MÍSTICA Y HERMÉTICA DESDE CALCUTA


Decía Louis Cattiaux que existe una realización mística, la cual actúa en espíritu y en alma; pero que, además, existe una realización hermética, la cual actúa en espíritu, en alma y en cuerpo. Y en Calcuta hay una relación especial que agita todo cuanto somos como humanos: una triple relación que supera todo cuanto creemos conocer. Aquí todo es incierto y provisional. Incluso la vida carece de valor. Un ser humano tumbado en la calle tiene el mismo valor que el cartón que cubre su mugriento esqueleto. Hace unos días hablaba de una pobreza límite generada en los suburbios, en los slums de Bombay. Pero en Calcuta la miseria se torna desagradable a la sensibilidad. Es retorcida, soberbia, incomprensible.
Quizas para las mentes occidentales resulte esperanzador el que un par de payasos viajen hasta este inframundo para recuperar la esperanza de la sonrisa y el amor, y que sea eso lo que transmitan a sus amigos y familiares. Pero me niego rotundamente. No puedo renunciar a lo que ven mis ojos todos los dias, a lo que sienten mis carnes y mi esqueleto. No puedo mirar hacia otra parte y compartir lo bonito que fue hacer reir a trescientas criaturas, a treinta o a mil quinientas, segun el dia, y renunciar al relato verdadero de la experiencia total, de ese «estuve alli» y esto fue lo que vi.
Las reflexiones sobre todo esto vendran despues, quizas en algun libro o alguna cronica. Pero ahora necesito compartir todo cuanto veo y siento, con la esperanza de que mi verguenza humana sea trascendida por la fuerza de la utopia que rechaza abiertamente esta horrible realidad. Por eso hablaba al principio de una relacion espiritual con la naturaleza que envuelve todo cuanto vemos. Solo desde esa relacion se puede hacer soportable lo verdaderamente insoportable.
Pongo como ejemplo un ser cualquiera de apenas tres primaveras de edad que se retuerce solo en la calle. La calle es su casa, ya que ni siquiera tiene la posibilidad de vivir bajo la chapa ardiente de una chabola. Su pelo sucio se confunde a veces con la mugre de las aceras. A veces me paro junto a ellos. Tan acostumbrado a tratar con vagabundos ancianos, se me hace raro ver esa imagen. Un niño vagabundo, un niño que nacio en un parto doloroso, sin sentido, que pasara el resto de su vida durmiendo en cualquier esquina sin posibilidad de interrogarse sobre el porque de todo esto. Pero realmente eso no es lo que mas me duele de esta experiencia. Lo que mas me duele es la indiferencia de todos los que pasamos a su lado, de todos los que vivimos en un mundo mas divertido o «desarrollado» como lo llamamos nosotros. Eso es lo que mas remueve mis entrañas. En este mismo pais que tanto gasta en armamento mientras permite que sus hijos malvivan, o quizas seria mas exato decir: malmueren. Algo va mal en este mundo. Algo esta equivocado. Algo terrible esta pasando ante nosotros sin que seamos del todo conscientes. Y luego mas arriba discuten sobre si el vecino me dijo o el otro me maldijo. Que estupido es el ser humano. Bueno, quizas seria mas exacto decir eso de que estupido es el lobo vestido de humano. Un hombre de las cavernas que por cosas del desarrollo conduce bonitos coches y visten bonitas pieles mientras que dos calles mas abajo, seres de su misma raza, de su misma tribu, de su mismo barrio, mueren en vida.
Por eso permitidme por un momento que me abrace a la mistica y a la hermetica. Solo asi podre soportar un dia mas, un año mas, el saberme humano sin tener la posibilidad de cambiar mas que un par de rostros sedientos de sonrisas.

Mi religion es el servicio


Hoy hemos actuado en uno de los barrios mas pobres de Mumbai, en un colegio que se mantiene gracias a las ayudas de mucha gente y organizaciones que dan apoyo a la labor que alli se hace. Tambien ha sido uno de los dias mas emotivos por el amor especial de unos chiquillos que sin tener nada, lo han dado todo. Koldo esta preparando una cronica para explicar las emociones del dia porque han sido muchas. Especialmente cuando en mitad de la actuacion, en un momento en el que Kili-Kili cae al suelo, una chiquilla ha ido de forma expontanea hasta el para intentar reanimarlo. Ese momento inolvidable, esa suavidad con la que acariciaba el rostro barbudo del pobre payaso ha quedado marcado en nuestras almas.

