Desde la sierra de Urbasa


La gente normal suele tomarse las vacaciones en agosto o en julio, y normalmente, los puentes aprovecha para viajar o disfrutar del merecido descanso. A veces incluso los fines de semana resultan apropiados para estar en familia, pasear o ver a los amigos. En mi caso no me rijo por el calendario gregoriano o mecánico. Un domingo puedo estar trabajando catorce horas maquetando un libro y un martes aprovechar para dar un paseo. Esto tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Las malas, estar siempre mirando los correos electrónicos, ya sea en el móvil o en el portátil y atender las exigencias de la editorial estés donde estés. Las buenas es que puedes hacerlo desde cualquier parte del mundo y a cualquier hora. Así mi horario se rige por el tiempo de la ocasión. Puedo dar un paseo por la mañana o por la tarde, y estar diez horas trabajando sobre algún asunto a cualquier hora del día y de la noche… Este es el pacto cuando te exigen ser un hombre libre y de buenas costumbres…

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