La insoportable levedad del ser


Los vi paseando hace unos días. Iba en mi bici dirección el centro del pueblo cuando no pude más que pararme tras ellos y sacar la foto que acompaño. Me quedé parado, inmóvil, contemplando su paso lento, interrogándome sobre lo que debe pasar por sus cabezas a pocos años del final, sobre eso a lo que un amigo llamó la continuidad de la tragedia. La levedad se alzaba en el instante, sumergidos en un gerundio caminante hacia ninguna parte. Y es que la tragedia está ahí y más pronto que tarde nos alcanzará en cualquier paseo, en cualquier madrugada. Y entonces, segundos antes, nos preguntaremos si todo ha merecido la pena. Pocos son los capacitados para apreciar las obras, las pequeñas obras, y de aquellos que en virtud lo hagan, serán despreciados por sus coetáneos. Pasarán generaciones antes de que la virtud pueda trascender a la tragedia y podamos regocijarnos de todo cuanto ocurre a cada instante, como ese momento en el que contemplaba el doble ocaso y me interrogaba sobre el porqué de las cosas.

(Foto: Ancianos paseando por La Montaña, junio de 2009)

De vuelta y media


Estamos rodeados de un exceso de cosas… Me doy cuenta cada vez que hago una mudanza y ya han sido muchas. Y en todas ellas, excepto de mis libros, intento deshacerme de todo lo inútil y superfluo, pero luego, como alimañas que necesitan acumular basura, vamos comprando y almacenando un montón de cosas inútiles que van cogiendo polvo y recuerdos. He decidido meter todos mis libros y recuerdos, esas cosas que vas acumulando durante años, en la planta de abajo que es la que utilizo, además, para trabajar. Y la planta de arriba, donde vivo y está eso que llamamos hogar, está vacía de casi todo, excepto de aquello imprescindible para vivir. Así, si algún avispado ladrón decidiera entrar a robar cosas de valor, tendría que traer un camión bastante grande pues lo único de valor existente en esta guarida de tesoros intangibles es mi cúmulo de libros y poco más. No necesitamos tantas cosas, y quizás como en la película «El Planeta Libre», debamos hacer una verdadera revolución y deshacernos de casi todo excepto de lo imprescindible, que la mayoría de las veces suelen ser cosas que no pueden medirse, ni tocarse, por formar parte de eso que llamamos la naturaleza espiritual de lo humano…
(Foto: panes recién hechos en la Granja Meier, Alemania).

La felicidad


La felicidad es un término que me gusta por muchas razones, pero quizás ninguna de ellas podría clasificarse como razones comunes. Creo que la felicidad consiste en seguir los designios de tu corazón… cuando haces eso, la felicidad llega y lo demás casi siempre te suele hacer infeliz. Por eso hace tiempo que no voy en búsqueda de la felicidad… me limito a hacer aquello que considero es lo que mi corazón me dicta, y tomo a la felicidad como un síntoma verdadero de que ando por ese camino, nada más. Por lo tanto, la felicidad ya no es una meta, sino un camino, un síntoma de algo mayor, y no un objetivo a seguir… Y mucha gente se siente infeliz quizás porque confunda la felicidad con una meta a alcanzar, cuando tan sólo tendría que tener el rango de despertador, o avisador, o regulador de la actividad diaria… Si eres feliz es porque estás haciendo esa cosa profunda y a veces tan difícil de descubrir como es tu propio propósito interno… Eso, y no otra cosa, es productora de felicidad…

(Foto: Mientras repartía boletines por el pueblo aprovechaba para descubrir nuevos rincones y hacía foto a todo aquello que me parecía nuevo o diferente. Me paré a mirar un corral lleno de gallinas que se preparaban en la copa de una higuera para pasar la noche. Las noté felices, porque estaban haciendo aquello por lo que habían nacido: ser gallinas. La Montaña, mayo de 2009).

Sobre las Causas Primeras


Ayer atravesé sin querer un hormiguero entero con la fuerza de mi azada. Las hormigas, confundidas al principio, reaccionaron rápidamente ante la catástrofe intentando reconstruir el hormiguero y defendiéndolo de cualquier otro ataque. En ningún momento las vi meditativas, reflexionando sobre la naturaleza de la azada, ni siquiera sobre las causas que habían provocado dicha catástrofe. Únicamente se disponían a seguir su propio Propósito. Sé que a mi amigo Mario no le gusta esta palabra, pero creo en la esencia de que cualquier mirada hacia dentro conlleva inevitablemente una resolución diferente ante la vida. Si miramos dentro afrontamos el mundo de los Efectos desde una perspectiva diferente, ya que al vaciarnos de nuestro contenido (experiencias pasadas y herencias) somos capaces de nacer nuevamente en el Mundo de las Causas y los Arquetipos. Y en ese estadio de cosas, dejamos de cuestionarnos los asuntos del día a día para ponernos a trabajar en reconstruir nuestro propio mundo. Es así como tras la mirada interna necesaria, nace la mirada externa preñada de pequeñas acciones diarias que pretenden un mundo nuevo. Y la suma de todas esas acciones provoca inevitablemente la venida del Nuevo Mundo. Y nunca habrá fracaso porque el mayor fracaso es el de dejar de intentar…

El canto del búho


Ayer paseábamos tras la visita al Hospital y hablábamos sobre lo humano y lo divino. Había preguntas esenciales en el aire. Las manifestaciones de nuestras mil voces internas atienden a requisitos hereditarios, de sumisión social e implicaciones emocionales que dominan nuestras vidas constantemente. Nos aferramos a una de ellas, normalmente a la más fuerte, sin identificar su procedencia. Y en muchas ocasiones erramos en la elección pues esa voz, que nace de algún residuo del pasado, no es la Voz que brilla más allá del círculo-no-se-pasa, ni tiene que ver con ese contacto íntimo y profundo de la parte más sutil de nuestro ser. Y entonces, en esas andábamos cuando llegamos a la conclusión de que sólo desde el Silencio se puede observar y entender al Observador, alejados de los ruidos y las voces de nuestros yoes. Hoy escuchaba un hermoso Haiku zen que describe a la perfección esta idea:

Después del canto del búho,el silencio de la montaña es más profundo aún. Lo esencial no es lo que hemos dicho, sino lo que no hemos dicho, y, sin embargo, ha sucedido y es real.

