La fluidez del ser


M. vino ayer a visitarme con su familia y acompañado de una bolsa llena de mandarinas las cuales agradezco porque no hay nada más hermoso que compartir aquello que tenemos con el resto del mundo. Compartir como hizo hace unos días del mismo modo R.M. con una bolsa llena de naranjas y P.L. con este cuadro que acompaño en la foto. Compartir momentos únicos, compartir recuerdos, como aquel que M. contaba sobre el árbol del que caían chicles, compartir emociones, compartir angustias, compartir miedos, compartir ilusiones. Con A. compartimos alma, algo que no entendemos quizás por su pureza y al que es mejor no etiquetar. Y esta mañana, sin recordar mis sueños, sin recordar nada cuanto pasaba en el mundo, me he interrogado sobre lo que yo mismo soy capaz de compartir. Quizás un instante de tristeza, un momento de melancolía, alguna situación divertida. ¿Qué puedo compartir hoy? Ayer deseaba intensamente viajar a Alemania tras una invitación sincera. Hoy no sé qué es más noble para el corazón… Por eso deseo dejarme fluir… y compartir la necesidad de vaciarme de todo…

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