Fue la semana pasada cuando conocí al loco y fui partícipe de una entrevista que efectuaron a un amigo, también loco, en el programa de Quintero. Llegamos a Sevilla desde Madrid y aterrizamos en el Teatro de Quintero, en el centro de la ciudad. Allí nos sentamos tres majaretas, a saber: El Loco de los Asientos, el Loco de la Colina y el Loco de la Montaña. La locura, como saben, es un bien preciado en un mundo de cuerdos, en un mundo donde la consonancia armónica con la norma y lo común son la base de la existencia. Penetrar en la oscura dimensión de lo anormal puede ser arriesgado, pero sin duda, y ante todo, resulta necesario. Porque solo desde esa dimensión esquizoide se puede divisar un mundo nuevo, un mundo mejor, un mundo alternativo a los tipos de interés, a las cuentas de resultados y al llegar a fin de mes. Allí, más allá de la Oscuridad Brillante, existe un punto de unión entre almas libres que penetran en el significado profundo de la vida, teñido, sin duda, de mucho humor y reservas de fantasía y optimismo. Quintero, un loco cómplice que encontramos en la sala común, nos inyecto una dosis de morfina alegre para seguir adelante. Quedo desde aquí agradecido…
(Foto: Jesús Quintero y Javier León en el teatro de máscaras, noviembre de 2008).
