Limpiando calles


Después de comer apetece dar un paseo si la lluvia lo permite. Desde hace algún tiempo aprovecho el paseo para tirar la bolsa de basura (normalmente solo tiro una pequeña bolsa con los residuos plásticos al contenedor amarillo) y siempre intento llenar la bolsa con los plásticos que me encuentro en el recorrido, así ejercito en algo eso que llaman civismo. Hoy, sin embargo, había más suciedad de la normal. Me he parado a mirar los objetos que iba recogiendo: un trozo de persiana que en su día taparía alguna ventana vecinal, trozos de macetas de plástico con sus respectivas flores muertas -¿en qué jardín estarían antes de ser abandonada?-, un juguete de niño con forma de camión, sin el niño, claro, que cansado de dicho camioncito andará ya con su playstation dando barrancazos en otros lares… Había también una simpática bolsa con un refresco a medio consumir y un papel de regalo arrugado. Me imaginaba esa romántica escena de amor a media noche, quizás con lluvia. Una pareja de enamorados quedan en ese paraje para practicar la economía del don, el regalo. Mientras abren sus respectivas promesas, toman su refresco… Cívicamente guardan todo en la bolsa para luego ser tirada a una papelera… Pero algo debió suceder… Quizás se enfadaron por algún motivo y él o ella arrojó con violencia la bolsa a la cuneta… Me he acercado a ella con cierta delicadeza… esa bolsa,, y su contenido mágico me ha resultado maravillosa… He querido imaginar que dentro, y ahí fuera, en algún lugar, aún existe una maravillosa historia de amor…

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