La vergüenza de ser político


Hace unos días visité la depuradora del pueblo. La persona que me atendió se quejaba de que los políticos sólo miramos lo que podemos vender a la calle. Puntualicé eso que tanto nos gusta a los que padecemos de repugnancia sobre algunos hechos indiscutibles: «algunos», algunos políticos. La depuradora, como no se ve, y a pesar de la necesidad urgente de invertir dinero en ella, pues está abandonada a su suerte. El domingo estuve paseando por La Montaña con MA. Hicimos parte de la ruta de «El Águila» hasta que llegamos por el sendero a la altura del cementerio. Para sorpresa de ella, allí, el sendero estaba literalmente soterrado en escombros y basura. Esto debe ser «el punto limpio», pensaría irónica ante mi presencia avergonzada. ¿Punto limpio? Sí, ese lugar que los ayuntamientos civilizados tienen para ordenar las basuras, escombros y otros residuos como el aceite que no pueden ser dejados alegremente, como ahora se hace, en cualquier parte. En el paseo por el sendero, en mitad del Parque Natural, veíamos como la dulzura de los pasos estaban bien acotados y encerrados entre alambradas de las fincas de los «señoritos». ¿Se imaginan pasear por senderos de montaña rodeados y guiados en todo momento por alambradas que cubren todo su trayecto? Las telas metálicas cubren incluso las cañadas reales… Y si dices todo esto públicamente saltarán los que viven de la apariencia y la ficción, y no los que claman realidad, diciendo que busco cierto desprestigio… No, busco que todos nos avergoncemos, no como pueblo, sino como humanidad, porque lo que pasa aquí, pasa en todas partes, y nuestra es la responsabilidad de levantar la voz, aunque clame en el desierto, y buscar soluciones reales e inmediatas. Ayer, los amigos de Participación Ciudadana nos dieron a los políticos una lección que nos subió los colores. Los políticos nos dedicamos a reunirnos y hablar de los problemas del partido, los problemas de nuestro ombligo y poco más. En doce meses y cientos de reuniones compruebas como nada avanza, como se hablan de las mismas cosas, como se rellenan los huecos del tiempo a la espera de lo que realmente importa: el poder. ¿Acaso pretendemos con el poder cambiar la realidad? No, los verdaderos actores del cambio siempre es la Sociedad Civil, como los amigos de Participación Ciudadana, que nos dijeron cual es la verdadera realidad y cuales son las soluciones que debemos los políticos ofrecer. Hasta veinte puntos enumenaron, veinte puntos que deberíamos grabar en nuestra consciencia para empezar, desde hoy mismo, a dar respuestas y soluciones… ¿Por qué la Sociedad Civil no asalta el poder? Sencillamente porque al hacerlo se volvería estructura, y por lo tanto, ya sólo vivirían, como la mayoría de los políticos, para conservarlo. Hoy hablaba con un concejal sobre todo esto y le prometí que hoy el tema sería político. ¿Qué podemos hacer? Nos preguntábamos… Ser sociedad civil… ser ciudadanos cívicos… ser ejemplo…
(Foto: Lamentable estado de la depuradora de agua. Algo tan importante y vital como el agua está totalmente abandonado. ¿Qué hacemos los políticos? Hacernos la foto… En esta ocasión he preferido no salir en ella…)

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