AMAR EN SILENCIO…


Hubo una vez, estando en la fría Escocia, recibí una hermosa carta de una vieja amiga que confesaba que amaba y que no le importaba no ser correspondida porque había aprendido a amar en silencio. Esa carta me impresionó por su naturalidad y por su belleza, por su valentía y coraje al expresar que ese amor imposible tenía que ver con la persona a la que en esos momentos confesaba dicho secreto. Reflexioné muchos meses sobre esa carta y sobre la idea de poder amar en silencio, desde la humildad y el desapego más profundo. El amor puro, el amor limpio, es un amor que no pide nada a cambio, que no desea nada a cambio, y por lo tanto, no se vuelve exigente ni incomodo, porque nace y crece con la belleza que inspira el saberse dirigido por la sencillez del absoluto. El humano se enamora y desea, quiere, pero siempre desde un bajo instinto egoísta, posesivo y parcelario. Resulta difícil por ello amar realmente porque el amor no requiere otra cosa más que un silencio y un respeto profundo. Años después recuerdo esa frase que tanto me marcó y de la cual tanto he aprendido… Amar en silencio es posible porque solo desde la humilde procesión interna se puede expresar lo verdadero de ese crujir interno que arde en las brasas de nuestros abismos… Más allá de su calor, existe el calor universal que aviva el nacimiento de la expresión, del arte que acompaña a todo verdadero amor. Amad, incluso cuando no seáis amados, porque descubriréis que el amor no puede encerrarse en una botella, ni en un cuerpo, ni en una mirada… Amad sin ser amados porque más allá de la oscura cámara en la que vivimos existe un alma que trasciende todo aquello que no logramos comprender… Amar en silencio…

(Foto: Amor en el museo de Copenhague, diciembre de 2008)

ISRAEL… GAZA… HUMANIDAD… PAZ… PEACE… SALAM… SHALOM


Cada día se me hace más difícil hablar de conflictos armados porque en el fondo cada día comprendo de forma mas angustiosa lo inútil que resultan las palabras ante barbaridades de muerte y sufrimiento. Realmente lo que desearía es poder estar allí, desnudo, clavado en una cruz en mitad de la batalla y clamando al cielo paz, paz, paz…. La angustia de israelíes y palestinos es la angustia de una humanidad fracasada que está condenada a desaparecer en su totalidad si no asume la responsabilidad de un cambio profundo. La impotencia es tal que a la angustia precede una nausea insoportable, una rabia insufrible, una conciencia que se apaga con tal de sobrevivir al espanto. Pero maldita sea, tiene que haber algo, tiene que suceder algo para que esos hombres que se enfrentan unos a otros en la sinrazón de la batalla regresen a sus casas y decidan que el mundo puede ser construido sin fronteras. Me siento alarmado porque el hombre animal a vuelto a despertar, y el hombre angélico ha sido de nuevo desterrado… Por favor, hoy hagamos el amor, con nuestras parejas, sintiendo su infinito abrazo. Miremos a sus ojos temblorosos, llenos de miedo y terror por verse reflejados en un ser imperfecto e impredecible. Mirémosnos y sucumbamos a un eterno abrazo lleno de pasión, de besos, de caricias suaves… hagamos el amor y no la guerra… y empecemos hoy mismo con los nuestros…
(Foto: La religión como producto de todas las batallas… ¿la religión? No… el producto humano… Símbolo encontrado en la Abadía donde vivió Lutero, en el norte de Alemania… mayo de 2007)

LAU: Tuyo y Mío…


Hace muchos años leí un libro que me impresionó por su sencillez y por su trascendencia para conocer al Papalagi, es decir, al hombre blanco. Fue escrito por un jefe polinesio de nombre Tuiavii de Tiavea. En su discurso increíble, hubo siempre una palabra que me marcó: Lau. Expongo un extracto para que entendáis porqué.

En nuestro idioma «lau» significa «mío», pero también significa «tuyo». Es casi la misma cosa. Pero en el idioma de los Papalagi es difícil encontrar dos palabras que difieran tanto en significado como «mío» y «tuyo». Mío, significa que algo me pertenece por entero a mí. Tuyo, significa que algo pertenece por entero a otro. Es la razón por la que el Papalagi llama a todo lo que está cerca de su casa «mío». Nadie tiene derecho a ello más que él. Cuando visitas a un Papalagi y ves algo allí, un árbol o una fruta, madera, agua o un montón de basura, siempre hay alguien alrededor para decir: «Es mío y que no te coja tomando algo de mi propiedad». Incluso si tocas algo empezará a berrear y te llamará ladrón. Ésta es la peor maldición que conoce. Y solamente porque te has atrevido a tocar el «suyo» de otro hombre. Su amigo y los criados del jefe vendrán corriendo, te pondrán cadenas, te echarán a la más sombría pfui-pfui y la gente te despreciará durante el resto de tu vida.
Actualmente para impedir que la gente toque cosas que alguien ha declarado suyas, se ha presentado una ley que concrete qué es suyo y qué es mío. Y hay gente en Europa que gasta su vida entera prestando atención a que no se quiebre esa ley, que no se quite nada al Papalagi que ha declarado que aquello es suyo. De esa manera, los Papalagi quieren dar la impresión de que tienen derecho real sobre esas cosas, como si Dios hubiera regalado sus cosas para siempre. Como si las palmeras, las flores, los árboles, el mar, el aire y las nubes fueran realmente de su propiedad.
Los Papalagi tienen necesidad de leyes que guarden su mío, porque de otro modo, la gente con poco o nada de mío, se las quitaría. Porque si hay gente que pide mucho para sí misma, hay muchos otros abandonados que permanecen de pie con las manos vacías. No todo el mundo conoce las tretas y señales escondidas con las que se puede acumular mucho mío, y también se ne cesita una especie de valor, que tiene poco o nada que ver con lo que nosotros llamamos respeto y puede que aquellos Papalagi que están con las manos vacías, porque no querían robar o insultar a Dios, sean los mejores de su tribu. Pero no existen muchos Papalagi como esos.

