Eres esperanza


Tesfaynesh, que en lengua amharico significa “Eres Esperanza”, es una niña etíope de cinco meses de edad y menos de un kilo de peso cuando llegó a la vida. Nos cuenta su evolución Nieves Crespo desde la misión donde trabaja en Zway, Etiopía.  Matemática experta en computación y en Teología de la Vida Consagrada, salesiana desde 1991, la conocimos en un loco viaje hace unos años en uno de los países más pobres de la Tierra.

Fuimos a llevar sonrisas a los más de 2500 niños y niñas que estudian en la misión africana y que como Tefaynesh, alguna vez se debatieron entre la vida y la muerte debido a las continuas hambrunas que el país padece desde hace décadas.

Estando trabajando esta mañana junto a Kolo-Kolo, maquetando libros, disfrutando de los afortunados e increíbles paisajes que aquí existen en plena armonía con el hombre, intentaba viajar con la mente y el corazón a esos lugares que de una u otra forma confrontaron nuestra propia personalidad y vida. Lugares y seres que te impresionan por el reto que afrontan todos los días a expensas de una supervivencia dura y difícil. Viajaba hacia ellos comprendiendo lo ridículos que a veces resultan nuestros problemas, nuestras angustias vitales en comparación a todo lo que el mundo, el otro mundo más allá de nuestros ombligos, está padeciendo.

Y en estas fechas donde la hipocresía y la sinrazón se apoderan como nunca de nosotros, debemos hacer un llamamiento interior para tener presente la suavidad y el tacto de los pensamientos que están más allá de nosotros y que nos susurran desde la profundidad del aire que nos envuelve. Hay algo de esplendor en todo ello. En el silencio que recorre la espina dorsal de estos grandes montes cargados de nieve. En las narices que ya nos estamos colocando para la próxima aventura. En la suave crema de calabaza que hemos comido con cierta humildad y respeto, despertando en nosotros la curiosidad por sabernos vivos y despiertos. Somos esperanza, tenemos esperanza en todo lo que inevitablemente tenga que suceder, como esa niña etíope que se aferró a la vida y encontró el apoyo incondicional de esos ángeles salvadores.

(Foto: Trabajando con Koldo en la maqueta de su nuevo libro en Artaza, Navarra).

Solstitium


Mientras hoy paseábamos por montes limítrofes entre Navarra y Euskadi, visitando una tras otra las bordas donde antiguamente se guardaba el ganado y la hierba y donde algún bertsolari improvisaría algún verso en euskera, recordaba el ritual solsticial de ayer. Como pasado representante del trono del Rey Salomón, recibí de manos del actual venerable anciano la espada grabada con mi nombre, signo de fuerza en el trabajo y de defensa de justos ideales. Recordaba el largo recorrido que durante años albergaba los secretos de la construcción del buen hacer, la nobleza de corazón y las dificultades que todo camino entraña. Las mismas que los antiguos campesinos sentirían en sus carnes a la hora de levantar esas empalizadas y construcciones de piedra pura en valles y montañas del Pirineo.

Recordamos a todos los pobres constructores que pudieran vivir en la desolación del espíritu, esparcidos por las superficies del mar, de la tierra o el aire, rogando por un rápido alivio a sus sufrimientos y el pronto regreso a sus países de origen si éste es su deseo.

Tras el ritual sagrado, la magnanimidad autorizó el comienzo del festejo profano. Aproveché para despedirme hasta otra nueva ocasión y retirarme a la habitación del hotel que gentilmente me habían ofrecido. Allí descansé algo mientras recordaba el ara donde flameaba la llama sublime, imagen de una existencia laboriosa y fecunda. Recordaba el aroma como representación del perfume que se desprende de una vida consagrada al Bien, renovando en ese momento las promesas que hemos hecho de perfeccionarnos.

La luz volvía a nosotros en el ritual, saludando paganamente al rey de la Creación y a su obra más bella. El ígneo Sol, el magnificente dispensador de mágicos colores, de aromadas flores, de sazonados frutos, de alegres ninfas, de esplendorosos cielos y vívidos rayos que lo mismo envía su luz fulgurante al indigente o al potentado, a palacio o a la más humilde choza, dando vida a todo con su calor benéfico. Símbolo grandioso de toda libertad, igualdad y fraternidad.

Y esta mañana, cuando me alejaba de las tierras catalanas, de los valles de Lleida para atravesar montañas cubiertas de nieve dirección norte, miraba en el recuerdo las nubes de la mirra sagrada que subían unidas, como nuestras aspiraciones de saber, como nuestros anhelos de virtud, de amor, de verdad. Atravesando ya los hermosos montes de Aralar, ya en tierras navarras, hacía el balance en el seno de mi consciencia sobre las obras de este tiempo.

Así recordaba la ceremonia de consagración del Fuego Sagrado en el solsticio de invierno mientras llegaba a la frontera con Guipúzcoa, atravesado por el valle de Leizarán, al bello pueblo de Leitza. Allí esperaban los viejos amigos Manu y Aitziber con la grata sorpresa de un embarazo que me llenó el alma de gozo y alegría. Compartimos unas ricas lentejas y luego los paseos por el monte rodeados de agua y fría nieve. A media tarde, de nuevo en ruta hacia Artaza donde el bueno de Koldo me esperaba con un vaso de leche y galletas y mucho, mucho trabajo para seguir rumbo al futuro.

Viajes de hace tiempo


Amanecí el día viajando. Recuerdo que en sueños estaba en algún desierto, quizás el Sahara, o el Gobi, o el Yucca Valley que son los únicos que conozco. Allí viajaba volando a un lugar perdido plagado de fósiles donde un grupo de personas se reunía para preparar algún tipo de misión. Me resultaba curioso el sueño.

Por la mañana recordaba también las ganas que hace algo más de un año tenía para recorrer el África volando. Lo había sugestionado la amiga A. desde Mozambique y lo recordaba ayer mientras le escribía a ese perdido país africano.

Y luego recordaba que en estas fechas tenía pendiente un viaje a la India para terminar de perfilar mi tesis doctoral con una visita obligada a Auroville, cerca de Madras, en el sur del país con la intención de explorar la que hasta el momento es la comunidad utópica más grande del mundo. Pero de momento no ha podido ser a pesar de que resultaba importante este viaje. Cosas de la crisis…

Lo que sí parece ser y lo que sí parece que ya está listo es el viaje que vamos a hacer junto a Kolo Kolo en febrero aLa Española, en las Antillas caribeñas, el lugar del primer asentamiento europeo en el Nuevo Mundo. Estaremos enla RepúblicaDominicanae intentaremos colarnos en la devastada Haití para arrancar sonrisas a esas almas que más lo necesiten. Iremos a los orfanatos y hospitales e intentaremos colarnos en los campos de refugiados o allá donde nos lleve el alma. Este será nuestro tercer viaje de risas y sonrisas después de Etiopía e India y esperamos que la experiencia sea única e irrepetible.

