Llegaste de muy lejos y aquí te quedaste. Verde, limpia, trasnochada. Me gusta mirarte, y ver como pides agua. Te refresco con un vaso cada vez que te noto sedienta. Primero bebes tú y luego, con el sobrante que rebosa, refresco mi garganta. Sólo tú y yo sabemos de donde vienes, y quizás alguien más, alguien que nos observa desde el silencio, desde el recuerdo, imaginándote viva. He querido que te viera, por eso te muestro. Tú vives, ella vive, y yo me crezco ante la posibilidad de seguir vivo. ¿Qué más se puede pedir? Seres sintientes que adolecen al tiempo y a la oportunidad única en esta cuenta atrás que cada día se hace más intensa y nos aproxima, inevitablemente, al final. Un amigo llamó a ese final tragedia. A mí me gusta llamarla oportunidad. Gracias por acompañarme con tu verde… Gracias por darme la oportunidad de contemplarte todos los días…