(Foto: Foro Espiritual de Estella, en Navarra, donde durante algunos días se practicó el concepto de Lau. Junio de 2007).

El Lenguaje Secreto


Los chamanes lo conocen y se precipitan hacia él para ascender o descender a cielos e infiernos. Ese lenguaje se aprende directamente de los espíritus por imitación. Para que esto sea posible, es necesario utilizar la Escalera, a veces también representada por un bejuco, una gradería en espiral o una cuerda trenzada. Con ella se asciende al cielo si lo que se pretende es conocer el lenguaje divino o al infierno si lo que se pretende es conectar con los secretos de la tierra y los infiernos. En todo caso, los espíritus están ahí y se puede comunicar con ellos. Baste conocer su lenguaje, operar en sus rituales, aprender de sus construcciones y sus premisas y saber, con cierta humildad, que ellos fueron los portadores de la vida en nuestro mundo. Ahora bien, el lenguaje secreto, que suele representarse con números y figuras geométricas, retiene en la complejidad precisamente la habilidad del entendimiento. No cualquiera está preparado para aproximarse al mismo y no cualquiera está preparado para comprenderlo. Incluso no cualquiera sabe de la existencia de la Escalera, a veces confundida con la necesidad de penetrar en la esquizofrenia o la locura absoluta. Los chamanes fueron tildados durante muchos años de enfermos mentales por la antropología clásica. Eliade intentó salvar el tipo tratándolos como terapeutas dotados de técnicas y remedios que trataban de crear orden allí donde reinaba la enfermedad o el miedo. El psiquismo inferior, tal y como lo expresaba la teosofía de siglos pasados, pretende llevar al hombre hasta el umbral de la locura… Sin embargo, existen lugares en la mente humana donde operan técnicas que desarrollan una visión latente y potencialmente superior. Es ahí, desprendidos de insípidas intenciones, donde nace la noble tarea del Arte ensoñador. Es ahí, en ese lugar donde la mente abstracta conecta con su extremo más elevado, donde se desarrolla una visión diferente del mundo. El chamán conoce la técnica, y el lenguaje, y utiliza la Escalera para ascender al mundo de los Ocasos.

(Foto: Jeroglífico egipcio en el museo de Copenhague. El lenguaje simbólico está directamente conectado a los arquetipos y por lo tanto, al Lenguaje Secreto. Diciembre de 2008)

El Loco de los Asientos


Ayer y hoy estuve con el Loco de los Asientos… De Loco a Loco se entiende el mundo de forma diferente. Uno se endiosa en la debilidad de saberse ante un mito, y procede, humilde, al silencio y el respeto que produce su sola presencia. Ese silencio es importante porque el aprendiz está condenado a callar y con ello madurar la osadía que algún día procederá a imitar cualquier obra, o a lo sumo, crear la suya propia. El Loco de los Asientos ha sido generoso al abrir su mundo al Mundo, y todos deberíamos sentirnos orgullosos de poder gozar del mismo. No desperdiciéis la oportunidad de sentiros acogidos en una comunidad de almas que aspiran a saberse humildes y escurridizamente silenciosos…

Pd.- Agradezco a Mercedes la charla que tuvimos ayer hasta las tantas de la madrugada en la que me invitó a comprender muchas cosas y sobre todo, a humanizar ese respeto y admiración mutuo.

(Foto: Finca Los Carrizos vista desde el plano profano o Los Asientos, vista desde el otro lado).

Hacia la mente vacía…


Cuando tengo hambre, como, cuando tengo sed, bebo. Así lo expresan los practicantes de Zen. Vaciar la mente es el principio por antonomasia para liberarnos del yugo de sus disgregaciones y ruidos. La ausencia de deseo, la ausencia de instintos, la ausencia de necesidad son pasos previos para penetrar en la difícil tarea de la ausencia de pensamiento. Algunos pueden pensar que en este proceso nos hayamos ante una deshumanización de nuestro yo, pero precisamente, lo que pretendemos ante la presencia de vacío, es despojarnos de nuestro pasado animal y empezar a penetrar en nuestro presente humano. El animal es aquel ser que desea ser humano y el humano es aquel ser que desea ser un dios. Y los dioses, en el plano de la manifestación angélica, se muestran vacíos de pasados y de futuros pues viven en la experiencia ilimitada del eterno Ahora.

La mente está desenfocada y enferma de experiencias pasadas, por eso muchos sabios nos hablan de la necesidad de vaciarnos de la misma para así poder trascenderla. Lo humano tiende a identificarse con la mente pero el hombre no es mente, es vacío, y sólo desde ese vacío puede identificarse con el momento único de la experiencia presente. El Ahora es el instante de mayor libertad. Libres de prejuicios, libres de promesas, podemos sorprendernos a nosotros mismos sintiendo la Vida recorrer por nuestras venas. Esa ausencia de identidad nos dota de eso que llamamos libertad. Libertad es recordarnos a nosotros mismos olvidando quienes somos… Libertad es Ser constantemente en un NoSer infinito…

(Ilustración: «Donde van a morir las bicicletas«, un marco alegórico de nuestros ruidos internos. De Emilio Maldomado).

