáncer. En todo momento tuvo una actitud positiva y eso le ayudó a enfrentarse a un destino que podía modificarse a cada instante. Me parecía increíble su alegría a pesar del sufrimiento interno. Si somos sinceros, todos, tarde o temprano deberemos enfrentarnos a la realidad angustiosa y quizás sea prudente ir cargado de creencias y adormileras o de una sensata reflexión sobre lo finito de nuestra existencia. No nos queda más remedio que ser vitalistas y vencer a la muerte con dosis extremas de optimismo. Tanto monta lo que hagamos, al final la muerte vestida de negra y seguramente con una gran guadaña bien afilada nos alcanzará. Estúpida muerte. La espero sentado, pero con alegre prudencia, con la esperanza de que por lo menos, detrás de ese tétrico disfraz aparezca una mujer hermosa…

Impermanencia


¿Qué somos cuando no somos? Me he planteado esto muchas veces a lo largo de mi vida. Lo humano vive enmascarado, fingiendo todo el día cosas que no son, practicando oficios que no sienten. Máscaras que se esconden detrás de más máscaras para evitar la atenta mirada del observador. Y todo es porque tenemos miedo. A expresarnos, a fluir, a sentir. Tememos nuestro propio programa, nuestro Propósito más interno. Tememos al otro que es reflejo de lo bueno y lo malo que llevamos dentro. Ayer alguien hablaba de los «rumanos» con cierto desprecio. Noté cierta incomodidad en la charla y apunté, que quizás, en vez de «rumanos» se estaba refiriendo a «personas», humanas, por supuesto. Y de repente, tres o cuatro voces clamaron en un concierto aterrador: «rumanos». Y yo me preguntaba que es esa cosa a la que llaman rumano y que tanto temen… ¿A qué tienen miedo? Va expreso mi amor a los rumanos, que en su condición de personas, saben amar y llorar cuando el tiempo y la cirscuntancia lo requiere. Algunos olvidaron eso… olvidaron su propia condición humana, y de ahí el desprecio hacia el «otro». ¿Qué máscara llevamos hoy? ¿A quien tememos hoy? Desearía ser impermanente a cada instante… auténtico a cada instante… En cuanto llegue a la Montaña iré en búsqueda de esos rumanos… Quizás necesiten cobijo, o un trozo de pan… Les daré las llaves de mi casa y les diré: «esto es vuestro hermanos». Y si no soy capaz de ese acto, entonces seré rumano con ellos… o seré un nuevo cobarde, hipócrita, lleno de máscaras y destellos de un temor no superado… Si conocéis a algún rumano, perdón, a alguna persona que esté pasándolo mal, por favor, que venga a la Montaña… Allí tendrán cobijo y algo de comida, aunque sea un trozo de pan para mojar en un humilde plato a rebosar de aceite… Estoy cansado del mundo falso…

(Foto: El Águila Roja escribiendo poesía… qué forma más hermosa de expresarse sin máscaras).

Amar desde el alma


Amar desde el alma es estar en posesión de una infinita felicidad, de una alegría extrema, de un sentido de permanencia en un cosmos infinito. No deseas más que disfrutar de los anhelos de sentirte vivo, de acariciar el rostro sin voz de ese silencio que penetra profundo en las entrañas. Recuerdo cuando miraba al absoluto, cuando penetraba con una sonrisa la voz quebrada de cualquier momento. En la sabana había niños que nos seguían al paso del coche. Corrían metros y metros con tal de sentir el tacto suave de una mirada. Conspirábamos juntando nuestras manos sin temor a nada. Sentía su calor, su llanto interno, su fragilidad. Había algo en ese tacto que nos llenaba de humanidad. Un amor desde el alma, de igual a igual, lleno de frescura y fortaleza. Había en ese sencillo acto de amor una comunicación de seres infinitos, ilimitados. Había un acto de amor, sin prejuicios, sin penas, sin llantos, sin fugaces excusas o exigencias. Había una respiración común, una unión sin límites, un abrazo sentido y estrecho… Quisiera tanto ser alma…
(Foto: un payaso en la sabana africana, Etiopia, octubre de 2009).

La fluidez del ser


M. vino ayer a visitarme con su familia y acompañado de una bolsa llena de mandarinas las cuales agradezco porque no hay nada más hermoso que compartir aquello que tenemos con el resto del mundo. Compartir como hizo hace unos días del mismo modo R.M. con una bolsa llena de naranjas y P.L. con este cuadro que acompaño en la foto. Compartir momentos únicos, compartir recuerdos, como aquel que M. contaba sobre el árbol del que caían chicles, compartir emociones, compartir angustias, compartir miedos, compartir ilusiones. Con A. compartimos alma, algo que no entendemos quizás por su pureza y al que es mejor no etiquetar. Y esta mañana, sin recordar mis sueños, sin recordar nada cuanto pasaba en el mundo, me he interrogado sobre lo que yo mismo soy capaz de compartir. Quizás un instante de tristeza, un momento de melancolía, alguna situación divertida. ¿Qué puedo compartir hoy? Ayer deseaba intensamente viajar a Alemania tras una invitación sincera. Hoy no sé qué es más noble para el corazón… Por eso deseo dejarme fluir… y compartir la necesidad de vaciarme de todo…