(Foto: Paseando ayer por los recuerdos del pasado. Esa casa siempre me impresionó y la guardo en la memoria como una voz que me transmite confianza, curiosidad y respeto).

Altos Grados de Masonería


El amigo Galo presentará su interesante libro sobre los altos grados de la Masonería. A todos los que os interese este fascinante mundo, estáis invitados a su presentación en Barcelona.

La rana sincrónica


Ayer, mientras volvíamos de noche por la carretera, ya llegando a la Montaña por el viejo camino de Nublos, intentaba esquivar para no cometer ningún ranicidio a todo anfibio que reposaba en ella. Siempre que circulas por esa carretera tras una lluvia, se llena de ranas y sapos y siempre pienso en poder pararme con un cubo para recoger algunas y llevarlas al jardín. En Barcelona tenía un pequeño estanque y me gustaba criar en él todo tipo de peces, tortugas y ranas que crecían alegres ante el sonido inquieto de la pequeña catarata que había construido con rocas. Ayer pensé de nuevo en esa idea. A los veinte minutos estábamos ya en casa y cual fue mi asombro cuando al salir a la terraza para ver como andaba el pequeño huerto tras los días de ausencia vi allí, ante mi mirada atónita y la suya a una pequeña ranita. Jung tuvo una experiencia parecida cuando atendiendo a un paciente que le hablaba de sus traumas y un escarabajo verde apareció en ese mismo instante venido de la ventana un escarabajo similar al descrito por su paciente. Jung llamó a eso sincronías y soy aficionado a buscarlas en mi vida o a que ellas me encuentren, a veces por arte de magia, como dicen algunos, y otras, las más increíbles, a base de causalidades inexplicables. La anécdota de la rana me ha recordado el tema de las sincronías y de como a veces, ante la «casualidad» de los incrédulos o la causalidad de los más enrevesados tienden a manifestarse constantemente en nuestras vidas. ¿Cuantas veces no nos ha llamado ese amigo en el que estábamos pensando? Quizás no todo sea como parezca… quizás sí…

Fuerzas telúricas en la Montaña de los Ángeles


Esta mañana el poeta Oscar me ha invitado a desayunar una generosa «media» con tomate y buen aceite. En ese instante ha entrado en el lugar Joaquin al que conocen por el «moderno». Oscar me lo ha presentado y ha habido una corta pero singular conversación. Curiosamente Joaquin se hacía los mismos interrogantes sobre el lugar que los antiguos monjes eligieron para alzar el Monasterio de los Ángeles. En un trabajo que realicé para la Universidad de Sevilla intenté explicar que la elección de los lugares sagrados no era fortuita, sino que se debía a una especie de búsqueda de lugares de «fuerza». Joaquin ha sido más explícito coincidiendo con mi tesis: la Montaña es un lugar plagado de «fuerzas telúricas», por eso no es baladí que sus fundadores eligieran ese lugar perdido en mitad de la sierra, casi inaccesible, y no cualquier otro. Luego ha hablado de la existencia de Templarios en el lugar y también de un Baphomet en la iglesia del pueblo… En fin, la corta conversación no ha tenido desperdicio y espero que hayan más pues me interesa mucho las ideas que existan en torno a la Montaña. Con MC ya hablaba en largas epístolas sobre esa creencia, epístolas que posiblemente verán la luz en un futuro pues no dejan de ser interesantes al respecto. El Camino que cruza La Montaña hasta Los Asientos es un lugar plagado de fuerza, un lugar sagrado que espera su despertar angélico, tal y como lo describió en su tiempo Alejandro Guichot. Que así sea…
(Foto: La Montaña vista desde el antiguo Monasterio Al fondo se puede divisar la barcaza «insumergible» que aproxima a los turistas al lugar, marzo de 2009).

Toma la vida como un desafío


Creo en todo aquello que nos permite poner a prueba nuestra capacidad de transformación. Un gesto, un movimiento, una palabra, una mirada. Podemos inquietar si somos capaces de crear nuestra propia leyenda, nuestro propio mito. Recorrer el camino, el viaje iniciático hacia la esencia de lo que somos. Dejarnos llevar por la llamada, por ese eterno retorno…
El tiempo pasa… no se detiene… Es la consciencia trágica del tiempo… de lo limitado… No te detengas tú tampoco… hay mucho por hacer… Recordemos a cada instante que estamos vivos… grabemos esa visión en cada segundo de nuestra existencia… Realcemos en alabanzas, en cantos, en bailes llenos de alegría el poder ser, de sentirnos miembros de esta nave tierra en la deriva cósmica… Levantemos los corazones y hagamos de cada instante una oportunidad única… Estamos vivos… lo siento… soy… somos…
(Ilustración: Grupo de pitagóricos celebrando la salida del sol, agradecidos por el nuevo día, conscientes a cada momento de que el milagro puede obrarse en esta nueva oportunidad).

¿Ganar el mundo y perder el alma?