En la conversacion que hemos tenido mas tarde con una de las profesoras, y tras ver como rezaban antes de empezar las clases, esta ha dicho: mi religion es el servicio. Y esa religion la hemos visto en esa peque que de forma voluntaria fue a ayudar al payaso inconsciente. En los abrazos de todos los que nos han animado en la actuacion, en las infinitas sonrisas. El servicio, el amor, es la verdadera religion. Todo lo demas forma parte del folclore, de la tradicion de cada cultura, de cada pais, de cada region, de las creencias epidermicas, de la fantasia, el mito o la imaginacion de los pueblos. Lo importante era ver como hindus, musulmanes y cristianos rezaban juntos al Dios del amor. Con respeto, con tolerancia, con sencillez, con ese afan de servicio al otro, de ayudar al otro, como esa chiquilla de apenas cuatro o cinco primaveras que se ha arrodillado para acariciar al hombre de la nariz roja.

Cuando nos marchamos, nunca sabemos que ocurre en el corazon de esos seres diminutos al haber sido invadidos por dos seres de otra galaxia vestidos de forma rara. Sin duda, nuestros corazones se transforman en cada actuacion, haciendo mas blando y limpio el refugio de nuestra alma.

Gracias de nuevo a Ana y Cristina por habernos guiado hasta esos otros mundos…

La fiesta de los colores


Han pasado tantas cosas en estos dias que me resulta dificil ordenar los recuerdos. Ni siquiera hemos tenido tiempo de pararnos a escribir en nuestros diarios todo lo ocurrido, excepto hoy, que es fiesta nacional, la fiesta de los colores, y tenemos el dia libre. Ahi fuera en la calle todo el mundo esta en una batalla campal de colores, especialmente el rojo, pues segun la tradicion, era de ese color el rostro de Krishna y por eso hoy todo el mundo, aunque con un caracter mas folclorico y festivo, intentan imitar esa tradicion espiritual. Por cierto, ayer ocurrio algo muy bonito. Andabamos paseando por la calle de vuelta de cenar en nuestro rincon gastronomico (el restaurante vegetariano Satguru, donde por menos de tres euros por cabeza puedes comer como un rey), cuando nos acercamos a una fiesta privada en un casa. La familia nos invito a entrar y a participar en ella, estando un buen rato con ellos compartiendo la musica. En la despedida nos llevaron dentro de la casa y nos invitaron a tomar algo mientras que decian que si estabamos alli no era por casualidad, sino porque habia un vinculo que nos unia y que por eso habiamos llegado hasta ellos. Tuvieron especial atencion hacia la guapa Cristina, la cual se habia vestido con un hermoso traje tradicional y parecia una reina oriental. Asi la trataron, diciendo que en India ven a Dios a traves de la mujer. La fiesta la hacen anualmente en honor a la familia. Nos hablaban con mucho orgullo de los ancianos de la familia, los cuales protagonizaban el momento. Fue todo muy emocionante.

Ese mismo dia habiamos tenido nuestra tercera actuacion en un colegio de estilo colonial. La primera fue en un barrio pobre donde los infantes lo pasaron en grande y nosotros sufrimos la novatada de la primera actuacion. La segunda actuacion fue de lo mas surrealista. Los organizadores pudieron hacerse con un gran estudio al estilo Bolliwood – los estudios Famous- donde llevaron en autocares a las criaturas. Cuando vimos aquello no podiamos creerlo. Habiamos creado una expectativa grandiosa en las ONGs que organizaron todo el evento y montaron un espectaculo a lo grande gracias a la colaboracion desinteresada de algunas familias pudientes de Bombay. Cuando llegamos al estudio los nervios nos abordaron porque nosotros no somos profesionales. Por suerte fue todo bien. Al final incluso nos grabaron con tres camaras de video y nos hicieron entrevistas al estilo de los famosos… Fue todo increible y nos fuimos muy satisfechos por todo lo que habia ocurrido… Intentare esta tarde subir algunas fotografias si la velocidad de internet me lo permite… Seguimos mientras pensamos todos preocupados por lo ocurrido en Chile…

Desde Bombay


No se cuantos dias llevamos aqui. Creo que quizas llevamos tan solo unas horas, pero psicologicamente es como si llevaramos toda una vida. Nos hospedamos en un hotel barato de Chembur, en la periferia de Bombay. La noche sale a menos de diez euros. A veces hay agua caliente y a veces no, pero realmente hace tanta calor que no la necesitamos. Ayer comimos solo una vez. Estabamos tan cansados por el cambio de clima y horarios que habiamos perdido el apetito.

La primera anecdota ocurrio ayer. Una chica muy inteligente se acerco hasta donde Koldo y yo estabamos descansando, justo en frente del Gate of India, lugar donde ocurrieron los espantosos atentados de hace unos meses. La muchacha nos conto lo mal que lo paso. Estuvo un buen rato explicandonos su situacion familiar. Decia que no queria dinero, pero que por favor le compraramos leche y arroz para su familia. Me parecio todo tan sincero que acepte inocentemente el ir a comprar con ella. Pero resulta que todo era un bulo. Me llevo a una tienda donde la muchacha de tan solo diez anyos y un excelente ingles estaba compinchada con el tendero. De repente, el tendero empezo a sacarme efectivamente arroz y leche para la pobre muchacha, eso si, paquetes de arroz de diez kilos y leche de cinco kilos y todo por el valor de casi dos mil rupias. Es decir, que si en la calle un guiri despistado da veinte rupias de limosna, esta jovencita astuta sacaba dos mil con la historia de que no queria dinero. Me parecio todo tan perfecto y la muchacha lo hizo tan bien que no compre la suculenta compra, pero me la lleve de vuelta al Gate of India y le di cien rupias por lo bien que habia hecho la mentira. Me enfade con ella y le meti previamente un rapapolvos explicando que no es bueno mentir. Y que el premio no era por la mentira, sino por haberla hecho perder su tiempo con su «trabajo».

