Cuando tienes la suerte de estudiar ciencia en la universidad descubres sus premisas, sus métodos y metodologías para dar forma a lo que algunos llaman la religión de nuestro siglo. Como «científico social», me gusta ser incorrecto con la ciencia, quizás porque me gusta ser incorrecto con las creencias que se basan en una emoción, una intuición o simplemente en un acto de buena voluntad. Al fin y al cabo las creencias son una esencia subjetiva que nace de la expresa necesidad de dar respuestas a nuestros eternos interrogantes. El problema es cuando esa creencia se institucionaliza, se moraliza, se impregna de dogmas y leyes de obligado cumplimiento. Eso ocurre muchas veces en nombre de la religión, pero también de la política, la economía, la educación, y sobre todo, en nombre de la ciencia. A sus creencias le llaman «marco teórico» o «modelo teórico», y dicho así, asumimos que lo que diga un científico que emplea esas expresiones tan elocuentes son verdades que van a misa. El científico humilde ataca expresamente esa forma de hacer ciencia porque sabe que las teorías son siempre, y ante todo, provisionales. La praxis demuestra día a día que las teorías siempre son superadas por nuevos modelos que a su vez… Pongamos un ejemplo de creencia científica que hoy he podido leer en un importante periódico a cuento de un descubrimiento astronómico. Dice así:
«La perplejidad de los científicos se refleja en las numerosas hipótesis que apuntan para explicar qué es Himiko. Puede tratarse de gas ionizado que alimenta un agujero negro supermasivo, o una galaxia primordial con gran cantidad de gas, o el producto de la colisión de dos galaxias muy jóvenes, o el efecto de procesos intensos de formación estelar, o incluso una galaxia gigante con una masa equivalente a unos 40.000 millones de soles. De momento, no se puede afirmar ni descartar que la nube aloje en su centro un agujero negro».
Seis creencias en un mismo párrafo camufladas bajo el paraguas de lo científico. Cuando daba clases en el instituto y en la universidad, lo primero que decía a mis alumnos era que no debían creer en todo aquello que yo dijese por estar, aparentemente, en una situación de poder y legitimidad. Debían contrastar todo aquello que yo decía. De vez en cuando enfatizaba en alguna mentira para ver hasta qué punto alguien tenía el valor de decir que estaba equivocado. Por supuesto, nadie lo hacía porque todos damos por sentado que la legitimidad está en posesión de la verdad. Esa es la mentira de nuestro sistemas de creencias, y esa es en la mentira en la que vivimos en todos los ámbitos de nuestra vida. El día que alguien se levante y sea crítico con la «verdad», entonces dejaremos de vivir en un mundo de «creencias» para pasar a un mundo de realidades… Y cuidado porque la economía real está a punto de revelarse contra la tiranía de las creencias económicas… y quizás ocurra lo mismo con los sistemas de creencias políticos, en la educación, en la sanidad, en…
(Foto: Himiko, un misterio para la ciencia al cual la quieren dotar de cierta credibilidad a base de «teorías»).
