Ángeles Invisibles


Todas las tradiciones hablan de ellos pero a veces resulta difícil reconocerlos. Y eso es porque actúan en silencio, desde la invisibilidad y el anonimato. Uno de ellos me llamó esta tarde. En todo momento pidió discreción, silencio. Prometí no desvelar su nombre ni su autoría, pero no puedo más que describir su acto de buena voluntad porque resulta un buen ejemplo a imitar. Tenía preparadas cajas llenas de alimentos y una lista con las personas más necesitadas del pueblo. Le ayudé a cargar algunas y fuimos, con la ayuda de otro ángel más, a repartirlas casa por casa. Era emocionante ver las caras de aquellos que recibían el lote navideño. Los corazones, los suyos y los nuestros, crujían por la emoción. Los ángeles seguían buscando calle por calle las direcciones, con suma discreción para que nadie viera la entrega, el servicio, la maravillosa plasmación de la vocación silenciosa, la compungión angélica. Uno a uno los paquetes fueron entregados, alimentos básicos para aquellos que aún, en pleno siglo XXI y en nuestras sociedades modernas, no tienen ni siquiera para lo básico. El elogio por lo tanto es doble. Siempre hay ángeles que nos protegen, que nos ayudan, que están ahí para susurrarnos ánimos al oído. Y otros que trabajan incansablemente por un mundo mejor. Gracias por compartir esta experiencia y ojalá pudiera repetirse más a menudo. Este es el espíritu de Navidad en el que creo. El otro, el de la pompa y el platillo lo reservo para tiempos mejores. Gracias de todo corazón a todos los ángeles invisibles que trabajan desde el anonimato y la entrega total al servicio de un mundo mejor. Gracias de corazón por elevar nuestros corazones a un reino lleno de esperanza.

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