Tres Tristes Tigres


Tres tristes tigres comían trigo en un trigal. Me consta que dos de ellos son vegetarianos y el otro un gato pardo que desayunaba una merluza cocida todas las mañanas. Acompaño foto para atestiguar lo bien alimentado que está. Y los tres andaban jugando y aprendiendo cosas sobre la vida. Me resulta familiar pensar que los tres podían haber sido producto de un ensueño, como esos de los que habla Don Juan en los libros de Castaneda. Un toque mágico traído a la realidad desde un nagual superior. Recuerdo que una noche los tres tigres durmieron juntos. Fue la última noche del último día. Una tremenda melancolía había en el ambiente, con una música que parecía haber sido confeccionada a propósito y toda un recinto plagado de velas. Las manos de los tres tigres se rozaron en un deseo ardiente irremediable. De repente se sorprendieron bailando al ritmo del sonido mágico, como si el mundo se hubiera detenido por un instante entresijando dedos y manos en un cada vez más acelerado ritmo. Y de las manos pasaron a los besos inevitables y de lo inevitable se pasó a lo que el poeta llamaría la danza de aquello que no se puede nombrar. Porque sólo lo que es puro carece de nombre y sólo lo que es verdadero trasciende el verbo. Allí quedó, en alguna parte, más allá del norte, la manifestación de algo que completó la magia del vivir… Echo de menos a los tigres que quedaron allá arriba… como si el que suscribiera estas líneas hubiera acabado aquí abajo, es decir, más allá de un purgatorio difícil de digerir…

(Foto: Uno de los Tres Tristes Tigres, el gato Tusse, en Copenhague, diciembre de 2008)

ZEITGEIST


Os recomiendo este video, concretamente, ambas partes de más de dos horas sin desperdicio. Podéis encontrar el original con subtítulos en el siguiente enlace:

http://www.zeitgeistmovie.com

Llorar a lágrima viva…


Lo malo de los viajes es que te sumen en una tremenda melancolía… El sólo recuerdo te sumerge en un lloro continuo, sólo capaz de frenarse ante la esperanza de un nuevo día. Lloraba vestido de frac cuando recordé el hermoso poema de Oliverio Girondo el cual acompaño. Es la única forma de sentirnos humanos: sintiendo todo aquello por lo que hemos vivido y soñado. Cuando sientes estás vivo y cuando estás vivo erez capaz de algo que tan sólo nos incube a los humanos: la emoción. Aquí va el poema mientras lloro improvisando como un cacuy o un cocodrilo…
Llorar a lágrima viva.
Llorar a chorros.
Llorar la digestión.
Llorar el sueño.
Llorar ante las puertas y los puertos.
Llorar de amabilidad y de amarillo.
Abrir las canillas,las compuertas del llanto.
Empaparnos el alma, la camiseta.
Inundar las veredas y los paseos,y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.
Asistir a los cursos de antropología, llorando.
Festejar los cumpleaños familiares, llorando.
Atravesar el África, llorando.
Llorar como un cacuy, como un cocodrilo…si es verdad que los cacuíes y los cocodrilos no dejan nunca de llorar.
Llorarlo todo, pero llorarlo bien.
Llorarlo con la nariz, con las rodillas.
Llorarlo por el ombligo, por la boca.
Llorar de amor, de hastío, de alegría.
Llorar de frac, de flato, de flacura.
Llorar improvisando, de memoria.
¡Llorar todo el insomnio y todo el día!

(Foto: Esculturas en el museo de Copenhague, diciembre de 2008)

Siete mil kilómetros de viaje submarino…


No sabría como describir este viaje maravilloso. Quizás empezando por el final, recordando esas noche de frío intenso a menos diez grados bajo cero y durmiendo en el coche buscando posturas adecuadas para no desfallecer de frío. Ayer noche en algún lugar de España, una noche antes en el frío intenso del norte de Alemania y la anterior en el frío polar de Noruega, a las afuera de Oslo. Esas son mis formas de improvisar la vida, de sentir la vida. El día 28 fue intenso en todos los sentidos y ocurrieron cosas maravillosas. El 29 hice un viaje a solas hasta Oslo y el 30 regresaba recorriendo países como Noruega, Suecia, Dinamarca, Alemania, Francia y toda España. He llegado hoy a media mañana, tras pasar la nochevieja y el año nuevo en carretera… Y como digo, estos más de siete mil kilómetros en coche han sido de viaje interior, de viaje submarino hacia unas profundidades ilimitadas. Deseoso de cerrar este año y deseoso de retomar el vuelo hacia otros lugares, otras formas de vida, otro sentir la vida… Lo único que permanece es el cambio, me repito una y otra vez imitando el viejo adagio budista, y así debe ser…

(Foto: Eterno puente que une Suecia con Dinamarca a mi vuelta de Oslo, en Noruega, diciembre de 2008)

El Comienzo…


«La importancia del comienzo… Según cómo hagais un primer gesto o déis un primer paso, según el ánimo o la intención que pongáis en ello dependerán los resultados que obtendréis a lo largo de toda vuestra vida, los éxitos o, por el contrario, los fracasos.Quizás os sorprendáis, ¿cómo puede un pequeño detalle determinar todo el encadenamiento de una serie de circunstancias? Pues observaos. Si os ponéis en marcha en un estado de ánimo agitado, estáis desencadenando fuerzas caóticas, y si en este mismo estado de ánimo os dirigís a vuestro trabajo, o bien visitáis a alguien, cuanto más os acercáis a vuestro objetivo, más agitados os sentís: entonces realizaréis actos torpes, pronunciaréis palabras imprudentes, y ¡cuántos daños deberán ser reparados después! Y al contrario; si primero habéis meditado, rezado para permanecer tranquilos, serenos, llenos de amor, y dais el primer paso en este estado de ánimo, cuánto más avanzáis, más sentís cómo halláis la actitud correcta, las palabras más acertadas a pronunciar. Todo se halla en el comienzo: el comienzo de un trabajo, el comienzo de una relación, el comienzo de un año«.