Tras un año bastante tranquilo en lo que respecta a viajes, parece ser que el que viene va a ser más movidito. Al menos empieza con fuerza… Pues eso, que la fuerza nos acompañe…

Desde Madrid


A las siete de la mañana ya estaba recortando distancias entre el silencio y la pureza del aire de la sierra de Hornachuelos y el ruido y la exagerada contaminación que sufre Madrid. El viaje fue agradable y tranquilo, con algo de música de fondo para ir perfilando con notas y momentos todo el recorrido futuro. Hoy tocaba reunión anual con los miembros de la Fundación Ananta para hacer un resumen de las actividades pasadas, su balance, y las futuras acciones a tomar. El proyecto de Colores de Calcuta vale cualquier tipo de estímulo y ayuda.
También aproveché para hablar un rato con Kolo-Kolo y preparar nuestra próxima aventura, que por invitación de un grupo de empresarios será a la República Dominicana en febrero. Así que ya he quedado con él para empezar los ensayos la semana que viene en tierras navarras y emprender con ilusión el nuevo reto.
Estaré por Madrid tres días y luego fin de semana en Bilbao, Navarra y continuar hasta Barcelona. Octubre siempre es una fecha de cambios importantes, así que supongo que este viaje servirá para endulzar esos cambios, borrar el pasado y emprender con ilusión el futuro que venga, sea cual sea.

(Foto: En el bonito y armónico despacho de José Luis, el cual tiene todos mis libros en su mesa y me hace mucha ilusión verlos allí cada vez que lo visito. Agradecido quedo además por alojarme en su hotel, desde donde escribo ahora).

Linares, Araya, Barcelona


Ayer a la una estaba improvisando un viaje hacia el norte. Tenía que ir a Madrid, pero al final me desvié primero hacia Linares, para compartir un delicioso cuscús de calabaza y verduras con los amigos J. y E. y hablar de arte, pintura y nuestro nuevo libro de “Poetas del 15M”.

Tras la agradable charla, viaje a Araya, en Castellón, disfrutando de uno de mis platos favoritos: papas fritas con huevo que el viejo amigo E. me ofreció a las once de la noche, cuando llegué. Quedé allí a dormir, en una perdida masía entre montes y pinos, desconectado del mundo, sin cobertura, sin red, excepto la de la propia naturaleza. El viaje fue plácido y tranquilo, alejado de autovías, preferí marchar cerca de la Sierra de Cazorla que veía de frente mientras recordaba esos pueblos que alguna vez visité en bicicleta o autobús: Canena, Rus, Torreperojil, Villacarrillo, Villanueva del Arzobispo, Arroyo del Ojanco, Puente de Génave… Así por valles y montañas alejadas de los circuitos normales, disfrutando del silencio y la reflexión.

Y hoy por la mañana un largo desayuno de casi cuatro horas hablando con los viejos amigos y G., un interesante anarco-masón con el que hemos tratado todo tipo de temas sagrados y profanos.

Un viaje de dos días sin desperdicio hasta llegar esta tarde, algo cansado, a Barcelona, donde una apretada agenda y la presentación del libro de Gloria me espera hasta el miércoles. Luego… de regreso…

«Tengo miedo»


Acabo de llegar al hotel Princesa de Éboli, propiedad de un buen amigo que sabe que soy amante de dormir en coches y cunetas y ante la tentativa ha preferido ofrecerme una buena habitación en este hermoso espacio, medio zen, medio lugar de muchos recuerdos de estos años que han pasado desde la primera vez que pisé sus suelos. JL es un gran hombre que siempre muestra su espiritualidad práctica en este tipo de gestos. Amor en acción, que es el mayor de los amores. Un gran empresario que se levanta por las mañanas a meditar y por las tardes aún le queda tiempo en su agitada vida para dar clases de yoga. Paradójica la visión que siempre tenemos de la gente que se dedica al espíritu. Y cuando conoces a gente como JL se te rompen un poco los esquemas.

Llegué esta mañana temprano a Madrid. Llegaba feliz, alegre y lleno de fuerza, pero a medida que me adentraba por la Castellana, por Serrano, por Recoletos, por López de Hoyos… un nudo se me hacía en la garganta y el llanto no podía esconderse. Tantos y tantos recuerdos hermosos que de repente se agolparon en mi cabeza y en el corazón… Tantos y tantos momentos, lugares, rincones, miradas, secretos, abrazos, complicidad, encuentros.

Dos meses sin salir de casa y cuando lo hago me encuentro con esta montaña rusa que aún no soy capaz de gestionar con equilibrio. Quizás por la incertidumbre, por el deseo, por las ganas, por la emoción, por el qué pasará, por seguir empeñado en profundizar en ese “ama hasta que te duela”. Y como digo en el epílogo: duele, claro que duele.

Estuve comiendo con dos viejos amigos. E. y C. Había miedo en el ambiente por el panorama laboral de ambos y por la situación en general de una generación que no ve futuro por ninguna parte. Me ha estremecido las palabras de C.: “tengo miedo”. Lo ha dicho con esa profundidad que sale del alma, con ese aliento que describía no un miedo individual, sino colectivo, de un tiempo y de un país que no sabe hacia donde va. Un miedo que he hecho mío porque también sentía cierto temor hacia esas cosas que a veces no podemos controlar. Pero la vida es así, y como ayer me decía con cierto cariño MC: “estas cosas te harán fuerte”. Sin duda, todo lo que está pasando nos hace fuertes. Así que toca seguir luchando por lo que queremos y amamos hasta el final de nuestros días…

El camello que llora


Fue la primera cena en aquel lugar, pero también la última para mí. Habían sido unos días duros y difíciles, de cansancio y agotamiento. Todo cambio requiere esfuerzo y templanza porque resulta fácil perder los nervios. Podría haber sido simplemente eso, una pérdida de nervios. Pero internamente sabía lo que estaba pasando. Podía ver los gestos y los símbolos expuestos en todas partes y a cada momento. Era evidente, era una evidencia que había intentando negar durante mucho tiempo. Pero ese día se manifestó con cierta crudeza. Realmente no me lo podía creer, pero allí estaban. Los observaba en silencio, sin decir una palabra, contemplando la escena con cierto dolor. En aquella cena, la última cena, hablamos sobre mi viaje a Mongolia. No sé como surgió el tema pero recuerdo que conté con alegría por el recuerdo la vez que toqué a un camello en el Gobi. La bella M. pudo inmortalizar el momento en una antigua cámara de fotos que meses más tarde reveló. Hoy, haciendo limpieza en toda la casa, la he encontrado mientras me regodeo una y otra vez en cada detalle de esa última cena. Supongo que así son los duelos… supongo que así tienen que ser…

 

En alguna parte escribí el relato de aquella experiencia de la siguiente forma:

 

Muy cerca de Eech Hairhan,la Montaña Madre, mientras surcábamos el desierto del Gobi y las entrañas de Altai, el niño santo aprendía a identificarse con los animales. Me seguía cogido de la mano hasta los camellos salvajes. Escurridizos y miedosos, prudentes y asustadizos ante nuestra presencia, dejaban que el niño santo se acercara a ellos guiado por mi mano. “No les hables directamente… susúrrales… sé uno con ellos”… le decía al niño santo… Al final, con paciencia y ternura, el contacto era posible y el milagro se repetía con todos los animales… Tocábamos al camello con suavidad mientras empezaba un espectáculo de llantos… Los camellos salvajes impresionan, pero verlos llorar ante el contacto, quizás único, de los humanos, era estremecedor… Luego pudimos tocar un mirlo que había posado en uno de los templos budistas… ¿como poder tocar a un pájaro libre? El niño santo estaba lleno de emoción… y yo también… Esos encuentros con los animales se repiten en ciertas ocasiones… El último, en la isla de Elephanta, a pocos kilómetros de Bombay… Me alejé de la gente y los turistas adentrándome en la montaña. Me senté en un lugar remoto intentando tomar contacto con una familia de monos que andaba robando botellas de agua a los turistas. El contacto, de nuevo, fue posible. Me rodearon, se acercaban a mí, me miraban y me tocaban con curiosidad… y yo a ellos…

 

Pd.- Esta era la foto… No era un dromedario, sino un camello… 😉 ..