Quitando esta anecdota sin importancia y solo como aviso para navegantes, poco mas ha ocurrido excepto nuestra primera actuacion hoy mismo ante unos cien muchachos. Como las cosas no son perfectas no todo ha salido perfecto, pero al menos ellos se han reido y lo han pasado muy bien y nosotros tambien.

Perdonad que no ponga acentos pero este ordenador indio es diferente a los nuestros. Intentare siempre que encuentre ocasion escribir algunas letras…

Seguimos llevando sonrisas…

Pd. De nuevo mil gracias a Cristina y Anita por su increible trabajo. Creo que sin ellas esto hubiera sido muy diferente.

Preparando el viaje a India


Hoy es el último día en la Montaña… Ando preparando las últimas cosas antes de incrustarme de nuevo en la aventura de la vida. Habrá, como siempre, un antes y un después de este viaje. De momento me he cortado el pelo al uno y empezaré poco a poco a dejarme crecer la barba. Es por pura comodidad. En lugares donde hay poca agua es mejor así.  No llevo medicinas. Mi equipaje: una pequeña mochila donde meteré cuatro gayumbos, una camiseta, tres pares de calcetines y las cámaras de video y fotos. Además, una toalla de esas de deporte que no ocupan nada (son como una especie de balleta azul tamaño pañuelo, no más). El saco de dormir, cepillo de dientes, champú en bote pequeño, pasta y desodorante.  Mi cuaderno de campo, un boli, y lo puesto: un pantalón cómodo, una camiseta, un sueter-pijama y un forro polar. Creo que no me dejo nada…  Mi reto era llevar una mochilita de ciclista, de esas que no ocupan casi nada, pero el saco de dormir no cabe ahí, así que llevaré una mochilita algo más grande… no mucho más… y haré realidad ese mi viejo sueño de viajar sin equipaje… Koldo me llama, por lo de la austeridad, monje franciscano… No le falta razón… y algo de esa filosofía encierra esas mis manías… Un monje vestido de moderidad, como les digo a mis amigos…

Combinando lo imposible


Me encuentro en Dannenberg, un pequeño municipio de no más de ocho mil habitantes en el lejano oriente de la Baja Sajonia. Está a poca distancia del gran río Elbe y de la granja Meier, lugar lleno de recuerdos y experiencias pasadas. A. se mudó a un pequeño apartamento donde compagina su militancia cristiana con sus ganas de ayudar a la comunidad. Su generoso espíritu la mantiene activa y viva, y sus ganas de entrega la hacen grande y respetada. Mientras me debato sobre las teorías de la cultura en la era posmoderna, compruebo desde mi ventana que el coche ha quedado completamente enterrado en la nieve. Mañana temprano tendré que ingeniármelas para poder sacarlo de ahí y poder llegar hasta algún lugar donde la nieve no resulte un peligro. Espero que la vuelta a casa sea más llevadera que la ida. Regreso tranquilo al comprobar que A. está bien, que es feliz y que su vida sigue siendo una inquietante controversia. Espero que su locura la lleve por buen camino…

Desde el Norte


Hay caminos que ya están escritos. Podremos esquivarlos pero la fuerza de la vida siempre te arrastra hacia ellos. El miércoles amanecí en Madrid y de entre las muchas opciones que tenía hubo una que me sedujo especialmente. Así que cogí el coche y surqué media Europa hasta llegar a Alemania. Un viaje difícil y peligroso por las grandes nevadas. En más de una ocasión pensé que no llegaba. Dormir a menos cuatro grados bajo cero en la cuneta de una autopista belga no fue gran problema. Y el viaje mereció, por muchas razones, la pena…

Equipo Grande


Admito que los dos payasos, Kili-Kili y Kolo-Kolo -parecían tontos- van a viajar muy bien acompañados. Ana y Cristina nos acompañarán a esta mágica aventura y esperamos que ambas disfruten de la experiencia única de dibujar sonrisas… Su apoyo y ayuda serán imprescindibles y están haciendo una gran labor de muros para dentro. Así que desde aquí nuestro reconocimiento y nuestras más sinceras gracias a las dos… También gracias a todos aquellos que habéis puesto vuestra ilusión en acompañarnos… Un abrazo sentido a todos…