Cuando salió de su tierra


La amiga Sanaa me envía este hermoso texto que describe como se siente una emigrante marroquí en Europa. Los occidentales tendemos a ver al otro con desconfianza y aprensión. Seguramente porque somos nosotros los que tenemos algún tipo de problema y pensamos que el otro está aquí para hacernos daño. Pero nada más allá de esto. Algunos de mis mejores amigos son extranjeros, y no miro su color de piel cuando les abrazo o miro a los ojos…

Casablanca, la capital económica de Marruecos. A su lado, un gran espacio profundo sobre el que se extiende un pueblecito llamado Darwa. Su rara estructura semeja un cuadro dibujado y su calma enorme transmite el sentimiento de que allí no vive nadie; allí reina la piedra, la tierra, la madera… la cultura musulmana marroquí. Allí vivía con su madre una muchacha, Safía, mientras el padre se emigró a Italia. Dos años más tarde el padre trajo a Safía y a su madre a Italia por la ley que apoya la “reagrupación familiar”. ¡Y aquí comienza la vida nueva de Safía en Europa! Es la única hija de sus padres; una chica inteligente, bien educada y muy responsable.

Cuando llegó a Italia estaba muy ilusionada ante el mundo que aparecía ante su vista: grandes ciudades, luces por todas partes y gentes muy distintas a las de su país. Día tras día iba descubriendo la ciudad sola porque su padre trabajaba todo el día.

Cuando se incorporó por primera vez al Instituto, ese día, Safía se sentía extraña y muy mal porque estaba sola; no tenía amigos. Tampoco sabía hablar; no podía comunicarse con sus compañeros ni con los profesores. Estaba todo el tiempo callada y mirando a los demás: hablaban y hablaban. Alguna vez se dirigían a ella, creía; pero era como un diálogo para sordos.

Como no estaba acostumbrada a no estudiar, Safía decidió trabajar duro, estudiar mas y mas para salir adelante. Y pronto pudo comunicar con sus profesores para pedirles que le ayudasen a avanzar y aprender a manejarse con los estudios. La verdad es que siempre encontró en ellos apoyo. A Safia le sorprende que todos los profesores le pregunten qué va a estudiar. Medicina, responde, o quizá Traducción e Interpretación. ¡Palmadita en el hombro y gesto de ánimo!

Valiente, muy valiente, poco a poco comenzó a entender lo que ocurre en la clase y en la calle y a encontrar compañeros que le hablaban. Y otros que no. Safia percibe que huyen de encontrarse con ella; cada poco alguien le pregunta si va a ir a clase con velo o porqué no lo lleva. Valiente pero a veces siente que no puede aguantar más y vuelve llorando a su casa. Quiere volverse a su país donde están las personas que la quieren y donde vivía en paz. No podrá ser feliz en Italia; tampoco puede volverse a Marruecos porque sabe el enorme esfuerzo de su padre para darle a ella lo mejor. Y a su madre. Solo queda aguantar y aguantar y luchar.
La única forma de integrarse y salir de la marginalidad es conocer a la gente, su forma de vivir, sus costumbres, conocer otras ciudades, viajar…Fue lo que hizo.

El velo le provocó muchas dificultades: no le dejaban entrar en las universidades, le miraban por la calle…Safia les mira a los ojos para entender su gesto. Pero no es siempre el mismo. No acaba de saber lo que encierran sus miradas.

Valiente. Luchar. ¡Fuera el velo!. Con un beso lento lo posa dobladito en el cajón: “no es tu momento, compañero”.
Tuvo que quitárselo para seguir su carrera. Pero eso no le hizo abandonar su religión ni olvidar su origen ni guardar y amar lo que le enseñaron sus bisabuelos.
Los pasillos de la Universidad le saben a triunfo con sabor amargo: “Vete a la mierda de tu país”, “Hija de la calle”, “terroristas de mierda”, “hijos de Ben Laden…” Un compañero le tiró sus cuadernos por el water.
Otros muchos la aceptan pero siguen interrogándole sobre su religión con preguntas extrañas, lo que le muestra que existe un gran desconocimiento de la cultura musulmana.

Hoy trabaja en un Hospital de Roma, casualmente en el mismo barrió donde habitó a su llegada a Europa. Su padre regresó a Marruecos tranquilo a respirar feliz la tranquilidad de su tierra, con el sentimiento de haber cumplido su misión.

Piensa Safía, sueña Safía, vive y trabaja en Europa, integrada, Safía… No es una mala onda la inmigración. La diversidad de culturas, el intercambio sociocultural es una gran riqueza para los países del Primer Mundo. ¿Por qué no lo ven? ¿Qué sería del mundo si cada país se encierra en si mismo y cierra todas las vías de comunicación? No saben que “tantas lenguas hablas ; tanto vales” ¿Y si todos fuéramos idénticos, con una sola cultura y una uniformidad de costumbres?. Los inmigrantes aportan a la riqueza económica del país que les recibe y de su país de origen. Y hasta los genes, como nos explicaba la profesora de Bioquímica, se fortalecen cuando se diversifican por el cruzamiento. Hablaban mucho de interculturalidad en la prensa y se les llenaba la boca con esta palabra en las conferencias. Ahora Safía va sabiendo y comprendiendo: la interculturalidad de la que tanto hablan debe de ser su misma persona.