Omraam Mikhaël Aïvanhov

(Nota: Agradezco a Joaquin Tamames el que cada día nos despierte con un intenso y profundo «pensamiento simiente». Junto a él y su infinita generosidad deseo empezar el año. Gracias amigo…)

Educación vs ejércitos


Existen más de 25 países sin ejército en todo el mundo. Seguramente, esos países invertirán la totalidad del presupuesto de armamento y seguridad en educación y sanidad. Una persona educada y sana no tiene necesidad de entrar a tu casa a robar, delinquir o matar. Si bien hay excepciones, como en toda jungla, lo humano puede comportarse de forma digna ante condiciones dignas. De eso trata la utopía. Ya Tomás Moro lo describía de forma magnifica en su libro Utopía. El problema es que nadie ha tomado la iniciativa porque nadie es capaz de trasgredir los valores antiguos por nuevos valores que ayuden a humanizar el mundo. ¿Podemos imaginar que Israel, en vez de agredir a su enemigo, le ayuda a construir su futuro? Eso resulta imposible porque toda una generación, desde tiempos inmemoriales, ha sido educada en los valores de la defensa y el ataque, de la violencia y el egoísmo. La utopía puede ser conseguida, como ya lo es en esos países pacíficos que han optado por reinvertir sus virtudes en formar ciudadanos, y no animales.
(Foto: Cambio de guardia en la corte danesa custodiado por la policía. ¿Cuanto gasta un estado en estos artificios? Surrealista imagen. Copenhague, diciembre de 2008)

Ejércitos…


Ayer me quedé contemplando atónito unas maniobras de disciplina militar en un acuartelamiento al aire libre. Sinceramente, la disciplina militar, más propia de la edad media que de nuestros tiempos modernos, me parece de lo más retrógrado que pueda existir. Ya no por el fin en sí misma, que repercute en la defensa o el ataque de un país a otro, sino en los medios que para ello emplea. Además, lo triste es pensar que la mitad de los recursos de un país se destinan, entre pitos y flautas, a la defensa. Me imaginaba si esos recursos se destinaran a investigación científica y tecnológica, o a educación, o a sanidad, o cualquier otro medio con más razón de ser… Me imaginaba, claro, que eso sólo sería posible en un mundo de humanos, y no de animales gregarios que se empeñan en defender territorios y naciones como si aún viviéramos en tiempos donde había que defender fronteras y castillos. Cuando era adolescente me hice insumiso al servicio militar y estuve cuatro años en caza y captura con pena de prisión de dos años si llegaban a enjuiciarme. Por suerte no ocurrió y el movimiento pacifista de aquel entonces consiguió un pequeño objetivo: suprimir el servicio militar obligatorio. Quizás ese pacifismo de antaño debería volver a reivindicar otra utopía más: suprimir el ejército, o como mínimo, transformarlo en algo más útil para la sociedad. ¿Para qué marcar el paso, cabeza firme, mano al alza y escopeta apuntando en pleno siglo XXI? Hay cosas que me cuestan digerir…

(Foto: Aprendiendo pasos marciales en Copenhague, diciembre de 2008)

A ti la dama, mi audaz melancolía…


“Porque sueño no lo estoy. Porque sueño, sueño. Porque me abandono por las noches a mis sueños antes de que me deje el día. Porque no amo. Porque me asusta amar. Ya no sueño. Ya no sueño. A ti la dama, la audaz melancolía, que con grito solitario hiendes mis carnes ofreciéndolas al tedio. Tú que atormentas mis noches cuando no sé qué camino de mi vida tomar… te he pagado cien veces mi deuda. De las brasas del ensueño sólo me quedan las cenizas de la mentira, que tú misma, me habías obligado a oír. Y la blanca plenitud, no era como el viejo interludio y sí una morena de finos tobillos que me clavó la pena de un pecho punzante en el que creí, y que no me dejó más que el remordimiento de haber visto nacer la luz sobre mi soledad.” Este texto extraído de la película Leolo (1992) describe a la perfección la sensación que causa contemplar el arquetipo por excelencia de Copenhague, su sirena solitaria mirando melancólica al mar… Esa diosa que según la leyenda, renunció a su inmortalidad por el amor a un pescador, convirtiendo su alma en cuerpo de mujer. Sin embargo, en su mirada triste, se observa una blanca plenitud ahogada por el temor de lanzarse al mar en busca del amor… De ahí su mirada melancólica, plagada de abismos y de adióses de hace tiempo… Porque le asusta amar, el pescador, el viajero solitario que surca cualquier mar en búsqueda de la sirena se abandona a las noches y a los sueños… A ti la dama… la audaz melancolía…
(Foto: La Sirenita de Copenhague, o la Pequeña Señora del Mar, Den Lille Havfrue, diciembre de 2008)