Desde Vilnius



Antes de marcharme de viaje debi tocar alguna tecla en el blog que durante unos dias me ha impedido escribir nada. En parte mejor porque asi he podido desconectar durante casi diez dias de los ordenadores, los mensajes, la informatica, la red, los contactos… En definitiva, del mundo. Un silencio que me ha venido bien para la reflexion y la interiorizacion de aspectos fundamentales de la vida. De la vida ordinaria, pero tambien de la vida extraordinaria, esa que esta cargada de sorpresas diarias y continuas y que muchas veces resultan indispensables para la continuidad vital.

Me encuentro bien. Tras cinco dias en un paraje paradisiaco en el mar Baltico, en un pueblecito costero llamado Nida, consumo ahora otros cinco dias en la capital de Lituania, una bella ciudad dentro de un bello pais cargado de naturaleza y paisajes hermosos. Sus lagos, sus infinitos bosques, su gente amable… Un pais que merece la pena conocer e invita a la reflexion sobre la importancia o no de que existan estados gigantes como el nuestro. Aqui, donde no hay mas de tres millones de habitantes se vive bien. No se necesitan grandes cosas porque todo es sencillo y todo resulta cercano.

El sabado volvemos a Madrid y de nuevo la incognita sobre el futuro. De nuevo la lucha con lo ordinario, con lo comun, a expensas de que el futuro no este plagado de un exceso de dificultades. Habra menos arrogancia y mas humildad. Al menos, habra menos abundancia, pero mas sencillez. Una sencillez que debera llevarnos hacia la vida buena…

 

 

Allende los mares


La mar siempre tiene dos orillas… También lo humano. A un extremo siempre encuentras playas cálidas, desiertas, plagadas de palmeras y vistas a lugares de ensueño. Mar calma y tranquila, lugar de reposo y bienestar. En la otra orilla, siempre hay acantilados agrestes, orillas inexistentes, peligrosas aguas llenas de salientes que pueden quebrar el navegar. Tempestad y peligro, quizás naufragio. A dos mares navega el hombre, o como decían en las antiguas crónicas, allende los mares… Qué frase más épica… Me ha recordado un atardecer en las costas del Big Sur californiano… Había un gran sol que caía despacio por el precipicio celestial, inclinando en el Pacífico una gran belleza y esplendor. Me encontraba apoyado en el acantilado, sujetado con fuerza a una barandilla de madera que me protegía de un abismo hermoso, plagado de verdes bosques que observaba a mis pies. El sonido del mar, de la música que salía de alguna flauta que alguien tocaba en el Instituto Esalen, acompasaban esa tarde de julio con cierta paz y armonía… Recuerdo que se acercó aquella hermosa chica hawaiana que días antes me ayudaba con sus suaves manos en los ejercicios de yoga. Me miraba y sonreía con interés, medio desnuda, inclinando la cabeza para que la acompañara a la sauna natural que había subiendo una pequeña colina. Fue un hermoso canto de sirena que recuerdo de vez en cuando, quizás porque la semilla de Itaca siempre renace dentro de uno… y te empuja, irremediablemente, a la aventura… Cuando navegas a dos aguas… siempre evocas a ambas orillas…

 

Macbeth en Bilbao


Comimos algo en el restaurante Kikara, en la calle Iparraguirre. Muy bueno el arroz caldoso de verduras. Seguimos el paseo hasta el Guggenheim, donde pudimos ver, cortesía del hotel Ercilla, la exposición de turno. No entiendo mucho de arte abstracto, pero me gustó una exposición sobre pintura de entre guerras, donde el pintor parisino Amédée Ozenfant clamaba por el absurdo de lo que estaba ocurriendo en esa época. “¡Pobres soldados heroicos! Pero cuando caéis, ¿no sería más decente que miráramos para otro lado?” Decía el pintor… y es que ante la agonía, el civilizado corre la cortina, un poco lo que ha hecho Europa ante las revoluciones árabes que se están protagonizando en estos días. Si bien USA ha hecho una apuesta contundente por las mismas, Europa, de nuevo, ha mirado hacia otro lado… Quizás porque Europa sigue excesivamente enmarañada en su estética clásica y sigue buscando la llamada al orden, como expresó Jean Coctueau, buscando aún sus personajes arquetípicos en la antigua Grecia.

Tras el museo, tocó Ópera. Esta vez en el palacio Euskalduna. Nos llevaron al parco de honor, desde donde pudimos ver a la lituana Violeta Urmana haciendo de lady Macbeth en la ópera de Verdi. Al final del acto, nos acompañaron a los camerinos para saludar a la soprano y pudimos ver todo el entresijo que hay detrás del escenario. Una experiencia hermosa. Y hoy seguimos con la ruta. Iremos a Vitoria (ahora sí), y de ahí a Córdoba. Ella tiene reuniones y yo debo reparar un cristal que ayer nos rompieron en alguna parte de Bilbao. Cosas del camino…

Desde Bilbao


Ayer acompañamos a K. hasta Estella. Un viaje agradable donde pudimos conversar de temas diversos, interesantes, necesarios. Hoy con X. en Bilbao. Hacia tiempo que no nos veiamos y hemos aprovechado un viaje de trabajo para estar con ella. Mañana a Vitoria y corriendo a Cordoba. Semana de viajes, intensa, llena de aprendizajes y compartir. Me siento bien, tranquilo. Parece que las cosas van encajando poco a poco y sedimentando aquellos fangos que se revuelven ante cada cambio… Pronto todo estara asentado y sera momento de empezar a construir un nuevo y solido edificio… Como buen arquitecto, andamos ya rastreando los planos para que la construccion sea justa y perfecta… Ahora a seguir compartiendo… hay tanto por hacer en el vasto campo de la experiencia…

Desde Barcelona


Escribo recién llegado a Barcelona con sendas paradas en Madrid y Lérida para tratar asuntos varios. No es importante el motivo por el que he venido, al menos en el plano de eso que llamamos esencial o imprescindible. Sin embargo, cuando se hacen más de mil kilómetros de una punta a otra de esta piel de toro es porque algo motivante va a pasar. Además, estoy feliz porque el domingo he quedado con A., una filósofa. Y venía hoy pensando que más allá de la metáfora, ella ha sido la única que me ha llevado a volar… Es cierto que fue en autogiro, pero eso ya es algo… En fin, supongo que lo mío serán ganas de estar distraído o al menos ganas de no pensar en experiencias pasadas… También estos días serán de reflexión y toma de decisiones con respecto a mi futuro inmediato. De momento ya he pedido a K. que no cuente conmigo, al menos durante este año, para hacer reír a los niños. Kili-Kili esta caput, cansado, y necesita recuperarse de sus heridas. Ha sido una decisión muy triste, pero me siento extrañamente con ganas de poner primero orden en mi caótica vida y enderezar las propuestas que se me ponen sobre la mesa… Veremos por donde acaban tirando los tiros…