Sobre el dolor


Me manda Carlos una frase tremenda de Eckhart Tolle leída en «El poder del ahora»:

ÉSTA ES TU SEGUNDA OPORTUNIDAD DE RENDIRTE: si no puedes aceptar lo de fuera, entonces acepta lo de dentro. Si no puedes aceptar la situación externa, acepta la situación interna. Esto significa: no te resistas al dolor. Permítelo. Ríndete al dolor, a la desesperación, al miedo, a la soledad o a cualquier forma que adopte el sufrimiento. Obsérvalo sin etiquetarlo mentalmente. Abrázalo.

Sin duda es una frase tremenda, llena de fuerza. No podría estar más de acuerdo con la misma cuando desde hace tiempo entendí que el dolor bien comprendido podía ser bello… Y cuando se comprende y se transforma en belleza, deja de doler, pues el sufrimiento que nace del mismo desaparece y la sutileza de su enseñanza alivia el mal… El dolor, aunque parezca increíble, también puede ser alegría…

La tiranía del yo


Con vuestro permiso, empezaré la semana con un poco de guasa, porque con los tiempos que corren, más vale que afinemos esto del humor o acabaremos mal. Por cierto, le dedico esta guasa a P., que ayer me llamó con mal de amores tras un viaje por el Danubio y ante tirarse al río o cachondearnos con grados altísimos de misoginia hasta de nuestra sombra, preferimos lo segundo. Así que va por ti maestro y a vivir que nos quedan dos telediarios…

Estos últimos días andábamos bromeando sobre ese exuberante y grandioso «yo» que los autores, no todos, suelen llevar colgando. Lo expresan, -lo expresamos-, de mil formas. Les encanta hablar de ellos, imaginar éxitos futuros y presumir como niños hasta en las más ridículas maneras. Una de ellas es cuando les pedimos que nos envíen su currículum para ponerlo en la contraportada o en la solapa de los libros. Los hay de todas las clases, desde lo más modestos hasta los más increíbles. Y ahí es donde se ve claramente como el ego de unos y otros se expresa. El otro día me puse en contacto con un famoso escritor español especializado en sectas por motivos de la tesis. Hacía poco que había sido doctorante y ya en sus cartas escribía firmando como Dr. P.R.. Me impresionó lo de doctor. Detrás de su firma, venía una retahíla de títulos y otras paranoias propias de un ego con serios problemas. Se lo comenté a mi amigo A. que desde USA me hizo una parodia muy simpática que comparto con vosotros:

Dr. Don A. P. L.

Doctor en Filoso-fría y Caliente por la Universidad de Hamburgo. Master en Estudios Hemorroidales por la Universidad de Intestinopla. Doctor en Física Cuántica Desgracia nos Ha Caído. Diplomado en Arquitectura de Materiales de cartón de bingo. Formado en Guru y Visionario por la prestigiosa Universidad de Hardware.

La parodia no tiene desperdicio y refleja a viva voz hasta qué punto nos gusta hacer el ridículo, especialmente a esos que andamos por el mundo académico y que tanto nos gusta presumir de títulos e idioteces. El amigo de un amigo me lo decía con cierta gracia: «no sé porqué presumes de ser antropólogo si eso es lo más ridículo que existe en el mundo de las ciencias». Tenía toda la razón del mundo, pero ahí se le vio su propio plumero. En fin, que la falta de humildad es un problema mundial y no la vamos a resolver en dos mañanitas. Me miraré con más acierto mi propio ombligo e intentaré ir al tanto de que no se me vea demasiado el ego, aunque sea a base de falsa humildad. Agradezco también el tirón de orejas de M., el cual me advirtió que la contra de mi libro había puesto que había viajado por medio mundo cuando realmente, no había sido para tanto. Así que me veo con el dilema de, como autor y propio editor de mi libro, no saber qué decir sobre mí en la contraportada. Qué cosas… ¿alguien me puede ayudar?

Firmado:

El lisensiado Javier de León, Hijo(ez) de la tribu de Gom, proconsul de la parodia y la insurrección. Predoctorado en paranoia, cachondeo y contabilidad creativa por la Escuela Sanajuniana de Chicago. Promístico de la Vieja Era. Embajador de San Ajún para los países del medio Occidente. Príncipe Rosa Cruz por la Orden Mamónica del Séptimo imperio. Arquero del Reino y portavoz activo de la Hermandad del Espíritu Libre. Redactor-Jefe de la Revista Imaginativa El Espectáculo Dan-Tesco. Maestro Pre-Instalado del Trono de Salomón y auspiciador máximo del Tronco de su Viuda. Por falta de espacio no pondré los títulos caballerescos y nobiliarios que también poseo, pero de todos ellos, el que más me gusta es el de Príncipe de Jerusalem.

He dicho.

(Foto: como no sabía como ilustrar una reflexión sobre el ego y el yo, pues pongo una foto de mi casa, que es, al fin y al cabo, una prolongación exagerada de un ego enfermo que desea morir).

