Viviendo en la carretera


Ayer viaje a Madrid y hoy viaje a Barcelona y mañana de nuevo regreso a Córdoba. Nunca pensé que la vida de editor compensara de alguna forma mi necesidad de viaje interior y exterior. Interior porque es un trabajo satisfactorio y de servicio a la cultura que pretende dejar en la memoria un trozo de paz, reflexión y crítica al momento actual en el que vivimos. Exterior apoyando mi necesidad antropológica de conocer al otro, al producto humano que a veces me resulta tan ajeno y extraño. Así que ahora toca un poco más de trabajo de campo para luego plasmar todo en libros o en proyectos más ambiciosos…

Último día en Alemania


Mañana regreso a Barcelona. Ya siento cierta melancolía porque este lugar sin montañas al norte del país germano-gélido es un pequeño paraíso que inspira estampas y dibuja realidades ajenas a la vida común. Todos los paisajes me recuerdan a las fábulas que nos contaban de pequeños sobre gnomos, duendes y viajes imposibles. Vienen a mi memoria los cuentos de los hermanos Grimm, por ejemplo el de Hansel y Gretel, aquellos hijos de un pobre leñador que anduvieron perdidos en un bosque a la espera de la Dama Blanca. Alguien dijo alguna vez que en cualquier parte se puede esperar algo mejor que la muerte, y eso debieron pensar aquellos niños hambrientos.
Paisajes nevados, plagados de animales que deambulan de un lado para otro, grandes aves paseando por un cielo diferente… La vida de granja te transporta a la comunidad primitiva. El contacto directo con los animales, con la tierra, con los árboles, te transmite cierta esencia que olvidamos cuando vivimos en el salvaje asfalto. La vida tiene cierto sentido cuando retornamos a la esencia, que es lo mismo que decir cuando retornamos a lo esencial. Nos hacemos humanos cuando actuamos más allá de la propia naturaleza animal y servimos a nuestra familia, nuestro pueblo o nuestra humanidad.
Me voy a mirar las chimeneas por última vez… No debe faltar leña en el fuego para que no se pierda la esencial unidad del hogar… Aquí eso es importante… mantener vivo el fuego…
(Foto: Granja abandonada en Satemin, Baja Sajonia, febrero de 2009).

Bremen


Ayer pasé todo el día con Anja en Bremen, visitando la ciudad y sus museos. Fue un día de reencuentro y de intenso diálogo. Hicimos recuento de todo lo que había pasado desde que nos despedimos por última vez en India y lo cierto es que han pasado muchas cosas. Hoy por la mañana hemos trabajado algo en la granja dando de comer a los caballos y ayudando en las infinitas tareas que una granja siempre tiene. Este sin duda es un lugar paradisiaco, lleno de recuerdos y aventuras que habrá que relatar algún día. La familia de Anja ha vivido en este lugar desde hace muchas generaciones y eso se nota en todo cuanto se respira… Aquí el tiempo se mide de forma diferente… incluso el alma se mueve de forma diferente… La distancia es buena porque provoca visión… Veremos cuanto de productiva resulta dicha visión en los próximos meses… De momento estará bien estudiarlo todo para no creer en nada y seguir a pasos agigantados aquello que presumiblemente surge y resurge una y otra vez de nuestro corazón. El mundo por montera y el torso dolido a veces pero preñando cada momento de instantes y sobre todo, de vida. En este viaje me acompaña un libro de Robert Owen: «Nueva visión del mundo», un libro lleno de utopías, ideales, sueños y otras conjeturas sociales… Platón, More, Campanella, Bacon, Diderot, Fourier, Cabet, Bellamy, Engels, Ruskin, Monturiol, Morris, Wells, Hertzka, Zamyatin, Orwell… tantos forjadores de sueños como utópicos que me inspiran esa nueva visión que en alguna parte de mi tesis he llamado Nueva Cultura Ética… La falsedad y el engaño vive en nosotros… la verdadera utopía consiste en reencontrarnos con lo verdadero que exista tras nuestra propia mentira…

(Foto: Museo de la Ciencia en Bremen, Alemania, febrero de 2009)

Viaje a Alemania…


Alguién dijo alguna vez que cuando no sabes qué camino tomar, cualquier viento te es favorable. Venía a Barcelona con la intención de aprovechar la semana y subir quizás al norte del norte para zanjar viejas grietas emocionales. Al final decidí no viajar más en coche. Me sentía cansado para aventurarme de nuevo a la carretera incierta. Pero tras una larga conversación estos días con Anja, me ha convencido para visitarla en su hermosa granja de caballos en el norte de Alemania y hablar y hablar y hablar… Así que mañana temprano cojo el primer vuelo de Girona a Bremen y de allí hasta la granja. Estaré hasta el viernes, ya que tengo curso en Barcelona viernes y sábado. Y luego… el universo dirá…

