Payasos en África


La imagen es surrealista. Dos hombres vestidos de marcianos visitan un poblado Oromo en mitad de la sabana africana. Al principio miedo y extrañeza, curiosidad por ver que son esas criaturas. Luego risas, juegos y el lenguaje universal expresando las sutilezas de la raza humana, sin distinción de color, de religión, de ideas. Éramos uno interpretando su nota cósmica, su propia y esencial armónica. Los venerables ancianos nos rodearon, nos cogieron de la mano y posaron, casi ciegos, para ser testigos de un momento único, de un tiempo único. El resto del poblado se acercó para participar de la fiesta. Una fiesta extraña cuyo denominador común era la Alegría. Un hombre mayor vino con su lanza. Al parecer todos los miembros del poblado, especialmente los niños, habían abandonado sus tareas, el ganado y todo cuanto hacían para participar del espectáculo. Algunos niños también llevaban lanzas. Me agarré a una de ellas y luego me subí a un árbol. Imaginad un mono verde en un árbol. Desde allí arriba todo se veía distinto. Kolo-Kolo en mitad de la sabana rodeado de niños. La lanza junto al ajedrez. Angi y Pedro a lo lejos, en alguna parte. El sol bajaba lento mientras derramaba sus últimos rayos sobre el poblado de barro, paja y ramas secas. No había mucho más, excepto la frescura de sentir la vida tan cerca.

La Venerable Anciana


No tengo palabras para describir la dulzura de esta mujer. Me quedé mirándola durante un gran tiempo. Por un momento fui consciente de que nunca más la volvería a ver a no ser que ocurriera algún milagro extraño. Entonces algo se removió en mí. Ella era testigo de un tiempo, había sobrevivido durante décadas a hambrunas, guerras y calamidades. Su mirada y generosidad encerraban una sabiduría eterna, preparada para ser transmitida con su sacrificio a las siguientes generaciones. Todo se remueve cuando contemplo esta escena…

El Venerable Anciano


En África no hay ancianos, sino miles de niños y adultos, pero no viejos surcados por arrugas y pelo blanco. Por eso, cuando en el poblado que visitamos andábamos cantando la canción estrella de «Jambó» y de repente se nos acercó el anciano y empezó a gritar la canción y a saltar junto a nosotros pensé que se trataba de un sueño. La experiencia fue increíble. Empezamos a gritar «Jambó» y el anciano nos imitaba pero con más fuerza. Entonces nosotros gritábamos más y el anciano subía el volumen. Al ver que no podíamos con él, añadió los saltos y nosotros saltábamos con él hasta que nos fundimos en un sentido y hermoso abrazo. Empezó a hablarme en Oromo y yo le contestaba en un idioma inventado. Fue una escena divertida y graciosa, llena de amor y ternura. Apareció junto a él su anciana mujer, curvada, pequeñita. Me acerqué para abrazarla. Al principio parecía tener miedo al ver a un hombre vestido de verde y con nariz roja. Le sonreí mirándola a los ojos y entonces ocurrió el milagro. Nos abrazamos como si nos conociéramos de toda la vida, como si hubiéramos conectado con esa esencia que es la familia humana.

La mirada triste


Había niños enfermos, otros moribundos, como alguno que pude ver en el poblado que visitamos, con su barriga inflada por el hambre crónica y con una mirada que anunciaba un próximo abandono. El niño que aperece en la foto nos acompañó hasta el colegio que las monjas salesianas tenían en Zway y donde hicimos la mayor parte de las actuaciones. Me impresionó su tristeza. Conseguí abrazarlo en todo el viaje, procurando que no llorara, dejando que me tomara con sus pequeñas y tímidas manos las mías propias. Los niños que estaban atendidos por las monjas vivian en un pequeño «paraiso». Podían comer tres veces al día, gozar de atenciones médicas e ir a la escuela. Pero más allá de ese oasis de calma había un pequeño infierno de superviviencia.

¿Demagogia?