Excursión nocturna a La Montaña


La excursión, organizada por Participación Ciudadana, invitó, sobre todo, al intercambio, a imaginar el pasado y soñar con el futuro, pero sobre todo, a intercambiar historias bajo esa espléndida luna llena. Y aunque la noche prometía en cuanto al relato de terroríficas historias, no se escucharon muchos relatos de miedo, de fantasmas, de espectros, excepto los ya conocidos sobre las leyendas del viejo monasterio… A esas añadí la mía propia a raíz de una conversación sobre lobos. Hace un par de años fui a dormir a La Montaña con el perro Hiram. La noche fue tranquila, pero al día siguiente, mientras andábamos paseando por la abandonada capilla del lugar, de repente, sin razón alguna, se me pusieron los pelos de punta y sentí un pánico aterrador que paralizó todo mi cuerpo. Al mismo tiempo, Hiram empezó a ladrar desesperadamente, con todos sus pelos erizados, como si hubiera visto un fantasma o al mismísimo Baphomet o incluso algo peor. Ante el pánico inexplicable, salimos del sitio corriendo como nunca lo habíamos hecho. Y ayer, C., de forma casual, nos explicó que cuando un lobo se te acerca, tu cuerpo reacciona, sin tu haber visto ni tan siquiera a la criatura, con un pánico que te paraliza. Se te erizan los pelos y te quedas inmóvil sin saber qué está pasando. La historia del lobo me tranquilizó, pues durante años he pensado en lo qué ocurrió aquel día en La Montaña dando siempre explicaciones exageradas sobre entes de naturaleza extraña, invisibles y espectral. Así que la caminata de cuatro horas transcurrió bien, compartiendo historias, vivencias, incertidumbres y alguna que otra esperanza. Un buen grupo humano paseando y compartiendo… Esperemos que pronto sea la próxima… Quedo agradecido pues a los organizadores de la misma con la esperanza que esta y otras actividades se potencien en nuestro pueblo.

CREANDO UTOPÍAS


Estaba cercana la primavera de aquel marzo del 2007 cuando pasaba las frías tardes en la casa de hospedajes de la hermosa Rita, la Rainbow Lodge, en la bahía de Findhorn, Escocia. Llevaba dos meses reflexionando sobre las utopías, observando a aquella peculiar comunidad y meditando sobre alternativas reales a la vida común. A las cuatro de la tarde ya era de noche y a las seis cenábamos y tenía todo el tiempo del mundo para pensar, leer y escribir. La editorial Séneca acababa de nacer con mi primer libro y ya andaba escribiendo el segundo: Creando Utopías, lo llamé. Habíamos descubierto recientemente la posibilidad de hacer tiradas cortas mediante un sistema que llamaban POD, impresión bajo demanda, y queríamos experimentar con esa revolución editorial. Así que aceleré el proceso y para cuando terminé mi estancia en Escocia y me fui a Alemania el libro ya estaba practicamente terminado. Y en el libro relato de forma reflexiva todas las intuiciones, reflexiones y pensamientos que me venían en ese tiempo, un tiempo revolucionario para mí mismo, donde, sin yo saberlo, mi vida iba a cambiar radicalmente. Hubo un antes y un después importante después de ese libro y después de ese intenso viaje. Un antes y un después que merece otro viaje a otra tierra incógnita para repasar con calma todo lo ocurrido. Todo esto viene a cuento porque tras haberse agotado la primera edición, me acaba de llegar una reimpresión que ya está a la venta. Espero que os guste y que os ayude a reflexionar sobre vosotros mismos.
(Ilustración: Esta portada, al igual que el prólogo del libro, la hizo Mario Conde. En aquellos primeros tiempos, él diseñaba las portadas de la editorial y yo me encargaba de maquetar los libros con un ¡procesador de textos! Era el romanticismo de los inicios… )

Satemin



Se cree comúnmente que los sueños están fabricados con una sustancia irreal, que pertenece más bien al mundo de lo intangible y que, por lo tanto, supone una traba para asaltar a lo tangible y construir cosas reales. Un día, buscando un lugar tranquilo sobre la tierra, encontramos una pequeña granja abandonada y que por muy poco dinero estaba en venta. De repente se convirtió en un sueño. Incluso cuando miro la foto que acompaña este texto, es como si hubiera sido realizada desde un ángulo irreal. Y es que a veces los sueños tienen esa capacidad plástica de volverse realidad. Sólo hay que mimarlos, creer en ellos, trabajar para ellos… Pero por supuesto, hay que tener mucho cuidado con lo que soñamos, porque a veces, la materialización de los mismos no va acompañado de abanderados que puedan sostenerlo. Si deseo vivir en un palacio a cuerpo de rey, es posible que consiga ese palacio, pero luego tendré que tener en cuenta que un palacio de diez mil metros de vivienda habitable necesita sus cuidados. Así que tengamos cuidado con los sueños, o al menos, perfeccionemos los mismos hasta acertar con nuestros deseos más nobles y sinceros…
(Foto: Satemin es un pequeño paraíso en un lugar único. Es un sueño hermoso que sigue rondando por mi cabeza, pero siempre con el cuidado razonable de no pagar un precio vital excesivo).