A Barcelona…


Pensaba refugiarme en algún país exótico, ya fuera este exterior o interior, pero la vorágine vital conduce mis pasos de nuevo hacia lugares presumiblemente llenos de aventuras. Me acaban de llamar para empezar en Barcelona un curso del que ya ni me acordaba. Andaba haciendo la maleta porque tengo algunas deudas pendientes en el norte que deseo zanjar. Así que ante las dudas al final la fuerza del sino me empuja de nuevo al norte… y luego, quizás al norte del norte… que así sea…

Desde Madrid…


Llevo un rato en Madrid y ya me siento extraño… Me estoy empezando a acostumbrar a eso de sentirme extranjero en todas partes… Es lo bueno o lo malo de ser un apátrida que nació en un lugar por omisión de otro, o como diría Mario, el propietario de este despacho desde el que ahora escribo: me nacieron. Mañana importante firma con importante grupo editorial para importante proyecto editorial. Espero que todo salga bien y este proyecto nos saque de la sequía en la que estamos instalados desde que empezamos la aventura de editar libros, que para nosotros, es la aventura de editar sueños e ilusiones. He estado con Jaime, el traductor de uno de nuestros libros y el amigo y ya, en el rango de la familiaridad simbólica, hermano Joaquin. Hemos hablado de lo divino y lo humano y ha sido un hermoso encuentro. Me llevo de recuerdo copia de muchos de sus artículos publicados en diarios como Expansión… Espero que siga haciéndolo, porque son realmente buenos y trabajados. Ahora un rato con Mario y más tarde, para la cena, encuentro con Luis… Y mañana más encuentros y vuelta a La Montaña, donde me espera el reto de sobrevivir un mes más…

Amanece que no es poco…


Un nuevo día, una nueva oportunidad para crear espacios de encuentros
y amistad. Ando por tierras valencianas dirección Madrid. Allí
esperan los amigos de aventura y espíritu Jose Luis y Joaquin. La
tecnología permite compartir estos momentos mientras contemplo desde
la carretera montañas, mares y amaneceres… Seguimos…

(Foto: Amanecer en Valencia, de viaje a Madrid, enero de 2009)

Desde Araya, Castellon


Me encuentro perdido en una masia de un amigo en mitad de una nada
hermosa donde el espacio y el tiempo se han detenido creando un vacío
imprescindible para contactar con eso que está por encima de cualquier
cosa. Mañana reuniones en Madrid y pasado qué importa… Reina un silencio estremecedor, y una paz increíble…

(Foto: Masía Can Coixos, en Araya, Castellón, enero de 2009)

Siete mil kilómetros de viaje submarino…


No sabría como describir este viaje maravilloso. Quizás empezando por el final, recordando esas noche de frío intenso a menos diez grados bajo cero y durmiendo en el coche buscando posturas adecuadas para no desfallecer de frío. Ayer noche en algún lugar de España, una noche antes en el frío intenso del norte de Alemania y la anterior en el frío polar de Noruega, a las afuera de Oslo. Esas son mis formas de improvisar la vida, de sentir la vida. El día 28 fue intenso en todos los sentidos y ocurrieron cosas maravillosas. El 29 hice un viaje a solas hasta Oslo y el 30 regresaba recorriendo países como Noruega, Suecia, Dinamarca, Alemania, Francia y toda España. He llegado hoy a media mañana, tras pasar la nochevieja y el año nuevo en carretera… Y como digo, estos más de siete mil kilómetros en coche han sido de viaje interior, de viaje submarino hacia unas profundidades ilimitadas. Deseoso de cerrar este año y deseoso de retomar el vuelo hacia otros lugares, otras formas de vida, otro sentir la vida… Lo único que permanece es el cambio, me repito una y otra vez imitando el viejo adagio budista, y así debe ser…

(Foto: Eterno puente que une Suecia con Dinamarca a mi vuelta de Oslo, en Noruega, diciembre de 2008)

Christiania


Aunque el nombre podría conducirnos a una interpretación errónea del lugar, no se trata, por ser día de Nochebuena, de una comunidad cristiana, sino de una comunidad alternativa nacida en lo que fuera un terreno militar en la misma ciudad de Copenhague. El amigo Thomas, de forma amable y generosa, ha hecho de maestro de ceremonias y me ha guiado por este singular barrio, mitad comunidad alternativa mitad refugio de la bohemia del lugar. Sentía mucha curiosidad, debido a mi tesis, por conocer el sitio. Setecientas personas viviendo de forma especial, demandando al mundo una forma diferente de relacionarse y entender la vida. Todas las comunidades respiran algo propio, algo que las hace únicas. Y Christiania tiene esa seña de identidad que en invierno parece disimularse por la ausencia de vida en sus calles, pero que encierra en su espíritu un verbo especial. Quedo agradecido a Thomas por su tiempo y por sus explicaciones y quedamos emplazados a nuevos encuentros en tierras del sur, allí donde el sol parece que ilumina con más fuerza.
(Foto: en la entrada principal de Christiania, 24 de diciembre de 2008)