Esa ha sido la discusión de esta tarde con Carlos. Empeñados en distraer nuestras vidas con las diez mil cosas olvidando todo aquello por lo que realmente merece vivir y que en todo trasiego vital ponderamos como necesario en esa lucidez que a veces nos acompaña… Y esa lucidez es necesaria porque de ella parte la duda y de la duda la sospecha de que todo cuanto pensamos, sentimos y vivimos debe soportar la increíble y asombrosa extrañeza de que las cosas no son como parecen ser. Hoy hemos imaginado un mundo como una cebolla, rodeado de capas. Cada uno se instala en la capa que le resulta más cómoda, según el patrón que la vida ha formado de sí mismo o el patrón que cada uno ha construido para acomodar sus virtudes y carencias al mundo que entiende como real. Sorprendentemente podemos destruir ese patrón antiguo y modificarlo por otro. Podemos romper con el círculo vicioso de la vida tediosa y expandir nuestra consciencia hacia otras capas de esa cebolla infinita. Podemos ganar el mundo pero a costa de perder el alma… ¿Y qué sería lo contrario? Buscar nuestro centro, convertirnos en guerreros del espíritu y sopesar que todo cuanto hacemos es para divinizar cada acto de nuestra vida, independientemente de si con ello vencemos o perdemos en la batalla. Y eso significa respirar profundamente a cada instante y sentir que eso que hacemos nace de nuestro infinito patrón, de nuestro código más profundo. Siendo así, tengo ganas de perder el mundo y ganar el alma… o mejor dicho, dejar que al alma avance victoriosa por mi mundo…

Gracias Carlos por la charla… Quizás hagamos ese viaje al Cuzco, como aquella vez que nos fuimos a Escocia porque el alma así nos lo dijo, cambiando nuestras vidas para siempre…

(Foto: El mundo visto desde el cielo… Con esa perspectiva, lo de abajo parece pequeño y lo de arriba infinito, siendo ambas realidades percepciones mentirosas y limitadas… En el fondo, como es arriba es abajo… Delta del Ebro, marzo de 2009)

El Sabor de la naranja cósmica…


Llegamos el domingo de madruga a La Montaña de los Ángeles tras un largo (en la distancia) y corto (en el tiempo) viaje por Madrid y Barcelona… Por la noche fuimos a misa sin que el día diera para muchas más alegrías. Lo de misa es algo que hago con frecuencia por eso de que en cualquier templo, independientemente de la confesión que sea, uno puede contactar con la esencia de todas las cosas. Puertas al Universo, los llamaba Eliade, y así me gusta verlo, una puerta al infinito, pero sobre todo, a la infinitud humana. Al salir, mientras cogíamos naranjas en el parque que hay justo detrás de la biblioteca, intentaba explicar a Anja la relatividad de la cultura y de todas las cosas, especialmente la relatividad de las creencias humanas. Imaginaba a la naranja como un universo partido en trozos triangulares cuyos vértices se unían en el epicentro de la misma. De la base de cada triángulo nacían infinitos cubos y de esos infinitos cubos nacían muchos más. En cada uno de ellos había en su parte superior un agujero por donde penetraba la esencia de la naranja, de su núcleo, alterada en todo caso por todas las capas y subcapas por las que antes de llegar, había tenido que atravesar. Y así llegaba el zumo, con un sabor y una textura especial en cada cubo final. Y en uno de esos cubos estaba el planeta Tierra, asentado a su vez en millones de argumentos diferentes sobre si el zumo de naranja de esa peculiar fruta recogida en un jardín muy cerca de la biblioteca se hallaba algún atisbo de verdad o absoluto. Me imaginaba a seis mil millones de habitantes discutiendo sobre el color, el sabor y el olor de la naranja… Y mientras eso ocurría, ya habíamos llegado a casa y Anja exprimía lo que sería la esencia vital de todos los zumos, de todas las creencias, de todas las opiniones. Y allí acabó todo, en el disfrute de una bebida refrescante… No perdamos el tiempo en nuestras creencias… Vayamos a cualquier sitio, ya sea este un jardín, un templo, una sala de baile o una montaña nevada… vayamos, respiremos y disfrutemos del instante único de la experiencia… Las creencias sólo sirven para dañar el consumo de experiencias, de tiempo, de esencias… tómate el zumo y luego medita sobre él… con total desapego sobre lo que fue, lo que será o lo que es en este mismo instante…

(Foto: Cosecha del domingo pasado. Naranjas para la reflexión… Por eso de que las cosas no son lo que únicamente aparentan… La Montaña, Marzo de 2009)

Muerte en el exilio…


Hoy se cumplen setenta años de la muerte en el exilio de Antonio Machado. Los poetas y los intelectuales siempre viven en el exilio, ya sea este físico o ideológico, así que el exilio forma parte de la vida, del viaje interior, de la concurrencia hacia ese lugar prometido donde uno se cree más libre. La rebeldía necesita de exilio para comprometerse con el mundo. Es la única forma de permanecer en esa constante huida hacia adelante. Pero a veces el exilio es un lugar engañoso, una pasarela de sombras que desvían la atención de la verdadera intención. Hablando de exilio… llegué anoche de mi viaje por tierras germanas y esta noche me marcho a Málaga… Anja ha decidido pasar unos días en Andalucía… Creyó que aquí la primavera ya ha llegado… y eso parece al ver tanto sol brillar radiante y tanto pájaro berrear alegre… Bienvenida sea… Anja y primavera…
(Foto: En el exilio germano con los perros de la granja, Weitsche, Alemania, febrero de 2009)

Masones en la España de los años ’20


Recibo de José María una interesante fotografía de una reunión masónica a finales de los años 20 en la que podemos ver a figuras tan conocidas como Demófilo (Antonio Machado). La masonería por aquella época nada tenía que ver con la masonería que se destila en estos momentos, siendo modelo de modernidad y nuevas ideas. Tanto fue así que inspiró las paranoias de algunos dictadores que veían en ese movimiento un complot para dominar el mundo.

