Hace años llegué a la conclusión de que la única forma de sentirse libre era desvinculándote del tiempo y de una ubicación determinada. Es lo que Timothy Ferriss llama el multiplicador de libertad. Fue en Escocia cuando mientras redactaba Creando Utopías observé que esas dos variables eran las que nos mantenían sujetas a una especie de esclavitud encubierta. Entonces, ¿cómo liberarnos de ello? Controlando unas variables prácticas que dominan nuestra vida: «qué haces», «cuándo lo haces», «dónde lo haces» y «con quién lo haces». Los amigos y conocidos se quejan de que siempre estoy viajando y de que muchas veces resulta difícil verme o encontrarme debido a mis continuos desplazamientos. Realmente esto no es así si controláramos esas variables. Hay gente que dedica dos horas a cenar por la noche o tres a la comida, siesta y sobremesa. Otros se van de fiesta los fines de semana o a tomar el café todas las tardes. Mis variables prefieren dedicar ese tiempo al trabajo, organizando así mi tiempo de forma diferente y viajando con el tiempo restante o haciendo esas actividades que parecen extrañas. La administración del tiempo es cuestión de cada uno. Es posible que esté días enteros trabajando sin apenas tiempo para comer a cambio de luego administrar mi tiempo de ocio de forma diferente. Esa es la razón de mis viajes. No tiene más secreto que administrar de forma diferente las variables del ocio y el trabajo. Y cuando el trabajo se convierte en ocio y viceversa, todo fluye de forma extrañamente hermosa. Tener opciones, sacrificarte por ellas, poder escoger, es el verdadero poder. Como dice Ferriss, las opciones son infinitas, pero todos los caminos empiezan dando el mismo paso: cambiando lo que das por supuesto.