Desde Copenhague…


Fue un viaje largo pero se me hizo corto. No hubo ningún problema, ningún accidente. El primer día atravesé toda Francia y prácticamente toda Alemania a buen ritmo, sin acelerones. Dormí de un tirón en el coche es misma noche ocho horas seguidas, a pesar del frío, en algún lugar del norte de Alemania. Pensé que llegaría el domingo a Dinamarca pero el sábado por la mañana ya estaba cruzando todo el pequeño país. Al mediodía ya estaba en mi destino. Estoy instalado en el barrio de Ama, un lugar tranquilo muy cerca del famoso barrio de Cristiania y del mismo centro. Ayer tuve tiempo de pasear y poder ver, a pesar de la lluvia que no cesa y el frío intenso algo de la ciudad. Me resultó extraño ver a la gente divertirse en el Tivoli, un parque de atracciones que funciona a pleno rendimiento con frío y lluvia incluidas. La lluvia fina está mimetizada en el paisaje y las gentes lo asumen con toda normalidad. Pocos llevan paraguas y muchos viajan en bicicleta o se suben a la noria y la montaña rusa del Tivoli a pesar de la lluvia. Curioso es ver que existe una importante colonia de inuits, habitantes procedentes de Groenlandia, territorio danés cuya extensión, curiosamente es mayor que la de la propia Dinamarca.
(Foto: Una calle cualquiera de Copenhague, o de Kobenhavn, en danés, diciembre de 2008)

El Viaje del Tejedor de Sueños…


Mañana temprano empezará un largo viaje hacia tierras del norte… El norte de cualquier norte, pero especialmente, como punto geográfico, específico, señalaría más exactamente hacia el norte del centro del laberinto. Porque cuando uno descubre su norte y decide caminar hacia él, sólo le queda un camino, un pretexto para lanzarse a la aventura: dar el primer paso. Así empiezan los grandes viajes, hacia fuera y hacia dentro y así empieza a desenrredarse los entresijos de la vida. Y en el laberinto en el que nos movemos, en ese centro difícil de conseguir y encontrar, siempre hay una brújula interior que nos señala nuestro norte, o nuestro sur, si vivimos en otro hemisferio que no sea el nuestro. Y la aguja magnética siempre señala con fuerza el mismo rumbo, la misma dirección.
Y en este primer paso decisivo ha tenido mucho que ver el Tejedor de Sueños… así fue bautizado de forma hermosa aquel que dirige las riendas… Porque de eso se trata, hacer de los sueños cosas palpables, tangibles, reales… tejerlos poco a poco para que pueda consumirse en el mundo ficticio de la realidad… Me marcho… habrá un silencio necesario… viajo en coche, como a mí me gusta, atravesando infinitas carreteras que nunca terminan… Esta vez no serán más de tres mil kilómetros de viaje submarino… Me marcho pero volveré para el solsticio de invierno… Que así sea…
(Fotos: Viaje a Escocia en febrero de 2007, siguiendo las indicaciones del Tejedor…)

Desde Barcelona



Llegué anoche a Barcelona tras un largo viaje lleno de niebla y lluvia. Los viajes siempre sirven de reflexión, sobre todo si son largos. Además, crean distancia sobre tu propia realidad. Cada vez que me alejo de la Montaña encuentro más motivos para volver a ella, pero siempre necesito alejarme con la suficiente distancia para poder ver las cosas con esa claridad que tanto se necesita en momentos de cambio. Y Barcelona, con sus cosas, siempre está llena de recuerdos. Aquí encontré esta foto antigua, de cuando era un niño recién llegado al mundo, y además, tenía esa larga melena rubia que tanto gustaba a las madres de aquellos tiempos. Me hace gracia reencontrarme con esos momentos, con esos recuerdos vividos que ya sólo existen en el testimonio de la memoria. Aquí seguiré durante unos días… luego… nuevo viaje, nueva reflexión, nueva distancia hacia tierras del norte…

(Foto: Con dos años, en Barcelona.)

No hay camino, no hay sendero, la verdad es una experiencia…


Cada día es un viaje hacia el reencuentro, hacia el recuerdo de lo que somos y de todo aquello que podríamos ser con tan sólo desearlo… Uno siempre se pregunta cual es el mejor camino a recorrer, cual es el verdadero sendero para conseguir una vida equilibrada y llena de dicha y virtud. Hasta que un día descubres que la verdad es una experiencia que debe ser vivida. Y es por eso que hoy emprendo un nuevo viaje sin ninguna intención más que la de vivir la experiencia y sentir cuan dichosos nos sentimos cuando elegimos el camino que nos dicta el corazón. Las circunstancias no acompañan, pero este paso es necesario para seguir persiguiendo a toda costa el verdadero sentido de los sueños… Siendo así, hoy será una jornada larga, el principio de un nuevo nodo en una vida que quiere ser vivida… Eso es la felicidad… seguir tus propios pasos…

(Foto: Descansando en el Camino de Santiago, un camino interior y exterior. Octubre de 2007).

