Los adolescentes siempre estamos enfadados con el mundo. Tal es así, que cuando más adolescente, el día de noche buena solía encerrarme en mi habitación con un plátano a modo de protesta por lo que yo creía una incipiente hipocresía instalada en la tradición navideña. Así que esa era mi forma de reivindicar algo que me parecía totalmente injusto: el que ese día muchos seres murieran de hambre mientras nosotros llenamos nuestros estómagos hasta reventar. Así que ayer compré un par de plátanos para celebrar el tan ansiado festín, y hoy, a modo de homenaje, me hice una tortilla como las que hacía cuando era estudiante, con patatas onduladas de bolsa. Qué buena estaba. Eso mientras que por la mañana seguía a compañando a los ángeles invisibles a la espera de que terminemos esta misma tarde con el trabajo empezado…