Jaimito y su puta madre en el trampolín de la muerte…


La frase no es mía pero se la escucho decir con esa gracia que le caracteriza a un amigo afamado. Y hoy me apropio de ella porque estos días se cruzan por mi vida muchos Jaimitos que les gusta jugar y tantear el destino en el trampolín de la muerte, saltando a diestro y siniestro encima de él para tentar aún más su suerte. Además, lo hacen recordando aquella frase de Nietszche que tanto me gusta: cuando algo esté a punto de caerse, empújale. Así que empujar a Jaimito cuando hace malabares que lo único que pretenden es acabar con la escena cayendo al vacío es un favor que se le debe. No es por maldad, sino por compasión. Hay cosas que no se pueden tolerar como el engaño, el odio o el interés personal por encima del colectivo, así que lo mejor es que Jaimito caiga por su propio peso, soplando un poquito por aquí y por allá para ver si tropieza de una vez. Y ese Jaimito podemos ser cada uno de nosotros en situaciones absurdas, estúpidas, sin sentido, que requieren un tropiezo a gran escala para volver a situarnos en nuestro centro. Ese Jaimito, utilizando de nuevo el plano de lo simbólico, porque a estas alturas, para qué hablar claro si lo claro asusta y no se entiende, puede ser cualquiera en una situación de indecisión, de cobardía, de idiotez absoluta, donde lo único que necesita, ya sea por fuerzas externas o por movimientos internos de cada uno, es un pequeño empujoncito. Pues eso, sigamos con nuestros malabares hasta que alguien o algo nos ponga en nuestro correcto camino…

Reinventarse a uno mismo


Hemos construido durante años una red de pensamientos, emociones y acciones que nos atrapan en una realidad dibujada según las coordenadas impuestas por los muros de nuestras creencias, nuestras antiguas normas, nuestros moldes y nuestras caducas tradiciones. Nuestra psique está determinada por todo cuanto hemos aprendido. Y resulta imposible cambiar esa estructura porque eso sería cambiarnos a nosotros mismos, perder nuestra identidad original, nuestro apego a esas esencias que nos construyen como humanos. Sin embargo, es necesario despertar en la mente humana una revolución radical. Una destrucción de todo aquello que nos impide ser libres. Todo aquello que nos ata al pasado o al futuro impidiéndonos ser conscientes de todo cuanto somos ahora y de todo cuanto podríamos llegar a ser. ¿Cómo es esto posible? Existe la posibilidad de desapegarnos de todo aquello que sentimos, de todo aquello que pensamos y de todo aquello por lo que actuamos normalmente. Tomar consciencia de que nosotros somos algo mucho mayor que la suma de todas esas partes. No somos lo que sentimos, ni lo que pensamos, ni lo que hacemos, ni lo que creemos, a pesar de que, constantemente, nos identificamos con ello. Pensar que somos eso que decimos es como pensar que la vida que nos ofrece el sol es la esencia del sol. El sol no es la vida pero es capaz de transmitirla. El sol no es la luz, sin embargo es capaz de dotar la oscuridad de luminosidad. Así somos nosotros, con nuestras luces y sombras, pero siempre con la certeza de estar distantes de las mismas. Capaces de soportar la derrota y la victoria, capaces de estar más allá de la soledad o la compañía. Capaces de soñar mundos que jamás existieron. Sin estar imbuidos en sus latitudes. La importancia de nosotros mismos radica en destruir lo que nosotros mismos hemos construido a nuestro alrededor. Porque al hacerlo, nos consideramos dueños de nuestro destino y sabedores de la fuente que nos dota de la fuerza necesaria para seguir un día más. No eres el director de banco, ni el encargado de barrer las calles, ni el viudo que perdió al amor de su vida ni el separado… No eres la patrona del barco ni el que pone las piezas en el almacén… No eres el enfermo o el parado, el estudiante o el mendigo. Todo eso son personajes que pueden ser cambiados, destruidos, modificados. Sólo hay que escarbar bien ahí dentro y buscar qué es lo que realmente somos o queremos ser… Y para eso, como decía, es necesaria una revolución radical…
(Foto: el payaso se reinventa constantemente porque es consciente de que vivimos en un mundo de máscaras… En Linares, enero de 2009).

Duelo…


Escribía el otro día unas palabras a una amiga que reproduzco ahora con su permiso. Y lo hago para recordarme que a veces los procesos de separación son dolorosos, pero también necesarios. El apego a los seres queridos, aquellos que están o aquellos que se van suele ser uno de los mayores problemas a los que nos enfrentamos en las relaciones humanas. El apego no deja espacio a la libertad, a la expresión, al dejarse fluir por nuevas experiencias… El duelo es necesario para advertir la renovación precisa… Y a veces tendemos a regir nuestras vidas presentes por apegos, experiencias o traumas pasados. Estos últimos meses he podido experimentar en mis carnes algo parecido y he condicionado mi vida por cosas que debían haber muerto hace tiempo. Y a su vez, he sido condicionado por segundas personas que seguían ancladas a un pasado remoto. Y dije así:

El duelo es un proceso lento. Uno cree sentirse orientado cuando ha terminado el dolor, pero luego llegan los fantasmas del pasado, el recuerdo inevitable ante los gestos, los guiños, los momentos. A veces me sorprendo a mí mismo llorando por aquellos que ya no están porque es inevitable e incluso necesario. Cuesta rehacer nuestras vidas cuando todo se derrumba. Vagas como un fantasma rogando respuestas a unos porqués imposibles. Un día, casi sin darte cuenta, descubres que la pregunta estaba mal formulada, que no había respuesta posible y que ya sólo nos queda recuperar el tiempo perdido… Uno nunca sabe como ocurre eso, cual es la chispa para mover el motor de una nueva vida. La ilusión por vivir, por reinventarte de nuevo y sobrevivir al dolor es algo que aparece de repente, quizás cuando de tanto llorar uno se quedó sin lágrimas.. No sé como funciona realmente ese mecanismo pero sé que es así. Así que solo nos queda tomarnos estas cosas con cierta calma. Sentir el dolor pero alejándonos poco a poco del tormentoso sufrimiento. Vaciarnos y llenarnos de nuevo. Así es la vida…
(Foto: mujer mirando al pasado. Copenhague, diciembre de 2008)

Ave Fénix


Han pasado muchas cosas en poco tiempo. Cosas importantes, cosas que merecían una profunda reflexión y un silencio. Un silencio justo que rompo ahora que parece que el ave resurge de sus cenizas. Ha sido una semana muy intensa. En la política han pasado cosas decepcionantes de las que hablaré más adelante, cuando consuma tiempo en digerir todo cuanto ha ocurrido.

En lo personal de nuevo se fue el amor a ese lugar que nadie conoce llamado consuelo. Un lugar donde dicen que el fracaso de un amor no es el fracaso del Amor. Habrá que esperar entonces a que llegue la ninfa verdadera, esa que desde el silencio sabrá decir las palabras justas.

El viernes cerró una semana intensa. El adiós definitivo; una entrevista con el Obispo para tratar asuntos de otra índole pero de trascendencia para hacer realidad un viejo sueño; viaje a Linares para participar en la inauguración de la exposición de mi amigo Emilio Maldomado, poeta y pintor. Y reencuentro con viejos Aleph, aquellos puntos desde donde el universo se comprime y se observa. Y en la exposición, mi vieja y querida amiga Pepa me preguntó: «¿Cuando encontrarás a la que sabe volar?» Sólo se me ocurrió decir: «ha pasado muchas veces por mi vida, pero no supe alcanzar su vuelo»…

(Foto: Javier, amigo de viejas batallas sacándonos unas sonrisas en la Sala Eduma de Linares, enero de 2009).

Incubando el punto de no retorno


La existencia está llena de decisiones continuas. Somos humanos porque tenemos capacidad de decisión reflexiva ante cuantos acontecimientos llegan a nuestra vida. Pero sobre todo, somos humanos porque cada decisión puede cambiar para siempre nuestro devenir. Inclusive las pequeñas decisiones diarias. Hay momentos que requieren una profunda interiorización, una profunda reflexión antes de tomar una decisión que podría llegar a un punto de no retorno. Cada día pasa un tren por nuestras vidas, una oportunidad buscada o encontrada para poder dirigir nuestros pasos hacia nuevas metas, nuevas compañías, nuevas transformaciones radicales en nuestro existir. Algunas son precipitadas de forma súbita y otras pueden ser analizadas con calma, sin precipitación, buscando en nuestro interior esa voz que nos debe guiar hacia el correcto camino… Pero, ¿cual es el correcto camino? Hay una señal inequívoca para saber si andamos por el camino correcto: la felicidad. Si nos sentimos felices ante una decisión, eso significa que la decisión ha sido correcta. Si esa decisión nos trae malestar y tormento, es porque hemos errado totalmente en nuestras acciones. Es así como se construye la felicidad, incubando en nuestras vidas decisiones acertadas.

(Foto: En el Camino de Santiago, consultando en el mapa el camino correcto. Octubre de 2007)

La cuerda floja de lo inesperado


Vivir y bailar en la cuerda floja de lo inesperado puede resultar maravilloso o terrible. Hay cosas que llegan como un regalo del cielo y otras como una pesadilla que entra en tu vida y resulta difícil entender porqué. Un cáncer, una enfermedad terrible, un accidente, una ruina, un desamor… Miles pueden ser las causas que nos superan y que no podemos controlar. Cosas inesperadas a las que no estábamos preparados para afrontar. Ocurre todos los días y a veces sin darnos cuenta aprendemos si la lección es sencilla o sufrimos si nos sentimos impotentes. ¿Qué hacer? ¿Cómo reaccionar? Nunca nos preparan para ello… Ni siquiera nos preparan, en nuestra sociedad occidental, para algo que será, en justicia, igual para todos: la muerte. Y esta es de las más inesperadas de las visitas. Pero por supuesto, también ocurren cosas inesperadas que pueden llegar a ser una bendición: una carta inesperada, una visita inesperada, un viaje inesperado, un premio inesperado, un reconocimiento inesperado, un amor inesperado… Infinitas causas que tampoco controlamos pero que, al tratarse de cosas hermosas, dejamos pasar como algo necesario. La vida es un océano de oportunidades infinitas, y en cada rincón, en cada momento, ocurren cosas que nos advierten y nos ofrecen la posibilidad de ser mejores, de cambiar, de transformar nuestras vidas… ¿Podríamos imaginar un mundo sin esas cosas? Estemos atentos… en cualquier momento nuestras vidas pueden cambiar…

(Foto: Niebla en el camino… Los caminos siempre son oportunidades para aprender de lo inesperado… La Montaña de los Ángeles, enero de 2009).

