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Los pilares de la vida
Hay una intromisión palpable en todo cuanto nos rodea. Hoy me he tumbado en la hierba del jardín porque me apetecía estar cinco minutos rodeado de luz y de repente los cuatro conejos se han acercado curiosos, oliendo mis pies y mis manos. El encuentro ha sido maravilloso. Siempre huyendo ante la presencia humana y de repente un cambio, un milagroso cambio. Por eso, a veces no somos conscientes de la influencia que ejercemos en nuestro entorno, influencia positiva o negativa, pero influencia. Recordaba el otro día releyendo unas cartas que escribía a un preso una forma que tenía de ser consciente de esa influencia. Consistía en acercarme a la mesa de cualquier compañero de oficina y mover algún objeto, cambiarlo de posición. Cuando me preguntaban qué estaba haciendo siempre contestaba lo mismo: estoy modificando el universo. Imaginaros la cara del prójimo. Pero es un ejercicio saludable. Probadlo alguna vez. Cuando pasees por el campo mueve una piedra, cámbiala de lugar, tal vez tan sólo diez centímetros, no demasiado, para que así el cambio sea más consciente. Y luego, cuando veas una lata en el suelo, recógela y métela en la papelera. Ese cambio, además de crear consciencia, crea un acto positivo para todos. Y luego, cuando vayas a la plaza y te sientes al lado de alguien, no olvides saludarlo. Pero ten cuidado como lo haces. Ayer me senté al lado de un anciano que contemplaba en la plaza de las Tendillas a la gente pasar. Me senté a su lado y lo saludé. Empezamos a hablar primero del tiempo y luego de lo bien que se estaba allí. El hombre estaba animado en la charla pero me miraba con cierta extrañeza. Quizás se preguntaba lo extraño que resulta que un joven con pantalones rojos y suéter verde se acercara a hablar con él. Pero la extrañeza no era esa. Cuando llegué a casa, me miré al espejo y tenía una gran mancha en toda la cara que circunscribía todos mis labios. Eran los sabrosos restos del capuchino de ayer. No pude dejar de reír… me había paseado toda la tarde con la cara manchada… y sin darme cuenta… Pero qué importaba… había modificado el universo, había removido los pilares importantes de todo cuanto existe, los resortes del cambio… al fin y al cabo, como dicen en Oriente, lo único que permanece es el cambio… Al Bhagabad Gita me remito…
Más fuertes que un roble
Nunca había visto un capuchino tan bien presentado, con tanta hermosura, y además, tan bueno. Se lo he dicho a la camarera ante mi sorpresa por esa flor estampada en la espuma. Ella me ha mirado sonrojada por el piropo artístico y sincero. No suelo tomar café pero de vez en cuando me gusta pecar y hoy, mientras hablaba en la estación del AVE con JL, he disfrutado doblemente con ese delicioso café. La conversación hacía aún más placentero su sabor intenso y su aroma envolvente mientras nos despedíamos hablando de la importancia del amor y la dificultad que entraña desvelar todos sus secretos. Todo esto tras un día intenso de trabajo, ya que JL ha venido desde Madrid a pasar el día y trabajar un poco en La Montaña sobre un libro de próxima edición
Conocí a JL en un lugar maravilloso, el desierto del Gobi, en Mongolia, hace más de tres años. En ese momento estaba fusionando grandes empresas en una importante operación de muchos millones de euros mientras ejercía como patrono de la fundación A., presidida por el amigo común J. Yo acababa de separarme y empezaba una odisea crítica, el final de una relación y el final de una época de bonanza. Todo eso ocurrió en junio, pocos meses después de mi vuelta de Escocia y pocos días antes de mi vuelta de mi primer viaje a Alemania. En ese viaje singular a la búsqueda de Shamballa, empezó un calvario económico para JL y para mí, y además, coincidió con el tormento de media sociedad occidental debido a la crisis que dos meses después se destaparía en medio mundo. Tres años después de ese viaje, quizás por las circunstancias paralelas, aunque