Se han escrito muchos tratados sobre lo que debería ser el Buen Gobierno de una nación. Utopía fue de los mejores, por su afán de buscar la felicidad de sus súbditos por encima de cualquier otra cosa. Y al parecer, surgen ejemplos utópicos en nuestro mundo de vez en cuando. Fue el El 2 de junio de 1974, en Bután, el pequeño reino del Himalaya cuando Jigme Singye Wangchuck dijo en su discurso de coronación: «La felicidad interior bruta es mucho más importante que el producto interior bruto». Tenía 18 años y se convertía, tras la repentina muerte de su padre, en el monarca más joven del mundo. Tener la Felicidad Interior Bruta (FIB) como modelo de desarrollo me parece algo revolucionario. El concepto butanés de la felicidad interior bruta se sostiene sobre cuatro pilares que deben inspirar cada política del Gobierno: 1. Un desarrollo socioeconómico sostenible y equitativo. 2. La preservación y promoción de la cultura. 3. La conservación del medio ambiente. 4. El buen gobierno. Aquí en España tenemos que tomar buena nota de muchas cosas. Espero que nosotros, como individuos, empecemos a valorarnos no por la cantidad de coche, propiedades o dinero que tengamos, sino por nuestra Felicidad Interior Bruta… Que así sea…