Para lo bueno y para lo malo


B. está pasando unos momentos difíciles en su vida. Comprendo, acepto y respeto todo su proceso e intento estar a su lado, ya como amigo, para inspirarle confianza y valor. El viernes por la noche, tras la agitada asamblea política, sentí la necesidad de estar a su lado para darle un sentido abrazo. Creo que los amigos deben estar en lo bueno y en lo malo. Así que a eso de las once de la noche cogí el coche dirección Madrid. Llegué a las cuatro, bien de madrugada y aparqué como pude cerca de su casa para dormir un par de horas. Sólo deseaba verla, abrazarla y seguir mi viaje. Pero la cosa se complicó. A eso de las ocho, salió de su casa dirección al trabajo. Se llevó una sorpresa al verme porque no me esperaba. “Siempre apareciendo y desapareciendo”. Nos dimos un fuerte y sentido abrazo y me pidió que le acompañara a un evento en la sede de la Comisión Europea en Madrid. La acompañé y me coló al evento. Fue muy interesante y a mediodía, tras despedirme de B., salí hacia el coche. Había olvidado completamente que estaba mal aparcado y me temí lo peor. Cuando llegué, la grúa se lo había llevado. En ese momento me llamó K., que cosas de la vida, estaba dos calles más abajo. Me ayudó y acompañó para rescatar el coche mientras me contaba emocionado que Payasos sin Fronteras podrían estar interesados en fichar a Kili-Kili & Kolo-Kolo gracias a unas gestiones previas que generosamente había hecho B. preparando nuestro viaje a Palestina. La noticia pintaba muy bien. Tras estar un rato con K., me fui corriendo de nuevo cerca de Alcalá donde había quedado con L. Aparqué, esta vez algo más precavido, en un parking subterráneo. No recuerdo qué pasó que una vez aparcado el coche debí quedarme frito de sueño en el mismo parking durante al menos dos o tres horas. Así que no pude ver a L. y me fui corriendo dirección Segovia donde esa misma noche había quedado con Y. y su pareja M., una hermosa diplomática que trabaja para el Ministerio de Asuntos Exteriores y que por motivos varios tenía ganas de conocer. Tomamos como excusa para vernos el “Hay Festival” y el evento en el que el famoso arquitecto japonés Shigeru Ban nos habló de la responsabilidad social de la arquitectura. Una charla muy interesante y una cena muy interesante a la que se unió, de forma casual, un catedrático de derecho y su mujer que conocimos allí mismo y con los que pasamos un rato agradable. Como el mundo es un pañuelo, resulta que este catedrático y conferenciante es amigo de M. Qué mundo más pequeño. Así transcurrió la noche. La última vez que vi a Y. fue volando en un autogiro y perdidos en mitad de la nada. El regresa pronto a Brasil, donde tiene sus empresas, y dan ganas de acompañarle. Me despedí de la pareja con un sentido abrazo y me fui pitando ya de madrugada hacia Madrid, donde al día siguiente esperaban más y más acontecimientos…

Los palacios espirituales


A veces la vida te hace regalos que no sabes como valorar. Lo que antes era un palacio de principes, el Nuneham Palace, en las cercanias de Oxford, se ha convertido en un palacio de angeles que se levantan a las tres y media de la madrugada para, con el amrit vela, meditar y practicar el raja yoga. No hacen ningun mal, con este yoga te ayudan a profundizar en las peculiaridades de la existencia y ademas, como son vegetarianos, se preocupan de no aumentar el sufrimiento en el mundo. Seres pacificos y generosos que piensan en positivo y viven en positivo. Me estoy dejando contagiar del lugar y su paz. No me importa levantarme al alba y degustar las mieles del silencio. No me importa compartir estos momentos de mansa paz y calma y no me importa escaparme a la cocina para echar una mano fregando platos. En las cocinas siempre ocurren cosas hermosas, como hace tres primaveras, justamente en una cocina escocesa, mientras intentaba olvidar a la que ahora intento recordar una y otra vez. Que paradojas tiene el destino. A. me ayudo a olvidar a B. y ahora B. me esta ayudando a olvidar a A. Asi es la vida, un ciclo, dos ciclos, tres ciclos… hasta que aprendemos sus lecciones… Me voy a meditar a los jardines palaciegos… Esta nublado, es decir, hace buen dia… Los pajaros cantan sin parar y las flores iluminan los caminos… El proposito los ilumina… tambien a mi… Ommmmmm….

Oxford


En cada viaje hay un conocimiento oculto, una enseñanza sublime llena de apretadas luminarias. La diosa Dafne rechazó la llamada y se convirtió en árbol de laurel. Ya lo relaté alguna vez cuando L. prefirió mirar hacia otra parte desterrando de su lado la llamada de Apolo. B. me había invitado a pasar unos días en Lanzarote. No me dejé fluir pensando que no era el momento. Ella se fue sola y yo me quedé solo, pensativo, rumiando cual es en cada momento la mejor acción. Este fin de semana me dejé llevar y seguí el impulso de la llamada y fue todo maravilloso hasta el punto de que B. me invitó de nuevo a ir a Lisboa a pasar unos días. Pero cuando llegué a casa E. me había enviado unos billetes de avión para ir a Oxford y estar allí cuatro días. Así que la llamada se convierte en llamadas continuas y mañana marcho a Inglaterra para compartir momentos, inquietudes, ideas y emociones con gente bonita. El domingo estaré de nuevo aquí, con nuevos proyectos, con nuevas iniciativas, con nuevas ideas renovadas. Es lo bueno de los viajes y los encuentros. Siempre que vuelves regresas con más fuerza. Pero lo mejor de todo es que volveré con más ganas de ver a B., de estar con ella y abrazarla y sentir que lo maravilloso también es posible. Y no miraré hacia atrás, como hizo Dafne en su huida, sino que sentiré aquí dentro la fecha dorada de Heros y fluiré con todo lo que inevitablemente tenga que suceder…

Viajes de vértigo y rituales de solsticio


Ayer día de vértigo, para variar. Amanecí en la calle Serrano tras pasar la noche en mi hotel portátil. Tenía varias opciones para dormir en Madrid pero sentía ganas de hacer el vagabundo y así lo hice. Tras levantarme me fui en visita relámpago al Retiro donde esperaba M., con la que estuve hablando y compartiendo libros y poniéndonos al día de todo cuanto ocurría en estos días. Me encantan estos encuentros improvisados porque demuestran que la rutina no tiene porqué ser siempre aburrida. Tras estar con M., me fui corriendo a Alcalá donde esperaban K. y la bella B. Habíamos quedado los tres para empezar a programar el viaje a Palestina donde haremos de nuevo de payasos y llevaremos alegría y paz allí donde solo hay desorden y conflicto. La reunión fue muy productiva. Compartimos comida sentados en la hierba del Retiro y luego nos marchamos corriendo con K. hasta una hermosa finca en Collado Villalba donde teníamos una segunda reunión en un paraje privilegiado para empezar a engrasar un proyecto hermoso. Allí nos esperaban la hermosa A., a la que por fin conocer tras una amistad epistolar, M., J., A. y X. Antes del encuentro K. y yo nos dimos un frío baño en la inmensa piscina de la finca, en gayumbos y sin pudor. No había terminado la reunión cuando tuve que marcharme de nuevo rumbo a Madrid para recoger a B. y precioso y romántico viaje juntos hasta la Rioja, con paradas interminables para contemplar un paisaje, el de Soria, que nos hipnotizaba con su belleza. Dejé a B. en Logroño y hoy amanezco en Lérida donde haremos el ritual para las hogueras del solsticio de verano… ¿Y cómo se levantan estas hogueras? Con manos humildes que recogen de la Madre Tierra la leña necesaria para su construcción.  Que la fraternidad y la caridad reinen para siempre… El momento ha llegado… encendamos la hoguera… Y de aquí a unas horas corriendo de nuevo a Logroño, Madrid y…