El viaje del pirata… el viaje utópico…


No me gusta navegar, o dicho en un idioma más actual, no me gusta viajar como lo hacía Palinuro, piloto de Eneas que se cayó al mar por haberse dormido estando al timón, según nos cuenta la Eneida. Me gusta hacerlo como Platón, que viajó para educar a tiranos, o como Ulises, buscando sueños y utopías. Pero ese viaje libre resulta espinosamente difícil hoy día, en un mundo donde el último pedazo de tierra sin reclamar por una u otra nación fue engullido no hace mucho tiempo. Eso arremete contra la libertad, y todo lo que arremeta contra la libertad es enemigo de la vida.
El nuestro es el primer siglo sin terra incognita, sin última frontera, sin finisterra. Ni un trozo de roca en los mares del Sur, ni un valle remoto, y ni siquiera la luna o los planetas, carecen de dueño. Es el delirio del gangsterismo territorial. Ni un sólo centímetro cuadrado de tierra está liberado de vigilancia o impuestos, como decía un insurgente. Pero no me refiero aquí a la tierra exclusivamente material, sino también a la cultural, a la científica, a la artística. Todo parece parcelado en una locura endémica.
En la primera página de todos mis diarios, aparece una frase que me regaló con infinita generosidad Carlos. La reproduzco ahora porque viene al caso:

Un guerrero respeta al mundo porque sabe de su finitud y de su pequeñez ante las grandes fuerzas de la vida. Pero también sabe que cada circunstancia, que cada acontecimiento esconde un mensaje, una fuerza que necesita para acrecentar su poder y su consciencia”.

Es esa fuerza la que me empuja en mis viajes, a sabiendas que allende los mares, es posible la terra incognita.

Prince’s Street


La verdad es que las frías tardes de otoño invitan al recuerdo y a la melancolía mientras vemos como arden las brasas en el fuego de la chimenea. Eso hacía mientras me peleaba con la tesis y miraba viejas fotos de antropólogo naufrago por lugares y terrenos comunes y no comunes. Me topé de repente con Escocia y todos sus recuerdos. Un día me levanté desesperado. No me habían dado ninguna beca y los ahorros que traía de Barcelona se me acababan. Decidí adelantarme a los acontecimientos porque ya en febrero de 2007 la cosa empezó a volverse desesperante. Mi sueño era hacer la tesis doctoral, y nada ni nadie podía impedirlo. Ni siquiera hacía dos meses que habíamos empezado con la editorial y todo era bucear en el mundo de la inocencia y la incertidumbre. Llamé a mi amigo Carlos una fría tarde de febrero: «Tete, me marcho a Escocia»… Carlos me pidió un par de días… Estaba trabajando y me dijo que si me esperaba un par de días vendría conmigo. Lo dejó todo y yo también. Y ese día no supe hasta qué punto mi vida iba a cambiar para siempre. Tardamos algunos días en atravesar toda España, toda Francia, cruzar el Canal de la Mancha y atravesar toda Inglaterra para luego, días más tarde, y casi helados, atravesar toda Escocia hasta llegar primero a Edimburgo y más tarde a las Highlands… al norte del norte… Prince‘s Street la recuerdo especialmente como una calle en la que la incertidumbre y el miedo reinaba en nosotros… ¿hacia donde ir? ¿qué hacer? Yo creía tenerlo claro… En Findhorn, mucho más al norte, estaba mi trabajo de campo. Estuve casi dos meses… Carlos prefirió quedarse en Prince‘s Street, en Edimburgo… donde estuvo casi un año…
(Foto: Realizada desde la otra orilla de Prince‘s Street, en pleno febrero de 2007, en Edimburgo…)

Bombay no es un paraíso…


Ya lo relaté en el viaje que hice no hace más de un mes a esa ciudad. Bombay en particular y la India en general no son un paraíso. Ahora se me pone la carne de gallina cuando veo lo que ha ocurrido y entiendo porqué había tanta seguridad a la entrada de templos, hoteles y cualquier otro lugar público. Entramos varias veces al hotel Taj Mahal, justo detrás de la Puerta de la India, ese arco triunfal que daba la bienvenida a los que antiguamente llegaban en barco. El motivo de la visita era meramente funcional. Subíamos a la última planta del hotel buscando uno de los mejores retretes de toda la India. Y allí, durante eternos minutos, descargábamos nuestras necesidades turísticas. Nunca podría haber imaginado que ese mismo lugar, tan hermoso y espléndido por dentro y por fuera, iba a sufrir un atentando como el que hemos visto en estos días. Así somos la raza humana… capaces de lo más maravilloso y lo más terrible…
(Foto: Hotel Taj Mahal tras «La Puerta de la India», en el malecón de Bombay, octubre de 2008).