Multiplicador de libertad


Hace años llegué a la conclusión de que la única forma de sentirse libre era desvinculándote del tiempo y de una ubicación determinada. Es lo que Timothy Ferriss llama el multiplicador de libertad. Fue en Escocia cuando mientras redactaba Creando Utopías observé que esas dos variables eran las que nos mantenían sujetas a una especie de esclavitud encubierta. Entonces, ¿cómo liberarnos de ello? Controlando unas variables prácticas que dominan nuestra vida: «qué haces», «cuándo lo haces», «dónde lo haces» y «con quién lo haces». Los amigos y conocidos se quejan de que siempre estoy viajando y de que muchas veces resulta difícil verme o encontrarme debido a mis continuos desplazamientos. Realmente esto no es así si controláramos esas variables. Hay gente que dedica dos horas a cenar por la noche o tres a la comida, siesta y sobremesa. Otros se van de fiesta los fines de semana o a tomar el café todas las tardes. Mis variables prefieren dedicar ese tiempo al trabajo, organizando así mi tiempo de forma diferente y viajando con el tiempo restante o haciendo esas actividades que parecen extrañas. La administración del tiempo es cuestión de cada uno. Es posible que esté días enteros trabajando sin apenas tiempo para comer a cambio de luego administrar mi tiempo de ocio de forma diferente. Esa es la razón de mis viajes. No tiene más secreto que administrar de forma diferente las variables del ocio y el trabajo. Y cuando el trabajo se convierte en ocio y viceversa, todo fluye de forma extrañamente hermosa. Tener opciones, sacrificarte por ellas, poder escoger, es el verdadero poder. Como dice Ferriss, las opciones son infinitas, pero todos los caminos empiezan dando el mismo paso: cambiando lo que das por supuesto.

Desde la sierra de Urbasa


La gente normal suele tomarse las vacaciones en agosto o en julio, y normalmente, los puentes aprovecha para viajar o disfrutar del merecido descanso. A veces incluso los fines de semana resultan apropiados para estar en familia, pasear o ver a los amigos. En mi caso no me rijo por el calendario gregoriano o mecánico. Un domingo puedo estar trabajando catorce horas maquetando un libro y un martes aprovechar para dar un paseo. Esto tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Las malas, estar siempre mirando los correos electrónicos, ya sea en el móvil o en el portátil y atender las exigencias de la editorial estés donde estés. Las buenas es que puedes hacerlo desde cualquier parte del mundo y a cualquier hora. Así mi horario se rige por el tiempo de la ocasión. Puedo dar un paseo por la mañana o por la tarde, y estar diez horas trabajando sobre algún asunto a cualquier hora del día y de la noche… Este es el pacto cuando te exigen ser un hombre libre y de buenas costumbres…

Trabajando desde el paraíso


Tras pasar unos hermosos días en Galicia me encuentro en mitad de la sierra, en un paraíso perdido cerca de Estella, un lugar privilegiado donde el amigo Kolo-Kolo ha sabido encontrar un rincón perfecto para la escritura y el trabajo silencioso. Me asomo desde la ventana y sólo veo montes, bosques, caminos paradisiacos por donde pasear y perderte. Trabajaremos con estas vistas y el sol que ya empieza a despuntar por entre los árboles nos recordará que la helada nocturna desaparece en cuanto amanece el nuevo día. Que la luz siga iluminando…

Septentrión


Siempre buscando nuestro norte… siempre buscando en la brújula de la vida esa necesidad del viaje interior… Tomé la ruta de la Plata enfilando el coche hacia el septentrión… La noche del viernes la pasé al volante hasta que el sueño venció al trayecto. Paré en algún área de servicio en alguna parte de Extremadura… Al alba, seguí con la duda que nos asola en toda iniciativa, como si esa duda quisiera obligarte a volver a la seguridad de lo ya conocido. Pero sabía que debía seguir, debía llegar a ese destino circular y cerrar o abrir tantas puertas como fueran necesarias antes del mágico y renovador solsticio de invierno. Así que llegué a la frontera con Francia y atravesé el gran país parando a dormir en la noche del sábado en alguna parte cerca de París. Al día siguiente, el domingo, di un hermoso paseo por Bélgica y luego Holanda. Visité Rotterdam y Amsterdam, preciosas ciudades que enamoran al viajero e invitan a la hipnosis. Seguí atravesando el norte de Alemania y persuadido por la noche y el frío pasé puentes y estrechos, ínsulas danesas hasta llegar a la hermosa Copenhague. Era mi primera parada seria, emotiva, reflexiva. Dejé el coche en la calle donde un año antes había escuchado música junto al gato Tusse. Necesitaba estar allí, poder ver la ventana, aunque fuera desde la calle, y contemplar que las plantas de las macetas eran cuidadas y regadas por ella. Ver que seguía viva, allí, solitaria, en su mundo, buscando su árbol de Yggdrasil. Respeté su silencio. Pasé la noche fría y di algún paseo por la mañana. Seis mil kilómetros para comprender que todo estaba bien. Hice un pequeño ritual, una pequeña meditación de despedida. Cerré la puerta y seguí el viaje.