Los juegos del lenguaje…


Siempre me ha parecido una falacia el término o la idea de búsqueda de la verdad, como si la verdad fuera un requisito imprescindible para proclamar como válidas nuestras posturas e ideas en nombre, precisamente, de esa búsqueda incansable. Y la realidad, así como la verdad, son elementos que se construyen a partir de nuestra subjetividad, la cual, viene determinada por nuestra memoria, nuestros sentidos y nuestro lenguaje. Pensamos según recordamos y actuamos según nuestras creencias, construcciones teóricas e irracionales nacidas de nuestras experiencias pasadas, de nuestros traumas, de nuestros miedos. Y a esa realidad dibujada en nuestra mente de forma confusa y atormentada la llamamos verdad. Todos los días vemos discusiones a cualquier nivel en nombre de una supuesta verdad. Incluso a veces, de una supuesta realidad. Pero la realidad es una construcción mental, una mentira ilusoria desvirtuada por la luz de las otras «verdades» que plácidamente hacemos nuestras a cual dormideras.

Aquí vemos un claro ejemplo de juegos del lenguaje, donde cada cual utiliza sus palabras para legitimar sus ideas. Volvemos a repetir lo mismo: ¿qué verdad, de qué realidad? Recordemos de nuevo a Wittgenstein y sus juegos del lenguaje, donde cada sujeto construye su realidad según la ha mamado. Pero insisto… ¿qué realidad?

(Foto: Realidad distorsionada. La luna vista desde otra perspectiva, esta vez conduciendo hacia Barcelona, enero de 2009)

Si te caes siete veces, levántate ocho…


Ayer campeé el temporal como pude… Lluvia, nieve, granizo, viento… Llegué tarde a Barcelona pero llegué. Mientras iba escuchando las noticias… Dos horas dedicadas al tiempo, diez minutos al paro, diez segundos a la guerra de gaza… Noticias urgentes y noticias importantes, sólo que en España, por si acaso, primero está lo que consideramos urgente, algo así como una nevada en invierno, y lo transformamos en importante, incluso más importante que una guerra en cualquier parte del mundo donde niños y ancianos mueren de pena, de hambre o aplastados por alguna bomba amiga. Así es nuestra sociedad, así es nuestro mundo. A medida que pasaba kilómetros y kilómetros de estupidez me sentía impotente, indignado, tremendamente aburrido de sentirme miembro de un colectivo, el humano, con el que comparto algunas cosas pero cada vez menos. Yo sólo me junto con mis prójimos, decía Ignatius en la maravillosa novela «La conjura de los necios»…. y como no tengo prójimos, siempre estoy solo… Por suerte, esta tarde estaré con Carlos y Eddy, amigos de toda la vida y bastante prójimos en casi todo, de esos que siempre perduran en el tiempo a pesar de guerras, temporales y otras inclemencias de la vida humana.

Volver a empezar…


Siempre cometemos errores… es lo que realmente nos diferencia como humanos… es precisamente eso lo que nos hace humanos… Tener la opción de equivocarte, de retroceder cien pasos y avanzar uno sólo… No debemos ser exigentes con nuestros fallos… Hay que mirarlos con dulzura, como una lección aprendida o por aprender y por ello caeremos mil y una vez en la misma piedra… Es tan hermoso equivocarse, reconocer que somos divinamente imperfectos. ¿Qué puede suceder ante una equivocación? Lo primero es ser conscientes de la misma… reparar el daño si se ha hecho y sobre todo, mirar de frente al mundo con la esperanza de seguir avanzando… Cuando era más joven me horrorizaba equivocarme, pensar de forma errónea, actuar de forma errónea, sentir de forma errónea. Podía pasarme días enteros buscando las causas que derivaban de una acción, pero sobre todo, sus efectos. Aplicar cualquier moral con tal de averiguar si todo lo que hacía correspondía al universo de lo correcto o de lo incorrecto, del bien o del mal… Siempre ese sentimiento de culpa tan enraizado en nuestra cultura… ¿por qué sentirnos culpables por todo lo que hacemos? Ahora es diferente… ahora puedo equivocarme con dulzura, incluso puedo hacerlo enrojecido, pero con esa mirada reflexiva, amable, sincera, en la que se reconocen las faltas y se pone remedio, si se puede… Y si no se puede, tampoco pasa nada… la vida sigue, y el destino te aguardará con más torpezas… somos tan humanos… y lo bonito de todo, es que a pesar del mundo y sus circunstancias, a pesar de nosotros mismos… siempre podemos volver a empezar…
(Foto: un error de cámara o de efecto o de intención… pero siempre bonito al tratarse del compartir un rato con unos amigos… En Hornachuelos con Sara y Carlos, 2008)

El cielo cubrirá a quién carezca de sepultura


La Navidad se ha institucionalizado. Ya no forma parte de ninguna práctica mágica o ritualística que surgiera de forma espontánea entre las “communitas” de tiempos lejanos. Las instituciones pretenden el control del individuo y la sociedad y por eso asumen como suya cualquier práctica que pueda escapar a su campo de actuación. De ahí que la Navidad y todo su significado profundo se haya mercantilizado y adoptado como un dogma basado en la costumbre y no en el sentido. El objetivo es marcar unas pautas, especialmente de consumo, para aprovechar los símbolos de antaño y crear así una oportunidad más de negocio. La masa, sin criterio propio y dispuesta a seguir el dogma, se aleja de la esencia, del mensaje original, añadiendo hipocresía a unas fiestas rotas y huecas. El mensaje de amor y de paz, del nacimiento de la luz en la cueva del corazón, la magia del ritual solsticial, los símbolos que nuestros antepasados heredaron de sus antepasados para perpetuar el conocimiento intuitivo de las cosas se ha perdido o se pervertido. La sociedad ha roto con sus valores y ha perdido el rumbo, el sentido de las cosas. Se ha alejado de la advertencia cósmica de que todo es perecedero excepto aquello por lo que somos capaces de mejorar, de crecer, de soñar. Impregnados de mentiras e ilusión, de hipocresía y perversión, hoy es Nochebuena y mañana Navidad. Así, felices fiestas, y dulces sueños…

