Cuando la consciencia se rebela


Ayer tuve una interesante conversación con C. Hablamos de consciencia e insconciencia. De grados de conciencia, si se puede llamar así, o quizás, de cualidades de conciencia. No es lo mismo la consciencia de una ameba que la de un ser humano. Sin embargo, hablar de consciencia resulta complejo, dado lo difícil que supone ser conscientes de que somos conscientes o de que, en general, no lo somos. Requiere disciplina, control, introspección y un cierto despertar interior que nos avise. En “Creando Utopías” añadía el tópico de que esa consciencia sólo se manifiesta ante una rebeldía metafísica. Sólo cuando nos rebelamos contra nosotros mismos, contra las circunstancias que nos rodean y contra todo el orbe que hemos asumido en nuestra vida, existe o se manifiesta un grado mayor de consciencia. Y Camus añadía que el hombre rebelde es aquel que dice “no”. Así, la consciencia es rebelde, se rebela una y otra vez para hacernos crecer, progresar y evolucionar. Para “evolucionar”, en palabras de Gurdjieff, es necesario voluntad y consciencia, señalaba C. Ayer, sin embargo, cuando llegué a casa, le envié un mensaje tras la apasionada discusión: “la consciencia no nos pertenece. Nosotros no somos consciencia”. Sea como sea, en la conversación tuvimos un cierto grado de consciencia que nos hizo ver con cierta claridad hechos que estaban ocurriendo en nuestras vidas. Y la conclusión fue clara: estos días requieren rebelación y van a existir muchos más «no».