Para algunos la vida siempre acaba siendo una carrera. Una especie de competición para ver quien llega más lejos, más alto, a lo más grande. Unos acumulan títulos, otros dinero, otros honores y algunos, tan solo frustraciones, prejuicios, desilusión. Pero realmente nada de eso nos hace como somos. Lo que realmente importa en la carrera de la vida es nuestra actitud. Eso será decisivo para casi todo: para el trabajo, para el amor, para el bienestar, para la familia, para el Ser. De ahí que aquellos que se afanan en competir acaban su vida acumulando hambruna material sin pararse a pensar en lo hermoso que hubiera sido todo con tan solo un pequeño cambio de actitud. Y la actitud, la correcta actitud, siempre está en las pequeñas cosas, en los pequeños gestos diarios. Un saludo, una llamada, una carta, un abrazo, un guiño, una oportuna sonrisa… La avaricia de no pararnos a derrochar ese tipo de generosidad nos alejará de cualquier fundamento vital. Sé práctico, potencia tu humanidad.