NO TE COMAS A TU HERMANO…


Muy cerca de Eech Hairhan, la Montaña Madre, mientras surcábamos el desierto del Gobi y las entrañas de Altai, el niño santo aprendía a identificarse con los animales. Me seguía cogido de la mano hasta los camellos salvajes, escurridizos y miedosos, prudentes y asustadizos ante nuestra presencia, dejaban que el niño santo se acercara a ellos guiado por mi mano. No les hables directamente… susúrrales… sé uno con ellos… le decía al niño santo… A final, con paciencia y ternura, el contacto era posible y el milagro se repetía con todos los animales… Tocábamos al camello con suavidad mientras empezaba un espectáculo de llantos… Los camellos salvajes impresionan, pero verlos llorar ante el contacto, quizás único, de los humanos, era estremecedor… Luego pudimos tocar un mirlo que había posado en uno de los templos budistas… ¿como poder tocar a un pájaro libre? El niño santo estaba lleno de emoción… y yo también… Esos encuentros con los animales se repite en ciertas ocasiones… El último, en la isla de Elephanta, a pocos kilómetros de Bombay… Me alejé de la gente y los turistas adentrándome en la montaña. Me senté en un lugar remoto intentando tomar contacto con una familia de monos que andaba robando botellas de agua a los turistas. El contacto, de nuevo, fue posible. Me rodearon, se acercaban a mí, me miraban y me tocaban con curiosidad… y yo a ellos… Anja pudo acercarse más tarde y ser testigo del encuentro… Hizo algunas fotos impresionantes, como la de arriba… Hermano árbol, hermana flor, hermano animal, hermano sol… Algo así decía San Francisco, y por eso opté hace muchos años por dejar de devorar animales… Ahí están, testigos únicos de un tiempo único…
(Foto: Anja Meier. Isla de Elephanta, India, octubre 2008)

Madrid… Madrid… Madrid…


Llegué anoche tarde… Cené con mi amiga Belén en un restaurante paquistaní en la zona de Lavapiés… Allí, en un pequeño apartamento situado entre dos centros de yoga, pasé la noche… Por la mañana, había un ritual en uno de los centros de yoga el cual llaman antanaje… No asistí… me quedé dormido del cansancio del viaje. A las ocho estábamos desayunando y acompañado por esta hermosa amiga. Dos horas más tarde, a las diez, estaba en la plaza Chueca con Alicia, una vieja amiga que nos conocíamos casi de la infancia más adolescente pero con la que nunca había tenido un encuentro, a pesar de los años de amistad. Ha sido realmente emocionante y de lo cual hablaré con detenimiento en el futuro… Más tarde, comida cerca de Plaza Castilla con Luis Valls, socio de nuestro pequeño grupo editorial, en una de esas torres gigantescas que hicieron con los chanchullos de la ciudad deportiva del Real Madrid. Increíble las vistas… Con el tratamos la reunión de mañana, la presentación de mañana, la crisis, el futuro sello Welton y cosas sobre lo divino y lo humano… A las cinco de la tarde estaba tomando una manzanilla con el amigo Jaime, hablando de futuros proyectos editoriales para Nous… Y ahora, encuentro con Mario para tratar la presentación de mañana… Y el día no ha terminado, y mañana será terrible… Así es Madrid, y su acelerada vida… ya echo de menos «La Montaña»…
(Foto: Javier León y Luis Valls Taberner en Torre Espacio, Madrid, preparando los Estatutos para el Grupo Editorial Noumicon, noviembre de 2008)

Viaje a Madrid…


Hoy salgo de viaje a Madrid. El motivo principal es la presentación del libro de Mario Conde la cual será el jueves a media tarde. Hay otros motivos, como reuniones con autores, con amigos… También firmaremos en notaria la constitución de la SL que englobará a nuestros sellos editoriales: Séneca, Nous, Welton y Phylira. Dicho así, parece como si fuéramos a fusionar una gran compañía editorial. Nada más lejos de la realidad. Modestos sellos editoriales recién nacidos y que sobreviven a la crisis a base de imaginación, o como dice mi amigo Carlos, también conocido como el editor paracaidista, el merequetengus o el Tetus: imaginación contable al poder.
El viernes quizás conozca a Quintero de mano de Mario. Será gracioso ver al Loco de la Montaña, osease, el que suscribe, con el Loco de la Colina, y con el Loco de los Asientos. Entre locos anda el juego…

