No nos conocemos a nosotros mismos, nosotros los conocedores, nos decía Nietzsche. Realmente resulta lo más difícil de todo. Vagamos por la vida de forma inconsciente, actuando de manera ciega e instintiva y engañados, como nos decía Jung, por las ilusiones exteriores. Sólo en la noche, en la oscuridad, la sombra no existe, por eso, el conocerse a sí mismo requiere de un proceso de vaciado, de sepultura, de muerte, de oscuridad. En todos los ritos iniciáticos se representa simbólicamente este proceso de muerte y resurrección. Sólo cuando te aproximas a un vacío interno, a un desprendimiento de lo que eres, de las experiencias vividas, sentidas y pensadas, sólo cuando eso ocurre, es posible aspirar a la consciencia y al conocimiento y fluir con la experiencia del momento único. Uno no llega a la «iluminación», nos dice Jung, imaginando figuras de luz, sino haciendo consciente la oscuridad. Y de ahí, una vez penetrada, la necesidad de luz interior.
Nuestros conflictos internos, nuestros dramas personales se reproducirán una y otra vez hasta que seamos capaces de penetrar dentro de nosotros. Ahí reside el problema, ya que la mayoría de nosotros vivimos en el plano de la inconsciencia y nos resulta difícil penetrar a un plano más satisfactorio. Lo externo nos resulta suficiente, a pesar de las guerras que sufrimos ante nuestras propias frustraciones. Hay gente que no entiende en absoluto nada sobre sí mismos y repiten una y otra vez los mismos patrones erráticos, las mismas carencias, las mismas insatisfacciones. Hay personas que vivimos sin conocer nuestro estado actual. Realmente, ante la carencia de conocimiento interno, nos volvemos expertos en proyectar fuera de nosotros mismos nuestras incongruencias, y por norma, ante nuestro espejo que es el otro que tenemos en frente. Y cargamos sobre él toda nuestra violencia y desdicha. Siempre nos alejamos de la idea de que lo que está mal en el mundo está mal en nosotros mismos, culpando siempre al otro o a lo otro de nuestras carencias. ¿Qué somos? ¿Quienes somos? ¿Qué papel representamos, cuales son nuestros roles, nuestras máscaras? Nosce te ipsum…
(Ilustración: Contempladora, de Emilio Maldomado)