El cielo cubrirá a quién carezca de sepultura


La Navidad se ha institucionalizado. Ya no forma parte de ninguna práctica mágica o ritualística que surgiera de forma espontánea entre las “communitas” de tiempos lejanos. Las instituciones pretenden el control del individuo y la sociedad y por eso asumen como suya cualquier práctica que pueda escapar a su campo de actuación. De ahí que la Navidad y todo su significado profundo se haya mercantilizado y adoptado como un dogma basado en la costumbre y no en el sentido. El objetivo es marcar unas pautas, especialmente de consumo, para aprovechar los símbolos de antaño y crear así una oportunidad más de negocio. La masa, sin criterio propio y dispuesta a seguir el dogma, se aleja de la esencia, del mensaje original, añadiendo hipocresía a unas fiestas rotas y huecas. El mensaje de amor y de paz, del nacimiento de la luz en la cueva del corazón, la magia del ritual solsticial, los símbolos que nuestros antepasados heredaron de sus antepasados para perpetuar el conocimiento intuitivo de las cosas se ha perdido o se pervertido. La sociedad ha roto con sus valores y ha perdido el rumbo, el sentido de las cosas. Se ha alejado de la advertencia cósmica de que todo es perecedero excepto aquello por lo que somos capaces de mejorar, de crecer, de soñar. Impregnados de mentiras e ilusión, de hipocresía y perversión, hoy es Nochebuena y mañana Navidad. Así, felices fiestas, y dulces sueños…

(Foto: Cielo gris en una calle cualquiera de Christiania, Copenhague, diciembre de 2008)

Christiania


Aunque el nombre podría conducirnos a una interpretación errónea del lugar, no se trata, por ser día de Nochebuena, de una comunidad cristiana, sino de una comunidad alternativa nacida en lo que fuera un terreno militar en la misma ciudad de Copenhague. El amigo Thomas, de forma amable y generosa, ha hecho de maestro de ceremonias y me ha guiado por este singular barrio, mitad comunidad alternativa mitad refugio de la bohemia del lugar. Sentía mucha curiosidad, debido a mi tesis, por conocer el sitio. Setecientas personas viviendo de forma especial, demandando al mundo una forma diferente de relacionarse y entender la vida. Todas las comunidades respiran algo propio, algo que las hace únicas. Y Christiania tiene esa seña de identidad que en invierno parece disimularse por la ausencia de vida en sus calles, pero que encierra en su espíritu un verbo especial. Quedo agradecido a Thomas por su tiempo y por sus explicaciones y quedamos emplazados a nuevos encuentros en tierras del sur, allí donde el sol parece que ilumina con más fuerza.
(Foto: en la entrada principal de Christiania, 24 de diciembre de 2008)

Desde Copenhague…


Fue un viaje largo pero se me hizo corto. No hubo ningún problema, ningún accidente. El primer día atravesé toda Francia y prácticamente toda Alemania a buen ritmo, sin acelerones. Dormí de un tirón en el coche es misma noche ocho horas seguidas, a pesar del frío, en algún lugar del norte de Alemania. Pensé que llegaría el domingo a Dinamarca pero el sábado por la mañana ya estaba cruzando todo el pequeño país. Al mediodía ya estaba en mi destino. Estoy instalado en el barrio de Ama, un lugar tranquilo muy cerca del famoso barrio de Cristiania y del mismo centro. Ayer tuve tiempo de pasear y poder ver, a pesar de la lluvia que no cesa y el frío intenso algo de la ciudad. Me resultó extraño ver a la gente divertirse en el Tivoli, un parque de atracciones que funciona a pleno rendimiento con frío y lluvia incluidas. La lluvia fina está mimetizada en el paisaje y las gentes lo asumen con toda normalidad. Pocos llevan paraguas y muchos viajan en bicicleta o se suben a la noria y la montaña rusa del Tivoli a pesar de la lluvia. Curioso es ver que existe una importante colonia de inuits, habitantes procedentes de Groenlandia, territorio danés cuya extensión, curiosamente es mayor que la de la propia Dinamarca.
(Foto: Una calle cualquiera de Copenhague, o de Kobenhavn, en danés, diciembre de 2008)

El Viaje del Tejedor de Sueños…


Mañana temprano empezará un largo viaje hacia tierras del norte… El norte de cualquier norte, pero especialmente, como punto geográfico, específico, señalaría más exactamente hacia el norte del centro del laberinto. Porque cuando uno descubre su norte y decide caminar hacia él, sólo le queda un camino, un pretexto para lanzarse a la aventura: dar el primer paso. Así empiezan los grandes viajes, hacia fuera y hacia dentro y así empieza a desenrredarse los entresijos de la vida. Y en el laberinto en el que nos movemos, en ese centro difícil de conseguir y encontrar, siempre hay una brújula interior que nos señala nuestro norte, o nuestro sur, si vivimos en otro hemisferio que no sea el nuestro. Y la aguja magnética siempre señala con fuerza el mismo rumbo, la misma dirección.
Y en este primer paso decisivo ha tenido mucho que ver el Tejedor de Sueños… así fue bautizado de forma hermosa aquel que dirige las riendas… Porque de eso se trata, hacer de los sueños cosas palpables, tangibles, reales… tejerlos poco a poco para que pueda consumirse en el mundo ficticio de la realidad… Me marcho… habrá un silencio necesario… viajo en coche, como a mí me gusta, atravesando infinitas carreteras que nunca terminan… Esta vez no serán más de tres mil kilómetros de viaje submarino… Me marcho pero volveré para el solsticio de invierno… Que así sea…
(Fotos: Viaje a Escocia en febrero de 2007, siguiendo las indicaciones del Tejedor…)