GRANADA


Tierra soñada por mí, dice la canción. Aún recuerdo cuando con la friolera de unos veintitantos añitos me presenté con mis barbas y mi indumentaria de hippie alternativo a las puertas de la universidad. Siempre fui un mal estudiante. En Barcelona no había conseguido la nota media exigida para estudiar ninguna carrera así que me fui con mis bártulos, aprovechando que además andaba enamorado de mi primera novia granadina, a la ciudad de los sueños. Cuando llegué a la universidad y vieron mi pobre currículum me ofrecieron dos alternativas: o estudiar empresariales en Ceuta o trabajo social en Linares. En toda España, sólo podía optar a esas dos carreras. El trauma que supuso cambiar una ciudad como Granada por aquella gota de aceite llamada Linares duró años. Por suerte, Linares supo enamorarme con sus cosas y acabé por olvidar a la tierra soñada. Eso sí, cada vez que vuelvo, se me pone la carne de gallina por su belleza y esplendor. Ayer estuve paseando por la tarde por sus calles, su Albaicín, su Alhambra… Sí, lo típico, como algún día hizo también el escritor romántico Washington Irving enamorando con ello a su público con sus Cuentos de la Alhambra. Nos dejamos llevar por el embrujo y dormimos en el ya viejo hotel Toyota Prius, a dos mil metros de altitud, entre la niebla espesa de la profunda Sierra Nevada. Anja cogió un avión hacia Alemania y yo regresé a la Montaña con ese sabor meláncolico que te deja en el paladar esa ciudad única… Mañana toca viajar a Málaga…
(Foto: Javier León, la Alhambra vista desde el Albaicín, Granada. Octubre 2008)

RECETAS ECONÓMICAS O DEL QUIÉN DA MÁS…


El niño se me acercó mientras yo paseaba por las calles y los caminos de Mount Abu. Me pidió alguna rupia y le miré cómplice, como si de alguna manera entendiera esa necesidad de subir la mano con valentía para, sin perder en ningún momento el orgullo o la dignidad, esperar algún tipo de respuesta. Lo miré fíjamente, con cierta compasión humana, diría que con cierta empatía porque, a otra escala, el occidental que tenía en frente suya representaba a una sociedad en crisis, no sólo económica, sino de valores. Me agaché y le di la mano. Lo miré con fijeza. Creo que el entendió el gesto. Sonrío como nadie lo había hecho antes. No pudo dejar de hacerlo, ni siquiera cuando hicimos la foto o cuando nos despedimos casi en silencio. Le di las gracias.
Ese niño anónimo del Rajastán indio con el que paseaba tan sólo hace unos días no sabe quién es Alan Greenspan, ni sabe que tras la burbuja tecnológica sufrimos una burbuja inmobiliaria que ha llevado a la quiebra a todos los mercados internaciones. No sabrá de las recetas del premio nobel de economía Paul Krugman, ni siquiera entenderá qué significa eso de tener una hipoteca. En ese momento, no tenía ni una rupia en mi bolsillo. Apenas tuve ninguna más de dos segundos en mi cartera. La última semana estuve en la India practicamente sin dinero. ¿De qué forma tenerlo mientras veía a mi prójimo dormir en la calle, deambular perdido en búsqueda de algo qué comer? ¿Cual es la receta para ese rostro anónimo? Aquí en occidente quizás nos embarguen la casa por falta de pago… Tal vez ese sería el menor de los males… Me pregunto qué pasaría si mañana fuera a la tienda de la Charo y no tuviera galletas, o leche, o frutas o… Me pregunto si fuera yo el que no tuviera algunas monedas sueltas para poder comprarlas… ¿Recetas, señor Krugman? Dice que es la hora de la política fiscal, de que los gobiernos inviertan en puentes y ferrocarriles, en carreteras y autopistas… Esa es su receta… y por eso, y algunas otras barbaridades, le dan el premio Nobel y se queda tan pancho… Hay algo que el señor Krugman no entiende… El Sistema que hemos inventado y que fomentamos hace años que hizo aguas… De no modificarlo desde sus cimientos, habrá una crisis mayor en la que Charo, el niño de la India y el que suscribe temblarán de pánico. Y además, todas esas autopistas y todas esos ferrocarriles sólo servirán para refugiar la miseria en sus cunetas, como ahora ocurre en la India o cualquier otro país en vías de desarrollo…
(Foto: Jorge Tamames, Mount Abu, India, octubre 2008)

