Medidas anticrisis


Lo bueno de la vida es que a veces te encuentras con gente bonita que llega a tu existencia porque tienen alguna lección para ti, alguna enseñanza como las de Don Juan, llenas de sabiduría, una sabiduría que pretende conectarte con tu nagual para creer en la ola del Zubuya y navegar hasta las cuotas más altas del alma… Así es J., mi nuevo «compañero de piso», el inquilino, como me gusta llamarlo cariñosamente. Ingenioso, vivo, sincero, amable, servicial, y sobre todo, persona, como hoy ha señalado entre risas y bromas. Y además está lleno de sorpresas. La antena parabólica que ha fabricado reciclando un palo de pintura me fascinó. Pronto ha comprendido que a pesar de la fachada principal, la humilde misería sobrepasa los muros y sus ventanas. Pero es una misería sana, amable, que habla al otro de tú a tú y no necesita de máscaras. No se trata de ser hipócrita o presumir de falsa humilad. Él ha comprendido rápidamente que todos tenemos nuestras manías, pero sobre todo, que por encima de esas manías, es un lujo poder compartir un trozo de tierra que no nos pertenece, ni a él ni a mí, sino que lo usamos y compartimos desde la franqueza y la sencillez. Vivir de forma digna no significa tener mucho dinero, sino tener mucha alegría… Y si esa alegría puede ser compartida, pues mejor que mejor… Que así sea…

(Foto: antena casera apuntando al Meteosat… digo… en la terraza usufructuada)…

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