Me llevó a volar


Llegué de Galicia a Madrid. Allí dejé el Mercedes que me habían dejado para volver a la capital del reino, donde me esperaba el híbrido y B., a la cual le había prometido un abrazo antes de seguir el camino. Conseguí el abrazo tras un periplo por media ciudad lleno de anécdotas y aventuras. Llegué a casa a las dos de la madrugada donde esperaban A. y M. para descargar unos muebles para el encuentro que harán treinta personas en mi casa. Descargamos todo y se quedaron a dormir porque era tarde. Al día siguiente, muy temprano, llegaron L., S., M. y E. para seguir ordenando mi caótica casa y adecuar el lugar para el retiro. Me acosté a las dos de la madrugá exhausto. A las siete estaba ya de pie. Había quedado con Y. y A., la hermosa filósofa para pasar el día juntos. Fuimos hasta Fuente Obejuna ya que allí hay una fábrica de autogiros. Uno de mis sueños es cruzar el África volando y Y. necesita un aparato volador para visitar sus empresas en Brasil. Así que fuimos a probarlos y los probamos y volamos y fue, como siempre, gratificante estar lejos del mundo, en una posición elevada con respecto a las penumbras del suelo, viendo todo pequeño desde el cielo mientras sentía el aire rozando cada uno de mis  poros. La vuelta a Madrid fue increíble, llena de anécdotas, de pérdidas porcaminos inimaginados. Ella contaba cosas de su pequeño país mientras disfrutaba de sus profundos y sinceros ojos azules. Y. bromeaba por todas las anécdotas ocurridas. Dos locos y una auténtica princesa volando quién sabe hacia donde…  Mañana más reuniones, más encuentros… más…

Thelema y el Solsticio de Verano: de Casa da Pedra Aguda a Pico Sacro


Como todo buen solsticio hoy ha sido un día mágico, de lo más fantástico.     A. y su hija se presentaron en Os Anxeles, en Casa da Pedra Aguda, donde llevo un par de días disfrutando de la entrañable presencia de AC y aprendiendo, a cual master acelerado, de casi todo. Hacía ya unos meses que no veía a estas dos princesas y me sentí como en casa cuando me abracé a ellas con el corazón en la mano. Sentí la unidad de la que hablaba antes, sentí el amor hacia estas niñas que tanto quiero. Sentí como si fueran de mi familia, como si fuéramos carne de la misma carne. Y eso era como estar en casa. Como la hija de A. tenía que estudiar la llevamos hasta la casa de su padre. Es tan especial esta niña… Llegará muy lejos en lo humano si sigue creciendo como lo está haciendo. Luego nos fuimos a uno de los lugares más sagrados del Santiago: el Pico Sacro. Desde allí se divisan todos los valles y montañas que rodean Compostela, una ciudad que de por sí resulta una puerta inmensa hacia el infinito. Sólo así se puede explicar que tantos seres durante tantos cientos de años peregrinen una y otra vez atraídos por su potente imán. Y allí, en el monte sagrado, hicimos un pequeño ritual solsticial para recibir el día de la gran luz. Invocamos al tres veces grande, al padre de las tres filosofías, a Hermes Trismegisto y su Tabla de la Esmeralda. Leyendo el hermoso texto e invocando las fuerzas de la inspiración y la enseñanza, apareció de repente una palabra que nos llamó la atención: “thelema”. Esa fue la gran revelación solsticial, la piedra angular que llevábamos tiempo buscando para completar las esencias del templo que andábamos construyendo. Hablaré con calma de “thelema” porque hay mucho que contar sobre sus esencias y significados profundos… Mientras tanto, feliz fiesta solsticial a todos los que aún creen en los ciclos sagrados de la naturaleza.

El baile es la posición vertical de un deseo horizontal


La frase no es mía, sino sacada de una anécdota que hoy contaba AC. Y tiene que ver con la escritura, con el amor, con la belleza del pasado descrito en primera persona. Y me ha recordado cuando hace muchos años me gustaba leer sin parar en cualquier recoveco e imaginar y viajar junto al egregor narrador a esa luz que el viento acostumbra a traer consigo, a esos millones de lugares diferentes del mundo o del universo. Mis primeros libros fueron de Julio Verne, así que no es de extrañar que esas primeras lecturas incitaran y pervirtieran mi ya de por sí exagerada imaginación y mi vida se fuera forjando y convirtiendo en una especie de aventura al estilo del autor francés, con cierto deseo horizontal irreprimible. Así, entre viajes extraordinarios, empecé a soñar en la literatura y el vuelo mágico hacia otros lugares. Desde ese entonces, mi obsesión por leer y escribir –siempre en ese orden- fue creciendo y creciendo hasta convertirse en un desgaje soportable de pronósticos reservados. Por eso cuando estos días hablaba con AC y hoy me invitaba a visitar su biblioteca en Os Anxeles, muy cerca de Santiago, no he podido resistirme. Y el viaje desde A Mezquita hasta Compostela ha sido fascinante. Previa parada en el pueblo de Allariz donde AC me mostraba con entusiasmo entre cementerios gallegos, ruinas, iglesias, ríos increíbles y juderías toda su historia familiar. Y como aspirante a escritor he disfrutado de sus enseñanzas, de su experiencia, de su vida que relataba con la intensidad de un poeta, de un ser que ha vivido intensamente en la escritura y en la propia existencia. Así que todo el encuentro y el viaje hasta su casa, desde donde escribo ahora, ha sido como un master acelerado de escritura y literatura. Y ahora, en la noche gallega, tengo sobre mis manos uno de sus libros, “El Griffon”, del cual ha vendido más de un millón de copias en todo el mundo. Me sumergiré en sus pasadizas letras para seguir aprendiendo, entre acordes y baladas, siguiendo los pasos de los sueños y bailando en posición vertical para disfrutar de ese entrañable deseo horizontal que es hacer el amor sobre todas las cosas.

(Foto: En el museo etnográfico de Allariz con AC).

Desde Logroño


Escribo desde cualquier cafetería de carretera, plagada de camioneros que incluso hoy domingo trabajan a destajo dirección Europa. Ayer pasamos todo el día en Lérida. Hice una emotiva entrega de un nuevo libro que hemos editado sobre masonería, escrito por un entrañable y venerable masón al que instalaron en el trono del rey Salomón. Un día hermoso, a pesar del cansancio acumulado de viajar de arriba abajo por toda España. Como esta vez no viajo solo, intento que el comensal “Águila Roja” se alimente bien, así que tras Lérida buscamos en Zaragoza una pizzería y compramos un dos por uno que tomamos en el coche mientras veíamos el video que nos hicieron en Bombay. Salimos de Zaragoza dirección Logroño, donde vamos a recoger a mi querida B. para volver juntos a Madrid y pasar allí al menos esta noche hasta el martes que tengo un nuevo encuentro editorial. El cliente que nos debe tanto dinero ni siquiera nos quiso recibir. Así que el viaje a Barcelona fue en vano. Seguiremos intentando… Mientras, porque el viaje permite estas cosas, pensaremos como afrontar los retos que vienen…

En alguna parte dirección Ayora


He parado junto al «Águila Roja» en alguna parte entre Castellón y Valencia dirección a Ayora, donde tengo que presentar un libro de la editorial. Menú del día: patatas de luxe, por eso de que los vegetarianos no comemos hamburguesas. Ayer día intenso, muy intenso. De Córdoba a Toledo, en los increíbles jardines del Cigarral de las Mercedes. De allí a Madrid y en Madrid tarde loca de encuentros y experiencias. A las nueve de la noche camino hacia Barcelona donde dormimos en cualquier parte un par de horas tirados en la cuneta. Hoy, de nuevo ruta…