CARPE DIEM…


Vivir el momento tiene mucho significado con lo que hablamos ayer sobre el conocerse a uno mismo, ese Nosce te ipsum, escrito a la entrada del Templo de Delfos como advertencia del verdadero camino hacia la realización. Esa experiencia tiene mucho que ver con nuestra consciencia limitada, parcelada, limitada, que fragmenta la realidad desperdiciando con ello la vivencia real de la existencia. De ahí que seamos esclavos de nuestra propia parcelación vital y sea difícil liberarnos de nuestro peor enemigo: nosotros mismos. Por eso la profundidad de la expresión Carpe Diem. La vivencia del momento, el instante único, el camino del eterno ahora… o del eterno retorno, como diría Eliade.
Estos días son trascendentes en ese sentido… Siento como cada paso tiene un significado, cada segundo es un momento único e irrepetible… Estar con amigos, compartir un momento, un instante, rodeado de seres queridos, de familia, de personas que siempre han estado ahí en lo bueno y en lo malo… Cada palabra, cada gesto ha preñado el instante de forma eterna. Nada podía alejarse, nada podía quedar lejano porque todo era atrapado en la memoria de la emoción.

Mañana es mi último día en Barcelona… El viernes, empieza un nuevo viaje… un viaje hacia el encuentro y el reencuentro… un viaje hacia el Momento… Iré en coche… dos o tres días campeando tempestades y peligros… Espero que todo vaya bien… confío en que todo irá bien…

(Foto: Momento único e irrepetible en la Baja Sajonia, norte de Alemania, mayo de 2008)

NOSCE TE IPSUM


No nos conocemos a nosotros mismos, nosotros los conocedores, nos decía Nietzsche. Realmente resulta lo más difícil de todo. Vagamos por la vida de forma inconsciente, actuando de manera ciega e instintiva y engañados, como nos decía Jung, por las ilusiones exteriores. Sólo en la noche, en la oscuridad, la sombra no existe, por eso, el conocerse a sí mismo requiere de un proceso de vaciado, de sepultura, de muerte, de oscuridad. En todos los ritos iniciáticos se representa simbólicamente este proceso de muerte y resurrección. Sólo cuando te aproximas a un vacío interno, a un desprendimiento de lo que eres, de las experiencias vividas, sentidas y pensadas, sólo cuando eso ocurre, es posible aspirar a la consciencia y al conocimiento y fluir con la experiencia del momento único. Uno no llega a la «iluminación», nos dice Jung, imaginando figuras de luz, sino haciendo consciente la oscuridad. Y de ahí, una vez penetrada, la necesidad de luz interior.

Nuestros conflictos internos, nuestros dramas personales se reproducirán una y otra vez hasta que seamos capaces de penetrar dentro de nosotros. Ahí reside el problema, ya que la mayoría de nosotros vivimos en el plano de la inconsciencia y nos resulta difícil penetrar a un plano más satisfactorio. Lo externo nos resulta suficiente, a pesar de las guerras que sufrimos ante nuestras propias frustraciones. Hay gente que no entiende en absoluto nada sobre sí mismos y repiten una y otra vez los mismos patrones erráticos, las mismas carencias, las mismas insatisfacciones. Hay personas que vivimos sin conocer nuestro estado actual. Realmente, ante la carencia de conocimiento interno, nos volvemos expertos en proyectar fuera de nosotros mismos nuestras incongruencias, y por norma, ante nuestro espejo que es el otro que tenemos en frente. Y cargamos sobre él toda nuestra violencia y desdicha. Siempre nos alejamos de la idea de que lo que está mal en el mundo está mal en nosotros mismos, culpando siempre al otro o a lo otro de nuestras carencias. ¿Qué somos? ¿Quienes somos? ¿Qué papel representamos, cuales son nuestros roles, nuestras máscaras? Nosce te ipsum…

(Ilustración: Contempladora, de Emilio Maldomado)

Cuando Hitler robó el conejo rosa


Fue en la adolescencia cuando leí el libro autobiográfico de Judith Kerr sobre Anna, una niña judeo alemana a la que en la Segunda Guerra mundial le arrebatan su infancia. Toda su familia tuvo que exiliarse por diferentes países y desde que leí emocionado aquellas páginas, siempre deseé viajar a los lugares que ella describía, especialmente Zurich, en Suiza. Ya he visitado en varias ocasiones esa ciudad, la última vez en febrero de este mismo año, y siempre siento cierta nostalgia ante el recuerdo de lo vivido con la lectura de aquel libro.
Ayer me aproximo, siendo mi hermano el maestro de ceremonias, a otro escenario de la Segunda Guerra Mundial. Esta vez nos abrimos paso en el fragor del combate en la campaña de asalto de Normandia. Según los creadores de este videojuego, ofrece la experiencia de combate más dinámica e intensa jamás creada. Lo que más me llamó la atención de la experiencia, nueva para mí, fue el poder jugar en línea con un ejercito de 24 jugadores, adolescentes todos, supongo, que arremetían contra mí y mi hermano en un juego que consistía en aniquilar al otro, sin importar si el otro era judío, nazi, aliado, del eje… En una guerra de todo vale, las horas pasaban viendo saltar por los aires los sesos del enemigo, que misteriosamente, resucitaba una y otra vez.
Así la reflexión parece clara. En mi adolescencia se leían libros que nos hacían soñar en cosas que luego se plasmaban de forma real en el imaginario, por ejemplo, con mi viaje a Zurich.
La adolescencia de ahora también es capaz de insertarse en el imaginario de la Segunda Guerra Mundial, pero tal y como me decía mi hermano ayer, «tete, este juego vicia que te cagas, voy por la calle y estoy matando a nazis… Y estoy deseando volver a la habitación para seguir matando»…
Está claro que esos deseos se están insertando en su subconsciente… Y el subconsciente de toda una generación lista para matar en cuanto se de la orden… ¿Estamos creando futuros monstruos? En unos años lo sabremos…
(Foto: Los Alpes Suizos, lugar neutral en la Segunda Guerra Mundial, en febrero de 2008).

