España sigue retrocediendo en libertades


Uno de mis primeros artículos que escribí para prensa trataba sobre el Gran Hermano, allá por el año ’94. El Gran Hermano en versión española, es decir, en versión cutre, porque España, si por algo se caracteriza es por lo cutre de casi todo cuanto hace si exceptuamos la tortilla de patatas y la paella y alguna que otra cosa más. La noticia viene esta vez de la DGT, la cual se va a gastar una millonada en la implantación de nuevos radares para mejorar lo que ellos llaman, de forma cruelmente cínica, nuestra seguridad. Podríamos pensar que la sangre española es menos racional y por lo tanto más impulsiva y que cuando nos ponemos a las manos de un volante tendemos a acelerar y no respetar las normas de circulación. Pero esto no es un problema de sangre, ni de raza, es un problema de educación. Cuando vivía en Alemania me resultaba chocante ver como a las tantas de cualquier hora y ante avenidas totalmente desiertas, los peatones no empezaban a andar o cruzar la calle hasta que el semáforo no estuviera en verde, independientemente de que no hubiera ni un solo coche a veinte kilómetros a la redonda. Respetuosos hasta el límite, tienen normas avanzadas sobre la convivencia, el respeto, y por supuesto, la circulación. Allí, en las autopistas, no existe límite de velocidad, y por lo tanto, no existen radares. En España se nos ve el plumero en el afán recaudatorio y en normas absurdas para un pueblo que a veces se comporta de forma absurda. Cuestión de educación. Y como nuestra educación es cutre, pues es mejor gastar el dinero en radares y no en escuelas, profesores y medios adecuados para una adecuada educación. Así nos va, en casi todo. Y si lo que desean es seguridad, que se gasten los dinero de los radares (60 mil euros para los radares viejos y 600 mil euros por los nuevos) en arreglar las carreteras secundarias y en quitar los peajes de las autopistas. Muchos accidentes se producen porque gente sencilla, pobre y sin recursos o cientos de camioneros diariamente arriesgan sus vidas en carreteras secundarias por no pagar el dichoso peaje de turno. Véase como ejemplo claro la Nacional II en el tramo entre Zaragoza y Fraga, donde hay autopista de peaje y donde la nacional se llena de camiones y accidentes todos los días.

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