El sábado por la mañana hicimos dos representaciones, quizás las más difíciles de todas. Una en un orfanato de la capital etiope y la otra en la casa que las Misioneras de la Caridad, la orden que fundara la conocida Madre Teresa de Calcuta, tiene en una de las zonas más pobres del planeta. Lo que allí vimos fue conmovedor: los más pobres de entre los pobres. Cientos de personas empeñadas en vivir gracias a la entrega de estas monjas que dan su vida por cuidar a leprosos, moribundos, personas enfermas, deficientes físicos y psíquicos abandonados y todo tipo de miserias humanas. Acostumbrado a la pobreza del cuarto mundo, nunca pensé que se pudiera vivir aún en condiciones peores. En la actuación aprovechábamos para abrazar a los niños enfermos, esculpir una sonrisa en los inválidos, sentir compasión por aquellos que pronto abandonarían este mundo. Alguien dice que hago demagogia con estos comentarios. Seguramente lo diga porque nunca tendrá la oportunidad, por su propia condición burguesa, de besar el rostro de un niño comido por las moscas… Si algo pretendo es restregar todo esto por nuestras consciencias occidentales. Quizás consiga que alguien mire más allá de su tripa y pruebe de ser más humano…
(Foto: Niños con diferentes patologías en una de las salas comunes de la casa de las Misioneras de la Caridad).

Kolo-Kolo


Antes de relatar algo sobre el viaje a Etiopía quería rendir homenaje al amigo Koldo, Kolo-Kolo en Etiopía, arquetipo encarnado del hombre bueno. Sin él no hubiera existido tampoco Kili-Kili, y el tándem hubiera sido otro. Pero los cielos, como él dice, quiso que Kolo-Kolo y Kili-Kili resonara en el corazón de cientos de niños, y quiero imaginar que en algunos de ellos aún palpitan sus ecos. Ha sido no sólo excepcional compañero de viaje sino además un hermano mayor que ha cuidado en todo momento de que las cosas funcionaran bien y que todo fuera justo y perfecto. Lo ha conseguido sin duda y hemos disfrutado de momentos únicos, cómplices, divertidos, hermosos. En algunas ocasiones, en las actuaciones, nos quedábamos mirando siendo conscientes de la responsabilidad de robar sonrisas a los niños. A veces en algún poblado en mitad de la sabana, o en algún orfanato o por la calle, de vuelta a cualquier sitio. Kolo-Kolo ha sido un misionero del alma y ha llegado más allá de donde nadie pueda imaginar. Y tanta ha sido la satisfacción y la gratitud, que nada más terminar el viaje imaginó haciendo lo mismo en otros países. Mencionó la India como próximo destino. Me apunto, sin duda, porque la experiencia ha sido francamente increíble y merece ser repetida…

El Hombre-Basura


Acabo de llegar de África. Estoy a las afueras de Madrid, en un
restaurante basura donde como comida basura producida por una sociedad
basura antes de seguir mi viaje hasta La Montaña. El viaje ha sido
impresionante. Qué puedo decir? Después de ser abrazado por casi dos
mil quinientos niños llenos de alma y generosidad no me quedan
palabras. Así que seguiré comiendo mi basura mientras contemplo a mi
izquierda a los otros niños, los de aquí, gorditos ellos, pero
vacíos, inmensamente vacíos. Somos lo que comemos. Aquí comemos
basura y eso somos. En África no comen, por eso sus ojos están más
cerca de Dios.

Desde Addis Ababa, Ethiopia


La capital y el norte del país es verde y hace algo de frío. Llegamos
ayer bien tarde y tras dormir cinco horas nos preparamos para viajar
al sur, hasta Zway, donde la pobreza es más extrema. Los etíopes son
muy hermosos y amables y sus mujeres, altas y hermosas podrían ser
perfectamente modelos. La comida escasea, incluso en este hotel donde
hemos pasado la primera noche. La capital no es muy sucia y por la
noche, a diferencia de otros países como la India, no hay ni un alma.
Seguimos la aventura…

Ensayando en el embarque


Anita ha venido a despedirse al aeropuerto y ha sido un bonito regalo
antes del viaje. Gestos de buena voluntad y amor que esperamos poder
transmitir a los dos mil niños que nos esperan… No podré escribir
mis memorias de África hasta la vuelta… Que todo sea bonito y hasta
la vuelta…

Mi equipaje para Etiopia


Koldo dice que parezco un franciscano, por lo de la austeridad incluso
en la pequeña "maleta"… Algo de razón lleva… Es bonito viajar
ligero de equipaje, sobre todo si con ello tienes mas espacio para
medicamentos. En mi caso, como no llevo maleta, los cuarenta kilos que
me corresponden serán íntegros para África…

