La mirada triste


Había niños enfermos, otros moribundos, como alguno que pude ver en el poblado que visitamos, con su barriga inflada por el hambre crónica y con una mirada que anunciaba un próximo abandono. El niño que aperece en la foto nos acompañó hasta el colegio que las monjas salesianas tenían en Zway y donde hicimos la mayor parte de las actuaciones. Me impresionó su tristeza. Conseguí abrazarlo en todo el viaje, procurando que no llorara, dejando que me tomara con sus pequeñas y tímidas manos las mías propias. Los niños que estaban atendidos por las monjas vivian en un pequeño «paraiso». Podían comer tres veces al día, gozar de atenciones médicas e ir a la escuela. Pero más allá de ese oasis de calma había un pequeño infierno de superviviencia.

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