A media tarde llegué a Dannenberg, un bonito lugar en la increíble zona de Wendland, en la Baja Sajonia alemana. Allí estaba A., mi querida A. Se había trasladado desde su hermosa granja a un pequeño apartamento. Estaba feliz con su nueva vida. Lo había preparado todo para mi visita y había trabajado duro para que estuviera cómodo durante al menos una semana. Nos abrazamos y hablamos sobre nosotros, sobre nuestras vidas. Estábamos felices de volver a vernos. Comprendí cuanto la amaba al mismo tiempo que comprendí lo importante que es para mí su felicidad, y su felicidad está allí, en su país, con su gente. Por eso a la mañana siguiente, mientras ella oraba en la iglesia, me marché sin despedirme, al alba. No me hubiera podido marchar de aquella casa de otra manera. No hubiera podido mirarle a los ojos y decir adiós. Y volví de nuevo al coche, en silencio, en meditación, programando el nuevo futuro, sintiendo que las cosas están bien aunque a veces duelan. Seis mil kilómetros de intensa meditación, a solas, en ese pequeño templo móvil, un lugar ideal para sentirte más cerca del propósito… Renuncia, aplomo, desapego, equidad, fortaleza, desprendimiento, dolor, paz… palabras que venían una y otra vez… palabras que anuncian una nueva vida…

Tristeza


Resulta difícil desembarazarse de la realidad, de la dura realidad. Algunos son expertos en mirar a otro lado, en pensar que hay cosas que no existen, en soñar que la vida gira alrededor de sus estómagos preguntándose constantemente sobre la trascendencia de sus propios problemas. Otras podemos ver al otro con empatía, con compasión, con comunión, y deseamos abrazarlo para hacer de sus problemas, de sus miserias, las nuestras… En Etiopía eso parecía un imposible, ya que eran tantos los que sufrían que faltaban manos y ojos y corazones suficientes para poder abrazar a tanta injusticia.

Alegría



Hacer reír puede resultar difícil. Pero cuando se consigue, se obra el milagro de la comunión entre almas, de la conspiración entre seres que conectan con lo más profundo de sí mismos y se desnudan ante la inminencia del amor… Alegría…

Siendo


Las jornadas eran agotadoras. Había días que nos quedábamos tumbados entre actuación y actuación y acabábamos en los brazos de Morfeo. Cien niños, doscientos, trescientos… cada uno con su exigencia, cada uno con su mirada, con su interior, con su alma reflejando la angustia de no entender la existencia… Nosotros nos empeñábamos en mirar a sus ojos, en penetrar hasta su infinito. A los más los abrazábamos, le tocábamos el cabello, le hacíamos una broma o un guiño. Queríamos llegar a todos y queríamos que todos llegaran a nosotros porque sabíamos que todos tenían algo que enseñarnos. Fue agotador, pero fue hermoso porque todos, incluso con la máscara del payaso, fluíamos en un siendo hermoso que penetraba el momento único. Una inmensa alegría interior nos volvía a poner en el camino, una inmensa paz nos recordaba la urgencia de actuar…
(Foto: Kolo-Kolo y Kili-Kili agotados tras una actuación…)

Abrazos sentidos



Eran tantos niños que se me nubla la mente al intentar recordarlos a todos… Muestro algún botón… aunque me encantaría tener uno por uno presente todos los días de mi vida…

15 euros


Paramos para hacer unas fotos a un lago. Enseguida los niños de la carretera, esos que mendigaban o vendían junto a sus padres cebollas y tomates, nos rodearon y empezaron a jugar con nosotros. Se me acercaron dos niños que me hablaban en amárico u oromo sin yo entender nada. Les miré a los ojos y empezamos a jugar. Me hice fotos junto a ellos mientras que mostraban sus virtudes en el juego. Uno de ellos, el más hábil, se subió a una barca para que le sacara una bonita foto. Hizo algunas posturas y luego reía cuando se veía en el dispositivo de la cámara. Si tiene suerte y sobrevive a las hambrunas o las enfermedades crecerá y aspirará a un sueldo mensual de quince euros. Esa cifra me removía el estómago. Quince euros como salario medio mensual. A veces, me escapaba del grupo y compraba una botella de agua en algunas de las humildes tiendas de cualquier lugar. Nunca supe el precio de la botella. Siempre pagaba con un billete de cien birrs. Al cambio viene a ser como la mitad de un salario. Ellos me miraban estupefactos, incrédulos y agradecidos cuando pagaba esa gran cantidad por una mísera botella de agua que solía regalar a los niños de la calle. Para algunos podría parecer un acto de soberbia occidental. Para mí tan sólo era un acto de justicia, o quizás, un acto de impotencia. El niño de la barca quizás nunca pueda ganar ese dinero. Quizás muera antes de poder ver más de cien birrs juntos. Con lo que pago de hipoteca al mes podría pagar un salario medio a más de doscientas personas en Etiopía. Hay algo que no comprendo, que se me escapa. Hay algo que me duele profundamente. Doscientas personas africanas a cambio de una hipoteca occidental. Me duele la cabeza de tan solo pensarlo, pero sobre todo, me duele el alma de forma infinita. Todo se quiebra, todo me turba, todo parece absurdo.
(Foto: Niño a las orillas del lago Zway).

