Acabo de llegar de África. Estoy a las afueras de Madrid, en un
restaurante basura donde como comida basura producida por una sociedad
basura antes de seguir mi viaje hasta La Montaña. El viaje ha sido
impresionante. Qué puedo decir? Después de ser abrazado por casi dos
mil quinientos niños llenos de alma y generosidad no me quedan
palabras. Así que seguiré comiendo mi basura mientras contemplo a mi
izquierda a los otros niños, los de aquí, gorditos ellos, pero
vacíos, inmensamente vacíos. Somos lo que comemos. Aquí comemos
basura y eso somos. En África no comen, por eso sus ojos están más
cerca de Dios.