No soporto verte brillar…


La amiga Ana me envía un nuevo cuento muy hermoso que deseo compartir…

Cuenta la leyenda, que una vez, una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga; ésta huía rápido y con miedo de la feroz depredadora, pero la serpiente no pensaba desistir. Huyó un día y ella no desistía, dos días y nada. En el tercer día, ya sin fuerzas, la luciérnaga paró y dijo a la serpiente:
– ¿Puedo hacerte tres preguntas?
– No acostumbro dar este precedente a nadie, pero como te voy a devorar, puedes preguntar.
– ¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?
– No.
– ¿Yo te hice algún mal?
– No.
– Entonces, ¿Por qué quieres acabar conmigo?
– Porque no soporto verte brillar.

Desde Barcelona



Llegué anoche a Barcelona tras un largo viaje lleno de niebla y lluvia. Los viajes siempre sirven de reflexión, sobre todo si son largos. Además, crean distancia sobre tu propia realidad. Cada vez que me alejo de la Montaña encuentro más motivos para volver a ella, pero siempre necesito alejarme con la suficiente distancia para poder ver las cosas con esa claridad que tanto se necesita en momentos de cambio. Y Barcelona, con sus cosas, siempre está llena de recuerdos. Aquí encontré esta foto antigua, de cuando era un niño recién llegado al mundo, y además, tenía esa larga melena rubia que tanto gustaba a las madres de aquellos tiempos. Me hace gracia reencontrarme con esos momentos, con esos recuerdos vividos que ya sólo existen en el testimonio de la memoria. Aquí seguiré durante unos días… luego… nuevo viaje, nueva reflexión, nueva distancia hacia tierras del norte…

(Foto: Con dos años, en Barcelona.)

No hay camino, no hay sendero, la verdad es una experiencia…


Cada día es un viaje hacia el reencuentro, hacia el recuerdo de lo que somos y de todo aquello que podríamos ser con tan sólo desearlo… Uno siempre se pregunta cual es el mejor camino a recorrer, cual es el verdadero sendero para conseguir una vida equilibrada y llena de dicha y virtud. Hasta que un día descubres que la verdad es una experiencia que debe ser vivida. Y es por eso que hoy emprendo un nuevo viaje sin ninguna intención más que la de vivir la experiencia y sentir cuan dichosos nos sentimos cuando elegimos el camino que nos dicta el corazón. Las circunstancias no acompañan, pero este paso es necesario para seguir persiguiendo a toda costa el verdadero sentido de los sueños… Siendo así, hoy será una jornada larga, el principio de un nuevo nodo en una vida que quiere ser vivida… Eso es la felicidad… seguir tus propios pasos…

(Foto: Descansando en el Camino de Santiago, un camino interior y exterior. Octubre de 2007).

Perfecta Lux Radians


Pocos o ninguno atenderán al título por incomprensible. A pesar de que la locución latina parece bien clara, muchos se preguntarán qué querrá decir. Puedo entender esa duda y esa desconfianza o rechazo hacia las cosas incomprensibles. Puedo entenderlo porque esta mañana he participado en la inauguración de un huerto solar creado por, como no, un holding del norte europeo donde, al parecer, parecen más adelantados en muchas cosas. Pues bien, incluso en la inauguración escuchaba voces críticas en contra de las placas solares. Gente con estudios, con carrera, con cierta formación. Se me acercaban dubitativo y alarmados por tan majestuosa monstruosidad. Eso me recordaba con cierta gracia algunas películas de época en las que se veía la cara de algunos que se asustaban ante los nuevos inventos como el teléfono o el coche. Me imaginaba en aquella época, hace cien años, en una asamblea política, discutiendo si autorizaban o no la circulación del coche a motor por las calles o la luz eléctrica por las casas o incluso el teléfono, como objetos creados por el mismísimo diablo. Pues eso ocurre con las placas solares, algo que en teoría debería mejorar nuestra calidad de vida como habitantes de este dichoso y único planeta y que, sin embargo, topa con las mentes retrógradas que se oponen al buen progreso. Y esto lo dice uno que está cabreado con el progreso, pero hay cosas, que por más que nos duelan, incluso pueden parecer buenas. Y una de esas cosas, sin duda alguna, son las placas solares. Por cierto, he visto a algunos, de forma disimulada, buscando el rabo diabólico a un par de placas que habían en el extremo norte. Incluso creo que han llamado al cura del pueblo para exorcitar todo el huerto solar. No me extrañaría que se levantaran en santa jauría para quemar todas y cuantas placas existan en un radio de cien kilómetros. De hecho ya lo están haciendo con los proyectos de nuevos huertos… así nos va en España… con un retraso descomunal con respecto al mundo… y creyendo o confundiendo ángeles con demonios…

http://www.ecoticias.com/20081212-cordoba-la-delegada-de-innovacion-inaugura-en-hornachuelos-el-parque-solar-los-cabezos.html

(Foto: Planta fotovoltaica «Los Cabezos», en Hornachuelos, diciembre de 2008).