en dimensiones diferentes, pues mientras que yo perdía varios cientos de miles de euros el perdía varios cientos de millones de euros y mientras que él empezaba a prescindir de chofer y muchas otras cosas adquiridas durante muchos años yo empezaba a prescindir de paseos en bici y salidas al cine, creó una complicidad entre nosotros que dura a día de hoy. Y hoy, tres años después, en el sótano de mi casa de La Montaña, un lugar fresco y apacible, entre libros y pantallas, recordábamos esos difíciles momentos y las grandes lecciones que de toda esta experiencia hemos sacado. Desprendimiento, desapego hacia todo, amor incondicional hacia las cosas imprescindibles como la amistad, la sinceridad y la honestidad… Un día de trabajo intenso donde hemos reído de todo y hablado de todo. Ahora nos queda el presente y un trozo de futuro que esperamos disfrutar en calma. Nos queda la esperanza de un nuevo mundo que llevamos marcado en nuestros dígitos internos. Proyectos comunes, porque en el fondo, somos una humanidad que desea despertar y anhela hacerlo… Y una única obsesión, la mutua obsesión de servir lo mejor que nuestro talento y nuestra inteligencia nos permita. En esas estamos… Gracias pues JL por tu visita, tu complicidad y sobre todo, por ese sentido abrazo… Seguimos siendo “más fuertes que un roble”…
Entre libros, enredos y dignidades
Entre libros, enredos y dignidades…
Días agotadores, de mucho trabajo. La gestión de una empresa pequeña te resta mucho tiempo, sobre todo en las pequeñas cosas: facturas, albaranes, reclamaciones, llamadas… un continuo ajetreo que resta mucho y suma poco. Y como es una empresa familiar, donde el único miembro de la familia es el padre de familia porque no hay más familia que la del padre ya que los hijos son adoptivos y de raza oryctolagus cuniculus, es decir, esas pequeñas segadoras lagomorfas de la familia Leporidae, pues así andamos, más p’atrás que p’alante y también viceversa… Vamos que si no fuera por la ayuda inestimable de mis cuatro conejos, yo no sé que habría hecho ya… Por eso os pido disculpas si no contesto llamadas –tengo el móvil en una jaula de hierro-, no contesto mails, ando despistado con asuntos importantes como el amor, la amistad o la compañía y además, dedico menos tiempo a otras cosas que deberían girar en torno a lo vital. Un desastre… totalmente un desastre… Menos mal que la política está dormida por asuntos de familia –el padre carismático abandonó la camada y con ello todos sus discípulos quedaron en el desamparo- y todo lo demás paralizado por la primavera y sus calores.
Aún así observo a mi alrededor lo que pasa y como la supervivencia prima, (quiero pensar que se trata de eso, de superviviencia) y los chanchullos, estraperlos y demás se hacen con agudeza para ver como tirar adelante, aunque sea bajando la guardia en eso que llaman dignidad. Como mi orgullo es excesivo, eso me ayuda a mantener cierto tipo, hasta el punto de que el otro día, en una presentación de libros, la jefa de un museo conocido nos impidió vender libros –en estos tiempos que corren único medio de supervivencia editorial- y digno yo, excesivamente orgulloso, preferí regalarlos antes de que los allí presentes se fueran con mal sabor de boca. David, la pobre Séneca, contra Goliat, la omnipresente y potente Administración en manos de la Junta de Andalucía. Y esta semana algo parecido pero en otro orden, y el orden es el estraperlo y luego los amigos. Pues bien, conmigo no pueden, así que hoy seré un poquito menos rico, pero un poquito más digno. Y prefiero pasar hambre antes que perder lo poco o mucho que me queda de dignidad. Así que aviso para navegantes: la dignidad es lo último que se pierde… y antes que perderla preferiré arder en la hoguera de cualquier batalla. Así que a los amigos del estraperlo les espera el juicio final, no el apocalíptico, sino el que se cernirá sobre sus consciencias… Ahora, por motivos de ceguera y prudencia no puedo ser más claro, pero lo seré en su día.