(Foto: Cielo gris en una calle cualquiera de Christiania, Copenhague, diciembre de 2008)

CARPE DIEM…


Vivir el momento tiene mucho significado con lo que hablamos ayer sobre el conocerse a uno mismo, ese Nosce te ipsum, escrito a la entrada del Templo de Delfos como advertencia del verdadero camino hacia la realización. Esa experiencia tiene mucho que ver con nuestra consciencia limitada, parcelada, limitada, que fragmenta la realidad desperdiciando con ello la vivencia real de la existencia. De ahí que seamos esclavos de nuestra propia parcelación vital y sea difícil liberarnos de nuestro peor enemigo: nosotros mismos. Por eso la profundidad de la expresión Carpe Diem. La vivencia del momento, el instante único, el camino del eterno ahora… o del eterno retorno, como diría Eliade.
Estos días son trascendentes en ese sentido… Siento como cada paso tiene un significado, cada segundo es un momento único e irrepetible… Estar con amigos, compartir un momento, un instante, rodeado de seres queridos, de familia, de personas que siempre han estado ahí en lo bueno y en lo malo… Cada palabra, cada gesto ha preñado el instante de forma eterna. Nada podía alejarse, nada podía quedar lejano porque todo era atrapado en la memoria de la emoción.

Mañana es mi último día en Barcelona… El viernes, empieza un nuevo viaje… un viaje hacia el encuentro y el reencuentro… un viaje hacia el Momento… Iré en coche… dos o tres días campeando tempestades y peligros… Espero que todo vaya bien… confío en que todo irá bien…

(Foto: Momento único e irrepetible en la Baja Sajonia, norte de Alemania, mayo de 2008)

No soporto verte brillar…


La amiga Ana me envía un nuevo cuento muy hermoso que deseo compartir…

Cuenta la leyenda, que una vez, una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga; ésta huía rápido y con miedo de la feroz depredadora, pero la serpiente no pensaba desistir. Huyó un día y ella no desistía, dos días y nada. En el tercer día, ya sin fuerzas, la luciérnaga paró y dijo a la serpiente:
– ¿Puedo hacerte tres preguntas?
– No acostumbro dar este precedente a nadie, pero como te voy a devorar, puedes preguntar.
– ¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?
– No.
– ¿Yo te hice algún mal?
– No.
– Entonces, ¿Por qué quieres acabar conmigo?
– Porque no soporto verte brillar.

Reinventado el mundo…


El amigo Juanjo me lo recordó ayer tras unas semanas escuchándolo en boca de Ana. Reinventando el mundo reinventándonos a nosotros mismos. Ese es el reto. Porque la vida pasa rápido y el mundo no se detiene para interrogarnos qué es lo próximo que deseamos hacer. Nos acostumbramos a una rutina diaria, a unas ideas comunes, a unos hábitos que se ensañan en nosotros y se convierten en nuestra segunda epidermis. Resulta difícil reinventarse porque para eso hace falta romper con nosotros mismos y sentir el profundo dolor de la ruptura. Estas semanas ando de rupturas y eso equivale a enfrentarme al reto de volver a empezar, de conseguir aspirar a algo mejor que lo anterior, algo que haga que cada segundo vivido valga la pena. Reinventarse para seguir sueños y promesas, para protegernos del abismo que somos nosotros mismos, para entregarnos en cuerpo y alma a algo que esté por encima de nuestros propios ombligos. Conseguir ser personas completas para intentar conseguir una sociedad completa. Hacer de personas buenas, personas mejores y de sociedades buenas, sociedades mejores… Reinventarse no sólo es posible, sino necesario, a cada instante…

(Foto: Ovejas pastando en la ribera del río Rin a su paso por Dusseldorf, Alemania, mayo de 2007)

El Teatro de la Vida Estrecha


Ayer paseaba, antes de volver a La Montaña, por el madrileño barrio de Lavapies. El vivir lejos de las grandes ciudades te hace observar más de cerca a esa colmena humana que se enjambra amontonada en paneles diminutos en un hormiguero casi imposible. Miraba con cierta curiosidad esa masa que se agolpaba en las calles, cada uno con su historia, cada uno con sus problemas, con sus familias, con sus alegrías y con sus miserias. Parecía como el telón de un gran teatro que se abría poco a poco a medida que me insertaba en sus calles. Intentaba mirar a los ojos de las personas pero era casi imposible porque en ellos no había mirada. Eran opacos, vacíos, llenos de preocupaciones, de citas, de compromisos, de problemas. No había hueco para un halo de luz, para un aliento que fuera de otro mundo. Parecían cajas vacías que representaban un papel, empeñándose en creer que el personaje era lo real, y que más allá de ese telón de acero y asfalto, no había más vida, ni más realidad. Volví algo triste. Me hubiera gustado pararme y parar a la gente, mirarles a los ojos, abrazarlos. Pero eso era imposible, porque yo también, en el teatro de la vida estrecha, estaba representando mi papel…
(Foto, calle Lavapies, esquina con el Teatro de la Puerta Estrecha, Madrid, noviembre 2008)