El poder y sus disfraces


El poder tiene miedo en tiempos de crisis. Todas las revoluciones se gestan en momentos en los que las crisis más agudas empiezan a remover las consciencias y los átomos simientes que acabarán germinando en un más que probable gran cambio. Así ha ocurrido siempre. La muerte de un joven en manos de la policía griega sólo es un avance de lo que puede ocurrir en todos los países si la cosa empieza a desmadrarse más de la cuenta. Siempre se podrán subir o bajar los impuestos, hacer leyes más duras o más flexibles, se podrá vivir en tiempos de mayor o menor libertad. Pero cuando familias enteras se ven despojadas de su trabajo, de su casa, de su sustento… Entonces algo empieza a removerse en todos los estratos sociales. Las pugnas ya no son casos aislados de incómoda visión para unos pocos. Cuando es la comunidad entera víctima de la injusticia y la opresión, algo más fuerte y potente empieza a moverse. Así que la clase privilegiada, especialmente la política, deben darse prisa y afanarse por buscar soluciones rápidas con el único fin de mantenerse en ese poder temporal, en ese disfraz que puede durar lo que dure un suspiro. La chispa puede estallar en cualquier parte… Ayer fue un joven muerto en Grecia, mañana puede ser un accidente, o un atentado, o una inundación. Cualquier cosa puede desembocar en tragedia y cualquier cosa puede estallar en un conflicto sin dimensiones conocida. Dominación y resistencia. Cuidado, en tiempos de crisis, con las resistencias al poder.

(Foto: Cantando coplas antisistema en mis tiempos hippies. Montserrat, Barcelona, 1990).

Lana y Ejército…


Me gusta leer textos clásicos porque siempre te crean un perfil de como se vivía en aquel entonces, pero sobre todo, como se pensaba antes y como se piensa ahora. Estaba releyendo Utopía, de Tomás Moro. Me llama la atención un párrafo en el que se explica que en la Europa medieval, los señores se abastecían del trabajo del campesinado para intentar mantener su vida holgada. Para mantener ese status quo, necesitaban la salvaguardia de un ejército que les protegiera en su pequeño reino u estado. Para mantener ese ejército, era necesario provocar guerras y buscar enemigos donde no los había, porque eso era lo único que mantenía con vida el propósito de tales ejércitos. Ocurrió lo mismo con la lana. A la nobleza le encantaba vestirse con nobles prendas. Esto sólo era posible con la cría de ovejas, la cual se volvió una plaga en los siglos XVI y XVII de tal calibre, que el campesinado se vio privado de tierras para cultivar a favor del comercio de lana. Incluso en Castilla, se crearon privilegios para el ganado, tales como el libre paso por las cañadas, facilitando con ello la trashumancia y arruinando con ello a familias y pueblos enteros que vivían de la agricultura. Sólo un pastor bastaba para llevar un gran rebaño, mientras que se necesitaba mucha mano de obra para cultivar a tierra. Todo esto no es nuevo. Nada ha cambiado desde entonces. La nobleza de ahora necesita mantener ese status quo e inventa nuevos rebaños de ovejas. La crítica no puede ser más punzante… Las ovejas de hoy en día somos nosotros, cada uno de nosotros, y sin quererlo o saberlo, servimos a nuestro amo, ese que se regocija de que existan guerras para poder mantenerse en el poder… ¿Alguien ha mirado alguna vez los Presupuesto Generales del Estado y ha visto la partida que se dedica a Ejército, Seguridad o cosas que tengan que ver con la defensa, ya sea interna o externa? ¿Por qué no se dedica todo ese dinero a la educación, a la cultura, al trabajo? En fin… qué puede decir un insumiso que estuvo cuatro años en caza y captura…
(Foto: Tomás Moro hablaba especialmente de las ovejas inglesas… Por llevar la contraria, aquí muestro un paisaje típico de Escocia… campos y campos y campos repletos de prados con ovejas… Escocia, marzo de 2007)

El viaje del pirata… el viaje utópico…


No me gusta navegar, o dicho en un idioma más actual, no me gusta viajar como lo hacía Palinuro, piloto de Eneas que se cayó al mar por haberse dormido estando al timón, según nos cuenta la Eneida. Me gusta hacerlo como Platón, que viajó para educar a tiranos, o como Ulises, buscando sueños y utopías. Pero ese viaje libre resulta espinosamente difícil hoy día, en un mundo donde el último pedazo de tierra sin reclamar por una u otra nación fue engullido no hace mucho tiempo. Eso arremete contra la libertad, y todo lo que arremeta contra la libertad es enemigo de la vida.
El nuestro es el primer siglo sin terra incognita, sin última frontera, sin finisterra. Ni un trozo de roca en los mares del Sur, ni un valle remoto, y ni siquiera la luna o los planetas, carecen de dueño. Es el delirio del gangsterismo territorial. Ni un sólo centímetro cuadrado de tierra está liberado de vigilancia o impuestos, como decía un insurgente. Pero no me refiero aquí a la tierra exclusivamente material, sino también a la cultural, a la científica, a la artística. Todo parece parcelado en una locura endémica.
En la primera página de todos mis diarios, aparece una frase que me regaló con infinita generosidad Carlos. La reproduzco ahora porque viene al caso:

Un guerrero respeta al mundo porque sabe de su finitud y de su pequeñez ante las grandes fuerzas de la vida. Pero también sabe que cada circunstancia, que cada acontecimiento esconde un mensaje, una fuerza que necesita para acrecentar su poder y su consciencia”.

Es esa fuerza la que me empuja en mis viajes, a sabiendas que allende los mares, es posible la terra incognita.