Reconozco que este año ha sido algo más sofisticado que otras veces por eso de acompañar el plátano con las patatas que me sobraron de la tortilla del otro día y un bomboncito que tanto me gusta. Como ya va siendo tradición en mi vida, celebrar la Navidad disfrutando del frío sabor de un plátano forma parte de esa protesta adolescente no trascendida. Desearía que la protesta fuera de otra forma, más desarrollada, más potente. Pero de momento, a falta de una mejor, sólo se me ocurre esta. ¿Y por qué protestar en un día tan maravilloso como este? Precisamente por eso… Porque debería ser un día maravilloso para todo el mundo, y mientras eso no ocurra, seguiré protestando. Y por eso ayer noche no cené nada y dormí la noche de Navidad en la cuneta de una carretera. ¿Cuanta gente habrá domirdo hoy en la calle? ¿Cuanta gente no habrá tenido nada que llevarse hoy a la boca? Podría contar muchas historias… Pero no es suficiente con contar historias… debemos pasar al plano de la acción inmediata… y en esas andamos… De nuevo, Feliz Navidad a todos en vuestros grados y condiciones…