La otra observación que hago tiene que ver con el asunto de la crisis… Una empresa pequeña no tiene grandes deudas. En nuestro caso debemos doce mil euros a proveedores que esperan pacientes que les paguemos. Es justo el dinero que nos deben a nosotros: doce mil euros. Así que cuando un proveedor me llama para reclamar lo que por justicia le pertenece, yo hago lo mismo a los cinco minutos para reclamar lo que por justicia nos deben. Es una triste historia a la que no estaba acostumbrado ya que nunca tuve deudas con nadie excepto con mi consciencia y desde que la crisis empezó, parece como eso de las deudas formara parte de la escandalosa marcha de nuestro país. Sé que doce mil euros no es mucho. Los que nos deben los doy por perdidos y los que debo intento pagarlos trabajando tres veces más de lo que trabaja un ser asalariado. El problema de nuevo choca con la dignidad y el orgullo… Pero levanto la cabeza, una y otra vez, con tal de seguir avanzando…
Salud y trabajo para todos… y como dijo el poeta, que pase usted un buen día…
(Foto: la mejor forma que tengo de relajarme es trabajando aún más, pero eso sí, esta vez en el jardín, fuera del ordenador, los teléfonos y los libros…)
Mentes mediocres
Fue Einstein quien dijo eso de que los grandes espíritus siempre encontraron la violenta oposición de las mentes mediocres. Y cuando hablo de grandes espíritus no me refiero tan sólo a grandes personajes plagados de carisma propio, sino también a esas grandes ideas que flotan en la estratosfera humana y que alguna luminaria capta para compartirla con el resto. Pero lo mediocre está ahí para fastidiar y entorpecer, a veces por envidia, otras por recelo y otras por miedo. La mediocridad es una fábrica de infortunios y malestares que bombardean constantemente la atmósfera envolvente. Nosotros mismos debemos ir muy al tanto para no convertirnos en gente mediocre. Sólo un mal gesto, un pequeño detalle, una mala acción es suficiente para ser mediocres. La crítica gratuita, el insulto fácil, la blasfemia, la desconfianza, el temor al otro… Todos los días la vida nos pone a prueba. Todos los días tenemos una oportunidad única para ser geniales o para ser mediocres. Por ello, si no tenemos nada bueno que decir, es mejor practicar la virtud del silencio, pero no ese silencio enfermo que mira hacia el otro lado, sino un silencio activo, despierto, atento a todo lo que ocurre para que, dada la ocasión, despierte y denuncie todo aquello que resulte, como no, mediocre.
¡¡¡Actuemos ya!!!
Crímenes contra la humanidad
Día Internacional del Tripalium
Hoy he querido reivindicar el día de los trabajadores trabajando con un amigo reparando cosas de la casa, limpiando el jardín y haciendo labores de mantenimiento mientras me preguntaba dónde está el movimiento obrero internacional. Nos libramos de las pesadas jornadas laborales de 16 y 12 horas, aunque algunos sectores aún las practican. Nos libramos de salarios injustos aunque en algunos países las diferencias sociales son tan extremas que la mejor forma de disimularlas es llamándolos desde el sector económico como países emergentes o competitivos. Los gremios, que practicaban el apoyo mutuo entre sus viudas y huérfanos consiguieron que sus avanzados sistemas de protección se universalizaran, pero a cambio de aportar un gran porcentaje de nuestros salarios al sistema. ¿Y es justo el sistema? No mientras que la clase política y sus partidos vampiricen todos los recursos de los estados para su endogamia particular.
La clase obrera aún tiene mucho por lo que luchar… Especialmente cuando el sistema aún los mantiene atrapados a base de hipotecas, créditos interminables y sistemas políticos decadentes y totalitarios. Mucho que luchar mientras que el trabajo no nos haga libres, sino más esclavos de un sistema que entiende el mismo como su etimología indica, tripalium, instrumento de tortura.