Payasos en África


La imagen es surrealista. Dos hombres vestidos de marcianos visitan un poblado Oromo en mitad de la sabana africana. Al principio miedo y extrañeza, curiosidad por ver que son esas criaturas. Luego risas, juegos y el lenguaje universal expresando las sutilezas de la raza humana, sin distinción de color, de religión, de ideas. Éramos uno interpretando su nota cósmica, su propia y esencial armónica. Los venerables ancianos nos rodearon, nos cogieron de la mano y posaron, casi ciegos, para ser testigos de un momento único, de un tiempo único. El resto del poblado se acercó para participar de la fiesta. Una fiesta extraña cuyo denominador común era la Alegría. Un hombre mayor vino con su lanza. Al parecer todos los miembros del poblado, especialmente los niños, habían abandonado sus tareas, el ganado y todo cuanto hacían para participar del espectáculo. Algunos niños también llevaban lanzas. Me agarré a una de ellas y luego me subí a un árbol. Imaginad un mono verde en un árbol. Desde allí arriba todo se veía distinto. Kolo-Kolo en mitad de la sabana rodeado de niños. La lanza junto al ajedrez. Angi y Pedro a lo lejos, en alguna parte. El sol bajaba lento mientras derramaba sus últimos rayos sobre el poblado de barro, paja y ramas secas. No había mucho más, excepto la frescura de sentir la vida tan cerca.

La Venerable Anciana


No tengo palabras para describir la dulzura de esta mujer. Me quedé mirándola durante un gran tiempo. Por un momento fui consciente de que nunca más la volvería a ver a no ser que ocurriera algún milagro extraño. Entonces algo se removió en mí. Ella era testigo de un tiempo, había sobrevivido durante décadas a hambrunas, guerras y calamidades. Su mirada y generosidad encerraban una sabiduría eterna, preparada para ser transmitida con su sacrificio a las siguientes generaciones. Todo se remueve cuando contemplo esta escena…

El Venerable Anciano


En África no hay ancianos, sino miles de niños y adultos, pero no viejos surcados por arrugas y pelo blanco. Por eso, cuando en el poblado que visitamos andábamos cantando la canción estrella de «Jambó» y de repente se nos acercó el anciano y empezó a gritar la canción y a saltar junto a nosotros pensé que se trataba de un sueño. La experiencia fue increíble. Empezamos a gritar «Jambó» y el anciano nos imitaba pero con más fuerza. Entonces nosotros gritábamos más y el anciano subía el volumen. Al ver que no podíamos con él, añadió los saltos y nosotros saltábamos con él hasta que nos fundimos en un sentido y hermoso abrazo. Empezó a hablarme en Oromo y yo le contestaba en un idioma inventado. Fue una escena divertida y graciosa, llena de amor y ternura. Apareció junto a él su anciana mujer, curvada, pequeñita. Me acerqué para abrazarla. Al principio parecía tener miedo al ver a un hombre vestido de verde y con nariz roja. Le sonreí mirándola a los ojos y entonces ocurrió el milagro. Nos abrazamos como si nos conociéramos de toda la vida, como si hubiéramos conectado con esa esencia que es la familia humana.

La mirada triste


Había niños enfermos, otros moribundos, como alguno que pude ver en el poblado que visitamos, con su barriga inflada por el hambre crónica y con una mirada que anunciaba un próximo abandono. El niño que aperece en la foto nos acompañó hasta el colegio que las monjas salesianas tenían en Zway y donde hicimos la mayor parte de las actuaciones. Me impresionó su tristeza. Conseguí abrazarlo en todo el viaje, procurando que no llorara, dejando que me tomara con sus pequeñas y tímidas manos las mías propias. Los niños que estaban atendidos por las monjas vivian en un pequeño «paraiso». Podían comer tres veces al día, gozar de atenciones médicas e ir a la escuela. Pero más allá de ese oasis de calma había un pequeño infierno de superviviencia.

¿Demagogia?