ARTE


El Arte tiene muchas formas de manifestarse… sin duda, tiende a hacerlo apoyándose de los artistas, creyendo los artistas que el Arte es algo suyo, cuando realmente, tan sólo son expresiones de un Espíritu mayor al que desde nuestra ignorancia, llamamos Arte… Pero a veces también se apoya en la naturaleza o en el universo, no habría más que contemplar cualesquiera de sus manifestaciones para darnos cuenta de ello. Pero cuando desciende a lo humano, ese Espíritu nos atraviesa de un plumazo, y cuando lo hace, pretende poseernos y manifestarse como puede ante el interlocutor que somos nosotros. Y dependiendo de lo que en ese momento pase por el estómago, la cabeza o el alma de ese interlocutor, el Arte se expresa de una u otra forma, o toma formas, colores y sonidos de una u otra musicalidad. Sin duda, por algún motivo, el Arte nos atraviesa con una intensidad tremenda, dotándonos de un oficio que nos otorga nobleza y rectitud. Y lo hace con una fuerza inusual. Podemos verlo en los cuadros, en la música, en la danza, en la escritura, podemos sentirlo en cada pulsación. Deberíamos ser más sensibles a ese Espíritu. Deberíamos empezar a desnudarnos de nosotros mismos, de nuestra personalidad, de nuestros conflictos, de nuestra experiencia, como diría Krishnamurti, para llenarnos de fluidez y dejar que, desnudos, el Arte se manifieste desde lo que es: Vacío y Plenitud… Deberíamos romper con nuestro estilo propio y dejar paso al Estilo, como cuando en el Perfume, el protagonista del libro es capaz de encontrar la quintaesencia de los olores, el Amor, hipnotizando a todo aquel capaz de percibirla.

(Foto: Cuadro del artista Emilio Maldonado /http://maldomado.blogspot.com/ / Título: Haiku del Funámbulo)

La pobreza está más cerca del amor…


Lo decía Facundo Cabral con esa melodía propia, con esa poesía tan cierta. También lo decía el Tao… hay que estar alejado de las diez mil cosas, hay que sentir que somos presentes en el ahora, en la Quietud de una mente sin pensamiento y de un ser sin siendo… Y es que el dinero, las riquezas, los excesos, nos distraen, como decía Facundo, con demasiadas cosas y además, nos hace desconfiados… Quería ser editor, más no empresario… Pero cuando ves que la cultura malvive en un mundo peligrosamente enfocado hacia otras cosas, resulta que los balances no cuadran, que las ventas no acompañan, que el marketing es necesario y que los clientes, a veces, se olvidan de pagar. Eso crea un círculo vicioso que absorbe al editor, eliminándolo casi por completo, para restaurar el murmullo y el ruido del empresario que debe y necesita sacar a flote un proyecto. Y si estás empezando cuando aparece una gran crisis financiera mundial, entonces recurres a la poesía de Fecundo Cabral para rezarle a su Dios y pensar que cuando se era pobre se vivía en la abundancia. Quizás ese sea, a fin de cuentas, el mejor camino para alcanzar cierta gloria divina… Las riquezas del primer mundo nos alejan de eso que los místicos llaman esencia y que yo me conformo con llamar, a estas alturas de la crisis, el valiente corazón… Sobrevivir al día a día, a lo tremendo de los malos momentos, nos enseña que sólo desde la humildad, solo desde la pobreza más desapegada, es posible abordar todo cuanto somos… Y esencialmente, somos libres…

(Foto: Javier León participando en un cortometraje. Alusión a la esclavitud a la que nos sometemos a nosotros mismos. Somos esclavos de nuestras decisiones. Linares, 1997).

Un antropólogo en la corte del Rey Juan Carlos…


Podría ser el título de algún cuento novelado que quizás pueda relatar o contar en un futuro… pero lo aquí expuesto está dentro de la realidad mágica en la que vivimos, porque a veces, ocurren cosas que sólo pueden ser explicadas desde la magia o la superstición.
Recibí una llamada anónima y misteriosa hace un par de meses. Me citaba en Madrid, en una calle céntrica. La referencia era un número y un distintivo: «la puerta azul». El asunto era secreto de estado, y así me lo hizo saber la misteriosa voz telefónica: «le rogamos la máxima discreción y prudencia». Fui puntual a la cita. Bajo enormes medidas de seguridad, entramos unos cuantos por la intrigante puerta azul, cuyo letrero, custodiado por dos hombre vestido de riguroso negro y pistola al costado, decía un: «desconecten los móviles». Tras pasar por cientos de rituales de iniciación y paso, un hombre experimentado nos explicó que cualquier cosa de lo visto, dicho u oído en esa sala no podía salir de la misma. Bajo sumarísimo secreto, de ser delatado cualquier secreto, nos las veríamos con las de la ley. Por supuesto, no me apetece más que animar este blog con algo de intriga, y no redundar más en lo allí visto y oído sin que sirva esto de precedente para que en algún libro próximo relate mis experiencias con el mundo de lo secreto. Queda dicho, sin decir… Y todo esto venía a cuento tras leer el relato del amigo de un amigo sobre los terribles secretos de la masonería, los cuales son adoradores del diablo, de Satanás y de todo ese mundo oscuro que, como mínimo, pretende destruir el poder de la Iglesia verdadera. La fantasía humana siempre tiende a la exageración. Si dejara en suspense mi relato primero durante más de diez días muchos pensarían que mi experiencia iniciática con el mundo de lo secreto tiene tintes de cosa como mínimo dramática… De momento lo dejaré ahí, a ver que pasa… Sin duda, la realidad, en todos los casos, supera la ficción…