Amor de padres


Cuando la generosidad no tiene precio, uno nunca sabe como recompensarla. Mis padres viajan hoy de vuelta a Barcelona y estuvieron hasta el último minuto pintando, cosiendo cortinas, arreglando vallas, limpiando rincones inhumanos, ya fuera haciendo de carpinteros o electricistas, o cocinando para ver como en un mes he cogido algunos kilitos de más… Me quejaba de tanta actividad pues me parecía injusto que sus vacaciones las pasaran ayudando a poner algo de orden en tan caótica vida, la mía, especialmente en lo que a lo material respecta. Y es que los arreglos de esta casa parecen infinitos. Realmente me ha conmovido esa generosidad infinita que a veces sólo se da en ámbitos muy cercanos, familiares o en algunos casos, espirituales. Sin duda soy privilegiado, y ojalá tuviera la capacidad de imitar esa entrega. Así que agradezco a mis padres tanto amor y su ejemplo vital.

(Foto: mi madre ayer cosiendo hasta bien tarde antes de emprender el viaje de vuelta).

Ecclesia


Redactar una página de un libro requiere, en muchas ocasiones, un mes de investigación, de viajes, de reflexiones, de interrogatorios a la historia, de crítica. Eso me está pasando con el libro que ya estoy ultimando y que lleva un retraso de casi dos años en su edición. La explicación es bien sencilla. Cada vez que lo retomo veo la inexactitud que existe entre la leyenda, el mito y la historia. Descubro que aún necesito más viajes, más tiempo y más recursos para enfrentarme a esta obra inacabada, así que he tomado la decisión de acabar lo que tengo y emprender en un futuro un segundo volumen con más ideas y una nueva aproximación al estudio. Ayer, para despejarme y ver con cierta distancia lo que llevaba, me fui a dar un paseo a Córdoba. Entré en una hermosa iglesia y pude ver las innovaciones del gótico en contraposición al románico. Los arcos de medio punto dejaron paso a una más sofisticada construcción llamada arco apuntado. Recordé, mientras observaba la amplitud que permitía las nuevas técnicas del medievo, aquella vieja leyenda sobre los constructores de catedrales en el que el maestro de obra se acercó a una cantera donde los aprendices pulían la piedra y les preguntó a tres de ellos: ¿Qué estáis haciendo? El primero contestó: me gano la vida. El segundo dijo: labro un bloque de piedra. Y el tercero, quizás con una visión más amplia de todo cuanto hacía contestó: construyo catedrales. Sin duda, el explorar esta visión nos acerca a un gran misterio, el misterio en el que al observar un templo, una catedral, o cualquier otro objeto labrado con alguna intención mágica o cósmica como puede ser el acercamiento del Absoluto a lo humano, un sobrecogimiento se apodera de nosotros. Un interrogante mayor sobre la Mente, la Vida y la Forma que hace temblar todos nuestros paradigmas y fortalezas… Realmente es apasionante, de ahí que disfrute tanto al atravesar la historia a base de interrogantes.

(Foto: ayer entrando en una iglesia cordobesa tras una meditación de calado hinduista que practiqué con un grupo de personas).

Singles


Los «singles» es un nuevo fenómeno social nacido gracias a la ruptura de los antiguos valores y viejas instituciones como el matrimonio o la familia. Esa ruptura ha creado al humano moderno, independiente, individualista, egoísta e insolidario que vive para sí mismo en un mundo reducido. Sin darme cuenta, en estos últimos meses me he ido convirtiendo en uno de ellos, hasta el punto de que cada vez que una mujer hermosa pretende entrar en mi vida la rechazo sistemáticamente. Me preguntan para qué vivo solo en una casa tan grande. Realmente la respuesta nace fruto de las circunstancias, ya que la casa fue diseñada para albergar una familia. Pero el proyecto fracasó y ahora, con cierta admiración, descubro que la soledad también puede ser buena si es administrada de forma justa. Mi última pareja, A., me sigue llamando todos los días para ver como estoy, para darnos las buenas noches como hacíamos antes y para desearme lo mejor. Ella está a más de tres mil kilómetros de distancia y aunque sabemos que no podemos volver a estar juntos, nos seguimos queriendo y respetando. Ambos nos hemos convertido en un ejemplo vivo de la expresión de este nuevo modus vivendi. También, y durante más de un mes, me ha estado llamando puntual L. Sin duda, se ha comportado siempre de forma respetuosa y amigable, hasta el punto de convencerme sobre eso de que el roce hace el cariño. Pero por algún motivo extraño, no he sabido corresponderle. Quizás por temor a que la cosa fuera a más, ahora que ya he conquistado mi reino yermo. Sea como sea, no se está mal solo, pero admito que el roce, el cariño de otra persona, los abrazos consumados, es algo que ni la historia ni las modas podrá sustituir…

(Foto: La semana pasada cambié la cama por una más grande. Dormir en una cama pequeña me estaba causando angustia. Por un momento pensé que lo hacía para volverme un absoluto ermitaño y de paso, evitar que alguien se colara en su estrechez.)