El sábado por la mañana hicimos dos representaciones, quizás las más difíciles de todas. Una en un orfanato de la capital etiope y la otra en la casa que las Misioneras de la Caridad, la orden que fundara la conocida Madre Teresa de Calcuta, tiene en una de las zonas más pobres del planeta. Lo que allí vimos fue conmovedor: los más pobres de entre los pobres. Cientos de personas empeñadas en vivir gracias a la entrega de estas monjas que dan su vida por cuidar a leprosos, moribundos, personas enfermas, deficientes físicos y psíquicos abandonados y todo tipo de miserias humanas. Acostumbrado a la pobreza del cuarto mundo, nunca pensé que se pudiera vivir aún en condiciones peores. En la actuación aprovechábamos para abrazar a los niños enfermos, esculpir una sonrisa en los inválidos, sentir compasión por aquellos que pronto abandonarían este mundo. Alguien dice que hago demagogia con estos comentarios. Seguramente lo diga porque nunca tendrá la oportunidad, por su propia condición burguesa, de besar el rostro de un niño comido por las moscas… Si algo pretendo es restregar todo esto por nuestras consciencias occidentales. Quizás consiga que alguien mire más allá de su tripa y pruebe de ser más humano…
(Foto: Niños con diferentes patologías en una de las salas comunes de la casa de las Misioneras de la Caridad).

Etiopía


Ando en La Montaña preparando con Koldo el viaje a Etiopía. Hacer reír a más de 1200 niños se presenta como un reto importante. Porque son un millar de niños que sufren, que viven abandonados en los abismos de la más radical de las penurias. No sabemos con qué nos vamos a encontrar, es por eso que hemos estado esta semana preparando y ensayando una y otra vez todos los gestos, todas las canciones, todos los espectáculos posibles para regalar eso que tanto falta hace en el mundo: Alegría. Por dentro existen ciertas emociones contradictorias. Sé que cuando esté con ellos me sentiré impotente, minúsculo. Pero me acordaré de muchas situaciones difíciles ya vividas y sentiré compasión, por ellos y por nosotros. Mañana viajamos a Madrid. El domingo vuelo a Estambul y de allí a la capital etiope. ¿Qué pasará a partir de ese momento? Muchas cosas… en lo externo pero sobre todo, en lo interno. Espero que el Cielo azul nos de cobijo y el viento ropaje, que exista agua para saciar la sed y comida suficiente para no desfallecer, como hacemos en uno de los actos de la obra… Espero reconciliarme con la vida y soy consciente que no voy allí a dar, sino a recibir, a recibir muchas cosas…

Espacio y vacío


Pensaba pasar el puente en casa, limpiando, arreglando el jardín, contestando mails, leyendo, escribiendo… MA. me envió un mensaje y al poco tiempo ya estaba de viaje para visitar por segunda vez La Montaña. A la altura de Jérez, cosas de la vida, se le averió el coche, así que invertimos la visita y a las pocas horas andaba por tierras gaditanas. Aterricé en Conil y paseamos por ese hermoso pueblo hasta bien entrada la noche. Al día siguiente, nuevos paseos por la hermosa costa, tumbados en la arena o charlando sobre cualquier cosa con tal de sentirnos vivos ante el gran espacio y vacío que transmite el océano. Hacía tiempo que no sentía esa sensación de no hacer absolutamente nada con tal de sentir el placer de eso mismo, de no hacer nada, de no pensar en nada, de disfrutar intensamente de la buena compañía y dejarte llevar por el sonido de las olas. Era como estar bocarriba, mirando el cielo y dejándote mecer por el oleaje suave. Fue hermoso, muy hermoso. A la vuelta me esperaba Koldo en Sevilla. Comimos en la casa de una hermosa mujer suiza que amablemente nos invitó a saborear un arroz y una buena charla. Volvimos juntos a la Montaña con la intención de preparar el viaje a Etiopia. Estos días serán intensos y de ausencia, precisamente por dejar todo el trabajo listo antes del viaje…

Desde Barcelona


Me levanté tarde, a eso de las nueve. Había pasado la noche hablando con E. y terminamos durmiendo en la misma cama, como cuando éramos pequeños. Unos días antes había hecho lo mismo con su hermana porque ese tipo de tabúes no existen en nuestros idiomas y entre nosotros. Es lo bueno de tener amigos que son como hermanos. El perro Neo me dio las buenos días. Fui a visitar el gallinero y saludé a las gallinas. Olía muy bien en el monte alto y el pinar estaba hermoso tras las intensas lluvias del día anterior. Me fui tranquilo dirección Barcelona. Llegué, saludé a la familia y al perro Leo, la nueva mascota. Comí algo y me fui a la gran ciudad donde había quedado con mi ex-cuñada L. Hicimos un ritual que habíamos roto durante años y nos fuimos a tomar un café a la librería Laie e inevitablemente, como en los viejos tiempos, tras hablar y hablar y hablar acabamos comprando algún libro. Fueron dos por cabeza, los míos: «Los mitos, su impacto en el mundo actual», del inigualable Joseph Campbell y «La verdadera historia de las sociedades Secretas», de Daniel Tubau. Hace fresco en Barcelona. La gente ya lleva chaquetas. La «cuñá», como la llamo con cariño está feliz a pesar de que emocionalmente ha pasado por una pequeña noria. Nos hemos reconciliado con el amor, a pesar de haber preñado la conversación de contradicciones. El amor es un pretexto, sería la conclusión… Habría que determinar como siendo humanos podemos alcanzar algo divino como es el amor… Asaltándolo, supongo, como se asalta al cielo…