En Ruta…


Hoy empiezo una de esas rutas interminables donde aprovecho para hacer un poco de todo. Esta tarde tengo que estar en Toledo y Madrid por motivos varios. Mañana viernes presentamos en Castellón el libro de Chimo de Ayora. El sábado en Lérida y quizás el domingo Barcelona para estar de nuevo el martes en Madrid y de ahí quizás a Galicia. Reuniones y encuentros, el placer del trabajo o el trabajo por placer. Aprovecharé para ver a ciertos clientes que hace ya más de un año que no pagan e intentaré repensar una y otra vez formas para que la empresa sobreviva durante los próximos seis meses. Al parecer vienen tiempos difíciles. Además, en este semestre se presentan retos importantes. Ser o no ser doctor y la posibilidad o no de empezar de nuevo en el mundo de la docencia. Ser o no ser político y la posibilidad o no de seguir dando guerra. Ser o no ser, esa es siempre la cuestión. En todo caso siempre seré persona, como dice un quillo amigo, y eso lo vale todo… Al fin y al cabo el ser empieza por ahí y extiende sus tentáculos hacia el infinito y más allá… Seamos pues… y lo demás vendrá por añadidura…

El reposo del guerrero



El tiempo no se detiene y pasa en exceso rápido. Uno cree, cuando es joven, que le queda toda una vida por delante. Pero esa vida pasa de forma tan vertiginosa que no somos capaces de encontrar el freno de mano para detenerla, para atraparla entre unas manos que envejecen a la velocidad de la luz. Sólo en la soledad, en la meditación del silencio, parece que algo se detiene, permitiendo con ello la contemplación desde una columna elevada que permite ver algunos rasgos del infinito universo. Entonces parece que todo está bien, que todo se mueve al ritmo necesario y que la vida no contempla paradas excepto las de la conciencia.

El jueves regreso a Barcelona si la furia del volcán islandés Eyjafjälla lo permite. Si la cosa empeora podría ser que quedara atrapado en esta isla de felicidad. No me importaría. En estas dos semanas he rendido más que en dos meses. Además, he empezado a redactar mi cuarto y quinto libro a la vez, uno sobre reflexiones antropológicas y otro sobre reflexiones filosóficas maltitulado “La Conspiración de los Iguales”. Tal vez en mayo o junio vuelva de nuevo a Alemania pues encuentro en estos lugares la paz suficiente como para concentrarme con lo que más disfruto: escribir. Además, sigue quedando pendiente el finiquitar la tesis y poder con ello pensar en otras cosas. Quizás este verano sea apropiado para todo esto. Mientras, los días pasan rápido. Por la tarde en el huerto o subido en la bicicleta, perdido entre interminables campos llenos de ciervos libres, de bosques, de prados. A veces me adentro en algún bosque, escucho el crujir de sus inmensos árboles, me tumbo en su hierba y viajo con el recuerdo a la sabana africana, a los desiertos mongoles, al pacífico mar de California, a los caminos dels bons hommes de los Pirineos, a las selvas de Bengala o los profundos valles del Rajastán, a la tierra seca mexicana o las interminables carreteras de Nevada. Reviso la lista de lugares y siento cierta ansiedad. Hay tantos lugares que esperan…

Un vagabundo en Dannenberg


 

Hoy ha sido un día de integración en esta pequeña ciudad de algo más de ocho mil habitantes en el lejano oriente de la Baja Sajonia y a unos diez kilómetros de la granja de Anja. Alguna vez en el pasado había visitado este lugar en bicicleta para tomar un helado o ir de compras, o quizás para visitar a los diferentes artistas que comparten su arte en la famosa semana de la Kûltûrelle Landpartie (traducido es algo así como excursión o salida cultural). Por la mañana hemos ido a desayunar a la casa de Marianne, una amiga de Anja y miembro de la comunidad cristiana a la que pertenece. Como es domingo, tras el suntuoso desayuno, había sesión de estudio bíblico. Me ha resultado, como antropólogo, interesante escuchar como aquí viven con cierta devoción la reforma que llevó a cabo Lutero. Además he podido escuchar algunas palabras en el idioma de esta tierra. Hace unos años pude escuchar a Elisabeth, la madre de Anja, relatar en Navidad un cuento típico en la lengua de este lugar, el Plattdüütsch o Bajo Sajón, un idioma que se está perdiendo y que sólo hablan los más antiguos. Anja sabe algo, y de vez en cuando me sorprende con alguna frase en esta habla extraña para nosotros, especialmente porque ignoramos su existencia, pensando que el alemán se extiende uniformemente por todo este vasto país. Mientras los siete componentes de la comunidad explicaban las hazañas de Lucas 18, miraba de vez en cuando por la ventana pues me encanta ver como en este país integran a la perfección vida humana con naturaleza. Todas las casas están divididas por grandes jardines y pequeñas columnas de bosques integrados en la ciudad como algo natural. A veces, los bosques crean pasillos que se convierten en paseos o caminos que conectan unos barrios con otros. Las casas o edificios, que nunca superan la altura de tres pisos, no están separadas por grandes muros de cemento como en España, sino por pequeñas barreras de madera o vegetales a lo máximo. Eso da una sensación de amplitud y no de claustrofobia. Hay un empeño en cuidar los jardines y todo está verde y florido. Pude observar con más detalle todo esto a eso de las tres, ya que había encuentro en la comunidad cristiana. Así que hemos ido al local donde se reúnen y mientras los mayores cantaban y hablaban sobre la Biblia yo me divertía con los pequeños de la comunidad, haciendo a la vez de padre, tutor, monitor y payaso de los mismos. Lo hemos pasado bien. De nuevo comprendo como los niños, ya sean alemanes, etíopes o indios entienden el idioma universal de la sonrisa. Y así ha sido mi primer domingo en Dannenberg, una ciudad amable de gente amable y acogedora que bromeaban con frases en español con este perdido y errante vagabundo.

Jan Christoph


 

Pasamos la tarde en la granja de Anja recuperando estiércol de caballo para repartirlo en los verdes y floridos jardines de la comunidad. Pude abrazar a Elisabeth, su madre, pero también al perro Alex y a los caballos que seguían hermosos y libres en los prados. Alguna lágrima solté en diferentes momentos porque esa granja y todo lo que allí podía ver y oler tenía un fuerte componente emocional en mi vida. Allí pasé algún frío invierno, alguna primavera, algún verano y algún otoño. Y cada estación que recordaba pasaba por mis pupilas como si de una película de ensueño se tratara. Se dibujaba en mi rostro sin voz una sonrisa acompañada de una tristeza. Consonancia de un sin sabor difícil de describir. Contradicciones, aflicciones, angustias, pero también belleza, esplendor, fortaleza. Y tras recoger el estiércol fuimos a varias casas, y en la última, allí estaba el joven Jan Christoph, once años que compartía con una dolencia psíquica que esculpía en su rostro anómalo una hermosa cara angelical. De torpe andar, vestido con su jersey amarillo acompañado de una peculiar correa a juego, sonreía curioso por la novedad extranjera. Me preguntó mi nombre, y como en Alemania resulta difícil pronunciar la jota, le contesté en catalán: Xavi. Le gustó. Así que tras descargar el estiércol en esa otra hermosa granja llena de patos y ovejas que deambulaban libres por el pequeño prado, su madre Elke nos invitó a unos sabrosos huevos de granja acompañados de café, mientras que Jan repetía mi nombre con cierta complacencia. Le respondía con cierta complicidad en la mirada, recordando tiempos pasados cuando trabajaba con aquellos niños que ajenos a la realidad, vivían en un mundo lleno de estímulos y extrañas vivencias. Jan me recordaba a todos ellos, y al abrazarlo con la mirada y la sonrisa, era como si abrazara a todos los demás. Tras la merienda, Jan Christoph preguntó como era su nombre en inglés. Lo hizo en alemán pero entendí su pregunta y le respondí. Luego se acercó y cogió un palo rematado con tiras multicolores. Le preguntó a su madre Elke si en Madagascar había palmeras como esas. Cuando lo hizo, entendí su pregunta, y sus ansias de viajar a ese o cualquier país con tal de liberarse de las limitaciones que la naturaleza le había impuesto. Viajar a cualquier parte, aunque fuera inventando una palmera que jamás sería bañada por el sol de Madagascar, pero sí por el sol de su alma… Almas que se reencuentran en la sencillez de una sonrisa, o en la complicidad de un sueño imposible… Gracias Jan, Jan Christoph, por ser tan grande, y por haberme dado la oportunidad de imaginar, de soñar, de viajar contigo…

