Hay gente que tiene por costumbre acercarse a tu vida con la mayor sutileza del mundo, sin exigencias, sin apropios, sin agobios. Lo hace, acaricia con suavidad, mima con dulzura, sin excesos, sin torpezas. Luego hay otros que entran como un huracán, desordenando todo tu espacio, tu tiempo, exigiéndote que hagas esto o lo otro. A veces ves como alguien desea estar a tu lado, pero desean estar a base de asalto, de guerra de guerrillas, de patria o muerte. A veces eso se agradece, pero otras, resulta incómodo, incluso desagradable. Agradezco los regalos en ese sentido, pero tras el regalo, en algunas ocasiones viene la exigencia, el recibir algo a cambio, aunque tan sólo sea atención. Resulta bueno exigir, pero debemos estar preparados para la exigencia. Últimamente me cuesta mucho acercarme al producto humano de forma sigilosa. Me cuesta encontrar en el prójimo un punto de referencia, de atención, cuando el amigo que tenemos en frente, o el enemigo, siempre debería ser nuestro punto de referencia, de interacción con el universo. Uno atrae a su vida lo que es, lo que expresa, y de ahí que «el otro» sirva como perfecto y pulido espejo donde ver reflejadas todas nuestras faltas, y en ocasiones, nuestras virtudes.
(Foto: mi madre, jugando con sumo respeto y amor con los nuevos amigos de la casa).

Celebro la visita de tu madre y la presencia de tus nuevos amigos
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Grán palabra con muchísimo significado!!Con mucho respeto, un abrazo Javier:)
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