Ayer atravesé sin querer un hormiguero entero con la fuerza de mi azada. Las hormigas, confundidas al principio, reaccionaron rápidamente ante la catástrofe intentando reconstruir el hormiguero y defendiéndolo de cualquier otro ataque. En ningún momento las vi meditativas, reflexionando sobre la naturaleza de la azada, ni siquiera sobre las causas que habían provocado dicha catástrofe. Únicamente se disponían a seguir su propio Propósito. Sé que a mi amigo Mario no le gusta esta palabra, pero creo en la esencia de que cualquier mirada hacia dentro conlleva inevitablemente una resolución diferente ante la vida. Si miramos dentro afrontamos el mundo de los Efectos desde una perspectiva diferente, ya que al vaciarnos de nuestro contenido (experiencias pasadas y herencias) somos capaces de nacer nuevamente en el Mundo de las Causas y los Arquetipos. Y en ese estadio de cosas, dejamos de cuestionarnos los asuntos del día a día para ponernos a trabajar en reconstruir nuestro propio mundo. Es así como tras la mirada interna necesaria, nace la mirada externa preñada de pequeñas acciones diarias que pretenden un mundo nuevo. Y la suma de todas esas acciones provoca inevitablemente la venida del Nuevo Mundo. Y nunca habrá fracaso porque el mayor fracaso es el de dejar de intentar…