Más allá del Ego


A veces resulta difícil desapegarte del ego, de la construcción mediática que se construye a través de la personalidad. Precisamente el papel del ego es la de mediar entre la parte más sutil de tu existencia y el medio donde se desarrolla. Andaba buscando una foto para mi nuevo libro y cuando ya la tenía encontrada y algo manipulada con el photoshop se la he enseñado a mi madre, que anda de vacaciones por tierras de maría santísima. Cuando ha visto la foto me ha preguntado quién era. Ayer A. me decía que me parecía a un etarra, quizás dándome a entender que la foto no sería la más apropiada para la contraportada de mi nuevo libro. Pero si mi propia madre no me había reconocido, la gente de la calle tampoco lo haría, así sumaba puntos en esa insistencia mía sobre la invisibilidad del «espíritu libre». Mientras paseábamos estos días con M. por las calles de A Mezquita, la gente nos paraba para saludarlo y hacerse fotos con él. La popularidad a priori puede resultar divertida, pero la falta de intimidad puede llegar a ser asfixiante. Cuando fuimos a Portugal M. hizo algunas bromas y me dijo en susurro: «esto aquí puedo hacerlo». Esa frase me resultó chocante… ¿Y por qué no hacerlo también allí? Y fue ante esa pregunta cuando me di de bruces ante la realidad del Ego… del mío propio, el cual representaba su propio papel en un lugar que no era el mío… Y ante esa reflexión reaccioné a toda prisa: la pureza de cada uno comprende su manifestación en cualquier lugar, y ese es el principio de toda libertad. Pero en este juego de máscaras todos nos hacemos una imagen del otro que crea adicción (no podemos separarnos de ella, ni cambiarla, porque es «nuestra» imagen), y en casi todos los casos esa imagen suele ser romántica y exagerada, adecuada a nuestras exigencias. Si hemos creado una imagen de alguien que nos cae mal, será un diablo y será difícil modificar esa imagen. Lo mismo ocurre si alguien nos cae bien. Cuando luego nos damos de bruces con la realidad, podría pasar que la misma nos decepcionara. Es lo malo de los prejuicios, ya sean estos negativos o positivos. En fin, egos aparte, aquí dejo la fotografía de la que hablaba para que me digáis si es apropiada o no para un libro «serio».
Por cierto, mi amiga M.A. siempre me decía que si no me parecía un exceso de egocentrismo tener un blog en el que se habla de uno mismo y de tu propia vida. Muchas veces lo he pensado y amante del anonimato he estado a punto de cerrar el chiringuito. Cuando lo he hecho muchos me escribieron para que volviera a este lugar en el mundo. Así lo hice y ahora, con el paso del tiempo y visto que un blog también puede ser una bonita forma de compartir cosas, me alegro de haber seguido… Gracias pues a los que me animasteis en momentos de duda.
(Foto: algo de historia sobre la foto, dijo el ego. Fue sacada en la India, en Mount Abu, en un maravilloso octubre de 2008. Estábamos viendo un atardecer y realizando una meditación con un grupo de gente bonita en una gran montaña increíble y perfecta para elevar los pensamientos y anular el ego a la mínima expresión. Hice muchas fotos a los allí presentes, y como no tenía a nadie que me inmortalizara, lo hice yo mismo fijando la mirada al valle y disparando como pude el objetivo).

España sigue retrocediendo en libertades


Uno de mis primeros artículos que escribí para prensa trataba sobre el Gran Hermano, allá por el año ’94. El Gran Hermano en versión española, es decir, en versión cutre, porque España, si por algo se caracteriza es por lo cutre de casi todo cuanto hace si exceptuamos la tortilla de patatas y la paella y alguna que otra cosa más. La noticia viene esta vez de la DGT, la cual se va a gastar una millonada en la implantación de nuevos radares para mejorar lo que ellos llaman, de forma cruelmente cínica, nuestra seguridad. Podríamos pensar que la sangre española es menos racional y por lo tanto más impulsiva y que cuando nos ponemos a las manos de un volante tendemos a acelerar y no respetar las normas de circulación. Pero esto no es un problema de sangre, ni de raza, es un problema de educación. Cuando vivía en Alemania me resultaba chocante ver como a las tantas de cualquier hora y ante avenidas totalmente desiertas, los peatones no empezaban a andar o cruzar la calle hasta que el semáforo no estuviera en verde, independientemente de que no hubiera ni un solo coche a veinte kilómetros a la redonda. Respetuosos hasta el límite, tienen normas avanzadas sobre la convivencia, el respeto, y por supuesto, la circulación. Allí, en las autopistas, no existe límite de velocidad, y por lo tanto, no existen radares. En España se nos ve el plumero en el afán recaudatorio y en normas absurdas para un pueblo que a veces se comporta de forma absurda. Cuestión de educación. Y como nuestra educación es cutre, pues es mejor gastar el dinero en radares y no en escuelas, profesores y medios adecuados para una adecuada educación. Así nos va, en casi todo. Y si lo que desean es seguridad, que se gasten los dinero de los radares (60 mil euros para los radares viejos y 600 mil euros por los nuevos) en arreglar las carreteras secundarias y en quitar los peajes de las autopistas. Muchos accidentes se producen porque gente sencilla, pobre y sin recursos o cientos de camioneros diariamente arriesgan sus vidas en carreteras secundarias por no pagar el dichoso peaje de turno. Véase como ejemplo claro la Nacional II en el tramo entre Zaragoza y Fraga, donde hay autopista de peaje y donde la nacional se llena de camiones y accidentes todos los días.