Desde Alemania


Acostumbrado a viajar en coche por Europa, se me hace extraño levantarme en Barcelona y estar en dos horas en Hamburgo. Así que aquí estoy, en un viaje, cosas de la posmodernidad, que me ha costado la friolera de veinte euros, mucho menos que el autobús que me ha llevado desde Barcelona al aeropuerto de Gerona. ¿Cómo es esto posible? Como digo, cosas de la posmodernidad. Y veo las ventajas de viajar sin ser tú el conductor. He leído la prensa, por ejemplo, y he visto con cierto asombro como se intenta procesar a un juez que ha luchado contra el terrorismo, los Gal, la corrupción y un largo etc. mientras que los políticos corruptos campan a sus anchas por el senado sin que sean procesados. Esto sólo ocurre en las repúblicas bananeras y en España, por supuesto. Así que he preferido cerrar el periódico y leer a Nietzsche, que me resulta más interesante, sobre todo cuando dice eso de que “quien tiene un por qué para vivir puede soportar casi cualquier cómo”… Y quizás me gusta por eso mismo, porque al disponer de un profundo por qué, me resultan tolerables todos los cómos… En todo caso, en lo que queda de tarde, y desde este lugar maravilloso, intentaré reflexionar, para no alejarme en exceso de la realidad, de todo lo que ocurre en nuestro país con la distancia del viaje…

Recuerdos de un tiempo perdido


La primera fotografía en la que aparece una persona la realizó Louis Daguerre en 1839 en el Boulevard Du Temple, en París. Desde entonces, el mundo siempre se ha visto de forma diferente. Algo milagroso ocurrió en ese Boulevard, algo que cambió el curso de la imaginación de los hombres. Desde entonces, las imágenes han podido ser compartidas por toda la humanidad. Pero hay imágenes que son difíciles de compartir. Forman parte de lo más íntimo y no siempre se tiene una cámara para fotografiarlas. Por eso la escritura revive como testigo histórico de cualquier momento. Como cuando un día decidí marcharme a Estados Unidos, alquilé un coche y acabé una noche en Las Vegas, mirando a las hostess que por allí andaban en inmensos y lujosos casinos… Las examinaba con cierta curiosidad… sin otra cosa que hacer en la vida excepto el estar allí, contemplando… Recuerdo que días antes había tenido un hermoso encuentro con una aún más hermosa hawaiana que conocí en el Instituo Esalen, a los pies del Pacífico, en el Big Sur californiano. Era muy bella, de rasgos bien marcados, pelo largo, negro, ojos rasgados… nunca supe su nombre. Un día, con gestos, ya que por aquel entonces no hablaba nada de inglés, me invitó a ir con ella a la clase de yoga que la comunidad organizaba por la mañana… aún recuerdo la pasión que envolvía sus miradas, la forma que tenía de rozar su cuerpo con el mío, ayudándome en los ejercicios del hatha yoga… Ese mismo día, por la tarde, tras la meditación vespertina, me invitó a ir a la sauna… No había en aquel tiempo vencido mi pudor para andar desnudo por la vida, pudor, que por cierto, superé de golpe años más tarde en las frías saunas alemanas. No me atreví en ese instante, comprendiendo lo delicado que resulta vivir al extremo del delirio. ¿Por qué no fui a aquella sauna? Al día siguiente abandoné Esalen dirección San Francisco. Estuve todo el maldito viaje llorando, pensando que en cualquier rincón del Chinatown iba a encontrarme con ella. No fue así. La última vez que la vi fue en la danza tribal que hicieron en la comunidad a modo de despedida. Se acercó a mí, me miró, estuvo un rato a mi lado, sonriendo inmóvil para ver si reaccionaba, si movía un dedo, para ver si gemía alguna palabra más allá de mis observaciones empíricas que me ayudarían a completar ciertos vacíos de mi tesis antropológica. Nos miramos con esa complicidad propia de enamorados. Pero no hice nada. Me quedé parado, pasmado, helado por su presencia. Ella se marchó mirándome eternamente, intentado explicar lo inexplicable. Vi como iba hacia una amiga suya y la abrazaba con una fuerza tremenda. Empezó a llorar. Fue entonces como, de forma incomprensible, cogí mi Chevrolet Malibú y desaparecí del Big Sur californiano. Años más tarde aún la recuerdo, aquí sentado, mirando por la ventana como el viento azota los recuerdos… Y uno siempre se pregunta… qué hubiera pasado sí… Perdí las fotografías de ese viaje en un desgraciado accidente informático. Pero eso me da libertad para imaginar esa bonita escena de amor con cierta exageración y melancolía, aprovechando la lluvia que cae, la gran ventana, el cielo escarpado, la imagen del Boulevard du Temple, imagen de un barrio parisino, que por cierto, inspiró mis primeras dos novelas inéditas… Algún día las editaré, porque ellas también son una fotografía exacta de un tiempo perdido… y el tiempo perdido, con o sin imágenes, siempre pervive en alguna parte…

Decíamos ayer…


Decíamos ayer… Precisamente ayer, cuando parece que fue un siglo… Es lo que ocurre cuando viajas de un lado para otro y te encuentras con hombres y mujeres notables, con personas que te iluminan, que te abren la mente, que te inspiran confianza, que se expresan amablemente sobre sus inquietudes, sus miedos, sus esperanzas. Y fue ayer cuando viajé relajado por carreteras adyacentes hacia Madrid. Los paisajes impresionantes, inclusive paré en uno de ellos para hacer la foto que acompaño. Unos árboles teñidos de violeta intenso que contrastaban con el verde terreno y el gris celeste. El encuentro en Madrid era con MF y LV para tratar la incorporación de MF como socio tecnológico en Séneca. Cosas del fluir, terminamos comiendo con una interesante persona, el director corporativo de la empresa de encuestas y opinión Ipsos, el cual nos llenó la mesa de datos e información muy interesantes. Hoy reunión en Barcelona con un viejo amigo y socio editorial, CO, y encuentro matutino con una principal distribuidora a nivel nacional para aclarar ciertos puntos en nuestras relaciones comerciales. Mañana tensa y tarde distendida, con charla sin desperdicio. Y mañana día largo e intenso en Lérida. Un viaje fugaz de tres días que acumulan cansancio al traído de India pero satisfacción interior por estar lleno de experiencias enriquecedoras. Nada más se puede pedir a la vida, nada más que sentirnos vivos mientras servimos con premura a nuestro propósito: nada para nosotros, todo para ellos…

