La primera fotografía en la que aparece una persona la realizó Louis Daguerre en 1839 en el Boulevard Du Temple, en París. Desde entonces, el mundo siempre se ha visto de forma diferente. Algo milagroso ocurrió en ese Boulevard, algo que cambió el curso de la imaginación de los hombres. Desde entonces, las imágenes han podido ser compartidas por toda la humanidad. Pero hay imágenes que son difíciles de compartir. Forman parte de lo más íntimo y no siempre se tiene una cámara para fotografiarlas. Por eso la escritura revive como testigo histórico de cualquier momento. Como cuando un día decidí marcharme a Estados Unidos, alquilé un coche y acabé una noche en Las Vegas, mirando a las hostess que por allí andaban en inmensos y lujosos casinos… Las examinaba con cierta curiosidad… sin otra cosa que hacer en la vida excepto el estar allí, contemplando… Recuerdo que días antes había tenido un hermoso encuentro con una aún más hermosa hawaiana que conocí en el Instituo Esalen, a los pies del Pacífico, en el Big Sur californiano. Era muy bella, de rasgos bien marcados, pelo largo, negro, ojos rasgados… nunca supe su nombre. Un día, con gestos, ya que por aquel entonces no hablaba nada de inglés, me invitó a ir con ella a la clase de yoga que la comunidad organizaba por la mañana… aún recuerdo la pasión que envolvía sus miradas, la forma que tenía de rozar su cuerpo con el mío, ayudándome en los ejercicios del hatha yoga… Ese mismo día, por la tarde, tras la meditación vespertina, me invitó a ir a la sauna… No había en aquel tiempo vencido mi pudor para andar desnudo por la vida, pudor, que por cierto, superé de golpe años más tarde en las frías saunas alemanas. No me atreví en ese instante, comprendiendo lo delicado que resulta vivir al extremo del delirio. ¿Por qué no fui a aquella sauna? Al día siguiente abandoné Esalen dirección San Francisco. Estuve todo el maldito viaje llorando, pensando que en cualquier rincón del Chinatown iba a encontrarme con ella. No fue así. La última vez que la vi fue en la danza tribal que hicieron en la comunidad a modo de despedida. Se acercó a mí, me miró, estuvo un rato a mi lado, sonriendo inmóvil para ver si reaccionaba, si movía un dedo, para ver si gemía alguna palabra más allá de mis observaciones empíricas que me ayudarían a completar ciertos vacíos de mi tesis antropológica. Nos miramos con esa complicidad propia de enamorados. Pero no hice nada. Me quedé parado, pasmado, helado por su presencia. Ella se marchó mirándome eternamente, intentado explicar lo inexplicable. Vi como iba hacia una amiga suya y la abrazaba con una fuerza tremenda. Empezó a llorar. Fue entonces como, de forma incomprensible, cogí mi Chevrolet Malibú y desaparecí del Big Sur californiano. Años más tarde aún la recuerdo, aquí sentado, mirando por la ventana como el viento azota los recuerdos… Y uno siempre se pregunta… qué hubiera pasado sí… Perdí las fotografías de ese viaje en un desgraciado accidente informático. Pero eso me da libertad para imaginar esa bonita escena de amor con cierta exageración y melancolía, aprovechando la lluvia que cae, la gran ventana, el cielo escarpado, la imagen del Boulevard du Temple, imagen de un barrio parisino, que por cierto, inspiró mis primeras dos novelas inéditas… Algún día las editaré, porque ellas también son una fotografía exacta de un tiempo perdido… y el tiempo perdido, con o sin imágenes, siempre pervive en alguna parte…

EL TIEMPO PERDIDO ES, PERDIDO, PERO TODOS PERDIMOS NUESTRO TIEMPO ALGUNA VEZ, Y SI SOMOS CAPACES DE RECORDARLO CON TANTO AMOR COMO TU LO HACES EN EL TEXTO, NO QUEDO TAN LEJOS, AUN ESTA GUARDADO COMO EXPERIENCIA EN ALGUN RINCON DE TU SER, SEGURO QUE TE HIZO RECUPERAR MUCHOS TIEMPOS QUE TAMBIEN QUISIERON PERDERSE, Y A LOS QUE NO LES DISTES LA OPORTUNIDAD DE ESCAPAR
«EL TIEMPO PERDIDO ES, EL FRACASO DE HOY, Y LA SABIDURIA DEL MAÑANA,» Y ESO NO LO LEI EN NINGUN SITIO… LO VIVI. BESOS.
Me gustaMe gusta
Las sensaciones son más poderosas que las imagenes, y siempre estan disponibles en nuestro backup interior.
Un abrazo
Me gustaMe gusta