No tengo palabras para describir la dulzura de esta mujer. Me quedé mirándola durante un gran tiempo. Por un momento fui consciente de que nunca más la volvería a ver a no ser que ocurriera algún milagro extraño. Entonces algo se removió en mí. Ella era testigo de un tiempo, había sobrevivido durante décadas a hambrunas, guerras y calamidades. Su mirada y generosidad encerraban una sabiduría eterna, preparada para ser transmitida con su sacrificio a las siguientes generaciones. Todo se remueve cuando contemplo esta escena…
