Nuevos amigos


No pude creerme que los cincuenta hermanos de estos polluelos iban a ser congelados vivos para alimentar a halcones y águilas. En el mejor de los casos, serían alimentados día y noche bajo la atenta mirada de una infernal bombilla hasta coger el peso necesario para entrar en la sala del sacrificio. «Así es la vida, unos deben morir para que otros vivan»… Efectivamente, dicho así, la vida parece cruel y sin sentido. En todo caso, estos cuatro polluelos han sido «salvados» de una muerte segura y ahora vivirán a su antojo en un espacio semi-natural, con hierba, campo y luz natural. Cuando les miro a los ojos no puedo comprender hasta qué punto la crueldad puede instalarse en nuestras vidas. ¿Donde nace la necesidad del sacrificio? Las Reglas de San Benito, esas que se dictaron para la vida monacal, ya advertían de que la ingesta de sangre y carne era contraproducente para la vida del alma. Son los animales, y no todos, los que se alimentan de ese tipo de sustancia… Claro, que a veces olvido que el hombre se comporta más como un animal que como un alma… y de ahí la sinrazón…

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