Estimado T.
Estaba leyendo el diario de Mircea Eliade, en el capítulo que explica su encuentro con el glotón de Jung, tal y como él lo describe, en Ascona, en 1950. Me preguntaba, cuando lo hacía, qué cosas son las que nos impiden tener encuentros con hombres notables, qué cosas son las que nos amarran al tedio diario, prefiriendo llevar una vida muerta y ordinaria a una vida llena de experiencias únicas, reales, verdaderas. Me debato estos días sobre los periplos de estos últimos años. La verdad es que desde que decidí seguir eso que amablemente llamo “mi propósito”, desde que decidí seguir los pasos que el corazón vivo va marcando, todo se ha transformado mágicamente. Ser libres tiene un precio y lo pago gustoso, pero el querer ser aún más libres me cuestiona grandes interrogantes. Admito que la idea que me propones de vivir en Irlanda durante un tiempo me seduce tanto que me ha hecho tambalear los cimientos de esta vida sutil, tanto como cuando decidimos marcharnos a Escocia y empezar con ello una nueva vida. No quiero ir a Irlanda, o a cualquier lugar del mundo con la sensación de que ando huyendo de algo. Todo lo contrario, deseo viajar a cualquier parte del mundo con la sensación de ir en búsqueda de un propósito aún mayor. Supongo que de aquí a abril se habrá aclarado mi situación en todas esas cuestiones que aún andan un poco en el aire. Pero no deseo abandonar mis responsabilidades únicamente por una ciega acción. ¿Qué podrá más? ¿El deseo de aventura o el deseo de responsabilidad? ¿Se pueden conjugar ambos? Ayer estuve dos horas hablando con A. Insiste en que viaje a Alemania… Si ella supiera cuanto lo deseo… Seguramente lo haga a la vuelta de India… Siempre fui muy feliz en Alemania, pero noto que el asumir un estado de cosas supone doblegarte y renunciar a otras. No se puede tener todo en la vida, y esa experiencia, egoístamente hablando, ya la poseo.
No puedo evitar conmoverme ante todos los retos presentes y futuros… No puedo dejar de imaginar que quizás nuestras vidas algún día se asemejen a la de Eliade, y que por cosas de la vida, nos sentaremos junto a tipos como Jung cerca de Ascona o cualquier otro punto geográfico para discutir, como lo hicieron ambos, sobre cualquier cosa, inclusive la simbología sagrada del círculo representada en el mundo real de aquellos tiempos (1950) por los platillos volantes… Aunque, ahora que lo pienso, eso ya lo hacemos, y los hombres notables nos rodean por todas partes… ¿recuerdas?

Yo creo que volverás de la India, viajarás a Alemania y alguna temporada pasarás en Irlanda…
Después volverás…más lleno, más sabio, pero sobre todo contento de volver habiendo vivido lo que deseabas vivir.
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Javi, siempre, siempre atiende al corazón…te lleve a donde te lleve…
Y si sabes donde está la felicidad….cual es el temor??
Ánimo.
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El axis mundi, la montaña sagrada, la escalera al cielo,… se convierten en símbolos necesarios para entender con claridad todo aquello que no puede ser explicado con palabras en esa relación entre el Cielo y la tierra, entre el mundo divino y el mundo de los hombres.
Supongo que conoces bien Mefistófeles y el Andrógino
Toda alma, en cuanto entra a formar parte de un ser, pasa a estar atrapada en un pesado cuerpo que lo aleja de su etéreo estado normal.
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De ahí la necesidad del vuelo mágico, tal y como lo expresaba Mircea Eliade… el vuelo que nos debe llevar hasta lo más profundo de nosotros mismos… 😉
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«El paso de la existencia condicionada a un modo de ser no condicionado, es decir, de perfecta libertad.”
Saludos Loco
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Y nunca olvides Loco, que aquel que comprende, tiene alas. Saludos
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