Ecuanimidad


Resulta difícil sentarse al borde del camino y no perturbarse por todo lo que ocurre a tu alrededor. Un gallo que grita a las seis de la mañana, un hombre que miente una y otra vez, una amiga que te llama para consolarte y darte ánimo y tú no sabes como agradecer todo cuanto hace… Es difícil ser ecuánime en un mundo lleno de conflictos, circunstancias, estímulos. Es difícil no perturbarse por nada aunque esa sea la práctica por excelencia de la meditación, del zazen, de la vida plena y de la iluminación búdica. Ecuanimidad. Dar su verdadero valor a todas las cosas, como esa noche de pasión inolvidable, como aquel canto de madrugada, como aquella mirada intensa o el susurro suave de ese aire que roza cada una de tus entrañas. Es difícil esa imparcialidad de juicio, de no prejuzgar lo que no conoces, de crearte una imagen sobre alguien en tu cabeza sin que esa imagen sea más grande o más pequeña que la persona que pretende suplantar… ¿Como conocer al otro si no nos conocemos a nosotros mismos? La actitud equilibrada y constante pretende llevarte hasta esa senda, pero ahí está el gallo que canta, que te recuerda lo débil que podemos llegar a ser cuando no somos capaces de sentarnos en nuestro trono, en nuestro centro… Madre… ¿quiénes somos? ¿qué hacemos aquí? ¿para qué hemos venido? No te perturbes por nada… decía el huracán mientras atravesaba tu casa… No te quedes inmóvil al borde del camino… decía el poeta ya desaparecido… Ahí está la muerte… ahí están los verdugos… Ecuanimidad de huracán o de poeta, pero en ambos casos, ecuanimidad…

Construyendo una nueva vida


Volver a empezar… casi se ha convertido en la cantinela habitual en mi vida… Volver a construir, volver a resituar en todos los planos aquellos sueños que predominaban y que aspiraban a plasmarse en una manifestación real. Ayer hablaba con C. de la necesidad de tener una misión vital en la vida. Me sentía satisfecho, le decía, por haber alcanzado aquellas metas que hace diez años me impuse como proyectos a medio plazo. Externamente, había conseguido aquello por lo que cualquiera lucharía y dedicaría toda una vida. Me siento satisfecho, le decía, en cuanto a esos proyectos vitales que todo ser posee. Sin embargo, y tal y como dice el poema de Whitman, mi alma no se siente satisfecha, pues tras alcanzar estas montañas y estos valles y mirar al infinito que nos espera, sólo deseo alcanzar nuevos mundos, ganar esas alturas y seguir hacia adelante. Hoy me ha escrito A. Se siente feliz para emprender una nueva vida y le he ofrecido mi apoyo como amigo para ayudarla en todo cuanto esté en mis manos. Es hermoso terminar una relación y acabar como amigos, con esa madurez que nos dice que fue hermoso mientras duró y que ahora toca caminar a solas, a la espera de nuevas y profundas enseñanzas. Que así sea… otros universos nos esperan…

Entrevista a un masón


Aprovecho la recesión veraniega para hablar de mi primer libro, emulando a ese Umbral cabreado. «Entrevista a un masón, perspectiva antropológica de una realidad ignorada» fue sin duda todo un experimento que dio vida y nacimiento a Editorial Séneca. El último año en la facultad tuve que hacer un trabajo y por llevar la contraria a una antropología aplicada que ya empezaba a aburrirme hice algo verdaderamente «exótico». Trató mi trabajo de fin de carrera sobre la masonería, sobre sus ritos y sobre sus perspectivas ante la vida. Hice un trabajo de investigación que me llevó a hacer algunas entrevistas las cuales recogí en este libro. Además, el libro tiene un epílogo muy interesante de M.C., masón reconocido que prefirió mantenerse en el anonimato hasta el día de hoy. La Tradición Universal, los Misterios menores y mayores, las órdenes iniciáticas a lo largo de la historia, la sabiduría perennis, la cadena iniciática, … El libro no tiene desperdicio en cuanto a lo «exótico» de su perspectiva y por tratarse de una aproximación antropológica de un fenómeno que ha dado mucho de que hablar. En fin, me hace ilusión, una vez superada la parte vanidosa del asunto, poder hablar de mi primer libro… Por cierto, se hizo una reseña del mismo en una revista de antropología:
El libro se puede comprar en Séneca:

Hornachuelos en el alma


Además de ser el título de uno de los libros que Editorial Séneca ha editado, secuestro el nombre y lo hago mío para contestar las quejas de alguien que dice que no hago bien al pueblo con mi blog. Seguramente ese alguien no ha leído bien el blog porque en ninguna parte me quejo de este pueblo, sino todo lo contrario, lo defiendo a capa y espada allí donde estoy. Otra cosa es que me meta con aquellos políticos de salón que presumen de estar luchando por el pueblo cuando lo único que hacen es fastidiarlo más, especialmente a sus gentes. Gracias a la Editorial Séneca, Hornachuelos está siendo conocida en lugares insospechados no sólo de España, sino del extranjero. ¿Una editorial en un pueblo? Qué cosa más rara, dicen la mayoría… Y entonces es cuando empiezo a promocionar, a cual guía turístico, las maravillas de este lugar. No confundamos la chicha con la limoná, que una cosa es la joya de la corona y otra los asalta cuellos que desean coronarla. Y puestos a hacer propaganda, sirva de referencia que esta humilde editorial que dirijo ha editado ya seis libros de esta bello lugar en su colección Furnuyûlush, es decir, el doble de los que se han editado en toda su historia. Creo que esto es un lujo para el pueblo que pocos o casi nadie sabe apreciar. Pero no se vayan todavía, que aún hay más…

¿Se puede vivir sin televisión?


Cuando vivíamos en Barcelona compramos un bonito televisor de diseño de la marca Loewe, carísimo pero hermoso para decorar el bonito salón del adosado. Quedaba austero con las paredes blancas carentes de cualquier exagerada decoración. Como era grande y era lo último, porque por aquel entonces siempre estábamos a lo último en tecnología, nos gustaba mirarlo, incluso cuando estaba apagado. De hecho, creo que pasaba más horas contemplándolo cuando estaba apagado ya que sólo lo utilizaba para ver las noticias de las tres y estar informado del mundo de forma visual. Por la mañana recibíamos la prensa en casa y casi nunca teníamos tiempo de verla, tampoco la tele y tampoco casi nada debido a la vida acelerada de la ciudad y la ambición de abarcar cuantos minutos pudieran dedicarse en nombre del progreso. Y el progreso consistía en eso, en tener una gran casa y lo último en tecnología, en coches, en televisiones y ordenadores para luego descubrir, con cierto desencanto, que no teníamos tiempo para disfrutarlo. Cuando me mudé al sur buscando cambiar progreso por tiempo, descubrí con asombro que podía disponer de más tiempo y alejado de la necesidad de progreso. Así que regalé mi bonita televisión, mis bonitos ordenadores de última generación y todo cuanto me resultara innecesario. De la quema de brujas me quedé con mi pequeño portátil de más de cinco años, toda una antigualla en el vertiginoso mundo de la tecnología. Y ahora miro las paredes y no veo aquella televisión de diseño, tan bonita ella. Ya casi ni me acordaba de sus sensuales formas, pero sí de los momentos que pasaba todos los días, a las tres de la tarde, mirando las noticias, tumbado en aquel sillón, también de diseño, que también regalé. Ahora no tengo tele, pero admito con cierta humildad que echo de menos el sillón y esos momentos a las tres de la tarde.

La Bobalización


«No entres dócilmente en ese sueño… Lucha, lucha con rabia contra la muerte de la luz.» Dylan Thomas

El término no es mío, lo acuña Galeano en su último libro y me parece un término muy interesante por muchas razones. La primera, la adormilera extraordinaria que sufre la sociedad civil. La segundo, el cachondeo morboso al que concurre la clase política, dominando, con sorna y mal gusto el sueño patológico de sus súbditos. Las revoluciones ya no sirven, al menos esas llenas de sangre y tripa. Y las rebeldías disminuyen, o son masacradas a sangre y pólvora, como últimamente pasa en China. El mundo descansa, con crisis internacional incluida, en una especie de sueño de Morfeo donde la felicidad se consume en las cuentas del largo plazo, asustados quizás por el exceso de cosas y el exceso de casi todo. Qué caló, suspira la mayoría, intentando con esa frase evitar la conversación o los problemas. Porque hablar del tiempo es un recurso que nos salva de todo. ¿Qué nos pasa? Pues eso, que estamos dormidos, hace caló y todo nos da igual, absolutamente igual. Será que la sociedad pasota de los años ochenta se ha hecho mayor y ahora ese pasotismo se ha globalizado convirtiéndose en la bobalización. Pues eso… qué caló…

Desde Lérida


Hoy se reúnen bajo la Bóveda Celeste un grupo de hombres justos para entronar a un príncipe de la rosa y de la cruz. Reina el silencio, verdadera puerta hacia el perfeccionamiento.

¿Progreso o regreso?


El progreso parece una fórmula agotada. Lo humano, contaminado por ese virus llamado ambición, desea siempre tener más, querer más. Es un ser insatisfecho, y no hay nada que le detenga hacia esa marcha imparable. Quizás deberíamos regresar a un estadio simple, vacío de ambiciones, o al menos, ambiciones dañinas, donde podamos recuperarnos pacíficamente de todo cuanto ocurre. El progreso desmedido que hemos sufrido en este último siglo puede acabar con la raza humana si no somos capaces de dominar nuestra conducta. Así, dejemos de progresar en lo material, y en todo caso, regresemos al mito del eterno retorno para retomar los valores y la esencia que nos debe caracterizar… Regresemos a nosotros mismos…

(Foto: Mina de la Plata, un lugar que en su día simbolizó el progreso, y ahora está de vuelta hacia ninguna parte… Posadas, Junio de 2009)