Desde Bombay


Si alguien tiene dudas de que el infierno exista solo tiene que darse un paseo a cualquier hora del dia por esta ciudad. Sobrevivir a Bombay es sobrevivir a la supervivencia psiquica. El caos no seria suficiente para desquibrir una ciudad que descoloca a cualquier despistado occidental acostumbrado a los menesteres del buen vivir.
Llegamos en un lujoso avion de la compania Jet Airlines con todas las comodidades posibles. Dormimos unas horas en el aeropuerto y a eso de las cinco de la manana cogimos uno de esos locos cacharros medio triciclo a motor medio taxi (adjunto foto del peligroso «vehiculo»), donde, como si de la mas pronunciada de las montanas rusas se tratara, llegamos milagrosamente al hostel donde teniamos reserva en la pobre zona de Chembur. Baste decir que la eleccion del hostel seguia la triada de bueno, bonito y barato, de lo cual, solo acertamos en lo tercero, que ya era mucho.
Dejamos los bartulos y nos adentramos en el laberinto de calles y algo parecido a lo que nosotros llamamos tren. La gente nos miraba raro, porque viajar con una alemana de la baja sajonia de casi dos metros llama la atencion, y sobre todo en la India.
No voy a describir en el estado que se encuentra Bombay. Aqui no existe mas paraiso que el de la sonrisa de los ninos con los que nos topamos en todas las esquinas. Los adultos viven como ausentes, como si fueran seres de otro mundo. Realmente entiendes porque inventaron todo eso de la reencarnacion. Siendo este un mundo perdido, se necesita creer en un mundo mejor.
Para los que no estan acostumbrados a bregar con las miserias humanas, con la pobreza, con todo aquello que pueda resultar ajeno a la normalidad del occidental medio, tan preocupado en el consumo y la etiqueta, este puede ser un mundo totalmente ajeno y chocante. Es por eso que casi nunca llegaran a visitarlo. Podria acabar desequilibrando su estatus emocional. Asi, Bombay, es recomendable o apto solo para aquellos que esten vacunados contra la sensiblera y hayan sido iniciados en el camino de la adversidad. Los demas, abstenerse.
En dos dias viajaremos al norte, a la ciudad de Ahmedabad.
Intentare relatar con mas calma las impresiones del viaje, que son muchas.
(Foto: Javier León, paseando por las calles de Bombay, octubre 2008)

Preparando Viaje a la India


Recién llegados de un viaje por media España, me veo preparando el viaje a la India después de varios quebraderos de cabeza para intentar organizar el trabajo de las siguientes dos semanas en la editorial y en la casa-sede de Séneca que está ya casi terminada. Por cierto, una de las plantas de la casa la tendré que dedicar a casa rural para poder pagar la hipoteca que he asumido, dado que los libros no dan para comer, habrá que buscar otras formas de seguir tirando.
El viaje a la India no es por placer, al menos por ese placer entendido como turismo o descanso. El lunes aterrizamos en Bombay, ahora Mumbai, donde estaremos varios días visitando la ONG «Sonrisas de Bombay» ( http://www.sonrisasdebombay.org/).

Después, largo viaje en tren hacia el norte del país para estar en Ahmedabad. Allí nos reencontramos con Joaquin, el cual nos ha invitado muy amablemente a estar unos días en un hermoso lugar cerca de Mount Abu para conocer y convivir con una importante comunidad utópica, como yo las llamo en mi tesis. Esto servirá para conocer otras formas de vida alejadas del consumismo capitalista de nuestro occidente y me ayudará a completar de forma etnográfica los estudios para la tesis doctoral.

Así que posiblemente, y durante dos semanas, es posible que no pueda escribir gran cosa en este blog, a no ser que encuentre internet por el camino.

Mañana viajamos a Madrid para escuchar a los amigos que hablarán en el tercer encuentro por la PAZ organizado por la Fundación Ananta (http://www.fundacionananta.org/doc595.htm) y esa misma tarde, viaje a Barcelona para el lunes viajar, vía Bruselas, hasta la India. Espero que todo salga bien… Por cierto, en este encuentro de Madrid hablará Mario Conde, buen amigo y socio de nuestra editorial.

(Foto: Javier León, mi escritorio provisional en Hornachuelos, octubre de 2008)

