Ojos azules


El martes por la noche llegué a Madrid. Descansé algo en casa de MC y por la mañana temprano fui dirección Aravaca a una entrevista de trabajo para profesor que conseguí gracias a la infinita generosidad de Joaquin. Me entrevistó Marta, una bellísima mujer que había creado de la nada un colegio de pedagogía Waldorf. Fue gracioso encontrarme con algunas exalumnas del curso al que yo mismo asistí en el año 2005-06 convertidas en mamás. El tiempo no perdona. La entrevista fue bien y la mañana intensa. Regresé a casa de MC y allí nos esperaba César, con el que fuimos caminando hasta el restaurante El Cacique donde esperamos a Luis para hacer una reunión de trabajo. Tras un fin de semana demoledor para los cuatro debido a las repercusiones internas de la presentación del libro «Memorias de un preso», dedicamos la comida a quitar tensiones y relajar expectativas. Debía marchar por la tarde pero MC me sugirió que le acompañara a un acto al que Joaquin le había invitado para dar una charla. Acepté encantado, preguntamos a Joaquin si era posible y por supuesto no hubo ningún tipo de problema, a pesar de tratarse, al parecer, de unos coloquios privados que organiza un grupo de gente de la alta sociedad. La charla se titulaba «Crisis económica. Crisis de valores». MC estuvo a la altura, como siempre, y nos dejó con la boca abierta. La verdad es que es un lujo escucharlo y es un lujo comprobar como su experiencia, su inteligencia y sus emociones acumuladas crean en él una especie de magnetismo carismático insuperable. El piso donde se celebró la charla era un sitio muy acogedor. Se hicieron interesantes preguntas con interesantes respuestas. Al final, un exquisito cóctel para volver a la tierra. Había muchos cuadros y me llamó la atención el de una hermosa mujer desnuda. Mientras lo contemplaba, se acercó la propietaria del mismo, orgullosa por su adquisición. Sin saber porqué, le dije que me encantaban los ojos azules de la mujer. «¿Los ojos azules?» Preguntó ella extrañada. Sí, creo que es una mujer de alguna exrepública soviética y además, de ojos azules. La propietaria me reveló, algo atónita, que el cuadro había sido pintado por un ruso y que tanto su marido como ella habían especulado sobre la modelo, que podría ser de, tal y como había adivinado, de alguna exrepublica. La verdad es que la adivinación no fue tal. El mismo día, valga las sincronías, me había escrito la hermosa Princesa de Kazan. Curiosamente, esta mujer es Ucraniana, bellísima y de nos grandes ojos azules. Y cuando vi ese hermoso retrato lleno de sutilezas y movimiento, pensé por un momento en una maravillosa escena de amor. Princesa y modelo, se conjugaron en un momento sincrónico que me hizo soñar y pensar que la realidad, muchas veces, podría parecer tan solo un minúsculo fragmento de algo que no somos capaces de entender, pero que supera con creces todo cuanto creemos. A ti, bella princesa…

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