El vagabundo


Uno puede pasar frío durmiendo en la calle y calor en un palacio. Hoy
toca calor para no preocupar en exceso a los que creen que me equivoco
a mi manera. Así que dormiré en una cama junto a una moderna chimenea
regulada por mando a distancia, sin olvidar el frío de la calle que
millones de seres sienten como yo sentí anoche, de forma voluntaria y
caprichosa. A cuento de chimeneas, Joaquin me preguntaba sobre la
necesidad laboriosa de mantener en Alemania los fuegos encendidos a
base de leña con el trabajo que eso supone. La chimenea con mando a
distancia que ahora disfruto me ha dado la respuesta. No he encontrado
en ella el placer intenso de poder oler a leña quemada, ni el crujir
mágico de sus trocos. La chimenea moderna sin duda es más limpia y
cómoda, pero carece de vida, de magia, de amor. Por eso añoro
aquellas laboriosas chimeneas alemanas, aquel verdadero y puro
calor… Pero esto solo son palabras de un pobre vagabundo…

La Florida


Este lugar de Madrid me recuerda a Alemania… Todo tan verde y
ordenado… Tan lleno de espacios… De color…

La abundancia de vivir bien


A dos días del viaje a África intento acostumbrar a mi cuerpo, pero
sobre todo a mi consciencia, a la amplitud de la escased. Esta noche
he preferido dormir en el coche. Me siento libre al hacerlo, me siento
un vagabundo errante. En África posiblemente no tendré ni coche para
dormir. Aquí vivimos muy bien, y nos podemos permitir estos pequeños
lujos… Allí el único lujo será poder hacer reír a los niños…

Yoko Loco


El perro Yoko, con el que aparezco en esta fotografía, ha muerto. Sabía que cuando ese trágico final llegara lo iba a sentir, lo iba a llorar. Hoy ha ocurrido un milagro hermoso. A., después de dos meses de silencio, me ha llamado para pedir que me cuidara en el viaje de Etiopía. Y su llamada, la cual agradezco en profundidad pues para mí ha sido importante, venía con la compañía de esta noticia. Últimamente me muestro muy sensible ante la muerte. Cualquier pérdida, por insignificante que sea, la lloro sin parar. Y Yoko fue durante mucho tiempo más que un amigo. Y ahora ya no está… Yoko, Yokodemus, el perro loco… Gracias A. por llamar… gracias por estar ahí… te he echado mucho de menos…
(Recién levantado en la granja Meier con el perro Yoko, abril de 2009).

Etiopía


Ando en La Montaña preparando con Koldo el viaje a Etiopía. Hacer reír a más de 1200 niños se presenta como un reto importante. Porque son un millar de niños que sufren, que viven abandonados en los abismos de la más radical de las penurias. No sabemos con qué nos vamos a encontrar, es por eso que hemos estado esta semana preparando y ensayando una y otra vez todos los gestos, todas las canciones, todos los espectáculos posibles para regalar eso que tanto falta hace en el mundo: Alegría. Por dentro existen ciertas emociones contradictorias. Sé que cuando esté con ellos me sentiré impotente, minúsculo. Pero me acordaré de muchas situaciones difíciles ya vividas y sentiré compasión, por ellos y por nosotros. Mañana viajamos a Madrid. El domingo vuelo a Estambul y de allí a la capital etiope. ¿Qué pasará a partir de ese momento? Muchas cosas… en lo externo pero sobre todo, en lo interno. Espero que el Cielo azul nos de cobijo y el viento ropaje, que exista agua para saciar la sed y comida suficiente para no desfallecer, como hacemos en uno de los actos de la obra… Espero reconciliarme con la vida y soy consciente que no voy allí a dar, sino a recibir, a recibir muchas cosas…