Una semana cualquiera


Llegué tarde a la Montaña después de la charla con Pimentel. Al día siguiente, ante la imposibilidad económica de alquilar o poseer una gran furgoneta, cargamos dos coches particulares y viajamos hasta Barcelona llenos de libros para su distribución. Tras llegar y una rápida ducha, me fui a ver a Carlos, nuestro editor paracaidista de Séneca, como así lo llamó alguna vez Oscar. Comimos en nuestro chino preferido y hablamos de lo humano y lo divino, y especialmente de la trayectoria de la editorial en estos dos últimos años. Al día siguiente yo tenía una reunión en Toledo y le invité a la misma. La última vez que le invité de improviso a un viaje dejó su trabajo e hicimos un viaje a Escocia que duró más de nueve meses, y de eso hacía no más de año y medio. Cierto nerviosismo se apoderó entonces de nosotros, recordando esa emoción de la aventura. Así que, después de la comida en el chino, cogimos al híbrido, nuestro coche-hotel, y nos fuimos dirección Toledo. Pasamos la noche en la carretera, durmiendo a la altura de Zaragoza en mitad de la nada. Eso de dormir en el coche, al parecer, es algo que nos encanta. En la frontera entre Escocia e Inglaterra, Carlos casi se cuaja de frío. Adjunto testimonio fotográfico.
En Toledo comimos con el grupo con el que viajé hace un año a Mongolia. Querían organizar otro viaje, esta vez a Etiopía. Me causó gracia la coincidencia de que, a raíz de un libro que estoy escribiendo sobre las leyendas del Arca de la Alianza, hacía tiempo que andaba mirando la posibilidad de un viaje a este país, ya que algunos sitúan allí el codiciado objeto. La comida fue muy bien, recordando viejas anécdotas y viendo viejos amigos.
Tras la comida, quedamos en un hotel con Koldo, autor de un próximo lanzamiento de nuestra editorial titulado “La Gran Comunión”, y tras la misma, Carlos y yo marchamos a Madrid. Como al día siguiente tenía una importante reunión en la “Puerta Azul”, buscamos un hotel para ducharnos y descansar algo. Nuestro incondicional Luis, buen amigo, socio y editor de un nuevo sello que saldrá en breve, nos invitó a un cuatro estrellas de forma excesivamente generosa. Así es la vida de un editor. Un día duerme en un coche, y al día siguiente en un palacio. Por la mañana fui a la entrevista que duró todo el día, despidiéndome de Carlos, el cual regresaba a Barcelona.
Ese mismo día por la noche, tras terminar la larga entrevista en la “Puerta Azul”, marché dirección Lérida, donde tenía una interesante reunión con los “Hijos de la Viuda”. Duró todo el día y disfruté de la misma.
Por la noche, nuevo viaje, esta vez al aeropuerto de Gerona. Llegaba Anja de Alemania y habíamos hecho coincidir mi periplo con su llegada, para tener así cierto margen y preparar nuestro viaje a la India.
De nuevo ruta de noche. Dormimos en el coche-hotel híbrido en un precioso bosque cerca de Viladrau. Íbamos dirección Madrid, a una reunión con los socios de la editorial. El domingo cenamos y dormimos en casa de Mario. Por la mañana teníamos una firma con los socios para crear la SL del Grupo Editorial Noumicon, la cual no pudo ser por falta de papeles. La burocracia me aterroriza, y de nuevo hizo de las suyas. Así que levantamos acta e hicimos la correspondiente reunión con Luis, Mario, Cesar y Paloma. Una vez terminada la reunión, viajamos de nuevo hacia el sur de España, algo cansado por el trajín de estos días pero con muchas experiencias en el haber espiritual.
(Fotos: Anja Meier, camino Girona-Madrid, septiembre 2008. Javier León, Carlos durmiendo camino de Escocia, en el frío febrero de 2007)

Visitando la comunidad de Windstein


Mis andanzas por comunidades de medio mundo me han hecho conocer a gente muy peculiar. En esta foto, aparezco a mediados de mayo de este mismo año con camisa en una comunidad de la antigua alemania oriental llamada Windstein, recién llegado de una reunión de editores en Madrid. En la estación de Berlín , en Rathaus Spandau, conocí de pura casualidad a Tobi, un estadounidense que andaba buscando comunas donde se practicara el amor libre o tal y como él las llamó, el «poliamorismo». El encuentro fue de lo más peculiar. Le acompañé en tren hasta Salzwedel y desde allí a la comuna que iba a visitar. Allí nos recibieron y nos explicaron durante todo un día como convivian, cual era su filosofía de vida y qué sentido le daban a todo. Fue una bonita experiencia… y efectivamente, sus habitantes vivian desnudos…
(Foto: Javier León, Comuna de Windstein, Alemania, mayo de 2008)

Viviendo en Findhorn…


Estuve en las Highlands escocesas en marzo y abril de 2007, realizando estudios de campo para mi tesis doctoral en la comunidad utópica de Findhorn, en Escocia. Allí, entre sus gentes y su forma de vida, descubrí que otro mundo es posible. No dejen de visitarla.
«El movimiento de creación de ecoaldeas es quizás el antídoto más completo para la dependencia de la economía global. En todo el mundo, la gente está construyendo comunidades que pretenden escapar de los residuos, polución, competición y violencia de la vida contemporánea. La Red Global de Ecoaldeas conecta a muchas de estas comunidades por todo el mundo”.
Helena Norberg-Hodge. Directora de la Sociedad Internacional para la Ecología y la Cultura (ISEC)
(Foto: Javier León, Comunidad Espiritual de Findhorn, Escocia, febrero de 2008)

En Mongolia hace un año…


Como el encargo es que haga un blog y compita con la astucia de un Martin Varsavsky o una María José Hermida en este maravilloso mundo, pues aquí estoy, recuperando viejas historias. Lo hago con mis viajes y comentarios antiguos. Y empiezo con esta hermosa niña que conocí lejos de cualquier parte. Cuando la vi en el desierto del Gobi, en Mongolia, sentí un estraño flechazo hacia esa imagen evocadora… No tengo palabras para describir tanta belleza condensada en un rostro. Fue amor a primera vista… El tiempo pasa y ahora que ya hace un año de ese viaje deseo que siga apareciendo en primera línea…
(Foto: Javier León, niña pastora a las afueras de Ulambator, Mongolia, julio 2007)