(Foto: mirando libros en la librería Laie de Barcelona)

Un día cualquiera


Ayer llegaron más amigos de M. desde Mallorca y Sotogrande, I y E por un lado y G y M por otro, los cuales se unieron al grupo ya numeroso. Aquí todo transcurre de forma tranquila y pausada. Solemos desayunar a las ocho y luego el día se desarrolla de forma diferente en cada ocasión. Sólo el ritual de ir a la vaquería del pueblo de al lado a por leche y huevos recién cogidos parece la norma habitual. Ayer hicimos una pequeña excursión al monte y construimos un pequeño crucero como símbolo de una conquista irreal, ya que fuimos nosotros los conquistados por la altura y la inmensidad del mundo. El hombre, ridículo ante sus proporciones, se cree un dios asimétrico, cuando no es más que una minúscula molécula atascada a un tiempo que no le pertenece. La claridad meridiana de ser algo choca frontalmente ante lo que preside: un infinito imposible de abarcar.

Buceando en el mundo interno


A Cerca es un lugar peculiar, un pazo gallego o casa grande construida con piedra hace unos cuatro siglos. Un lugar lleno de historia y como cualquier lugar que se precie, lleno de meigas. Dentro de la finca hay la entrada a una cueva cavada por hombres. Hace dos días me adentré con una pequeña linterna junto con N., el cual, decidió esperar a mitad de camino mientras que yo seguía con cierta ansiedad hacia dentro. Había un espacio suficiente para una persona y podías caminar rodeado de roca de granito durante un buen tiempo. De repente, el camino era separado por un pequeño charco de agua helada. Las ansias por seguir la travesía eran tantas que me descalcé, me subí los pantalones hasta donde pude y seguí caminando en el frío líquido. Al salir al otro lado, dios mío, no me sentía las piernas. Pero el ansía era superior al dolor, esa necesidad de descubrir qué hay más allá… de imaginar quizás que esa cueva conecta con el intramundo, con Agharta, con la tierra que nace más allá de la tierra. La Tierra Hueca… ¿Por qué esa necesidad de descubrimiento, de aventura? El humano explora y se explora, necesita dar respuestas y sobre todo conectar con los mitos del pasado, aquellos que describían, muchas veces de forma alegórica, todo cuanto transcurre en el cosmos. Así que mientras pensaba con el dolor en los pies, la poca luz y la necesidad de seguir adelante, que quizás algo fascinante aguardaba al otro lado, me di de bruces con la realidad aparente. Unos metros más adelante, la cueva se había derrumbado. Me deslicé por el hueco que aún quedaba mientras me helaba de frío con el contacto directo con la tierra. Y allí estaba, todo el techo derrumbado y el resto de la extraña cueva cavada por humanos tapada. Me preguntaba una y otra vez por el significado de la cueva. Los lugareños dicen que es para recoger el agua de las montañas y disponer de la misma durante todo el año. Podría ser. Antiguamente, en las fortalezas se solían construir pasadizos para huir del enemigo. Esta podría ser otra explicación puesto que A Cerca podría haber servido de fortaleza fronteriza. Sea como sea, el ansia por explorar quedó intacto, y hoy iremos al otro lado de la montaña para ver si encontramos la otra entrada al intramundo.

Desde Portugal


Un pequeño paseo por Portugal para descubrir que las fronteras es un invento humano que nace en la imaginación de los hombres… Igual que las fronteras psicológicas que crean desigualdad…

(Foto: en la ciudad de Chavez, lugar fronterizo con Ourense y donde paseamos con M, M, R, P, C y N.)

Música gallega


Un día de largo viaje pero lleno de recompensas. Excelente el encuentro con L. en Valladolid y excelente la acogida de M. y M. en A Mezquita, en un precioso lugar fronterizo. Para rematar el día en un festival local de música folk.

Encuentros en Madrid


Tras el interesante forum sobre el futuro del libro, donde está claro que el formato que ahora conocemos va a sufrir una inevitable revolución, fuimos a comer a casa de Mario, donde estaremos estos tres días. Allí mantuvimos una reunión editorial con César, Luis, Mario, Anja y Paloma. Pasó la tarde tranquila y nos fuimos a la cama a media noche. Hoy temprano desayuno con Mario escuchando divertidas anécdotas. En una hora hemos quedado con Baba-Jorge Tamames para recordar viejas aventuras en India. Comeremos con José Luis Capita y por la tarde asistiremos a la fiesta budista del Wesak, una gran meditación anual que se celebra en los confines del Tíbet, en el valle de Wesak y que aquí en España haremos en El Plantío. Y mañana importante encuentro con el sector crítico de los Hijos de la Gran Viuda, donde discutiremos el futuro incierto de los custodios del Misterio.
(Foto: símbolo iniciático en el Camino de Santiago, octubre de 2007)