Buena Voluntad en Accion


En el Sudder Street hay un ejercito de voluntarios. La mayoria de ellos japoneses, pero sobre todo españoles que se reparten entre el hotel Maria y la Tasca Vasca, lugar donde te sirven tortilla de patatas y gazpacho. Hay que tener cuidado con la comida o el agua ya que te pueden jugar una mala pasada tarde o temprano. Sentido comun, nos dicen siempre. Habiamos aguantado hasta el ultimo momento sin mayor incidencias aparte del cansancio y el agotamiento exhausto, pero hoy los payasos han pinchado y a punto han estado de no poder actuar en las dos escuelas que teniamos comprometidas en el barrio que se conoce como la Ciudad de la Alegria. Kolo Kolo totalmente agotado y Kili Kili andaba suelto de estomago. Cinco minutos antes de la segunda actuacion, a punto de vomitar, sacamos fuerzas de donde no las habia y dimos nuestro particular espectaculo. Kolo Kolo solo podia responder con un recurso improvisado que utiliza cuando Kili Kili se sale del guion: «Kili Kili is a little crazy«. Kili Kili, carente de memoria, suele olvidarse del guion ensayado una y otra vez y termina improvisando cualquier gracia que Kolo Kolo soporta con santa paciencia. Al final todo salio afortunadamente bien y la terapia del show y las risas sirvieron para levantar el alma. Los abrazos de los niños y el agradecimiento que ofrecen sus inocentes miradas son balsamo suficiente para levantar cualquier espiritu. Y eso, precisamente eso es lo que consigue que ese ejercito de voluntarios vuelvan una y otra vez a este increible mundo donde el cielo y el infierno se confunden con cierta facilidad. Un ejercito de soldados invisibles que no se cuestionan cuanto dejan atras, sino cuanto pueden aportar con su humilde trabajo. Los ves a todas horas y en todas partes, la mayoria exhaustos pero sonrientes. Cuentan con orgullo las veces que han vuelto a esta ciudad, lo mucho que dan y reciben. Lo mal que lo pasaron el primer dia en la casa de moribundos, las pesadillas durante dias, los llantos en las esquinas, el dia que tuvieron que ayudar a amputar un dedo o una pierna… Pero tambien los maravillosos cantos de las misioneras de Calcuta, o de las niñas que viven en ese paraiso a tres horas al sur, en la selva. Todo eso lo cuentan en la tasca vasca, o a la puerta de Casa Madre, o en las esquinas, sentados mientras hablan con mendigos o niños abandonados. Hay un espiritu que los mueve, una fortaleza que los conmueve, una energia de otro mundo que los impulsan a ayudar, a volver, a ir a sus familias y amigos con el testimonio de que hay mucho que hacer, de que hay una utopia que alcanzar, un mundo nuevo en el que creer. Respiran melancolicos cuando se sientan en su sofa de skay, alli en el primer mundo, viendo como les sobra todo, observando que nada material tiene importancia porque nada permanece y todo es provisional. Apagan la television de plasma y miran con extrañeza el microondas. Recuerdan que las misioneras de Casa Madre no poseen nada: ni siquiera lavadora, ni maleta. Tan solo tres saris (vestidos) y un par de sandalias. Y es que  la vida nos provee de la esperanza de un presente hermoso y facilon para luego arrebatarlo sin miramientos. Eso se aprende rapido en India, especialmente en Calcuta, donde todo esta por hacer, donde todo es provisional, donde todo pesa poco porque la vida y la muerte rebosan en todos sus rincones.

Si alguien puede venir a India recomiendo que lo haga. Que visite Casa Madre, que trabaje de voluntario un par de dias, un par de semanas. Las Hermanas estaran encantadas y te daran a cambio un desayuno a base de un trozo de pan y alguna banana en los dias de mejor lujo. Ademas, una sonrisa que no tiene precio, porque es profunda, sincera, desesperada. Hay mucho que hacer, la jornada empieza temprano. Y luego el premio: la vuelta a casa respirando un profundo perfume que atraviesa los poros de tu vida futura, por siempre, para siempre… Mañana sera nuestro ultimo dia en Calcuta. Mañana nuestras dos ultima actuaciones en Casa Madre. Sera dificil, como lo fue en Etiopia, pero estaremos dispuestos a arrebatar al mundo un par de sonrisas mas antes de partir… Que la vuelta sea buena… que la vuelta rebose alegria y esperanza…

La Ciudad de la Alegria


Estos dias hemos estado aislados del mundo. Tras un vuelo domestico desde Bombay, en el mar Arabico a Calcuta, en Bengala Occidental, y tras dormir una noche en una especie de zulo sin ventanas y sin casi nada en el barrio donde se hospedan casi todos los voluntarios que vienen a ayudar a Calcuta, especialmente en la Casa de Madre, en la casa donde vivio y trabajo toda su vida Teresa de Calcuta, nos fuimos a actuar a la zona rural durante unos dias.

En el sur se extiende una selva hermosa, silenciosa, sin ruidos, sin rickshaws, sin esa contaminacion que se pega a la piel y te cubre de un hollin negro dificil de despegar. El primer dia, nada mas llegar a ese legado verde y frondoso, quise pasear a solas por sus caminos abrigados por pantanales, arboles exoticos y casas de barro que se extienden por las laderas. A la hora de camino me perdi y no supe regresar, pero no me importo. Me sentia sanamente perdido. Los niños de las aldeas salian a mi encuentro para saludar. Les encantaba que les hiciera fotos para luego verse reflejadas en ellas. Sus risas eran contagiosas y su confianza a la hora de tratar con un desconocido barbudo me parecia increible. Durante un rato me acompañaban contandome historias que yo no entendia. Pregunte si habia tigres en el lugar y todos me tranquilizaban con un «no» universal y sincero. En la selva la pobreza no es miseria, y existe dignidad. Las gentes parecen felices y sonrien en una tranquilidad que rebosa paz. No entiendo porque muchos prefieren desarraigarse de ese pequeño paraiso para intentar la aventura insensata de «mejorar» sus vidas en la gran ciudad.

Volvi al dispensario de Ashabari, un centro apadrinado por la Ong Calcuta Ondoan, lugar donde se atiende las necesidades de indigentes y enfermos mentales y donde actuariamos al dia siguiente ante casi mil quinientas personas en la celebracion del dia de la mujer. Alli nos abrieron las puertas de su casa el matrimonio de Das, un carismatico servidor de los pobres y su mujer Lilly, la cual nos ofrecio en esos dias unas estupendas tortillas de patatas que comimos con agradecimiento y alegria.

Tras estar dos dias en Ashabari partimos con el padre Joseph hasta una mision jesuita a ochenta kilometros al norte de Calcuta. Alli nos esperaban dos actuaciones en escuelas rurales que sobreviven en medio de arrozales y cultivos de patatas. Las misiones religiosas hacen un gran esfuerzo por proteger a los mas desfavorecidos, y asi lo pudimos comprobar en los dos colegios donde actuamos.

Tras este periplo por selva y arrozales, la vuelta a la Calcuta, a la Ciudad de la Alegria sin duda ha sido dura, pero compensada por los abrazos que ayer recibimos de los niños ante los que actuamos. Esperamos que esas sonrisas sirvan de algo. Al menos para creer en la esperanza de un mundo nuevo.