El Pleno Espectacular


Cuando las cosas se vuelven extremadamente bochornosas y sientes una total y penosa vergüenza por todo lo que está ocurriendo sólo puedes hacer dos cosas: o huir o reírte a más no poder. Dado el espectáculo preferí lo segundo. Y lo hice a lo grande, como se ríen los niños que no entienden lo que pasa ante las barbaridades de los mayores. Pero por dentro estaba sufriendo, y mucho. Primero por la mala educación de algunos, la intolerancia de otros y la marcha por el desierto de otros pocos. Recordaba eso de estar en crisis y uno tiende a pensar ingenuamente que los políticos, inclusive los políticos a nivel local, que se supone están más en contacto con la realidad, están interesados por los problemas de la calle. Pero los problemas de los políticos son otros. Lo importante es permanecer en el poder, mantenerlo, perpetuarlo, porque hay una red de intereses tejidos finamente que a veces escapan a lo visible y palpable. La actuación de ayer podría resumirse con algunos apuntes:
Partido Independiente: Soberbios, creen que estar en el poder supone ejercer el poder. Deberían actuar con más humildad y contar con todos los partidos políticos para avanzar en todas las cuestiones. Incluyo para ello a los partidos políticos de IU y PA. En momentos de crisis debe existir el trabajo común y el apoyo mutuo. Tirón de orejas por haber aprobado los presupuestos de 2009 casi en el 2010 sin haber contado con más de la mitad del hemiciclo.
Partido Andalucista: No dice ni papa en todos los plenos a los que he asistido. Ayer menos. Siempre callada, la forma de representación de sus votantes es el silencio más absoluto. Me cae bien la muchacha, pero creo que debería dejar la política. Alguien me dijo que este partido era un nido de constructores con ganas de trabajar para el pueblo… vamos, de construir pueblo…
Izquierda Unida: Qué puedo decir de mi querido y añorado ex-partido. Me encanta el talante de su portavoz, su crítica destructiva, su mala educación, sus intolerantes propuestas. Lo valiente no quita lo cortés. Así que el portavoz es valiente, muy valiente, pero tremendamente mal educado. Pierde los papeles cuando entra en lo personal, atacando a personas y no a ideas. Eso le quita puntos. Aún así, dice cosas, y eso es bueno. Ayer montó en cólera y dio espectáculo, pero como digo, fue un espectáculo patético. Si no hubiera entrado en lo personal y atacado a personas la risa hubiera sido contagiosa. Lástima.
PSOE: No puedo ser crítico con mi partido, pero si puedo hacer autocrítica. ¿Qué decir? La ejecutiva local, desde sus orígenes, ha intentado mantener una postura constructiva. Mirar por el bien común y no por los intereses partidistas. Hemos luchado por esa idea hasta la médula. Pero por desgracia hay intereses personales, de poder, de egos, etc. Ayer uno de los nuestros se autodefinió como auténtico, genuino, y prefirió ir por libre. Olé sus guevos. Lo respeto por eso mismo, porque le echa guevos al asunto. Pero pierde toda capacidad de juicio en cuanto deja a la deriva a sus compañeros, intentando salvarse a sí mismo de su deriva. No podría ir a escalar una gran montaña con él. Seguramente, si pensara que la cima no se ajusta a su moral, dejaría al grupo tirado e iría por otro camino en nombre de su integridad. A veces la forma más íntegra es la de mostrarse generoso con el grupo olvidando las individualidades y los egos. Ahí nos falló, pero con todo lo que ha sufrido estos meses, ya no se lo echo en cara. Dicen que la vida le ha dado una segunda oportunidad, espero que la aproveche desde la generosidad, el sentido común y la alegría. No merece la pena vivir emperrado, cabreado, obstruido. Quizás algún día entienda eso de ir en grupo…
Sociedad Civil: En el pleno de ayer había un grupo de personas, entre las que me encontraba, que no parábamos de reír. Algunos dejaron de hacerlo cuando se votó ante la aprobación o no de los presupuestos. Vi la malicia, la maldad de algunos deseando que saliera una u otra cosa. Vi las intenciones segundas, los intereses, los egoísmos. Todo un espectáculo… así somos… Así queremos ser… Pero no me conformo… no debemos conformarnos… Espero que pronto nazca un liderazgo fuerte y sano que limpie de una vez toda esta mala política… De no ser así, me temo que este bello pueblo vivirá encerrado y estancado en sí mismo durante mucho tiempo…
(Gracias a J. por esta foto de Libia, donde el grupo va unido en la travesía por el desierto).

Espacio y vacío


Pensaba pasar el puente en casa, limpiando, arreglando el jardín, contestando mails, leyendo, escribiendo… MA. me envió un mensaje y al poco tiempo ya estaba de viaje para visitar por segunda vez La Montaña. A la altura de Jérez, cosas de la vida, se le averió el coche, así que invertimos la visita y a las pocas horas andaba por tierras gaditanas. Aterricé en Conil y paseamos por ese hermoso pueblo hasta bien entrada la noche. Al día siguiente, nuevos paseos por la hermosa costa, tumbados en la arena o charlando sobre cualquier cosa con tal de sentirnos vivos ante el gran espacio y vacío que transmite el océano. Hacía tiempo que no sentía esa sensación de no hacer absolutamente nada con tal de sentir el placer de eso mismo, de no hacer nada, de no pensar en nada, de disfrutar intensamente de la buena compañía y dejarte llevar por el sonido de las olas. Era como estar bocarriba, mirando el cielo y dejándote mecer por el oleaje suave. Fue hermoso, muy hermoso. A la vuelta me esperaba Koldo en Sevilla. Comimos en la casa de una hermosa mujer suiza que amablemente nos invitó a saborear un arroz y una buena charla. Volvimos juntos a la Montaña con la intención de preparar el viaje a Etiopia. Estos días serán intensos y de ausencia, precisamente por dejar todo el trabajo listo antes del viaje…